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<publisher-name><![CDATA[Universidad Autónoma del Estado de México, Centro de Investigación y Estudios Avanzados de la Población]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Migraciones internacionales y familias en áreas urbanas del centro occidente de México]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Internacional migration and families in the eastern-center part of Mexico]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The mexican international emigration strongly developed during the last 20 years. Flows of migrants of urban origin became gradually dominating in the migratory streams, particularly in the traditional area of the emigration (states of Jalisco, Michoacan, Guanajuato, Zacatecas). This migration has as a corollary, the expansion of monetary flows with their family in Mexico. These transfers are used in major part for the needs for reproduction of the families of migrants. During the 2 last decades, an increasing fraction of these transfers were used for the creation of micro companies managed by the wives of the migrants or those after their return to Mexico, thus allowing the reconversion of a great part of them in employees as contractors through the migratory process, and the creation of jobs. However, these new jobs do not appear to constitute a brake of the migratory flows directed towards the neighbour country.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Migraciones internacionales  y  familias en &aacute;reas urbanas del centro occidente de M&eacute;xico</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Internacional migration and families in the eastern&#45;center part of Mexico</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jean Papail</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad de Guadalajara.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La emigraci&oacute;n internacional mexicana se intensific&oacute; fuertemente durante los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os. Los flujos de migrantes con or&iacute;genes urbanos se volvieron paulatinamente preponderantes en el conjunto de los flujos, particularmente en la regi&oacute;n tradicional de emigraci&oacute;n que constituyen los estados de Jalisco, Guanajuato, Michoac&aacute;n y Zacatecas. Esta migraci&oacute;n tiene como corolario la expansi&oacute;n de los flujos de remesas que env&iacute;an desde el exterior los trabajadores mexicanos a sus familias radicadas en M&eacute;xico. Estas remesas son usadas en mayor parte para el sustento de estas familias. Sin embargo, durante las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas, una fracci&oacute;n creciente de estos flujos monetarios fueron destinados a la creaci&oacute;n de microempresas, operadas generalmente por los propios migrantes o sus esposas al regreso de los primeros a sus lugares de origen, lo anterior permite que buena parte de ellos transforme su estatus de asalariado a no asalariado mediante el proceso migratorio, y la creaci&oacute;n de empleos. Sin embargo, estos nuevos empleos no parecen constituir un freno a las corrientes migratorias dirigidas hacia el pa&iacute;s vecino.</font>	</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">The mexican international emigration strongly developed during the last 20 years. Flows of migrants of urban origin became gradually dominating in the migratory streams, particularly in the traditional area of the emigration (states of Jalisco, Michoacan, Guanajuato, Zacatecas). This migration has as a corollary, the expansion of monetary flows with their family in Mexico. These transfers are used in major part for the needs for reproduction of the families of migrants. During the 2 last decades, an increasing fraction of these transfers were used for the creation of micro companies managed by the wives of the migrants or those after their return to Mexico, thus allowing the reconversion of a great part of them in employees as contractors through the migratory process, and the creation of jobs. However, these new jobs do not appear to constitute a brake of the migratory flows directed towards the neighbour country.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pol&iacute;tica demogr&aacute;fica adoptada por M&eacute;xico al inicio de la d&eacute;cada de 1970 se tradujo &#45;entre otros resultados&#45; en una reducci&oacute;n importante de la tasa de crecimiento de la poblaci&oacute;n del pa&iacute;s, de 3.3 por ciento en los a&ntilde;os 1970&#45;1975 a 1.8 por ciento en el periodo 1995&#45;2000, debido en gran parte a la reducci&oacute;n de la fecundidad (la tasa global de fecundidad o n&uacute;mero promedio de hijos por mujer baja de 6.8 en 1970 a 2.9 en 1999). Durante estos &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os, correlativamente, el tama&ntilde;o promedio de los hogares particulares disminuye de 5.8 a 4.4 miembros a nivel nacional. Estos datos, en el marco general de las teor&iacute;as del desarrollo, constituyen factores considerados generalmente como muy favorables al mejoramiento del nivel de vida de la poblaci&oacute;n y de su bienestar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, la inercia impresa en la pir&aacute;mide de la poblaci&oacute;n mexicana por las d&eacute;cadas de alta fecundidad (1945&#45;1975) provoc&oacute; la entrada continua de contingentes m&aacute;s y m&aacute;s numerosos de mano de obra en el mercado de trabajo durante el ultimo cuarto de siglo. Por otra parte, el derrame de la mano de obra agr&iacute;cola hacia los otros sectores de actividad se aceler&oacute; durante este mismo periodo. El aparato productivo, radicalmente transformado durante las d&eacute;cadas de 1980 y 1990, abandon&oacute; el modelo de industrializaci&oacute;n por sustituci&oacute;n de importaciones y el papel central del Estado en el desarrollo econ&oacute;mico, en provecho de una econom&iacute;a m&aacute;s y m&aacute;s abierta, dinamizada por las exportaciones, con una fuerte reducci&oacute;n del peso relativo del sector p&uacute;blico. La econom&iacute;a regida por el nuevo modelo no pudo absorber, en su sector formal, estos contingentes crecientes de mano de obra que se presentaban en los mercados de trabajo urbano. Estos factores engendraron, por una parte, el crecimiento de la llamada econom&iacute;a informal de las &aacute;reas urbanas, e impulsaron, por otra parte, la emigraci&oacute;n de una parte de la mano de obra hacia Estados Unidos &#45;donde exist&iacute;a una demanda creciente de mano de obra barata en ciertos sectores de actividad&#45; en busca de empleo o de mejores ingresos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, el deterioro continuo de los ingresos individuales (medidos por la evoluci&oacute;n del salario m&iacute;nimo en t&eacute;rminos reales) durante las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas promovi&oacute; la entrada en el mercado de trabajo de c&oacute;nyuges inactivas, de adolescentes (esencialmente durante los periodos de crisis, como los a&ntilde;os de devaluaci&oacute;n de la moneda nacional) y la reconversi&oacute;n de asalariados &#45;generalmente mediante el trabajo migratorio y el ahorro&#45; en trabajadores por cuenta propia o en microempresarios, para mantener o elevar el nivel de vida de los hogares. Este trabajo est&aacute; dirigido a analizar particularmente este &uacute;ltimo aspecto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para analizar los cambios ocurridos durante el &uacute;ltimo cuarto de siglo en las historias de vida de los individuos y de sus familias, as&iacute; como las estrategias que desarrollaron en las &aacute;reas urbanas de la regi&oacute;n centro&#45;occidental, usaremos diferentes fuentes de datos disponibles y usuales: los censos de poblaciones y diversas encuestas nacionales, como la Encuesta Nacional sobre la Din&aacute;mica Demogr&aacute;fica (ENADID), la Encuesta Nacional sobre Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) o espec&iacute;ficas, por ejemplo, la encuesta sobre las modalidades de reinserci&oacute;n de los exmigrantes internacionales en &aacute;reas urbanas del centro&#45;occidente de M&eacute;xico (EREM), que est&aacute; en procesamiento, y de la cual disponemos de algunos resultados brutos).<sup><a href="#nota">1</a></sup></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La evoluci&oacute;n del contexto socioecon&oacute;mico</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las tasas de crecimiento de la actividad econ&oacute;mica se ubicaron en niveles de entre seis y siete por ciento durante el periodo de 1950 a 1980. Este crecimiento basado en el modelo de industrializaci&oacute;n por sustituci&oacute;n de importaciones empieza a debilitarse a partir de la mitad de la d&eacute;cada de 1970, con el deterioro progresivo del saldo de los intercambios externos.</font></p> 	    <p align="center"><img src="/img/revistas/pp/v9n36/a6c1.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de la importancia creciente de la renta petrolera, que permite a M&eacute;xico iniciar ambiciosos programas de modernizaci&oacute;n de su aparato productivo bajo la tutela de un Estado centralizador y principal actor del desarrollo econ&oacute;mico, este periodo de prosperidad que culmina en el sexenio 1976&#45;1982 (durante el cual los salarios reales crecen aproximadamente ocho por ciento, la tasa de desempleo abierta se reduce tres puntos y los flujos migratorios internacionales se orientan a la baja) se acaba brutalmente en 1982 con la crisis de los pagos que implica una ca&iacute;da del producto interno bruto (PIB) de 0.6 por ciento este a&ntilde;o y 4.3 por ciento en 1983.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El producto interno bruto (PIB) per c&aacute;pita que hab&iacute;a sido multiplicado por 1.9 entre 1950 y 1970, y luego por casi 1.4 por ciento entre 1970 y 1980, no crece durante el periodo 1980&#45;1997. Las pol&iacute;ticas de ajustes, de apertura comercial y de liberalizaci&oacute;n econ&oacute;mica (entrada en el Acuerdo General de Aranceles y Comercio, privatizaciones, eliminaci&oacute;n progresiva de los subsidios, firma del ALENA... etc.) que se inician en la primera parte de la d&eacute;cada de 1980, permiten a M&eacute;xico multiplicar sus exportaciones por 6.5 entre 1980 y 1998, gracias al fuerte crecimiento del n&uacute;mero de maquiladoras, cuyo peso relativo en las exportaciones crece de 14 a 45 por ciento durante este periodo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, este crecimiento, basado sobre todo en el sector exportador, es insuficiente para absorber los contingentes crecientes de las j&oacute;venes generaciones que entran en el mercado de trabajo, lo cual genera un subempleo cr&oacute;nico que se puede estimar con los datos de las encuestas sobre empleo, y los del sistema de seguridad social. Entre 1988 y 1999, el n&uacute;mero de asalariados adscritos de manera permanente al sistema de seguridad social del sector privado (IMSS) &#45;que nos da una estimaci&oacute;n del crecimiento del sector formal de la econom&iacute;a, en t&eacute;rminos de empleos protegidos cl&aacute;sicos&#45; crece en aproximadamente 6 800 000 individuos en todo el pa&iacute;s (desde 7 400 000 a 14 200 000). Durante este mismo periodo, la poblaci&oacute;n econ&oacute;micamente activa (PEA) aument&oacute; m&aacute;s de 10 millones de individuos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, bajo la presi&oacute;n de una inflaci&oacute;n descontrolada y de pactos sociales generalmente desfavorables para los asalariados, el poder de compra de los salarios decrece de manera casi continua desde el inicio de la d&eacute;cada de 1980, empobreciendo la mayor parte de la poblaci&oacute;n. El salario m&iacute;nimo perdi&oacute; 78 por ciento de su poder de compra en un cuarto de siglo (1976&#45;1999). A pesar de una reestructuraci&oacute;n progresiva de la distribuci&oacute;n de los ingresos orientada al alza, &eacute;stos siguen concentrados en torno a dos sueldos m&iacute;nimos (<a href="#c2">cuadro 2</a>).</font></p> 	    <p align="center"><a name="c2"></a></p> 	    <p align="center"><img src="/img/revistas/pp/v9n36/a6c2.jpg"></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El ingreso promedio mensual nacional del trabajo (sin los estados fronterizos del norte), calculado a partir de la Enadid de 1997, se establece en 1 847 y 1 407 pesos para las poblaciones masculina y femenina, respectivamente. El promedio general es de 1 697 pesos, o sea, el equivalente a 2.3 salarios m&iacute;nimos para esta fecha o aproximadamente 220 d&oacute;lares. Las estimaciones hechas para el grupo de estados del centro&#45;oeste de la rep&uacute;blica mexicana (Jalisco, Zacatecas y Guanajuato) se avecinan a los valores nacionales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos niveles de ingresos est&aacute;n asociados a un subempleo importante, que se puede observar a partir de la distribuci&oacute;n de las duraciones semanales de trabajo (<a href="#c3">cuadro 3</a>). En el grupo central, cuyo tiempo de trabajo est&aacute; entre 40 y 48 horas, cerca de 60 por ciento de los trabajadores percibe remuneraciones inferiores a dos salarios m&iacute;nimos. Gran parte de los individuos que laboran m&aacute;s que la duraci&oacute;n legal del trabajo (48 horas, pero 40 horas en las grandes empresas) son trabajadores por cuenta propia, concentrados en el comercio, los servicios y la agricultura.</font></p>  	    <p align="center"><a name="c3"></a></p> 	    <p align="center"><img src="/img/revistas/pp/v9n36/a6c3.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las distribuciones de la posici&oacute;n en el trabajo (o condici&oacute;n laboral) de la poblaci&oacute;n ocupada en 1997 son muy parecidas entre el grupo de estados del centro&#45;oeste y el conjunto del pa&iacute;s, y se notar&aacute; que los exmigrantes internacionales pertenecen mucho m&aacute;s al conjunto de los no asalariados (patrones y trabajadores por cuenta propia) que los individuos que nunca trabajaron en los Estados Unidos (<a href="#c4">cuadro 4</a>). Los exmigrantes est&aacute;n sobrerrepresentados en la rama agr&iacute;cola (42.6 por ciento de los exmigrantes masculinos trabajan en esta rama, respecto a 32.1 por ciento de los no&#45;migrantes), efecto de d&eacute;cadas de emigraci&oacute;n internacional predominantemente rural del programa bracero.</font></p>  	    <p align="center"><a name="c4"></a></p> 	    <p align="center"><img src="/img/revistas/pp/v9n36/a6c4.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n la cuenta sat&eacute;lite del subsector informal de los hogares publicada por el Instituto Nacional de Estad&iacute;stica Geograf&iacute;a e Inform&aacute;tica (INEGI) en 2000, con base en la encuesta de empleos de 1998, 9.3 millones de personas pertenecen al sector informal,<sup><a href="#nota">2</a></sup> sea 28.5 por ciento de la poblaci&oacute;n ocupada del pa&iacute;s (sin la rama agr&iacute;cola), que genera 12.7 por ciento del PIB mexicano. Es una poblaci&oacute;n predominantemente masculina (63.1 por ciento), que se concentra en las ramas comercio (30.8 por ciento) y servicios personales (11.5 por ciento). Los recursos necesarios para la creaci&oacute;n de estas actividades provienen esencialmente de sus ahorros (93 por ciento). &Uacute;nicamente 2.2 por ciento pidieron pr&eacute;stamos al sistema bancario. Para poco m&aacute;s de un tercio (35.9 por ciento), el autoempleo sirve para complementar los ingresos de los hogares, mientras que otro tercio de las familias (33.1 por ciento) inici&oacute; su actividad para obtener ingresos superiores a los que percib&iacute;an sus integrantes como asalariados. Esta estrategia parece ser validada por diferentes encuestas (incluyendo la Erem) y por los resultados de la Enadid, por lo menos en las &aacute;reas urbanas, donde los ingresos de los no asalariados son superiores a los de los asalariados en su conjunto. Como lo veremos m&aacute;s adelante, este aspecto parece ser un motivo muy importante de los desplazamientos en las historias migratorias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otros autores (Pozos y Barba, 2000) combinan los niveles de ingresos y las duraciones de trabajo, as&iacute; estiman que el sector informal engloba m&aacute;s de la mitad (54 por ciento) de la poblaci&oacute;n activa del pa&iacute;s. La definici&oacute;n del sector informal que usan es netamente m&aacute;s amplia, y toma en cuenta las situaciones de precariedad que afectan a un gran n&uacute;mero de trabajadores. Seg&uacute;n estos autores, desde el final de la d&eacute;cada de 1970, los empleos creados en M&eacute;xico generan pobreza. Acerca del estado de Jalisco, en el centro&#45;oeste de M&eacute;xico, consideran que m&aacute;s de la mitad de la poblaci&oacute;n (55 por ciento) est&aacute; conformada por hogares pobres, que disponen de menos de seis d&oacute;lares por d&iacute;a; adem&aacute;s, 17.9 por ciento de la poblaci&oacute;n de este estado vivir&iacute;a una situaci&oacute;n de extrema pobreza, con recursos menores a tres d&oacute;lares diarios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A este deterioro de los ingresos asalariados observado desde hace dos d&eacute;cadas se agregan las deficiencias del sistema de protecci&oacute;n social, que excluye de sus prestaciones a m&aacute;s de la mitad de la poblaci&oacute;n ocupada (54 por ciento, seg&uacute;n la Enadid, 1997), en tanto que el resto se beneficia del r&eacute;gimen general (Instituto Mexicano del Seguro Social, 38.6 por ciento), del r&eacute;gimen de la funci&oacute;n p&uacute;blica (Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado, 7.2 por ciento) y de reg&iacute;menes especiales (ej&eacute;rcito y empresas estatales como Pemex: uno por ciento) o de servicios privados de grandes empresas (uno por ciento).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo tanto, las estrategias elaboradas por los hogares para contrarrestar el deterioro de los ingresos combinan varios elementos: doble empleo, actividad de los c&oacute;nyuges, a veces de los adolescentes, emigraci&oacute;n a Estados Unidos y reconversi&oacute;n de los asalariados en trabajadores independientes. Estas dos &uacute;ltimas modalidades est&aacute;n frecuentemente articuladas entre s&iacute;, como lo veremos m&aacute;s adelante.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La migraci&oacute;n internacional</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La emigraci&oacute;n mexicana a Estados Unidos tiene ra&iacute;ces hist&oacute;ricas complejas. Exist&iacute;an flujos desde el siglo XIX, por las relaciones existentes entre los dos pa&iacute;ses (p&eacute;rdida de una gran parte del territorio mexicano en provecho de su vecino, construcci&oacute;n de la red ferroviaria del sur de Estados Unidos...), pero se incrementaron de manera significativa a partir del programa bracero, llevado a cabo al inicio de la d&eacute;cada de 1940. Las dificultades econ&oacute;micas de M&eacute;xico durante las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas ampliaron considerablemente el volumen de estos flujos.<sup><a href="#nota">3</a></sup></font></p>  	    <p align="center"><img src="/img/revistas/pp/v9n36/a6m1.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tradicionalmente, son los estados del centro&#45;oeste mexicano (Jalisco, Guanajuato, Michoac&aacute;n y Zacatecas) los que proveen la mayor parte de los flujos migratorios internacionales (aproximadamente 40 por ciento durante los &uacute;ltimos 25 a&ntilde;os), a pesar del peso relativamente d&eacute;bil de esta regi&oacute;n dentro del pa&iacute;s (16.7 por ciento de la poblaci&oacute;n mexicana). Seg&uacute;n los resultados de la Enadid 1997, 4.8 por ciento de la poblaci&oacute;n mexicana de m&aacute;s de 14 a&ntilde;os (sin los estados fronterizos del norte) hab&iacute;a trabajado o buscado un empleo en Estados Unidos (8.7 por ciento los hombres y 1.2 por ciento las mujeres). En el conjunto formado por Jalisco, Guanajuato y Zacatecas, las proporciones por g&eacute;nero suben a 18 por ciento de hombres y 2.1 por ciento de mujeres. Si se considera &uacute;nicamente a la poblaci&oacute;n masculina de 30 a 45 a&ntilde;os de estos tres estados, son entre 25 y 30 por ciento los que trabajaron o buscaron empleo en el pa&iacute;s vecino.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos flujos fueron durante mucho tiempo de origen rural, pues la inserci&oacute;n de los trabajadores mexicanos en la econom&iacute;a estadunidense se produc&iacute;a esencialmente en la agricultura hasta la d&eacute;cada de 1970. La mayor&iacute;a de los autores que trabajan sobre este tema concuerdan en que hubo un reequilibramiento progresivo, y que los flujos de origen urbano son actualmente preponderantes en el conjunto de los flujos internacionales. Si la participaci&oacute;n de las mujeres a las corrientes de emigraci&oacute;n es creciente (representan aproximadamente 20 por ciento en la actualidad), est&aacute;n subrepresentadas en la poblaci&oacute;n de exmigrantes, porque se establecen m&aacute;s a menudo definitivamente en el pa&iacute;s vecino que los hombres, debido a causas como el matrimonio, la procreaci&oacute;n o la valorizaci&oacute;n de comodidades en la vida cotidiana en ese pa&iacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La mayor parte de los migrantes se dirige tradicionalmente hacia California (cuyo PIB/per c&aacute;pita es aproximadamente 10 veces superior al de M&eacute;xico en la &uacute;ltima d&eacute;cada), que absorbe cerca de 50 por ciento de los flujos; Texas, donde llega aproximadamente 15 por ciento de los flujos, e Illinois, con 10 por ciento de los emigrados mexicanos, aunque se observa una diversificaci&oacute;n geogr&aacute;fica de los destinos desde el inicio de la d&eacute;cada de 1990 (Papail y Arroyo, 1996). Seg&uacute;n el censo estadunidense de 2000, 42.1 por ciento de la poblaci&oacute;n de Nuevo M&eacute;xico, 32 por ciento de la de Texas y 32.4 por ciento de la de California, son de origen hispano. Desde la d&eacute;cada de 1970, se observa tambi&eacute;n una diversificaci&oacute;n progresiva de las ramas de actividad en las cuales se insertan los migrantes en el pa&iacute;s fronterizo. La reducci&oacute;n del peso de la agricultura en esta estructura se produce en beneficio de las ramas urbanas de la industria, la construcci&oacute;n, la restauraci&oacute;n, hoteler&iacute;a y los servicios.</font></p> 	    <p align="center"><img src="/img/revistas/pp/v9n36/a6c5.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los migrantes masculinos, los motivos aparentes del desplazamiento hacia Estados Unidos relacionados a menudo con el desempleo o subempleo se redujeron durante los &uacute;ltimos 25 a&ntilde;os en provecho de motivos relacionados con los niveles de ingresos que se vuelven preponderantes desde finales de la d&eacute;cada de 1980. Existe una correlaci&oacute;n bastante fuerte entre la evoluci&oacute;n del volumen de los flujos migratorios durante los a&ntilde;os 1975&#45;1995 y la relaci&oacute;n de salarios entre M&eacute;xico y Estados Unidos. Esta relaci&oacute;n aplicada a los salarios m&iacute;nimos en los dos pa&iacute;ses fluct&uacute;a entre 3.8 y 5.5 para el periodo de 1976 a 1982, etapa en la que hubo reducci&oacute;n de los flujos migratorios. Var&iacute;a luego durante una d&eacute;cada (1983&#45;1993), entre 7.8 y 9.3, provocando movimientos contrastados, pero orientados al alza del volumen de los flujos de primera emigraci&oacute;n (Papail y Arroyo, 1996).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde finales de la d&eacute;cada de 1980, esta relaci&oacute;n oscila entre 8 y 14 salarios mexicanos por uno estadunidense, seg&uacute;n las variaciones en la paridad del peso, pero su impacto sobre los flujos es perturbado por el efecto propio de la expansi&oacute;n de las redes migratorias y de los procesos de regularizaci&oacute;n de los indocumentados (como el IRCA).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Hogares y trabajo en la encuesta sobre los exmigrantes (Erem)</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tama&ntilde;o promedio (poblaci&oacute;n de hecho) de los hogares de los exmigrantes es levemente inferior al de los no migrantes (4.47 y 5.02 personas por familia, respectivamente), pero si se controlan las estructuras por las edades de los jefes de hogar de estas dos poblaciones, esta diferencia pierde relevancia. El promedio de personas que trabajan en cada hogar se ubica en 1.9, acerc&aacute;ndose al equilibrio: un activo por un inactivo. Poco m&aacute;s de la mitad de los hombres (56 por ciento) emigr&oacute; a Estados Unidos antes de casarse, lo que perturba el calendario de la nupcialidad masculina: la edad promedio en la que se casaron por primera vez aquellos hombres que al momento de la encuesta ten&iacute;an entre 25 y 44 a&ntilde;os y que emigraron solteros fue de 24.2 a&ntilde;os, en tanto que quienes en las mismas condiciones emigraron ya casados presentaron una edad promedio de 22.4 a&ntilde;os para su primer matrimonio. Esta interferencia de la migraci&oacute;n en la nupcialidad no parece traer consecuencias importantes en la fecundidad y el tama&ntilde;o de las familias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La presencia de esposas en Estados Unidos no es despreciable, si se considera que de la poblaci&oacute;n de exmigrantes femeninas (18.3 por ciento del total de la poblaci&oacute;n exmigrante encuestada) una buena parte viv&iacute;a en el pa&iacute;s vecino con su esposo durante su estancia all&aacute;, lo que explica que 6.6 por ciento de los ni&ntilde;os menores de 10 a&ntilde;os presentes al momento de la encuesta hayan nacido en Estados Unidos. De la poblaci&oacute;n migrante masculina, aproximadamente 20 por ciento de los casados antes de migrar se llevaron a sus esposas al pa&iacute;s vecino.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se detect&oacute; en otras encuestas, el nivel de escolaridad de las mujeres migrantes es m&aacute;s alto que el de las otras mujeres y tambi&eacute;n que el de los hombres migrantes (diferencia de 0.8 grados escolares en el grupo de edades 20&#45;34 a&ntilde;os). En la poblaci&oacute;n masculina, al contrario, los migrantes son levemente menos educados que los no migrantes (0.7 a&ntilde;os, en promedio, en este mismo grupo de edades).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los motivos aparentes para la migraci&oacute;n en la poblaci&oacute;n masculina son mayoritariamente relacionados con las diferencias de ingresos entre los dos pa&iacute;ses (66.7 por ciento). Aunque este motivo aparece tambi&eacute;n como el m&aacute;s importante entre las migrantes femeninas (40.1 por ciento), los desplazamientos de este grupo son muestra igualmente de reagrupaciones familiares (25.2 por ciento), esencialmente entre esposos. Aproximadamente 40 por ciento de los hombres vivieron en Estados Unidos con un pariente o m&aacute;s (pap&aacute;s, hermanos, hijos, c&oacute;nyuges, otros). Esta proporci&oacute;n sube a 74.9 por ciento entre las mujeres, de las cuales 40 por ciento viv&iacute;a con su esposo. La importancia de las redes migratorias que se expresa por medio del indicador de cohabitaci&oacute;n se detecta tambi&eacute;n en la manera de encontrar un empleo: cerca de 75 por ciento de los hombres y 80 por ciento de las mujeres encontraron su primer trabajo gracias a sus redes parentales o de amigos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como es muy conocido, la migraci&oacute;n masculina en Estados Unidos es casi exclusivamente una migraci&oacute;n de trabajo realizada por j&oacute;venes adultos (en varias encuestas, la edad promedio al momento del primer desplazamiento oscila en torno a los 22 a&ntilde;os). La poblaci&oacute;n femenina de exmigrantes conforma un grupo muy particular, que se distingue netamente de las otras mujeres en cuanto a su relaci&oacute;n con las actividades econ&oacute;micas. En este grupo, 46 por ciento empez&oacute; su vida laboral en Estados Unidos (respecto a 9.1 por ciento de los hombres), y 35.5 por ciento ten&iacute;a una actividad antes de desplazarse al pa&iacute;s vecino. A su regreso, 35 por ciento de este grupo trabaj&oacute; en sus lugares de origen y 31.7 por ciento segu&iacute;an teniendo una actividad al momento de la encuesta. Pero si las tasas de actividad actuales de las exmigrantes son semejantes a las tasas de las no migrantes (entre 30 y 35 por ciento), en el grupo de 20 a 29 a&ntilde;os siguen teniendo tasas de actividad muy elevadas (entre 35 y 42 por ciento) hasta los 44 a&ntilde;os, mientras que las tasas de actividad de las no migrantes se ubican entre 14 y 19 por ciento en estos grupos de edad.<sup><a href="#nota">4</a></sup> Esta sobre actividad de las exmigrantes se verifica tambi&eacute;n en todas las edades superiores (en el grupo de edades de 45 a 59 a&ntilde;os estandarizado, la tasa de actividad de las exmigrantes se ubica en 27.4 por ciento respecto a 8 por ciento entre las no migrantes).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Ingresos y remesas</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El salario promedio percibido en Estados Unidos por los exmigrantes masculinos de las &aacute;reas urbanas de Jalisco y Zacatecas se ubic&oacute; aproximadamente en 1 400 d&oacute;lares a finales de la d&eacute;cada de 1990, seg&uacute;n la encuesta Erem, o sea, entre cuatro y cinco veces el salario promedio nacional en el sector "moderno" (afiliados al Instituto Mexicano del Seguro Social) en M&eacute;xico para esta &eacute;poca, o cinco veces en el caso de los asalariados de las ciudades del centro&#45;oeste (<a href="#c6">cuadro 6</a>). Sin embargo, se puede pensar leg&iacute;timamente que el multiplicador de salarios se ubica entre la relaci&oacute;n de los salarios m&iacute;nimos y la de los salarios promedios, trat&aacute;ndose de una poblaci&oacute;n migrante originaria generalmente del sector informal, levemente menos educada y m&aacute;s joven que la poblaci&oacute;n de no migrantes.</font></p> 	    <p align="center"><a name="c6"></a></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><img src="/img/revistas/pp/v9n36/a6c6.jpg"></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Diferentes encuestas (Arroyo, 1987; LPS1, 1988; Massey y Parado, 1990; Colef, 1993; ORSTOM&#45;INESER, 1993; INEGI, 1996) ubican el monto promedio mensual de las remesas en un nivel de entre 150 y 320 d&oacute;lares durante los quince &uacute;ltimos a&ntilde;os. Esta heterogeneidad refleja sobre todo &#45;salvo el efecto de fecha&#45; las diferentes composiciones de las muestras utilizadas: migrantes permanentes, migrantes temporales, migrantes documentados/ indocumentados, jefes de familia/ otros, familia residente en Estados Unidos/residente en M&eacute;xico...; que influyen naturalmente tanto en el nivel de ingresos como en el nivel del monto de las remesas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Erem muestra que aproximadamente 75 por ciento de los exmigrantes enviaban dinero regularmente a sus familias en M&eacute;xico (81 por ciento de los hombres y 44 por ciento de las mujeres). El monto promedio mensual de las remesas equival&iacute;a en 1999 a tres salarios m&iacute;nimos o 1.2 salarios promedio. A nivel agregado, seg&uacute;n estimaciones del Banco de M&eacute;xico, el monto de las remesas familiares recibidas en M&eacute;xico sube de 2.5 mil millones de d&oacute;lares en 1990 a 4.9 mil millones en 1997, lo que representa en esta fecha 43 por ciento de las exportaciones petroleras, 85 por ciento de los ingresos tur&iacute;sticos y 39 por ciento de la inversi&oacute;n directa del extranjero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A finales de la d&eacute;cada de 1990, el monto global de las remesas se estimaba en aproximadamente 6.5 mil millones de d&oacute;lares, o sea, 1.5 por ciento del PIB mexicano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si se acepta, como lo proponen Adelman y Taylor (1992) un efecto multiplicador de estas remesas de 2.9 en la econom&iacute;a mexicana, el producto generado alcanzar&iacute;a cerca de cuatro por ciento del PIB mexicano. En la regi&oacute;n centro&#45;occidental del pa&iacute;s, donde se concentraba en 1996 cerca de la mitad (48 por ciento) de las remesas familiares del pa&iacute;s, estas transferencias representan aproximadamente cinco por ciento del producto interno de la regi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Apoximadamente 12 por ciento de los hogares de esta regi&oacute;n reciben dinero proveniente de sus miembros que trabajan en Estados Unidos (3.1 por ciento al nivel nacional), que representa en promedio m&aacute;s de dos tercios de sus recursos (69 por ciento; Delgado <i>et al.,</i> 1999). Todas las encuestas realizadas en M&eacute;xico durante los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os sobre el uso de las remesas por parte de los hogares que las reciben indican que lo esencial de estos recursos (entre 60 y 95 por ciento) es utilizado en gastos de consumo corriente de los hogares (alimentaci&oacute;n, ropa, educaci&oacute;n, salud, alojamiento...). La encuesta Erem (1999&#45;2000) en &aacute;reas urbanas muestra que los primeros resultados sobre los estados de Jalisco y Zacatecas (<a href="#c7">cuadro 7</a>) presentan una reducci&oacute;n de la fracci&oacute;n de las remesas destinada a la manutenci&oacute;n de los hogares entre los a&ntilde;os 1980 y 1999, en provecho de la parte destinada al ahorro (categor&iacute;a que en varias ocasiones supone una situaci&oacute;n de espera antes de realizar inversiones productivas).</font></p> 	    <p align="center"><a name="c7"></a></p>         <p align="center"><img src="/img/revistas/pp/v9n36/a6c7.jpg"></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Algunas encuestas realizadas en varios estados de la regi&oacute;n centro&#45;occidental demuestran que el impacto de estos recursos en la creaci&oacute;n de microempresas tiene cierta importancia. Massey y Parado (1997), en sus encuestas de 1982&#45;1983 y 1987&#45;1994, realizadas en varias &aacute;reas urbanas de la regi&oacute;n, observaron que aproximadamente 11 por ciento de las microempresas de sus muestras fueron creadas gracias a las remesas provenientes de Estados Unidos. En Guadalajara, capital del estado de Jalisco (con 2.9 millones de habitantes en 1990), 16 por ciento de las empresas de menos de 20 salarios habr&iacute;an aprovechado estos recursos para su constituci&oacute;n, durante los a&ntilde;os anteriores a 1990 (Escobar y De la O, 1991).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Las conversiones profesionales mediante los ciclos migratorios</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para gran parte de los migrantes, el ciclo migratorio se traduce en reconversiones tanto de rama de actividad como de posici&oacute;n en el trabajo (condici&oacute;n laboral) entre la situaci&oacute;n premigratoria y la reinstalaci&oacute;n en sus lugares de origen a su regreso a M&eacute;xico. En t&eacute;rminos de ramas de actividad, el <a href="#c8">cuadro 8</a> nos permite visualizar el deslizamiento de los empleos ocupados por los migrantes masculinos del sector primario (esencialmente la agricultura) hacia el sector terciario (comercio, servicios, transportes y telecomunicaciones) al terminar el ciclo migratorio. Estas transformaciones empiezan antes de la emigraci&oacute;n a Estados Unidos (a veces asociadas a migraciones internas previas de &aacute;reas rurales de los municipios hacia las cabeceras municipales de las ciudades medias encuestadas), pero se intensifican en la migraci&oacute;n internacional. Este tipo de movilidad profesional es relativamente fuerte si se considera que 42 por ciento de los migrantes cambiaron de rama de actividad entre el momento de desplazarse a Estados Unidos y su reinserci&oacute;n laboral en M&eacute;xico (las tasas de retenci&oacute;n de los activos var&iacute;an de 30 por ciento en los restaurantes&#45;hoteles hasta 73 por ciento en los transportes, rama que conserva m&aacute;s su mano de obra durante todo el ciclo). En Estados Unidos, como se mencion&oacute;, la inserci&oacute;n laboral de los trabajadores masculinos, que hasta la d&eacute;cada de 1960 se hac&iacute;a en su mayor parte en la agricultura, se traslad&oacute; poco a poco hacia actividades de &aacute;reas urbanas, como la industria y la construcci&oacute;n a partir de 1980, donde los sueldos son generalmente m&aacute;s altos, y los restaurantes&#45;hoteles, as&iacute; como los servicios a partir de finales de la d&eacute;cada de 1980. Los flujos femeninos que empiezan a desarrollarse en la d&eacute;cada de 1970 se concentran tradicionalmente en la industria, los restaurantes&#45;hoteles y los servicios.</font></p> 	    <p align="center"><a name="c8"></a></p> 	    <p align="center"><img src="/img/revistas/pp/v9n36/a6c8.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las transformaciones que operan los migrantes en materia de posici&oacute;n en el trabajo son m&aacute;s importantes y pueden considerarse como uno de los motores de la migraci&oacute;n, en el sentido que el ciclo migratorio a Estados Unidos acelera (gracias al multiplicador de salario que representa y al ahorro que posibilita) la conversi&oacute;n de cierto n&uacute;mero de migrantes de asalariados a no asalariados, lo que parece ser un objetivo tanto individual de las trayectorias profesionales, como una estrategia familiar de ampliaci&oacute;n/diversificaci&oacute;n de los ingresos de los hogares en M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al momento de desplazarse a Estados Unidos, cerca de 22 por ciento de los migrantes y 11 por ciento de las migrantes ten&iacute;an un proyecto bien definido de actividad para su posterior regreso a sus lugares de origen. Entre estos grupos, un tercio de los hombres (34.1 por ciento) y un cuarto (27.5 por ciento) de las mujeres migraban con la idea de ahorrar dinero para crear un negocio a su regreso a M&eacute;xico. La mayor parte del conjunto de los migrantes (72.7 por ciento) pensaba trabajar por lo menos un a&ntilde;o en el pa&iacute;s fronterizo, y cerca de la mitad (49.5 por ciento de los hombres y 60.1 por ciento de las mujeres) no proyectaba una duraci&oacute;n espec&iacute;fica de su estancia en este pa&iacute;s. Como se comprob&oacute;, la duraci&oacute;n del ciclo migratorio es el factor m&aacute;s importante para incrementar la probabilidad de realizaci&oacute;n de proyectos de este tipo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el momento de reinstalarse en M&eacute;xico, como se pod&iacute;a suponer, la fracci&oacute;n de los migrantes que ten&iacute;an un proyecto preciso de trabajo se hab&iacute;a incrementado (28.7 por ciento de los hombres), m&aacute;s a&uacute;n cuando los motivos de regreso forzado (deportados, 4.5 por ciento; enfermos, 3.6 por ciento; desempleados. 8.9 por ciento, en la poblaci&oacute;n masculina) no eran despreciables. Entre 40 y 45 por ciento de estos proyectos en las poblaciones masculinas y femeninas concern&iacute;an a actividades de no asalariados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo migratorio en Estados Unidos acelera sobre todo la transformaci&oacute;n de asalariados &#45;y en menor medida de trabajadores familiares sin remuneraci&oacute;n&#45; a trabajadores por cuenta propia o a jefes de microempresas a su regreso a M&eacute;xico (<a href="#c9">cuadro 9</a>), tanto en la poblaci&oacute;n masculina, como en la femenina. Las trayectorias inversas son muy poco frecuentes.</font></p> 	    <p align="center"><a name="c9"></a></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><img src="/img/revistas/pp/v9n36/a6c9.jpg"></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos datos son bastante diferentes de los resultados de la Enadid 1997 en lo que concierne a la proporci&oacute;n de trabajadores por cuenta propia, pues en esta fuente, 36 por ciento de los exmigrantes masculinos de la regi&oacute;n centro&#45;occidental trabajan por cuenta propia (<a href="#c4">cuadro 4</a>). Es probable que la Enadid sobrerrepresente las &aacute;reas rurales en su muestreo, si se compara su distribuci&oacute;n de ramas de actividad con las de los censos de poblaci&oacute;n 1990 y 2000. Lo anterior incrementa el peso relativo de los trabajadores por cuenta propia debido a que esta condici&oacute;n laboral es m&aacute;s frecuente en la rama agr&iacute;cola (en particular, por las transmisiones patrimoniales). En la poblaci&oacute;n de no migrantes, las condiciones laborales de patrones y de trabajadores por cuenta propia son netamente menos frecuentes (respectivamente 5 y 17.2 por ciento en la poblaci&oacute;n masculina, y 0.8 y 12.1 por ciento en la poblaci&oacute;n femenina de la Erem).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin duda interviene en estos grupos tanto un efecto de edad como de rama de actividad. En la poblaci&oacute;n activa presente en el momento de la encuesta se observa efectivamente una proporci&oacute;n creciente de no asalariados (patronos y trabajadores por cuenta propia) conforme avanza la edad de los entevistados, tanto en la poblaci&oacute;n masculina como entre las mujeres (de 6.2 y 4.4 por ciento en el grupo de edades de 20 a 24 a&ntilde;os, hasta 49.1 y 53.8 por ciento en el grupo de edades de 55 a 59 a&ntilde;os, respectivamente). Al efecto de la edad (que traduce generalmente una funci&oacute;n del tiempo de ahorro para realizar las inversiones necesarias para la conversi&oacute;n a no asalariado), se suma el efecto de las distribuciones de las ramas de actividades de las diferentes generaciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el transcurso del tiempo, la estructura del empleo se desplaz&oacute; de actividades en el sector primario (esencialmente agr&iacute;colas) al inicio de la vida activa de las generaciones m&aacute;s viejas, hacia actividades de los sectores secundario y terciario en las nuevas generaciones. Las transferencias de mano de obra entre las ramas se intensificaron naturalmente en las generaciones sucesivas, a medida que se transformaba la econom&iacute;a, y se aceleraron a trav&eacute;s de las migraciones internas e internacionales. Como se observa en diferentes fuentes de datos (encuestas y censos), los no asalariados se concentran esencialmente en la agricultura (30 por ciento) y el comercio (31.9 por ciento) en la poblaci&oacute;n activa masculina (en el caso de la Erem), y en el comercio y los servicios (53.8 y 27.2 por ciento, respectivamente) en la poblaci&oacute;n activa femenina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se puede constatar en estos datos, la proporci&oacute;n de no asalariadas &#45;salvo las trabajadoras familiares sin remuneraci&oacute;n (TFSR)&#45; es muy importante en la poblaci&oacute;n de mujeres exmigrantes, debido en particular a la fuerte proporci&oacute;n de las mujeres no casadas (solteras, divorciadas, viudas) al regreso del ciclo migratorio, que adoptan esa condici&oacute;n laboral como medio de reinserci&oacute;n profesional a su regreso a M&eacute;xico. Por otra parte, las tasas de actividad en M&eacute;xico de las esposas de los exmigrantes de 20 a 64 a&ntilde;os son cerca de tres veces superiores a las de las esposas de no migrantes, lo que induce a pensar que la migraci&oacute;n internacional tiene un efecto importante en la participaci&oacute;n ulterior de las mujeres en las actividades econ&oacute;micas, tal vez en parte por la adquisici&oacute;n de capacidades laborales particulares (de manera formal o informal) en el otro pa&iacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las parejas en las cuales los dos c&oacute;nyuges trabajan y el esposo es un exmigrante, m&aacute;s de la mitad (56 por ciento) tienen por lo menos uno de sus miembros como patr&oacute;n de microempresa o trabajador por cuenta propia, lo que demuestra la importancia de la condici&oacute;n laboral de no asalariado en la estrategia de reproducci&oacute;n de los hogares de exmigrantes. La condici&oacute;n laboral de no asalariado dentro de los grupos familiares permite, por una parte, diversificar las fuentes de ingresos y permitir una continuidad m&iacute;nima de recursos en caso de desempleo del miembro asalariado, y constituye tambi&eacute;n muy a menudo la principal fuente de ingresos frente al deterioro progresivo del nivel de los salarios reales durante los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre la poblaci&oacute;n masculina activa captada por la Erem, los ingresos mensuales son m&aacute;s elevados entre los trabajadores por cuenta propia que entre los asalariados (57.7 por ciento de los primeros y 35.4 por ciento de los segundos perciben en 1999&#45;2000 un ingreso superior a 2 700 pesos). Esta jerarqu&iacute;a se comprueba tambi&eacute;n cuando el ingreso se da por d&iacute;a (53.7 y 37.9 por ciento, respectivamente, en estos dos grupos son superiores a 100 pesos). Estos datos confirman la percepci&oacute;n de los exmigrantes al respecto: entre los asalariados de este grupo, 83 por ciento de los hombres y 71 por ciento de las mujeres piensan que la condici&oacute;n laboral de trabajador por cuenta propia proporciona m&aacute;s ventajas que la de asalariado, entre los cuales la mayor&iacute;a opina que permite recibir ingresos mayores a los de los asalariados. Por otra parte, 40.2 por ciento de los hombres asalariados esperan convertirse en trabajadores por cuenta propia, proporci&oacute;n netamente superior a la conversi&oacute;n inversa (15.1 por ciento). En la poblaci&oacute;n femenina, las opiniones son menos contrastadas (30.8 y 23.3 por ciento, respectivamente).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo asalariado conserva, sin embargo, su inter&eacute;s, en particular cuando permite a la familia beneficiarse de prestaciones sociales como el seguro social, sobre todo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font><font face="verdana" size="2"><i>Las inversiones productivas de los exmigrantes</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Erem capt&oacute; cerca de 1 100 negocios creados por la poblaci&oacute;n de exmigrantes urbanos de Jalisco y Zacatecas desde su regreso a M&eacute;xico, o sea que, como se hab&iacute;a mencionado anteriormente, aproximadamente un tercio de los exmigrantes masculinos y femeninos se pusieron a cuenta propia o crearon microempresas empleando asalariados. La mayor&iacute;a del autoempleo y de estos negocios se cre&oacute; en el comercio (32.3 por ciento), la agricultura (26.7 por ciento) y los servicios (14.9 por ciento). Casi la mitad (48.7 por ciento) se crearon durante la d&eacute;cada de 1990. En su mayor parte, el origen del capital invertido est&aacute; constituido exclusivamente por los ahorros propios de los exmigrantes (87.3 por ciento), y cuando interviene alg&uacute;n tipo de pr&eacute;stamo, 43.3 por ciento proviene de la familia del migrante.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cerca de un cuarto de los no asalariados son patrones que emplean mano de obra asalariada. Aproximadamente 78 por ciento de estos &uacute;ltimos negocios son microempresas que emplean entre uno y tres asalariados (el promedio general es de 2.8 empleados por microempresa). Se puede estimar el impacto local de la migraci&oacute;n en t&eacute;rminos de creaci&oacute;n de empleos remunerados en aproximadamente 0.2 por exmigrante. Por otra parte, alrededor de 20 por ciento emplean mano de obra no asalariada (TFSR), en promedio, 1.8 personas por negocio. Estos TFSR son esencialmente esposos e hijos del trabajador por cuenta propia. Si se toma en cuenta los TFSR, el impacto global de la migraci&oacute;n, en t&eacute;rminos de empleos creados, se avecina a 0.3 por exmigrante, lo que no es despreciable para las econom&iacute;as locales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante su estancia laboral en Estados Unidos, 7.8 por ciento de los hombres y 11.3 por ciento de las mujeres recibieron alg&uacute;n tipo de capacitaci&oacute;n formal (sancionada por alg&uacute;n t&iacute;tulo o reconocimiento). Igualmente, 22.3 por ciento de los hombres y 17.4 por ciento de las mujeres se capacitaron de manera informal en la pr&aacute;ctica de sus oficios, generalmente. Estas capacitaciones parecen tener una influencia apreciable en las posibilidades de transformaci&oacute;n de su condici&oacute;n laboral asalariada a no asalariada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque es extremadamente dif&iacute;cil conseguir en este tipo de encuesta la precisi&oacute;n necesaria sobre los montos invertidos inicialmente en los negocios &#45;debido a que muchos de los entrevistados no responden las preguntas correspondientes por problemas de memoria o de confusi&oacute;n entre monedas, entre otros&#45;, los resultados de la encuesta arrojan estimaciones relativamente coherentes con las duraciones de las estancias de trabajo en Estados Unidos, el nivel de los montos de las remesas y las fracciones de estas remesas asignadas al ahorro o a las inversiones directas. En los a&ntilde;os 1994&#45;1999 (el periodo m&aacute;s confiable por su proximidad a la fecha de la encuesta), 42.8 por ciento de las inversiones en las creaciones de negocios eran superiores a 2 000 d&oacute;lares (y 19.9 por ciento superiores a 5 000 d&oacute;lares), lo que representa &#45;con una estimaci&oacute;n burda&#45; aproximadamente cuatro a&ntilde;os de remesas en promedio, si se toman en cuenta las fracciones de las remesas destinadas a este rubro y el monto promedio de las remesas durante este periodo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Conclusiones</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las conversiones de asalariado a no asalariado aceleradas por los ciclos migratorios internacionales aparecen como un factor importante de la movilizaci&oacute;n de la mano de obra hacia Estados Unidos en un contexto socioecon&oacute;mico caracterizado por el deterioro progresivo del salario real individual y el d&eacute;ficit de empleos en el sector moderno de la econom&iacute;a en M&eacute;xico durante las dos d&eacute;cadas recientes. El incremento progresivo de la participaci&oacute;n femenina en las actividades remuneradas abre las posibilidades de ampliar la asignaci&oacute;n de los recursos producidos por el trabajo migratorio dentro de los hogares de migrantes, en particular por la combinaci&oacute;n trabajo asalariado/trabajo no asalariado en las parejas. Sin embargo, la condici&oacute;n laboral no asalariado encubre situaciones muy heterog&eacute;neas y a veces inestables en t&eacute;rminos de posiciones (patr&oacute;n/por cuenta propia), de ramas de actividad, de monto de inversiones o de objetivos (ingreso principal/ingreso complementario...) a menudo producidas por las incertidumbres asociadas al ciclo migratorio (tiempo del ciclo, naturaleza del proyecto, periodos de desempleo...), y a las condiciones locales (mercados, tipo de cambio, tr&aacute;mites, acceso a recursos financieros...). Una muestra de esto lo constituye la nueva reconversi&oacute;n ulterior al ciclo migratorio de la condici&oacute;n laboral de no asalariado al asalariado que concierne aproximadamente a 10 por ciento de los exmigrantes reinstalados como patronos o por cuenta propia (por ingresos insuficientes generalmente), y los proyectos de iniciar un nuevo ciclo migratorio internacional por parte de migrantes considerados te&oacute;ricamente como "regresados definitivos" (aproximadamente 50 por ciento de los asalariados y 30 por ciento de los no asalariados masculinos). Por otra parte, m&aacute;s de la mitad (57 por ciento) de los miembros de las familias encuestadas que salieron de estos hogares (ausentes temporales o emigrantes, generalmente hijos de los exmigrantes) resid&iacute;an en Estados Unidos en el momento de la encuesta (esta proporci&oacute;n asciende a 64.6 por ciento entre los hombres), lo que indica una reproducci&oacute;n muy importante del trabajo migratorio internacional en estos hogares.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La migraci&oacute;n internacional tiene un cierto impacto en t&eacute;rminos de creaci&oacute;n de empleos, pero es muy probable que los tipos de empleos creados por los exmigrantes no correspondan a los empleos requeridos por la poblaci&oacute;n, en t&eacute;rminos de nivel de sueldo y de protecci&oacute;n social, y adicionalmente contribuyen a reproducir las condiciones que alimentan los flujos migratorios hacia Estados Unidos. En este sentido, es valido preguntar por la eficiencia de programas p&uacute;blicos que tratar&iacute;an de promover las inversiones de los exmigrantes para crear empleos en M&eacute;xico. Posiblemente, estas inversiones podr&iacute;an frenar o postergar flujos que se crearan justamente para escapar de situaciones laborales asalariadas desventajosas, propias del sector informal de la econom&iacute;a, pues todo parece indicar, en efecto, que este sector, por sus condiciones de trabajo, es m&aacute;s sensible que el moderno o formal a la generaci&oacute;n de las corrientes migratorias hacia Estados Unidos.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">ADELMAN, I. y J. E. Taylor, 1992, "Is structural adjustment with a human face possible? The case of Mexico", en <i>Journal of Development Studies.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ARROYO Alejandre, J, 1989, <i>El abandono rural,</i> Universidad de Guadalajara, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5641243&pid=S1405-7425200300020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ARROYO, J. <i>et al.,</i> 1991, <i>Migraci&oacute;n rural hacia Estados Unidos. Un estudio regional en Jalisco.</i> Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Colecci&oacute;n Regiones, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5641245&pid=S1405-7425200300020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CANALES, Alejandro, 2000, "El papel de las remesas en el balance ingreso&#45;gasto de los hogares. El caso del occidente de M&eacute;xico", <i>Seminario internacional sobre la mundializaci&oacute;n econ&oacute;mica de las regiones: competitividad, descentralizaci&oacute;n y cambios poblacionales,</i> INESER&#45;UCLA program on M&eacute;xico&#45;PROFMEX, Puerto Vallarta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5641247&pid=S1405-7425200300020000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">DELGADO Wise, R. <i>et. al.,</i> 1999, "Migraci&oacute;n internacional, divisas y desarrollo regional en Zacatecas", en R. Garc&iacute;a Zamora, <i>Agricultura, migraci&oacute;n y desarrollo regional,</i> Universidad Aut&oacute;noma de Zacatecas, Zacatecas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5641249&pid=S1405-7425200300020000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ESCOBAR Latap&iacute;, A. y M. De la O Mart&iacute;nez, 1991, "Small&#45;scale industry and international migration in Guadalajara, M&eacute;xico", en Diaz Briquets y Weintraub (comps.), <i>Impact of migration on sending countries,</i> Westview.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5641251&pid=S1405-7425200300020000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">LOZANO Ascencio, F., 1997, "&iquest;Remesas: fuente inagotable de divisas?", en <i>Ciudades,</i> n&uacute;m. 35, RNIU, Puebla.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5641253&pid=S1405-7425200300020000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MASSEY, D. y Parado, 1997, "Migraci&oacute;n y peque&ntilde;a empresa", en <i>Ciudades,</i> n&uacute;m.35, RNIU, Puebla.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5641255&pid=S1405-7425200300020000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PAPAIL, J. y J. Arroyo, 1996, <i>Migraci&oacute;n mexicana a Estados Unidos y desarrollo regional en Jalisco,</i> Universidad de Guadalajara, Guadalajara.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5641257&pid=S1405-7425200300020000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">POZOS Ponce, Fernando y Carlos Barba Solano, 2000, <i>El sistema social en Jalisco y sus regiones,</i> Universidad de Guadalajara, Guadalajara.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5641259&pid=S1405-7425200300020000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Usaremos generalmente resultados que se refieren a la poblaci&oacute;n activa masculina. El tama&ntilde;o reducido de la poblaci&oacute;n econ&oacute;micamente activa femenina en esta encuesta no siempre permite procesar la informaci&oacute;n relativa a algunas variables.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> La definici&oacute;n adoptada aqu&iacute; es la del conjunto del autoempleo y de las microempresas familiares que tienen actividades legales.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> El programa de regularizaci&oacute;n de los trabajadores indocumentados (IRCA), aplicado en Estados Unidos en 1986, y la demanda creciente de mano de obra de la econom&iacute;a estadunidense contribuyeron igualmente al crecimiento de esta emigraci&oacute;n.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Se considera aqu&iacute; la actividad como un trabajo constante y regular durante el periodo de la encuesta.</font></p>      ]]></body><back>
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