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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Contrary to the World Bank's argument, that economic restructuring and the insertion of emerging economies in the international market would foster job creation, the "new economic model" has not created the necessary jobs in Latin American economies, particularly in Argentina, Chile and Mexico. Following the above debate, this paper covers some aspects related to the history of minimum wage policies, the arguments posted by entrepreneurs and labor unions, as well as the trends in employment and open unemployment in the 90's.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Salarios m&iacute;nimos y empleo en Argentina, Chile y M&eacute;xico</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Francisco Zapata</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El Colegio de M&eacute;xico</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Contrariamente a lo planteado por el Banco Mundial, en el sentido de que la reestructuraci&oacute;n econ&oacute;mica y la inserci&oacute;n de las econom&iacute;as emergentes en el mercado internacional iban a incentivar la creaci&oacute;n de empleos, el "nuevo modelo econ&oacute;mico" no ha generado los empleos necesarios en los pa&iacute;ses latinoamericanos, espec&iacute;ficamente en Argentina, Chile y M&eacute;xico. En este trabajo se reflexiona, a partir de lo anterior, sobre algunos aspectos relacionados con la historia de los salarios m&iacute;nimos, con las posiciones de los empresarios y sindicatos respecto a aqu&eacute;llos, as&iacute; como sobre el empleo y desempleo abiertos en la d&eacute;cada de 1990.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Contrary to the World Bank's argument, that economic restructuring and the insertion of emerging economies in the international market would foster job creation, the "new economic model" has not created the necessary jobs in Latin American economies, particularly in Argentina, Chile and Mexico. Following the above debate, this paper covers some aspects related to the history of minimum wage policies, the arguments posted by entrepreneurs and labor unions, as well as the trends in employment and open unemployment in the 90's.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con una evaluaci&oacute;n reciente de la trayectoria del "nuevo modelo econ&oacute;mico" (Reinhard y Peres, 2000), &eacute;ste se caracteriza por un comportamiento err&aacute;tico, si no es que negativo, en t&eacute;rminos de su capacidad de generaci&oacute;n de empleos. A nivel agregado, se encuentra que a pesar de que varias econom&iacute;as latinoamericanas han mostrado un gran dinamismo en t&eacute;rminos de su capacidad de penetraci&oacute;n del mercado internacional, ello no ha sido acompa&ntilde;ado necesariamente por la creaci&oacute;n de empleos. Esta evidencia contradice lo planteado por el Banco Mundial (1995) cuando argumentaba que la reestructuraci&oacute;n econ&oacute;mica y la inserci&oacute;n de las econom&iacute;as emergentes en el mercado internacional iban a incentivar la creaci&oacute;n de empleos. En efecto, si se consideran casos como los de Argentina, Brasil, Chile y M&eacute;xico se constata que cada uno de ellos presenta un cuadro muy distinto en lo que se refiere a los empleos generados durante la d&eacute;cada 1990 y que, al menos con base en la evidencia de esos pa&iacute;ses, es imposible concluir que el "nuevo modelo econ&oacute;mico" haya favorecido la creaci&oacute;n de empleos. Argentina posee una tasa de desempleo abierto superior a 15 por ciento; Brasil despide trabajadores de los sectores que en una &eacute;poca fueron muy din&aacute;micos en cuanto a generaci&oacute;n de empleos, como es el sector automotriz; en Chile, la econom&iacute;a crece a tasas superiores a 5 por ciento y al mismo tiempo la tasa de desempleo abierto supera 10 por ciento; en M&eacute;xico, la econom&iacute;a crece mientras la tasa de desempleo abierto se mantiene por debajo de tres por ciento. Este panorama es objeto de un debate que vincula la creaci&oacute;n de empleos a la evoluci&oacute;n del nivel de los salarios m&iacute;nimos y de los salarios medios reales durante la d&eacute;cada mencionada. Si bien la evaluaci&oacute;n mencionada presenta antecedentes relevantes sobre las econom&iacute;as que se han reestructurado para hacer frente a los desaf&iacute;os de la globalizaci&oacute;n, no explica las razones por la cuales algunas econom&iacute;as crean empleos y otras no lo hacen. Este es el origen de la reflexi&oacute;n que quisi&eacute;ramos realizar en este trabajo, subrayando algunos aspectos relacionados con la historia de los salarios m&iacute;nimos, con las posiciones de empresarios y sindicatos respecto de ellos y todo esto en un cuadro que enfatiza lo ocurrido en pa&iacute;ses como Argentina, Chile y M&eacute;xico durante el periodo 1990&#45;1999, para el cual existen estad&iacute;sticas actualizadas sobre la evoluci&oacute;n del producto interno bruto, los salarios m&iacute;nimos y medios reales, as&iacute; como sobre el empleo y el desempleo abierto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Algunos antecedentes hist&oacute;ricos</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A fines del siglo XIX y principios del XX, durante el periodo de formaci&oacute;n del sindicalismo, las demandas obreras se focalizaron en la reducci&oacute;n de la jornada de trabajo,<sup><a href="#nota">1</a></sup> en la protecci&oacute;n del trabajo de mujeres y ni&ntilde;os, as&iacute; como en la legalizaci&oacute;n de las organizaciones sindicales y del derecho de huelga. La cuesti&oacute;n del salario adquiri&oacute; centralidad s&oacute;lo cuando los sindicatos consiguieron eliminar el pago en especie que exist&iacute;a en tiendas de raya, mercantiles, pulper&iacute;as y otros centros comerciales, en las haciendas y en las minas, y cuando, m&aacute;s tarde, lograron institucionalizar la formulaci&oacute;n de demandas a los patrones y legalizar la contrataci&oacute;n colectiva del trabajo (Zapata, 1993).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando esas demandas fueron logradas, despu&eacute;s de luchas a veces sangrientas, y cuando se institucionalizaron los sindicatos con la promulgaci&oacute;n de leyes sociales y c&oacute;digos del trabajo,<sup><a href="#nota">2</a></sup> se crearon salarios m&iacute;nimos, cuyo principio hab&iacute;a sido establecido en esas disposiciones legales pero que no se hab&iacute;an llevado a la pr&aacute;ctica. Fue la crisis econ&oacute;mica de 1929&#45;1930, cuyo impacto sobre las econom&iacute;as latinoamericanos no necesita documentarse, que permiti&oacute; establecer ese piso a la remuneraci&oacute;n del trabajo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al mismo tiempo, la generalizaci&oacute;n de la firma de contratos colectivos en las empresas en las que se hab&iacute;an constituido sindicatos permiti&oacute; establecer tabuladores salariales que reflejaban la existencia de una diferenciaci&oacute;n de los trabajadores de acuerdo con sus calificaciones, a la vez que se establec&iacute;an incentivos monetarios, como bonos de producci&oacute;n, participaci&oacute;n en las utilidades de las empresas, prestaciones en especie para despensas, transporte, nacimientos, matrimonios y otros aspectos de la vida cotidiana de los trabajadores. Frecuentemente, la negociaci&oacute;n colectiva, que culminaba en los contratos colectivos, utilizaba el nivel de los salarios m&iacute;nimos para el aspecto salarial de dicha negociaci&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La generalizaci&oacute;n de la contrataci&oacute;n colectiva en las empresas en que se formaliz&oacute; la existencia de sindicatos contribuy&oacute; a regular la remuneraci&oacute;n del trabajo en forma definitiva. En casi todos los pa&iacute;ses latinoamericanos, pero en particular en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, M&eacute;xico, Per&uacute; y Uruguay, los trabajadores sindicalizados lograron que los contratos colectivos establecieran disposiciones relacionadas con los montos, las formas y la periodicidad de pago de salarios, incentivos y prestaciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En paralelo al proceso anterior, y como consecuencia de la migraci&oacute;n del campo a las ciudades y el aumento del empleo urbano asalariado, as&iacute; como de las limitaciones que las leyes plantearon al derecho de sindicalizaci&oacute;n,<sup><a href="#nota">3</a></sup> se plante&oacute; el problema de establecer disposiciones que regularan las condiciones de trabajo de aquellos trabajadores empleados formalmente que no ten&iacute;an derecho a sindicalizarse. Esta situaci&oacute;n, que afect&oacute; sobre todo a los trabajadores de las peque&ntilde;as empresas y a los campesinos, oblig&oacute; a establecer disposiciones legales que regularan los ingresos de la poblaci&oacute;n que no pod&iacute;a fijarlos a trav&eacute;s de la contrataci&oacute;n colectiva.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La idea de establecer el salario m&iacute;nimo ten&iacute;a como fundamento la constituci&oacute;n de un "piso", por debajo del cual las empresas incurrir&iacute;an en violaciones a las disposiciones legales en materia laboral. Dicho establecimiento result&oacute; tambi&eacute;n del l&iacute;mite relativamente alto que las leyes laborales pusieron para poder organizar un sindicato que pudiera negociar contratos colectivos. En efecto, los c&oacute;digos del trabajo establecieron, por ejemplo, un m&iacute;nimo de 20 trabajadores para poder constituir un sindicato, profesional o de empresa, lo cual rebasaba las posibilidades de la mayor parte de los establecimientos que contrataban mano de obra. Incluso en la actualidad, con la creciente atomizaci&oacute;n de la estructura de tama&ntilde;o de las empresas, en las que predominan las que tienen menos de cinco o diez trabajadores, se hace imposible constituir sindicatos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como muchos gobiernos de ese periodo buscaron el apoyo electoral de las masas populares que se hab&iacute;an incorporado a los sistemas pol&iacute;ticos, y tambi&eacute;n de los trabajadores organizados en sindicatos, los l&iacute;deres pol&iacute;ticos de esa &eacute;poca ofrecieron establecer beneficios para los obreros y empleados que no ten&iacute;an acceso a los contratos colectivos. Algunas disposiciones promulgadas durante los gobiernos de L&aacute;zaro C&aacute;rdenas en M&eacute;xico (1934&#45;1940), Getulio Vargas en Brasil (1930&#45;1943), Juan Domingo Per&oacute;n en Argentina (1943&#45;1955) y en otros pa&iacute;ses, tuvieron que ver con la necesidad de proteger a los trabajadores no sindicalizados de las ciudades. Cabe subrayar que los campesinos quedaron fuera de esa pol&iacute;tica, al oponerse la oligarqu&iacute;a terrateniente a otorgarles dichos beneficios o al quedar incluidos en los sistemas corporativos que se dise&ntilde;aron para separar a obreros y campesinos en las estructuras pol&iacute;ticas de la &eacute;poca.<sup><a href="#nota">4</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El establecimiento del salario m&iacute;nimo da lugar a una intervenci&oacute;n estatal en el &aacute;mbito laboral no sindicalizado que permite diferenciar las remuneraciones para diferentes categor&iacute;as de trabajadores, en distintas regiones geogr&aacute;ficas, as&iacute; como en sectores econ&oacute;micos (por ejemplo, en la rama de la construcci&oacute;n) y a veces de acuerdo con la edad de los trabajadores. El salario m&iacute;nimo es entonces un mecanismo de regulaci&oacute;n de los salarios en los mercados de trabajo en donde la sindicalizaci&oacute;n y la contrataci&oacute;n colectiva son inexistentes.<sup><a href="#nota">5</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El establecimiento de salarios m&iacute;nimos despu&eacute;s de la crisis de 1929&#45;1930 reflej&oacute; el impacto de &eacute;sta en los mercados de trabajo de los pa&iacute;ses latinoamericanos. Fue una respuesta a la cesant&iacute;a que provoc&oacute; el cierre de minas, plantaciones y f&aacute;bricas que se vieron en la imposibilidad de seguir funcionando dada la fuerte recesi&oacute;n generada por la crisis. La ruptura del modelo de desarrollo hacia fuera dio lugar a la intervenci&oacute;n del Estado en la regulaci&oacute;n de los mercados de trabajo y tuvo por objeto fijar un l&iacute;mite inferior a la remuneraci&oacute;n del trabajo, pero tambi&eacute;n corregir el deterioro de la distribuci&oacute;n del ingreso. A pesar del grado limitado de desarrollo del mercado de trabajo formal, concentrado esencialmente en las actividades econ&oacute;micas ligadas al modelo de desarrollo agroexportador, el establecimiento de los salarios m&iacute;nimos contribuy&oacute; a mejorar las posibilidades de consumo de la poblaci&oacute;n trabajadora que no estaba sindicalizada. La fijaci&oacute;n de los salarios m&iacute;nimos tambi&eacute;n est&aacute; vinculada a la evoluci&oacute;n del empleo en, al menos, los siguientes factores: a) las pol&iacute;ticas empresariales en cuanto al peso del capital (bienes de capital, tecnolog&iacute;a, subcontrataci&oacute;n y otras medidas) y del trabajo en la organizaci&oacute;n de la producci&oacute;n; b) el poder de los sindicatos en los procesos de toma de decisi&oacute;n sobre la pol&iacute;tica estatal de empleo; c) la estructura por edades de la poblaci&oacute;n econ&oacute;micamente activa, y d) los niveles educacionales y las calificaciones profesionales de los trabajadores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos cuatro factores ayudan a formular algunas hip&oacute;tesis sobre el efecto que tiene la fijaci&oacute;n de salarios m&iacute;nimos sobre el comportamiento del empleo.</font></p>  	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En relaci&oacute;n con el primer    factor, si los empresarios otorgan un peso fundamental a la inversi&oacute;n    en capital, la fijaci&oacute;n de los salarios m&iacute;nimos no tendr&aacute;    efecto sobre el empleo y, por lo tanto, tender&aacute; a fomentar la desocupaci&oacute;n,    sobre todo de los que se incorporan por primera vez al mercado de trabajo. Este    escenario induce altas tasas de crecimiento del producto interno bruto (PIB)    junto con altas tasas de desempleo abierto (Reinhardt y Peres, 2000). Esto es    posible porque el aumento de la productividad se explica por las inversiones    capital&#45;intensivas y no por contrataciones adicionales de mano de obra.    En este escenario, la productividad por hombre ocupado resulta de la introducci&oacute;n    de innovaciones tecnol&oacute;gicas, organizacionales, as&iacute; como de la    capacitaci&oacute;n que reciben los trabajadores ocupados (Centro Nacional de    la Productividad y de la Calidad, 2001).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, la evidencia emp&iacute;rica no es concluyente respecto al v&iacute;nculo entre incrementos de productividad y mejoras salariales. En efecto, en Argentina y M&eacute;xico, en los sectores que experimentaron mayores incrementos de la productividad con base en inversiones capital&#45;intensivas (es decir, en aquellas empresas que no generaron empleos nuevos para cubrir los aumentos de la demanda), los salarios de los trabajadores tendieron a mantenerse constantes en t&eacute;rminos reales (OIT, 2000).<sup><a href="#nota">6</a></sup> Esa evoluci&oacute;n de los salarios reales en la industria se dio en contextos distintos desde el punto de vista del empleo: mientras en Argentina el desempleo abierto se incrementaba, en M&eacute;xico tend&iacute;a a reducirse.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, en contraste con esa situaci&oacute;n, en Brasil y Chile los salarios reales en la industria tendieron a acompa&ntilde;ar los aumentos de la productividad. En Brasil, entre 1990 y 1998, dichos salarios aumentaron 39 por ciento, mientras en Chile lo hicieron 47.6 por ciento en el periodo 1990&#45;1999. En lo que se refiere al empleo, en Brasil y Chile el desempleo abierto se manten&iacute;a relativamente constante hasta 1998, a&ntilde;o en el que, en ambos pa&iacute;ses, empezaba a aumentar. En Chile ese incremento del desempleo abierto lleg&oacute;, en 2000 a 10.5 por ciento, mientras el PIB creci&oacute; cinco por ciento.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En relaci&oacute;n con el segundo factor, en un escenario de inclusi&oacute;n del sindicalismo en el sistema pol&iacute;tico, la fijaci&oacute;n de salarios favorece la estabilidad del empleo e incluso la expansi&oacute;n de la poblaci&oacute;n ocupada como consecuencia del objetivo sindical de otorgar una prioridad mayor a la defensa del empleo que al incremento de los salarios (Zapata, 1995 y 1998).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s de la influencia sindical en la relaci&oacute;n salarios m&iacute;nimos/empleo, la legislaci&oacute;n laboral permite accesar el costo de los despidos por concepto de indemnizaciones ligadas a la antig&uuml;edad en el trabajo a m&uacute;ltiplos del salario m&iacute;nimo. Por ejemplo, la indemnizaci&oacute;n que prevee la Ley Federal del Trabajo de M&eacute;xico de 20 d&iacute;as de salario por a&ntilde;o trabajado, sin l&iacute;mite de antig&uuml;edad, puede representar un costo excesivo para ciertas empresas, por lo que se abstienen de despedir y as&iacute; mantienen estables los niveles de empleo. Puede plantearse un resultado diferente si los sindicatos favorecen incrementos salariales y sacrifican as&iacute; la estabilidad en el empleo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, en un escenario nacional con poblaci&oacute;n joven (sobre todo en el tramo entre 14 y 18 a&ntilde;os), la fijaci&oacute;n de salarios m&iacute;nimos podr&iacute;a alentar la desescolarizaci&oacute;n de esa poblaci&oacute;n, la cual preferir&iacute;a incorporarse a la fuerza de trabajo que seguir estudiando. En este caso, s&oacute;lo si se establecieran salarios m&iacute;nimos m&aacute;s bajos para la poblaci&oacute;n joven que para el resto de la poblaci&oacute;n econ&oacute;micamente activa, se podr&iacute;a desincentivar este fen&oacute;meno y reducir as&iacute; la tasa de participaci&oacute;n de los j&oacute;venes en el mercado de trabajo (Bravo y Contreras, 2000 y 2001).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto al impacto de los perfiles educacionales y de calificaci&oacute;n de la fuerza de trabajo en el empleo, la fijaci&oacute;n de los salarios m&iacute;nimos puede tender a mejorar la estabilidad en el empleo y el ingreso de aquellos que tienen niveles crecientes de educaci&oacute;n y de calificaci&oacute;n profesionales. Por ello, es que se debe prestar especial atenci&oacute;n a los salarios profesionales de aquellas ocupaciones que sean requeridas por las empresas din&aacute;micas de la econom&iacute;a (Mercado, 1998); sin embargo, algunos estudios se&ntilde;alan que la educaci&oacute;n tiene un impacto determinante sobre la remuneraci&oacute;n s&oacute;lo para aquellos que logran llegar a estudios de posgrado (Beyer, 2000). En niveles de escolaridad inferiores, el impacto es muy reducido y depende de la localizaci&oacute;n sectorial de los trabajadores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vale la pena mencionar que cuando el Estado quiso limitar los incrementos salariales y establecer topes, como fue el caso en varios pa&iacute;ses latinoamericanos al iniciarse el fuerte ajuste macroecon&oacute;mico del periodo 1982&#45;1987, el salario m&iacute;nimo se transform&oacute; en un importante instrumento de pol&iacute;tica econ&oacute;mica y sobre todo de limitaci&oacute;n de los efectos de dicha pol&iacute;tica sobre los niveles de empleo. En efecto, se transform&oacute; en un instrumento de pol&iacute;tica de empleo, cuando las sucesivas crisis econ&oacute;micas de las d&eacute;cadas de 1980 y 1990 (1982, 1987, 1995, 1999) obligaron a los empleadores a despedir vol&uacute;menes importantes de fuerza de trabajo. As&iacute;, la fuerte intervenci&oacute;n estatal en la fijaci&oacute;n de los salarios m&iacute;nimos busc&oacute; limitar los despidos al incentivar la estabilidad en el empleo. &Eacute;ste fue el caso de M&eacute;xico, en donde, a diferencia de Argentina, Brasil y Chile, el deterioro salarial estuvo acompa&ntilde;ado de niveles de desempleo abierto inferiores a los que se generaron en esos pa&iacute;ses durante dichos a&ntilde;os.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Puede concluirse que el control de la din&aacute;mica de los salarios m&iacute;nimos es entonces un componente importante de la gesti&oacute;n macroecon&oacute;mica. El grado de ortodoxia de los encargados de tomar decisiones en esa materia influy&oacute; en forma determinante en la relaci&oacute;n entre remuneraci&oacute;n del trabajo y niveles de empleo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Dos situaciones</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A la luz de las consideraciones anteriores puede pensarse que existen al menos dos situaciones polares:</font></p>  	    <blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. En Chile, el PIB creci&oacute; a una tasa promedio anual de 6.7 por ciento entre 1990 y 1999, mientras los salarios m&iacute;nimos reales urbanos crec&iacute;an 4.5 por ciento promedio anual y el desempleo abierto urbano 6.8 por ciento. A fines de 1999 el desempleo abierto llegaba a 9.8 por ciento. Por lo tanto, el PIB tendi&oacute; a crecer al mismo tiempo que aumentaba el desempleo abierto y que se incrementaban los salarios m&iacute;nimos urbanos reales (<a href="#c1">cuadros 1</a> y <a href="#c2">2</a>).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="c1"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/pp/v8n32/a6c1.jpg"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="c2"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/pp/v8n32/a6c2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una forma de explicar este escenario es a trav&eacute;s de un comportamiento empresarial que, en vez de contratar nuevos trabajadores, busca mejorar la productividad de los ya empleados mediante inversiones en tecnolog&iacute;a, capacitaci&oacute;n de la fuerza de trabajo, mejoramientos en la organizaci&oacute;n del trabajo y de la producci&oacute;n, innovaciones mercadot&eacute;cnicas y otras medidas que optimizan el funcionamiento de las empresas y permiten remunerar a la fuerza de trabajo en funci&oacute;n de los aumentos de la productividad inducida por esas decisiones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, las empresas incrementaron la productividad del trabajo sin generar nuevos puestos de trabajo e incluso a trav&eacute;s del despido de los trabajadores menos calificados que no contribu&iacute;an al objetivo del incremento de la productividad. Al mismo tiempo, retribuyeron mejor a los trabajadores que permanecieron, los que recibieron salarios reales m&aacute;s altos y mejores oportunidades de formaci&oacute;n profesional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El peso de la l&oacute;gica de la acci&oacute;n empresarial para explicar la situaci&oacute;n chilena se refuerza si pensamos que en ese pa&iacute;s la intervenci&oacute;n sindical en el escenario descrito fue y es marginal. En efecto, el &eacute;xito del desmantelamiento del sindicalismo chileno por la dictadura militar (1973&#45;1990) hizo que a partir de la restauraci&oacute;n del r&eacute;gimen democr&aacute;tico, en marzo de 1990, la capacidad del sindicalismo para intervenir en favor de los trabajadores fuera muy d&eacute;bil (Zapata, 1993). La evoluci&oacute;n positiva del salario m&iacute;nimo real urbano no se explica entonces por la capacidad del sindicalismo para obtener esa mejor&iacute;a. A la vez, la debilidad sindical explica la posibilidad de que ese proceso de crecimiento del PIB pudiera darse con tasas de desempleo abierto crecientes. Los empresarios racionalizaron la organizaci&oacute;n productiva, reorganizaron el trabajo a trav&eacute;s de despidos y de la flexibilizaci&oacute;n, capacitaron a los trabajadores con contrato indefinido y optimizaron su relaci&oacute;n con los mercados, entre otras cosas. El resultado se plasm&oacute; en fuertes incrementos de la productividad, que, a su vez, permitieron aumentos salariales significativos que no guardaron relaci&oacute;n con la evoluci&oacute;n de los salarios m&iacute;nimos ni con la acci&oacute;n sindical, la cual fue irrelevante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto conforma un primer escenario en que la econom&iacute;a crece a trav&eacute;s de aumentos de la productividad, que contribuyen a generar aumentos salariales significativos, por encima de la inflaci&oacute;n, sin que se generen puestos de trabajo e incluso generando desempleo abierto, sin que los sindicatos puedan actuar para incidir en esos procesos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. En M&eacute;xico, el PIB creci&oacute; a una tasa promedio anual de 3.1 por ciento entre 1990y 1999, mientras los salarios m&iacute;nimos reales urbanos disminu&iacute;an a una tasa promedio anual de 4.2 por ciento y el desempleo abierto urbano disminu&iacute;a fuertemente, sobre todo despu&eacute;s de 1996 (3.7 por ciento en 1999), (<a href="#c1">cuadros 1</a> y <a href="#c2">2</a>).</font></p>  	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los empresarios, tanto nacionales como extranjeros, utilizan plenamente el incentivo que pueden representar salarios m&iacute;nimos reales decrecientes para la creaci&oacute;n de puestos de trabajo. En efecto, en un contexto de deterioro end&eacute;mico de los salarios m&iacute;nimos reales urbanos desde 1982 en adelante, decidieron crecer y satisfacer la demanda por sus productos empleando m&aacute;s gente a salarios bajos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s, la expansi&oacute;n del empleo en sectores como la industria maquiladora, el ensamble de autom&oacute;viles y de televisores, la producci&oacute;n de computadoras personales indica que las decisiones empresariales se orientaron hacia actividades que eran intensivas en mano de obra. En este sentido, el car&aacute;cter multinacional de muchas de las empresas de esos sectores pudo capitalizar las ventajas comparativas que tiene un pa&iacute;s como M&eacute;xico en t&eacute;rminos salariales. En efecto, esas empresas pudieron beneficiarse de fen&oacute;menos como la disminuci&oacute;n del costo de la mano de obra en el costo total de las empresas como resultado del deterioro del tipo de cambio (<a href="#c3">cuadro 3</a>). Ese deterioro favoreci&oacute; a las empresas exportadoras y a la industria maquiladora que obtuvieron ventajas considerables de la operaci&oacute;n de ambos factores en sus estrategias comerciales. As&iacute; como el peso del costo de la mano de obra en el costo total de las empresas tendi&oacute; a disminuir como resultado de la sustituci&oacute;n de mano de obra por capital en las estrategias de inversi&oacute;n de las empresas, el impacto de la fijaci&oacute;n de salarios m&iacute;nimos no fue determinante de la tendencia de los salarios contractuales.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="c3"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/pp/v8n32/a6c3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ejemplo, en la industria maquiladora del norte de M&eacute;xico, el porcentaje del valor agregado de la producci&oacute;n representado por los salarios disminuy&oacute; de 18.2 por ciento, en 1980, a un 10.6 por ciento, en 1998 (Buitelaar y Padilla, 2000). Algo similar ocurri&oacute; con el peso de los salarios en el costo total de las empresas ensambladoras de autom&oacute;viles (Shapiro, 1994).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, el deterioro del tipo de cambio en el periodo 1995&#45;1999 permiti&oacute; que el costo de la mano de obra calculado en d&oacute;lares de las empresas transnacionales fuera relativamente constante. En M&eacute;xico, entre 1990 y 1999, el salario m&iacute;nimo en d&oacute;lares, en promedio, se mantuvo alrededor de 45.9 centavos de d&oacute;lar la hora (<a href="#c3">cuadro 3</a>).<sup><a href="#nota">7</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto implic&oacute; que los salarios contractuales siguieran una evoluci&oacute;n similar. Entonces, es posible concluir que el tipo de cambio es una variable que contribuye a mantener deprimidos los salarios y favorece la competitividad de las empresas transnacionales localizadas en M&eacute;xico en el mercado internacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, si bien la l&oacute;gica empresarial puede explicar la generaci&oacute;n de empleos, es necesario subrayar que el peso de la acci&oacute;n sindical fue determinante en el periodo se&ntilde;alado para explicar que el crecimiento del PIB se diera al mismo tiempo que disminu&iacute;an los salarios m&iacute;nimos reales urbanos y se dieran tasas de desempleo abierto decrecientes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, la existencia del r&eacute;gimen corporativo, de fuerte imbricaci&oacute;n entre el Estado y los sindicatos, junto a un fuerte peso del ministerio del trabajo en la vida laboral de las empresas hizo que se establecieran pactos entre empresarios, Estado y sindicatos durante el periodo 1987&#45;1998 para fijar metas en materia de tipo de cambio, precios, salarios, empleo y otros elementos de la macroeconom&iacute;a que contribuyeron definitivamente a mantener niveles de estabilidad en el empleo que no existieron en el caso chileno. El peso del sindicalismo organizado en ese escenario contin&uacute;a siendo importante hasta el d&iacute;a de hoy (Alcalde y Bensus&aacute;n, 2000).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto conforma un segundo escenario en que la econom&iacute;a crece sin generar aumentos de la productividad que contribuyan a producir aumentos salariales significativos. A la vez, es un escenario en que el desempleo abierto tiende a la estabilidad, en un nivel bastante bajo, inferior a tres por ciento. En esta situaci&oacute;n, el incremento del PIB es resultado de una incorporaci&oacute;n m&aacute;s importante de fuerza de trabajo que de incrementos en la productividad del trabajo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, existen casos intermedios que no se asimilan en la relaci&oacute;n descrita para Chile y M&eacute;xico. Es el caso de Argentina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este pa&iacute;s, mientras el PIB crec&iacute;a a una tasa promedio anual de 4.6 por ciento durante la d&eacute;cada de 1990, los salarios m&iacute;nimos reales urbanos crec&iacute;an a una tasa promedio anual de 7.6 por ciento entre 1990 y 1999, mientras el desempleo abierto urbano lo hac&iacute;a en 12 por ciento en ese mismo periodo, el que se increment&oacute; a 15.4 por ciento en el quinquenio 1995&#45;1999. Debe subrayarse que estas tasas promedio esconden fuertes fluctuaciones, verificadas, por ejemplo, en 1991, cuando los salarios m&iacute;nimos aumentaban en m&aacute;s de 150 por ciento.<sup><a href="#nota">8</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s, durante el mismo periodo, identificado con los gobiernos de Menem (1989&#45;1999), se di&oacute; un proceso de fragmentaci&oacute;n sindical inducido desde el Poder Ejecutivo que impuso fuertes l&iacute;mites a la posibilidad del movimiento obrero para hacer frente a los despidos que la instauraci&oacute;n del nuevo modelo de desarrollo estaba generando (Gonz&aacute;lez y Bosoer, 1999).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A la vez, adem&aacute;s del impacto de la ofensiva antisindical del gobierno que impact&oacute; a la estructura superior del sindicalismo, se produjeron los efectos que la privatizaci&oacute;n de muchas empresas estatales (petr&oacute;leo, comunicaciones, electricidad) tuvo en el &aacute;mbito de la regulaci&oacute;n de las relaciones laborales en las empresas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta situaci&oacute;n ejemplificar&iacute;a un caso de reestructuraci&oacute;n muy diferente al que tuvo lugar en M&eacute;xico en la d&eacute;cada de 1980, en donde el cambio de la estructura econ&oacute;mica se dio en un contexto de fuerte deterioro de los salarios m&iacute;nimos reales urbanos y de estabilidad de los niveles del desempleo abierto urbano. Por lo cual, el caso argentino tender&iacute;a a emparentarse m&aacute;s con el caso chileno que con el caso mexicano, en la medida que el crecimiento del PIB se di&oacute; en ambos pa&iacute;ses con niveles de desempleo abierto crecientes y salarios m&iacute;nimos reales urbanos tambi&eacute;n crecientes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Evoluci&oacute;n macroecon&oacute;mica, salarios m&iacute;nimos y empleo</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A la luz de estas consideraciones, basadas en los casos de Chile, M&eacute;xico y Argentina, cabe preguntarse acerca de la relaci&oacute;n entre la evoluci&oacute;n macroecon&oacute;mica, los salarios m&iacute;nimos y el desempleo abierto, en el momento presente del desarrollo del "nuevo modelo econ&oacute;mico".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, los casos de Argentina y Chile son los m&aacute;s problem&aacute;ticos. En efecto, el &eacute;nfasis prestado al incremento de la productividad del trabajo a trav&eacute;s de las medidas que mencionamos y su impacto positivo sobre los salarios m&iacute;nimos reales, ha llevado a una situaci&oacute;n en la que la econom&iacute;a crece y en la que los trabajadores ocupados mejoran significativamente sus remuneraciones, mientras otros enfrentan niveles crecientes de desempleo (superiores a 10 por ciento).<sup><a href="#nota">9</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En consecuencia, en este escenario, el crecimiento econ&oacute;mico no contribuye a la creaci&oacute;n de puestos de trabajo, tiende a precarizar un sector del mercado de trabajo en el que la inseguridad en el empleo es el rasgo fundamental y favorece a categor&iacute;as de trabajadores localizados en sectores econ&oacute;micos estrat&eacute;gicos que est&aacute;n fuertemente vinculados a los mercados internacionales a trav&eacute;s de las exportaciones. A la vez, crea un desempleo estructural que no s&oacute;lo afecta a las categor&iacute;as obreras sino tambi&eacute;n a los profesionales y a otros empleados por las decisiones empresariales.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos casos permiten discutir en forma m&aacute;s detallada la relaci&oacute;n entre crecimiento econ&oacute;mico, remuneraci&oacute;n del trabajo y niveles de desempleo abierto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una primera cuesti&oacute;n que se deriva de algunos estudios realizados acerca del desempleo abierto en Chile (Bravo y Contreras, 2000 y 2001) es que no tiene una forma homog&eacute;nea en los distintos grupos de edad de la poblaci&oacute;n trabajadora. En efecto, es m&aacute;s fuerte en determinados grupos de edad, en particular en el grupo et&aacute;reo de 18 a 24 a&ntilde;os. Al mismo tiempo, esos estudios afirman que no todo el desempleo abierto de dicho grupo et&aacute;reo se explica por el aumento de los salarios m&iacute;nimos reales. Es decir, no se puede imputar al crecimiento del salario m&iacute;nimo todo el desempleo existente en ese grupo de edad, el que tiene, al menos en el caso chileno, la tasa m&aacute;s alta. Por lo cual, tal como ve&iacute;amos antes, la raz&oacute;n por la que los empresarios no generan nuevos puestos de trabajo o despiden trabajadores no tiene necesariamente que ver con los niveles de los salarios m&iacute;nimos. Pues, en efecto, de acuerdo con los estudios mencionados, los reajustes realizados a los salarios m&iacute;nimos en Chile entre 1990 y 1997 no generaron por s&iacute; mismos una p&eacute;rdida de empleos. Incluso, en el caso particular del grupo et&aacute;reo de 18 a 24 a&ntilde;os s&oacute;lo un tercio del mayor desempleo pod&iacute;a asociarse al incremento del salario m&iacute;nimo entre 1998 y 2000.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante lo anterior, en la opini&oacute;n de connotados empresarios chilenos, el nivel del salario m&iacute;nimo no tiene ning&uacute;n impacto sobre el empleo, porque gran parte de las empresas tienen tabuladores salariales que est&aacute;n muy por encima de ellos. En efecto, el salario medio en Chile es equivalente a casi dos y medio salarios m&iacute;nimos. A partir del caso chileno puede concluirse que si bien existe una relaci&oacute;n, bastante d&eacute;bil por cierto, entre el nivel del salario m&iacute;nimo y el nivel de desempleo, especialmente en el grupo et&aacute;reo m&aacute;s joven (18&#45;24 a&ntilde;os), esa relaci&oacute;n no es v&aacute;lida en otros grupos et&aacute;reos y en el mercado de trabajo en general. Es decir, las decisiones de los empresarios para crear o no crear puestos de trabajo no est&aacute;n necesariamente determinadas por el nivel del salario m&iacute;nimo, sino por otras consideraciones, entre las cuales puede mencionarse la situaci&oacute;n de la econom&iacute;a nacional e internacional y los requerimientos del sistema productivo en t&eacute;rminos tecnol&oacute;gicos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En M&eacute;xico, el estancamiento o deterioro de los salarios m&iacute;nimos y la disminuci&oacute;n del desempleo abierto refleja un escenario distinto al chileno. Es decir, la prioridad que da el r&eacute;gimen pol&iacute;tico a la estabilidad en el empleo refleja la existencia de un acuerdo entre el Estado y el sindicalismo en el que el acceso libre a las instituciones de salud p&uacute;blica, la educaci&oacute;n p&uacute;blica gratuita en todos los niveles (primaria, secundaria, preparatoria y universitaria) y la disponibilidad de cr&eacute;ditos subvencionados para adquirir vivienda de inter&eacute;s social, entre otros, constituyen una compensaci&oacute;n importante desde el punto de vista econ&oacute;mico para los trabajadores que disponen de un empleo formal. En efecto, la posibilidad de utilizar todos los servicios mencionados es en realidad un ingreso no monetario que forma parte del ingreso total de las personas. El fuerte deterioro de los salarios m&iacute;nimos urbanos reales, cuya evoluci&oacute;n ha sido negativa durante todos y cada uno de los a&ntilde;os transcurridos desde 1982, fue compensado por el acceso a estos servicios, lo cual explica, seguramente, la relativa paz social que vivi&oacute; el pa&iacute;s entre 1982 y 2000.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s, el impacto del crecimiento del modelo de desarrollo transnacionalizado sobre la geograf&iacute;a de los mercados de trabajo en M&eacute;xico contribuy&oacute; a generar oportunidades de empleo fuera de los centros tradicionales en los que se concentraba la actividad econ&oacute;mica en el pa&iacute;s. Es el caso de la expansi&oacute;n del empleo en la industria maquiladora tanto en la frontera norte como en otras regiones, en el sector automotriz y en la peque&ntilde;a y mediana industrias proveedoras de la gran industria. Dicho proceso ayud&oacute; a redistribuir la poblaci&oacute;n ocupada del pa&iacute;s y a proporcionar oportunidades a aquellos trabajadores que perdieron su empleo como resultado de la reestructuraci&oacute;n. Tambi&eacute;n, no hay que olvidar que junto con el proceso mencionado existi&oacute; la posibilidad de emigrar a trabajar a Estados Unidos, fen&oacute;meno significativo en el funcionamiento de los mercados de trabajo en M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Conclusi&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El crecimiento econ&oacute;mico tiene consecuencias diferentes sobre la evoluci&oacute;n de los salarios m&iacute;nimos y sobre el empleo seg&uacute;n sea el peso que tengan las estrategias empresariales y la influencia que pueda tener el sindicalismo en cada situaci&oacute;n nacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A la luz de los casos presentados en este trabajo, la disminuci&oacute;n del desempleo abierto en M&eacute;xico y su crecimiento en el caso de Chile y Argentina puede explicarse por esos factores. La discusi&oacute;n de esos casos nos permite concluir que la evoluci&oacute;n del PIB ser&aacute; muy diferente de acuerdo con las decisiones de inversi&oacute;n de los empresarios y de acuerdo con el v&iacute;nculo entre sindicatos y Estado en cada situaci&oacute;n nacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si las inversiones privilegian al capital sobre el trabajo es posible que el nivel de los salarios m&iacute;nimos no juegue un papel determinante en la contrataci&oacute;n o no contrataci&oacute;n de personal. Y si a ello agregamos un factor como el desmantelamiento del sindicalismo y su fragmentaci&oacute;n, el efecto ser&aacute; todav&iacute;a m&aacute;s irrelevante.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al rev&eacute;s, si las inversiones buscan rentabilizarse a trav&eacute;s de un uso intensivo de mano de obra, entonces el nivel de los salarios m&iacute;nimos ser&aacute; determinante en la contrataci&oacute;n o no contrataci&oacute;n de personal. Y si a ello agregamos la presencia de un sindicalismo fuerte, el efecto favorable a la creaci&oacute;n de empleos ser&aacute; todav&iacute;a m&aacute;s significativo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ALCALDE, Arturo y Braciela Bensus&aacute;n, 2000, "Trabajo y trabajadores en el M&eacute;xico contempor&aacute;neo", Editorial Miguel &Aacute;ngel Porr&uacute;a, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5632513&pid=S1405-7425200200020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BANCO MUNDIAL, 1995, "El mundo del trabajo en una econom&iacute;a integrada", en <i>Informe sobre el desarrollo mundial 1995,</i> Washington.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5632515&pid=S1405-7425200200020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BANCO NACIONAL DE M&Eacute;XICO (BANAMEX), "Hist&oacute;rico del tipo de cambio 1990&#150;2001", mensual, p&aacute;gina: <a href="http://www.banamex.com" target="_blank">www.banamex.com</a></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5632517&pid=S1405-7425200200020000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BEYER, Harald, 2000, "Educaci&oacute;n y desigualdad de ingresos: una nueva mirada", en <i>Estudios P&uacute;blicos,</i> n&uacute;m. 77, Santiago de Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5632518&pid=S1405-7425200200020000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BRAVO, David y Dante Contreras, 2000, "Salario m&iacute;nimo y su impacto. Caracterizaci&oacute;n general de la poblaci&oacute;n que afecta al salario m&iacute;nimo y una evaluaci&oacute;n de su impacto a trav&eacute;s de series de tiempo y "experimentos naturales", Departamento de Econom&iacute;a, Universidad de Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5632520&pid=S1405-7425200200020000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BRAVO, David y Dante Contreras, 2001, "Is there any relationship between minimum wage and employment?", <i>Documento de Trabajo,</i> n&uacute;m. 157, Departamento de Econom&iacute;a, Facultad de Ciencias Econ&oacute;micas, Universidad de Chile, Santiago.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5632522&pid=S1405-7425200200020000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BUITELAAR, R. M. y R. Padilla P&eacute;rez, 2000, "Maquila, economic reform and corporate strategies", in <i>World Development,</i> vol. 28, n&uacute;m. 9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5632524&pid=S1405-7425200200020000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Centro Nacional de la Productividad y de la Calidad, 2001, "Crece productividad laboral sin creaci&oacute;n de nuevos empleos", en <i>Informe de Productividad,</i> Gobierno de Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5632526&pid=S1405-7425200200020000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Comisi&oacute;n Nacional de Salarios M&iacute;nimos, 2001, <i>Salarios m&iacute;nimos generales promedio de los Estados Unidos Mexicanos 1964&#45;2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5632528&pid=S1405-7425200200020000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">EXPANSI&Oacute;N, 2000, "Las 500 empresas m&aacute;s grandes de M&eacute;xico", suplemento, edici&oacute;n de la semana.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GONZ&Aacute;LEZ, Santiago Sen&eacute;n y Fabian Bosoer, 1999, <i>El sindicalismo en tiempos de Menem. Los ministros del trabajo en la Primera Presidencia de Menem. Sindicalismo y Estado 1989&#45;1995,</i> Ediciones Corregidora, Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5632531&pid=S1405-7425200200020000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">OIT, 2001, "Chile 2001. Indicadores para analizar el reajuste del salario m&iacute;nimo", Equipo T&eacute;cnico Multidisciplinario de Santiago.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5632533&pid=S1405-7425200200020000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">OIT, 2000, <i>Panorama Laboral,</i> n&uacute;meros 5,6 y 7, Lima, 1998, 1999, 2000. Cuadros estad&iacute;sticos sobre variaciones del desempleo abierto, producto interno bruto, salarios reales en la industria.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5632535&pid=S1405-7425200200020000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MERCADO, Alfonso, 1998, "La capacitaci&oacute;n en M&eacute;xico: un diagn&oacute;stico", en Francisco Zapata (comp.), <i>&iquest;Flexibles y productivos? Estudios sobre flexibilidad laboral en M&eacute;xico,</i> El Colegio de M&eacute;xico, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5632537&pid=S1405-7425200200020000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">RAMA, Martin, 1995, "Do labor market policies and institutions matter? The adjustment experience in Latin America and the Caribbean", Labour, <i>Review of Labour Economics and Industrial Relations,</i> Special Issue.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5632539&pid=S1405-7425200200020000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">REINHARDT, Nola and Wilson Peres, 2000, "Latin America's new economic model: micro responses and economic restructuring", in <i>World Development,</i> vol. 28, num.9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5632541&pid=S1405-7425200200020000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">RIVEROS, Luis, 1995, "Minimum wages in Latin America: the controversy about their likely economic effects", paper presented to the conference on Labour market policy in Canada and Latin America under economic integration, Centre for International Studies amd Centre for Industrial Relations, University of Toronto.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Secretar&iacute;a del Trabajo y Previsi&oacute;n Social (STPS), 2000, Encuesta Nacional de Educaci&oacute;n, Capacitaci&oacute;n y Empleo (ENECE), M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5632544&pid=S1405-7425200200020000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Secretar&iacute;a del Trabajo y Previsi&oacute;n Social (STPS), 1997, 1998, 1999, Encuesta Nacional de Empleo M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5632546&pid=S1405-7425200200020000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SHAPIRO, Helen, 1994, <i>Engines of growth. The State and transnational auto companies in Brazil,</i> Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5632548&pid=S1405-7425200200020000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">UNITED Nations Conference on Trade and Development, 2000, <i>The competitiveness challenge. Transnational corporations and industrial restructuring in developing countries,</i> Ginebra.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5632550&pid=S1405-7425200200020000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">WORLD Development, 2000, "The microeconomics of the new economic model in Latin America", <i>Special issue,</i> vol. 28, num. 9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5632552&pid=S1405-7425200200020000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ZAPATA, Francisco, 1993, <i>Autonom&iacute;a y subordinaci&oacute;n en el sindicalismo latinoamericano,</i> FCE, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5632554&pid=S1405-7425200200020000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ZAPATA, Francisco, 1995, <i>El sindicalismo mexicano frente a la reestructuraci&oacute;n,</i> El Colegio de M&eacute;xico, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5632556&pid=S1405-7425200200020000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ZAPATA, Francisco, 1997, "The paradox of flexibility and rigidity: the Mexican labour market in the 1990's", in Edward Amadeo y Susan Horton (editors), <i>Labour productivity and flexibility,</i> Londres, MacMillan.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5632558&pid=S1405-7425200200020000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ZAPATA, Francisco, (comp.), 1998, <i>&iquest;Flexibles y productivos? Estudios sobre flexibilidad laboral en M&eacute;xico,</i> El Colegio de M&eacute;xico, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5632560&pid=S1405-7425200200020000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Cabe recordar que la principal reivindicaci&oacute;n de los trabajadores por largo tiempo fue el establecimiento de la jornada de ocho horas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Como fueron los textos promulgados durante la presidencia de Guillermo Billinghurst en Per&uacute; (1900&#150;1902), el art&iacute;culo 123 de la Constituci&oacute;n Mexicana de 1917, las leyes sociales que pas&oacute; el Congreso de Chile en 1925. En 1931, Chile y M&eacute;xico promulgaron el C&oacute;digo del Trabajo y la Ley Federal del Trabajo, respectivamente. Brasil promulg&oacute; la Consolidaci&oacute;n de Leyes del Trabajo (CLT) en 1943, mientras que Argentina reglament&oacute; las condiciones de trabajo durante el gobierno de Juan Domingo Per&oacute;n (1945&#45;1955).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Debe mencionarse que los c&oacute;digos del trabajo excluyeron a los campesinos y a los trabajadores de las empresas con un empleo menor a una cifra que se fij&oacute; en 20 trabajadores, en los casos de Chile y M&eacute;xico, de los derechos laborales. Por ello, el an&aacute;lisis aqu&iacute; presentado se limita s&oacute;lo a los derechos que adquirieron los trabajadores sindicalizados en el empleo urbano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Este fue el caso de M&eacute;xico, en donde la estructura sectorial del Partido de la Revoluci&oacute;n Mexicana (PRM&#45;1938) y m&aacute;s tarde del Partido Revolucionario Institucional (PRI&#45;1948) cre&oacute; las figuras de los sectores "obrero", "campesino", "popular" del partido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> As&iacute;, M&eacute;xico y Per&uacute; adoptaron salarios m&iacute;nimos en 1931 y 1933, respectivamente. Chile los estableci&oacute; para los obreros del salitre en 1934, para los empleados p&uacute;blicos en 1937, para los campesinos en 1953 y para los obreros industriales en 1956. Brasil, que hab&iacute;a codificado sus leyes del trabajo en 1938, estableci&oacute; salarios m&iacute;nimos en 1940 y poco despu&eacute;s, en 1943, los implantaron Costa Rica y Uruguay. Argentina los instaur&oacute; en 1946, despu&eacute;s del triunfo de Per&oacute;n en las elecciones presidenciales de ese a&ntilde;o (Riveros, 1995).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> La evoluci&oacute;n de las variaciones del salario real en la industria entre 1991 y 1999 revela que, en promedio, se mantuvieron casi constantes, pues las ganancias del periodo 1991&#45;1994 se anularon con las p&eacute;rdidas del periodo 1995&#45;1997.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> El salario m&iacute;nimo promedio en d&oacute;lares fue de 3.67 por jornada de ocho horas, por lo cual el salario m&iacute;nimo por hora en d&oacute;lares fue de 0.459 centavos la hora.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Para los valores anuales de las variaciones del PIB, de los salarios m&iacute;nimos urbanos reales as&iacute; como para las remuneraciones medias reales y el desempleo abierto, v&eacute;ase Comisi&oacute;n Econ&oacute;mica para Am&eacute;rica Latina y el Caribe (Cepal), <i>Informes anuales,</i> 1994, 1999 y 2000 disponibles en la p&aacute;gina Internet: <a href="http://www.eclac.org.cl" target="_blank">www.eclac.org.cl</a>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Para plantearlo en t&eacute;rminos absolutos, Chile, con una fuerza de trabajo de unos 5.5 millones de trabajadores, tiene hoy a m&aacute;s de 500 mil trabajadores sin empleo, de los cuales un tercio son j&oacute;venes entre 18 y 24 a&ntilde;os.</font></p>      ]]></body><back>
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