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<publisher-name><![CDATA[Universidad Autónoma del Estado de México, Centro de Investigación y Estudios Avanzados de la Población]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los jóvenes y la educación: Situación actual y cambios intergeneracionales]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[To be a student is one of the main characteristics that define a stage of life named youth. During the last decades, mexican children have had increasing access to school and remain in it until older ages. It has led to a sustantial raise on young's schooling compared with the past generations, as well as to a close on the educational gender gap it used to exist. Nevertheless, young's levels of school attendance and school attainment are still far from those that would be desirable, and some gender differences still prevail. Using data from the 1997 National Employment Survey and the National Survey on Education, Training and Employment of the same year, this article presents empirical evidence and analizes several topics of the educational situation of today's girls and boys aged 12 to 24 years, such as their school attendance, the educational level they have reached, the age at which they leave school and the type of postsecondary education and career they choice, all of which is compared between girls and boys, as well as between the youngs and their parents.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Los j&oacute;venes y la educaci&oacute;n. Situaci&oacute;n actual y cambios intergeneracionales</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Rosa Mar&iacute;a Camarena C.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico</i>.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La condici&oacute;n de estudiante es una de las caracter&iacute;sticas que definen una etapa de la vida llamada juventud. Durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, los ni&ntilde;os y j&oacute;venes mexicanos han tenido un creciente acceso a la escuela y permanecen en ella hasta edades m&aacute;s altas. Ello ha llevado a un sustancial incremento en la escolaridad de los j&oacute;venes actuales en comparaci&oacute;n con las generaciones pasadas, as&iacute; como a un acortamiento de la brecha educativa de g&eacute;nero que sol&iacute;a existir. Sin embargo, los niveles de asistencia a la escuela y de escolaridad alcanzada por los j&oacute;venes a&uacute;n est&aacute;n lejos de lo que ser&iacute;a deseable y algunas diferencias de g&eacute;nero a&uacute;n persisten. Usando informaci&oacute;n procedente de la Encuesta Nacional de Empleo de 1997 y de la Encuesta Nacional de Educaci&oacute;n, Capacitaci&oacute;n y Empleo del mismo a&ntilde;o, este art&iacute;culo presenta evidencia emp&iacute;rica y analiza algunos rasgos de la situaci&oacute;n educativa de los y las j&oacute;venes actuales de 12 a 24 a&ntilde;os de edad, tales como su asistencia a la escuela, el nivel escolar que han alcanzado, la edad a la que dejan la escuela y el tipo de estudios postsecundarios y de carrera profesional que realizan, todo lo cual es comparado entre hombres y mujeres, as&iacute; como entre los j&oacute;venes y sus padres.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">To be a student is one of the main characteristics that define a stage of life named youth. During the last decades, mexican children have had increasing access to school and remain in it until older ages. It has led to a sustantial raise on young's schooling compared with the past generations, as well as to a close on the educational gender gap it used to exist. Nevertheless, young's levels of school attendance and school attainment are still far from those that would be desirable, and some gender differences still prevail. Using data from the 1997 National Employment Survey and the National Survey on Education, Training and Employment of the same year, this article presents empirical evidence and analizes several topics of the educational situation of today's girls and boys aged 12 to 24 years, such as their school attendance, the educational level they have reached, the age at which they leave school and the type of postsecondary education and career they choice, all of which is compared between girls and boys, as well as between the youngs and their parents.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin lugar a dudas, los j&oacute;venes de hoy en d&iacute;a, hombres y mujeres, viven en un mundo y en circunstancias muy distintas de las que les toc&oacute; vivir en su etapa de juventud a las generaciones pasadas. Los cambios experimentados en el orden de lo social, cultural, econ&oacute;mico, pol&iacute;tico, demogr&aacute;fico, han abierto nuevas y mayores oportunidades para los j&oacute;venes, a la vez que nuevas y viejas problem&aacute;ticas para su desarrollo personal y su inserci&oacute;n y participaci&oacute;n en la sociedad. As&iacute;, por ejemplo, no obstante haber nacido y crecido en medio de las recurrentes crisis econ&oacute;micas que han azotado a M&eacute;xico en las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas, a los j&oacute;venes de hoy les ha tocado vivir en una &eacute;poca en la que las oportunidades de ingresar y avanzar en la escuela se han multiplicado, de manera que su nivel de escolaridad es superior al de las generaciones anteriores. Los j&oacute;venes de hoy est&aacute;n tambi&eacute;n mejor informados sobre diferentes aspectos de la vida y la realidad que les circunda. Han crecido en un entorno en el que se han incrementado las posibilidades y los medios necesarios para tomar sus propias decisiones, y en el que se han ampliado progresivamente las oportunidades de participaci&oacute;n de la mujer en la esfera p&uacute;blica y en un plano de mayor igualdad con el hombre. Pero junto a todo ello, tambi&eacute;n enfrentan nuevas problem&aacute;ticas asociadas a los procesos de urbanizaci&oacute;n, modernizaci&oacute;n y globalizaci&oacute;n vividos a nivel mundial y nacional que afectan la vida de las familias y sus integrantes, imponiendo nuevas y mayores demandas y limitaciones para su desarrollo y bienestar, as&iacute; como otras problem&aacute;ticas ya a&ntilde;ejas que no han logrado ser resueltas y contribuyen a hacer de los j&oacute;venes del pa&iacute;s un sector de la poblaci&oacute;n especialmente vulnerable, as&iacute; como heterog&eacute;neo y segmentado, que si bien comparte la pertenencia a un grupo de edad, encierra en su interior distintas condiciones y experiencias de vida, posibilidades de desarrollo y acceso a oportunidades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este documento me propongo abordar una dimensi&oacute;n central del quehacer de los j&oacute;venes, la relacionada con su rol de estudiante que, entre otras cosas, constituye uno de los elementos definitorios de una etapa de la vida denominada juventud. El inter&eacute;s se enfoca en presentar algunas evidencias sobre la situaci&oacute;n educativa de los j&oacute;venes de 12 a 24 a&ntilde;os, y comparar algunos rasgos de dicha situaci&oacute;n con la que vivieron en su momento generaciones anteriores, estando &eacute;stas representadas por los padres de los propios j&oacute;venes. Para ello, se utiliza informaci&oacute;n procedente de las bases de datos de la Encuesta Nacional de Empleo (ENE) de 1997 y, sobre todo, de su complemento, la Encuesta Nacional de Educaci&oacute;n, Capacitaci&oacute;n y Empleo (ENECE) del mismo a&ntilde;o, las cuales tienen la cualidad de proporcionar informaci&oacute;n sobre aspectos relacionados con la educaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n pocas veces captados por otras fuentes al mismo nivel detalle. En particular, entre las caracter&iacute;sticas que distinguen a estas encuestas de otras fuentes alternativas, y las hacen especialmente &uacute;tiles para un trabajo como el que aqu&iacute; se presenta, est&aacute; la posibilidad que ofrecen de conocer no s&oacute;lo la situaci&oacute;n actual que en el plano de lo educativo guardan los j&oacute;venes, sino tambi&eacute;n algunos rasgos de sus trayectorias educativas pasadas, as&iacute; como la posibilidad de vincular las caracter&iacute;sticas y comportamientos juveniles con el entorno del hogar del que forman parte. La informaci&oacute;n sobre la que se basa este trabajo proviene de los 44 086 j&oacute;venes de 12 a 24 a&ntilde;os incluidos en la muestra de dichas encuestas, residentes en poco m&aacute;s de 21 mil hogares.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El documento est&aacute; organizado en dos partes. En la primera de ellas se aborda lo relacionado con la educaci&oacute;n de los j&oacute;venes, analizando cuestiones tales como la asistencia actual a la escuela, el nivel de escolaridad alcanzado, la edad a la que dejaron de asistir a la escuela y el tipo de estudios que realizan. En la segunda parte se compara el nivel de escolaridad alcanzado por los j&oacute;venes que son hijos del jefe del hogar con el nivel de escolaridad de sus respectivos padres, as&iacute; como el patr&oacute;n por edad de la salida de la escuela y las diferencias en las elecciones vocacionales de unos y otros. En la medida en que la edad es un factor que indudablemente influye en la participaci&oacute;n de las personas en la escuela, el an&aacute;lisis se realiza por edad desplegada en el tramo comprendido entre los 12 y los 24 a&ntilde;os. Asimismo, se desagrega por sexo con el objeto de observar las posibles diferencias entre hombres y mujeres.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Actividad escolar de los j&oacute;venes</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las sociedades actuales, la educaci&oacute;n escolarizada ha pasado a ocupar un lugar central en el proceso de socializaci&oacute;n y formaci&oacute;n de los ni&ntilde;os y j&oacute;venes, constituyendo la actividad fundamental con la que general e idealmente se asocia la existencia de una etapa de la vida denominada juventud. Mientras los j&oacute;venes permanecen en el sistema educativo son "estudiantes", lo cual supone un rol social claramente instituido y positivamente valorado, que involucra un conjunto de ritos que tienen valor en s&iacute; mismos &#151;independientemente del valor propio de los aprendizajes&#151; al implicar una cierta organizaci&oacute;n de la vida cotidiana (Lasida, 1998) y la participaci&oacute;n en espacios de socializaci&oacute;n e interacci&oacute;n entre pares, muchas veces los &uacute;nicos de que los j&oacute;venes disponen para encontrarse con otros de su edad.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La expansi&oacute;n del sistema educativo en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, junto a la creciente valoraci&oacute;n y concientizaci&oacute;n por parte de la poblaci&oacute;n del papel de la educaci&oacute;n escolarizada, no s&oacute;lo como medio de movilidad social, sino, y quiz&aacute; principalmente, como herramienta indispensable de los individuos para moverse e interactuar en las sociedades modernas, han sido elementos que han propiciado la incorporaci&oacute;n de crecientes proporciones de hombres y mujeres a la escuela, especialmente de estas &uacute;ltimas, quienes durante mucho tiempo tuvieron un acceso a ella a&uacute;n m&aacute;s limitado que los hombres. Si bien todav&iacute;a se est&aacute; lejos de lograr un nivel de escolaridad satisfactorio, que alcance al menos lo que desde 1993 se ha planteado como la escolaridad m&iacute;nima que cada mexicano debe idealmente tener, es decir, nueve a&ntilde;os de escuela, es preciso reconocer como unos de los logros m&aacute;s importantes en materia educativa de los &uacute;ltimos tiempos al acceso casi universal de los ni&ntilde;os a la escuela primaria y la disminuci&oacute;n, entre la poblaci&oacute;n infantil y juvenil, de la brecha educativa que anta&ntilde;o separaba a hombres y mujeres de todas las edades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con la informaci&oacute;n reciente arrojada por la ENECE 97, m&aacute;s de 97 por ciento de los j&oacute;venes de 12 a 24 a&ntilde;os, hombres y mujeres, han tenido acceso a la escuela en alg&uacute;n momento de su vida, siendo notable que aun entre los j&oacute;venes de familias dedicadas a las tareas del campo, tradicionalmente los m&aacute;s marginados de los servicios educativos, solamente 5 por ciento de los hombres y 6 por ciento de las mujeres del grupo de edad en cuesti&oacute;n nunca hab&iacute;an asistido a la escuela, lo mismo que 4 por ciento de los y las j&oacute;venes pertenecientes a los hogares m&aacute;s pobres, entendidos &eacute;stos como aqu&eacute;llos ubicados en el cuartil de ingresos per c&aacute;pita m&aacute;s bajo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, el hecho de ingresar a la escuela constituye s&oacute;lo el primer paso de una trayectoria que, todav&iacute;a con elevada frecuencia, se ve truncada de manera temprana, particularmente para los ni&ntilde;os y j&oacute;venes de los sectores socioecon&oacute;micamente menos favorecidos, de tal manera que puede afirmarse que la problem&aacute;tica educativa actual no radica ya tanto en incorporar a los ni&ntilde;os al &aacute;mbito escolar, sino en lograr que ni&ntilde;os y j&oacute;venes de todos los sectores sociales permanezcan y avancen en la escuela durante un periodo m&aacute;s prolongado, que les permita acceder a los niveles superiores de la ense&ntilde;anza.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una manera de visualizar la permanencia de los j&oacute;venes en la escuela es a trav&eacute;s de la fracci&oacute;n de &eacute;stos que contin&uacute;an asistiendo a ella. La <a href="#g1">gr&aacute;fica 1</a> muestra los porcentajes de los j&oacute;venes de cada edad asistentes a la escuela en 1997. En ella se puede observar que si bien a los 12 a&ntilde;os 93 por ciento de los y las ni&ntilde;as permanecen a&uacute;n en la escuela, a partir de esa edad los porcentajes comienzan a disminuir r&aacute;pidamente, de tal manera que ya solamente cuatro de cada cinco adolescentes de 14 a&ntilde;os siguen estudiando, un poco m&aacute;s de la mitad de los de 16 a&ntilde;os, algo m&aacute;s de la tercera parte de los de 18 a&ntilde;os y una quinta parte de los de 20 a&ntilde;os; cabe destacar, no obstante, la gran similitud en los porcentajes de hombres y mujeres que a cada edad desempe&ntilde;an el rol de estudiante.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g1"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a3g1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, los datos muestran el gran acercamiento que han tenido los y las j&oacute;venes en el rengl&oacute;n de la asistencia a la escuela, de tal suerte que si bien en pr&aacute;cticamente cada edad entre los 12 y los 20 a&ntilde;os la proporci&oacute;n de mujeres que permanecen en ella es menor a la de los hombres, las diferencias son muy peque&ntilde;as, ubic&aacute;ndose en la mayor&iacute;a de las edades por debajo de los tres puntos porcentuales, siempre a favor de los hombres. Aun cuando el panorama cambia ligeramente a los 21 a&ntilde;os, cuando la diferencia entre hombres y mujeres se ampl&iacute;a hasta alcanzar los cinco puntos porcentuales,<sup><a href="#notas">1</a></sup> la asistencia escolar de unos y otras vuelve a acercarse despu&eacute;s de esa edad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los porcentajes de j&oacute;venes que a cada edad continuan asistiendo a la escuela nos hablan tambi&eacute;n de su complemento, es decir, de los porcentajes que a esa edad est&aacute;n ya fuera de ella; sin embargo, poco nos dicen respecto a la edad desde la cual se produce el abandono de la escuela, siendo posible que entre dos j&oacute;venes que a una cierta edad ya no asisten, uno de ellos haya dejado de hacerlo recientemente y el otro lo haya hecho varios a&ntilde;os atr&aacute;s. Aprovechando la oportunidad que la ENECE 97 brinda para conocer la edad a la que los j&oacute;venes dejan la escuela, y mediante la utilizaci&oacute;n del m&eacute;todo de tablas de vida,<sup><a href="#notas">2</a></sup> la <a href="#g2">gr&aacute;fica 2</a> muestra el patr&oacute;n por edad del abandono escolar de los j&oacute;venes que ten&iacute;an entre 12 y 24 a&ntilde;os en 1997. En la gr&aacute;fica resulta interesante observar, por un lado, que los 15 a&ntilde;os constituyen la edad cr&iacute;tica a la que una mayor proporci&oacute;n de j&oacute;venes abandonan la escuela, en el transcurso de la cual 13 y 11 por ciento de los y las j&oacute;venes dejan de asistir a ella, la mayor parte al concluir la escuela secundaria.<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g2"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a3g2.jpg"></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque en menor medida, otros momentos cr&iacute;ticos de abandono escolar se dan tambi&eacute;n a los 12 y a los 14 a&ntilde;os, en el primero de los cuales poco m&aacute;s de 7 por ciento del total de los hombres y cerca de 9 por ciento de las mujeres dejan de asistir, teniendo la mayor&iacute;a apenas la primaria terminada,<sup><a href="#notas">4</a></sup> mientras que otro 9 por ciento de los hombres y 8 por ciento de las mujeres dejan de ir a la escuela a los 14 a&ntilde;os, poco menos de la mitad sin tener siquiera la secundaria completa.<sup><a href="#notas">5</a></sup> Con ello se tiene que en el corto periodo entre los 12 y los 15 a&ntilde;os de edad, una tercera parte del total de los y las j&oacute;venes (34 por ciento) abandonan el rol de estudiante, siendo ese rol jugado ya s&oacute;lo por 55 por ciento de los que tienen 16 a&ntilde;os de edad, dos de cada cinco de los cuales dejar&aacute;n de ir la escuela antes de cumplir los 19 a&ntilde;os.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero el hecho de asistir a la escuela, si bien constituye una condici&oacute;n para la adquisici&oacute;n de educaci&oacute;n escolarizada y para la aprobaci&oacute;n de grados escolares,<sup><a href="#notas">6</a></sup> no garantiza por s&iacute; misma la obtenci&oacute;n de la escolaridad esperada para cada edad. Aun cuando la naturaleza graduada y progresiva de la educaci&oacute;n escolarizada hace que el nivel de escolaridad alcanzado sea altamente dependiente de la edad del ni&ntilde;o o joven, esta relaci&oacute;n puede variar debido a que es posible que el ni&ntilde;o ingrese a la escuela a una edad m&aacute;s tard&iacute;a que la que se ha establecido para ello,<sup><a href="#notas">7</a></sup> o tambi&eacute;n, ya una vez en la escuela, que tenga una trayectoria irregular, repitiendo algunos grados o interrumpiendo temporalmente su asistencia a ella. La <a href="#g3">gr&aacute;fica 3</a> presenta el promedio de a&ntilde;os de escuela aprobados por los y las j&oacute;venes de cada edad. Se debe destacar que aun cuando dichos promedios se ubican muy por debajo de lo esperable para cada edad, son muy semejantes para hombres y mujeres, lo que parece indicar que, al menos en lo que se refiere a la edad hasta la que el conjunto de j&oacute;venes permanece en la escuela y el n&uacute;mero de grados aprobados, la brecha de g&eacute;nero se ha cerrado,<sup><a href="#notas">8</a></sup> aunque a niveles muy por debajo de lo que ser&iacute;a deseable tanto para hombres como para mujeres.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g3"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a3g3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, si bien las edades de mayor abandono escolar parecen coincidir con las edades a las que te&oacute;ricamente &#151;bajo un recorrido escolar regular, sin atrasos, reprobaciones ni interrupciones&#151; se espera que se concluya cada nivel escolar (primaria, secundaria, bachillerato), un examen detallado de los grados aprobados al dejar la escuela muestra que esto s&oacute;lo es parcialmente cierto. Se tiene as&iacute; que de los j&oacute;venes que dejan la escuela a los 12 a&ntilde;os, edad a la que supuestamente deber&iacute;a concluirse la primaria, 15 por ciento de los hombres y 11 por ciento de las mujeres salen sin haberla completado. Similarmente, 17 por ciento y 11 por ciento de los y las adolescentes que dejan la escuela a los 15 a&ntilde;os lo hacen con un nivel menor al que se esperar&iacute;a para esa edad, es decir la secundaria completa, en tanto que la salida de la escuela de la cuarta parte de los hombres y 18 por ciento de las mujeres que salen a los 18 a&ntilde;os se produce sin concluir el bachillerato o estudios t&eacute;cnicos equivalentes. Es decir, para fracciones nada despreciables de j&oacute;venes, la exclusi&oacute;n del &aacute;mbito escolar no s&oacute;lo se produce a edades tempranas, sino tambi&eacute;n con niveles de escolaridad inferiores a lo previsto para esas edades, lo que se presenta ligeramente m&aacute;s acentuado entre los j&oacute;venes varones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, el desfase entre la escolaridad esperada en raz&oacute;n de la edad y la que realmente se alcanza no es exclusiva de quienes ya han dejado la escuela, sino que est&aacute; presente tambi&eacute;n en los que siguen estudiando, entre quienes, sorprendentemente, el rezago escolar respecto a la edad parece ser a&uacute;n mayor que entre los que han dejado la escuela.<sup><a href="#notas">9</a></sup> As&iacute;, por ejemplo, de los ni&ntilde;os de 12 a&ntilde;os que asisten a la escuela, 31 por ciento de los hombres y 18 por ciento de las mujeres han aprobado cuando mucho el cuarto grado de primaria, lo que los sit&uacute;a en una posici&oacute;n de atraso escolar respecto a su edad, con pr&aacute;cticamente nulas posibilidades de que concluyan la primaria a la edad esperada.<sup><a href="#notas">10</a></sup> De igual manera, 34 y 25 por ciento de los y las estudiantes de 15 a&ntilde;os se encuentran cursando un grado que hace poco factible que lleguen a concluir la educaci&oacute;n secundaria a esa edad, como ser&iacute;a de esperar; lo mismo ocurre con 53 y 46 por ciento de los estudiantes de 18 a&ntilde;os respecto a los estudios de bachillerato o equivalentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una posible explicaci&oacute;n del menor rezago por edad de los j&oacute;venes que ya han dejado la escuela, en comparaci&oacute;n con sus pares de la misma edad que contin&uacute;an estudiando, pudiera estar vinculada a los horizontes y aspiraciones educativas que tanto las familias como los j&oacute;venes trazan para ellos, y que se traduce con frecuencia en el abandono de la escuela una vez alcanzado el nivel educativo deseado, lo cual puede ocurrir a distintas edades. A su vez, el mayor rezago observado entre los j&oacute;venes varones en comparaci&oacute;n con las mujeres puede explicar lo antes visto respecto de que a pesar de la ligera mayor permanencia de ellos en la escuela, su promedio de grados escolares aprobados sea muy similar al de las mujeres de la misma edad e, incluso, levemente menor al de ellas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hasta aqu&iacute; se ha visto que, en t&eacute;rminos cuantitativos, la brecha que otrora separara a hombres y mujeres en el acceso a la educaci&oacute;n y el promedio de a&ntilde;os de escuela aprobados, han tendido a diluirse entre los j&oacute;venes actuales. Ello no significa, sin embargo, que las diferencias por sexo hayan desaparecido totalmente, especialmente en lo que se refiere al tipo de estudios que hombres y mujeres realizan. Sin pretender profundizar en ello, vale la pena mencionar que si bien la proporci&oacute;n de j&oacute;venes que cuentan con estudios postsecundarios es un poco mayor entre las mujeres que entre los hombres (23 y 26 por ciento, respectivamente); al desglosar por tipo de estudios postsecundarios es posible advertir que la peque&ntilde;a diferencia a favor de las mujeres se debe fundamentalmente a una mayor fracci&oacute;n de ellas que al concluir la secundaria realizan una carrera de car&aacute;cter t&eacute;cnico. As&iacute;, mientras s&oacute;lo 3 por ciento de los hombres estudian alguna carrera t&eacute;cnica al terminar la secundaria, la proporci&oacute;n de muchachas que hacen lo mismo llega a cerca de 7 por ciento, al tiempo que 13 y 12 por ciento de los y las j&oacute;venes respectivamente, se orientan hacia el bachillerato. Resulta notable, por otra parte, que apenas 1 por ciento de los y las j&oacute;venes se inclinen por un carrera t&eacute;cnica al terminar el bachillerato, mientras que 5.5 y 5.9 por ciento de los hombres y mujeres, respectivamente, contin&uacute;an con una carrera de nivel superior.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero adem&aacute;s de la mayor inclinaci&oacute;n de las mujeres hacia una carrera t&eacute;cnica,<sup><a href="#notas">11</a></sup> existe tambi&eacute;n una clara diferenciaci&oacute;n en el tipo de carrera que unos y otras realizan, persistiendo la propensi&oacute;n de las mujeres por las carreras tradicionalmente vistas como femeninas (secretariales, contables, administrativas, salud, educaci&oacute;n), mientras que los varones se concentran principalmente en las &aacute;reas de la electr&oacute;nica y computaci&oacute;n, mantenimiento industrial e ingenier&iacute;a, aunque tambi&eacute;n en lo contable y finaciero.<sup><a href="#notas">12</a></sup> No obstante, es justo se&ntilde;alar la incursi&oacute;n de las mujeres en el terreno de carreras vistas como masculinas, como son las ingenier&iacute;as, &aacute;rea donde se inscribe poco m&aacute;s de 8 por ciento de las j&oacute;venes con estudios de nivel superior.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para resumir lo visto hasta aqu&iacute;, puede decirse que considerando a los j&oacute;venes del pa&iacute;s en su conjunto, no se observan mayores diferencias en las oportunidades y comportamientos de hombres y mujeres en lo referente al nivel de la asistencia escolar, de la edad hasta la que permanecen en la escuela y del n&uacute;mero de grados escolares que logran aprobar, persistiendo, no obstante, algunas diferencias de &iacute;ndole cualitativa en lo relacionado con el tipo de estudios que unos y otras realizan, pero, sobre todo, en las carreras que hombres y mujeres eligen; sin embargo, tambi&eacute;n es posible percibir la existencia de una cierta apertura que permite la incursi&oacute;n de j&oacute;venes del sexo opuesto a carreras tradicionalmente etiquetadas como masculinas o femeninas. En ese sentido, vale la pena preguntarse acerca de los mecanismos empleados y los factores subyacentes en las decisiones educativas y vocacionales de los j&oacute;venes, tales como la medida en que dichas decisiones son tomadas por ellos mismos, como producto de la voluntad y elecci&oacute;n propia, y la medida en que son impuestas por las circunstancias, ya sean derivadas de la oferta educativa existente, de las perspectivas que ofrece el mercado laboral para cierto tipo de estudios y carreras y para j&oacute;venes de uno u otro sexo, de las condiciones socioecon&oacute;micas de las familias para sostener estudios m&aacute;s o menos prolongados y carreras m&aacute;s o menos demandantes de recursos, e incluso, del margen de maniobra y/o las restricciones que, sobre la base de la cultura y las costumbres, operan al nivel de las familias y del contexto m&aacute;s inmediato en que se desenvuelve la vida de los j&oacute;venes, permitiendo a &eacute;stos o no optar por un cierto tipo de educaci&oacute;n o carrera profesional y no por otros. Si bien la b&uacute;squeda de respuestas a preguntas como las anteriores cae fuera del alcance de este trabajo, podr&iacute;a dar pistas para comprender la persistente segregaci&oacute;n de las carreras que estudian hombres y mujeres.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Diferencias intergeneracionales</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como una v&iacute;a para constatar la magnitud y el sentido del cambio en materia educativa en el pa&iacute;s en las d&eacute;cadas recientes, en este apartado se contrastan algunos rasgos educativos de los j&oacute;venes actuales, referidos a la escolaridad alcanzada, la edad a la salida de la escuela y el tipo de estudios realizados, con los correspondientes a sus padres. A diferencia del apartado anterior, que hac&iacute;a referencia a los j&oacute;venes en general, en &eacute;ste la atenci&oacute;n se centra exclusivamente en los j&oacute;venes que son hijos del jefe/a del hogar y sus padres.<sup><a href="#notas">13</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un primer punto de comparaci&oacute;n obligado entre hijos y padres tiene que ver con el acceso a la escuela de unos y otros. Mientras que 17 por ciento de las madres y casi 14 por ciento de los padres nunca asistieron a la escuela, solamente alrededor de 2 por ciento de sus hijas e hijos han permanecido al margen del sistema escolar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El mejoramiento de la situaci&oacute;n educativa de los j&oacute;venes actuales se hace patente tambi&eacute;n en la <a href="#g4">gr&aacute;fica 4</a>, en la que se compara el promedio de a&ntilde;os de escuela aprobados por los j&oacute;venes que son hijos del jefe del hogar, con el de sus respectivos padres y madres.<sup><a href="#notas">14</a></sup> En ella se confirma, por una parte, el mayor nivel de escolaridad de las j&oacute;venes frente a los j&oacute;venes, especialmente a partir de los 16 a&ntilde;os, edad desde la cual las hijas tienen, en promedio, entre 0.4 y 0.9 grados de escuela m&aacute;s que sus pares varones.<sup><a href="#notas">15</a></sup></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g4"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a3g4.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta situaci&oacute;n difiere totalmente; por otro lado, de lo observado en los padres y madres, entre quienes la escolaridad de los primeros es invariablemente mayor que la de las segundas, de manera que pese al bajo nivel escolar de ambos, ellos tienen 0.7 grados escolares m&aacute;s que ellas, en promedio, lo que refleja seguramente las a&uacute;n m&aacute;s escasas oportunidades educativas para las mujeres en el pasado.<sup><a href="#notas">16</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero lo m&aacute;s destacable son las grandes diferencias en la escolaridad de padres/madres e hijos, de tal suerte que, en promedio, tanto los hijos varones como las hijas alcanzan a los 13 a&ntilde;os una escolaridad que rebasa a la de sus madres y a los 14, a la de sus padres. Aunque no se presenta en la gr&aacute;fica, es importante anotar que a los 13 a&ntilde;os, 54 por ciento de las mujeres y 51 por ciento de los hombres alcanzan un nivel de escolaridad que supera al de su madre y a los 14 a&ntilde;os, 57 y 55 por ciento de los y las j&oacute;venes tienen una escolaridad mayor a la de su padre. Debido a las mayores oportunidades educativas para los j&oacute;venes en la actualidad, as&iacute; como a los bajos est&aacute;ndares de escolaridad de las personas de mayor edad, la brecha educativa intergeneracional aumenta a medida que la edad de los j&oacute;venes se incrementa, de tal manera que hacia los 21 a&ntilde;os, hijos e hijas tienen el doble de escolaridad que sus madres y m&aacute;s de 60 por ciento m&aacute;s escolaridad que sus padres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra diferencia de consideraci&oacute;n entre padres e hijos tiene que ver con el hecho de que mientras la mitad de las madres estaba ya fuera de la escuela a los 11.3 a&ntilde;os, actualmente la misma proporci&oacute;n de sus hijas salen de la escuela tres a&ntilde;os despu&eacute;s, a los 14.5 a&ntilde;os, en promedio, edad que no deja de ser, sin embargo, todav&iacute;a muy precoz. An&aacute;logamente, los hijos varones dejan la escuela a una edad mediana de 14.6 a&ntilde;os, en tanto que sus padres lo hicieron a los 12.7 a&ntilde;os.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aparte de la edad de abandono de la escuela y del nivel escolar alcanzado, las diferencias entre padres y madres se hacen tambi&eacute;n patentes al notar que no solamente los primeros realizaron estudios postsecundarios en mayor proporci&oacute;n que las segundas (20 y 16 por ciento, respectivamente), sino que los estudios realizados por cada uno de ellos son cualitativamente diferentes. As&iacute;, mientras que m&aacute;s de la mitad de las madres con estudios postsecundarios realizaron estudios de car&aacute;cter t&eacute;cnico que tienen como antecedente la secundaria (9 por ciento del total de madres), la fracci&oacute;n que curs&oacute; estudios de bachillerato y de nivel superior representa apenas 3 y 4 por ciento de las madres, respectivamente. Por el contrario, m&aacute;s de la mitad de los padres con estudios postsecundarios hizo estudios de nivel superior (11 por ciento) y otra cuarta parte (5 por ciento) se qued&oacute; en el bachillerato, constituyendo los que hicieron estudios t&eacute;cnicos al t&eacute;rmino de la secundaria apenas 4 por ciento de los padres.<sup><a href="#notas">17</a></sup> Pero, adem&aacute;s, los estudios realizados por casi la mitad de las madres con estudios t&eacute;cnicos con secundaria son de tipo secretarial; la mitad restante est&aacute; integrada principalmente por carreras relacionadas con la educaci&oacute;n (auxiliar de educadora, alfabetizadora, profesora de artes), la salud (enfermer&iacute;a, t&eacute;cnicas dentales, promotoras comunitarias) y la contabilidad y finanzas, mientras que 80 por ciento de los padres con este mismo nivel de estudios se concentran en tres tipos de carreras: contabilidad y finanzas, educaci&oacute;n, y producci&oacute;n y mantenimiento. A su vez, del escaso 4 por ciento de madres con estudios de nivel superior, casi una tercera parte (31 por ciento) estudi&oacute; alguna carrera del &aacute;rea educativa (principalmente maestras de primaria, y en menor proporci&oacute;n de educaci&oacute;n media y normal), orient&aacute;ndose el resto a carreras como medicina (9 por ciento), del &aacute;rea de humanidades, contadur&iacute;a, qu&iacute;mica y derecho, cada una de las cuales aglutina alrededor de 7 por ciento de las madres con estudios de nivel superior. Por su parte, entre los padres profesionistas, m&aacute;s de uno de cada cinco (23 por ciento) opt&oacute; por la ingenier&iacute;a, en tanto que 14 y 12 por ciento estudi&oacute; contadur&iacute;a o educaci&oacute;n (maestros de primaria, secundaria y normal), 10 por ciento administraci&oacute;n, 9 por ciento medicina y 8 por ciento derecho.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al comparar hijos y padres, es posible advertir que aun cuando las carreras secretariales siguen dominando el terreno de los estudios t&eacute;cnicos que las mujeres realizan al terminar la secundaria, las hijas se inclinan menos por ellas que sus madres, sucediendo algo similar con las carreras relacionadas con la educaci&oacute;n, las cuales pierden importancia como opci&oacute;n educativa de las hijas en comparaci&oacute;n con sus madres. A cambio, las hijas se inclinan m&aacute;s por la electr&oacute;nica y la computaci&oacute;n, opci&oacute;n seguida s&oacute;lo por una m&iacute;nima fracci&oacute;n de las madres. Esto &uacute;ltimo, reflejo de la apertura de nuevas opciones educativas derivadas de los avances tecnol&oacute;gicos de los a&ntilde;os recientes, sucede tambi&eacute;n en el caso de los hijos, cuya inclinaci&oacute;n por la electr&oacute;nica y la computaci&oacute;n, junto con las carreras de producci&oacute;n y mantenimiento, desplaza a otras carreras t&eacute;cnicas con secundaria anta&ntilde;o seguidas por sus padres, como las relacionadas con la educaci&oacute;n y la contadur&iacute;a y finanzas, aunque sin dejar de tener esta &uacute;ltima un peso relativo a&uacute;n de consideraci&oacute;n. Un panorama semejante se observa entre los muy peque&ntilde;os porcentajes de hijos/as y padres/madres que realizan estudios t&eacute;cnicos posteriores al bachillerato, donde las carreras secretariales y de car&aacute;cter asistencial preferidas por las madres pierden importancia entre las hijas, quienes se orientan m&aacute;s a la electr&oacute;nica y computaci&oacute;n, as&iacute; como a carreras t&eacute;cnicas de contadur&iacute;a y administraci&oacute;n, en tanto que las carreras t&eacute;cnicas agropecuarias, con un peso de relativa importancia entre los padres, pierden relevancia para los hijos, ganando, en cambio, las de electr&oacute;nica y computaci&oacute;n. Al mismo tiempo, las carreras de producci&oacute;n y mantenimiento, as&iacute; como las de contabilidad y finanzas, mantienen el mismo peso relativo tanto en padres como en hijos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre las carreras de nivel superior, las de normal y/o pedagog&iacute;a, primera opci&oacute;n profesional de las madres con estudios de este nivel, si bien siguen siendo las de mayor peso relativo entre las hijas, ceden parte de ese peso a otras carreras como las de administraci&oacute;n y contadur&iacute;a y, aunque en menor medida, a las de ingenier&iacute;a, disciplina esta &uacute;ltima donde se ubica la carrera de 8 por ciento de las hijas con estudios profesionales. A su vez, el grupo de carreras de ingenier&iacute;a no es s&oacute;lo el campo profesional de mayor frecuencia entre los padres, sino que aumenta a&uacute;n m&aacute;s su peso entre los hijos, inclin&aacute;ndose &eacute;stos tambi&eacute;n, al igual que sus padres, por otras carreras como las de derecho, administraci&oacute;n y contadur&iacute;a, pero menos que ellos a otras como las de medicina y las relacionadas con el campo de la educaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, al comparar la situaci&oacute;n educativa de hijos y padres, salta a la vista la existencia de cambios muy notables, tanto por lo que se refiere al nivel de acceso a la escuela, como a la permanencia en ella y al nivel de estudios alcanzados. La expansi&oacute;n del sistema educativo, junto con los cambios en la estructura de valores de la sociedad y las exigencias del mundo actual, se han visto reflejados en un sustancial incremento de la participaci&oacute;n de las nuevas generaciones de j&oacute;venes en el mundo escolar. Esa creciente participaci&oacute;n se ha dado tanto en hombres como en mujeres, siendo, no obstante, m&aacute;s notorio en ellas debido a su tradicional marginaci&oacute;n del &aacute;mbito escolar en el pasado no muy lejano. La creciente incursi&oacute;n de las mujeres en los diferentes niveles educativos, antes restringidos o de dominio mayoritario de los hombres, se ha traducido en un gran acercamiento en la escolaridad de hombres y mujeres, y en una menor segregaci&oacute;n por g&eacute;nero de los campos profesionales, que, sin embargo, a&uacute;n no logra ser eliminada del todo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, y aunque los datos presentados en p&aacute;ginas anteriores dan cuenta de la notable mejor&iacute;a de la situaci&oacute;n y las oportunidades educativas para los j&oacute;venes de hoy, es necesario no perder de vista que el acortamiento de la brecha entre hombres y mujeres se ha dado teniendo todav&iacute;a ambos fuertes deficiencias en materia escolar, como lo muestran los relativamente bajos y r&aacute;pidamente decrecientes porcentajes de j&oacute;venes de uno y otro sexo que permanecen en la escuela a medida que la edad avanza, la temprana edad a la que a&uacute;n hoy se ven orillados a renunciar al rol fundamental que te&oacute;ricamente define su calidad de adolescente o joven, los bajos niveles de escolaridad alcanzados y el atraso de dicho nivel respecto a la edad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, adem&aacute;s, no hay que olvidar tampoco que, como ha sido mostrado en otros estudios, bajo las cifras promedio, se esconden fuertes desequilibrios entre j&oacute;venes ubicados en diferentes posiciones de la escala social, y que la igualdad de oportunidades para todos los j&oacute;venes todav&iacute;a dista mucho de ser una realidad, comprometiendo seriamente tanto el presente como el futuro de amplios sectores de j&oacute;venes. En esa l&iacute;nea, vale la pena retomar la idea de Knodel y Jones (1996), respecto a la necesidad de cerrar las brechas socioecon&oacute;micas que afectan la escolaridad de los j&oacute;venes.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CAMARENA, Rosa Mar&iacute;a, 2000, "Familia y educaci&oacute;n en M&eacute;xico", en Conapo, <i>La poblaci&oacute;n de M&eacute;xico, situaci&oacute;n actual y desaf&iacute;os futuros,</i> Consejo Nacional de Poblaci&oacute;n, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619892&pid=S1405-7425200000040000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CAMARENA, Rosa Mar&iacute;a, 2001, "Los j&oacute;venes y el trabajo", en E.M. Navarrete (coord.), <i>Los j&oacute;venes ante el siglo XXI,</i> El Colegio Mexiquense, M&eacute;xico, (en prensa).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619894&pid=S1405-7425200000040000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">G&Oacute;MEZ, Candido Alberto, 1989, "Trajet&oacute;ria educacional e ocupacional de jovenes empregados do Brasil", en <i>La Educaci&oacute;n,</i> Revista Interamericana de Desarrollo Educativo, n&uacute;m. 105, a&ntilde;o XXXIII.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619896&pid=S1405-7425200000040000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">JELIN, Elizabeth, 1994, "Las relaciones intrafamiliares en Am&eacute;rica Latina", en Cepal, <i>Familia y futuro. Un programa regional en Am&eacute;rica Latina y el Caribe,</i> Santiago de Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619898&pid=S1405-7425200000040000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">KNODEL, John y Gavin W. JONES, 1996, "Post&#45;Cairo population policy: Does promoting girl's schooling miss the mark?", en <i>Population and Development Review,</i> vol. 22, n&uacute;m. 4, diciembre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619900&pid=S1405-7425200000040000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">LASIDA, Javier, 1998, "Los j&oacute;venes pobres frente al trabajo", en <i>J&oacute;venes,</i> cuarta &eacute;poca, a&ntilde;o 2, n&uacute;m. 7, abril&#45;diciembre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619902&pid=S1405-7425200000040000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MUNIZ, Patricia, 2000, "Edad y trayectorias educativas", ponencia presentada en la <i>VI Reuni&oacute;n Nacional de Investigaci&oacute;n Demogr&aacute;fica en M&eacute;xico,</i> Sociedad Mexicana de Demograf&iacute;a, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619904&pid=S1405-7425200000040000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">REND&Oacute;N, Teresa y Carlos SALAS, 2000, "Educaci&oacute;n y empleo juvenil", en J. A. P&eacute;rez Islas (coord.), <i>J&oacute;venes: una evaluaci&oacute;n del conocimiento. La investigaci&oacute;n sobre juventud en M&eacute;xico. 1986&#45;1999,</i> tomo I, SEP/Instituto Mexicano de la Juventud, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619906&pid=S1405-7425200000040000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Ello puede deberse, al menos en parte, a un problema de declaraci&oacute;n de edad, m&aacute;s acentuado en los hombres que en las mujeres, que tiende a concentrar un mayor n&uacute;mero de personas en los 20 a&ntilde;os y menor en las dos edades aleda&ntilde;as, sobre todo en los 21.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup>&nbsp;Para el c&aacute;lculo del patr&oacute;n por edad del abandono escolar recurrimos al empleo de tablas de vida, m&eacute;todo que permite conocer el calendario en que los j&oacute;venes van dejando la escuela a medida que avanza la edad, superando los problemas que se presentan al trabajar con informaci&oacute;n de tipo transversal que hace referencia a acontecimientos que a&uacute;n no han sido experimentados por la totalidad de la poblaci&oacute;n estudiada, como es el caso de los j&oacute;venes que a la fecha del levantamiento de la informaci&oacute;n todav&iacute;a continuaban en la escuela. Este problema, conocido como <i>truncamiento</i> por hacer referencia a historias que, desde el punto de vista de la informaci&oacute;n quedan incompletas, truncadas &#151;aludiendo en nuestro caso a j&oacute;venes que seguramente saldr&aacute;n de la escuela en alg&uacute;n momento posterior al levantamiento de la informaci&oacute;n, pero cuya salida ya no es captada por &eacute;sta&#151; es generalmente resuelto en los m&eacute;todos de estimaci&oacute;n convencionales tomando en cuenta para el c&aacute;lculo s&oacute;lo a la poblaci&oacute;n que ha experimentado el evento de inter&eacute;s. No obstante, al dejar fuera de consideraci&oacute;n a los que experimentar&aacute;n el evento con posterioridad, se originan sesgos que pueden llegar a ser muy importantes, sobre todo cuando una parte sustancial de la poblaci&oacute;n analizada est&aacute; en esa situaci&oacute;n. Este problema es superado por el m&eacute;todo de tablas de vida al referir la ocurrencia del evento en cuesti&oacute;n al tiempo efectivo de exposici&oacute;n al riesgo de experimentarlo (a&ntilde;os&#45;persona), considerando con ello a todos los j&oacute;venes en el c&aacute;lculo, independientemente de que hayan experimentado el evento o no, lo que significa, en nuestro caso, el tomar en cuenta tanto la edad a la que dejaron la escuela los que ya lo hicieron, como la edad actual de los que continuan en ella.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup>&nbsp;77 por ciento de los hombres y 80 por ciento de las mujeres que dejan la escuela a los 15 a&ntilde;os, lo hacen al terminar la secundaria, a lo que se agregan 6 y 9 por ciento de j&oacute;venes de cada sexo que lograron cursar alg&uacute;n grado adicional despu&eacute;s de &eacute;sta. Otro 8 y 5 por ciento de los y las j&oacute;venes que dejan la escuela a esta edad, lo hacen dejando incompleta la secundaria, en tanto que 9 y 6 por ciento tienen, a lo sumo, la primaria terminada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup>&nbsp;Entre los que dejan la escuela a los 12 a&ntilde;os, 79 por ciento de los hombres y 84 por ciento de las mujeres concluyeron la escuela primaria, aunque 15 y 11 por ciento dejaron de estudiar sin haberla concluido. El resto alcanz&oacute; a estudiar alg&uacute;n grado despu&eacute;s de la primaria.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup>&nbsp;De los hombres y mujeres que abandonan la escuela a los 14 a&ntilde;os, 21 y 18 por ciento, respectivamente, dejan la secundaria incompleta y 24 y 26 por ciento cuentan, a lo sumo, con la primaria completa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Actualmente, con la existencia de los sistemas abiertos de educaci&oacute;n y la educaci&oacute;n a distancia es posible aprobar grados y avanzar en la escala educativa sin la presencia f&iacute;sica en una escuela, siendo posible que una parte, aunque de dimensi&oacute;n desconocida, de los j&oacute;venes que aqu&iacute; se consideran como asistentes a la escuela y/o de los grados aprobados, sean realizados bajo esta modalidad. En parte por limitaciones de la informaci&oacute;n y en parte por el hecho de que esta modalidad no exenta a quien opta por ella de su tarea de estudiar, y de cubrir los requisitos impuestos por las instituciones autorizadas para certificar esos avances, la modalidad escolarizada y las modalidades abiertas o a distancia son vistas como equivalentes para los prop&oacute;sitos de este trabajo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup>&nbsp;Al respecto, Mu&ntilde;iz (2000) muestra el retraso con que los ni&ntilde;os de zonas rurales marginadas del pa&iacute;s ingresan a la escuela.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup>&nbsp;Es preciso anotar, sin embargo, que la reducci&oacute;n en las brechas de g&eacute;nero observadas al considerar a los j&oacute;venes en su conjunto, no siempre se mantienen al desagregar por segmentos poblacionales. Tal es el caso de los j&oacute;venes pertenecientes a hogares con bajos ingresos, residentes en zonas rurales, en hogares extensos o complejos, o los j&oacute;venes que no son hijos del jefe del hogar, entre quienes la asistencia escolar de las mujeres suele ser m&aacute;s baja que la de los hombres, aunque no siempre el nivel escolar alcanzado por ellas sea menor al obtenido por ellos. Para un an&aacute;lisis que considera la pertenencia de los j&oacute;venes a distintos sectores socioecon&oacute;micos y tipos de hogares, v&eacute;ase Camarena, 2000.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup>&nbsp;Generalmente se tiende a pensar que los ni&ntilde;os y j&oacute;venes que se atrasan en la escuela respecto a lo previsto para su edad, son m&aacute;s propensos a dejar la escuela de manera m&aacute;s temprana que quienes avanzan conforme a lo establecido. Sin negar lo que ello pueda tener de verdad, no deja de sorprender, por un lado, que entre los excluidos precozmente del sistema escolar, la mayor parte haya aprobado los grados que corresponden a la edad en que dejaron la escuela, lo que sugiere que siguieron una trayectoria regular antes de dejarla y que, al menos en estos casos, son otras causas y no necesariamente el retraso escolar lo que lleva al abandono prematuro de la escuela. Por otro lado, sorprenden los considerables porcentajes de ni&ntilde;os y j&oacute;venes que, permaneciendo en la escuela, est&aacute;n desfasados del grado que les corresponder&iacute;a cursar, lo cual, bajo el supuesto se&ntilde;alado al principio de esta nota, los har&iacute;a candidatos a dejar pronto la escuela.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup>&nbsp;Es muy posible que estas cifras sean a&uacute;n mayores si consideramos la posibilidad de que no todos los ni&ntilde;os con el quinto grado aprobado y cursando el sexto grado al momento de la encuesta, aprueben este &uacute;ltimo y concluyan con ello la primaria, as&iacute; como la posibilidad de que una parte de los que s&iacute; lo logren hayan cumplido ya los 13 a&ntilde;os.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup>&nbsp;Vale la pena se&ntilde;alar que los estudios t&eacute;cnicos constituyen una opci&oacute;n a la que se recurre con mayor frecuencia en los hogares con niveles medios de ingresos (cuartiles 2 y 3 de ingreso familiar per c&aacute;pita), en hogares de obreros o artesanos y, en menor medida, que tienen al comercio o los servicios como actividad econ&oacute;mica principal, as&iacute; como los dirigidos por una mujer y con una estructura compleja, es decir, hogares en los que adem&aacute;s del n&uacute;cleo familiar conviven otras personas. Asimismo, como dato curioso es posible mencionar que en los hogares donde existe al menos un hijo y una hija con estudios post secundarios, y en donde al menos alguno de ellos tiene estudios t&eacute;cnicos, en casi la mitad de los casos es una mujer la que realiza ese tipo de estudios, en otro 30 por ciento los realizan tanto hombres como mujeres y en el 20 por ciento restante es un hombre el que los realiza.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup>&nbsp;Se tiene as&iacute; que dos quintas partes (40 por ciento) de las j&oacute;venes que realizan estudios t&eacute;cnicos despu&eacute;s de la secundaria cursan alguna carrera de tipo secretarial y otro 12 por ciento se concentra en carreras del &aacute;rea de la salud, principalmente enfermer&iacute;a, aunque tambi&eacute;n otro 11 por ciento se inscribe en el &aacute;rea de contabilidad y finanzas, y 13 por ciento en las de la electr&oacute;nica y computaci&oacute;n. En contraste, 38 por ciento de los hombres con estudios t&eacute;cnicos con secundaria optan por este &uacute;ltimo campo, 31 por ciento por carreras vinculadas a la producci&oacute;n y mantenimiento y 15 por ciento a contabilidad y finanzas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El panorama cambia ligeramente entre el peque&ntilde;o porcentaje de hombres y mujeres que realizan estudios t&eacute;cnicos despu&eacute;s del bachillerato. Si bien solamente 1 por ciento de los y las j&oacute;venes realizan este tipo de estudios, una de cada cinco mujeres (20 por ciento) que lo hacen se orientan a la electr&oacute;nica y la computaci&oacute;n, una sexta parte (17 por ciento) prefiere la contabilidad y finanzas, y una proporci&oacute;n similar (16 por ciento) alguna otra carrera del &aacute;rea econ&oacute;mico&#45;administrativa, concentrando las carreras secretariales y de salud a 13 y 11 por ciento respectivamente, de las j&oacute;venes. Entre los hombres, la electr&oacute;nica y computaci&oacute;n, la producci&oacute;n y mantenimiento, y contabilidad y finanzas aglutinan a la mayor parte de los j&oacute;venes (31, 22 y 17 por ciento, respectivamente). </font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque los estudios de nivel superior muestran una mayor diversificaci&oacute;n tanto para hombres como para mujeres, poco m&aacute;s de la sexta parte de &eacute;stas (18 por ciento) estudian para maestras y, a partes m&aacute;s o menos iguales, 26 por ciento estudia administraci&oacute;n o contadur&iacute;a, canaliz&aacute;ndose otro 10 por ciento a las ciencias sociales y 8 por ciento a derecho. Cabe se&ntilde;alar que otro 8 por ciento incursiona en un campo eminentemente masculino, como lo es el de la ingenier&iacute;a, &aacute;rea que concentra a un tercio de los j&oacute;venes varones con estudios de nivel superior (34 por ciento), distribuy&eacute;ndose otro 35 por ciento en las &aacute;reas del derecho, contadur&iacute;a y administraci&oacute;n, a partes m&aacute;s o menos iguales.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> Del total de j&oacute;venes varones de 12 a 24 a&ntilde;os, 81 por ciento son hijos del jefe del hogar, mientras que las hijas representan 71 por ciento de las mujeres del mismo grupo de edad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup>&nbsp;Dado que la informaci&oacute;n permite identificar con certeza solamente a los padres o madres que son jefes de hogar, se asume que las/los c&oacute;nyuges de &eacute;stos son la madre o padre, seg&uacute;n corresponda.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup>&nbsp;Las mayores diferencias encontradas entre hijas e hijos, en comparaci&oacute;n con las halladas para el conjunto de j&oacute;venes, hijos y no hijos, pueden tener su explicaci&oacute;n en un factor de selectividad, en el sentido de que dada la propensi&oacute;n de las mujeres a unirse maritalmente a edades m&aacute;s tempranas que los hombres, es posible que las j&oacute;venes que a&uacute;n residen en el hogar paterno, especialmente las de mayor edad, constituyan en alguna medida un grupo selecto que ha aplazado el matrimonio en aras de una mayor escolaridad, al menos en comparaci&oacute;n con las ya unidas que han dejado el hogar paterno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> Las madres tienen una edad mediana de 42 a&ntilde;os; la de los padres es de 47 a&ntilde;os.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> El porcentaje de padres y madres con estudios t&eacute;cnicos despu&eacute;s del bachillerato representa menos de medio por ciento del total de cada uno de ellos.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre la autora</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Rosa Mar&iacute;a Camarena C&oacute;rdova. </b>Es licenciada en Actuar&iacute;a por la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico UNAM, Maestra en Demograf&iacute;a por El Colegio de M&eacute;xico y candidata a Doctora en Ciencias Sociales con especialidad en Estudios de Poblaci&oacute;n, tambi&eacute;n por El Colegio de M&eacute;xico. Es investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM y ha sido asesora en diversas dependencias gubernamentales y organismos internacionales. Su labor de investigaci&oacute;n ha girado principalmente en torno a los temas de poblaci&oacute;n, familia, educaci&oacute;n, g&eacute;nero, salud reproductiva y j&oacute;venes, sobre los cuales ha publicado diversos trabajos. Su investigaci&oacute;n actual se centra en el estudio de las trayectorias de vida de las y los j&oacute;venes mexicanos desde la perspectiva del curso de vida. Es miembro de diversas asociaciones profesionales, entre ellas: la Sociedad Mexicana de Demograf&iacute;a, de cuyo Consejo Directivo actualmente forma parte. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:rcamaren@servidor.unam.mx">rcamaren@servidor.unam.mx</a></font></p>      ]]></body><back>
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