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<journal-title><![CDATA[Papeles de población]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Universidad Autónoma del Estado de México, Centro de Investigación y Estudios Avanzados de la Población]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Arrancarle los dientes al trópico: ambiente, enfermedad y el programa sanitario de Estados Unidos en Panamá, 1904-1914]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Supported in sources written during and after the construction of the Panama Canal (1904-1914), this article examines the form in which the USA citizens conceptualized, the tropical of Panama and the way in which this conceptualization is oriented to the policy, in special the sanitary part, during the period of construction of the channel. Due to the tropical diseases, specially the "malaria" and the yellow fever, they have occupied a central place in the way to conceive the tropical on the part of the USA citizens, the objective of this work is to show that the problems of diseases in Panama were the result of complex environmental and social interactions, and not a mere natural terrain feature of the tropical.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>"Arrancarle los dientes al tr&oacute;pico": ambiente, enfermedad y el programa sanitario de Estados Unidos en Panam&aacute;, 1904&#45;1914<a href="#notas">*</a></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Paul Sutter</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad de Georgia</i>.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Apoyado en fuentes escritas durante y despu&eacute;s de la construcci&oacute;n del Canal de Panam&aacute; (1904&#45;1914), este art&iacute;culo examina la forma en que los estadunidenses conceptualizaron los tr&oacute;picos de Panam&aacute; y el modo en que dicha conceptualizaci&oacute;n orient&oacute; su pol&iacute;tica, en especial la sanitaria, durante el periodo de construcci&oacute;n del canal. Debido a que las enfermedades tropicales, en especial la malaria y la fiebre amarilla, ocupaban un lugar central en el modo de concebir los tr&oacute;picos por parte de los estadunidenses, el objetivo de este trabajo es mostrar que los problemas de enfermedades en Panam&aacute; eran el resultado de complejas interacciones ambientales y sociales, y no una mera caracter&iacute;stica natural de los tr&oacute;picos.</font></p>      <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Supported in sources written during and after the construction of the Panama Canal (1904&#45;1914), this article examines the form in which the USA citizens conceptualized, the tropical of Panama and the way in which this conceptualization is oriented to the policy, in special the sanitary part, during the period of construction of the channel. Due to the tropical diseases, specially the "malaria" and the yellow fever, they have occupied a central place in the way to conceive the tropical on the part of the USA citizens, the objective of this work is to show that the problems of diseases in Panama were the result of complex environmental and social interactions, and not a mere natural terrain feature of the tropical.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Los tr&oacute;picos como discurso</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un manifiesto en el que establec&iacute;a su visi&oacute;n de un canal adecuadamente construido a trav&eacute;s del Istmo de Panam&aacute;, Lindon Bates,<sup><a href="#notas">1</a></sup> un ingeniero independiente y escritor, deline&oacute; lo que consideraba el obst&aacute;culo fundamental para culminar la obra con &eacute;xito: <i>la naturaleza tropical del Istmo.</i> No era el &uacute;nico que se preocupaba por este problema.</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El Istmo, dijo, es un lugar tropical de escasa altura, caliente, h&uacute;medo, con una estaci&oacute;n lluviosa de nueve meses, pantanos ruidosos, vegetaci&oacute;n densa, insectos y vida animal pestilentes, y con una poblaci&oacute;n nativa de clase baja perezosa, negligente y saturada de enfermedades. El Istmo es el futuro centro del comercio mundial. En &eacute;l se encuentran concentradas en gran n&uacute;mero condiciones naturales y artificiales adversas, que limitan tanto los logros como la vida de los humanos. Desde lo alto, el calor, la humedad, las calmas chichas, los "nortes" y las lluvias torrenciales compiten entre s&iacute; para drenar de manera insidiosa la vitalidad. En tierra, las selvas y los pantanos supuran en fiebres, miasma y malaria, mientras insectos torturadores y venenosos incuban la muerte sin cesar. As&iacute; se encuentra atrincherada la naturaleza aqu&iacute; (Bates, 1905: 121&#45;122).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El fragmento citado es parte de la propuesta del autor para la construcci&oacute;n de un canal de esclusas que atravesara un reservorio artificial, parecido al plan finalmente adoptado.<sup><a href="#notas">2</a></sup> Lo m&aacute;s importante para este ensayo es el modo en que Bates vilific&oacute; el ambiente tropical, se&ntilde;alando la importancia de contener los peligros "naturales" de la regi&oacute;n, dada su importancia central para el comercio mundial. Aqu&iacute; estaba impl&iacute;cito el temor de que el canal llegara a convertirse en un foco de difusi&oacute;n de enfermedades, tanto como del comercio mundial. Sin embargo, lo m&aacute;s notable del breve resumen de situaci&oacute;n presentado por Bates fue su capacidad para sintetizar un discurso mucho m&aacute;s amplio sobre el ambiente tropical, que otorgaba sentido a los esfuerzos estadunidenses en Panam&aacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este ensayo examina la forma en que los estadunidenses conceptualizaron los tr&oacute;picos de Panam&aacute; y el modo en que esa conceptualizaci&oacute;n orient&oacute; su pol&iacute;tica, en particular la sanitaria, durante el periodo de construcci&oacute;n del canal (1904&#45;1914). Para ello, se examina una amplia diversidad de temas, empezando por las ideas sobre la tropicalidad que los estadunidenses trajeron consigo a Panam&aacute; y el origen de las mismas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El esfuerzo estadunidense para la construcci&oacute;n del canal estuvo enmarcado en un discurso sobre la naturaleza de los tr&oacute;picos en tanto que un ambiente espec&iacute;fico, discreto e identifiable. El conjunto de fuentes en que me apoyo para llegar a estas ideas constituye una amplia literatura generada durante y despu&eacute;s de la construcci&oacute;n del canal por Estados Unidos.<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las enfermedades tropicales, en particular la malaria y la fiebre amarilla en el caso de Panam&aacute;, ocupaban un lugar central en el modo de concebir los tr&oacute;picos por parte de los estadunidenses. En este debate, adem&aacute;s, tuvo un importante lugar el controversial tema de la inmunidad racial a estas enfermedades. En este estudio, se analizar&aacute;n las condiciones espec&iacute;ficas que favorecen estas enfermedades, que s&oacute;lo son parcialmente naturales. De hecho, uno de los objetivos centrales de este estudio, en lo que toca a la historia ambiental, consiste en mostrar que los problemas de enfermedad en Panam&aacute; eran el resultado de complejas interacciones ambientales y sociales, y no una mera caracter&iacute;stica natural de los tr&oacute;picos. Para ello, es necesario entender de entomolog&iacute;a, epidemiolog&iacute;a, ecolog&iacute;a y los impactos de los diferentes reg&iacute;menes humanos de uso del suelo sobre todas ellas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, el ensayo examina ciertos aspectos y resultados del sistema de saneamiento creado por los funcionarios estadunidenses bajo la direcci&oacute;n de William C. Gorgas, el oficial de sanidad al mando. Se trataba de un sistema que, en el m&aacute;s amplio sentido, alcanz&oacute; el objetivo de eliminar o reducir significativamente la amenaza de las enfermedades tropicales, al tiempo que hac&iacute;a posible la introducci&oacute;n de una gran masa de trabajadores inmigrantes y alteraba de manera radical el ambiente. En este sentido, su &eacute;xito fue indiscutible. Sin embargo, fue tambi&eacute;n un sistema que abord&oacute; el problema de la enfermedad en t&eacute;rminos que reflejaban los contextos comercial e imperial del proyecto y que produjo un orden social que consagr&oacute; esas preocupaciones. La &uacute;ltima secci&oacute;n se concentrar&aacute; en las implicaciones pol&iacute;ticas, sociales y metaf&oacute;ricas del descubrimiento de m&eacute;todos exitosos para combatir las fiebres tropicales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El elemento m&aacute;s importante del discurso estadunidense sobre los tr&oacute;picos, al menos en lo que toca a mis prop&oacute;sitos, consist&iacute;a en el v&iacute;nculo que establec&iacute;a entre la enfermedad y la "naturaleza" de las regiones tropicales. La mayor&iacute;a de los comentaristas &#151;fueran pol&iacute;ticos, administradores, salubristas o periodistas&#151; ve&iacute;an a la enfermedad, o a algunas enfermedades, como parte natural, incluso definitiva, del ambiente tropical. La naturaleza, para utilizar la expresi&oacute;n de Lindon Bates se encontraba "atrincherada" en Panam&aacute;. La lucha contra la enfermedad, por tanto, implicaba la reorganizaci&oacute;n de la naturaleza tropical &#151;o al menos as&iacute; era celebrada&#151;. La mayor&iacute;a de estos comentaristas no lleg&oacute; a entender, sin embargo, que en una importante medida la enfermedad era un problema creado por las profundas transformaciones ambientales y sociales generadas por la construcci&oacute;n del canal. Aqu&eacute;llo que los constructores estadunidenses percib&iacute;an como problemas inherentes al ambiente tropical eran, en su mayor parte, un problema creado por ellos mismos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La capacidad de Estados Unidos para controlar el riesgo de enfermedad permiti&oacute; contrastar el &eacute;xito de sus esfuerzos con el fracaso franc&eacute;s ocurrido 20 a&ntilde;os antes. Esta capacidad provino del desarrollo de la medicina tropical a lo largo de las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas del siglo XIX, particularmente en lo relativo a las teor&iacute;as sobre el papel del mosquito en la transmisi&oacute;n de enfermedades, que fueron surgiendo de la labor de Carlos J. Finlay, Ronald Ross y Walter Reed, entre otros.<sup><a href="#notas">4</a></sup> En otros t&eacute;rminos, los estadunidenses fueron los beneficiarios de una revoluci&oacute;n m&eacute;dica con potentes lecciones sanitarias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, el &eacute;xito sanitario de los estadunidenses en Panam&aacute; se debi&oacute; a razones que iban m&aacute;s all&aacute; de una extensi&oacute;n l&oacute;gica de los descubrimientos cient&iacute;ficos, por m&aacute;s que los funcionarios de Estados Unidos hayan querido presentar su intervenci&oacute;n como el producto de la ciencia racional y desinteresada. Se trat&oacute; de un proceso en el que estos nuevos descubrimientos emp&iacute;ricos fueron incorporados a una ideolog&iacute;a imperial de conquista, subordinaci&oacute;n, modernizaci&oacute;n y administraci&oacute;n vigilante. Este ensayo examinar&aacute; tambi&eacute;n la relaci&oacute;n discursiva entre el contexto imperial y el car&aacute;cter instrumental de ciertos descubrimientos m&eacute;dicos de importancia, que con mucha frecuencia han sido presentados como meramente progresivos.<sup><a href="#notas">5</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los elementos m&aacute;s impactantes de la literatura acerca del Canal de Panam&aacute; es la consistencia con la que era formulada la entidad geogr&aacute;fica llamada "los tr&oacute;picos" o "el mundo tropical".<sup><a href="#notas">6</a></sup> En el uso discursivo propio del siglo XIX y principios del XX, los tr&oacute;picos figuran en un lugar definido en estricta oposici&oacute;n a las regiones templadas del mundo. Los escritores describ&iacute;an el clima, la flora, la fauna, las personas y razas, y las enfermedades de los tr&oacute;picos como ex&oacute;ticas y autocontenidas, y derivaban numerosas lecciones morales de su radical otredad. Los tr&oacute;picos, sobre todo, eran intensamente analizados como lugares que se resist&iacute;an a la expansi&oacute;n de la civilizaci&oacute;n. As&iacute;, la tropicalidad era construida &#151;en este caso por escritores interesados en los logros de Estados Unidos dentro de sus peligrosos l&iacute;mites&#151; como un problema a ser resuelto. En tanto que categor&iacute;a, los tr&oacute;picos resultaban &uacute;tiles para otorgar sentido a una regi&oacute;n para aqu&eacute;llos que acud&iacute;an a ella desde fuera de sus l&iacute;mites. Como lo planteara hace poco David Arnold, "la tropicalidad era la experiencia de los blancos del Norte que se mov&iacute;an en un mundo ajeno".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este discurso sobre los tr&oacute;picos ya contaba con una larga y compleja historia previa a su empleo en Panam&aacute;. Si bien ser&iacute;a posible rastrear el origen de algunas de sus formas en el mundo antiguo, un discurso coherente sobre la tropicalidad s&oacute;lo emergi&oacute; durante el periodo temprano de las exploraciones europeas del siglo XV.<sup><a href="#notas">7</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El discurso ha tenido siempre un car&aacute;cter profundamente ambivalente, expresado en la obra de autores que se alternan en presentar a los tr&oacute;picos como un ed&eacute;n o como un infierno. Los primeros encuentros dieron lugar con frecuencia a expresiones ed&eacute;nicas, a trav&eacute;s de descripciones de los tr&oacute;picos hechas por exploradores europeos, que enfatizaban su belleza y su abundancia de recursos. Sin embargo, hacia el siglo XVIII, cuando se hizo evidente que la enfermedad ser&iacute;a un terrible obst&aacute;culo para el asentamiento en los tr&oacute;picos, emergi&oacute; como contraparte lo que Philip Curtin ha llamado el "terror" de los tr&oacute;picos.<sup><a href="#notas">8</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El balance se torn&oacute; a&uacute;n m&aacute;s negativo durante el siglo XIX, en la medida en que las ideas de la Ilustraci&oacute;n acerca de la capacidad de los humanos para adaptarse al ambiente cedieron lugar ante nociones m&aacute;s fijas sobre la imposibilidad de que los europeos llegaran a ser capaces de ajustarse, o "aclimatarse", a las condiciones ambientales de los tr&oacute;picos. De manera cada vez m&aacute;s evidente, la vida en los tr&oacute;picos implic&oacute; degeneraci&oacute;n f&iacute;sica y moral para las personas de clima templado y, en consecuencia, los europeos vieron cada vez m&aacute;s a los nativos del mundo tropical como f&iacute;sica y moralmente inferiores.<sup><a href="#notas">9</a></sup> Si bien una "tropicalidad afirmativa" persisti&oacute; en el siglo XIX a trav&eacute;s de la vida y el legado de Alexander Von Humboldt, los europeos tendieron m&aacute;s bien a conceptualizar a los tr&oacute;picos durante este periodo como un problema irritante.<sup><a href="#notas">10</a></sup></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Enfermedad, sociedad y ciencia en los tr&oacute;picos</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El intento franc&eacute;s de construir un canal &iacute;stmico a fines de la d&eacute;cada de 1870 encaj&oacute; n&iacute;tidamente en esta tendencia m&aacute;s negativa, como prueba de que Panam&aacute; era un lugar potencialmente mortal. La compa&ntilde;&iacute;a francesa introdujo miles de trabajadores en el Istmo, que en su mayor&iacute;a eran negros de las Indias occidentales, muchos de los cuales murieron. William Gorgas estim&oacute; que los franceses perdieron 22 189 trabajadores durante la d&eacute;cada de 1880, una tasa de mortalidad del orden de 25 por ciento (Gongas, en Ziperman, 1971: 6&#45;7).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin un conocimiento preciso del modo en que se difund&iacute;an enfermedades tropicales como la malaria y la fiebre amarilla, los franceses no estaban en capacidad de prevenirlas. De hecho, ciertas pr&aacute;cticas exacerbaron sus problemas de enfermedad. Ignorantes de que los mosquitos transmit&iacute;an estas enfermedades, cometieron el desafortunado error, por ejemplo, de colocar plantas y aun las patas de las camas de hospital en vasijas con agua, para protegerlas de las hormigas arrieras. Adem&aacute;s de brindar esa protecci&oacute;n, las vasijas proporcionaban sitios de cr&iacute;a ideales para los mosquitos portadores de la fiebre amarilla. De este modo, al propiciar, sin quererlo, la multiplicaci&oacute;n de mosquitos en las mismas &aacute;reas donde se concentraban los hospederos humanos, los franceses exacerbaron en gran medida sus problemas de enfermedad (Mc Cullough, 1977: 144&#45;145).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El conocimiento m&eacute;dico acerca de estas fiebres tropicales era muy impreciso durante el periodo de construcci&oacute;n del canal franc&eacute;s, entre 1878 y 1889, aproximadamente. Por lo general, las autoridades m&eacute;dicas a&uacute;n se adher&iacute;an a la teor&iacute;a miasm&aacute;tica de la transmisi&oacute;n de la enfermedad, que centraba su atenci&oacute;n en las emanaciones provenientes de ambientes c&aacute;lidos, h&uacute;medos y pantanosos, atribuy&eacute;ndoles la causa de las fiebres tropicales. La teor&iacute;a miasm&aacute;tica estaba vagamente construida, en el mejor de los casos, y consist&iacute;a en una mescolanza de deducciones m&eacute;dicas y moralismo bien intencionado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el caso de la malaria (literalmente, "mal aire"), el sentido com&uacute;n sosten&iacute;a que la enfermedad era ocasionada por gases de pantano. La prevalencia de la malaria en regiones tropicales del mundo donde se encontraban con frecuencia condiciones pantanosas y de r&aacute;pida descomposici&oacute;n de la materia org&aacute;nica parec&iacute;a confirmar esta conexi&oacute;n. En la d&eacute;cada de 1880, el &uacute;nico tratamiento conocido para la enfermedad era la quinina como profil&aacute;ctico.<sup><a href="#notas">11</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo que respecta a la fiebre amarilla, una enfermedad de perfil mucho m&aacute;s explosivo que la malaria, las autoridades m&eacute;dicas sospechaban que la suciedad arrastrada por el aire y las ropas contaminadas de sus v&iacute;ctimas (debido al infame "v&oacute;mito negro" que anunciaba los estertores finales de la enfermedad) ayudaban a difundirla. La fiebre amarilla era asociada en parte con la suciedad urbana, si bien la mayor&iacute;a de los observadores a&uacute;n sospechaba &#151;debido a su prevalencia en los tr&oacute;picos&#151; que, de alg&uacute;n modo, era de origen natural.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sobre estas dos fiebres tropicales (las cuales, por cierto, hab&iacute;an tenido manifestaciones muy amplias m&aacute;s all&aacute; de las regiones tropicales), las autoridades m&eacute;dicas tend&iacute;an a especular que sus causas se encontraban atrincheradas en los tr&oacute;picos, en la naturaleza de su clima y vegetaci&oacute;n. La teor&iacute;a miasm&aacute;tica imperante planteaba que la enfermedad era una funci&oacute;n de un cierto orden natural y de h&aacute;bitos humanos inmorales e incivilizados que parec&iacute;an especialmente prevalentes en tal ambiente. De hecho, con anterioridad a la aparici&oacute;n de la teor&iacute;a del mosquito, los observadores de la vida en los tr&oacute;picos acudieron con rapidez a la idea de un determinismo ambiental que igualaba las condiciones clim&aacute;ticas y ambientales de los tr&oacute;picos con el desarrollo social y econ&oacute;mico "entorpecido" en estas regiones.<sup><a href="#notas">12</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A fines del siglo XIX, la idea de que ciertas razas estaban especialmente bien dotadas para trabajar en condiciones extremas de calor y humedad contaba ya con una larga historia. Desde los comienzos de la expansi&oacute;n europea, la gente de origen africano hab&iacute;a sido se&ntilde;alada como inmune a las enfermedades tropicales y, por tanto, destinada al trabajo f&iacute;sico en las regiones del tr&oacute;pico. Estas creencias fueron componentes esenciales tanto en el discurso sobre la tropicalidad como en la evoluci&oacute;n de econom&iacute;as esclavistas en el hemisferio occidental.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dichas econom&iacute;as, por su parte, fueron responsables de la globalizaci&oacute;n de nichos ecol&oacute;gicos de enfermedades antes aisladas y de la creaci&oacute;n de condiciones ideales para la propagaci&oacute;n y la difusi&oacute;n de ciertas enfermedades. Como lo se&ntilde;alara Richard Sheridan (1985): "la concentraci&oacute;n de gente, plantas y animales en tierras bajas tropicales... abri&oacute; una caja de Pandora de pat&oacute;genos debilitantes y letales, y de sus vectores, que se cebaron en los habitantes blancos y negros".<sup><a href="#notas">13</a></sup> En efecto, mediante la trata de esclavos y la creaci&oacute;n de una econom&iacute;a atl&aacute;ntica los europeos contribuyeron de manera significativa a hacer de los tr&oacute;picos &#151;y en particular de los americanos&#151; un lugar m&aacute;s peligroso, si bien la conciencia de esto rara vez plante&oacute; alg&uacute;n desaf&iacute;o a la noci&oacute;n de que el trabajo africano era una soluci&oacute;n "natural".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hab&iacute;a suficiente evidencia circunstancial que, combinada con un desd&eacute;n complaciente hacia la las pruebas en contrario, podr&iacute;a haber apoyado conclusiones acerca de la inmunidad racial a las enfermedades tropicales. La malaria era, y es, una enfermedad que, una vez contra&iacute;da, permanece con su v&iacute;ctima, a menudo con reca&iacute;das cr&oacute;nicas. Si uno no muere a consecuencia del primer ataque de fiebre mal&aacute;rica, los ataques subsiguientes pueden concluir la tarea. Por otra parte, se puede vivir con la malaria por un periodo considerable, ganando lentamente inmunidad ante exposiciones y ataques severos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La malaria, una enfermedad de origen africano, se torn&oacute; end&eacute;mica en muchas regiones tropicales de Am&eacute;rica, donde pas&oacute; a ser parte de la vida cotidiana. La fiebre amarilla, tambi&eacute;n originaria de &Aacute;frica, es una enfermedad muy diferente. Normalmente, es de naturaleza epid&eacute;mica y otorga a quienes sobreviven inmunidad permanente a nuevas infecciones. En ambos casos, aqu&eacute;llos que eran de ascendencia africana ten&iacute;an ciertas ventajas sobre quienes eran de origen europeo, aunque la mayor parte de dichas ventajas ten&iacute;a poco que ver con la raza como tal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los problemas relacionados con la inmunidad y la raza son complejos en extremo, y suelen plantearse de modo sesgado por juicios de valor de otro orden. Aun as&iacute;, cabe utilizar algunos ejemplos que ilustren tanto las inexactitudes que resultan de establecer correlaciones simples entre enfermedad y raza, como las condiciones emp&iacute;ricas que pueden haber contribuido a que tales correlaciones parecieran l&oacute;gicas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las relaciones entre ambiente y enfermedad tienen mucho que ver con la capacidad de los humanos para resistir las enfermedades. De hecho, la distinci&oacute;n entre la resistencia gen&eacute;tica y la adquirida se torna menos clara en la medida en que se adopta una perspectiva temporal m&aacute;s prolongada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Parece evidente, por ejemplo, que el hecho de vivir en un ambiente en el que la malaria es end&eacute;mica puede contribuir, con el tiempo, a la selecci&oacute;n de una poblaci&oacute;n con mayor capacidad para luchar contra la enfermedad. Ciertamente, aqu&eacute;llos cuyos cuerpos son, o eran, menos capaces de crear los anticuerpos para combatir la enfermedad tender&iacute;an a morir a una edad m&aacute;s temprana en las &aacute;reas en que la malaria es end&eacute;mica. Dicho proceso podr&iacute;a crear la ilusi&oacute;n de una poblaci&oacute;n adulta inmune a la enfermedad, aunque tal capacidad relativa de resistencia o sobrevivencia a la malaria ser&iacute;a el resultado de una elevada mortalidad infantil.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La investigaci&oacute;n m&eacute;dica ha demostrado que la anemia falciforme proporciona una resistencia limitada a la malaria, y es mucho m&aacute;s com&uacute;n entre ciertos grupos de ascendencia africana. &Eacute;sta y otras defensas fisiol&oacute;gicas contra la malaria &#151;como la ausencia de determinados ant&iacute;genos del grupo sangu&iacute;neo de Duffy&#151; encontradas entre personas de ascendencia africana podr&iacute;an ser el resultado de una evoluci&oacute;n directamente relacionada con la presencia de malaria en sus ambientes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El rasgo de c&eacute;lula falciforme funcion&oacute; como un polimorfismo equilibrado: una caracter&iacute;stica con atributos tanto positivos como negativos. De no ser por la resistencia a la malaria proporcionada por esa caracter&iacute;stica, se podr&iacute;a esperar que la misma hubiera desaparecido a trav&eacute;s de la selecci&oacute;n natural. Sin embargo, en ambientes mal&aacute;ricos, la debilidad de la anemia se ve&iacute;a compensada por la resistencia a la enfermedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo fundamental consiste en que la resistencia vinculada a la c&eacute;lula falciforme es el producto gen&eacute;tico de una prolongada experiencia en un ambiente mal&aacute;rico y no una caracter&iacute;stica racial.<sup><a href="#notas">14</a></sup> Como lo se&ntilde;alara Philip Curtin, "... la diferencia fundamental consiste en que las inmunidades gen&eacute;ticas son una variable independiente de la apariencia f&iacute;sica". En el caso de la malaria, por tanto, la combinaci&oacute;n de la prevalencia de las c&eacute;lulas falciformes y de la experiencia con un ambiente mal&aacute;rico que da lugar a resistencia adquirida al costo de una alta mortalidad infantil podr&iacute;a haber creado la ilusi&oacute;n de que todos los negros eran, de alg&uacute;n modo, inmunes a la enfermedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin duda, pero esta idea de inmunidad racial no encaja con la tasa de mortalidad por malaria entre personas de origen africano en lugares como Panam&aacute;.<sup><a href="#notas">15</a></sup> Debe se&ntilde;alarse, adem&aacute;s, que si bien m&uacute;ltiples exposiciones y la presencia continua del par&aacute;sito mal&aacute;rico pueden producir inmunidad a los efectos m&aacute;s debilitantes de la enfermedad, tambi&eacute;n contribuyen a reducir la resistencia a otras enfermedades.<sup><a href="#notas">16</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el caso de la fiebre amarilla, la aparente inmunidad racial tambi&eacute;n era el resultado del ambiente de la enfermedad. La fiebre amarilla proporciona resistencia permanente a quienes la sobreviven. Al igual que muchos padecimientos infantiles, como la varicela, los casos contra&iacute;dos durante la ni&ntilde;ez tienden a ser mucho menos virulentos que los adquiridos durante la edad adulta. De este modo, crecer en un ambiente de prevalencia de fiebre amarilla pod&iacute;a proporcionar una especie de inoculaci&oacute;n inadvertida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tal inmunidad adquirida bien podr&iacute;a haber prevalecido entre personas de origen africano que hab&iacute;an crecido en el Caribe y Panam&aacute; (as&iacute; como entre aqu&eacute;llos de origen europeo), donde ocurr&iacute;an brotes epid&eacute;micos ocasionales de fiebre amarilla. Sin embargo, la resistencia no era en modo alguno universal, no ten&iacute;a nada que ver con la raza y deb&iacute;a ser obtenida de nuevo en cada generaci&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s all&aacute; de la inmunidad, sin embargo, Kenneth Kipple ha planteado que la gente de origen africano mostraba tasas de mortalidad por fiebre amarilla muy inferiores, una vez contra&iacute;da la enfermedad. Las razones de esta capacidad de sobrevivencia no son bien comprendidas a&uacute;n, pero las estad&iacute;sticas sugieren con toda claridad un diferencial significativo entre las tasas de mortalidad de negros y blancos &#151;aunque no entre las tasas de infecci&oacute;n&#151; durante los brotes de fiebre amarilla (Kipple 1984: 18&#45;19 y Kipple <i>et al.,</i> 1997).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kipple supone que la capacidad de muchos negros para sobrevivir a la enfermedad &#151;una capacidad que sugiere es hereditaria&#151; era, probablemente, el resultado de haber vivido en &Aacute;frica occidental, un ambiente en el que la fiebre amarilla era end&eacute;mica. De este modo, la resistencia de los negros a la fiebre amarilla resultaba de la combinaci&oacute;n de una alta incidencia de inmunidad adquirida, con alg&uacute;n tipo de caracter&iacute;stica hereditaria que contribu&iacute;a a la relativa facilidad con que muchos negros superaban la enfermedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una vez m&aacute;s, resulta claramente inexacto decir que todas las personas de ascendencia africana eran inmunes a la fiebre amarilla. En &aacute;reas en las que ni la poblaci&oacute;n negra ni la blanca hab&iacute;an adquirido inmunidad tras sobrevivir a contactos previos con la enfermedad, ambas poblaciones parec&iacute;an contraerla por igual. Sin embargo, por razones que los contempor&aacute;neos f&aacute;cilmente calificar&iacute;an como racistas, los negros disfrutaban de tasas superiores de sobrevivencia (Kipple, 1984).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al acercarnos al discurso sobre los tr&oacute;picos en el contexto de Panam&aacute;, es importante entender que ciertas premisas sobre las relaciones entre raza y enfermedad ten&iacute;an un respaldo emp&iacute;rico, el cual sirvi&oacute; de aliciente al uso de trabajadores de las Indias occidentales. En los casos de la malaria y la fiebre amarilla hab&iacute;a una poderosa evidencia sobre la capacidad de determinadas personas para resistir o superar estas fiebres. Sin embargo, la mera correlaci&oacute;n entre raza e inmunidad era una ficci&oacute;n que iba m&aacute;s all&aacute; de la evidencia disponible.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien los "nativos" (y en el caso de Panam&aacute; &eacute;ste es un t&eacute;rmino problem&aacute;tico, como se ver&aacute; enseguida) podr&iacute;an haber disfrutado de diversas ventajas para enfrentar las fiebres tropicales, otros males asociados a la construcci&oacute;n del Canal de Panam&aacute; afectaron de manera desproporcionada a la fuerza de trabajo afroantillana. La tuberculosis y la neumon&iacute;a asolaron a los trabajadores que no eran blancos, incluso despu&eacute;s de que la zona del canal fuera transformada por las pol&iacute;ticas sanitarias estadunidenses o quiz&aacute; debido al modo en que ocurri&oacute; esa transformaci&oacute;n. La neumon&iacute;a era un problema de especial gravedad entre los trabajadores del canal, que desempe&ntilde;aban sus labores durante largas horas en condiciones de gran humedad. De hecho, la neumon&iacute;a fue la principal causa de muerte entre todos los trabajadores del canal en cada uno de los a&ntilde;os para los que existen registros (Gorgas, 1913: 528); una vez m&aacute;s, los trabajadores negros sufrieron de manera desproporcionada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante los a&ntilde;os iniciales de la construcci&oacute;n del canal estadunidense, las tasas generales de mortalidad entre los trabajadores negros fueron tres veces mayores que las de los trabajadores blancos. Hacia 1908, ciertas reformas b&aacute;sicas, como la instalaci&oacute;n de secadoras cerca de los alojamientos de los trabajadores, hab&iacute;an reducido la mortalidad entre los trabajadores negros a la mitad.<sup><a href="#notas">17</a></sup> Esto, que bien pudo ser considerado como un logro sanitario de excepcional importancia, casi nunca fue mencionado en la literatura oficial disponible sobre el tema.<sup><a href="#notas">18</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como causa de mortalidad entre los trabajadores negros, muchos de los cuales proven&iacute;an de las Indias Occidentales, la neumon&iacute;a puso en cuesti&oacute;n la capacidad inherente de los negros para el trabajo en los tr&oacute;picos. Sin embargo, enfermedades como la tuberculosis y la neumon&iacute;a estaban demasiado difundidas para ser consideradas tropicales: por lo mismo, su aporte a la definici&oacute;n de los heroicos esfuerzos de Estados Unidos para someter al ambiente tropical fue poco relevante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En comparaci&oacute;n con la fiebre amarilla, estos males no planteaban grandes amenazas a los asentamientos estadunidenses en la zona del canal, al fr&aacute;gil apoyo p&uacute;blico al proyecto en Estados Unidos o a la creciente esfera de comercio a ser abierta cuando el canal estuviera construido. De hecho, uno de los grandes temores de los funcionarios estadunidenses, durante y despu&eacute;s de la construcci&oacute;n del canal, era el de que las nuevas rutas de comercio actuaran tambi&eacute;n como vectores de enfermedad. Utilizando lo que otros hab&iacute;an designado como el modelo de "ciudad&#45;puerto" para el control de enfermedades, los funcionarios estadunidenses buscaron crear en Panam&aacute; una zona sanitaria que ni amenazara a otros puertos con enfermedades ni fuera susceptible a enfermedades provenientes del exterior.<sup><a href="#notas">19</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando Estados Unidos se hizo cargo de la construcci&oacute;n del canal a principios del siglo XX, tras montar un golpe de Estado que desemboc&oacute; en la separaci&oacute;n de Panam&aacute; de Colombia y su independencia nominal, muchos vieron con preocupaci&oacute;n la experiencia francesa con la enfermedad. La mortalidad debida a enfermedad en las regiones tropicales del mundo hab&iacute;a frustrado durante largo tiempo a los poderes imperiales que buscaban establecer y desarrollar posesiones coloniales.<sup><a href="#notas">20</a></sup> Esto era as&iacute; tanto en Am&eacute;rica Latina como en Asia y &Aacute;frica. Por lo mismo, los estadunidenses percibieron su misi&oacute;n de un modo que no s&oacute;lo implicaba construir un canal a trav&eacute;s de una &aacute;spera regi&oacute;n tropical, sino que adem&aacute;s exig&iacute;a un ambiente reorganizado, que mitigara la misteriosa violencia de las enfermedades tropicales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al ser aceptada la teor&iacute;a del papel del mosquito en la transmisi&oacute;n de la malaria y la fiebre amarilla, los funcionarios estadunidenses trasladaron su comprensi&oacute;n del origen de estas fiebres tropicales desde el ambiente tropical mismo &#151;en particular las supuestas emanaciones miasm&aacute;ticas de las selvas y los pantanos, y las malas condiciones higi&eacute;nicas de quienes viv&iacute;an en los tr&oacute;picos&#151; a lo que era un elemento de dicho ambiente: el mosquito y los sitios en que se reproduc&iacute;a. Aun as&iacute;, ciertos elementos esenciales de la teor&iacute;a miasm&aacute;tica tuvieron un poder duradero: en m&uacute;ltiples sentidos, la teor&iacute;a del mosquito funcion&oacute; como una versi&oacute;n m&aacute;s refinada de la teor&iacute;a miasm&aacute;tica.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien el aislamiento del mosquito como origen de la enfermedad tropical permiti&oacute; llevar a cabo una campa&ntilde;a mucho m&aacute;s efectiva para hacer del Istmo un lugar m&aacute;s seguro para la vida de los estadunidenses, no constituy&oacute; una explicaci&oacute;n suficiente de las etiolog&iacute;as de la malaria y la fiebre amarilla. Los mosquitos eran tan solo los hospederos intermediarios de estas enfermedades, pero no su causa de origen (Delaporte,1991). La presencia de mosquitos portadores de la enfermedad no explicaba ni la presencia de la enfermedad misma ni los grandes problemas asociados a la decisi&oacute;n de llevar a cabo una empresa de tal magnitud.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las causas de la malaria y la fiebre amarilla estaban asociadas tanto con la inmigraci&oacute;n masiva de trabajadores y la concentraci&oacute;n de poblaciones carentes de inmunidad como con la presencia de determinados mosquitos. Sin embargo, la eliminaci&oacute;n o la expulsi&oacute;n de mosquitos (y humanos) potencialmente enfermos funcion&oacute; como una soluci&oacute;n t&eacute;cnica de una manera que no hubiera podido lograrse mediante la eliminaci&oacute;n de la fuerza de trabajo. As&iacute;, la erradicaci&oacute;n del mosquito fue el eje fundamental de la empresa sanitaria estadunidense en Panam&aacute;.<sup><a href="#notas">21</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la medida en que los funcionarios y los observadores fueron apreciando a cabalidad la eficacia de la erradicaci&oacute;n, convirtieron r&aacute;pidamente su conocimiento del papel del mosquito como vector en una condena. A lo largo del proceso naci&oacute; una nueva met&aacute;fora para el orden social y pol&iacute;tico con el mosquito en el papel de subversivo modelo. Con ello surgi&oacute; una metodolog&iacute;a para el asentamiento en los tr&oacute;picos, aun cuando no todos coincid&iacute;an en cuanto al grado en que as&iacute; se resolv&iacute;a el problema fundamental de la gente de clima templado que viv&iacute;a en regiones tropicales. Por &uacute;ltimo, la teor&iacute;a del mosquito alter&oacute; de manera fundamental los detalles de la respuesta t&eacute;cnica a estas enfermedades tropicales, si bien el &eacute;xito obtenido por Estados Unidos sirvi&oacute; para reforzar concepciones tradicionales acerca de los tr&oacute;picos que, en otras circunstancias, podr&iacute;an haberse debilitado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ronald Ross identific&oacute; el mosquito vector de la malaria en 1897, aunque hubo otros que reclamaron para s&iacute; porciones de este descubrimiento. Por lo general, se concede a Walter Reed el cr&eacute;dito por haber explicado a plenitud el papel del mosquito vector de la fiebre amarilla a trav&eacute;s de una serie de experimentos llevados a cabo en 1900, si bien Carlos Finlay hab&iacute;a postulado la teor&iacute;a del vector 20 a&ntilde;os antes. Como quiera que se atribuya el cr&eacute;dito, la identificaci&oacute;n y demostraci&oacute;n de los mosquitos vectores de la malaria y la fiebre amarilla a fines de la d&eacute;cada de 1890 fue el resultado de la r&aacute;pida maduraci&oacute;n de la medicina tropical.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La medicina tropical constituy&oacute; una disciplina con una diversidad de aspectos notables. En primer lugar, era un ejemplo maravilloso de un cuerpo disciplinar de conocimiento producido como un resultado directo del discurso sobre la tropicalidad y de su objetivo imperial de hacer de los tr&oacute;picos un lugar saludable y habitable para la gente de clima templado. Con participantes activos tanto en los n&uacute;cleos metropolitanos como en las periferias tropicales de varios imperios europeos, la medicina tropical floreci&oacute; entre fines del siglo XIX y principios del XX como un arma cient&iacute;fica del colonialismo.<sup><a href="#notas">22</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En segundo lugar, la medicina tropical fue una disciplina tanto biol&oacute;gica como m&eacute;dica y, como tal, constituye un maravilloso objeto de estudio para el historiador ambiental. En el preciso momento en que la medicina empezaba a concentrarse en el cuerpo y el pat&oacute;geno, y centrarse mucho m&aacute;s en el laboratorio, la medicina tropical proporcion&oacute; lo que uno podr&iacute;a llamar un modelo de historia natural para la comprensi&oacute;n y el control de la enfermedad (Worboys,1988:22). Aun recargada con toda clase de presunciones y metas ideol&oacute;gicas, la medicina tropical plante&oacute; un modelo ambiental para la comprensi&oacute;n de la enfermedad.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La malaria y la fiebre amarilla: elementos de su ecolog&iacute;a y su epidemiolog&iacute;a</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute; sea apropiado explicar aqu&iacute; con mayor detalle la ecolog&iacute;a y la epidemiolog&iacute;a de la malaria y la fiebre amarilla, dado que los funcionarios estadunidenses dispon&iacute;an de una comprensi&oacute;n moderna y cient&iacute;fica de estas enfermedades, as&iacute; fuera en una forma primitiva. La malaria, una antigua enfermedad con una larga historia de coevoluci&oacute;n con los humanos, es el resultado de ser parasitado por una de las cuatro especies del g&eacute;nero <i>Plasmodium.</i> El mosquito an&oacute;feles, espec&iacute;ficamente la hembra del g&eacute;nero, es el responsable de la transmisi&oacute;n de los par&aacute;sitos de un hospedero humano a otro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El an&oacute;feles, sin embargo, es algo m&aacute;s que una hipod&eacute;rmica alada: tambi&eacute;n sirve de hospedero para la fase sexual de la vida del par&aacute;sito. A partir del momento en que un an&oacute;feles se alimenta con la sangre de un hospedero humano del Plasmodium, deben transcurrir de 10 a 20 d&iacute;as antes de que se complete la fase sexual y el mosquito se torne capaz de transmitir la malaria a otros seres humanos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es evidente que la presencia del an&oacute;feles constituye un requisito fundamental para la transmisi&oacute;n de la malaria. Si bien existen m&aacute;s de 400 especies de mosquitos an&oacute;feles, s&oacute;lo 67 han demostrado ser vectores de la enfermedad, y &uacute;nicamente 30 son vectores de importancia. En cualquier &aacute;rea en que la malaria sea end&eacute;mica, tan solo algunas de estas especies har&aacute;n la mayor parte del trabajo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Debido a lo variado de los h&aacute;bitos de estas diferentes especies de an&oacute;feles, la malaria se manifiesta a menudo de maneras particulares en lugares particulares. Los factores de importancia aqu&iacute; incluyen que una especie dada de an&oacute;feles prefiera hospederos humanos o animales y que &eacute;stos est&eacute;n disponibles o no; que existan las condiciones necesarias de calor, humedad y precipitaci&oacute;n pluvial para que la especie local de an&oacute;feles se reproduzca y sobreviva; que exista una poblaci&oacute;n humana susceptible a la malaria y otra que sirva como foco de la infecci&oacute;n, y que una cantidad suficiente de mosquitos vectores sobreviva el tiempo necesario para que se complete la fase sexual del desarrollo del par&aacute;sito (Bruce&#45;Chwatt,1987: 82). Una constante, en todo caso, es que el an&oacute;feles tiende a favorecer charcos y otros cuerpos peque&ntilde;os de agua estancada y que esa clase de sitios prevalecen a menudo en ambientes que han sido perturbados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La malaria puede existir tanto en forma end&eacute;mica como epid&eacute;mica. En una situaci&oacute;n end&eacute;mica, la incidencia de la malaria es m&aacute;s o menos constante, debido en gran medida a condiciones consistentes de transmisi&oacute;n. Tales condiciones incluyen un clima consistente a lo largo del a&ntilde;o, caracter&iacute;stico de zonas tropicales, la estabilidad de las poblaciones humanas y la ausencia de cambios ambientales que puedan alterar de manera radical la capacidad de reproducci&oacute;n de los mosquitos. Tales situaciones de estabilidad end&eacute;mica est&aacute;n asociadas a un alto grado de resistencia entre las poblaciones locales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La malaria es epid&eacute;mica en condiciones en las que la transmisi&oacute;n y la infecci&oacute;n ocurren en olas. La malaria epid&eacute;mica puede tener un origen estacional, a menudo, por ejemplo, durante los meses c&aacute;lidos del verano en regiones subtropicales y templadas. Sin embargo, otras condiciones tambi&eacute;n pueden producir malaria en forma epid&eacute;mica, por ejemplo, un r&aacute;pido aumento del n&uacute;mero de personas carentes de inmunidad en la poblaci&oacute;n local o un incremento en el &eacute;xito reproductivo de los mosquitos vectores (Bruce&#45;Chwatt, 1987: 8283). Estas dos &uacute;ltimas condiciones ocurrieron en Panam&aacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Existen algunas similitudes importantes entre la malaria y la fiebre amarilla. La fiebre amarilla tambi&eacute;n es una enfermedad transmitida por mosquitos, en particular por la hembra del <i>Aedes aegypti.</i> Al igual que la malaria, el virus de la fiebre amarilla tambi&eacute;n debe pasar por un periodo de incubaci&oacute;n de entre 9 y 18 d&iacute;as en el mosquito. Este per&iacute;odo de incubaci&oacute;n constituy&oacute; un importante problema para la demostraci&oacute;n de la transmisi&oacute;n de la fiebre amarilla por el mosquito.<sup><a href="#notas">23</a></sup> Sin embargo, tiempo m&aacute;s all&aacute; y dentro de estas similitudes, existen algunas importantes diferencias entre ambas enfermedades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mientras el an&oacute;feles es, por lo general, un mosquito rural, que abunda en el per&iacute;metro de las aldeas y en &aacute;reas perturbadas por la actividad agr&iacute;cola, el Aedes es un mosquito urbano, que no s&oacute;lo depende de manera exclusiva de la sangre humana para su alimentaci&oacute;n, sino que, adem&aacute;s, requiere de una fuente de agua limpia para reproducirse y subsistir. El <i>Aedes aegypti</i> muestra particular predilecci&oacute;n por barriles y tinajas, y tiene una especial disposici&oacute;n a reproducirse en recipientes de arcilla.<sup><a href="#notas">24</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata, en suma, de un mosquito muy bien adaptado a la vida en &aacute;reas tropicales en que se concentra una poblaci&oacute;n humana carente de servicio dom&eacute;stico de agua potable. El <i>Aedes aegypti,</i> adem&aacute;s, tiene un radio de vuelo corto &#151;por lo general, apenas unos centenares de yardas&#151; y depende, por tanto, de poblaciones m&aacute;s bien densas para cumplir su papel de transmisor de la fiebre amarilla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al igual que la malaria, la fiebre amarilla existe tanto en forma end&eacute;mica como epid&eacute;mica, aunque estas formas presentan peculiaridades muy distintas. A diferencia de la malaria, una enfermedad en la que los par&aacute;sitos pasaron de otros vertebrados a los humanos hace mucho tiempo y desde entonces coevolucionan con ellos, la fiebre amarilla tiene su origen en un virus que ha encontrado en fecha mucho m&aacute;s reciente un hogar en nuestra especie. La fiebre amarilla es end&eacute;mica en regiones de &Aacute;frica y Am&eacute;rica en una forma enzo&oacute;tica o selv&aacute;tica &#151;lo cual quiere decir que pasa de los monos a los humanos, en este caso a trav&eacute;s de especies de <i>Aedes</i> que usualmente no son atra&iacute;das por nuestra especie&#151;. Para infectar a los humanos, la enfermedad debe descender de la copa de los &aacute;rboles; por lo mismo, esta forma end&eacute;mica de la fiebre amarilla se asocia a menudo con actividades que perturban el bosque.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La fiebre amarilla se torna epid&eacute;mica cuando un humano infectado llega a un &aacute;rea urbana en la que existen poblaciones densas tanto de humanos como de <i>Aedes aegypti.</i> Debido a que, a diferencia de la malaria, la fiebre amarilla no persiste por largo tiempo en sus hospederos humanos &#151;de hecho, los mosquitos deben picar al enfermo entre tres y seis d&iacute;as despu&eacute;s del comienzo de la enfermedad para transmitir el virus&#151;, y puesto que quienes sobreviven a la enfermedad se tornan inmunes, la fiebre amarilla se presentaba a menudo en forma de virulentas epidemias que agotaban r&aacute;pidamente la poblaci&oacute;n de hospederos humanos carentes de inmunidad y desaparec&iacute;an despu&eacute;s durante una o dos generaciones. Mientras la malaria fue y sigue siendo una enfermedad latente, la fiebre amarilla tend&iacute;a a ocurrir en dram&aacute;ticas conflagraciones y era una enfermedad especialmente temible en un contexto de transporte y comercio interurbano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La fiebre amarilla result&oacute; una enfermedad mucho m&aacute;s f&aacute;cil de controlar que la malaria, una vez que se confirm&oacute; el papel del vector, sobre todo mediante campa&ntilde;as espec&iacute;ficamente dirigidas contra el mosquito, la colocaci&oacute;n de pantallas de tela met&aacute;lica en las ventanas y la modernizaci&oacute;n del abastecimiento de agua y la infraestructura urbana.<sup><a href="#notas">25</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De hecho, las experiencias estadunidenses en La Habana y Panam&aacute; se contaron entre las primeras lecciones objetivas sobre este tipo de control. Debo hacer notar, sin embargo, que la movilizaci&oacute;n estadunidense en Panam&aacute; produjo las mismas condiciones ideales para la fiebre amarilla &#151;r&aacute;pida urbanizaci&oacute;n, introducci&oacute;n de gran n&uacute;mero de personas carentes de inmunidad y contacto comercial con &aacute;reas de fiebre amarilla end&eacute;mica o epid&eacute;mica&#151; que la pol&iacute;tica sanitaria estadunidense tuvo tanto &eacute;xito en mitigar. Aun as&iacute;, el control de la fiebre amarilla en esas circunstancias fue celebrado como una conquista tropical, una victoria sobre la tenaz naturaleza de lugares como Panam&aacute;.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Tropicalidad y pol&iacute;tica sanitaria</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1898, Benjamin Kidd public&oacute; el tratado <i>Control of the Tropics,</i> que devela de manera caracter&iacute;stica los elementos ideol&oacute;gicos subyacentes al discurso sobre los tr&oacute;picos en este periodo. Trat&aacute;ndose de un brit&aacute;nico, Kidd escrib&iacute;a en un contexto diferente, pero sus ideas eran consonantes con las expresadas por los estadunidenses durante el mismo periodo. Al debatir la eficacia del control tropical en un mundo cambiante, Kidd ofreci&oacute; algunas sugerencias fascinantes sobre las formas en que el imperio brit&aacute;nico &#151;y por asociaci&oacute;n, una alianza de los pueblos que agrupaba en la categor&iacute;a de "razas occidentales"&#151; podr&iacute;a controlar el desarrollo de las regiones tropicales del mundo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Kidd, la regi&oacute;n era un gran reservorio de recursos naturales y constitu&iacute;a la siguiente frontera l&oacute;gica del desarrollo econ&oacute;mico global. Sin embargo, Kidd se aten&iacute;a a</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">... una firme convicci&oacute;n sobre el car&aacute;cter antinatural intr&iacute;nseco a la idea misma de la aclimataci&oacute;n a los tr&oacute;picos, y de cualquier intento que esa idea motive para revertir por cualquier medio el lento y prolongado proceso de evoluci&oacute;n que (ha) producido una l&iacute;nea divisoria tan profunda entre los habitantes de los tr&oacute;picos y los de las regiones templadas (Kidd, 1898: 45).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su rechazo a la aclimataci&oacute;n, su pensamiento se integraba a la tendencia, m&aacute;s amplia, al endurecimiento de las diferencias isotermales y raciales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al propio tiempo, sin embargo, si por un lado advert&iacute;a en&eacute;rgicamente contra el asentamiento de personas originarias de clima templado en los tr&oacute;picos &#151;"que figuran entre las m&aacute;s extra&ntilde;as e insalubres condiciones f&iacute;sicas y morales" (Kidd, 1898: 40)&#151;, por otro, no pod&iacute;a ignorar la promesa comercial del desarrollo de esas regiones, en las que "la naturaleza ha hecho tanto, que es poco lo que le queda al hombre por hacer". El "atraso" de los pueblos tropicales constitu&iacute;a un obst&aacute;culo en la mentalidad de Kidd. Comparaba a quienes viv&iacute;an en los tr&oacute;picos con "un mont&oacute;n de semib&aacute;rbaros en una casa bellamente amueblada" (Kidd, 1898: 44).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kidd permaneci&oacute; de este modo en una contradicci&oacute;n insoluble. Los tr&oacute;picos ten&iacute;an que ser desarrollados, pero no pod&iacute;an ser ocupados por aqu&eacute;llos menos preparados para llevar a cabo esa tarea. La soluci&oacute;n que propuso consisti&oacute; en promover un sistema de comercio &#151;un imperialismo mercantil antes que un sistema de asentamientos coloniales&#151;, que permitiera controlar los tr&oacute;picos desde los sitiales del poder econ&oacute;mico ubicados en el mundo templado. En manos de Kidd, la ambivalencia tropical &#151;la promesa de productividad de los tr&oacute;picos y los peligros del clima y las enfermedades tropicales&#151; encontraban soluci&oacute;n mediante una singular estrategia geopol&iacute;tica.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Muchos identificaron los resultados de la enfermedad con las dificultades que el clima impon&iacute;a a los trabajadores. Se dec&iacute;a que el clima tropical era "enervante" debido al calor, la humedad, el deterioro, la suciedad y la enfermedad, todo ello (o alguna combinaci&oacute;n de esos elementos) en permanente conspiraci&oacute;n para privar a los individuos de su capacidad de trabajo y su entereza moral.<sup><a href="#notas">26</a></sup> Esta aglomeraci&oacute;n de temores miasm&aacute;ticos defini&oacute; la actitud de los franceses ante los tr&oacute;picos como un lugar de enfermedad y fue dominante en los escritos de algunos comentaristas posteriores, aun despu&eacute;s del descubrimiento de los mosquitos vectores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al estar disponible la teor&iacute;a del mosquito, otros insistieron en que hab&iacute;a ocurrido una revoluci&oacute;n en el modo de concebir y ejercer el saneamiento en los tr&oacute;picos &#151;la cual separaba de manera dram&aacute;tica el &eacute;xito de los estadunidenses y el fracaso franc&eacute;s&#151;, que promet&iacute;a separar los hechos cient&iacute;ficos de la superstici&oacute;n tropical. Joseph Bucklin Bishop, secretario de la Comisi&oacute;n del Canal &iacute;stmico (CCI), vio en la teor&iacute;a del mosquito</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">... un descubrimiento que, como un rayo de luz, aporta una completa revoluci&oacute;n en los modelos existentes de saneamiento tropical... (al llevar) a la ciencia m&eacute;dica del pantano de los intentos a ciegas... al terreno firme del conocimiento exacto (Bishop, 1914: 223).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Bishop, el triunfo estadunidense en Panam&aacute; pod&iacute;a ser explicado mediante un cambio de paradigma intelectual y administrativo, una jornada que iba de la oscuridad a la luz. "La demostraci&oacute;n fue tan clara", conclu&iacute;a, "que el saneamiento del Istmo o de cualquier otra parte de los tr&oacute;picos o del mundo se convert&iacute;a en un mero problema de administraci&oacute;n inteligente" (Bishop, 1914: 237). Aun as&iacute;, seg&uacute;n se evidencia con claridad tanto en la met&aacute;fora de Bishop como en otros comentaristas, el ambiente no quedaba fuera de cuesti&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De hecho, la teor&iacute;a del mosquito estimul&oacute; los temores que provocaban las condiciones tropicales. En vez de emitir exhalaciones mortales, los tr&oacute;picos se convirtieron en una regi&oacute;n caracterizada por su prodigiosa capacidad para producir mosquitos. La teor&iacute;a del mosquito, como se ver&aacute; enseguida, tambi&eacute;n ofreci&oacute; a los funcionarios de salud un argumento mucho m&aacute;s preciso para se&ntilde;alar a las razas y los cuerpos del tr&oacute;pico como amenazas a la salud.<sup><a href="#notas">27</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El r&aacute;pido crecimiento de la vegetaci&oacute;n enfrent&oacute; a los constructores del canal con otro adversario tangible. La selva parec&iacute;a tener una conducta predadora, que amenazaba constantemente a las pocas posiciones avanzadas de la civilizaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nos jactamos de haber dominado a la naturaleza en el Istmo, "pero apenas hemos logrado una tregua en una estrecha faja de terreno entre dos oc&eacute;anos. La vigilancia permanente ser&aacute; el precio de la seguridad, incluso all&iacute;" (Abbot, 1914: 6).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otros insistieron en que el ambiente tropical planteaba ante todo un desaf&iacute;o moral, pues era un medio tan desmoralizador que estimulaba el temor y los malos h&aacute;bitos. Tracy Robinson, residente en el Istmo durante largo tiempo, ejemplifica este tipo de vinculaciones, muy comunes por lo dem&aacute;s:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">... muchos extranjeros han sido v&iacute;ctimas del temor, antes que de la fiebre; otros muchos han sido la causa de su propia destrucci&oacute;n, al entregarse a la bebida, que es la mayor maldici&oacute;n de la humanidad en todas las tierras, pero sobre todo en los pa&iacute;ses c&aacute;lidos (Robinson, 1914: 6).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Robinson buscaba desmentir lo que, en su opini&oacute;n, era una percepci&oacute;n a la vez errada y generalizada sobre la naturaleza insalubre de los tr&oacute;picos, aunque algunos de sus comentarios dejan en evidencia que no hab&iacute;a llegado a ponerse al d&iacute;a con el nuevo conocimiento m&eacute;dico. "La vegetaci&oacute;n es tosca y decae con tanta rapidez... que la atm&oacute;sfera se torna m&aacute;s o menos envenenada por emanaciones da&ntilde;inas para la salud" (Robinson, 1914: 236). Para el autor, sobrevivir en Panam&aacute; era un problema de disciplina personal, alejarse del vicio y del sentido com&uacute;n. En su opini&oacute;n, h&aacute;bitos de frugalidad, temperancia e higiene eran casi suficientes para garantizar la sobrevivencia. Los degenerados tr&oacute;picos pod&iacute;an ser resistidos &uacute;nicamente a trav&eacute;s de la fortaleza moral.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otros t&oacute;picos de consenso sobre los tr&oacute;picos ten&iacute;an una presencia igualmente ubicua entre los comentaristas estadunidenses. Al igual que Kidd, muchos ve&iacute;an los tr&oacute;picos como una regi&oacute;n de gran riqueza potencial. Tracy Robinson (1914: 265), citando a Kidd, declaraba que los tr&oacute;picos podr&iacute;an ser "las regiones de mayor producci&oacute;n de alimentos y materias primas del planeta". Tanto Robinson como William Gorgas sostuvieron que los tr&oacute;picos contaban con una clara ventaja sobre las regiones templadas en el rendimiento de la producci&oacute;n agr&iacute;cola por unidad de labor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una cantidad dada de trabajo aplicada a la tierra "producir&aacute; una cantidad de riqueza mucho mayor que la misma cantidad de trabajo aplicada de la misma manera en las regiones templadas". Agregaba:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">...adem&aacute;s de ser estas tierras m&aacute;s productivas que las de la zona templada, las condiciones del clima permiten al agricultor producir varias cosechas al a&ntilde;o. Cuando los tr&oacute;picos sean ocupados y cultivados por el hombre blanco, producir&aacute;n una cantidad de alimentos muy superior a la que hoy se produce en las regiones templadas (Gorgas, 1915: 289&#45;290).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como lo ilustra el comentario de Gorgas, la supuesta fertilidad prol&iacute;fica de los tr&oacute;picos, el gran rendimiento del propio trabajo y la aparente paradoja del estado de subdesarrollo de las regiones tropicales del mundo eran frecuentemente utilizadas para explicar la aparente pereza de las "razas tropicales". A lo largo y ancho de la literatura se insiste en que los trabajadores nativos y de las Indias occidentales, a pesar de sus supuestas ventajas en materia de salud, eran menos eficientes que los trabajadores europeos y estadunidenses.<sup><a href="#notas">28</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A menudo, esto era asociado al hecho de que estos trabajadores pod&iacute;an proporcionarse su propio sustento sin mucho esfuerzo en sus hogares del tr&oacute;pico y carec&iacute;an, por tanto, de ambici&oacute;n de acumular riquezas. En este sentido, el medio tropical era realmente ed&eacute;nico. Sin embargo, en vez de percibir los tr&oacute;picos como un para&iacute;so en usufructo, la mayor parte de los comentaristas invocaba estas condiciones con el prop&oacute;sito de explicar la falta de "desarrollo" en los tr&oacute;picos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El contexto, aqu&iacute;, consist&iacute;a en que la incursi&oacute;n estadunidense en los tr&oacute;picos requerir&iacute;a del trabajo eficiente de los inmigrantes en la regi&oacute;n. Para muchos, antes de que tal eficiencia en el trabajo pudiera ser lograda, era necesario rectificar la pobre &eacute;tica laboral estimulada por la abundancia tropical. Los estadunidenses se preocupaban por la salud de su &eacute;tica laboral, que para muchos era un producto de los desaf&iacute;os del clima en las regiones templadas, al ser importada a un nuevo ambiente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Visto en este contexto, la enfermedad tropical planteaba, ante todo, el problema de mantener una fuerza de trabajo moderna y eficiente en un ambiente que supuestamente estimulaba la pereza. El Informe de la Comisi&oacute;n Walker, redactado antes del inicio de la construcci&oacute;n del canal, especulaba que "la mayor dificultad a ser encarada en la construcci&oacute;n del canal consistir&aacute; en disponer de una fuerza adecuada de trabajadores, y en preservar su salud y su eficiencia".<sup><a href="#notas">29</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La paradoja interna de este discurso consist&iacute;a en que, en un ambiente en el que determinado grupo parec&iacute;a destinado por la naturaleza a trabajar, la propia naturaleza se hab&iacute;a manifestado de maneras que parec&iacute;an requerir poco trabajo para sobrevivir. El resultado fue que el grupo al que la naturaleza hab&iacute;a revelado como el m&aacute;s apto para el trabajo en los tr&oacute;picos era tambi&eacute;n, debido a la naturaleza de los tr&oacute;picos, el menos eficiente de todos los grupos de trabajadores. La naturaleza tropical parec&iacute;a estar operando a ambos lados de la calle. Los funcionarios estadunidenses se ve&iacute;an obligados, simult&aacute;neamente, a combatir la enfermedad y la voracidad de la selva, y a resolver problemas laborales que parec&iacute;an de origen natural.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es un hecho bien conocido que Estados Unidos estableci&oacute; en la zona del canal un sistema de discriminaci&oacute;n especialmente r&iacute;gido. A los trabajadores negros y blancos se les pagaba salarios diferentes, mediante tasas conocidas como <i>silver roll</i> y <i>gold roll,</i> y eran alojados y alimentados en instalaciones segregadas. Exist&iacute;a un amplio n&uacute;mero de motivaciones detr&aacute;s de este sistema, si bien el racismo nunca estaba muy lejos de la superficie.<sup><a href="#notas">30</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El miedo a la enfermedad tambi&eacute;n pudo desempe&ntilde;ar un papel en la creaci&oacute;n de este sistema segregado. Sin duda, la extrema dependencia de trabajadores que no eran ni blancos ni estadunidenses ten&iacute;a alguna base en una supuesta inmunidad a la enfermedad. Tambi&eacute;n exist&iacute;an razones epidemiol&oacute;gicas que podr&iacute;an haber hecho parecer la segregaci&oacute;n como una medida sanitaria adecuada. Aun si esta racionalidad sanitaria hubiera sido inherente a una pol&iacute;tica racista, la pol&iacute;tica segregacionista produjo una demograf&iacute;a inequitativa del malestar y la enfermedad en Panam&aacute;, que vale la pena explicar.<sup><a href="#notas">31</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la secci&oacute;n dedicada al saneamiento de la descripci&oacute;n en dos vol&uacute;menes del proyecto del canal hecha por George Goethals, Charles F. Mason deline&oacute; los pasos de un procedimiento para enfrentar la malaria, que reflejaba en gran medida la perspectiva adoptada respecto a Panam&aacute;. Dichos pasos inclu&iacute;an la eliminaci&oacute;n de los criaderos del an&oacute;feles, la destrucci&oacute;n de larvas y adultos, la distribuci&oacute;n de quinina con fines profil&aacute;cticos y la protecci&oacute;n de los humanos mediante m&eacute;todos como el uso de pantallas de tela met&aacute;lica en las ventanas y de mosquiteros para dormir. Mason, sin embargo, tambi&eacute;n exhortaba a la segregaci&oacute;n de los empleados, esto es, a ubicar los asentamientos de quienes carecen de inmunidad tan lejos como sea posible de los caser&iacute;os de los nativos, cuyos habitantes constituyen reservorios en los que los mosquitos obtienen su infecci&oacute;n (Mason,1916: 95).<sup><a href="#notas">32</a></sup> De hecho, la teor&iacute;a del mosquito profundiz&oacute; el miedo a los "nativos" y podr&iacute;a haber contribuido a su segregaci&oacute;n efectiva. Al menos, proporcion&oacute; un argumento m&eacute;dico racional para la preservaci&oacute;n de tal sistema.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es dif&iacute;cil decir c&oacute;mo oper&oacute; esta pol&iacute;tica en t&eacute;rminos espec&iacute;ficos. Mason parece haber designado como "nativos" a quienes ya viv&iacute;an al momento de la llegada de Estados Unidos. En t&eacute;rminos demogr&aacute;ficos, el Istmo era un lugar diverso y confuso. Habiendo sido una encrucijada comercial durante largo tiempo, grupos muy diversos se hab&iacute;an tornado nativos de las ciudades terminales del canal, la de Panam&aacute; y la de Col&oacute;n. La fiebre del oro hab&iacute;a atra&iacute;do a toda clase de viajeros al Istmo. Trabajadores de las Indias occidentales y de China fueron tra&iacute;dos para la construcci&oacute;n del ferrocarril trans&iacute;stmico en la d&eacute;cada de 1850, y otra oleada de antillanos lleg&oacute; para la construcci&oacute;n del canal franc&eacute;s en la de 1880. Muchos integrantes de cada uno de esos grupos permanecieron en el pa&iacute;s. Otros inmigrantes provenientes de Am&eacute;rica Latina, Europa, Am&eacute;rica del Norte y Asia pod&iacute;an decir que eran nativos de Panam&aacute;; a ello se agregaba una poblaci&oacute;n ind&iacute;gena significativa que habitaba en las regiones m&aacute;s aisladas del Istmo. Cuando los comentaristas hablaban de los "nativos", con frecuencia se refer&iacute;an a este conjunto heterog&eacute;neo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El t&eacute;rmino "nativos" puede haber servido, en ocasiones, para designar a quienes viv&iacute;an fuera del per&iacute;metro sanitario estadunidense. En esta perspectiva, la noci&oacute;n de Mason de los nativos como un reservorio de enfermedad podr&iacute;a haber excluido t&eacute;cnicamente a muchos de los trabajadores importados de las Indias occidentales que no eran originarios de Panam&aacute; (aunque eran nativos de los tr&oacute;picos y por ello f&aacute;cilmente asimilables con otros nativos) y que a menudo viv&iacute;an bajo control estadunidense en residencias que les eran proporcionadas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, exist&iacute;a otra tendencia que bien puede haber contribuido a hacer a&uacute;n m&aacute;s confusa la distinci&oacute;n entre los nativos y los trabajadores importados. Por diversas razones &#151;que inclu&iacute;an la escasez de viviendas, el elevado precio de &eacute;stas y de los alimentos proporcionados por la Compa&ntilde;&iacute;a del Canal, el alojamiento en barracas que negaba a los trabajadores antillanos la privacidad o la vida en familia, el reclutamiento e inmigraci&oacute;n de muchos m&aacute;s antillanos de los que pod&iacute;an ser empleados y el sentimiento generalizado de que la PCC controlaba en exceso a sus trabajadores&#151; los antillanos empezaron a emigrar hacia las ciudades terminales del canal y hacia la selva, creando comunidades propias.<sup><a href="#notas">33</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien algunos funcionarios estadunidenses se mostraban preocupados por tales movimientos, otros manifestaban su satisfacci&oacute;n por excluir del programa sanitario a estos expatriados y, con toda evidencia, por excluir de sus estad&iacute;sticas oficiales de morbilidad y mortalidad los problemas m&eacute;dicos que aquejaban a esta poblaci&oacute;n. Aun m&aacute;s, es importante se&ntilde;alar que el desarrollo de comunidades de precaristas en las selvas paname&ntilde;as parece haber propiciado precisamente el tipo de perturbaciones ambientales que favorecen la transmisi&oacute;n de la malaria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien la mayor&iacute;a de los inmigrantes pasaba por un control sanitario antes de que se les permitiera ingresar a Panam&aacute;, parece muy probable que muchos de ellos, una vez establecidos m&aacute;s all&aacute; de las posibilidades de control por los estadunidenses, de hecho contra&iacute;an la malaria en mayor n&uacute;mero que los que permanec&iacute;an al amparo de &eacute;stos.<sup><a href="#notas">34</a></sup> Fueran o no v&iacute;ctimas de la malaria, el hecho es que los funcionarios estadunidenses percib&iacute;an a quienes viv&iacute;an fuera del per&iacute;metro sanitario como una grave amenaza. De este modo, la especificidad racial de la infecci&oacute;n mal&aacute;rica y la idea planteada del ideal de la segregaci&oacute;n sanitaria fueron, resultado de las pr&aacute;cticas de alojamiento segregado y desigual que llevaron a muchos trabajadores de color a "convertirse en nativos".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los nativos, los mosquitos y las condiciones ambientales que contribu&iacute;an a la reproducci&oacute;n de los mosquitos fueron separados como una medida de pol&iacute;tica ilustrada, de las &aacute;reas en que se asentaron los estadunidenses. Esta separaci&oacute;n sanitaria reflej&oacute; las absolutas distinciones entre las regiones tropicales y las templadas. Una infraestructura moderna de calles pavimentadas, alcantarillados y arquitectura sanitaria recrearon est&eacute;ticamente esa diferencia tajante.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta l&iacute;nea divisoria, sin embargo, iba m&aacute;s all&aacute; de la est&eacute;tica. Las etapas iniciales de la urbanizaci&oacute;n en Panam&aacute; &#151;en particular la introducci&oacute;n de una gran fuerza de trabajo y la perturbaci&oacute;n ambiental&#151; hab&iacute;an exacerbado notablemente los problemas relacionados con la enfermedad, al proporcionarle a los mosquitos "material inflamable" (esto es, humanos carentes de inmunidad) para conflagraciones epid&eacute;micas de fiebre amarilla y para mantener encendido el brasero de la malaria. Una vez creados estos problemas, los estadunidenses tuvieron la necesidad de disponer de infraestructuras modernas para enfrentar estas enfermedades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las calles pavimentadas, pro ejemplo, ayudaban a eliminar los charcos de agua estancada que resultaban ideales para la reproducci&oacute;n del mosquito. El servicio de acueducto convirti&oacute; en obsoletas las cisternas para el acopio de agua de lluvia en la mayor parte de la zona del canal. En otros t&eacute;rminos, all&iacute; donde las etapas iniciales de la urbanizaci&oacute;n hab&iacute;an creado condiciones ideales para la difusi&oacute;n de enfermedades, la modernizaci&oacute;n de la infraestructura hab&iacute;a sometido a control dichas condiciones, pero s&oacute;lo en &aacute;reas determinadas. El saneamiento de la zona del canal condujo, as&iacute;, a una forma de desarrollo desigual que contribuy&oacute; a proteger de las enfermedades tropicales a los estadunidenses blancos, mientras tend&iacute;a a empujar a la gente de color hacia situaciones de mayor riesgo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El saneamiento de Panam&aacute; fue un proyecto de ingenier&iacute;a social y ambiental, que William Gorgas llev&oacute; a cabo prestando cuidadosa atenci&oacute;n a unos pocos modelos previos. El primero fue el suyo. Gorgas hab&iacute;a obtenido su fama en la campa&ntilde;a para liberar a La Habana de la fiebre amarilla despu&eacute;s de la Guerra Hispano&#45;Americana. Con el conocimiento sobre el mecanismo de transmisi&oacute;n de la fiebre amarilla que le proporcionara su mentor Walter Reed, Gorgas tuvo &eacute;xito al eliminar la enfermedad de La Habana mediante la fumigaci&oacute;n de las casas y la eliminaci&oacute;n de los criaderos del mosquito aedes. Gorgas utiliz&oacute; el mismo enfoque para eliminar r&aacute;pidamente las condiciones favorables a la difusi&oacute;n de la fiebre amarilla en el Istmo. Sin embargo, la malaria result&oacute; m&aacute;s dif&iacute;cil de controlar. Gorgas dise&ntilde;&oacute; la campa&ntilde;a contra la malaria en Panam&aacute; a partir de la obra de Ronald Ross, un m&eacute;dico brit&aacute;nico que emergi&oacute; de la oscuridad de su empleo en la India para ganar el Premio N&oacute;bel de Medicina en 1902 por su descubrimiento de que el mosquito an&oacute;feles era el transmisor de la enfermedad. Ese mismo a&ntilde;o dio a conocer un programa sanitario basado en sus descubrimientos, mediante un folleto titulado <i>Las brigadas contra el mosquito y c&oacute;mo organizarlas</i> (Ross, 1902).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Ross, el objetivo del saneamiento era la erradicaci&oacute;n de las condiciones favorables a la reproducci&oacute;n del mosquito; estaba convencido de que esto pod&iacute;a ser logrado en primer t&eacute;rmino mediante el control del comportamiento humano. Los habitantes de los tr&oacute;picos, dec&iacute;a, eran los primeros responsables por la ubicuidad de la vida del mosquito.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la mayor parte de los pueblos en los que abundan los mosquitos podemos estar seguros de que la vasta mayor&iacute;a de los mismos se reproduce en el propio pueblo en las alcantarillas, las zanjas, los charcos de las calles, los jardines y los estanques que existen entre las casa (Ross,1902: 11).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto exig&iacute;a organizar brigadas con la doble responsabilidad de liberar al pueblo de mosquitos y vigilar a los habitantes. El poder militar era crucial para lograr ese grado de control y esta fue ciertamente la principal ventaja de que disfrut&oacute; Gorgas en Panam&aacute;. As&iacute;, Ross aport&oacute; un excelente ejemplo de lo profundo que lleg&oacute; a ser la influencia militar en el lenguaje y las met&aacute;foras de esta lucha contra los mosquitos. En muchos sentidos, la "guerra contra los insectos" de los estadunidenses a lo largo del siglo XX tiene sus or&iacute;genes en estas campa&ntilde;as de principios de la centuria.<sup><a href="#notas">35</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El aspecto m&aacute;s impresionante de la prognosis de Ross era la forma en que, al invocar su descubrimiento m&eacute;dico y contrastarlo con lo equivocado de las otras teor&iacute;as, acusaba a los tr&oacute;picos de ser, adem&aacute;s de un ambiente natural peligroso, un lugar cuyos propios habitantes creaban los problemas de enfermedad a trav&eacute;s de su ignorancia de la etiolog&iacute;a de &eacute;sta. Ross combinaba as&iacute; una comprensi&oacute;n social de las condiciones propicias a la malaria, con una acusaci&oacute;n social contra los tr&oacute;picos. Desde su punto de vista, lo que se encontraba atrincherado en esas regiones era tanto la ignorancia, como la naturaleza. No es de sorprender, por tanto, que la segregaci&oacute;n fuera tambi&eacute;n un importante componente del programa de Ross.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segregaci&oacute;n de los europeos</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">es la &uacute;ltima medida que se recomienda, y es con toda evidencia excelente en relaci&oacute;n con todas las enfermedades. La buena salud de que disfrutan los ingleses en la mayor parte de sus asentamientos en la India se debe probablemente en gran medida al hecho de que viven separados de los nativos en barrios diferentes. Por desgracia, en muchos casos la segregaci&oacute;n requerir&aacute; de la construcci&oacute;n de asentamientos frescos a un alto costo; proteger&aacute; tan s&oacute;lo a las personas que est&aacute;n segregadas, y eso &uacute;nicamente si esas personas se abstienen de ir a otras partes del pueblo (Ross, 1902: 50).<sup><a href="#notas">36</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al igual que Charles Mason, Ross se preocupaba por los nativos como reservorio de enfermedades. Sin embargo, a diferencia de Mason, era insistente en que la principal causa de la prevalencia de enfermedades en los tr&oacute;picos radicaba en el comportamiento "incivilizado" de aqu&eacute;llos. Ambos razonamientos conduc&iacute;an de distintos modos a las separaci&oacute;n f&iacute;sica y social de los estadunidenses blancos con respecto a las otras razas "de color" en la zona del canal y a la propagaci&oacute;n del miedo hacia estas razas como fuente potencial, aunque indirecta, de enfermedad. La pol&iacute;tica social de Estado Unidos vino a estar, as&iacute;, "imbuida por el imaginario de la enfermedad infecciosa como met&aacute;fora societal"(Swanson, 1977: 387). Su lucha contra la enfermedad enemiga era f&aacute;cilmente identificada con el esfuerzo vigilante para mantener separados entre s&iacute; a la gente de los tr&oacute;picos y la de las regiones templadas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El hecho de que la construcci&oacute;n del canal contribuy&oacute; en gran medida al incremento de los problemas de enfermedad tropical fue se&ntilde;alado con toda claridad por Joseph LePrince y A.J. Orenstein en su memoria <i>Mosquito Control in Panama.</i> Si bien apareci&oacute; con frecuencia en tratados t&eacute;cnicos elaborados por funcionarios de sanidad como LePrince y Orenstein, el tema recibi&oacute; escasa atenci&oacute;n en la literatura popular. La malaria, seg&uacute;n los autores, "se desarrolla con especial rapidez cuando el suelo se ve alterado por excavaciones y rellenos extensos y de gran tama&ntilde;o, acompa&ntilde;ados por la introducci&oacute;n de trabajadores carentes de inmunidad alojados cerca de su sitio de labor" (Le Prince y Orenslein, 1916: 39). Al citar los &eacute;xitos de la campa&ntilde;a contra la malaria, vinculaban esta comprensi&oacute;n de las alteraciones del suelo con amenazas previamente discutidas:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">... la topograf&iacute;a, las condiciones meteorol&oacute;gicas, y los constantes cambios debidos al trabajo de construcci&oacute;n, junto con el car&aacute;cter y la frecuente movilidad de la poblaci&oacute;n y sus campamentos, as&iacute; como sus condiciones sociales, resultaban especialmente desfavorables para los esfuerzos de control llevados a cabo (Le Prince y Orenslein, 1916: 218).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El problema de los tr&oacute;picos, seg&uacute;n lo suger&iacute;an impl&iacute;citamente estos autores, no era la enfermedad inherente a un lugar determinado o la presencia de gente atrasada. El problema de los tr&oacute;picos involucraba el punto de encuentro de un lugar y un proceso &#151;de un ambiente que bajo determinadas circunstancias era particularmente fecundo para la vida de los insectos y de un proceso de desarrollo comercial e industrial que creaba muchos de los problemas que este discurso defin&iacute;a como esencialmente tropicales&#151;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El problema de intentar la construcci&oacute;n de un enorme Canal en Panam&aacute; se coci&oacute;, en la mayor&iacute;a de los documentos publicados, en el problema del propio ambiente. El hecho de resistir los avances de la expansi&oacute;n comercial y la "civilizaci&oacute;n" fue tomado como un signo de su "naturaleza" esencialmente inhospitalaria. Aun con el desarrollo de la teor&iacute;a del mosquito, esta explicaci&oacute;n unilateral persisti&oacute;, pese a claras indicaciones en sentido contrario. All&iacute; donde las emanaciones miasm&aacute;ticas hab&iacute;an sido utilizadas antes de la teor&iacute;a del mosquito para acusar a los tr&oacute;picos, ahora se hac&iacute;a teniendo como elemento principal su calidad de prol&iacute;fico criador de insectos. Y esa cualidad hab&iacute;a llamado la mirada de los sanitarios hacia los cuerpos enfermos y las sociedades indisciplinadas de la gente tropical. El hecho de que la construcci&oacute;n del canal contribuyera a estos problemas rara vez se menciona, aunque hab&iacute;a ya una clara comprensi&oacute;n al respecto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1911, Charles Francis Adams, historiador y miembro de una de las m&aacute;s prominentes familias de Estados Unidos, escribi&oacute; un art&iacute;culo titulado "The Panama Canal Zone: an Epocal Event in Sanitation". Adams enfatizaba que si bien la obra de ingenier&iacute;a del canal era impresionante, la mayor importancia hist&oacute;rica correspond&iacute;a a la labor sanitaria realizada en Panam&aacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El saneamiento de Panam&aacute; se presentaba ante Adams como un modelo para todo futuro desarrollo en los tr&oacute;picos. Adams, sin embargo, tambi&eacute;n reconoc&iacute;a que el saneamiento implicaba una constante movilizaci&oacute;n de todo tipo.</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata, dec&iacute;a al referirse al saneamiento hablando con confianza t&eacute;cnica, de un asunto que se reduce a drenaje, colocar tela met&aacute;lica en las ventanas, el uso libre y sistem&aacute;tico de aceites y desinfectantes, y de cortar y quemar: todo esto respaldado por inspecciones y vigilancia a la vez r&iacute;gida e incesante. (En todas partes sosten&iacute;a que) en caso de enfermedad, la vigilancia incesante es el precio de la libertad. El comportamiento subversivo, fuera intencional o descuidado, constitu&iacute;a una amenaza al orden sanitario establecido (Adams, 1911: 1&#45;38).</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adams lleg&oacute; a vincular los esfuerzos de saneamiento de Estados Unidos con la moral general de los estadunidenses que trabajaban aqu&iacute;. Al respecto, escribi&oacute;:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La regi&oacute;n, y quienes viven y trabajan all&iacute;, impresiona al que llega fresco del exterior por su aspecto de singular sobriedad, ordenado, bien dirigido y bien vigilado. Hay una visible ausencia de la rudeza, la borrachera y la inmoralidad, esas formas de vida descuidada que desaf&iacute;a a las decencias tradicionalmente asociadas a nuestra improvisadas comunidades estadunidenses, creadas para darle impulso a la r&aacute;pida culminaci&oacute;n de alguna gran empresa... Y por todo esto &#151;orden, austeridad, sobriedad y salud&#151; alguien debe merecer el cr&eacute;dito (Adams,1911).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mediante la creaci&oacute;n de una sociedad r&iacute;gida, basada en la vigilancia y la promoci&oacute;n del comportamiento adecuado, concebido tanto en t&eacute;rminos m&eacute;dicos como morales, Estados Unidos hab&iacute;a creado, seg&uacute;n Adams, un orden habitable a partir del caos. All&iacute; donde el mosquito, "la cobra del aire", hab&iacute;a sido una amenaza a la salud, el saneamiento hab&iacute;a creado seguridad y un orden que ten&iacute;a su n&uacute;cleo en una fuerza de trabajo bien portada, de rigurosa moralidad y totalmente controlada (Adams, 1911).</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En palabras de Adams, los estadunidenses "le hab&iacute;an arrancado los dientes al tr&oacute;pico". Hab&iacute;an proporcionado al mundo un modelo para el asentamiento y el control en los tr&oacute;picos. Sin embargo, aun cuando hab&iacute;an utilizado nuevos conocimientos m&eacute;dicos para lograr ese prop&oacute;sito, el tono ideol&oacute;gico que acompa&ntilde;aba a la teor&iacute;a miasm&aacute;tica permanec&iacute;a constante en gran medida. De hecho, algunos de estos nuevos hechos cient&iacute;ficos renovaron la sustentaci&oacute;n cient&iacute;fica de pol&iacute;ticas como la segregaci&oacute;n racial y la agresiva supervisi&oacute;n de los trabajadores que, por descuido o por ignorancia, pod&iacute;an erosionar la fr&aacute;gil cabeza de playa sanitaria estadunidense.</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las laderas de las colinas, dec&iacute;a con orgullo Albert Edwards refiri&eacute;ndose al paisaje de la zona del canal, se pueden ver aldeas, grupos de viviendas, prados bien cuidados en los que se ha separado todo lo que es hermoso de todo lo que es nocivo en el bosque tropical (Edwards,1913:512).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Edwards presentaba, en los t&eacute;rminos de una est&eacute;tica del paisaje, el principal fundamento ideol&oacute;gico del programa de saneamiento en la zona del canal: la separaci&oacute;n de las caracter&iacute;sticas malignas y las benignas y generosas de los tr&oacute;picos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estados Unidos, armado con la teor&iacute;a del mosquito, hab&iacute;a demostrado que la gente de clima templado pod&iacute;a vivir y prosperar en los tr&oacute;picos, que alguna vez hab&iacute;an parecido malsanos m&aacute;s all&aacute; de toda esperanza. Muchos insistieron en que el &eacute;xito obtenido en Panam&aacute; constituy&oacute; el germen de la soluci&oacute;n. El saneamiento "se encuentra apenas en su infancia. En su estado actual de desarrollo, es poco m&aacute;s que una demostraci&oacute;n tosca, incluso torpe, pero aun as&iacute; completa" (Adams, 1911: 26). William Gorgas era m&aacute;s en&eacute;rgico en relaci&oacute;n con las perspectivas futuras. A partir de su creencia en el car&aacute;cter generoso de los tr&oacute;picos, pensaba que no tomar&iacute;a mucho tiempo antes de que se ubicaran all&iacute; los centros de la civilizaci&oacute;n mundial (Gorgas, 1915: 290).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El esfuerzo sanitario estadunidense triunf&oacute; all&iacute; donde hab&iacute;a fracasado el esfuerzo franc&eacute;s. Sin embargo, este logro no debe conducir ni a oscurecer las actitudes que contribuy&oacute; tanto a crear como a renovar, ni deber&iacute;a justificar algunos de los resultados f&iacute;sicos injustos de esas actitudes. En &uacute;ltima instancia, necesitamos entender que este episodio de saneamiento tropical tuvo un n&uacute;cleo ideol&oacute;gico instrumentalista y expansionista: una ideolog&iacute;a que articulaba poderosos conocimientos cient&iacute;ficos y m&eacute;dicos novedosos con una tradici&oacute;n de pensamiento m&aacute;s venerable, que consideraba a la naturaleza y a los habitantes de los tr&oacute;picos como radicalmente diferentes.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A fin de cuentas, el discurso de la tropicalidad sirvi&oacute; para naturalizar tanto los problemas de salud creados por los humanos como las respuestas pol&iacute;ticas y sociales a los mismos, en una &eacute;poca en la que la comprensi&oacute;n cient&iacute;fica y m&eacute;dica de las "enfermedades tropicales" parec&iacute;a capaz de cuestionar algunas nociones dominantes en el propio discurso. Aqu&eacute;llo que los comentaristas estadunidenses saludaron como el control de la naturaleza en Panam&aacute; fue, de manera m&aacute;s precisa, un modelo de control social.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ABBOT, Willis J., 1914, <i>Panama and the canal: the story of its achievements, its problems and its prospect,</i> Dodd, Mead, and Company, New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616170&pid=S1405-7425200000020000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ADAMS, Charles Francis, 1911, "The Panama canal zone: an epochal event in sanitation", in <i>Proceedings of the Massachussets state historical society.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616172&pid=S1405-7425200000020000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ALLAN Davis, Raymond, 1981, <i>West indian workers on the Panama canal: a split labor market interpretation,</i> tesis doctoral, Universidad de Stanford.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616174&pid=S1405-7425200000020000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BATES, Lindon M., 1905, <i>The Panama canal: system and projets.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616176&pid=S1405-7425200000020000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BISHOP, Joseph Bucklin, 1914, <i>The Panama gateway,</i> Charles Scribner's Sons, New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616178&pid=S1405-7425200000020000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BROCWAY, Lucile H., 1979, <i>Science and colonial expansion: the role of british botanical gardens,</i> Academic Press, New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616180&pid=S1405-7425200000020000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BRUCE&#45;CHWATT, L.J. <i>et al.,</i> 1977, <i>The american journal of tropical medicine and hygiene,</i> 26, 5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616182&pid=S1405-7425200000020000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BRUCE&#45;CHWATT, L.J., 1987, "Malaria and its control: present situation and future perspectives", in <i>Annual Review of Public Health,</i> 8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616184&pid=S1405-7425200000020000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">COOPER, Donald y Kiple, Kenneth, 1930, "Yellow fever", in Kiple (ed.), <i>The Cambridge world history of human disease.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616186&pid=S1405-7425200000020000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CUETO, Marcos, 1992, "Sanitation from above: yellow fever and foreign intervention in Peru, 1919&#45;1922", in <i>Hispanic American Historical, r</i>eview 71, 1.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616188&pid=S1405-7425200000020000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CURTIN, Philip, 1964, "Medical knowledge and urban planning in tropical Africa", in <i>American Historical,</i> review 90, 3.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616190&pid=S1405-7425200000020000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">CURTIN, Philip, 1968, "Epidemiology and the slave trade", in <i>Political science quaterly.</i></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CURTIN, Philip D., 1989, <i>Death by migration: europe's encounter with the tropical world in the nineteenth century,</i> Cambridge University Press, New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616193&pid=S1405-7425200000020000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CELL, John, 1986, "Anglo&#45;Indian medical theory and the origins of segregation in west Africa", <i>American Historical,</i> review 91, 2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616195&pid=S1405-7425200000020000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">DELAPORTE, Francois, 1991, <i>The history of yellow fever. An essay on the birth of tropical medicine,</i> MIT University Press, Cambridge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616197&pid=S1405-7425200000020000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">EDWARDS, Albert, 1913, <i>Panama: the canal, the country, and the people,</i> The McMillan Company, New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616199&pid=S1405-7425200000020000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">FREYRE, Gilberto, 1966, <i>New world in the tropics: the culture of modern Brazi,</i> Knopf, New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616201&pid=S1405-7425200000020000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GLACKEN, Clarece, 1967, en su libro <i>Traces on the rhodian shore: nature and culture in western thought from ancient times to the end of the eighteenth century,</i> Berkeley, University of California Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616203&pid=S1405-7425200000020000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GORGAS, William C., 1913, <i>Annual report of the Isthmian Canal Comission,</i> GPO.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616205&pid=S1405-7425200000020000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GORGAS, William C., 1915, <i>Sanitation in Panama,</i> New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616207&pid=S1405-7425200000020000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">HARRISON, Mark, <i>1760&#45;1860, The tender frame of man: disease, climate, and racial difference in India and the west indias.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616209&pid=S1405-7425200000020000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">HEADRICK, Daniel, 1981, <i>The tools of empire: technoloogy andeuropean imperialism in the nineteenth century,</i> Oxford University Press, New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616211&pid=S1405-7425200000020000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">HOGAN, J. Michael, 1986, <i>The Panama Canal in American Politics: Domestic Advocacy and the Evolution of Policy,</i> Southern Illinois University Press, Carbondale, IL.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616213&pid=S1405-7425200000020000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">KIPPLE, Kenneth, 1984, <i>The caribbean slave: a biological history,</i> University Press, Cambridge, New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616215&pid=S1405-7425200000020000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">KIPPLE, Kenneth F., H. Virginia, 1997, "Black yellow fever inmunities. Innate and acquired as revealed in the american south", in <i>Social Science History,</i> 1.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616217&pid=S1405-7425200000020000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">LEPRINCE, Joseph A. y A.J. Orenstein, 1916, <i>Mosquito control in Panama: the eradication of malaria and yellow fever in Cuba and Panama,</i> G.Putnam's Sons, New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616219&pid=S1405-7425200000020000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MASON, Charles F., 1916, "Sanitation in the Panama canal zone", in George Goethals, <i>The Panama canal: an engineering treatise,</i> v&oacute;l. 2, New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616221&pid=S1405-7425200000020000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">McCULLOUGH, David, 1977, <i>The path between the seas: the creation of the Panama canal, 1870&#45;1914,</i> Simon and Schuster, New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616223&pid=S1405-7425200000020000400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">McNEILL, J.R., 1999, <i>Ecology, epidemics and empires: environmental change and the geopolitics of tropical America,</i> Atlantic World Colloquium, Universidad de Virginia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616225&pid=S1405-7425200000020000400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">KIDD, Benjamin, 1898, <i>Control of the tropics,</i> New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616227&pid=S1405-7425200000020000400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PARKS, Lois y Gustave Nuremberger, 1943, "The sanitation of Guayaquil", in <i>Hispanic American Historical,</i> review, 23, 2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616229&pid=S1405-7425200000020000400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PEPPERMAN, W. Leon, 1915, <i>Who built the canal?,</i> J.M. Dent and Sons.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616231&pid=S1405-7425200000020000400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PINEO, Ron F., 1990, "Misery and death in the pearl of the pacific: health care in Guayaquil, 1870&#45;1925", in <i>Hispanic American Historical,</i> review, 70, 4, Ecuador.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616233&pid=S1405-7425200000020000400032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ROBINSON, Tracy, 1914, <i>Panama: a personal record of forty&#45;six years, 1861&#45;1907,</i> The Star and Herald Company, New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616235&pid=S1405-7425200000020000400033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ROSS, Ronald, 1902, <i>Mosquito brigades and how to organize them,</i> George Philip and son, London.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616237&pid=S1405-7425200000020000400034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">RUSELL, Ed, 1995, su art&iacute;culo, "Speaking of anhilation': mobilization for war against human and insect enemies, 1914&#45;1945", in <i>Journal of American History.</i></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SAID, Edward, 1978, 1967, en su libro <i>Orientalism,</i> Pantheon, New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616240&pid=S1405-7425200000020000400035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SHERIDAN, Richard B., 1985, <i>Doctors and slaves: a medical and demographic history of slavery in the west indies,</i> Cambridge, New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616242&pid=S1405-7425200000020000400036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SOBORNE, Michael, 1994, <i>Nature, the ex&oacute;tico, and the science of french colonialism,</i> Indiana University Press, Bloomington.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616244&pid=S1405-7425200000020000400037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">STEPAN, Nancy, 1978, "The interplay between socio&#45;economic factors and medical science: yellow fever research in Cuba and in the United States", in <i>Social Studies of Science,</i> 8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616246&pid=S1405-7425200000020000400038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">STEPAN, Nancy, 1978, "The interplay between socio&#45;economic factors and medical science: la investigaci&oacute;n de la fiebre amarilla, Cuba y los Estados Unidos", in <i>Social Studies of Science,</i> 8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616248&pid=S1405-7425200000020000400039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SWANSON, Maynard, 1977, "The sanitation syndrome: bubonic plague and urban native policy in the cape colony, 1900&#45;1909", in <i>Journal of American History,</i> 18, 3.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616250&pid=S1405-7425200000020000400040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">WARWICK, Anderson, 1996, <i>Inmunices of empire: race, disease, and the new tropical medicine,</i> 1900&#45;1920.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616252&pid=S1405-7425200000020000400041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">WARWICK, Anderson, 1996, "Disease, race and empire," in <i>Race and acclimatization in colonial medicine en el bulletin of the history of medicine,</i> 70, 1.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616254&pid=S1405-7425200000020000400042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">WORBOYS, Michael and Manson, Ross, 1988, "Colonial medical policy: tropical medicine in London and Liverpool, 1899&#45;1914", in McLeod, Roy y Lewis, Milton (eds.), <i>Disease, medicine and empire: perspectives on western medicine and the experience of european expansion,</i> Rutledge, London and New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616256&pid=S1405-7425200000020000400043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ZIPERNIAN, Haskell, 1971, "The Panama canal: a medical history", in <i>Americas</i> 23.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5616258&pid=S1405-7425200000020000400044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">*Traducci&oacute;n de Guillermo Castro H.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> No se sabe con precisi&oacute;n qui&eacute;n era Bates ni la influencia que pudo haber tenido este informe. Probablemente era una de las muchas personas que ofrec&iacute;an opiniones que nadie hab&iacute;a solicitado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Bates no fue el &uacute;nico en abogar por un canal de esclusas. La idea fue planteada ya en el periodo franc&eacute;s por el Bar&oacute;n Godin de Lepinay, aunque su plan fue r&aacute;pidamente descartado (Mc Cullough, 1977: 79).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Seg&uacute;n J. Michael Hogan, durante las dos primeras d&eacute;cadas de este siglo se produjeron m&aacute;s de 25 libros e innumerables art&iacute;culos acerca de la construcci&oacute;n del canal (Hogan, 1986: 46). He podido reunir una lista significativa, que se presenta al final de este ensayo, la cual apoya el planteamiento de Hogan.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> &Eacute;ste es un tema muy debatido, en el que se enfrentan m&uacute;ltiples teor&iacute;as acerca de a qui&eacute;n le corresponde, por derecho, el cr&eacute;dito del "descubrimiento" de los mosquitos vectores de la malaria y la fiebre amarilla. Dos planteamientos, a la vez interesantes y contrapuestos, en relaci&oacute;n con la fiebre amarilla, son los de Stepan (1978: 423) y Delaporte (1991).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> En el examen de esta relaci&oacute;n, resulta de especial utilidad lo planteado por Said (1978), en cuanto se refiere al discurso como una manera de conocer y actuar sobre algo que es real, a partir de un s&oacute;lido referente que no puede ser ignorado. La lecci&oacute;n del discurso no debe consistir en que nunca podremos alcanzar de manera adecuada el mundo fenomenol&oacute;gico con nuestro lenguaje. En cambio, debemos reconocer que las observaciones emp&iacute;ricas, los objetivos pol&iacute;ticos y las traducciones ideol&oacute;gicas afectan profundamente lo que hacemos respecto al mundo que nos rodea.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Estas notables similitudes proporcionan el sustento de mi alegato de que era un mismo discurso. Se trata, a mi entender, de una suerte de imposici&oacute;n elaborada, aunque no deseo efectuar aqu&iacute; un an&aacute;lisis exhaustivo para establecer el car&aacute;cter unitario del discurso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Es posible encontrar atisbos de tropicalidad en la larga tradici&oacute;n de pensamiento occidental sobre la influencia del ambiente, descrita de manera tan exhaustiva por Glacken (1967). Arnold ubica su origen en el siglo XV.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> El desarrollo de una imagen m&aacute;s negativa podr&iacute;a estar asociado, de hecho, a que la naturaleza tropical se tornaba efectivamente m&aacute;s peligrosa. Las im&aacute;genes negativas coinciden con la intensificaci&oacute;n de la producci&oacute;n de az&uacute;car en los tr&oacute;picos americanos, con el incremento de la trata de esclavos y con esfuerzos m&aacute;s concertados de los europeos en su intento de penetrar m&aacute;s all&aacute; de las costas de &Aacute;frica occidental (Curtin, 1964: 58&#45;87).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Respecto al giro de la aclimataci&oacute;n a la degeneraci&oacute;n, v&eacute;anse los art&iacute;culo de la secci&oacute;n especial sobre "Race and Acclimatization in Colonial Medicine", en el <i>Bulletin of the History of Medicine,</i> 70, 1 (1996), en particular Anderson, Warwick: "Disease, Race and Empire", pp. 62&#45;67; Harrison, Mark: "The Tender Frame of Man" : Disease, Climate, and Racial Difference in India and the West Indias, 1760&#45;1860", pp. 68&#45;93, y Anderson, Warwick: "Inmunices of Empire: Race, Disease, and the New Tropical Medicine, 1900&#45;1920", pp. 94&#45;118.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> Es importante se&ntilde;alar tambi&eacute;n que los discursos sobre la tropicalidad difirieron en sus &eacute;nfasis y detalles en distintas culturas nacionales. Michael Soborne (1994) traza una perspectiva institucional e intelectual de abordaje de los tr&oacute;picos particularmente francesa. Los propios brasile&ntilde;os hicieron suyo un ideal tropicalista, que varios escritores utilizaron para intentar dar forma a una identidad nacional (Freyre, 1966).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> En relaci&oacute;n con la quinina como profil&aacute;ctico y como industria v&eacute;ase Headrick (1981: 58&#45;79) y Brocway (1979: 103&#45;139).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Una parte sustancial de esta discusi&oacute;n sobre la enfermedad ha sido tomada de McCullough.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> Sobre la difusi&oacute;n de enfermedades y la alteraci&oacute;n de nichos de enfermedad v&eacute;ase Curtin (1968: 190&#45;216).</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> La necesidad de hacer tales diferencias entre caracter&iacute;sticas gen&eacute;ticas y raciales se&ntilde;ala lo inadecuado de la raza como categor&iacute;a.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> Kenneth Kiple (1984) ofrece una excelente discusi&oacute;n de la resistencia a la malaria y sus v&iacute;nculos con lo racial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> Bruce&#45;Chwatt (1987) indica que el &eacute;xito en las campa&ntilde;as de control de la malaria ha contribuido al descenso de las tasas de mortalidad por otras enfermedades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> En 1907, por ejemplo, la tasa de mortalidad entre los trabajadores blancos (que inclu&iacute;a a los europeos) fue de 17.5 por mil, mientras la de los negros fue de casi 53 por mil. Hacia 1908 estas tasas hab&iacute;an descendido a 15.34 y 19.48, respectivamente. V&eacute;ase <i>Annual Report to the Isthmian Comission,</i> Washington, GPO, 1907 y 1908.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> Conviene anotar, tambi&eacute;n, que existe alguna evidencia que indica que las personas de origen africano son particularmente susceptibles a enfermedades respiratorias como la neumon&iacute;a (Kiple, 1984: 140&#45;144).</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> No fue un error, por tanto, que Estados Unidos, mediante la generosidad de organizaciones como la Comisi&oacute;n Rockefeller, estuvieran dispuestos a promover r&aacute;pidamente el "saneamiento" de ciudades portuarias de pa&iacute;ses como Ecuador y Per&uacute; en cuanto el canal estuvo construido. Sobre el modelo de "ciudad portuaria" y el papel de Estados Unidos en la investigaci&oacute;n de la fiebre amarilla, v&eacute;ase Stepan (1978: 397&#45;423); Pineo (1990: 609&#45;638); Cueto (1992: 1&#45;22), Parks y Nuremberger (1943).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> Para una visi&oacute;n particularmente aguda de la mortalidad resultante de los intentos brit&aacute;nicos para establecer una presencia en el &Aacute;frica occidental v&eacute;ase Curtin (1989).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> Sobre la centralidad de la erradicaci&oacute;n del mosquito como una lecci&oacute;n aplicada del descubrimiento del mosquito como vector de la malaria v&eacute;ase Bruce&#45;Chwatt (1977: 1071&#45;1079).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup> De hecho, seg&uacute;n el historiador Michael Worboys, 20 por ciento de los graduados de todas las escuelas m&eacute;dicas de Gran Breta&ntilde;a a comienzos de siglo ejercieron en zonas tropicales o subtropicales (Worboys, 1998: 23).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23</sup> Carlos Finlay, el m&eacute;dico cubano que proclam&oacute; la teor&iacute;a del mosquito como vector en la d&eacute;cada de 1880, enfrent&oacute; grandes dificultades para probar esta idea, debido a que todos sus experimentos fueron construidos a partir de la transmisi&oacute;n inmediata de la enfermedad por el mosquito, de una persona infectada a una que no lo estaba.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24</sup> Estoy especialmente agradecido con J.R. McNeill (1999) por haberme indicado esta particular afinidad hacia los recipientes de arcilla.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>25</sup> Una vacuna efectiva contra la fiebre amarilla fue desarrollada en la d&eacute;cada de 1930; la &uacute;ltima epidemia urbana registrada en Am&eacute;rica fue en Trinidad en 1954. A&uacute;n ocurren epidemias ocasionales en &Aacute;frica, y la fiebre amarilla existe en forma end&eacute;mica en &Aacute;frica y Am&eacute;rica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>26</sup> "Report ofthe Isthmian Canal Comission, 1899&#45;1901". Washington, D.C.: GPO, 1901, p. 170. Este informe, tambi&eacute;n conocido como el Informe de la Comisi&oacute;n Walker, describe el clima de Panam&aacute; como "h&uacute;medo" y "enervante".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>27</sup> Sobre este se&ntilde;alamiento, de car&aacute;cter racial m&aacute;s preciso, v&eacute;ase Anderson: "Inmunities of empire".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>28</sup> Al respecto, v&eacute;ase, por ejemplo, Pepperman (1915: 160). Esta l&oacute;gica pudo estar vinculada a la pregunta de cu&aacute;l deber&iacute;a ser el salario de los trabajadores en relaci&oacute;n con sus antecedentes raciales, &eacute;tnicos y nacionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>29</sup> <i>Report of the Isthmian Canal Comission,</i> 1899&#45;1901: 170.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>30</sup> Raymond Allan Davis (1981) ha sugerido que los negros de las Indias occidentales fueron importados y/o empleados en tan gran n&uacute;mero precisamente porque eran una fuerza de trabajo relativamente barata. Estas condiciones de segregaci&oacute;n, plantea Davis, ten&iacute;an que ver m&aacute;s con su posici&oacute;n dentro de un mercado de trabajo dividido que con su raza <i>per se.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>31</sup> Existe un encendido debate acerca de si, y en qu&eacute; medida, las preocupaciones de orden sanitario contribuyeron a la creaci&oacute;n de ciudades segregadas y de ideolog&iacute;as segregacionistas a fines del siglo XIX y principios del XX. Existe abundante evidencia ret&oacute;rica que sugiere una conexi&oacute;n. Para una introducci&oacute;n a este debate v&eacute;ase Curtin (1985: 594&#45;613) y Cell (1986: 307&#45;335). El art&iacute;culo de Cell es una respuesta a Curtin.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>32</sup> Mason se refiri&oacute; despu&eacute;s a la importancia de la segregaci&oacute;n en t&eacute;rminos virtualmente id&eacute;nticos: "&Eacute;sta es una medida muy importante, pues separa a la poblaci&oacute;n carente de inmunidad de los nativos, que sirven como reservorios de la malaria" (Mason, 1916: 104).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>33</sup> Los informes anuales de la CCI constituyen un indicador bastante bueno en lo que se refiere a las tendencias migratorias desde y hacia los alojamientos de la Comisi&oacute;n. Ya en 1906, los funcionarios expresaban su preocupaci&oacute;n por la emigraci&oacute;n de trabajadores antillanos hacia comunidades situadas en las selvas cercanas. Para muchos, el resultado de esa migraci&oacute;n era una motivaci&oacute;n decreciente para trabajar la semana completa. En 1909, el n&uacute;mero de trabajadores negros en alojamientos de la Comisi&oacute;n decreci&oacute; en 40 por ciento. En los dos &uacute;ltimos a&ntilde;os, estas tendencias se revirtieron, aunque esto parece haber estado relacionado por el desplazamiento de gran n&uacute;mero de personas debido a la creaci&oacute;n del lago Gat&uacute;n y a la competencia por empleos permanentes con la CCI una vez concluido el periodo de construcci&oacute;n pesada. V&eacute;ase <i>Isthmian Canal Comission Annual Reports.</i> Washington, D.C., Government Printing Office, 1904&#45;1914.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>34</sup> Michael Connif cita la cifra oficial de 4 500 muertes entre los trabajadores negros, con la neumon&iacute;a y la tuberculosis como causas principales. Sin embargo, tambi&eacute;n sugiere que, puesto que la mayor parte de los trabajadores negros resid&iacute;a fuera de la zona del canal, la cifra m&aacute;s adecuada se situar&iacute;a en el orden de las 15 000 muertes. Existe tambi&eacute;n el problema de saber si la tendencia decreciente de mortalidad entre los negros correspond&iacute;a a la totalidad de los que estaban empleados y si las cifras eran realmente precisas, dado el gran n&uacute;mero de trabajadores que no viv&iacute;a en alojamientos de la Comisi&oacute;n. Esto podr&iacute;a ser especulaci&oacute;n ociosa, pero parece justo concluir que las cifras oficiales no reflejaban la verdadera amplitud de la mortalidad entre los trabajadores negros, en particular en el caso de aqu&eacute;llos que no se encontraban bajo control estadunidense. Esto resulta ir&oacute;nico si consideramos cu&aacute;ntos comentaristas estadunidenses hicieron &eacute;nfasis en este tema en relaci&oacute;n con la experiencia francesa.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>35</sup> Aqu&iacute; me encuentro en deuda con mi colega Ed Rusell (1995), por su trabajo sobre este tema.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>36</sup> Debe notarse que, si bien los comentarios de Ross parecen sugerir una escasa preocupaci&oacute;n por la salud de los nativos, los ingleses, en ese preciso momento, prestaban mucha m&aacute;s atenci&oacute;n a ese problema, as&iacute; fuera debido a sus implicaciones para su propia salud.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Paul Sutter. </b>Profesor auxiliar de Historia en la Universidad de Georgia. Recibi&oacute; su Ph.D. en Historia de Estados Unidos con &eacute;nfasis en historia ambiental por la Universidad de Kansas en 1997. Fue compa&ntilde;ero de posdoctorado en la Universidad de Virginia a partir de 1997&#45;2000. Ha escrito art&iacute;culos para el movimiento ambiental de Estados Unidos y su libro <i>Manejando salvajemente: el autom&oacute;vil y la fabricaci&oacute;n del yermo moderno</i> ser&aacute; publicado por la Universidad de Washington. Durante el a&ntilde;o acad&eacute;mico 2001&#45;2002, ser&aacute; un compa&ntilde;ero en el Instituto Smithsoniano en Washington, D.C., donde continuar&aacute; su investigaci&oacute;n sobre el programa sanitario de Estados Unidos en Panam&aacute;. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:sutter@arches.uga.edu">sutter@arches.uga.edu</a></font></p>      ]]></body><back>
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