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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Por una defensa de lo "nuestro": alcanzar la meta sin perder lo esencial]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Editorial</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Por una defensa de lo "nuestro": alcanzar la meta sin perder lo esencial</b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El matem&aacute;tico Jos&eacute; Adem, Premio Nacional de Ciencias en 1967, dec&iacute;a que en M&eacute;xico los cient&iacute;ficos de mayor edad (y en la actualidad la mayor&iacute;a de &eacute;stos estamos ubicados en este rango) estaban destinados a convertirse en una especie de ajonjol&iacute; de todos los moles: apremiados por las circunstancias, ten&iacute;an que asistir a algunas ceremonias oficiales, buscar financiamiento para sus proyectos e instituciones, participar en comit&eacute;s de especialistas y, de vez en cuando, opinar sobre asuntos de inter&eacute;s general de suma importancia pero sin relaci&oacute;n alguna con la actividad cient&iacute;fica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto ocurr&iacute;a en los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la d&eacute;cada de los sesenta del siglo XX, cuando, en comparaci&oacute;n con el presente, los "ajonjol&iacute;s" eran pocos y el prontuario de los "moles" francamente frugal: asistir a las reuniones de El Colegio Nacional (si es que el cient&iacute;fico era parte de &eacute;l), participar en los comit&eacute;s de una o dos asociaciones cient&iacute;ficas de su especialidad y, en caso necesario, atender los requerimientos del INIC, antecedente inmediato del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnolog&iacute;a (Conacyt). Pero no s&oacute;lo las actividades eran menores en cantidad, sino que se realizaban en lugares m&aacute;s confortables e insalubres que los de ahora y bajo reglas de trato m&aacute;s humanas y, en ocasiones, de cordialidad franca, aun para dirimir las diferencias o para exacerbarlas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoy d&iacute;a, el n&uacute;mero de cient&iacute;ficos se ha multiplicado a un ritmo menor que los sistemas de evaluaci&oacute;n, de la productividad individual, de los proyectos de investigaci&oacute;n, de los programas de posgrado, de las instituciones, de las revistas cient&iacute;ficas, de las disciplinas y hasta de los sistemas mismos. Si bien le va, un investigador "com&uacute;n y corriente" tiene que someterse, al menos, a una evaluaci&oacute;n anual, y es muy factible que el programa de posgrado en el que participa, o la dependencia en la que labora, o las revistas en las que publica, o el campo de su especialidad, o su pareja sentimental, o algunos de sus m&aacute;s entra&ntilde;ables colegas, formen tambi&eacute;n parte del escrutinio. Como cada una de las evaluaciones tiene indicadores y formatos diferentes, el tiempo que dedica a reunir informaci&oacute;n, documentarla y analizarla aumenta. Tambi&eacute;n los c&aacute;lculos, la frustraci&oacute;n, la envidia y el coraje.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las estrategias para enfrentar estos trances evaluativos (resumidas en frases al estilo de "Publicar o morir", "Con la fotocopia por delante" o "Di cu&aacute;nto y d&oacute;nde has publicado y te dir&eacute; qui&eacute;n eres") han sido rebasadas por los creadores de los sistemas de evaluaci&oacute;n, que de unos a&ntilde;os a la fecha desarrollaron, con base en los par&aacute;metros cienciom&eacute;tricos (no se pregunte el lector qu&eacute; significa esto), instrumentos "objetivos" para medir el factor de impacto de las publicaciones cient&iacute;ficas. Malas noticias: no basta con que usted publique en una revista con arbitraje estricto, reconocida por &iacute;ndices internacionales y con un n&uacute;mero importante de lectores. Para que su art&iacute;culo sea validado como trascendente, la revista en la que sea publicado tiene que estar ubicada en los primeros diez lugares de los "ratings" de su especialidad, seg&uacute;n el nuevo canon de la ciencia, el Citation Index. Si no es as&iacute;, corre el riesgo de que su producto acad&eacute;mico baje de valor o no sea considerado en los criterios de repercusi&oacute;n acad&eacute;mica indispensables para su siguiente promoci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Conf&iacute;o en que esta informaci&oacute;n no genere una estampida de autores, potenciales y vigentes, de nuestra revista, quienes en adelante tendr&aacute;n que decidir, adem&aacute;s de si escribir o no los resultados de una investigaci&oacute;n a&uacute;n inmadura, o reciclar los ya a&ntilde;ejos, entre la posibilidad de tener lectores e interlocutores o agregar puntos y m&eacute;ritos a su historial. Si usted, amable lector, opta por esto &uacute;ltimo, le recomiendo que busque en la lista del Social Sciences Citation Index la revista de su conveniencia, independientemente de que la intenci&oacute;n original de su investigaci&oacute;n fuera incidir en las pr&aacute;cticas de los maestros mexicanos, contribuir al debate sobre una pol&iacute;tica p&uacute;blica o dar a conocer la din&aacute;mica cotidiana en una escuela primaria rural. En el &iacute;ndice citado encontrar&aacute; usted revistas antag&oacute;nicas a estos prop&oacute;sitos, pero altamente valoradas por los ciensometr&oacute;logos: por ejemplo, <i>Australian Education.</i> De este modo, usted se ahorrar&aacute;, adem&aacute;s, la molestia de tener que navegar durante horas en Google Acad&eacute;mico para identificar qui&eacute;n lo ha citado y, sobre todo, c&oacute;mo y d&oacute;nde.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto no es una guasa, aunque parezca tal. He sabido que una comisi&oacute;n dictaminadora de una instituci&oacute;n de muy alta calidad acad&eacute;mica "valor&oacute;" los art&iacute;culos publicados en la <i>Revista Latinoamericana de Investigaci&oacute;n en Matem&aacute;tica Educativa,</i> que obtuvo su permanencia en el Indice de Conacyt en la misma convocatoria que la RMIE, como de 3 puntos, y no de 5, y que ni siquiera fueron considerados como candidatos a los criterios de repercusi&oacute;n. Esa misma comisi&oacute;n desde&ntilde;&oacute; las estad&iacute;sticas de Redalyc respecto al n&uacute;mero de consultas y de descargas de nuestra revista, levant&oacute; sospechas sobre el sesgo "end&oacute;geno" de otras publicaciones mexicanas y latinoamericanas y, ya entrada en materia, otorg&oacute; el m&aacute;s alto valor a, por ejemplo, <i>Australian Education,</i> o a cualquiera otra, de preferencia en ingl&eacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el editorial del n&uacute;mero anterior anunci&eacute; los pasos que estamos dando para ingresar a los &iacute;ndices internacionales y advert&iacute; que esto constituye una apuesta al futuro. Seguimos en lo mismo, pero este desaf&iacute;o debe ir acompa&ntilde;ado por una defensa, en el presente, de lo "nuestro", el idioma, el p&uacute;blico al que queremos llegar, los espacios en los cuales deseamos ser le&iacute;dos y, sobre todo, los lectores en los que pensamos al escribir. Si no, corremos el riesgo de que, cuando alcancemos la primera meta, hayamos perdido lo esencial.</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><b>Susana Quintanilla, Directora</b></font></p>      ]]></body>
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