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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Expediente</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4">&nbsp;</font></p>         <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Preliminares</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4">&nbsp;</font></p>         <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jane Dale Lloyd e Il&aacute;n Semo</b></font></p>         <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde hace m&aacute;s de dos d&eacute;cadas, el tema de la historia de las emociones ocupa un lugar cada vez m&aacute;s visible en las reflexiones sobre la historia de la subjetividad y la cultura. No es un tema nuevo. Desde los a&ntilde;os veinte y treinta, trabajos como los de Johan Huizinga, Norbert Elias y Lucien Febvre fijaron preguntas y paradigmas sobre la forma en que el mundo de las emociones expresa y, a la vez, configura los planos de subjetividad que definen a las diferentes esferas de un orden social y cultural. Durante d&eacute;cadas, permanecieron como trabajos aislados y solitarios, mientras la historia de lo social y lo pol&iacute;tico se manten&iacute;a separada de las interrogantes por su relaci&oacute;n con los espacios de producci&oacute;n de subjetividad. El <i>giro cultural</i> de los a&ntilde;os ochenta trajo un nuevo inter&eacute;s por el estudio de la funci&oacute;n que desempe&ntilde;an las emociones en la constituci&oacute;n de los procesos de sociabilidad en distintas &eacute;pocas y culturas. En la actualidad, se ha transformado en un complejo campo de investigaciones y debates que siguen cuatro direcciones distintas.</font></p>          <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer lugar, la cr&iacute;tica al constructivismo hist&oacute;rico, que desligaba las formas de percepci&oacute;n, conocimiento y diseminaci&oacute;n de los sistemas de "afeccionamiento" en los que anclan los espacios de todo lazo social. William Reddy, historiador y antrop&oacute;logo, en su art&iacute;culo "Against Constructionism. The Historical Ethnography of Emotions"<sup><a href="#nota">1</a></sup> plantea que el <i>emotion talk</i> (el habla emocional) y los gestos emocionales no son tomados en cuenta por la noci&oacute;n de discurso tal y como aparece en la teor&iacute;a de Foucault, ni por el concepto de <i>habitus</i> propuesto por Bourdieu y Giddens. Estos conceptos no lograr&iacute;an "captar" el sentido ambivalente de los enunciados, las declaraciones y los actos emocionales, ni su capacidad &uacute;nica de alterar o cambiar aquello a lo cual se refieren o cuya representaci&oacute;n trazan. Esta capacidad de transformar el estado emocional del sujeto de donde emanan, hace que dichos enunciados y gestos no puedan ser considerados "declaraciones constatativas ni performativas, sino otro tipo de actos comunicativos", cualitativamente diferentes. De ah&iacute; la necesidad de desarrollar la noci&oacute;n de <i>emotives</i> (e-motivos), que se entiende como una declaraci&oacute;n e-motiva <i>(emotion statement)</i> hecha por "un sujeto que ofrece una interpretaci&oacute;n de algo que solo es observable para el declarante". El referente del <i>emotive statement</i> cambia en virtud de la propia declaraci&oacute;n, ya que el enunciado e-motivo incide en el mundo, act&uacute;a sobre &eacute;l, no es pasivo. Los "e-motivos" (declaraciones emotivas) representan "instrumentos que directamente cambian, construyen, esconden e intensifican las emociones".<sup><a href="#nota">2</a></sup> Pero la emoci&oacute;n tiene una dimensi&oacute;n corporal que no puede ser representada m&aacute;s que imperfectamente, ya que las sensaciones vividas durante una declaraci&oacute;n emotiva escapan a todo intento de reducci&oacute;n. Est&aacute;n encarnadas en el sujeto y operan en y sobre el mundo. As&iacute;, se reintroduce a la discusi&oacute;n la cuesti&oacute;n de la capacidad de "agencia" tanto de los individuos como de los grupos sociales.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A&uacute;n est&aacute;n por desarrollarse las bases para el estudio de la cartograf&iacute;a de la forma en c&oacute;mo la esfera de las emociones cambia entre un &eacute;poca y otra y, sobre todo, la funci&oacute;n que una sociedad les adscribe. El estudio del tema se ha revelado como un plano de reflexiones paradigm&aacute;ticas para interpretar la transformaci&oacute;n de los reg&iacute;menes de subjetividad.</font></p>          <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En segundo lugar, la nueva consideraci&oacute;n del antiguo principio estoico de que "no son los hechos, sino las palabras con las que se narran los hechos lo que conmueve a la gente". La configuraci&oacute;n de los paradigmas de la historia de la subjetividad requer&iacute;a de un nuevo examen de las complejas relaciones que se establecen entre las diferentes formas discursivas y de representaci&oacute;n y los territorios que definen las miradas codificadas por los niveles emocionales de la experiencia.</font></p>          ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En tercer lugar, la singularizaci&oacute;n de los espacios de la memoria como un territorio espec&iacute;fico de estudio ha reintroducido la esfera de las emociones como un plano en el que la fijaci&oacute;n de impresiones, im&aacute;genes de pensamiento y &oacute;rdenes simb&oacute;licos define la distribuci&oacute;n de latencias y archivos en los sistemas de afeccionamiento social.</font></p>          <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y, por &uacute;ltimo, las relaciones entre ciertos dispositivos de poder y los reg&iacute;menes de control de las emociones. Por Norbert Elias sabemos que la codificaci&oacute;n de las emociones es uno de los espacios en que los dispositivos de visibilidad y reconocimiento, de inclusi&oacute;n y exclusi&oacute;n, de distinci&oacute;n y consenso, act&uacute;an produciendo estatutos de normalidad y marginaci&oacute;n. Un lugar social puede ser definido, entre otras formas, como un r&eacute;gimen de control de emociones que conforma los l&iacute;mites de su legitimidad. Estudios como los de Martha Nussbaum sobre la ley y la repulsi&oacute;n, o los de otras investigaciones sobre los mecanismos de distinci&oacute;n y aversi&oacute;n, ejemplifican las potencialidades de este tipo de investigaciones. Lo mismo, las reflexiones sobre el momento de seducci&oacute;n en que se despliegan las estrategias del poder.</font>    </p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un sentido amplio, la emoci&oacute;n puede ser entendida, seg&uacute;n lo se&ntilde;ala Norman Denizen en <i>Understanding Emotion,</i> como</font></p>          <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;...&#93; una experiencia vivida, cre&iacute;da, situada espacial y temporalmente, encarnada en el sujeto que irradia a trav&eacute;s de la conciencia de la persona, es sentida en y a trav&eacute;s del cuerpo, y en el proceso de ser vivida sumerge a la persona y sus asociados en una realidad nueva y transformada &#45; la realidad de un mundo que est&aacute; siendo constituido por la experiencia emocional.<sup><a href="#nota">3</a></sup></font></p>     </blockquote>          <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La emoci&oacute;n mueve a las personas, cambia sus percepciones, altera y disloca sus sentimientos culturalmente construidos. Sit&uacute;a al sujeto en interacci&oacute;n con otros, lo sumerge en un mundo de relaciones sociales intersubjetivas, experimentadas y vividas corporalmente.</font></p>          <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los trabajos reunidos en este expediente abordan diversas problem&aacute;ticas inscritas en el campo de la historia de las emociones.</font></p>          <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El texto de Joan Ramon Resina, "El agotamiento del pacto de la transici&oacute;n: historizaci&oacute;n y violencia simb&oacute;lica", es un estudio sobre la forma en c&oacute;mo la transici&oacute;n espa&ntilde;ola a la democracia supuso la deliberada neutralizaci&oacute;n de una memoria que a&uacute;n estaba viva a mediados de los a&ntilde;os setenta. Los acontecimientos que desembocar&iacute;an en las reformas pol&iacute;ticas de esos a&ntilde;os no produjeron tanto la ca&iacute;da de una tiran&iacute;a sino la transfiguraci&oacute;n de un r&eacute;gimen que autosobrevivi&oacute; gracias a la pasividad de la mayor parte de la poblaci&oacute;n y la complicidad (o la complacencia) de la parte m&aacute;s significativa de su sociedad pol&iacute;tica. La transici&oacute;n espa&ntilde;ola no signific&oacute;, seg&uacute;n Resina, una restructuraci&oacute;n democr&aacute;tica del Estado, sino un traspaso provisional de instituciones a fin de asegurar la continuidad de sus funciones. La nueva constituci&oacute;n espa&ntilde;ola equivaldr&iacute;a, desde esta perspectiva, a lo que Freud llam&oacute; una memoria-filtro, met&aacute;fora de un conocimiento censurado que debe reprimirse incesantemente a fin de que no emerja a la luz p&uacute;blica. En esta tarea colaboraron tanto los historiadores conservadores como los liberales para erradicar las memorias heteronacionales y deslegitimar as&iacute; la vigencia de derechos reivindicables.</font></p>          <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo de Larisa Medina Brenner, "Prendas de emoci&oacute;n y pol&iacute;tica: tradici&oacute;n y modernidad en la revista femenina <i>El Hogar</i> en la d&eacute;cada de 1920", analiza c&oacute;mo la comunidad de lectoras y escritoras de la revista, configurada por un tipo muy espec&iacute;fico de mujer (conservadora, citadina, lectora), era todav&iacute;a una comunidad emocional que se basaba en pr&aacute;cticas tradicionales que pueden ser ejemplificadas con labores femeninas como el tejido. Dichas pr&aacute;cticas produc&iacute;an prendas que, a su vez, sirvieron en un principio como medio de expresi&oacute;n de nuevas ideas "modernas" &#45;como el feminismo&#45; y que, poco a poco, crearon un resquebrajamiento en los modos de expresi&oacute;n tradicional hasta integrarse en el &aacute;mbito del lenguaje pol&iacute;tico, antiguamente reservado para la esfera p&uacute;blica, es decir, masculina.</font></p>          <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "Para una historia de la soledad", Javier Rico se pregunta: &iquest;se puede historiar la soledad? Si bien es cierto &#45;escribe&#45; que algunos historiadores han incursionado en la historicidad de objetos hasta entonces in&eacute;ditos en su campo de estudio, en especial los vinculados con las emociones, debe reconocerse que fen&oacute;menos como el amor, el llanto o la soledad no son realidades o fen&oacute;menos cuya significaci&oacute;n o sentido sea emp&iacute;ricamente observable. Todo parece indicar que una historia de la soledad solo puede abordarse tratando de captar la forma en la cual, en distintas &eacute;pocas, se expresan ciertas vivencias de la soledad. Es posible encontrar estas manifestaciones en distintos &aacute;mbitos de la experiencia religiosa, los mitos y la producci&oacute;n literaria, as&iacute; como en las aproximaciones a la soledad desde la antropolog&iacute;a, la filosof&iacute;a y la psicolog&iacute;a.</font></p>          ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo de Marisol L&oacute;pez Men&eacute;ndez "La monja enferma y la virgen rota: la dimensi&oacute;n sociopol&iacute;tica de dos milagros en la ciudad de M&eacute;xico, 1916-1923", estudia dos casos distintos de milagros reportados en la arquidi&oacute;cesis de la Ciudad de M&eacute;xico en 1923. Uno en el medio rural y otro en el urbano; uno desde el interior de la estructura eclesi&aacute;stico cat&oacute;lica, en un convento de monjas, y el otro en el entorno popular de una imagen pueblerina. La autora plantea que el milagro ha sido definido como una forma de mensaje entre el creyente y la divinidad. Lo divino se manifiesta a trav&eacute;s de lo extraordinario. El milagro se asocia con "la ruptura de las leyes naturales", y este evento se convierte en un poderoso discurso de legitimaci&oacute;n de la Iglesia como intermediario entre el creyente y la divinidad, promueve "una movilizaci&oacute;n emocional" de los fieles, quienes sienten que el milagro es respuesta a sus plegarias y prueba fehaciente de la validez de sus creencias. Renueva su fe a trav&eacute;s de una experiencia religiosa hondamente sentida y vivida. Experiencia que da sentido a su particular forma de estar en el mundo. Pero el reconocimiento del milagro tambi&eacute;n reafirma, como dir&iacute;a Max Weber, la legitimidad carism&aacute;tica de la Iglesia en un contexto de su confrontaci&oacute;n y redefinici&oacute;n frente al Estado nacional laico de los a&ntilde;os veinte en M&eacute;xico. En ese contexto, como afirma la autora, el milagro se vuelve un acontecimiento "p&uacute;blico" sumamente politizado, en el que la jerarqu&iacute;a eclesi&aacute;stica certifica una curaci&oacute;n m&eacute;dica dudosa como prueba de la santidad papal en un discurso frente a la modernidad y un pueblo empobrecido; subraya su marianismo popular a trav&eacute;s de su renovado devoci&oacute;n a una imagen de la virgen Mar&iacute;a maltrecha, a la cual le atribu&iacute;an poderes milagrosas de curaci&oacute;n y amparo en un escenario de abandono eclesial e incertidumbre de vida. L&oacute;pez Men&eacute;ndez plantea que los milagros, aunque son actos de fe, sirven a diversos sentidos pol&iacute;ticos.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> William Reddy, "Against Constructionism. The Historical Ethnography of Emotions", <i>Current Anthropology,</i> vol. 38, n&uacute;m. 3, junio de 1997, pp. 327-332, y 338-340.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4172685&pid=S1405-0927201400010000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> <i>Vid.</i> del mismo autor, <i>The Navigation of Feeling. A Framework for the History of Emotions,</i> Cambridge Cambridge University Press, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4172686&pid=S1405-0927201400010000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> <i>Idem.</i></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Norman Denizen, <i>Understanding Emotion,</i> Londres, Transaction Publishers, 2009, p. 66).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4172689&pid=S1405-0927201400010000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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