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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">In memoriam</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>       <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Katz, la historia, la alegor&iacute;a</b></font></p>       <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>       <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Il&aacute;n Semo</b></font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Departamento de Historia&#45;UIA</i></font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Friedrich Katz naci&oacute; en Viena el a&ntilde;o de 1927. Su padre, Israel Leib Katz, fue un intelectual que abandon&oacute; los estudios rab&iacute;nicos para unirse a los empe&ntilde;os pacifistas del Partido Socialista Austriaco (PSA) durante el comienzo de la Primera Guerra Mundial. Su madre, una asidua militante de <i>Hashomer Hatzair</i>, proven&iacute;a de Galitzia, una de las regiones rurales m&aacute;s marginadas del Este europeo. Inspirada en los ideales socialistas, <i>Hashomer Hatzair</i> hab&iacute;a sido fundada en Polonia en 1913 con el prop&oacute;sito de encontrar una tierra propia para los jud&iacute;os. Leib creci&oacute; y se form&oacute; en una de las fronteras m&aacute;s explosivas y pobres que separaban a la extensa geograf&iacute;a del Imperio Austro&#45;H&uacute;ngaro de la regi&oacute;n de los Balcanes: los peque&ntilde;os poblados rurales que hac&iacute;an de l&iacute;nea lim&iacute;trofe con Rumania.<sup><a href="#notas">1</a></sup> Digamos que una de las fronteras donde terminaba Europa Central y comenzaba Europa del Este: un territorio violento donde, en las primeras dos d&eacute;cadas del siglo XX, se encuentran y desencuentran el mundo de la modernidad y el antiguo r&eacute;gimen. Ya en Viena, en 1914, ingresa a la universidad. En 1918, frente a la escisi&oacute;n provocada por la III Internacional que divide a los socialistas austriacos, decide sumarse a las flas del Partido Comunista Austriaco. En 1920, obtiene su doctorado con una tesis sobre la historia de los jud&iacute;os en Alemania en el siglo XVI y cambia su nombre por el de Leo Katz. Leo fue muchos hombres a la vez: novelista, ensayista, celoso guardi&aacute;n del <i>yiddish</i>, organizador pol&iacute;tico, luchador social, procurador de armas para la Rep&uacute;blica Espa&ntilde;ola. En suma: un intelectual centroeuropeo signado por la utop&iacute;a comunista.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Friedrich Katz, hijo &uacute;nico, creci&oacute; y se educ&oacute; en un hogar en el que se entrecruzaban as&iacute; tres culturas: la sofisticada intelectualidad de Viena, la militancia de izquierda y una fascinaci&oacute;n por el mundo rural y su resistencia contra las inflexiones de la modernidad. Una resistencia que si no compensaba de alguna manera dignificaba, as&iacute; fuese con la iron&iacute;a de una justicia original, las imborrables heridas que el antisemitismo austriaco habr&iacute;a de causar a sus ciudadanos de origen jud&iacute;o. Hay una suerte de <i>quid pro quo</i> en esta melancol&iacute;a: nada tan lac&oacute;nico en la decadencia del Imperio como los rebeldes y las rebeliones de las profundidades del mundo del s&uacute;bdito rural que acabaron por convertirlo en un inv&aacute;lido.</font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El antifascismo militante de sus padres oblig&oacute; a la familia a emigrar a Francia en 1933, donde fueron a su vez expulsados para dirigirse a Nueva York. Friedrich aprendi&oacute; ingl&eacute;s y se encontr&oacute; por primera vez con el mundo estadounidense; un encuentro que se repetir&iacute;a hasta fijar ah&iacute; su residencia definitiva despu&eacute;s de 1971, que para los Katz significar&iacute;a un pa&iacute;s que no acabar&iacute;a por expulsarlos. Pero en 1938 tendr&iacute;an que abandonar Estados Unidos. John Coatsworth sostiene que las autoridades de inmigraci&oacute;n hab&iacute;an ya cerrado el paso a los jud&iacute;os europeos; Womack asegura que fue m&aacute;s bien al anticomunismo de esas autoridades lo que los llev&oacute; finalmente a buscar refugio en M&eacute;xico. Tal vez ambos tengan raz&oacute;n.<sup><a href="#notas">2</a></sup> Sea como sea, la familia lleg&oacute; en ese a&ntilde;o al Distrito Federal, con el benepl&aacute;cito de las autoridades cardenistas.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Friedrich, que apenas contaba con 13 a&ntilde;os, asisti&oacute; al Liceo Franco Mexicano, donde consolid&oacute; su conocimiento del franc&eacute;s. La memoria que guard&oacute; toda su vida de su primer exilio en M&eacute;xico se resume en una frase que gustaba repetir: "Tuvimos que huir de Viena, Par&iacute;s y Nueva York para llegar a M&eacute;xico... Y nos dijimos: &iexcl;Caray, qu&eacute; gente tan civilizada!".<sup><a href="#notas">3</a></sup> Fue una impresi&oacute;n que sign&oacute; de alguna manera no s&oacute;lo su vida sino, parad&oacute;jicamente, el destino de su obra: si algo inspira como <i>leitmotif</i> a su pensamiento no s&oacute;lo es mostrar la copiosa complejidad de las culturas de nuestra antig&uuml;edad, sino el peculiar proceso que hizo de la Revoluci&oacute;n Mexicana un fen&oacute;meno tan singular y distinto al de las revoluciones del siglo XX en Rusia, Occidente y la mayor parte de Am&eacute;rica Latina. Despu&eacute;s de concluir el Liceo en 1945, se dirigi&oacute; al Wallace College en Staten Island, donde permaneci&oacute; tres a&ntilde;os. Finalmente regres&oacute; a M&eacute;xico en 1948 para cursar un a&ntilde;o en el posgrado de la Escuela Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia. En esa &eacute;poca, la ENAH se hab&iacute;a convertido en uno de los centros m&aacute;s sensibles de la cultura nacional. Los art&iacute;fices que hab&iacute;an codificado la recuperaci&oacute;n de las culturas antiguas desde los a&ntilde;os veinte impart&iacute;an clases y laboraban como investigadores. No es improbable que esa atm&oacute;sfera acad&eacute;mica e intelectual impregnara su decisi&oacute;n de elegir como tema de su tesis de doctorado, que cursar&iacute;a en la Universidad de Viena, el estudio de los &oacute;rdenes sociales y pol&iacute;ticos del Imperio azteca. El texto se public&oacute; en Alemania en 1956, y en espa&ntilde;ol apareci&oacute; en 1966 bajo el t&iacute;tulo: <i>Situaci&oacute;n social y econ&oacute;mica de los aztecas durante los siglos XV y XVI.</i> El tema central del ensayo es una pregunta que, vista desde el punto de vista historiogr&aacute;fico, condensa la apertura de un camino que explorar&aacute; a lo largo de sus investigaciones posteriores: la pregunta por la diferencia o, en los t&eacute;rminos de Markow &#150;uno de los historiadores m&aacute;s inexplicablemente olvidados que ejerci&oacute; una vasta influencia sobre &eacute;l&#150;, el dilema de la singularidad.<sup><a href="#notas">4</a></sup> &iquest;Por qu&eacute; los mexicas, sin contar con la t&eacute;cnica, ni con la escritura, ni con la mayor&iacute;a de los atributos que har&iacute;an del "progreso" europeo una suerte de imagen teleol&oacute;gica de la historia, lograron constituir un imperio tan eficaz e instituciones tan s&oacute;lidas como las que hab&iacute;an sostenido a los imperios europeos a partir del siglo XIII? En rigor, el texto desemboca en una cr&iacute;tica al <i>telos</i> etnoc&eacute;ntrico de la trama de la Antig&uuml;edad, s&oacute;lo que con las herramientas de la historia social. Katz abundar&iacute;a en esta cr&iacute;tica en un cuantioso libro que puede ser considerado como un cl&aacute;sico de la historia social de las culturas antiguas: <i>THe Ancient American Civilizations</i>, 1969. Aqu&iacute; la pregunta sobre las instituciones mexicas se ampl&iacute;a y se hace m&aacute;s compleja en una comparaci&oacute;n con los incas. La investigaci&oacute;n que redundar&iacute;a en esta segunda aproximaci&oacute;n social y cr&iacute;tica a la teleolog&iacute;a del progreso transcurrir&iacute;a despu&eacute;s de que opta por una c&aacute;tedra en la Universidad Humboldt de Berl&iacute;n en 1956, en la extinta Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica Alemana. En rigor, Katz habr&iacute;a de realizar algunos de sus principales trabajos en un pa&iacute;s que ya no existe m&aacute;s, un sentimiento que no debe resultar tan extra&ntilde;o para un historiador que creci&oacute; bajo la permanente incertidumbre en la que, durante el siglo XX, un europeo no pod&iacute;a saber con qu&eacute; mapa se despertar&iacute;a a la ma&ntilde;ana siguiente.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Por qu&eacute; emigr&oacute; de Austria a Berl&iacute;n Oriental en los a&ntilde;os 50? Tal vez por las mismas razones por las que hab&iacute;a tenido que abandonar Austria con su familia en 1933, s&oacute;lo que ahora bajo la paradoja de un r&eacute;gimen democr&aacute;tico: en esta ocasi&oacute;n no era el fascismo sino la Guerra Fr&iacute;a la que condenaba su filiaci&oacute;n con la izquierda (siempre se puede decir que la Guerra Fr&iacute;a fue m&aacute;s <i>light</i>, pues en ella la izquierda mor&iacute;a del olvido (o del ostracismo) y no en los campos de concentraci&oacute;n), y el antisemitismo nunca dejo de afilar navajas en territorio austriaco. O tal vez algo m&aacute;s &iacute;ntimo, como la muerte temprana de su padre en 1954, tuvo algo que ver con ello.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la Universidad Humboldt, imparti&oacute; c&aacute;tedra e investig&oacute; durante casi quince a&ntilde;os. All&iacute; confeccion&oacute; uno de los estudios que acabar&iacute;a siendo una de las antesalas de sus textos esenciales sobre la Revoluci&oacute;n Mexicana: <i>Mexiko, Diaz</i>, <i>und die Mexikanische Revolution</i>. Este libro, que explora la pol&iacute;tica que sigui&oacute; Alemania frente a los gobiernos de Porfrio D&iacute;az y Francisco Madero inaugura el territorio que habr&iacute;a de codificar lenta y muy gradualmente en la segunda parte de su historia intelectual (la que empe&ntilde;&oacute; en el estudio de la primera mitad del siglo XX): la relaci&oacute;n entre la historia diplom&aacute;tica y la historia social, es decir, la forma en que la relaci&oacute;n entre Estados afecta a la relaci&oacute;n entre un Estado y su naci&oacute;n. Pero en el centro de esta aproximaci&oacute;n se encuentra una operaci&oacute;n mucho m&aacute;s relevante, digamos m&aacute;s espectacular: <i>Mexiko, D&iacute;az, und die Mexikanische Revolution</i> no nos remite a una historia conceptual; menos a una registro dram&aacute;tico o &eacute;pico, tal y como acostumbraba el nacionalismo historiogr&aacute;fico de los a&ntilde;os 50. Tampoco es un estudio, como los que se hac&iacute;an en la &eacute;poca, que se proponga establecer la l&oacute;gica de la Revoluci&oacute;n a partir de desglosarla en el colapso de &oacute;rdenes estructurales o sist&eacute;micos. Es la historia convertida en una f&aacute;brica de la alegor&iacute;a: D&iacute;az, el gobernante que pierde la conciencia del l&iacute;mite; Madero, el reformador devorado por la reforma; Zapata, el retorno a la utop&iacute;a de la comunidad; Villa, la violencia revolucionaria. El de Katz es el arte de la alegor&iacute;a hist&oacute;rica. Una arte que cobra toda su plenitud en <i>La guerra secreta en M&eacute;xico</i>, publicado en los a&ntilde;os 70. Aunque su preparaci&oacute;n se realiza en los a&ntilde;os 60 con m&uacute;ltiples viajes a M&eacute;xico, el texto fue redactado cuando la Universidad de Chicago le ofreci&oacute; una c&aacute;tedra como profesor. Una vez m&aacute;s, en 1970 abandonaba un pa&iacute;s, la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica Alemana, por motivos pol&iacute;ticos. La di&aacute;spora continuaba. Al igual que el sector m&aacute;s sensible de los a&ntilde;os 60, Katz emprende a partir del 68 una cr&iacute;tica doble: al estalinismo y a los reg&iacute;menes que propici&oacute;. Es decir, no una cr&iacute;tica a la izquierda y a sus m&oacute;viles en general (siempre se sinti&oacute; identificado con ellos), sino a una de sus variantes m&aacute;s espec&iacute;ficas: la que hab&iacute;a hegemonizado a la izquierda radical hasta 1968.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La guerra secreta,</i> que es un fest&iacute;n de la alegor&iacute;a hist&oacute;rica, supone tres operaciones esenciales que cabe destacar.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cr&iacute;tica al positivismo: Si Ranke aspiraba a "contar la historia tal y como sucedi&oacute;", Katz logr&oacute; escribir una historia de algo tal y como no sucedi&oacute;. La pregunta de por qu&eacute; no estall&oacute; la guerra entre M&eacute;xico y Estados Unidos a ra&iacute;z del <i>afaire</i> del telegrama Zimmerman (pretexto por el cual Estados Unidos declar&oacute; la guerra a Alemania) es la columna de la digresi&oacute;n de todo el libro. En general, la construcci&oacute;n del personaje hist&oacute;rico comienza, para Katz, por explorar por qu&eacute; renuncia a lo que renuncia. El resultado es una escena dotada de un minimalismo &eacute;tico y un primado del pragmatismo.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La inversi&oacute;n de lo heroico: es costumbre, en el romanticismo latinoamericano, datar a lo heroico como aquello que desequilibra a las instituciones del poder. Katz procede a la inversa. El gran h&eacute;roe de <i>La guerra secreta</i> es el mayor antih&eacute;roe del imaginario popular hist&oacute;rico mexicano: Venustiano Carranza. Es el &uacute;nico que est&aacute; dotado con la visi&oacute;n de un nuevo Estado. Es obvio que Katz, a la hora de cifrar las jerarqu&iacute;as de la acci&oacute;n, prefiere las lecciones de Maquiavelo a las de los pensadores rom&aacute;nticos.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El mal menor: Los saldos de la Revoluci&oacute;n Mexicana no son equiparables a las transformaciones que produjeron las revoluciones en Occidente desde 1772. Pero fueron mucho m&aacute;s relevantes que los que el destino depar&oacute; a los cambios en Europa del Este que se inician en 1917 en Leningrado con la toma del Palacio de Invierno. Dentro de todas las cat&aacute;strofes que pudieron haberle ocurrido a M&eacute;xico en el siglo XX, la Revoluci&oacute;n Mexicana fue un mal menor.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No hay espacio para comentar la obra central de Katz: <i>The Life and Times of Pancho Villa.</i> No era el prop&oacute;sito de estas palabras m&iacute;nimas. Baste aqu&iacute; con anotar que es la versi&oacute;n m&aacute;s lograda de la historia tr&aacute;gica de la Revoluci&oacute;n Mexicana. Las obras son como la lluvia. Nunca se sabe en qu&eacute; van a fructificar. Pero en un d&iacute;a del mes de diciembre de 2010, la historia mexicana del siglo XX cuenta entre sus filas con otro cl&aacute;sico.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adi&oacute;s, Friedl.</font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">1) Werner Roeder y Herbert Strauss (comps.), <i>Biographishes Handbuch der deutschprachigen Emigration nach 1933,</i> 3 vols, en 4 K.G. Saur, Munich, 1980&#45;83.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4162654&pid=S1405-0927201000020000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>       <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">2) John C. Coatsworth, "Semblanza de Friedrich Katz", en Javier Garc&iacute;adiego y Emilio Kouri (comps.), <i>Revoluci&oacute;n y exilio en la historia de M&eacute;xico. Del amor de un historiador a su patria adoptiva: Homenaje a Friedrich Katz,</i> El Colegio de M&eacute;xico/Era, M&eacute;xico, 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4162656&pid=S1405-0927201000020000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>       <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">3) John Womack Jr., "En torno a Katz y su Pancho Villa", en Javier Garc&iacute;adiego y Emilio Kouri (comps.), <i>Revoluci&oacute;n y exilio en la historia de M&eacute;xico. Del amor de un historiador a su patria adoptiva: Homenaje a Friedrich Katz,</i> El Colegio de M&eacute;xico/Era, M&eacute;xico, 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4162658&pid=S1405-0927201000020000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>       <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">4) Carlos Bravo Regidor, "La mirada de Katz", en <i>La Raz&oacute;n,</i> 25 de diciembre de 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4162660&pid=S1405-0927201000020000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Werner Roeder y Herbert Strauss (comps.), <i>Biographishes Handbuch der deutschprachigen Emigration nach 1933</i>, 3 vols, Munich, en 4 K.G. Saur, 1980&#45;83, v.1, p. 352.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> John C. Coatsworth, "Semblanza de Friedrich Katz", en Javier Garc&iacute;adiego y Emilio Kouri (comps.), <i>Revoluci&oacute;n y exilio en la historia de M&eacute;xico. Del amor de un historiador a su patria adoptiva: Homenaje a Friedrich Katz</i>, El Colegio de M&eacute;xico/Era, M&eacute;xico, 2010, p.15; John Womack Jr., "En torno a Katz y su Pancho Villa", en Javier Garc&iacute;adiego y Emilio Kouri, <i>ibid</i>., p. 81.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Carlos Bravo Regidor, "La mirada de Katz", en <i>La Raz&oacute;n</i>, 25 de diciembre de 2010.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Womack, Jr., "En torno a Katz...", <i>op. cit.,</i> p. 82.</font></p>      ]]></body><back>
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