<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1405-0218</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Isonomía]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Isonomía]]></abbrev-journal-title>
<issn>1405-0218</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Instituto Tecnológico Autónomo de México; Fontamara]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1405-02182005000100004</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Argumentos y observaciones: de críticas internas y externas a la imparcialidad judicial]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Schedler]]></surname>
<given-names><![CDATA[Andreas]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Centro de Investigación y Docencia Económicas A.C  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[México Distrito Federal]]></addr-line>
<country>México</country>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>00</month>
<year>2005</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>00</month>
<year>2005</year>
</pub-date>
<numero>22</numero>
<fpage>65</fpage>
<lpage>95</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1405-02182005000100004&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1405-02182005000100004&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1405-02182005000100004&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Jueces y pol&iacute;tica</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Argumentos y observaciones: de cr&iacute;ticas internas y externas a la imparcialidad judicial<a href="#nota">*</a></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Andreas Schedler<i>**</i></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Centro de Investigaci&oacute;n y Docencia Econ&oacute;mica (CIDE), M&eacute;xico.</i></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tal vez el ideal moderno de democracia constitucional tenga su "mejor s&iacute;mbolo" en la figura del "juez imparcial" (Zakaria 1997: 27). En buena medida, la responsabilidad por la legalidad democr&aacute;tico&#45;liberal descansa en los hombros de administradores imparciales y profesionales de la ley. Pero, &iquest;c&oacute;mo sabemos si nuestros jueces realmente act&uacute;an de una manera imparcial? &iquest;C&oacute;mo sabemos que llegan a sus decisiones con base en la ley y nada m&aacute;s a la ley? El problema de la aplicaci&oacute;n imparcial de las leyes est&aacute; en el centro de la rendici&oacute;n de cuentas en el &aacute;mbito judicial. En ciertos momentos y lugares, es un problema que nadie plantea. A veces confiamos en nuestros jueces y no cuestionamos ni su integridad ni su competencia. Otras veces, las normas jur&iacute;dicas son lo suficientemente claras y sencillas como para obviar las dudas acerca de su observaci&oacute;n; para todos resulta evidente si los actores se ajustan a ellas o las violan. Sin embargo, en el momento en que empezamos a preguntarnos acerca de los fundamentos legales de las decisiones judiciales, en el momento en que empezamos a dudar de la imparcialidad de los actores judiciales, nos adentramos en un terreno complejo, disputado y frustrante.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>1. Di&aacute;logos de sordos</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si a veces en las democracias constitucionales establecidas surgen controversias en torno a la conducta imparcial de los funcionarios p&uacute;blicos, esas discusiones son end&eacute;micas en las nuevas democracias y en los reg&iacute;menes en transici&oacute;n. En los pa&iacute;ses donde apenas ha comenzado el largo camino hacia la construcci&oacute;n de un Estado democr&aacute;tico de derecho, los debates sobre la imparcialidad tienden a ocupar el primer plano de la pol&iacute;tica. El debate p&uacute;blico, las campa&ntilde;as electorales, los esc&aacute;ndalos en los medios de comunicaci&oacute;n, las propuestas de reforma legal, las iniciativas c&iacute;vicas y las protestas callejeras muchas veces giran en torno a problemas de integridad e imparcialidad p&uacute;blicas. En tales situaciones de endeble legalidad, la intrusi&oacute;n del dinero, el poder y el particularismo en los tribunales y las burocracias no pertenece a un lejano pasado hist&oacute;rico, sino que se encuentra en el centro de luchas contempor&aacute;neas por la democratizaci&oacute;n, la construcci&oacute;n del Estado y la institucionalizaci&oacute;n de los sistemas jur&iacute;dicos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La exigencia aparentemente simple de que los nuevos Estados democr&aacute;ticos establezcan "el imperio de la ley, no el de los hombres" tiende a subestimar el hecho de que en disputas concretas las exigencias de la ley frecuentemente son oscuras, complejas y controvertidas. Responsabilizar a los funcionarios p&uacute;blicos de la observancia imparcial de las normas formales tiende a ser una empresa complicada, pol&eacute;mica y frustrante. Como este art&iacute;culo sostiene, la naturaleza controvertida y no concluyente que a menudo caracteriza la rendici&oacute;n de cuentas en el &aacute;mbito judicial surge de la naturaleza dual de las controversias que tiende a generar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Com&uacute;nmente, los cr&iacute;ticos del derecho adoptan o bien una perspectiva "interna" y eval&uacute;an las razones normativas que fundamentan las decisiones judiciales; o bien adoptan una perspectiva "externa" y estudian los correlatos emp&iacute;ricos que acompa&ntilde;an las resoluciones judiciales (como la ideolog&iacute;a personal del juez, el estatus social de la parte perdedora, y los recursos materiales de la parte vencedora). Los cr&iacute;ticos con un enfoque interno preguntan si las decisiones legales son correctas o incorrectas. Los cr&iacute;ticos con un enfoque externo se preguntan si revelan un sesgo sistem&aacute;tico en favor de una u otra de las partes en conflicto. La perspectiva interna sigue lo que llamar&eacute; la l&oacute;gica del razonamiento o de la argumentaci&oacute;n: la examinaci&oacute;n de argumentos legales. La perspectiva externa se basa en lo que llamar&eacute; la l&oacute;gica de la asociaci&oacute;n o de la covariaci&oacute;n: la b&uacute;squeda de circunstancias extralegales que covar&iacute;en con las decisiones judiciales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los actores que desarrollan modos argumentativos de cr&iacute;tica legal (el punto de vista interno) y aquellos que prosiguen modos asociativos de an&aacute;lisis legal (el punto de vista externo) no suelen hablarse, m&aacute;s bien se ignoran y pasan de largo. Participan en di&aacute;logos de sordos, en disputas basadas en tesis inconmensurables, sin una base com&uacute;n para evaluar sus m&eacute;ritos relativos. En consecuencia, en lugar de ejercicios de deliberaci&oacute;n racional, las discusiones sobre la imparcialidad suelen parecer ejercicios de competencia pol&iacute;tica. Dos ejemplos tomados del campo de la gobernaci&oacute;n electoral pueden ilustrar el choque com&uacute;n que se da entre estos dos enfoques opuestos de rendici&oacute;n de cuentas en el &aacute;mbito judicial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primero se refiere al intenso litigio postelectoral que sigui&oacute; a la contienda presidencial de 2000 en Estados Unidos provoc&oacute; toneladas de comentarios de &iacute;ndole legal que reflexionaban sobre lo apropiado, desde un punto de vista jur&iacute;dico, de las decisiones tomadas y las justificaciones ofrecidas por los actores involucrados, incluyendo a candidatos, abogados, mesas directivas de casillas, secretarios de Estado, tribunales de primera instancia y tribunales supremos. Sin embargo, invariablemente, todos estos ejercicios de razonamiento jur&iacute;dico fueron eclipsados por las sospechas pol&iacute;ticas. La mayor&iacute;a de los protagonistas ten&iacute;an afinidades partidistas discernibles y por lo tanto, eran sospechosos (a los ojos de sus adversarios) de "hacer a&ntilde;icos el imperio de la ley con el fin de sacar ventaja pol&iacute;tica".<sup><a href="#nota">1</a></sup> La covariaci&oacute;n observada entre sus preferencias partidistas privadas y sus decisiones p&uacute;blicas sirvi&oacute; para desacreditar cualesquiera argumentos legales que pudieran armar. La especulaci&oacute;n acerca de los motivos pol&iacute;ticos contamin&oacute; la evaluaci&oacute;n de las razones jur&iacute;dicas. Entre los casos m&aacute;s notorios estuvieron los de la secretaria de Estado Katherine Harris, el Tribunal Supremo de Florida y el Tribunal Supremo de Estados Unidos. Todos ellos cayeron v&iacute;ctimas de la l&oacute;gica de la asociaci&oacute;n triunfando sobre la l&oacute;gica de la argumentaci&oacute;n.<sup><a href="#nota">2</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nuestro segundo ejemplo proviene del proceso de democratizaci&oacute;n mexicano. En el a&ntilde;o 2000, el pa&iacute;s culmin&oacute; dos d&eacute;cadas de democratizaci&oacute;n pol&iacute;tica. Buena parte de su transici&oacute;n gradual del autoritarismo electoral a la democracia electoral gir&oacute; en torno a la reformas legales que transformaron el marco institucional de la gobernaci&oacute;n electoral.<sup><a href="#nota">3</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Volver independientes a los organismos administrativos y judiciales encargados de la gobernaci&oacute;n electoral ten&iacute;a por objeto garantizar que el imperio de la ley prevaleciera en la conducci&oacute;n de las elecciones. Las reformas institucionales tuvieron un gran &eacute;xito. Las nuevas autoridades electorales se han convertido en garantes de la integridad electoral. No obstante, cada vez que resuelven una controversia legal importante, los partidos perdedores tienden a quejarse clamorosamente que se ha cometido una falta y que los c&aacute;lculos partidistas han pasado por encima de las consideraciones legales. La gobernaci&oacute;n electoral en M&eacute;xico todav&iacute;a da testimonio de la "inestabilidad" estructural (Shapiro 1981: 2) de la resoluci&oacute;n judicial de conflictos. Los perdedores casi nunca dan cr&eacute;dito a las justificaciones legales planteadas por sus adversarios. Si pierden un pleito legal, no admiten que tal vez hayan presentado mal el caso. M&aacute;s bien arguyen que las autoridades est&aacute;n al servicio de intereses partidistas, que son presas de sus ideolog&iacute;a personal o de interferencias externas.<sup><a href="#nota">4</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En ambos casos, el razonamiento legal (el punto de vista interno) y las sospechas pol&iacute;ticas (el punto de vista externo) chocan y compiten de manera est&eacute;ril sin llegar a ninguna conclusi&oacute;n. Los dos puntos de vista implican profundas diferencias metodol&oacute;gicas. Sin embargo, ambos representan perspectivas leg&iacute;timas que ofrecen apreciaciones v&aacute;lidas, aunque parciales, sobre la toma de decisiones en el &aacute;mbito judicial. Si reconocemos sus fortalezas y debilidades relativas, entonces podremos empezar a adoptarlos de maneras que resulten mutuamente esclarecedoras, en lugar de mutuamente descalificadoras.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>2. La imparcialidad excluyente</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La imparcialidad, el n&uacute;cleo normativo de la rendici&oacute;n de cuentas en el &aacute;mbito del derecho, representa un principio fundamental de la sociedad moderna. Representa la base normativa de cualquier concepci&oacute;n de justicia<sup><a href="#nota">5</a></sup> y constituye el principio rector de amplias esferas de la vida moderna, tanto de la p&uacute;blica como de la privada. El juez, el funcionario p&uacute;blico, el polic&iacute;a de tr&aacute;nsito, el periodista, el maestro, el cient&iacute;fico, el cura y el &aacute;rbitro, todos ellos enfrentan la exigencia estricta de tomar sus decisiones profesionales con base en criterios imparciales.<sup><a href="#nota">6</a></sup> El presente estudio no abarca todos los tipos de imparcialidad; dos distinciones anal&iacute;ticas sirven para circunscribir su alcance: (a) la distinci&oacute;n entre instituciones imparciales y actos imparciales; y (b) la distinci&oacute;n entre mediaci&oacute;n y arbitraje.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">a)&nbsp;Al menos desde la <i>Teor&iacute;a de la Justicia</i> (1971) de John Rawls, el debate pol&iacute;tico&#45;filos&oacute;fico sobre la imparcialidad y la equidad <i>(fairness)</i> ha girado en torno a cuestiones de dise&ntilde;o institucional. La idea de la "justicia como imparcialidad" (Barry 1995) se ha ocupado de las instituciones imparciales, m&aacute;s que de los actores imparciales. Las instituciones imparciales son &eacute;ticamente neutrales en la medida en que no discriminan entre concepciones rivales del bien. Los argumentos y las decisiones imparciales son epist&eacute;micamente neutrales en la medida en que toman en consideraci&oacute;n, de manera equitativa, todos los puntos de vista involucrados en un conflicto. El privilegio que la filosof&iacute;a pol&iacute;tica ha otorgado a la imparcialidad &eacute;tica de las instituciones pol&iacute;ticas no implica que los fil&oacute;sofos hayan ignorado la importancia de la "justicia formal" entendida como "la administraci&oacute;n imparcial y consistente de las leyes y las instituciones" (Rawls 1971: 58). Sin embargo, en el contexto en el cual se ha desarrollado de manera predominante (de democracias constitucionales bien establecidas) la filosof&iacute;a pol&iacute;tica ha podido dar por sentada la conducta imparcial de los funcionarios p&uacute;blicos.<sup><a href="#nota">7</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">b)&nbsp;Los actos y los argumentos imparciales se basan en la "disposici&oacute;n" gen&eacute;rica de brindar la debida consideraci&oacute;n a todos los intereses y todos los argumentos pertinentes, en la disposici&oacute;n de escuchar y tratar a los litigantes con "igual simpat&iacute;a o empat&iacute;a" (Solum 1994: 132). Sin embargo, un "tercero" imparcial puede resolver un conflicto de dos maneras alternativas: o adjudica el conflicto aplicando reglas y normas externas que no pueden ser alteradas por las partes en pugna, o media entre las partes tomando como base criterios internos definidos por ellas mismas, esforz&aacute;ndose por reconciliar los intereses en conflicto a trav&eacute;s de un arreglo justo. Lo primero se conoce como arbitraje con base en derechos establecidos <i>(rights arbitration),</i> lo segundo como arbitraje con base en intereses reconocidos (<i>interest arbitration</i>).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El presente ensayo gira en torno a la imparcialidad como principio de acci&oacute;n (en vez de como criterio de dise&ntilde;o institucional) y aborda la aplicaci&oacute;n imparcial de reglas (en lugar de la mediaci&oacute;n imparcial de intereses). Esta concepci&oacute;n estrecha de la imparcialidad, limitada a acciones y argumentos sujetos a reglas formales, est&aacute; formada por cuatro componentes b&aacute;sicos. En primer lugar, hay dos partes en conflicto, a quienes llamaremos aqu&iacute; A y B. La imparcialidad presupone la existencia de adversarios parciales. No tiene cabida en un mundo sin conflictos, sin reivindicaciones incompatibles que precisan de un arreglo pac&iacute;fico.<sup><a href="#nota">8</a></sup> Los destinatarios protot&iacute;picos de las decisiones imparciales son los litigantes en procedimientos contenciosos <i>(adversary proceedings)</i> que se llevan ante los tribunales. Las partes A y B, sin embargo, pueden representar a cualquier par de ciudadanos (o clases de ciudadanos) que est&aacute;n sujetos a decisiones vinculantes de parte de agentes judiciales o administrativos. En segundo lugar, hay un tercero a quien las partes apelan para que resuelva el conflicto entre ellos de manera imparcial. Como los jueces son la personificaci&oacute;n arquet&iacute;pica de la resoluci&oacute;n de conflictos imparcial en el marco de reglas establecidas, llamaremos a esta parte neutral J, por juez.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En tercer lugar, la imparcialidad como principio de soluci&oacute;n de conflictos es m&aacute;s que un juego de argumentaci&oacute;n. Se trata de un ejercicio de poder que emite fallos vinculantes (aun cuando admitan la posibilidad de apelaci&oacute;n y se revoquen en instancias superiores). En alg&uacute;n momento, J tiene que poner fin a la deliberaci&oacute;n y tomar una decisi&oacute;n autoritativa que determine qui&eacute;n tiene derecho a recibir qu&eacute;. Sus decisiones pueden darse a lo largo de un continuo que permite una distribuci&oacute;n intermedia de beneficios entre A y B. Sin embargo, de acuerdo con el esquema cl&aacute;sico de los procedimientos contenciosos (que asumimos como marco idealizado en el presente ensayo), su decisi&oacute;n ser&aacute; dicot&oacute;mica y establecer&aacute; claramente perdedores y vencedores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuarto lugar, a diferencia del mediador neutral, el &aacute;rbitro imparcial no se esfuerza por reconciliar intereses antag&oacute;nicos, sino por resolver conflictos de inter&eacute;s con base en criterios gen&eacute;ricos preestablecidos. Las normas externas que el juez aplica son espec&iacute;ficas del contexto. Las exigencias de imparcialidad dependen del dominio en cuesti&oacute;n. Se espera que los miembros de un jurado premien a los artistas con base en est&aacute;ndares est&eacute;ticos; que los profesores califiquen a los alumnos con base en su rendimiento escolar; que los dictaminadores cient&iacute;ficos eval&uacute;en manuscritos con base en criterios de excelencia acad&eacute;mica; que los sacerdotes juzguen a sus fieles con base en mandamientos religiosos; y as&iacute; sucesivamente. En la esfera que aqu&iacute; nos interesa &#45; el &aacute;mbito p&uacute;blico de las instituciones administrativas y judiciales &#45;los principios y las reglas legales son los que brindan los est&aacute;ndares de imparcialidad en la toma de decisiones.<sup><a href="#nota">9</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Decir entonces que en la esfera p&uacute;blica una "regla debe ser obedecida imparcialmente es decir simplemente que debe ser obedecida fielmente" (Barry 1995: 19). El imperativo imparcial de evitar "distorsiones por sesgo e inter&eacute;s propio" (Rawls 1971: 187) se traduce en el imperativo legal de apegarse a normas formales. Actuar de manera imparcial exige que el servidor p&uacute;blico act&uacute;e con estricta "fidelidad" (Cass 2001: 4) a la ley y nada m&aacute;s que a la ley. Ninguna otra pasi&oacute;n que no sea la aplicaci&oacute;n desapasionada de las normas formales, y ning&uacute;n otro inter&eacute;s que no sea la b&uacute;squeda desinteresada de rectitud legal <i>(legal correctness),</i> pueden influir en su juicio.<sup><a href="#nota">10</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la esfera judicial, podemos entonces concebir la imparcialidad como una meta&#45;regla excluyente: la regla de seguir las reglas. Esta regla de exclusi&oacute;n nos exige aplicar las normas legales, haciendo caso omiso de la pasi&oacute;n, el inter&eacute;s y la ideolog&iacute;a.<sup><a href="#nota">11</a></sup> De esta manera, la imparcialidad entroniza las normas legales como el &uacute;nico m&oacute;vil leg&iacute;timo de las decisiones judiciales y excluye todas las dem&aacute;s consideraciones como ileg&iacute;timas, como intrusos for&aacute;neos que debemos mantener fuera de sus territorios vulnerables. Nuestro lenguaje cotidiano contiene varios conceptos que describen los opuestos de la imparcialidad, como por ejemplo: el prejuicio, el sesgo, la discriminaci&oacute;n, la inequidad, el favoritismo, el nepotismo y la corrupci&oacute;n. Todos ellos indican la intrusi&oacute;n ileg&iacute;tima de criterios extralegales en el juicio legal. Describen decisiones que no est&aacute;n ancladas en reglas universalistas, sino contaminadas por la pasi&oacute;n, la ideolog&iacute;a o el inter&eacute;s.<sup><a href="#nota">12</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>3. El fil&oacute;sofo y el detective</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si el imperativo de imparcialidad exige que los funcionarios p&uacute;blicos sigan las reglas y los principios jur&iacute;dicos, dejando fuera cualquier otra consideraci&oacute;n ajena a la ley, &iquest;c&oacute;mo sabemos que realmente se est&aacute;n plegando a las exigencias excluyentes de la imparcialidad? &iquest;De qu&eacute; modo hemos de juzgar a nuestros jueces? &iquest;C&oacute;mo sabemos que est&aacute;n obedeciendo la ley y nada m&aacute;s que la ley? &iquest;De qu&eacute; manera podemos evaluar los argumentos rivales acerca de la integridad y la imparcialidad judiciales? Como argumenta el presente art&iacute;culo, podemos entender la toma de decisiones judiciales, al igual que muchas discusiones est&eacute;riles sobre la toma de decisiones judiciales, reintroduciendo y reformulando una vieja distinci&oacute;n anal&iacute;tica: el contraste entre perspectivas internas y externas de la realidad social. Los cr&iacute;ticos que adoptan enfoques "internos" monitorean los terrenos leg&iacute;timos de las decisiones imparciales: sus justificaciones legales. Los cr&iacute;ticos que adoptan enfoques "externos" estudian sus terrenos excluidos: los motivos extralegales de las decisiones judiciales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La distinci&oacute;n entre perspectivas internas y externas tiene or&iacute;genes honorables, pero ha ca&iacute;do en el olvido en debates metodol&oacute;gicos m&aacute;s recientes. Hace m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas, H.L.A. Hart (1961) la introdujo en el debate jur&iacute;dico. Cuando adoptamos un punto de vista "interno" &#45;postul&oacute; Hart&#45; comprendemos las reglas como "razones" para actuar de cierta forma y para castigar conductas desviadas (89&#45;90). El observador "externo" de la ley, en cambio, es incapaz de dar cuenta del significado normativo de las reglas jur&iacute;dicas. Incapaz de entender "la manera como funcionan las reglas en cuanto reglas" (90), "se contenta simplemente con registrar las regularidades del comportamiento observable" (89). Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, J&uuml;rgen Habermas (1981) retom&oacute; la distinci&oacute;n para explicar la l&oacute;gica interna de las ciencias sociales. Como los cient&iacute;ficos sociales tratan de entender un mundo preconstruido socialmente, est&aacute;n obligados, de manera ineludible, a adoptar la perspectiva interna de participantes virtuales en el mundo social (152&#45;203). El cient&iacute;fico social, argumentaba Habermas, no investiga al mundo objetivo de la naturaleza, sino al mundo intersubjetivo de significados sociales. Para entender una realidad que sus objetos de investigaci&oacute;n ya entienden por su cuenta (y a su manera), tiene que realizar ejercicios de "doble hermen&eacute;utica" para lo cual, ineludiblemente, est&aacute; obligado a adoptar la perspectiva interna de participantes virtuales en el mundo social (152&#45;203).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien se nutre de estos antecedentes, el presente art&iacute;culo tambi&eacute;n reconceptualiza la distinci&oacute;n entre perspectivas internas y externas de manera importante. Abandona la idea de que los observadores externos son algo as&iacute; como emisarios de Marte que no entienden nada acerca de los sistemas legales. Tanto los cr&iacute;ticos internos como los externos son capaces de comprender la naturaleza de las leyes y de la toma de decisiones judiciales. Su diferencia central no es ni epistemol&oacute;gica ni normativa, sino metodol&oacute;gica: se distinguen, fundamentalmente, en sus m&eacute;todos de an&aacute;lisis emp&iacute;rico. La perspectiva interna eval&uacute;a las justificaciones jur&iacute;dicas en sus propios t&eacute;rminos, mientras que la perspectiva externa examina la circunstancias extralegales que rodean a las decisiones judiciales. La primera toma en serio los argumentos legales, mientras que la segunda toma en serio las sospechas de influencias extralegales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las diferencias metodol&oacute;gicas entre la cr&iacute;tica interna y la externa son profundas y han dado lugar a la ya antigua bifurcaci&oacute;n de los estudios del derecho. El famoso y bien arraigado divorcio entre la teor&iacute;a legal normativa y el estudio positivo de la pol&iacute;tica judicial se deriva, en esencia, de una contraposici&oacute;n petrificada de los dos enfoques. Como nuestros dos ejemplos introductorios lo ilustran, los ejercicios pr&aacute;cticos de rendici&oacute;n de cuentas en la esfera judicial tienden a reproducir el mismo clivaje metodol&oacute;gico que polariza la investigaci&oacute;n acad&eacute;mica. Los cr&iacute;ticos de las decisiones judiciales suelen adoptar una u otra perspectiva, o pasar de una a otra sin un reconocimiento expl&iacute;cito de su elecci&oacute;n metodol&oacute;gica y sus implicaciones. A menudo esta falta de reflexi&oacute;n metodol&oacute;gica no lleva a un di&aacute;logo cr&iacute;tico, sino m&aacute;s bien a la confrontaci&oacute;n est&eacute;ril entre modos contrastantes de la cr&iacute;tica judicial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, si pensamos la distinci&oacute;n entre la cr&iacute;tica interna y la externa como una contraposici&oacute;n entre alternativas epistemol&oacute;gicas fundamentales, mutuamente hostiles e incompatibles, la estamos sobreestimando y malentendiendo. M&aacute;s que una elecci&oacute;n ideol&oacute;gica entre visiones del mundo, la distinci&oacute;n implica una elecci&oacute;n metodol&oacute;gica entre perspectivas cr&iacute;ticas y estrategias de investigaci&oacute;n. Cada perspectiva ilumina cosa distintas y cada una tienes sus puntos ciegos distintos. Ninguna es invariablemente superior a la otra y ambas conllevan su propio bagaje de sesgos y suposiciones anal&iacute;ticas, al igual que sus propios riesgos de saltos inferenciales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El <a href="../img/revistas/is/n22/a4c1.jpg" target="_blank">cuadro 1</a> muestra los principales contrastes metodol&oacute;gicos entre las dos l&oacute;gicas de la cr&iacute;tica judicial. Una manera de resumirlas ser&iacute;a decir que la l&oacute;gica de la argumentaci&oacute;n acepta a los actores judiciales como interlocutores, mientras que la l&oacute;gica de la asociaci&oacute;n los trata como sospechosos. La l&oacute;gica de la argumentaci&oacute;n es af&iacute;n al modo discursivo del fil&oacute;sofo; entra en un di&aacute;logo p&uacute;blico con los actores y los involucra en un ejercicio de reflexi&oacute;n cr&iacute;tica. Concibe la rendici&oacute;n de cuentas en la esfera judicial como un problema de aplicaci&oacute;n de normas y, por consiguiente, de <i>racionalidad normativa.</i> Preocupada por la <i>validez</i> de los argumentos judiciales se pregunta: &iquest;Est&aacute; el juez J en lo correcto? &iquest;Cu&aacute;les son los hechos conocidos del caso? &iquest;Qu&eacute; dicen las normas jur&iacute;dicas? &iquest;Deber&iacute;a J haber decidido algo distinto? En cambio, la l&oacute;gica de la asociaci&oacute;n guarda similitudes con las estrategias de investigaci&oacute;n del detective. Somete a los actores a inspecci&oacute;n p&uacute;blica, poni&eacute;ndolos a prueba en ejercicios de observaci&oacute;n cr&iacute;tica. Entiende la rendici&oacute;n de cuentas en el &aacute;mbito judicial como un problema de motivos ocultos y, por lo tanto, de <i>racionalidad expresiva.</i> Preocupada por la <i>credibilidad</i> de los argumentos judiciales se pregunta: &iquest;Es J honesto? &iquest;Por qu&eacute; resolvi&oacute; el caso tal como lo hizo? &iquest;Estaba respondiendo a presiones externas? &iquest;Sigui&oacute; sus preferencias personales?<sup><a href="#nota">13</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas perspectivas anal&iacute;ticas contrastantes se alimentan de suposiciones contrastantes sobre los motivos que subyacen a las decisiones judiciales. La l&oacute;gica de la argumentaci&oacute;n se basa en la confianza. El cr&iacute;tico con enfoque interno no se preocupa por los motivos personales de J. Entra al juego del razonamiento p&uacute;blico con una suposici&oacute;n fuerte: la suposici&oacute;n de buena fe. S&oacute;lo si acepta la premisa de que los jueces act&uacute;an y hablan de buena fe puede tomar en serio los argumentos legales que ellos esgrimen. En cuanto se viene abajo su confiada atribuci&oacute;n de sinceridad, la l&oacute;gica de la argumentaci&oacute;n tambi&eacute;n se desploma.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cambio, la l&oacute;gica de la asociaci&oacute;n es producto de la desconfianza. El cr&iacute;tico con enfoque externo se pregunta de manera casi exclusiva por motivos personales ocultos. Puede llegar a aceptar la posibilidad de que razones jur&iacute;dicas intervengan en la toma de decisiones judiciales como un motivo entre otros; sin embargo, muchas veces, en lugar de declarase agn&oacute;stico, se muestra abiertamente esc&eacute;ptico en cuanto a la integridad judicial. Inicia sus pesquisas de detective con una suposici&oacute;n fuerte: la suposici&oacute;n de mala fe. Sospecha que los funcionarios p&uacute;blicos emplean argumentos legales nada m&aacute;s de manera estrat&eacute;gica, que sus ejercicios p&uacute;blicos de razonamiento legal constituyen farsas calculadas, dise&ntilde;adas para despistar a los ingenuos. Est&aacute; convencido de que los "determinantes" reales de las decisiones judiciales est&aacute;n en otro lugar.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cr&iacute;tico externo puede establecer una "asociaci&oacute;n" sospechosa entre resoluciones jur&iacute;dicas y hechos extrajur&iacute;dicos para casos individuales, as&iacute; como para un n&uacute;mero grande de casos. En los an&aacute;lisis casu&iacute;sticos de casos significativos, la l&oacute;gica de la asociaci&oacute;n sigue la l&oacute;gica inferencial del detective. La coincidencia temporal de circunstancias comprometedoras con la comisi&oacute;n del delito basta para desacreditar las declaraciones de inocencia. Si resulta plausible en t&eacute;rminos motivacionales, <i>la copresencia</i> establece la causalidad potencial y, por consiguiente, la culpabilidad. En los an&aacute;lisis estad&iacute;sticos de una gran <i>N</i> de decisiones, la l&oacute;gica de la asociaci&oacute;n sigue la l&oacute;gica inferencial de los experimentos cient&iacute;ficos. Los patrones de <i>covariaci&oacute;n</i> entre hechos extrajur&iacute;dicos sospechosos y decisiones judiciales ponen en tela de juicio la credibilidad judicial. Si resulta plausible en t&eacute;rminos te&oacute;ricos, la covariaci&oacute;n (correlaci&oacute;n) se interpreta como causalidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sus diferentes suposiciones motivacionales, marcos anal&iacute;ticos e inquietudes pr&aacute;cticas conducen a las dos l&oacute;gicas de rendici&oacute;n de cuentas a basarse en modos opuestos de inferencia legal. La rendici&oacute;n de cuentas argumentativa, guiada por el ideal dialogal del seminario filos&oacute;fico, acepta las justificaciones judiciales como v&aacute;lidas siempre y cuando caigan ("convincentemente") dentro de los l&iacute;mites de la raz&oacute;n. La rendici&oacute;n de cuentas asociativa, adoptando una postura de observaci&oacute;n silenciosa a distancia, desestima las justificaciones legales en la medida en que coinciden ("sospechosamente") con hechos extralegales que pueden fungir como motivos alternativos en la toma de decisiones judicial.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>4. Argumentos irrazonables</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los cr&iacute;ticos internos mantienen la suposici&oacute;n de imparcialidad judicial siempre que las justificaciones jur&iacute;dicas parezcan razonables, es decir, siempre que est&eacute;n dentro de los l&iacute;mites de lo que personas inteligentes e informadas puedan reconocer como interpretaciones plausibles de evidencia emp&iacute;rica y normas jur&iacute;dicas. Cuando J cruza las fronteras del argumento razonable, sus cr&iacute;ticos pasan de la evaluaci&oacute;n confiada de su solidez argumentativa a la investigaci&oacute;n esc&eacute;ptica de su credibilidad personal. No obstante, en el derecho, igual que en otros &aacute;mbitos, los "l&iacute;mites de la raz&oacute;n" forman un concepto el&aacute;stico. El lugar en donde caen y las pasos que se precisan para transgredirlos no est&aacute;n dados de antemano; m&aacute;s bien, dependen de la manera que escogemos para trazarlos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>4.1. Fronteras controvertidas</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tres clases de anomal&iacute;as jurisprudenciales pueden hacer que un cr&iacute;tico interno dude de la integridad (o competencia) de un juez: desviaciones del principio formal de consistencia, violaciones al debido proceso y transgresiones sustantivas a la ley. Si tales infracciones formales, procedimentales o sustantivas a la ley se consideran graves y evidentes, el juez estar&aacute; en problemas graves y evidentes. Sin embargo, en infinidad de casos de corrupci&oacute;n o incompetencia judicial no resulta de ninguna manera evidente que es lo que se necesita para traspasar las fronteras del argumento legal razonable. En los llamados casos dif&iacute;ciles, es notorio que la argumentaci&oacute;n jur&iacute;dica no lleva a conclusiones claras sobre lo que demanda la ley. En tales casos de controversia jur&iacute;dica, el derecho no ofrece est&aacute;ndares com&uacute;nmente reconocidos de imparcialidad a partir de los cuales se pudieran medir las eventuales desviaciones de parte de J. Las normas jur&iacute;dicas no son "determinantes" <i>(determinate);</i> no logran dictar soluciones &uacute;nicas y ampliamente aceptadas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De hecho, la ley es "determinante" solamente en condiciones muy restrictivas de consenso legal. Estas condiciones aplican cuando las normas formales son claras, espec&iacute;ficas y consistentes; cuando el caso en cuesti&oacute;n parece similar a otros anteriores; y cuando las pr&aacute;cticas jurisprudenciales de investigaci&oacute;n, conceptualizaci&oacute;n, selecci&oacute;n de reglas e interpretaci&oacute;n de reglas est&aacute;n bien institucionalizadas. Cuando estas condiciones restrictivas de consenso legal no se cumplen, los puntos de vista acerca de lecturas "razonables" de la ley divergen. En consecuencia, los ejercicios de argumentaci&oacute;n, en lugar de determinar <i>la</i> soluci&oacute;n correcta bajo la ley, s&oacute;lo pueden delinear los l&iacute;mites externos de soluciones y justificaciones "permisibles" (Kelsen 1994: 90&#45;97). Fuera de las democracias constitucionales establecidas, tales condiciones de desacuerdo o "indeterminaci&oacute;n" jur&iacute;dica son las que predominan en la mayor&iacute;a de los lugares la mayor parte del tiempo. En tales circunstancias de legalidad d&eacute;bil y controvertida, los cr&iacute;ticos internos de la ley est&aacute;n obligados a entrar en la controversia legal, a explicar y evaluar interpretaciones rivales de la ley. Guiados por el ideal del seminario filos&oacute;fico, se esforzar&aacute;n por dar la debida consideraci&oacute;n a todos los argumentos. Al final, tal vez tomen partido por una u otra opini&oacute;n, pero mientras mantengan su presuposici&oacute;n de buena fe, tendr&aacute;n que aceptar el disenso y la controversia como elementos esenciales del di&aacute;logo jur&iacute;dico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>4.2. Mon&oacute;logos legalistas</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No todas las formas de razonamiento jur&iacute;dico reconocen, empero, la legitimidad de la controversia legal. Los jueces desinteresados y los fil&oacute;sofos deliberativos no tienen un monopolio de argumentos jur&iacute;dicos. Tanto en el sistema judicial como en el sistema pol&iacute;tico, los actores pueden usar razones legales con fines estrat&eacute;gicos. Pueden acariciar las certezas reconfortantes del "legalismo" (Shklar 1964). El legalismo es la creencia de que el derecho consiste en un conjunto de reglas completas, claras y concluyentes. Formas "legalistas" de razonamiento se niegan a evaluar argumentos en conflicto. Aparentemente se meten en el juego del razonamiento legal, al mismo tiempo que lo convierten de un ejercicio de deliberaci&oacute;n en un juego de argumentaci&oacute;n estrat&eacute;gica. El legalismo permite a los actores "creer que siempre hay una regla a seguir" (Shklar 1964: 12) y que el propio seguimiento de reglas representa una actividad nada problem&aacute;tica. Constituye una "ideolog&iacute;a del acuerdo" (Shklar 1964: 63) en la medida en que trata la ley como consensual ("determinante") aun en contextos de abierta controversia ("indeterminaci&oacute;n"). Su tesis de que siempre existe una soluci&oacute;n objetivamente correcta y verdadera para los problemas jur&iacute;dicos deslegitima la controversia legal.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si s&oacute;lo hay una verdad en la ley y si &eacute;sta es evidente, y por lo tanto, accesible a toda la gente de buena voluntad, el desacuerdo legal se torna ileg&iacute;timo. El legalista rechaza aceptar opiniones discrepantes como lecturas divergentes aunque respetables de la ley; las trata como evidencia de sesgo. Quien disiente se reh&uacute;sa a reconocer lo obvio. Como las exigencias de la ley son transparentes, las voces discrepantes son voces de corrupci&oacute;n. El legalismo es el razonamiento legal puesto al servicio de la racionalidad estrat&eacute;gica; es el argumento legal vuelto dogm&aacute;tico, monol&oacute;gico y sordo a la argumentaci&oacute;n. El legalista toma en serio los argumentos legales, pero s&oacute;lo los de su propia manufactura. Desacredita todos los dem&aacute;s calific&aacute;ndolos de parciales, ilegales e ileg&iacute;timos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El legalismo reduce el campo de la raz&oacute;n jur&iacute;dica a un solo punto en el espacio del discurso legal: el punto de vista del legalista. Una definici&oacute;n tan estrecha y monop&oacute;lica de los l&iacute;mites de la raz&oacute;n simplifica enormemente la tarea de la rendici&oacute;n de cuentas en el &aacute;mbito judicial. Ofrece un est&aacute;ndar claro: la interpretaci&oacute;n privada de la ley hecha por el cr&iacute;tico es presentada como <i>la</i> lectura correcta de la ley, como la verdad legal objetiva. Tambi&eacute;n ofrece una sencilla regla de inferencia: el rasgo distintivo de la imparcialidad es el acuerdo. Los que disienten violan la ley; se sit&uacute;an fuera del &aacute;mbito de la raz&oacute;n y del derecho; son hip&oacute;critas que juzgan de mala fe. El cr&iacute;tico legalista, si cae del lado ganador, celebra la imparcialidad del juez y descalifica a sus adversarios tach&aacute;ndolos de malos perdedores. Si cae del lado de los perdedores, se queja de la parcialidad del juez y de su colusi&oacute;n con la parte ganadora; a sus adversarios los describe como tramposos que no merec&iacute;an ganar.<sup><a href="#nota">14</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La negaci&oacute;n legalista de la controversia leg&iacute;tima convierte la rendici&oacute;n de cuentas en un ejercicio est&eacute;ril. En lugar de ofrecer una evaluaci&oacute;n reflexiva de argumentos complejos, lleva a una simple medici&oacute;n de fuerzas entre comunidades pol&iacute;ticas o epist&eacute;micas encerradas en s&iacute; mismas. En lugar de mantener aparte cuestiones de validez y credibilidad, las mezcla sistem&aacute;ticamente.<sup><a href="#nota">15</a></sup> Lo peor de todo es que el uso dogm&aacute;tico y/o estrat&eacute;gico de argumentos legales termina devaluando la argumentaci&oacute;n legal como tal. La cr&iacute;tica argumentativa de las decisiones judiciales se funda no s&oacute;lo en la suposici&oacute;n de que los jueces juzgan de buena fe; se funda, adem&aacute;s, en la suposici&oacute;n de que los cr&iacute;ticos critican de buena fe. Si todos participan, o parecen participar, en una farsa enga&ntilde;osa, la argumentaci&oacute;n jur&iacute;dica se viene abajo. No tiene caso argumentar con alguien &#45;sea juez o cr&iacute;tico&#45; que no toma en serio los argumentos.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>5. Asociaciones sospechosas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si deseamos evaluar una resoluci&oacute;n legal sobre bases legales tenemos que conocer las leyes relevantes, as&iacute; como los hechos relevantes. Cuanto m&aacute;s escaso sea nuestro conocimiento legal o emp&iacute;rico, m&aacute;s nos inclinaremos, sea a abstenernos de opinar o a cambiar de una perspectiva interna a una externa. Si queremos aplicar la l&oacute;gica externa de la asociaci&oacute;n, no necesitamos saber nada de leyes ni de hechos; sin embargo, tampoco podemos ser totalmente ignorantes. Necesitamos saber algo, aun cuando ese algo &#45;los requisitos de informaci&oacute;n de la cr&iacute;tica asociativa&#45; sea muy diferente de los requisitos de conocimiento de la cr&iacute;tica argumentativa. La "l&oacute;gica de la asociaci&oacute;n" demanda cierta <i>informaci&oacute;n observacional</i> a fin de correlacionar la variable dependiente Y (el resultado sustantivo de un proceso judicial) con alguna variable independiente X (el posible motivo extralegal de la decisi&oacute;n judicial). Establecer "asociaciones sospechosas" entre decisiones legales y factores extrajur&iacute;dicos exige el conocimiento emp&iacute;rico de las identidades de los actores y sus recursos de poder.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El principio de exclusi&oacute;n de la imparcialidad proh&iacute;be que dos clases de motivos ileg&iacute;timos intervengan en las deliberaciones judiciales: las simpat&iacute;as personales del juez y sus c&aacute;lculos de los costos y beneficios personales que podr&iacute;an derivarse de su decisi&oacute;n. Por un lado, los jueces est&aacute;n obligados a suprimir cualquier asimetr&iacute;a en las simpat&iacute;as que puedan abrigar hacia las partes que acuden ante el tribunal. Sus preferencias personales, sean de &iacute;ndole moral, afectiva o ideol&oacute;gica, tienen que pasarse al asiento trasero, por inc&oacute;modo que &eacute;ste sea, y dejar el volante del juicio legal al razonamiento jur&iacute;dico. La primac&iacute;a de criterios legales tiene por objeto neutralizar cualesquiera inclinaciones personales del juez.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, se supone que los encargados de tomar las decisiones en el &aacute;mbito judicial son sordos a los llamados de la racionalidad instrumental. Aqu&iacute;, sin embargo, hay que introducir una nota de cautela. A veces, los jueces acomodan sus interpretaciones personales de la ley de manera estrat&eacute;gica a las restricciones institucionales que afrontan (como las reglas de toma de decisiones colegiada). Por ejemplo, cuando las decisiones de una corte se toman por mayor&iacute;a, un juez, al saber que su posici&oacute;n jurisprudencial es controvertida, puede suavizarla o ajustarla para hacer posible la formaci&oacute;n de una coalici&oacute;n ganadora entre los miembros del tribunal. Maniobras estrat&eacute;gicas de este tipo pueden ser una manera enteramente leg&iacute;tima de hacer frente a controversias legales. Los jueces no pueden ser ingenuos. Saben que sus posiciones "sinceras" pueden estar destinadas al fracaso, que la inflexibilidad puede ser costosa. Por lo tanto, adaptan sus posturas para que el resultado final sea lo m&aacute;s cercano a su punto ideal. Son maniobras estrat&eacute;gicas de este tipo, que se despliegan dentro de los l&iacute;mites de la ley, lo que investiga la llamada "revoluci&oacute;n estrat&eacute;gica" en los estudios judiciales (Epstein y Knight 2000).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, si bien el c&aacute;lculo estrat&eacute;gico del <i>&eacute;xito jurisprudencial</i> dentro de las limitaciones institucionales existentes puede ser compatible con las exigencias de la imparcialidad (en condiciones que valdr&iacute;a la pena especificar), el c&aacute;lculo consecuencialista del <i>beneficio perso</i><i>nal</i> no lo es (bajo ninguna condici&oacute;n). En su toma de decisiones legales, se supone que J se mantiene imperturbable ante las perspectivas de obtener alguna utilidad personal. Se espera que ignore los beneficios personales que pudiera cosechar como resultado de su decisi&oacute;n, o los da&ntilde;os que pudiese sufrir, sea en t&eacute;rminos de ingreso, perspectivas profesionales, prestigio o integridad f&iacute;sica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los cr&iacute;ticos externos de la toma de decisiones judiciales se centran precisamente en estas dos clases de intromisiones ileg&iacute;timas en el juicio legal: las simpat&iacute;as y las utilidades personales de J. Es la influencia de estas dos categor&iacute;as de causas extralegales la que intentan establecer por asociaci&oacute;n. Naturalmente, son diferentes tipos de pistas emp&iacute;ricas que sirven para establecer la presencia de una u otra. Si queremos saber algo acerca de las simpat&iacute;as personales del juez, tenemos que aprender algo sobre su persona, tenemos que observar los marcadores de identidad que nos parezcan sospechosos. Si queremos saber algo acerca de sus expectativas de obtener beneficios personales, tendremos que conocer el contexto estructural que confronta; tenemos que examinar las estructuras de poder en la que se inscriben sus decisiones.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>5.1. Marcadores de identidad</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para evitar que surjan sospechas de que las simpat&iacute;as personales de los jueces contaminen su toma de decisiones, los sistemas judiciales tienen mucho cuidado en el manejo de su imagen. Se esfuerzan por desdibujar las identidades personales de sus miembros, presentarlos como meros portadores de roles p&uacute;blicos, como "terceros" desinteresados que son indiferentes a todo salvo el llamado universalista de la ley. Ponen a los jueces en escena como actores sin preferencias personales, salvo la aplicaci&oacute;n de reglas impersonales. La arquitectura de las salas de tribunales (en los pa&iacute;ses donde los juicios son orales y p&uacute;blicos) suele colocar a los jueces en medio y por encima de las partes. Los rituales y los atuendos de los tribunales afirman con solemnidad que desempe&ntilde;an funciones p&uacute;blicas que los sit&uacute;an fuera del &aacute;mbito mundano de pasiones e intereses privados. Las reglas de incompatibilidad les impiden resolver sobre casos en los que tengan un inter&eacute;s personal. Los propios jueces repiten una y otra vez que toman sus decisiones con estricta imparcialidad y estricto apego a la ley. Los c&oacute;digos de &eacute;tica los sujetan a estrictas reglas de autocontrol, incluyendo "reglas de mordaza" (Holmes 1995: 202&#45;235) que les proh&iacute;ben hacer declaraciones, sean p&uacute;blicas o privadas, que pudieran indicar (o interpretarse como si indicaran) cualesquiera simpat&iacute;as o antipat&iacute;as hacia alguna de las partes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las instituciones judiciales pueden forjar con relativo &eacute;xito la imagen p&uacute;blica de jueces desinteresados y desapasionados que no albergan deseos personales que podr&iacute;an afectar sus deberes p&uacute;blicos. Sin embargo, como los jueces son personas de carne y hueso, con nombres y domicilios, con posiciones y redes sociales, con historias personales y trayectorias profesionales, los cr&iacute;ticos externos siempre pueden encontrar algo en que anclar su l&oacute;gica de la desconfianza. Aun cuando los jueces sigan fielmente el ritual de desapego solemne, guarden silencio, nunca den un paso en falso y abracen el valor de la imparcialidad en privado y en p&uacute;blico, los observadores externos (as&iacute; como las partes involucradas) de todos modos pueden rastrear aspectos de su personalidad o vida privada para ver si covar&iacute;an con su trayectoria de toma de decisiones (asumiendo que la eventuales covariaciones tienen valor explicativo). Los rasgos de identidad (de jueces y litigantes) que pudieran dar lugar a posibles sospechas de sesgo tienen que cumplir tres condiciones simples.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer lugar, los rasgos de identidad deben permitir distinguir entre las partes involucradas. A menos que A y B difieran entre s&iacute; de alguna manera no trivial, la l&oacute;gica de la asociaci&oacute;n queda suspendida en el aire. Si A y B pertenecen a la misma "comunidad imaginada" (Anderson 1983), los rasgos de identidad del juez, sean cuales sean, se vuelven irrelevantes y escapan al dominio de la cr&iacute;tica asociativa. Por ejemplo, un proceso legal en el que s&oacute;lo intervienen litigantes de un estrato social, sea rico o pobre, no revela nada, desde un punto de vista externo, sobre la discriminaci&oacute;n judicial con base en factores socioecon&oacute;micos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En segundo lugar, las identidades tienen que ser observables. La subjetividad individual es un caja negra de dif&iacute;cil acceso para los dem&aacute;s. Son, por tanto, los marcadores exteriores de identidad, que son discernibles para los observadores externos, los que alimentan la cr&iacute;tica asociativa. Tales marcadores de identidad pueden ser biol&oacute;gicos (fenotipo, sexo), sociales (estatus de clase, redes sociales, ocupaci&oacute;n anterior), culturales (educaci&oacute;n, idioma, habitus profesional, membres&iacute;a &eacute;tnica) o pol&iacute;ticas (militancia partidista, ocupaci&oacute;n previa de puestos p&uacute;blicos).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En tercer lugar, los marcadores de identidad tienen que ser causalmente relevantes. S&oacute;lo cuando tenemos razones para creer que ciertos rasgos de identidad pueden introducir distorsiones que afecten la toma de decisiones judicial, valdr&aacute; la pena investigar si se correlacionan con los resultados judiciales; es decir, la correlaci&oacute;n tiene que ser apoyada por una teor&iacute;a causal. Si afirmamos que la militancia anterior en un partido puede sesgar las decisiones judiciales actuales, necesitamos una teor&iacute;a de la lealtad pol&iacute;tica. Si advertimos en contra del potencial distorsionador de la pertenencia a una etnia, necesitamos una teor&iacute;a de la xenofobia, y as&iacute; sucesivamente. Sin embargo, muy pocas veces la cr&iacute;tica asociativa se basa en teor&iacute;as cient&iacute;ficas sociales propiamente dichas; m&aacute;s bien tiende a descansar en una simple intuici&oacute;n causal: las similitudes (entre juez y parte) alimentan la simpat&iacute;a y la simpat&iacute;a alimenta el sesgo. La simpat&iacute;a se considera el resultado natural de la similitud; y se da por hecho que la parcialidad es el resultado natural de la simpat&iacute;a. Si J comparte rasgos de identidad relevantes con la parte A y resuelve en favor de A, su decisi&oacute;n se interpreta como derivada de sus simpat&iacute;as hacia A. Desde el punto de vista del observador externo, la similitud nutre la desconfianza.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>5.2. Estructuras de poder</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cr&iacute;tico externo que sospecha que las simpat&iacute;as personales contaminan las decisiones judiciales busca indicadores de <i>similitud</i> entre J y la parte favorecida con sus resoluciones. En cambio, el observador cr&iacute;tico que sospecha que los intereses personales interfieren en el fallo emitido por el juez busca evidencias de <i>vulnerabilidad</i> judicial. El primero llama nuestra atenci&oacute;n hacia las caracter&iacute;sticas personales de J, suponiendo que el juez favorece al partido m&aacute;s parecido a s&iacute; mismo. El segundo parte de la premisa de que los actores son homog&eacute;neos (y responden a estructuras de incentivos m&aacute;s que a perfiles de identidad). Este &uacute;ltimo no necesita saber nada acerca de J como individuo. En lugar de esto, dirige nuestra atenci&oacute;n hacia los rasgos estructurales del entorno institucional, pol&iacute;tico y social que afronta. De acuerdo con esta suposici&oacute;n motivacional, el juez, atendiendo a su propio inter&eacute;s, favorece al partido m&aacute;s poderoso. Hasta los jueces con una mentalidad impecablemente imparcial pueden llegar a abandonar la regla de seguir las reglas &#45;asume el cr&iacute;tico&#45;, cuando se enfrentan a una estructura de decisi&oacute;n que o bien impone altos costos personales a la aplicaci&oacute;n imparcial de la ley, o bien promete altos beneficios personales por la concesi&oacute;n ilegal de favores.<sup><a href="#nota">16</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hasta cierta medida, los jueces pueden resistirse a las amenazas y las tentaciones externas. En alg&uacute;n momento, sin embargo, las presiones pueden volverse abrumadoras y entonces la protecci&oacute;n del inter&eacute;s propio pesar&aacute; m&aacute;s que el &iacute;mpetu moral del apego a la ley. Conscientes de la posibilidad siempre presente de que haya interferencias corruptoras externas, los sistemas judiciales tratan de proteger a sus miembros de todo tipo de presi&oacute;n exterior. Tratan de aislarlos de modo que puedan resolver sus casos con aut&eacute;ntica objetividad, sin temer los costos personales ni aspirar a ganancias il&iacute;citas. Existe todo un conjunto de salvaguardas institucionales cuyo fin es proteger la independencia judicial de la intervenci&oacute;n del ejecutivo y el legislativo, as&iacute; como de las partes contendientes. Estos mecanismos de aislamiento tienen por objeto neutralizar las tentaciones del comportamiento corrupto, as&iacute; como las amenazas personales contra los jueces imparciales. Cuanto mejor funcionen, m&aacute;s f&aacute;cil ser&aacute; confiar en la primac&iacute;a de los argumentos legales, en los jueces "que juzgan de buena fe" (Burton 1992). En cambio, cuanto menos efectivas y menos cre&iacute;bles sean tales barreras institucionales, m&aacute;s alimentar&aacute;n la l&oacute;gica asociativa de la sospecha.<sup><a href="#nota">17</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los actos concretos de intimidaci&oacute;n y corrupci&oacute;n casi siempre ocurren ocultos a la mirada p&uacute;blica. Sin embargo, para activarse, la l&oacute;gica de la asociaci&oacute;n no requiere saber nada acerca del ejercicio real del poder, del "mecanismo causal" que convierte los recursos de poder extralegales en sesgos judiciales. S&oacute;lo necesita saber algo de la distribuci&oacute;n emp&iacute;rica de los recursos de poder. Necesita saber qu&eacute; es lo que J puede saber razonablemente de la configuraci&oacute;n dada de los actores: qui&eacute;n puede hacerle da&ntilde;o o beneficiarlo mientras resuelve el caso. Interesado &uacute;nicamente en observar, desde afuera, la covariaci&oacute;n entre variables jur&iacute;dicas y extrajur&iacute;dicas, el cr&iacute;tico externo puede ignorar el ejercicio real del poder. Lo que pase "en la vida real" entre jueces y partes puede quedar invisible, encerrado en la caja negra del comportamiento inobservable. Que realmente se realicen o no las amenazas o las promesas poco repercute en la inferencia causal. Si observa que los fallos judiciales benefician a los poderosos, concluir&aacute; con certeza que el poder constitu&iacute;a la fuerza causal que estaba detr&aacute;s del resultado observado.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>6. Elecciones metodol&oacute;gicas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dadas las profundas diferencias metodol&oacute;gicas entre la l&oacute;gica de la argumentaci&oacute;n y la l&oacute;gica de la asociaci&oacute;n, f&aacute;cilmente podr&iacute;amos concluir que estamos ante una elecci&oacute;n binaria entre modos incompatibles de cr&iacute;tica judicial. La mutua hostilidad y la incomprensi&oacute;n rec&iacute;proca entre fil&oacute;sofos del derecho y estudiosos de la pol&iacute;tica judicial refuerzan la idea de que se trata de perspectivas rivales y mutuamente excluyentes. Tambi&eacute;n sugieren que elegir entre una u otra es algo similar a una decisi&oacute;n de vida, a un acto de autodefinici&oacute;n ideol&oacute;gica que surge de concepciones opuestas del derecho, la ciencia y la explicaci&oacute;n: se elige una metodolog&iacute;a y se entra en una comunidad epist&eacute;mica. Aqu&iacute;, por contraste, quiero ofrecer una interpretaci&oacute;n m&aacute;s pragm&aacute;tica de las decisiones metodol&oacute;gicas. El pragmatismo metodol&oacute;gico reconoce la naturaleza contingente de nuestras elecciones metodol&oacute;gicas y al mismo tiempo subraya los beneficios potenciales de combinar perspectivas metodol&oacute;gicas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>6.1. La presunci&oacute;n de confianza</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tanto la perspectiva interna como la externa arrastran su propia y pesada carga de premisas normativas y cognitivas. Si no deseamos llevar a cuestas las suposiciones subyacentes que vienen con cualquiera de estas dos perspectivas, podemos desecharlas leg&iacute;timamente. Sin embargo, la carga de la justificaci&oacute;n est&aacute; de nuestro lado. Decidamos lo que decidamos, no nos podemos eximir de la exigencia cient&iacute;fica de hacer transparentes nuestras decisiones metodol&oacute;gicas y de exponer nuestras razones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante todo, la decisi&oacute;n metodol&oacute;gica de tomar en serio los argumentos jur&iacute;dicos y adoptar un modo interno de cr&iacute;tica judicial presupone la confianza. S&oacute;lo cuando hacemos la suposici&oacute;n confiada de que los jueces est&aacute;n juzgando (y argumentando) de buena fe tiene sentido entablar una conversaci&oacute;n de &iacute;ndole legal con ellos. La confianza, sin embargo, es un recurso escaso. Los cr&iacute;ticos del derecho pueden apostar a la confianza, o rehusarse a hacer una apuesta tan arriesgada, dependiendo a) de sus concepciones de la naturaleza humana, b) de su percepci&oacute;n general del sistema judicial y c) de sus evaluaciones de casos espec&iacute;ficos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">a)&nbsp;Preguntarnos por el seguimiento imparcial de reglas no tiene mucho sentido si partimos de la premisa te&oacute;rica de que la imparcialidad es un "mito" hueco (Segal y Speath 1993: 4), un principio normativo demasiado demandante para seres humanos preocupados por s&iacute; mismos. Si la idea del seguimiento imparcial de reglas no es m&aacute;s que una pantalla de humo que "oculta la realidad de decisiones basadas en las preferencias pol&iacute;ticas personales de cada juez" (Segal y Speath 1993: 363), entonces no es aconsejable tomar en serio las razones jur&iacute;dicas. Basados en un modelo estrecho de la racionalidad instrumental, el estudio positivo de la pol&iacute;tica judicial (al menos en sus variantes actitudinales) entiende la toma de decisiones judicial como una actividad pol&iacute;tica similar a cualquier otra cuyos "determinantes" est&aacute;n ajenos a la esfera normativa del derecho. Las suposiciones "amorales" del estudio positivo de la pol&iacute;tica judicial determinan su camino metodol&oacute;gico: la t&eacute;cnica asociativa del detective.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">b)&nbsp;Los te&oacute;ricos del derecho que reflexionan sobre la validez de decisiones judiciales en el contexto de una legalidad democr&aacute;tica consolidada disfrutan de un raro privilegio: el privilegio de la confianza institucional. Pueden dar por sentado que el juego en el que participan los actores es un juego de razonamiento normativo en el cual los argumentos jur&iacute;dicos cuentan, en vez de ser un juego de poder en el que las normas jur&iacute;dicas no son m&aacute;s que instrumentos de enga&ntilde;o. En contraste, en los endebles sistemas jur&iacute;dicos que encontramos en muchas de las nuevas democracias no existe, ni puede existir, tal suposici&oacute;n generalizada de buena fe. En la mayor&iacute;a de los lugares del mundo contempor&aacute;neo reina la desconfianza estructural y auto&#45;reproductiva. Bajo estas condiciones, por lo general, los cr&iacute;ticos del sistema legal no toman en serio los argumentos jur&iacute;dicos, pues suponen (normalmente con buena evidencia emp&iacute;rica) que ni los propios actores judiciales los toman en serio. Dada la suposici&oacute;n generalizada de mala fe (que en tales contextos se extiende a los propios cr&iacute;ticos), tanto los analistas como los actores descartan los argumentos jur&iacute;dicos tach&aacute;ndolos de ser meras apariencias. Las inquietudes por la credibilidad judicial hacen desaparecer las preocupaciones por la validez jur&iacute;dica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">c) Hasta en los sistemas jur&iacute;dicos que gozan de credibilidad, la desconfianza puede surgir a partir de casos espec&iacute;ficos. Tanto los marcadores de identidad que distinguimos como las estructuras de poder que observamos pueden ofrecernos buenas razones para dudar de la imparcialidad judicial en casos determinados. Los jueces que muestran simpat&iacute;as sospechosas invitan las cr&iacute;ticas externas tanto como los litigantes que controlan recursos de poder sospechosos. El litigio postelectoral del a&ntilde;o 2000 en Florida dio testimonio de la posibilidad siempre abierta de que un solo caso pol&eacute;mico desestabilice rutinas de confianza institucional y provoque sospechas intensas hacia los encargados de adoptar decisiones en las esferas administrativa y judicial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sean sus motivos de desconfianza ontol&oacute;gicos, institucionales o situacionales, el observador desconfiado tender&aacute; a adoptar un modo asociativo de cr&iacute;tica judicial. Puede resultar dif&iacute;cil convencerlo de otra cosa. La confianza no es una actitud que podamos establecer por decreto. Sin embargo, sea que confiemos y examinemos argumentos jur&iacute;dicos o que desconfiemos y estudiemos variables extrajur&iacute;dicas, tenemos que estar dispuestos a explicar las razones normativas o emp&iacute;ricas en las que se basa nuestra decisi&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>6.2. Las exigencias de informaci&oacute;n</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s de la suposici&oacute;n confiada de buena fe, la l&oacute;gica interna de la argumentaci&oacute;n legal impone otra fuerte exigencia a los cr&iacute;ticos: el conocimiento jur&iacute;dico. Sus demandas de informaci&oacute;n legal, empero, pueden ser dif&iacute;ciles de satisfacer, ante todo, en la discusi&oacute;n de casos dif&iacute;ciles, as&iacute; como en la evaluaci&oacute;n de un gran n&uacute;mero de casos. S&oacute;lo los expertos del &aacute;mbito legal est&aacute;n en buena posici&oacute;n para juzgar casos "duros" en los que el debate jur&iacute;dico no es concluyente. Todos los dem&aacute;s est&aacute;n condenados a mirar las controversias legales desde una posici&oacute;n de relativa ignorancia. A los no especialistas, la l&oacute;gica de la asociaci&oacute;n les ofrece atajos muy c&oacute;modos para circunnavegar las complejidades de la argumentaci&oacute;n legal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s, examinar a fondo las justificaciones legales es poco viable cuando deseamos analizar muchos casos a lo largo del tiempo o a trav&eacute;s del espacio. No es que sea imposible "incorporar un papel para la ley en los modelos corroborables" (Richards y Kritzer 2002: 309); sin embargo, en el an&aacute;lisis estad&iacute;stico de un n&uacute;mero grande de observaciones, es mucho m&aacute;s dif&iacute;cil construir medidas v&aacute;lidas de razonamiento judicial que crear indicadores razonables de "determinantes" extralegales de decisiones judiciales. Normalmente, la complejidad del razonamiento legal no se puede traducir a la sencillez relativa de los n&uacute;meros, sin que suframos una considerable p&eacute;rdida de informaci&oacute;n. El razonamiento judicial se resiste m&aacute;s a la expresi&oacute;n num&eacute;rica que los datos extralegales y los resultados jur&iacute;dicos (qui&eacute;n gana y qui&eacute;n pierde) cuya covariaci&oacute;n trata de establecer la l&oacute;gica de la asociaci&oacute;n. No es casual, entonces, que los estudios estad&iacute;sticos de pol&iacute;tica judicial (tanto los longitudinales como los comparativos) muestren cierta afinidad electiva con el pensamiento asociativo.<sup><a href="#nota">18</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>6.3. Pesos y contrapesos</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si no deseamos aceptar la suposici&oacute;n de integridad judicial, o si no deseamos cargar con el peso del conocimiento jur&iacute;dico profundo, estudiaremos las decisiones judiciales sobre la base del razonamiento asociativo. A la inversa, si confiamos en nuestros jueces, si sabemos de la legislaci&oacute;n pertinente y si estamos informados de los casos bajo discusi&oacute;n, es probable que adoptemos la perspectiva interna de una evaluaci&oacute;n argumentativa. Sin embargo, aun cuando elijamos privilegiar una perspectiva por encima de la otra, deber&iacute;amos estar conscientes de los costos que aceptamos al excluir cualquiera de ellas. Ambos enfoques tienen sus propias fortalezas y debilidades. Podemos tener el mejor de ambos mundos metodol&oacute;gicos s&oacute;lo si los tratamos como complementarios y no como enfoques mutuamente excluyentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por un lado, la confiada l&oacute;gica de la argumentaci&oacute;n est&aacute; desarmada y desprotegida si los jueces quebrantan la fe depositada en ellos. Como protecci&oacute;n contra el riesgo de ingenuidad moral, es aconsejable aceptar el correctivo amoral que representa la cr&iacute;tica asociativa. Por el otro, la l&oacute;gica de la asociaci&oacute;n por s&iacute; sola nunca puede establecer si los motivos extralegales cuya influencia infiere a partir de los patrones de correlaci&oacute;n observados determinan las decisiones judiciales <i>dentro</i> o <i>fuera</i> de las fronteras de la ley. De ah&iacute; se deriva nuestro llamado metodol&oacute;gico a la aplicaci&oacute;n de pesos y contrapesos entre los dos enfoques. Si permitimos que una perspectiva cr&iacute;tica monopolice el debate, excluyendo a la otra sin consideraciones de contexto, dejaremos de ver, o la cara oscura, o la cara luminosa de la luna legal. Pasaremos por alto la intrusi&oacute;n subterr&aacute;nea de los motivos extralegales privados, o el peso aut&oacute;nomo de los argumentos legales p&uacute;blicos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como lo ilustra la <a href="#f1">figura 1</a>, los dos modos de cr&iacute;tica jur&iacute;dica pueden aparecer como <i>fuentes</i> de controversia acerca de la imparcialidad judicial, pero tambi&eacute;n pueden presentarse como <i>respuestas</i> a controversias de este tipo. Ambos pueden alimentar las dudas sobre la imparcialidad judicial, o responder a ellas. Es decir, es posible entrar en el terreno de la "imparcialidad controvertida" (el cuadro sombreado de en medio) desde cualquiera de estas perspectivas y, una vez ah&iacute;, seguir cualquier camino para corroborar las dudas iniciales. Para lograr los deseados"pesos y contrapesos" entre las dos perspectivas, podemos adoptar una sencilla regla general: si las dudas acerca de la imparcialidad judicial surgen de una cr&iacute;tica externa, deber&iacute;amos introducir la l&oacute;gica interna de la argumentaci&oacute;n jur&iacute;dica para valorarlas; si las dudas surgen de irritaciones legales, deber&iacute;amos responder examinando las circunstancias extralegales para evaluarlas.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f1"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/is/n22/a4f1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por un lado, cuando el cr&iacute;tico interno descubre decisiones irritantes que quebrantan los est&aacute;ndares de la argumentaci&oacute;n razonable, no est&aacute; obligado a abandonar su confianza en el juez sin m&aacute;s. Su apreciaci&oacute;n de que J se ha apartado de las bases de la raz&oacute;n no lo obliga a aceptar la hip&oacute;tesis del sesgo judicial. Las irritaciones legales pueden o no dar origen a sospechas de parcialidad. Quiz&aacute; el cr&iacute;tico interno los interprete como producto del error, que se corregir&aacute;n en instancias superiores de apelaci&oacute;n. Pero aun si toma el acto "no razonable" como un signo perturbador de sesgo, hay que "hacer m&aacute;s indagaciones para ver si la causa es la parcialidad" (Barnett 1998: 142). Las decisiones jur&iacute;dicas que rebasan los l&iacute;mites de la raz&oacute;n pueden <i>desencadenar</i> la desconfianza en la toma de decisiones imparcial, pero en s&iacute; mismas suelen ser insuficientes para <i>comprobar</i> la parcialidad de J. Para corroborar sus sospechas, es probable que el cr&iacute;tico interno se vuelque hacia un modo externo de evaluaci&oacute;n. Si por el contrario, interpreta todas las decisiones no razonables como simples errores, cerrando los ojos a eventuales asociaciones sospechosas de las decisiones judiciales, correr&iacute;a el riesgo de la ingenuidad.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, si hay circunstancias extralegales, sean marcadores de identidad o relaciones de poder, que dan lugar a sospechas, es aconsejable que el cr&iacute;tico externo se vuelva hacia modos internos de evaluaci&oacute;n. Si no lo hace, si desestima el valor del razonamiento legal, corre el riesgo del cinismo y de privilegiar a los imperativos de la credibilidad en contra las exigencias de legalidad. Despu&eacute;s de todo, la l&oacute;gica de la argumentaci&oacute;n responde a la espec&iacute;fica (y espec&iacute;ficamente normativa) "l&oacute;gica interna" de los sistemas jur&iacute;dicos (Kelsen 1934). Tomando en serio el derecho y el razonamiento legal, esa perspectiva pretende evaluar lo apropiado de las decisiones judiciales desde un punto de vista normativo. Se supone que "en &uacute;ltima instancia" los jueces son responsables de manera exclusiva ante el tribunal de la raz&oacute;n legal, sin posibilidades de apelar a instancias externas. As&iacute;, combinar las dos perspectivas metodol&oacute;gicas, con la opci&oacute;n de ir y venir de una a otra, nos permite evitar tanto el error de la ingenuidad, probable en el cr&iacute;tico interno, como el error de cinismo, frecuente en el cr&iacute;tico externo.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>7. Conclusi&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;C&oacute;mo sabemos, preguntamos al inicio, si un juez sigue las reglas legales de una manera imparcial cuando resuelve un conflicto entre dos adversarios? Tal como lo planteamos, podemos examinar la validez de su decisi&oacute;n a la luz de reglas v&aacute;lidas ("la l&oacute;gica interna de la argumentaci&oacute;n"), o bien, podemos evaluar la credibilidad de su justificaci&oacute;n jur&iacute;dica a la luz de las identidades que los actores involucrados portan y de los recursos que controlan ("la l&oacute;gica externa de la asociaci&oacute;n"). Sostuvimos que elegir entre dos modos rendici&oacute;n de cuentas en la esfera judicial es algo que deber&iacute;a hacerse de manera consciente y pragm&aacute;tica. Decidir si debemos dar prioridad al razonamiento legal o a los hechos observables depender&aacute; de nuestras suposiciones normativas, as&iacute; como de nuestro conocimiento emp&iacute;rico. Cuando confiamos en los jueces y conocemos las leyes, podemos basarnos en la cr&iacute;tica argumentativa. Cuando nuestra desconfianza sea profunda y nuestro conocimiento legal superficial, tenemos buenas razones para basarnos en la cr&iacute;tica asociativa. M&iacute;nimamente, debemos ser expl&iacute;citos acerca de nuestras elecciones metodol&oacute;gicas y conscientes de sus implicaciones. Idealmente, deber&iacute;amos establecer pesos y contrapesos entre argumentaci&oacute;n y observaci&oacute;n, para que las dos perspectivas se puedan corregir y enriquecer mutuamente. La idea es, en pocas palabras, poner el di&aacute;logo cr&iacute;tico y constructivo en el lugar del "aislamiento espl&eacute;ndido" que reinaba tradicionalmente entre las cr&iacute;ticas internas y externas de las decisiones judiciales.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Anderson, Benedict, (1983), <i>Imagined Communities: Reflections on the Origins and Spread of Nationalism,</i> Londres y Nueva York, Verso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757890&pid=S1405-0218200500010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ansolabehere, Karina, (2003), "Los efectos de la justicia sobre el proceso pol&iacute;tico: Cortes supremas, gobierno y democracia en Argentina y M&eacute;xico", M&eacute;xico, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, tesis doctoral.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757892&pid=S1405-0218200500010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Barnett, Randy E., (1998), <i>The Structure of Liberty: Justice and the Rule</i> <i>of Law,</i> Oxford, Clarendon Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757894&pid=S1405-0218200500010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Barry, Brian, (1995), <i>Justice as Impartiality,</i> Oxford, Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757896&pid=S1405-0218200500010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Burton, Stephen J., (1992), <i>Judging in Good Faith</i> (Cambridge, GB: Cambridge University Press).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757898&pid=S1405-0218200500010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cass, Ronald A., (2001), <i>The Rule of Law in America,</i> Baltimore y Londres, Johns Hopkins University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757900&pid=S1405-0218200500010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dionne, E.J. y William Kristol, (comps.), (2001), <i>Bush v. Gore: The</i> <i>Court Cases and the Commentary,</i> Washington, D. C., Brookings Institute.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757902&pid=S1405-0218200500010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Elster, Jon, (1999), <i>Alchemies of the Mind: Rationality and the Emotions,</i> Cambridge, G. B, Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757904&pid=S1405-0218200500010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Epstein, Lee y Jack Knight, (2000), "Toward a strategic revolution in judicial politics: A look back, a look ahead", <i>Political Research Quarterly</i> 53/3: 625&#45;661.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757906&pid=S1405-0218200500010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Habermas, J&uuml;rgen, (1981), <i>Theorie des kommunikativen Handelns: Handlungsrationalit&auml;t und gesellschaftliche Rationalisierung</i> (Fr&aacute;ncfort del Meno: Suhrkamp) &#91;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757908&pid=S1405-0218200500010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->Versi&oacute;n en castellano: <i>Teor&iacute;a de la acci&oacute;n comunicativa,</i> trad. Manuel Jim&eacute;nez Redondo&#93;, Madrid, Taurus, 1987/1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757909&pid=S1405-0218200500010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hart, H. L. A., (1961), <i>The Concept of Law,</i> Oxford, Oxford University Press,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757911&pid=S1405-0218200500010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> &#91;Versi&oacute;n en castellano: <i>El concepto del derecho,</i> trad. Genaro Carri&oacute;, Buenos Aires, Abeledo&#45;Perrot, 1961&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757912&pid=S1405-0218200500010000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Helmke, Gretchen, (2002), "The Logic of Strategic Defection: Court&#45;Executive Relations in Argentina Under Dictatorship and Democracy", <i>American Political Science Review,</i> 96/2: 291&#45;303.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757914&pid=S1405-0218200500010000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Holmes, Stephen, (1995), <i>Passions and Constraint: On the Theory of Liberal Democracy,</i> Chicago y Londres, University of Chicago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757916&pid=S1405-0218200500010000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kelsen, Hans, (1994), <i>Reine Rechtslehre,</i> Aalen, Scientia Verlag, orig. 1934.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757918&pid=S1405-0218200500010000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Montefiore, Alan, (ed.), (1975), <i>Neutrality and Impartiality: The University and Political Commitment,</i> Londres y Nueva York, Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757920&pid=S1405-0218200500010000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mozaffar, Shaheen y Andreas Schedler, (2002), "The Comparative Study of Electoral Governance", <i>International Political Science Review</i> 23/1: 5&#45;27.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757922&pid=S1405-0218200500010000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rawls, John, (1971), <i>A Theory of Justice,</i> Cambridge, Mass., Harvard University Press) &#91;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757924&pid=S1405-0218200500010000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->Versi&oacute;n en castellano: <i>Teor&iacute;a de la justicia,</i> trad. Mar&iacute;a Dolores Gonz&aacute;lez, M&eacute;xico, FCE, 1979&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757925&pid=S1405-0218200500010000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Raz, Joseph, (1999), <i>Practical Reasons and Norms,</i> oxford, oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757927&pid=S1405-0218200500010000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Schedler, Andreas, (1999), "Las comisiones y la pir&aacute;mide: La recentralizaci&oacute;n conflictiva del poder en el IFE", <i>Pol&iacute;tica y gobierno</i> 6/1: 187&#45;222.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757929&pid=S1405-0218200500010000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (2000), "Incertidumbre institucional e inferencias de imparcialidad: El caso del IFE", <i>Pol&iacute;tica y gobierno,</i> 7/2: 383&#45;421.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757931&pid=S1405-0218200500010000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (2004), "From Electoral Authoritarianism to Democratic Consolidation", <i>Mexico's Democracy at Work: Political and Economic Dynamics,</i> eds. Russell Crandall, Guadalupe Paz y Riordan Roett, Boulder, Lynne Rienner Publishers, pp. 9&#45;37.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757933&pid=S1405-0218200500010000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (2005), "Military in politics versus democratic advance: Mexico", <i>Politics in the Developing World,</i> eds. Peter Burnell y Vicky Randall, oxford, oxford University Press, pp. 349&#45;59.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757935&pid=S1405-0218200500010000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Segal, Jeffrey A. y Harold, J. Spaeth, (1993), <i>The Supreme Court and the Attitudinal Model,</i> Cambridge, G. B., Cambridge University Press).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757937&pid=S1405-0218200500010000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Shapiro, Martin, (1981), <i>Courts: A Comparative and Political Analysis,</i> Chicago, University of Chicago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757939&pid=S1405-0218200500010000400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Erika Moreno, Brian F. Crisp y Matthew Soberg Shugart, (2003), "The Accountability Deficit in Latin America", <i>Democratic Accountability</i> <i>in Latin America,</i> eds. Scott Mainwaring y Christopher Welna, Oxford, Oxford University Press, pp. 79&#45;131.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757941&pid=S1405-0218200500010000400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Solum, Lawrence B., (1994), "Equity and the Rule of Law", <i>The Rule</i> <i>of Law,</i> ed. Ian Shapiro, Nueva York y Londres, New York University Press, pp. 120&#45;147.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757943&pid=S1405-0218200500010000400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sunstein, Cass, (1996), <i>Legal Reasoning and Political Conflict,</i> Oxford, Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757945&pid=S1405-0218200500010000400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">U.S. Agency for international Development, (2001), "Guidance for Promoting Judicial independence and impartiality", Washington, D.C., USAID, Office of Democracy and Governance, Bureau for Democracy, Conflict, and Humanitarian Assistance,Technical Publication Series.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757947&pid=S1405-0218200500010000400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Volcansek, Mary L. con Maria Elisabetta de Franciscis y Jacqueline Lucienne Lafon, (1996), <i>Judicial Misconduct: A Cross&#45;National Comparison,</i> Gainesville, University Press of Florida.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4757949&pid=S1405-0218200500010000400032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Traducci&oacute;n del ingl&eacute;s por Laura Manr&iacute;quez.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nota: En su versi&oacute;n en Ingl&eacute;s, el texto se public&oacute; bajo el t&iacute;tulo "Arguing and Observing: Internal and External Critiques of Judicial Accountability" en el <i>Journal of Political Philosophy</i> 12/3 (Septiembre 2004), pp. 245&#45;65. Agradecemos a Blackwell Publishing, Oxford, UK, el amable permiso de traducirlo al castellano. Muchas gracias tambi&eacute;n a Karina Ansolabehere, Henry Brady, Daniel Brinks, Robert Goodin, Jonathan Hartlyn, Charles Kenney, Martin Sch&uuml;rz, Cindy Skach, Jay Verkuilen y Jennifer Widner, por sus comentarios a versiones previas de este art&iacute;culo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup>&nbsp;Los editores, "A Gore Coup d'Etat?", <i>The Wall Street Journal</i> (10 de noviembre de 2000), p. A18.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup>&nbsp;Una buena compilaci&oacute;n plural del debate que acompa&ntilde;aba el litigio postelectoral en los medios impresos es Dionne y Kristol (2001).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup>&nbsp;Sobre la distinci&oacute;n entre instituciones de competencia electoral e instituciones de gobernaci&oacute;n electoral, v&eacute;ase Mozaffar y Schedler (2002).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup>&nbsp;V&eacute;ase, por ejemplo, Schedler (1999 y 2000). S&iacute;ntesis anal&iacute;ticas del proceso democratizador de M&eacute;xico se encuentran en Schedler (2004) y (2005).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup>&nbsp;"La imparcialidad como tal no es una concepci&oacute;n de justicia, sino un rasgo necesario de cualquier punto de vista que quiera ser tomado en serio como concepci&oacute;n de justicia" (Elster 1999: 339). Sobre nociones afines, como "neutralidad", "equidistiancia", "desapego" <i>(detachment),</i> "ecuanimidad" (disinterestedness), "objetividad" y "apertura cognitiva" (open&#45;mindedness), v&eacute;ase Montefiore (1975: parte I). Sobre la neutralidad, v&eacute;ase tambi&eacute;n Waldron (1993: cap. 7).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup>&nbsp;Desde luego, la vida moderna tambi&eacute;n abarca amplias esferas de parcialidad leg&iacute;tima. Como Brian Barry lo formula, "el alcance de la imparcialidad est&aacute; delimitado" (1995: 15).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup>&nbsp;John Rawls construy&oacute; su <i>Teor&iacute;a de la justicia</i> sobre la suposici&oacute;n expl&iacute;cita de que los tribunales y las burocracias estatales funcionan con integridad profesional: "Imaginemos que &#91;...&#93; las instituciones son administradas imparcial y consistentemente por jueces y otros funcionarios" (Rawls 1971: 58).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> En un mundo de armon&iacute;a, la imparcialidad no cumple ning&uacute;n papel; sin embargo, en un mundo de enemigos en guerra, tampoco tiene ninguna funci&oacute;n. Aceptar los juicios imparciales implica renunciar al uso de la fuerza.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup>&nbsp;Nuestro modelo de imparcialidad se acerca a lo que Martin Shapiro analiza como el "concepto ra&iacute;z" de la toma de decisiones judicial. Seg&uacute;n &eacute;l, la idea protot&iacute;pica de tribunales involucra "(1) un juez independiente que aplica (2) normas jur&iacute;dicas preexistentes luego de (3) juicios adversarios a fin de lograr (4) una decisi&oacute;n dicot&oacute;mica" (1981: 1).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup>&nbsp;Aqu&iacute; dejo de lado consideraciones pragm&aacute;ticas, prudenciales y morales que pudieran suavizar las exigencias duras de "la letra de la ley" (v&eacute;ase, por ejemplo, Solum 1994).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup>&nbsp;Conceptualizar la imparcialidad como una regla de exclusi&oacute;n de segundo orden se parece mucho a la idea, formulada por Joseph Raz, de que las reglas legales operan como "razones excluyentes de segundo orden" que proh&iacute;ben considerar razones de primer orden potencialmente opuestas en la toma de decisiones (Raz 1999). En este esquema, la imparcialidad nos dar&iacute;a razones de tercer orden que exigen la aceptaci&oacute;n de razones de segundo orden (las reglas), que proh&iacute;ben la aceptaci&oacute;n de razones de primer orden (los intereses y las pasiones).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Nuestra referencia simplificadora al seguimiento de reglas no pretende ignorar ni la naturaleza sist&eacute;mica del derecho (que opera como sistema de reglas) ni los diversos tipos de reglas y grados de regulaci&oacute;n <i>(ruleness)</i> que encontramos en los preceptos legales (v&eacute;ase Sunstein 1996: cap. 1). Se entiende que la imparcialidad como regla de seguimiento de reglas no es algo bueno <i>per se;</i> ser&aacute; tan buena como lo sean las reglas. La justicia formal, entendida como "la administraci&oacute;n imparcial y regular de normas, sean cuales sean, &#91;es&#93; compatible con la injusticia" (Rawls 1971: 236).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> N&oacute;tese que la perspectiva "interna" es interna con respecto al razonamiento jur&iacute;dico, no en relaci&oacute;n con la mente o los sentimientos de los individuos. Preocupada por las razones p&uacute;blicas, es indiferente a los motivos privados, mientras que, ir&oacute;nicamente, es la llamada perspectiva "externa" la que se preocupa por la subjetividad individual (sus motivos privados).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup>&nbsp;"Toda parte ofendida caracter&iacute;sticamente responde a una resoluci&oacute;n adversa acusando a los jueces de que est&aacute;n 'legislando'. No es la ley &#91;...&#93; sino el juez, el que se equivoca, y un juez que yerra es un juez que legisla, pues la parte derrotada comienza su caso presentando su versi&oacute;n de la verdadera ley" (Shklar 1964: 13).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup>&nbsp;Elster (1999: cap. V) ofrece reflexiones m&aacute;s amplias sobre el uso auto&#45;interesado de argumentos imparciales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup>&nbsp;N&oacute;tese que mi discusi&oacute;n de las consideraciones ileg&iacute;timas del inter&eacute;s propio se centra en la interferencia externa. No toca los cl&aacute;sicos "conflictos de inter&eacute;s" en los que los jueces tiene un inter&eacute;s personal en los casos llevados ante ellos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup>&nbsp;La independencia institucional, sin embargo, es una condici&oacute;n necesaria aunque no suficiente para que los jueces respeten y defiendan el imperio de la ley. La independencia pura sin los motivos y los incentivos requeridos, y sin estar inmersa en redes de rendici&oacute;n de cuentas, puede conducir a resultados perversos, como los especialistas lo han documentado, por ejemplo, para la independencia del banco central en Rusia (Johnson 1999) y la independencia judicial en Argentina (Ansolabehere 2003). Sobre la tensi&oacute;n entre independencia y responsabilidad, v&eacute;ase tambi&eacute;n USAID (2001) y Volcansek (1996).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> Helmke (2002) es un ejemplo laudable de un estudio cuantitativo que revisa sus hallazgos "asociativas" reflexionando acerca de las razones legales que pod&iacute;an haber motivado los (sospechosos) patrones de variaci&oacute;n observados en los fallos del Tribunal Supremo de Argentina.</font></p>      ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Anderson]]></surname>
<given-names><![CDATA[Benedict]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Imagined Communities: Reflections on the Origins and Spread of Nationalism]]></source>
<year>1983</year>
<publisher-loc><![CDATA[LondresNueva York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Verso]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ansolabehere]]></surname>
<given-names><![CDATA[Karina]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Los efectos de la justicia sobre el proceso político: Cortes supremas, gobierno y democracia en Argentina y México]]></source>
<year>2003</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Barnett]]></surname>
<given-names><![CDATA[Randy E.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Structure of Liberty: Justice and the Rule of Law]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Clarendon Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Barry]]></surname>
<given-names><![CDATA[Brian]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Justice as Impartiality]]></source>
<year>1995</year>
<publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Oxford University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Burton]]></surname>
<given-names><![CDATA[Stephen J.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Judging in Good Faith]]></source>
<year>1992</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cambridge ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Cambridge University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Cass]]></surname>
<given-names><![CDATA[Ronald A.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Rule of Law in America]]></source>
<year>2001</year>
<publisher-loc><![CDATA[BaltimoreLondres ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Johns Hopkins University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Dionne]]></surname>
<given-names><![CDATA[E.J.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[William]]></surname>
<given-names><![CDATA[Kristol]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Bush v. Gore: The Court Cases and the Commentary]]></source>
<year>2001</year>
<publisher-loc><![CDATA[Washington^eD. C. D. C.]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Brookings Institute]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Elster]]></surname>
<given-names><![CDATA[Jon]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Alchemies of the Mind: Rationality and the Emotions]]></source>
<year>1999</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cambridge^eG. B G. B]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Cambridge University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Epstein]]></surname>
<given-names><![CDATA[Lee]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Knight]]></surname>
<given-names><![CDATA[Jack]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Toward a strategic revolution in judicial politics: A look back, a look ahead]]></article-title>
<source><![CDATA[Political Research Quarterly]]></source>
<year>2000</year>
<volume>53</volume>
<numero>3</numero>
<issue>3</issue>
<page-range>625-661</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Habermas]]></surname>
<given-names><![CDATA[Jürgen]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Theorie des kommunikativen Handelns: Handlungsrationalität und gesellschaftliche Rationalisierung]]></source>
<year>1981</year>
<publisher-loc><![CDATA[Fráncfort del Meno ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Suhrkamp]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Jiménez Redondo]]></surname>
<given-names><![CDATA[Manuel]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Teoría de la acción comunicativa]]></source>
<year>1987</year>
<month>/1</month>
<day>98</day>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Taurus]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Hart]]></surname>
<given-names><![CDATA[H. L. A.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Concept of Law]]></source>
<year>1961</year>
<publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Oxford University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B13">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Carrió]]></surname>
<given-names><![CDATA[Genaro]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El concepto del derecho]]></source>
<year>1961</year>
<publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Abeledo-Perrot]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B14">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Helmke]]></surname>
<given-names><![CDATA[Gretchen]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Logic of Strategic Defection: Court-Executive Relations in Argentina Under Dictatorship and Democracy]]></article-title>
<source><![CDATA[American Political Science Review]]></source>
<year>2002</year>
<volume>96</volume>
<numero>2</numero>
<issue>2</issue>
<page-range>291-303</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B15">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Holmes]]></surname>
<given-names><![CDATA[Stephen]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Passions and Constraint: On the Theory of Liberal Democracy]]></source>
<year>1995</year>
<publisher-loc><![CDATA[ChicagoLondres ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[University of Chicago Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B16">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Kelsen]]></surname>
<given-names><![CDATA[Hans]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Reine Rechtslehre]]></source>
<year>1994</year>
<publisher-loc><![CDATA[Aalen ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Scientia Verlag]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B17">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Montefiore]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alan]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Neutrality and Impartiality: The University and Political Commitment]]></source>
<year>1975</year>
<publisher-loc><![CDATA[LondresNueva York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Cambridge University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B18">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Mozaffar]]></surname>
<given-names><![CDATA[Shaheen]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Schedler]]></surname>
<given-names><![CDATA[Andreas]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Comparative Study of Electoral Governance]]></article-title>
<source><![CDATA[International Political Science Review]]></source>
<year>2002</year>
<volume>23</volume>
<numero>1</numero>
<issue>1</issue>
<page-range>5-27</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B19">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Rawls]]></surname>
<given-names><![CDATA[John]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[A Theory of Justice]]></source>
<year>1971</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cambridge^eMass Mass]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Harvard University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B20">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[González]]></surname>
<given-names><![CDATA[María Dolores]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Teoría de la justicia]]></source>
<year>1979</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[FCE]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B21">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Raz]]></surname>
<given-names><![CDATA[Joseph]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Practical Reasons and Norms]]></source>
<year>1999</year>
<publisher-loc><![CDATA[oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[oxford University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B22">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Schedler]]></surname>
<given-names><![CDATA[Andreas]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Las comisiones y la pirámide: La recentralización conflictiva del poder en el IFE]]></article-title>
<source><![CDATA[Política y gobierno]]></source>
<year>1999</year>
<volume>6</volume>
<numero>1</numero>
<issue>1</issue>
<page-range>187-222</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B23">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Schedler]]></surname>
<given-names><![CDATA[Andreas]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Incertidumbre institucional e inferencias de imparcialidad: El caso del IFE]]></article-title>
<source><![CDATA[Política y gobierno]]></source>
<year>2000</year>
<volume>7</volume>
<numero>2</numero>
<issue>2</issue>
<page-range>383-421</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B24">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Schedler]]></surname>
<given-names><![CDATA[Andreas]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[From Electoral Authoritarianism to Democratic Consolidation]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Crandall]]></surname>
<given-names><![CDATA[Russell]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Paz]]></surname>
<given-names><![CDATA[Guadalupe]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Roett]]></surname>
<given-names><![CDATA[Riordan]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Mexico's Democracy at Work: Political and Economic Dynamics]]></source>
<year>2004</year>
<page-range>9-37</page-range><publisher-loc><![CDATA[Boulder ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Lynne Rienner Publishers]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B25">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Schedler]]></surname>
<given-names><![CDATA[Andreas]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Military in politics versus democratic advance: Mexico]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Burnell]]></surname>
<given-names><![CDATA[Peter]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Randall]]></surname>
<given-names><![CDATA[Vicky]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Politics in the Developing World]]></source>
<year>2005</year>
<page-range>349-59</page-range><publisher-loc><![CDATA[oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[oxford University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B26">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Segal]]></surname>
<given-names><![CDATA[Jeffrey A.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Harold]]></surname>
<given-names><![CDATA[J. Spaeth]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Supreme Court and the Attitudinal Model]]></source>
<year>1993</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cambridge ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[G. B.Cambridge University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B27">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Shapiro]]></surname>
<given-names><![CDATA[Martin]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Courts: A Comparative and Political Analysis]]></source>
<year>1981</year>
<publisher-loc><![CDATA[Chicago ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[University of Chicago Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B28">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Moreno]]></surname>
<given-names><![CDATA[Erika]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Crisp]]></surname>
<given-names><![CDATA[Brian F.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Soberg Shugart]]></surname>
<given-names><![CDATA[Matthew]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Accountability Deficit in Latin America]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Mainwaring]]></surname>
<given-names><![CDATA[Scott]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Welna]]></surname>
<given-names><![CDATA[Christopher]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Democratic Accountability in Latin America]]></source>
<year>2003</year>
<page-range>79-131</page-range><publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Oxford University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B29">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Solum]]></surname>
<given-names><![CDATA[Lawrence B.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Equity and the Rule of Law]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Shapiro]]></surname>
<given-names><![CDATA[Ian]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Rule of Law]]></source>
<year>1994</year>
<page-range>120-147</page-range><publisher-loc><![CDATA[Nueva YorkLondres ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[New York University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B30">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Sunstein]]></surname>
<given-names><![CDATA[Cass]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Legal Reasoning and Political Conflict]]></source>
<year>1996</year>
<publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Oxford University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B31">
<nlm-citation citation-type="book">
<collab>U.S. Agency for international Development</collab>
<source><![CDATA[Guidance for Promoting Judicial independence and impartiality]]></source>
<year>2001</year>
<publisher-loc><![CDATA[Washington^eD.C. D.C.]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[USAID, Office of Democracy and Governance, Bureau for Democracy, Conflict, and Humanitarian Assistance]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B32">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Volcansek]]></surname>
<given-names><![CDATA[Mary L.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[de Franciscis]]></surname>
<given-names><![CDATA[Maria Elisabetta]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Lucienne Lafon]]></surname>
<given-names><![CDATA[Jacqueline]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Judicial Misconduct: A Cross-National Comparison]]></source>
<year>1996</year>
<publisher-loc><![CDATA[Gainesville ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[University Press of Florida]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
