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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Tolerancia y pluralismo cultural</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Detr&aacute;s de la tolerancia<a href="#notas">*</a></b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Mark Platts**</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Instituto de Investigaciones Filos&oacute;ficas, UNAM.</i></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>1</b> </font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La historia de los distintos modos de concebir la tolerancia ha sido determinada en gran parte por la historia paralela de las intolerancias religiosas, desde los tiempos de guerra entre las tribus del Imperio persa hasta el presente mexicano. Herodoto, "padre de la historia" e inventor de una de las primeras frases pol&iacute;ticamente incorrectas ("ning&uacute;n espartano podr&iacute;a resistir un soborno"), observ&oacute; que hab&iacute;a algunas tribus del Imperio persa que enterraban a sus muertos, mientras que otras los incineraban; cada grupo cre&iacute;a que la pr&aacute;ctica del otro era b&aacute;rbara. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os se han abierto oficialmente en M&eacute;xico 327 expedientes por intolerancia religiosa,<sup><a href="#notas">1</a></sup> en tanto que, en octubre de 2001, "ind&iacute;genas evang&eacute;licos que viven en la colonia La Esperanza, ubicada al norte de San Crist&oacute;bal de las Casas, Chiapas, manifestaron su inconformidad por la presencia de un grupo de musulmanes que hace proselitismo religioso en ese lugar desde hace dos a&ntilde;os".<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute; sea correcto afirmar que "las tres esferas principales en las cuales el principio de tolerancia se ha mantenido vigente son la religi&oacute;n, el sexo y la expresi&oacute;n";<sup><a href="#notas">3</a></sup> pero es dif&iacute;cil soslayar la sospecha de que la necesidad de dicho principio en relaci&oacute;n con las dos &uacute;ltimas esferas se debe sustancialmente a sus fracasos dentro de la otra. &iquest;Es una mera coincidencia que la siguiente carta haya sido publicada en el semanario cat&oacute;lico de informaci&oacute;n <i>Desde la fe?</i></font></p>              <blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aparentemente, dizque como soluci&oacute;n, van a cambiar de horario de programaci&oacute;n los famosos "talk show" y as&iacute;, suponen, se disminuir&aacute; el expendio de morbo, que ahora se da a borbotones en horarios en que los ni&ntilde;os y j&oacute;venes ven la televisi&oacute;n. No creo que &eacute;sa sea la soluci&oacute;n. &Eacute;sta estar&iacute;a en su definitiva desaparici&oacute;n. Y al decirlo as&iacute;, habr&aacute; quienes me acusen de pretender coartar la libertad de expresi&oacute;n, de manifestaci&oacute;n de "ideas". Pero no es as&iacute;, porque lo que exhiben estos programas, amparados, precisamente, en la libertad de expresi&oacute;n, repugna al m&aacute;s elemental sentido com&uacute;n, viola toda &eacute;tica moral y ensucia las mentes de quienes los ven. Por sobre el inter&eacute;s comercial debe, lo creo firmemente, prevalecer la salud p&uacute;blica. As&iacute; es que, insisto, deber&iacute;an desaparecerlos.<sup><a href="#notas">4</a></sup></font></p>     </blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A&uacute;n m&aacute;s extra&ntilde;a que esa referencia a "la salud p&uacute;blica" es la teor&iacute;a sobre los sucesos del once de septiembre propuesta por el reverendo Jerry Falwell, conocido predicador y amigo desde hace mucho tiempo de la familia del actual presidente de Estados Unidos. Entre las personas y las agrupaciones se&ntilde;aladas por el reverendo Falwell como parcialmente responsables de aquellos sucesos se encuentran "los p&aacute;ganos, los abortistas, y las feministas, y los gays y las lesbianas".<sup><a href="#notas">5</a></sup> &iquest;C&oacute;mo puede entenderse ese intento de atribuir alg&uacute;n grado de responsabilidad a, digamos, las lesbianas, frente a una manifestaci&oacute;n tan deplorable del m&aacute;s puro fanatismo religioso? (&iquest;Qu&eacute; otra cosa podr&iacute;a explicar el estado mental de un piloto que conduce su avi&oacute;n sin vacilaci&oacute;n directamente hacia un edificio?) La explicaci&oacute;n, seg&uacute;n el reverendo Falwell, reside en el hecho de que las lesbianas, junto con organizaciones como la <i>American Civil Liberties Union,</i> est&aacute;n tratando de "secularizar" Estados Unidos y de construir "un estilo de vida alternativo"; las acciones de esas "fuerzas de secularizaci&oacute;n" han provocado que Dios "retire su manto protector de Estados Unidos". Otros podr&iacute;amos sospechar que la mejor explicaci&oacute;n del intento del reverendo Falwell reside en una mezcla extraordinaria de su propio fanatismo religioso y su "tolerancia" de creencias religiosas distintas, pero que sin embargo comparten los elementos clave de la supuesta "moralidad sexual" del reverendo. San Agust&iacute;n de Hipona puede descansar m&aacute;s en paz que John Locke: en el pa&iacute;s que vio nacer la <i>Carta sobre la tolerancia,</i> hoy en d&iacute;a los jueces han decidido tratar la blasfemia como un ejemplo de "responsabilidad objetiva", es decir, un caso en el que no hay ninguna defensa en t&eacute;rminos de las intenciones del acusado, tampoco en t&eacute;rminos de otros aspectos mentales suyos como la ignorancia.<sup><a href="#notas">6</a></sup></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se requiere una estructura de explicaci&oacute;n semejante por lo menos para muchos otros casos de intolerancia. Alguien que combine las intolerancias del reverendo en la esfera de la conducta sexual con ciertas creencias epidemiol&oacute;gicas ingenuas podr&iacute;a f&aacute;cilmente llegar a pensar que las personas seropositivas por el virus de la inmunodeficiencia humana (el VIH) "deber&iacute;an estar en una isla donde no infecten a los dem&aacute;s", que "se les debe tener en cuarentena", y que si pasan la l&iacute;nea de seguridad establecida "se les debe disparar a matar". Las frases citadas fueron pronunciadas hacia mediados de 2001 por el se&ntilde;or Omar Ancona Capetillo, entonces presidente interino de la Comisi&oacute;n Estatal de Derechos Humanos de Yucat&aacute;n.<sup><a href="#notas">7</a></sup> Cuando los "defensores" de los derechos humanos piensan as&iacute;, quiz&aacute; no sean de sorprender los asesinatos por homofobia (en un porcentaje significativo de los cuales ocurre tambi&eacute;n la violaci&oacute;n de la v&iacute;ctima), tampoco los casos de personas que mueren a consecuencia del sida sin recibir ninguna atenci&oacute;n m&eacute;dica en varios hospitales yucatecos dependientes del Ejecutivo estatal.<sup><a href="#notas">8</a></sup> El odio hacia las personas con "vidas sexuales desordenadas", o simplemente hacia las personas que disfrutan de su vida sexual, sirve con frecuencia como un puente &#151;con circulaci&oacute;n en ambos sentidos&#151; entre los fanatismos religiosos y las intolerancias "m&eacute;dicas".</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. Cuando no son risibles las opciones vertidas por el reverendo Falwell y el se&ntilde;or Ancona, resultan simplemente indecentes; pero su aparici&oacute;n constituye un riesgo m&aacute;s sutil para los dem&aacute;s: el riesgo de que nos regodeemos en nuestra supuesta "superioridad moral". No es necesario ser el reverendo Falwell para padecer homofobia, tampoco hay que ser el se&ntilde;or Ancona para gloriarse de la intolerancia frente a las personas que viven con el VIH o el sida; para ser antisemita no es necesario asemejarse a Hitler, tampoco hay que ser violador para ejemplificar el machismo. Felicitarnos por lo que no somos, prolongar nuestra suficiencia, reforzar nuestra inmunidad contra la autocr&iacute;tica: todo ello se alimenta de la contemplaci&oacute;n reconfortante del vicio ajeno, de gente aparentemente a&uacute;n m&aacute;s miserable que nosotros. La consecuencia de esa alimentaci&oacute;n es que esquivamos la pregunta primordial: &iquest;cu&aacute;les son, para nosotros y <i>en nosotros,</i> las manifestaciones de las intolerancias que tan r&aacute;pidamente censuramos en otros?</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Perm&iacute;taseme ofrecer un ejemplo de las dificultades que esto plantea. Recientemente asist&iacute; a un simposio sobre los aspectos cient&iacute;ficos y cl&iacute;nicos del VIH&#45;sida; a petici&oacute;n de los asistentes de a&ntilde;os anteriores, este a&ntilde;o el simposio inclu&iacute;a una mesa redonda sobre bio&eacute;tica y sida. De los otros participantes &#151;todos m&eacute;dicos distinguidos&#151;, la mayor&iacute;a hab&iacute;a escogido hablar sobre algunos problemas &eacute;ticos que pueden surgir en relaci&oacute;n con los protocolos de investigaci&oacute;n cl&iacute;nica sobre el VIH&#45;sida. Algunos de los problemas tratados en ese contexto &#151;el tema, por ejemplo, de la posible continuaci&oacute;n gratuita de un tratamiento exitoso, una vez terminado el protocolo&#151; son de gran importancia. Sin embargo, esos problemas est&aacute;n lejos de ser distintivos del VIH&#45;sida; adem&aacute;s, haber elegido tal tem&aacute;tica y la <i>manera de abordarla</i> trajo como consecuencia que esos participantes hayan logrado hablar de "bio&eacute;tica y sida" sin siquiera mencionar la penumbra perniciosa de actitudes y pr&aacute;cticas negativas &#151;como la intolerancia, la discriminaci&oacute;n, el prejuicio, la estigmatizaci&oacute;n y el silencio obligado&#151; que existen en torno al VIH y el sida, tanto por parte de la sociedad general, como por parte de familiares, colegas y patrones de los afectados, <i>investigadores y trabajadores de la salud, y los responsables de las pol&iacute;ticas de salud p&uacute;blica.</i></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien tal descuido podr&iacute;a haber sido una nueva manifestaci&oacute;n de intolerancia, lo poco que s&eacute; sobre los m&eacute;dicos en cuesti&oacute;n me indica la necesidad de buscar otras hip&oacute;tesis en este caso: quiz&aacute; crean que se ha ganado la batalla en contra de las actitudes y pr&aacute;cticas negativas en torno al VIH&#45;sida, por lo menos en relaci&oacute;n con las comunidades m&eacute;dicas y cient&iacute;ficas representadas en el simposio; tal vez crean que la mejor manera de "no moralizar" el fen&oacute;meno del VIH&#45;sida es no hablando de la insensata "moralizaci&oacute;n" de la sexualidad; o quiz&aacute; crean que su &aacute;rea de contribuci&oacute;n competente en relaci&oacute;n con "bio&eacute;tica y sida" se restringe a los problemas y las metodolog&iacute;as elegidos.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hasta en este &uacute;ltimo caso estar&iacute;a en desacuerdo con tales creencias. Pero lo que quisiera subrayar aqu&iacute; es la enorme dificultad que supone determinar cu&aacute;l de las cuatro hip&oacute;tesis mencionadas capta mi desacuerdo con esos m&eacute;dicos (desde luego, tambi&eacute;n hay otras hip&oacute;tesis posibles). Y subrayo esa dificultad no s&oacute;lo con objeto de que seamos m&aacute;s cautelosos en nuestros juicios sobre los dem&aacute;s, sino tambi&eacute;n para promover la tarea mucho m&aacute;s dif&iacute;cil de abrir los ojos y dirigir la mirada hacia nosotros mismos.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. Una buena pregunta en la filosof&iacute;a del lenguaje es hasta qu&eacute; punto un entendimiento reflexivo de nuestro discurso cotidiano poco reflexivo sobre las intolerencias podr&iacute;a ayudarnos con la tarea que acabamos de identificar. De todos modos, la b&uacute;squeda de tal entendimiento reflexivo enfrenta un obst&aacute;culo singular: es mucho m&aacute;s f&aacute;cil determinar lo que la tolerancia no es, que determinarla de manera positiva. En la terminolog&iacute;a cartesiana &#151;pero sin el significado te&oacute;rico correspondiente&#151; es mejor empezar con la b&uacute;squeda de una idea distinta de la tolerancia que de una idea clara de ella.</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se ha se&ntilde;alado a menudo que la tolerancia no debe confundirse con la indiferencia: mi extrema falta de inter&eacute;s por la vida de mis vecinos no pone de manifiesto ning&uacute;n grado de tolerancia de mi parte. En cuanto a esto, la tolerancia se asemeja al respeto por la autonom&iacute;a de los dem&aacute;s, a la idea de que debemos dejar a los agentes competentes tomar las decisiones importantes para su propia vida seg&uacute;n sus propios valores, deseos y preferencias, libres de coerci&oacute;n, manipulaci&oacute;n o interferencias: la indiferencia tampoco es una manifestaci&oacute;n de tal respeto. Sin embargo, hay que distinguir por lo menos tres ideas que pueden estar involucradas en el uso del t&eacute;rmino "indiferencia": la falta de inter&eacute;s en un tema (e incluso el aburrimiento o fastidio); la suspensi&oacute;n de todo "juicio evaluativo" (e incluso de "juicio condenatorio"); y el equilibrio del "juicio evaluativo", la creencia de que algo es tan bueno como malo. La tolerancia tampoco debe confundirse ni con la ignorancia ni con la cautela evaluativa: no hay manifestaci&oacute;n de tolerancia ni en mi ignorancia sobre la vida de mis vecinos ni en mi pensamiento, concerniente a alg&uacute;n juicio negativo sobre uno de ellos, de que mi juicio, como todos los juicios evaluativos, podr&iacute;a resultar equivocado, y que por lo tanto no deber&iacute;a influir en mis acciones, ni ling&uuml;&iacute;sticas ni de otro tipo. El elemento ausente en aquellas otras ideas &#151;un elemento clave en los casos centrales que ejemplifican la idea <i>distinta</i> de la tolerancia y que sirve para acercarnos a una idea <i>clara</i> de ella&#151; parece ser la noci&oacute;n de aceptar algo aunque lo desaprobemos. Pero habr&aacute; que a&ntilde;adir de inmediato que la resignaci&oacute;n &#151;reconocer el hecho de que somos impotentes ante la existencia de cierto fen&oacute;meno&#151; tampoco puede considerarse una manifestaci&oacute;n de tolerancia.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute; no sea necesario insistir en las diferencias entre la tolerancia y las muy diversas manifestaciones de una presunta "superioridad moral" que lleva a sus portadores a mimar a los mortales menores. (Misteriosamente, una fingida "iron&iacute;a" &#151;calamitosamente mal entendida&#151;suele acompa&ntilde;ar este aire condescendiente de superioridad.) Tampoco es dif&iacute;cil reconocer la utilidad tan restringida de la invocaci&oacute;n en este contexto de la doctrina de que deber&iacute;amos respetar a todas las personas por igual. La respuesta correcta, bien entendida, a tal doctrina es simple: hay que respetar a las personas <i>respetables,</i> las personas que <i>merecen</i> respeto (que no son muchas); pero lo que hay que respetar m&aacute;s ampliamente son los <i>derechos</i> de las personas, incluido el derecho al ejercicio de la autonom&iacute;a (o, en su ausencia, el bienestar de las personas no competentes para tal ejercicio &#91;que son pocas&#93;). Pero el tema de la tolerancia y sus l&iacute;mites es precisamente el tema de cu&aacute;ndo no hay que "respetar" esos derechos (o cu&aacute;ndo estos dejan de existir).</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4. Sin aventurarnos en el territorio austiniano con respecto a qu&eacute; concepto &#151;tolerancia o intolerancia&#151; es el que manda, se podr&iacute;a avanzar un poco m&aacute;s si dirigi&eacute;ramos la atenci&oacute;n a la cuesti&oacute;n de lo que no es la intolerancia. Bernard Williams escribi&oacute;:</font></p>              <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si un grupo simplemente odia a otro, como en una <i>vendetta</i> entre clanes o en los casos de puro racismo, no es realmente tolerancia lo que se necesita: los involucrados tienen m&aacute;s bien que deshacerse de su odio, de su prejuicio o de sus recuerdos implacables. Si estamos pidiendo a la gente que sea tolerante, estamos pidi&eacute;ndole algo m&aacute;s complicado que esto.<sup><a href="#notas">9</a></sup></font></p>     </blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al parecer, Williams pretende explicar esta diferencia entre intolerancia y, digamos, "puro" odio recurriendo al punto que acabamos de plantear: para que se trate de un problema de tolerancia, es necesario que haya algo que se tolere; tiene que haber alguna creencia o pr&aacute;ctica o forma de vida que un grupo considere (por fan&aacute;tico o poco razonable que esto sea) err&oacute;nea, equivocada o indeseable.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, dicha condici&oacute;n parece quedar satisfecha &#151;tomando en serio la frase "por fan&aacute;tico o poco razonable que esto sea"&#151; cuando menos en muchos casos de "puro" odio: pese al car&aacute;cter casi fisiol&oacute;gico de sus reacciones, el racista puro y simple s&iacute; piensa que hay algo "indeseable" en, por ejemplo, la forma de vida de la raza odiada (de hecho, en su mera existencia). Tal vez Williams haya tenido raz&oacute;n al pensar que hay casos de puro odio sin, por decirlo de alg&uacute;n modo, contenido proposicional, sin que en ellos intervenga ning&uacute;n <i>pensamiento</i> m&iacute;nimamente espec&iacute;fico; pero el pensamiento que &eacute;l menciona &#151;de indeseabilidad, etc.&#151; tiene un contenido demasiado d&eacute;bil, sospecho, para que pueda establecer la deseada distinci&oacute;n con la intolerancia. Lo que se necesita para este prop&oacute;sito, creo yo, es algo como lo siguiente: que en los casos de intolerancia (a diferencia de los de "puro" odio), la persona intolerante no s&oacute;lo juzgue que hay algo indeseable (o err&oacute;neo o equivocado) en cierta creencia, pr&aacute;ctica o forma de vida de alguna persona o grupo, sino tambi&eacute;n que el rasgo indeseable (o err&oacute;neo o equivocado) es <i>responsabilidad</i> de la persona o grupo odiados.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una manera en que se puede tratar de desplazar la discusi&oacute;n del &aacute;mbito de la intolerancia el del puro odio consistir&iacute;a en, como Williams lo advirti&oacute;, intentar establecer la ausencia de todo juicio, todo pensamiento proposicional, en lo que concierne a la indeseabilidad, etc., de las creencias, las pr&aacute;cticas, etc., de aquellos que est&aacute;n siendo objeto de rechazo; pero otra manera de tratar de hacer una jugada equivalente ser&iacute;a intentar establecer la falta de responsabilidad, de parte de los rechazados, por los rasgos que se juzgan indeseables. Si esta segunda tentativa culmina con &eacute;xito y sin embargo se sigue rechazando a la gente en cuesti&oacute;n, esto nos mostrar&aacute; que estamos ante un caso de puro odio o algo similar, en el que "no es realmente tolerancia lo que se necesita"; sin presuponer la atribuci&oacute;n de responsabilidad, lo que "estamos pidiendo" es algo que dista de ser complicado (al menos hablando desde un punto de vista filos&oacute;fico) &#151;ser&iacute;a m&aacute;s bien como el caso en que se pide a alguien que trate de liberarse de su odio por los murci&eacute;lagos y por el trino de los p&aacute;jaros al amanecer, en el cual no hay ninguna noci&oacute;n interesante de tolerancia que sirva para caracterizar qu&eacute; es aquello que estamos pidiendo. Me parece que los casos de indeseabilidad sin responsabilidad se acercan m&aacute;s a los de puro odio, en los cuales la respuesta adecuada puede ser que la gente "se deshaga de su odio", que a los casos de intolerancia, en los cuales la respuesta adecuada <i>puede</i> ser que se siga juzgando que hay responsabilidad por lo indeseable, mientras que se soporta la existencia de ese otro grupo diferente.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por supuesto, nada de esto me compromete a negar la importante tesis de Williams de que en la pr&aacute;ctica "suele haber una frontera muy tenue o borrosa entre el mero tribalismo o la lealtad al clan y las diferencias de puntos de vista o convicci&oacute;n" <i>(ibid.</i>, p. 20); creo simplemente que existen dos fronteras tenues o borrosas que hay que atravesar. Desde luego, la segunda frontera, determinada por la (supuesta) ausencia o presencia de responsabilidad, puede ser tan dif&iacute;cil de detectar en la pr&aacute;ctica como la considerada por Williams: tal vez a&uacute;n m&aacute;s, dados los caprichos en la atribuci&oacute;n de responsabilidad que tan bien ha discutido en otro texto el propio Williams.<sup><a href="#notas">10</a></sup> Con todo, sigue siendo cierto que el odio se presta a proyectarse con bastante m&aacute;s facilidad en t&eacute;rminos de una supuesta indeseabilidad que en t&eacute;rminos de una supuesta responsabilidad.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">5. Hace unos a&ntilde;os distingu&iacute; entre un uso del verbo "tolerar", seg&uacute;n el cual equivale a la idea de soportar o aguantar algo evidentemente no deseado, indeseable, equivocado o incluso despreciable, y otro uso para el cual la clave es la idea de estar en favor de por lo menos gran parte de la enorme diversidad que nos presenta el mundo humano, la de dar gracias por el hecho de que no toda la gente es como uno mismo, la idea de querer promover, dentro de ciertos l&iacute;mites m&aacute;s o menos claros, esa pluralidad como algo que enriquece la vida colectiva.<sup><a href="#notas">11</a></sup></font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De modo semejante &#151;pero con otros prop&oacute;sitos te&oacute;ricos y pr&aacute;cticos&#151; Ulises Moulines ha querido defender lo que &eacute;l llama el principio del <i>"Valor Intr&iacute;nseco de la Pluralidad del Ser":</i></font></p>              <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">es algo bueno, que hay que preservar, o hasta fomentar en la medida de lo posible, el que haya muchas cosas de muy diversos tipos en el universo. De ello se desprende como corolario que si una cosa existe y no me causa ning&uacute;n perjuicio, o a lo sumo s&oacute;lo peque&ntilde;as molestias, no tengo por qu&eacute; empecinarme en destruir su existencia; la destrucci&oacute;n de una entidad s&oacute;lo est&aacute; justificada para evitar un da&ntilde;o considerable o para promover un bien muy superior.<sup><a href="#notas">12</a></sup></font></p>     </blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A Moulines este principio le parece "&eacute;ticamente evidente"; pero por si hay alguien renuente a aceptarlo, ofrece un argumento "en realidad est&eacute;tico":</font></p>              <blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">es m&aacute;s bello o atractivo un mundo en el que haya muchas cosas de muy diverso tipo que un aburrido mundo en el que haya s&oacute;lo pocas cosas de pocos tipos.</font></p>     </blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No quisiera meterme aqu&iacute; con la presunci&oacute;n de una distinci&oacute;n n&iacute;tida entre las consideraciones morales y est&eacute;ticas, ni con la concepci&oacute;n que Moulines tiene de los "argumentos est&eacute;ticos", ni siquiera con las condiciones &#151;demasiado f&aacute;ciles de satisfacer&#151; en las cuales Moulines permitir&iacute;a "la destrucci&oacute;n de una entidad"; el problema que me interesa ahora es otro.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tal vez la actitud mencionada en favor de la pluralidad podr&iacute;a emplearse como parte de la dilucidaci&oacute;n de la idea de tolerancia como rasgo de la personalidad (en un sentido, la "virtud" de la tolerancia); pero mi intento anterior de usarla para <i>identificar</i> una idea de conducta tolerante fracasa, me parece ahora, por la simple raz&oacute;n de que no toma en cuenta el elemento distintivo de que el fen&oacute;meno tolerado debe ser objeto de nuestra desaprobaci&oacute;n. Una dificultad semejante <i>parece</i> surgir cuando, por otro lado, se intenta utilizar la idea de la actitud favorable a la pluralidad, que antes mencionamos, para ofrecer alguna <i>raz&oacute;n</i> en favor de la conducta tolerante, una dificultad que da lugar a una "paradoja de la tolerancia": si hay razones suficientes para ser tolerante ante determinado fen&oacute;meno, &iquest;c&oacute;mo podr&iacute;a ese fen&oacute;meno ser objeto de desaprobaci&oacute;n? &iquest;C&oacute;mo puede suceder que las razones en favor de que se tolere no constituyan razones para quitarle al fen&oacute;meno nuestra desaprobaci&oacute;n? Por ejemplo: si el principio del "Valor Intr&iacute;nseco de la Pluralidad del Ser" nos proporciona razones suficientes para tolerar a alguna etnia distinta, &iquest;c&oacute;mo es posible que contin&uacute;e razonablemente nuestra desaprobaci&oacute;n de esa etnia? Las mismas consideraciones que hacen que la tolerancia sea algo deseable parecen hacerla no s&oacute;lo algo innecesario, sino tambi&eacute;n imposible.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las preguntas acerca de la mera posibilidad de alg&uacute;n fen&oacute;meno &#151;m&aacute;s exactamente, acerca de sus condiciones de posibilidad&#151; son caracter&iacute;sticamente filos&oacute;ficas; no obstante, tales interrogantes abarcan un espectro amplio: desde la pregunta kantiana sobre la posibilidad de conocer los objetos fuera de la mente, frente a la cual pocos son verdaderamente esc&eacute;pticos (si es que hay alguien que lo sea), hasta la pregunta, digamos, sobre la posibilidad de que surjan acciones que pongan de manifiesto la debilidad de la voluntad, respecto de la cual muchos han pasado de una actitud inicialmente esc&eacute;ptica hasta llegar a negar su posibilidad. De hecho, hay una analog&iacute;a inquietante entre la debilidad de la voluntad &#151;los casos en los cuales un agente ejecuta cierta acci&oacute;n (crea cierto fen&oacute;meno) aun cuando tenga la creencia de que podr&iacute;a haber ejecutado otra acci&oacute;n mejor (haber creado otro fen&oacute;meno mejor)&#151; y la tolerancia, los casos en los cuales un agente acepta la existencia de cierto fen&oacute;meno, aunque lo desapruebe y aun cuando crea en su capacidad de eliminar, o por lo menos de controlar, su existencia. Toda analog&iacute;a tiene sus limitaciones, por supuesto; pero lo inquietante en este caso es que las teor&iacute;as que mejor establecen la posibilidad de la debilidad de la voluntad sirven tambi&eacute;n para establecer su irracionalidad. &iquest;Acaso resultar&aacute; que la mejor manera de demostrar que la tolerancia es posible conlleva su irracionalidad?</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">6. &Eacute;ste no es el lugar apropiado para tratar de mitigar las inquietudes que acabo de mencionar. Hoy en d&iacute;a, para muchas culturas, la tolerancia, as&iacute; como la educaci&oacute;n y hasta la "salud p&uacute;blica", representan vacas sagradas. Una de las tareas m&aacute;s importantes para los fil&oacute;sofos consiste en cuestionar lo sagrado de las vacas sagradas contempor&aacute;neas, dudar de lo indudable. A veces la tarea resulta frustrante, en parte porque las vacas sagradas suelen sobrevivir a los fil&oacute;sofos. Pero aun as&iacute; el fil&oacute;sofo puede encontrar sus consuelos.</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El sabio historiador Gibbon coment&oacute;:</font></p>              <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">S&oacute;lo la filosof&iacute;a puede alardear (y tal vez no sea m&aacute;s que un alarde de la filosof&iacute;a) de que su delicada mano es capaz de erradicar de la mente humana el principio latente y mort&iacute;fero del fanatismo.</font></p>     </blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Citar este comentario aqu&iacute; podr&iacute;a parecer un poco ir&oacute;nico: &iquest;acaso en estas p&aacute;ginas no ha planteado un fil&oacute;sofo varios problemas de diversos tipos que ata&ntilde;en a la tolerancia, precisamente la alternativa a "el principio latente y mort&iacute;fero del fanatismo"? Pero tampoco hay que ser un fan&aacute;tico de la tolerancia, es decir, no hay por qu&eacute; mostrar un entusiasmo ciego y poco razonable en relaci&oacute;n con ella.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wittgenstein defini&oacute; una vez la palabra "cultura", en el sentido que se le da cuando se habla de una persona con cultura, como "una sensibilidad hacia los problemas", que interpreto como la capacidad de reconocerlos, de reconocer que algo es problem&aacute;tico, la capacidad de reconocer cu&aacute;n dif&iacute;ciles son los problemas reconocidos, y la capacidad de pensar sobre ellos de manera razonable, con razones. Creo que el objetivo primordial de una "educaci&oacute;n filos&oacute;fica" deber&iacute;a ser, precisamente, inculcar "cultura" en ese sentido: como Gibbon, no conozco mejor opci&oacute;n para prevenir que se siembre el "principio del fanatismo", y solamente en apariencia es parad&oacute;jico que la sensibilidad en cuesti&oacute;n puede dirigir su mirada desapasionada hacia la mism&iacute;sima tolerancia.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Traducci&oacute;n del ingl&eacute;s por Laura E. Manr&iacute;quez. </font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> <i>La Jornada,</i> 26 de septiembre de 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750756&pid=S1405-0218200300020000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> <i>Ibid.,</i> 6 de octubre de 2001.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> David Heyd, "Introduction", en Heyd (comp.), <i>Toleration,</i> Princeton, Nueva Jersey, 1996, p. 9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750759&pid=S1405-0218200300020000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup><i>&nbsp;Desde la fe,</i> 6 de agosto de 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750761&pid=S1405-0218200300020000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Citado en <i>Private Eye,</i> Londres, 21 de octubre de 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750763&pid=S1405-0218200300020000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Geoffrey Robertson, <i>The Justice Game,</i> Londres, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750765&pid=S1405-0218200300020000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> <i>La Jornada,</i> 15 de julio de 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750767&pid=S1405-0218200300020000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Ibid., 17 de agosto de 2001.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> "Toleration: An Impossible Virtue?", en Heyd (comp.), <i>op. cit.,</i> pp. 18&#45;27, p. 19.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup><i>&nbsp;Shame and Necessity,</i> Berkeley y Los &Aacute;ngeles, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750771&pid=S1405-0218200300020000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Mark Platts, <i>Sobre usos y abusos de la moral,</i> M&eacute;xico, 1999, p. 61.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750773&pid=S1405-0218200300020000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> "Manifiesto nacionalista (o hasta separatista, si me apuran)", <i>Di&aacute;noia</i> XLVI, mayo de 2001, p. 102.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4750775&pid=S1405-0218200300020000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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