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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;a de libros</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La oligarqu&iacute;a en los partidos pol&iacute;ticos*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Roberto Garc&iacute;a Jurado**</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>* Moisei Ostrogorski, La democracia y los partidos pol&iacute;ticos, Madrid, Trotta, 2008.</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Profesor&#150;investigador en el Departamento de Pol&iacute;tica y Cultura, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana Xochimilco. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:rgarcia@correo.xoc.uam.mx">rgarcia@correo.xoc.uam.mx</a>.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A finales del siglo XIX y principios del XX se suscit&oacute; en la ciencia pol&iacute;tica una intensa, sugerente y fruct&iacute;fera reflexi&oacute;n sobre la naturaleza y caracter&iacute;sticas de las formas de gobierno democr&aacute;ticas. Ya por entonces comenzaban a madurar algunos de los reg&iacute;menes democr&aacute;ticos europeos que a lo largo del tiempo han mostrado su persistencia y longevidad, para no hablar del experimento democr&aacute;tico estadounidense, que para esa &eacute;poca ya <i>hab&iacute;a </i>dado prueba de su estabilidad, madurez y, como lo hab&iacute;a anticipado ya Tocqueville, de sus perversiones.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La literatura sobre las tendencias elitistas y olig&aacute;rquicas de la democracia comenzaba a ser bien conocida. Los <i>Elementos de ciencia pol&iacute;tica </i>(1896) de Gaetano Mosca; los <i>Sistemas socialistas </i>(1902) de Vilfredo Pareto; y <i>Sobre la sociolog&iacute;a de los partidos pol&iacute;ticos en las democracias modernas </i>(1911) de Roberto Michels son tres de los ejemplos cl&aacute;sicos que suelen citarse con profusi&oacute;n al tratarse este asunto.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, uno de los grandes libros sobre este tema, menos conocidos e injustamente olvidados, es el de Moisei Ostrogorski <i>La democracia y organizaci&oacute;n de los partidos pol&iacute;ticos </i>(1902). Por desgracia, este interesante texto sigue in&eacute;dito en espa&ntilde;ol, y s&oacute;lo ahora la editorial Trotta presenta las conclusiones que Ostrogorski a&ntilde;adi&oacute; en 1912 al texto original con el t&iacute;tulo <i>La democracia y los partidos pol&iacute;ticos </i>(2008). Aunque la edici&oacute;n original del libro se compon&iacute;a de dos gruesos vol&uacute;menes, el primero de los cuales estaba dedicado al nacimiento y desarrollo de los partidos pol&iacute;ticos brit&aacute;nicos y el segundo se ocupaba de los de Estados Unidos, el relativamente amplio agregado de 1912, que ahora se presenta, resume en gran medida la teor&iacute;a que Ostrogorski <i>hab&iacute;a </i>desarrollado en estos dos tomos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como lo menciona James Bryce en el "Prefacio" que escribi&oacute; para la edici&oacute;n original de 1902, aunque los partidos sean tan antiguos como el mismo gobierno popular, no ocurre lo mismo con la organizaci&oacute;n y maquinaria partidista, que es esencialmente un fen&oacute;meno decimon&oacute;nico, y al cual Ostrogorski es uno de los primeros que le presta atenci&oacute;n, advirtiendo en un sentido casi premonitorio de todas sus imperfecciones, desviaciones y peligros, sentando las bases de ideas que se difundieron con mucha mayor extensi&oacute;n a partir de la aportaci&oacute;n de Roberto Michels y, en cierta medida, de Max Weber.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se ha dicho, en la extensa conclusi&oacute;n que Ostrogorski adicion&oacute; en 1912 se recogen las ideas fundamentales que hab&iacute;a desarrollado en los dos gruesos vol&uacute;menes de la edici&oacute;n &iacute;ntegra. De todas ellas, valdr&iacute;a la pena destacar tres de las m&aacute;s relevantes: la posici&oacute;n de los individuos en el Estado moderno; la funci&oacute;n de los sistemas electorales como mecanismos de transmisi&oacute;n de la voluntad general; y la rigidez de las organizaciones partidistas y los sistemas de patido.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respecto de la primera, Ostrogorski plantea que el individuo en los Estados modernos se empeque&ntilde;ece hasta un grado &iacute;nfimo, coloc&aacute;ndolo pr&aacute;cticamente en la indefensi&oacute;n, ante un poder cuya magnitud bien hab&iacute;a hecho Hobbes al equipararla con la del Leviat&aacute;n. As&iacute;, una de las consecuencias m&aacute;s serias de la desintegraci&oacute;n de las estructuras de interacci&oacute;n social y pol&iacute;tica del antiguo r&eacute;gimen fue precisamente el aislamiento del individuo, segreg&aacute;ndolo de las viejas corporaciones, villas y parroquias que le hab&iacute;an dado identidad y pertenencia en el viejo orden. Todas estas rupturas no dieron origen a un nuevo orden dominado por el individualismo aut&aacute;rquico y autocomplaciente acariciado por el liberalismo mejor encaminado, sino a una sociedad de masas constituida por una multitud de individuos desvinculados, temerosos y reducidos a la pasividad m&aacute;s impotente frente al poder pol&iacute;tico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante ello, ni siquiera la emergencia de los reg&iacute;menes democr&aacute;ticos permiti&oacute; atenuar esta pasividad incapacitante, m&aacute;s a&uacute;n, desde la perspectiva de Ostrogorski &#150;que recoge el m&aacute;s puro esp&iacute;ritu tocquevilleano&#150;, el gobierno democr&aacute;tico no hace sino contribuir a esta opresi&oacute;n potencial del individuo, ya que si bien podr&iacute;a resultar valeroso resistirse ante el poder pol&iacute;tico, har&iacute;a falta pr&aacute;cticamente un h&eacute;roe para sostener su opini&oacute;n en contra de la multitud.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de que en el Prefacio de 1902 Ostrogorski atribu&iacute;a al <i>Esp&iacute;ritu de las leyes </i>(1748) de Montesquieu el enorme m&eacute;rito de haber introducido en la ciencia pol&iacute;tica el m&eacute;todo de la observaci&oacute;n, no reparaba al se&ntilde;alar igualmente que el tambi&eacute;n autor de las c&eacute;lebres <i>Cartas persas </i>(1721) se equivocaba al considerar que s&oacute;lo el gobierno desp&oacute;tico se basaba en el temor, ya que &eacute;ste era consustancial a todo tipo de r&eacute;gimen, lo que aplicaba tambi&eacute;n a la monarqu&iacute;a y la rep&uacute;blica. M&aacute;s a&uacute;n, siendo un imperativo para el poder pol&iacute;tico infundir temor entre los hombres, ya fuesen gobernantes o gobernados, la democracia era el r&eacute;gimen que pod&iacute;a llevar m&aacute;s lejos su capacidad de intimidaci&oacute;n, ya que estaba a su alcance tanto la intimidaci&oacute;n de los gobernantes como la de los gobernados.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respecto de la segunda idea, es decir, la funci&oacute;n de los sistemas electorales y los mecanismos de transmisi&oacute;n de la voluntad general, Ostrogorski se <i>caracteriza </i>por emprender una f&eacute;rrea cr&iacute;tica de &eacute;stos. Para empezar, a partir del an&aacute;lisis que realiz&oacute; en el segundo volumen de su amplio estudio, apuntaba que los procedimientos electorales deb&iacute;an usarse s&oacute;lo para constituir autoridades legislativas, ya que eran inadecuados para cualquier otro fin, particularmente para elegir la multiplicidad de autoridades constituidas por este medio en Estados Unidos. Adem&aacute;s, Ostrogorski tambi&eacute;n sorprend&iacute;a al se&ntilde;alar que uno de los signos m&aacute;s claros de la madurez de una sociedad no era el desarrollo de sus sistemas electorales, tal como el avance del gobierno popular parec&iacute;a sugerir, sino la posibilidad de entregar algunas de las funciones de gobierno m&aacute;s importantes, como la administraci&oacute;n y la justicia, a funcionarios permanentes. En efecto, anticip&aacute;ndose de cierto modo a los planteamientos que desarroll&oacute; ampliamente Max Weber algunos a&ntilde;os despu&eacute;s <i>(Econom&iacute;a y sociedad, </i>1922), Ostrogorski asociaba al desarrollo social el desarrollo de la burocracia, iniciando, o al menos abonando, una veta ampl&iacute;sima de problemas pol&iacute;ticos derivados de esta mancuerna.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Haciendo eco de toda la desconfianza que los &uacute;ltimos liberales del siglo XIX expresaran en contra del sufragio universal, entre los que destaca con gran brillo John Stuart Mill <i>(Consideraciones sobre el gobierno representativo, </i>1860), Ostrogorski se un&iacute;a a esta animadversi&oacute;n alegando que &eacute;ste serv&iacute;a m&aacute;s para esclavizar al pueblo que para liberarlo. Peor todav&iacute;a, a su juicio, uno de los enormes fallos o perversiones de la propaganda electoral era dirigirse no a la <i>raz&oacute;n </i>de los individuos, sino a sus sentimientos, e incluso, a sus sentidos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tercera de las ideas consideradas tiene que ver con lo que Ostrogorski llama formalismo pol&iacute;tico, es decir, la rigidez de las estructuras partidistas y los sistemas de partidos. Desde su punto de vista, uno de los peores defectos de los partidos pol&iacute;ticos es que en lugar de servidores se convierten en amos de la voluntad popular. La maquinaria de los partidos pol&iacute;ticos no s&oacute;lo ha sustituido el medio por el fin, sino que se ha adue&ntilde;ado de la opini&oacute;n p&uacute;blica contribuyendo a la indefensi&oacute;n de los ciudadanos. En este sentido, una de las conclusiones m&aacute;s audaces de Ostrogorski es su propuesta para desmantelar las estructuras partidistas y el mismo sistema de partidos. Con ello no negaba la importancia y necesidad de los partidos pol&iacute;ticos en las democracias, mucho menos en las modernas, sino que planteaba una modificaci&oacute;n sustancial.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&Eacute;sta consist&iacute;a en acabar con lo que llama partidos &oacute;mnibus, es decir, con las estructuras partidistas que pretenden dar una representaci&oacute;n integral a la ciudadan&iacute;a, es decir, la intenci&oacute;n de expresar el sentir popular para todos los asuntos y problemas p&uacute;blicos que requieren soluci&oacute;n o atenci&oacute;n. En su lugar, propone un tipo de partido y un sistema de partidos flexible, es decir, un partido que se constituya en un momento determinado para atender s&oacute;lo una determinada cuesti&oacute;n y que desaparezca una vez que su fin ha sido alcanzado, es decir, una especie de organizaci&oacute;n pol&iacute;tica similar a los grupos de presi&oacute;n que ya por entonces comenzaban a aparecer tanto en la sociedad brit&aacute;nica como en la estadounidense, y de los cuales Arthur F. Bentley <i>(El proceso de gobierno, </i>1908) ya <i>hab&iacute;a </i>dado amplia cuenta apunt&aacute;ndose &eacute;l mismo como uno de los primeros en suscribir sus posibilidades.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ostrogorski fue sin duda uno de los primeros autores que llam&oacute; la atenci&oacute;n de manera enf&aacute;tica sobre este problema, al que muchos otros llamar&iacute;an despu&eacute;s la partidocracia. Ciertamente la soluci&oacute;n que propon&iacute;a para flexibilizar la maquinaria de los partidos y el mismo sistema de partidos no parec&iacute;a muy viable ni entonces ni ahora, sin embargo, como los cl&aacute;sicos, sus ideas en muchos otros aspectos siguen provocando dudas, reflexiones y alternativas sugerentes, por lo que deb&iacute;a ser uno de los autores que superaran el olvido al que se han visto condenados.</font></p>      ]]></body>
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