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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Ren&eacute; Girard: <i>Sacrifice</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Vicente de Haro Romo</b></font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>trad. M. Patillo y D. Dawson, Breakthroughs in Mimetic Theory, Michigan State University Press, 2011 (trad. de <i>Le sacrifice,</i> Biblioth&egrave;que Nationale de France, Diffusion Seuil).</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Panamericana, M&eacute;xico</i></font>.</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alg&uacute;n lector de este peque&ntilde;o volumen podr&iacute;a pensar que, en &eacute;l, Girard solamente se repite. Y es que, en efecto, en una primera lectura, la teor&iacute;a mim&eacute;tica es la misma (la indeterminaci&oacute;n de los deseos lleva a la imitaci&oacute;n, y &eacute;sta, a la violencia); la explicaci&oacute;n de los mitos sigue las l&iacute;neas generales de siempre (la concentraci&oacute;n de la agresividad en un "chivo expiatorio", la unanimidad que lleva al sacrificio &#45;un asesinato luego ritualizado&#45; y la ulterior divinizaci&oacute;n de una v&iacute;ctima que reconcilia a la comunidad y funda as&iacute; la cultura). Tambi&eacute;n encontramos, en esta compilaci&oacute;n de un breve ciclo de conferencias, la insistencia girardiana en que la Biblia judeocristiana reproduce el mecanismo del chivo expiatorio (en la persecuci&oacute;n de los profetas y en la Pasi&oacute;n de Cristo) para desactivarlo desde dentro: el Cristianismo es, pues, singular, porque desacraliza la violencia y revela la inocencia de las v&iacute;ctimas, diciendo as&iacute;, a diferencia de todos los mitos, la verdad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, pienso que este texto representa una nueva etapa en la antropolog&iacute;a mim&eacute;tica de Girard. No s&oacute;lo porque en este caso, el interlocutor de la religi&oacute;n judeocristiana es la tradici&oacute;n v&eacute;dico&#45;brahm&aacute;nica (papel que en <i>El chivo expiatorio</i> juegan las mitolog&iacute;as griega, teotihuacana y n&oacute;rdica, en <i>Vi a Sat&aacute;n caer como el rel&aacute;mpago</i> la historia de Apolonio de Tiana, en <i>Mentira rom&aacute;ntica y verdad novelesca,</i> la literatura moderna, etc&eacute;tera), sino principalmente porque, en &eacute;l, puede leerse entre l&iacute;neas (vid. v. gr. p. XI) que el pensador franc&eacute;s ha rectificado su posici&oacute;n respecto a la comprensi&oacute;n de la muerte de Jes&uacute;s como un <i>sacrificio</i> (un sacrificio <i>vicario,</i> lo cual no supone un Dios sanguinario ni tendencialmente pagano), aproxim&aacute;ndose por tanto a los Padres de la Iglesia y a la teolog&iacute;a tradicional, sin perder la agudeza de su hermen&eacute;utica posmoderna y su valiente &#45;a veces, desafiante&#45; tono apolog&eacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra novedad de esta exposici&oacute;n &#45;estructurada en tres breves cap&iacute;tulos&#45; es que, en ella, Girard se muestra m&aacute;s consciente que en sus obras anteriores de los posibles malentendidos que propicia la expresi&oacute;n "fen&oacute;meno de chivo expiatorio" o "mecanismo del chivo expiatorio" (p. 31); opta por tanto, por decir simplemente "sacrificio", hecha la aclaraci&oacute;n exeg&eacute;tica mencionada antes (que el "sacrificio de Cristo" no supone a un Dios vengativo ni violento, sino justamente lo contrario: la entrega libre que transforma el contenido sacrificial), e insiste en que su explicaci&oacute;n es estrictamente racional, sin acudir a modo de premisa a ning&uacute;n dato revelado y sin recurrir a nada en principio irracional (p. 34).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Girard no cede al relativismo cultural o religioso, y tampoco incurre &#45;como acusan sus detractores&#45; en una desvalorizaci&oacute;n burda de las creencias religiosas no&#45;b&iacute;blicas. De hecho, este libro valora positivamente las intuiciones de los textos v&eacute;dicos y brahm&aacute;nicos, que destacan, en la interpretaci&oacute;n girardiana, por su creciente "conciencia mim&eacute;tica" y su sacralizaci&oacute;n, no del sujeto o del objeto de la muerte sacrificial, sino del <i>sacrificio en s&iacute; mismo.</i> Incluso hay, en la evoluci&oacute;n hacia el budismo (pasando por los Upanishads), un progresivo rechazo del sacrificio, anunciado por la minimizaci&oacute;n que ya los Vedas hacen de su propia violencia. Girard comenta c&oacute;mo, ante la falta de templos, la religi&oacute;n v&eacute;dica sol&iacute;a consagrar temporalmente un lugar, para realizar <i>fuera de &eacute;l</i> la inmolaci&oacute;n correspondiente (p. 6). En tradiciones concretas, como la del "gran sacrificio del caballo", la ejecuci&oacute;n de un ser humano es aludida de paso, entre la menci&oacute;n de muchas otras v&iacute;ctimas, para atenuar el car&aacute;cter homicida del rito. M&aacute;s adelante (pp. 54ss) se abunda en el dios "Soma" y en el vegetal correspondiente, aparentemente alucin&oacute;geno, y en c&oacute;mo esta p&eacute;rdida de lucidez favorece los mecanismos substitutivos (enf&aacute;ticos hasta un punto cuasi&#45;freudiano: los textos recomiendan pensar en que se agrede a un enemigo mientras se aplasta la hoja de soma para obtener la savia).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como en el resto de su obra, el autor franc&eacute;s encara el an&aacute;lisis de esta mitolog&iacute;a pagana con una arriesgada clave heur&iacute;stica: la violencia narrada realmente tuvo lugar, lo cual suelen soslayar u ocultar las humanidades y las ciencias sociales modernas y contempor&aacute;neas por su excesiva admiraci&oacute;n a lo pagano (sobre todo, a lo griego), su prejuicio relativista y su depauperante burocratizaci&oacute;n y provincializaci&oacute;n (p. 3).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El riesgo del enfoque hermen&eacute;utico de Girard aumenta si se considera que el antrop&oacute;logo franc&eacute;s reconoce no dominar el idioma original de los textos sagrados de la India ni conocerlos en su totalidad. Para la comparaci&oacute;n de las tradiciones v&eacute;dicas con la b&iacute;blica, Girard trabaja sobre la compilaci&oacute;n de Sylvain L&eacute;vi, <i>La Doctrine du sacrifice dans les Brahmans,</i> de 1898. Esto ciertamente limita sus conclusiones. Resulta, con todo, muy sugerente, la lectura mim&eacute;tica que hace de la rivalidad entre Devas y Asuras, equivalentes a dioses y demonios en los Brahmanas. Estos seres, son creados por el sacrificio, y a su vez s&oacute;lo mediante sacrificios resuelven sus sucesivas disputas. Pelean por bienes imposibles de dividir, sobre todo porque lo que est&aacute; en juego es frecuentemente una abstracci&oacute;n: el tiempo, la voz, la primogenitura. Los objetos no son lo central, sino la rivalidad misma (expresada con el t&eacute;rmino <i>spardh)</i> que genera el conflicto <i>(samyat)</i> (cfr. p. 16).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La imitaci&oacute;n conflictiva domina, pues, a dioses y a hombres, todos creados por Praj&acirc;pati. Los primeros textos v&eacute;dicos muestran ya una especial perspicacia respecto al poder del sacrificio para resolver el conflicto mim&eacute;tico, al menos por un tiempo, despu&eacute;s del cual hay que repetir la inmolaci&oacute;n. La evoluci&oacute;n de los Brahmanas enfatiza esto hasta el punto en que no es ya la v&iacute;ctima lo central sino el sacrificio en s&iacute; mismo, y es as&iacute; como se expone en el <i>Rig Veda.</i> En este c&eacute;lebre texto &#45;seg&uacute;n la interpretaci&oacute;n de Girard&#45; la primera v&iacute;ctima es Purusha (pp. 36&#45;47), que significa "hombre" aunque se sugiere tambi&eacute;n que es una especie de gigante primordial. Purusha es desmembrado (la referencia al <i>diasparagmos</i> dionis&iacute;aco es inevitable, cfr. p. 38) por una multitud indeterminada de dioses, sabios y videntes. Todo ello es omnipresente en los mitos de cualquier cultura, y es tambi&eacute;n ubicuo el ocultamiento de esta violencia real tras los relatos fundacionales. Lo particular es la &uacute;ltima estrofa del <i>Himno de Purusha,</i> donde se afirma que los dioses "sacrificaron al sacrificio por el sacrificio". (p. 42). Girard no puede dejar pasar esta afirmaci&oacute;n, paradigm&aacute;tica de su peculiar "ontolog&iacute;a" del mimetismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto da pie al siguiente himno analizado, el dedicado al propio dios creador, Praj&acirc;pati. Girard va m&aacute;s all&aacute; de L&eacute;vi cuando afirma que este no es el "dios del sacrificio" sino el "dios&#45;sacrificio" (p. 47). Es en este relato sacrificial donde la direcci&oacute;n, ya sugerida en el himno de Purusha, se radicaliza: Praj&acirc;pati es expl&iacute;citamente acusado de incesto (una paradigm&aacute;tica acusaci&oacute;n expiatoria, como es evidente en Edipo o en Quetzalc&oacute;atl; en el caso de Praj&acirc;pati, sin embargo, casi inevitable, en tanto toda creatura es parte de su descendencia). Aparece, pues, la acusaci&oacute;n perentoria que justifica la violencia. El juego mim&eacute;tico cuenta, en este segundo himno, con todas las piezas necesarias: es el mismo juego, la misma din&aacute;mica, que las Escrituras judeocristianas reiteran y a la vez desenmascaran, desactiv&aacute;ndolos, piensa Girard, para siempre.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer y &uacute;ltimo cap&iacute;tulo del volumen insiste en estas semejanzas entre los mitos y los Evangelios, necesarias para que &eacute;stos &uacute;ltimos revelen la verdad sobre aquellos (pienso que buena parte del m&eacute;rito de Girard es encarar estas semejanzas, que los cristianos a menudo soslayamos por temor a encontrarlas perturbadoras; s&oacute;lo en el contexto de estas semejanzas se descubre la peculiaridad del Cristianismo). El enfoque mim&eacute;tico permite, adem&aacute;s, valorar textos como los Vedas, que de otro modo parecen incoherentes o demasiado exc&eacute;ntricos, aunque tambi&eacute;n se subraya c&oacute;mo estas tradiciones religiosas se quedan en los umbrales, sin cruzarlos jam&aacute;s, de la salida al error primordial de las religiones paganas: la sacralizaci&oacute;n de la violencia reconciliadora (p. 65). En cambio, la Biblia muestra al chivo expiatorio <i>como chivo expiatorio,</i> es decir, como inocente, y a la turba como culpable; desde Jos&eacute; y Job hasta Jesucristo, en quien se da la plenitud de la Revelaci&oacute;n, precisamente como "cordero de Dios", expresi&oacute;n despojada de la vulgaridad del chivo y que por ello subraya la inocencia absoluta del sacrificado (p. 86).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta desacralizaci&oacute;n de la violencia no la alcanza en su totalidad la tradici&oacute;n hind&uacute;, aunque Girard destaca hacia el final de su exposici&oacute;n que sin duda se acerca m&aacute;s a ella, a trav&eacute;s del misticismo de los Upanishads y finalmente, en el Budismo; hay incluso pasajes analogables a los de la Biblia hebrea respecto a la inanidad del sacrificio, aunque los textos budistas tiendan m&aacute;s, seg&uacute;n Girard, a lo sat&iacute;rico (p. 93).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La propuesta de Girard en este texto presenta los mismos problemas, o al menos interrogantes, que sugieren sus libros anteriores: la validez de una clave heur&iacute;stica &uacute;nica para enfrentarse a la mitolog&iacute;a, la literatura y los textos sagrados de todas las culturas; la presunci&oacute;n de la indeterminaci&oacute;n original del deseo que reclama su fijaci&oacute;n mediante la mimesis (una "deconstrucci&oacute;n" del deseo, aunque en este mismo volumen Girard critica a los deconstruccionistas por su relativismo), el car&aacute;cter no falseable de sus principios hermen&eacute;uticos, etc&eacute;tera. Pienso, sin embargo, que <i>Sacrifice</i> aporta a la fortaleza girardiana porque extiende su rango comparativo (la verdad de la antropolog&iacute;a mim&eacute;tica se muestra en su despliegue explicativo, en su alcance interpretativo <i>in actus exercitus);</i> porque matiza su postura respecto al sacrificio vicario y porque el lector, una vez m&aacute;s, concluye la lectura sacudido en sus prejuicios subjetivistas. Al final, &eacute;se es el prop&oacute;sito de Ren&eacute; Girard, de este autor inclasificable que incluso ha sido llamado, por J.M. Domenach, el "Hegel del catolicismo".</font></p>      ]]></body>
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