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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Acciones y Reacciones en los puertos del Mar del Sur: Desarrollo portuario del Pacífico novohispano a partir de sus políticas defensivas 1713-1789]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Pinz&oacute;n R&iacute;os, G. (2011), <i>Acciones y Reacciones en los puertos del Mar del Sur. Desarrollo portuario del Pac&iacute;fico novohispano a partir de sus pol&iacute;ticas defensivas 1713&#150;1789</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Lourdes de Ita Rubio</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas, UNAM, Instituto Mora, M&eacute;xico, 384 p., ISBN 978&#150;607&#150;02&#150;2473&#150;7</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas, Universidad Michoacana de San Nicol&aacute;s de Hidalgo.</i></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&eacute;xico es un pa&iacute;s circunscrito por una larga l&iacute;nea de costa que tanto al oriente como al poniente linda con los dos oc&eacute;anos m&aacute;s grandes del mundo. Esta posici&oacute;n y el hecho de que su inserci&oacute;n en el escenario mundial ocurriera precisamente en el albor del <i>primer sistema mundo</i> concebido por Wallerstein, llev&oacute; a que el territorio novohispano jugara un papel protag&oacute;nico en el contexto de la periferia de los centros europeos que definieron los procesos de colonizaci&oacute;n y los circuitos comerciales en aquel preludio del mercantilismo. Pese a esa condici&oacute;n de cercan&iacute;a geogr&aacute;fica respecto al mar, M&eacute;xico durante su historia moderna, no lleg&oacute; a desarrollar regiones costeras suficientemente definidas y estables. A lo largo de su periodo colonial, la organizaci&oacute;n del territorio novohispano sigui&oacute; una tendencia a la centralizaci&oacute;n urbana y al desarrollo portuario selectivo, siendo este &uacute;ltimo aspecto uno de implicaciones mayores y de trascendencia singular, pero aun muy poco debatido por los estudiosos de la historia y de la geograf&iacute;a de M&eacute;xico. De ah&iacute; la importancia de obras que se centren en el an&aacute;lisis del funcionamiento de los puertos a lo largo de nuestra historia, tal como la que nos ofrece aqu&iacute;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Guadalupe Pinz&oacute;n R&iacute;os, actualmente investigadora del Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas de la UNAM. Esta obra, que es la secuela de una tesis doctoral en Historia presentada por la autora en la UNAM, es editada por esta misma casa de estudios en coedici&oacute;n con el Instituto Mora, est&aacute; fundamentada en documentos recuperados de archivos nacionales y extranjeros, particularmente del Archivo General de la Naci&oacute;n en M&eacute;xico, el Archivo de Indias en Sevilla, el Museo Naval, el Archivo Hist&oacute;rico Nacional y la Real Academia de la Historia en Madrid, el Archivo de Simancas en la Valladolid hispana y algunos repositorios del estado de Jalisco en M&eacute;xico. Guadalupe Pinz&oacute;n ha estudiado temas de la historia del Pac&iacute;fico en otras ocasiones, particularmente el de las faenas mar&iacute;timas y el de los trabajadores de San Blas en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XVIII (Pinz&oacute;n, 2004), pero en este libro procura cubrir muchos m&aacute;s aspectos de la actividad de los puertos del Pac&iacute;fico durante casi ocho d&eacute;cadas del siglo de las luces, motivo que la llev&oacute; a desarrollar la obra en quince cap&iacute;tulos integrados en cinco partes. Cuenta el libro, adem&aacute;s, con una introducci&oacute;n en la que la autora elabora un estado de la cuesti&oacute;n s&oacute;lido, completo y actualizado y da muestra del conocimiento que tiene de las fuentes historiogr&aacute;ficas relativas al Pac&iacute;fico durante el periodo virreinal. En ese mismo apartado inicial expone las premisas e hip&oacute;tesis de su trabajo. Considera que el car&aacute;cter temporal con el que funcionaban los puertos del Mar del Sur durante los siglos XVI, XVII y principios del XVIII, y el hecho de que fungieran como zonas de tr&aacute;nsito y no como asentamientos establecidos de donde se derivara un desarrollo costero, se debi&oacute; a tres elementos principales, "los ataques a manos de los enemigos de Espa&ntilde;a, el comercio ilegal que mermaba las ganancias de la Corona, y el clima malsano que dificultaba los asentamientos portuarios". (p. 17). La autora se abocar&aacute; entonces a examinar las acciones y reacciones de la corona espa&ntilde;ola para combatir dichos problemas, tanto mediante pol&iacute;ticas de protecci&oacute;n de las costas (establecimiento de fortalezas, nuevos asentamientos portuarios, milicias locales y patrullaje en las costas), como mediante legislaciones que en el papel, castigaban con severidad a los contrabandistas, y por otra parte, mediante pol&iacute;ticas sanitarias en los puertos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al respecto pensamos que la perspectiva con la que tradicionalmente se ha interpretado la poca inversi&oacute;n en los puertos hispanoamericanos y su car&aacute;cter de sitios de paso de mercanc&iacute;as y personas en la que el elemento clim&aacute;tico es considerado a la par que los problemas derivados de las pugnas entre los pa&iacute;ses de la Europa atl&aacute;ntica, y la competencia de los mismos por los mercados y por la extracci&oacute;n de recursos de Am&eacute;rica y del Sureste asi&aacute;tico, debe ser revisada de manera cr&iacute;tica, procurando evaluar hasta qu&eacute; punto los elementos del medio f&iacute;sico geogr&aacute;fico fueron factores decisivos en las resoluciones sobre inversiones estructurales en los diferentes puertos de los territorios coloniales americanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pinz&oacute;n centra su an&aacute;lisis en la zona costera que va de Acapulco a San Blas y en un periodo que inicia en 1713, por ser el a&ntilde;o en el que se firma el Tratado de Utretch del que se deriv&oacute; la firma de convenios comerciales entre Espa&ntilde;a e Inglaterra que hicieron legal la presencia inglesa en el comercio hispanoamericano, y lo lleva a lo largo de 76 a&ntilde;os hasta 1789, cuando el Reglamento de Libre Comercio entre los puertos de Am&eacute;rica y los de Espa&ntilde;a, expedido once a&ntilde;os antes, se puso en efecto tambi&eacute;n para los puertos novohispanos. A lo largo de ese periodo se pasar&aacute; de la pol&iacute;tica de un puerto &uacute;nico autorizado en el Pac&iacute;fico para realizar transacciones comerciales transoce&aacute;nicas, a una apertura comercial en la que San Blas jugar&aacute; tambi&eacute;n un papel protag&oacute;nico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la primera parte del libro, constituida por dos cap&iacute;tulos, se hace una revisi&oacute;n del proceso de establecimiento de los asentamientos espa&ntilde;oles m&aacute;s tempranos en el litoral occidental novohispano, donde sobresalieron Huatulco, por su tr&aacute;fico con Per&uacute; que se extendi&oacute; durante varias d&eacute;cadas del XVI; el Puerto de Navidad que apunt&oacute; a las exploraciones hacia el occidente y las Californias, y Acapulco, resultando el m&aacute;s importante de todos ellos por haber sido el puerto de llegada del Gale&oacute;n de Manila durante m&aacute;s de dos siglos que dur&oacute; esa navegaci&oacute;n. La autora menciona tres causas que <i>frenaron</i> el desarrollo de los puertos del Pac&iacute;fico durante los siglos XVI y principios del XVII, siendo &eacute;stas la desvinculaci&oacute;n de los puertos con las poblaciones del interior novohispano, los ataques piratas que sufrieron las poblaciones costeras y la pol&iacute;tica del monopolio en la que se estableci&oacute; solamente un puerto del Pac&iacute;fico, esto es Acapulco, como sede del comercio transpac&iacute;fico con las islas del sureste asi&aacute;tico. Menciona Pinz&oacute;n el hecho de que las actividades comerciales de Acapulco se llevaban a cabo solo de manera temporal durante el a&ntilde;o, la pobre infraestructura del puerto y su incapacidad para abastecer de alimento, materiales y trabajadores a las embarcaciones que llegaban al lugar una o dos veces al a&ntilde;o, y la provisi&oacute;n de insumos y mano de obra desde ciertos asentamientos del interior como M&eacute;xico, Puebla y Veracruz y algunos pueblos ind&iacute;genas cercanos. Acapulco "se convirti&oacute; en una zona de paso, un <i>embudo</i> por el que transitaban hombres y riquezas en uno y otro sentido"; el resto de los asentamientos de la costa occidental novohispana que sobrevivieron por el comercio de cabotaje, como Huatulco, Tehuantepec, Zacatula, Manzanillo, Banderas, Chametla, Compostela, Matanchel, y Santiago&#150;Salagua, tuvieron un desarrollo a&uacute;n menor. Pinz&oacute;n observa que "esta situaci&oacute;n se vio poco modificada durante el periodo colonial" (p. 40).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los v&iacute;nculos entre los puertos novohispanos y los del exterior, donde destacan los peruanos y del sureste asi&aacute;tico, son tambi&eacute;n revisados por la autora, as&iacute; como la relaci&oacute;n entre los puertos occidentales y los asentamientos del interior virreinal, y los puertos de las Californias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda parte del libro, compuesta por dos cap&iacute;tulos, trata sobre la gente de los litorales del Pac&iacute;fico. Despu&eacute;s de recordar el poblamiento acapulque&ntilde;o y regional previo al XVIII, Pinz&oacute;n nos conduce a observar la presencia de los trabajadores del mar en esa costa occidental. Es una secci&oacute;n interesante, pues en las investigaciones hist&oacute;ricas no siempre se repara en la gente com&uacute;n que en los documentos aparece entre l&iacute;neas y sin nombre, pero que fueron los verdaderos actores en la larga duraci&oacute;n; en este caso, en los movimientos de mercanc&iacute;as e insumos, en la reparaci&oacute;n de barcos, en la construcci&oacute;n de caminos, en la preparaci&oacute;n de alimentos y sitios para hospedar, y en el fr&aacute;gil tejido social que pese a las condiciones hostiles en que se desarrollaron los asentamientos del litoral, se fue conformando a trav&eacute;s de los a&ntilde;os en Acapulco y sus abruptas inmediaciones, en San Blas, cuyos trabajadores estaban mucho m&aacute;s constre&ntilde;idos al puerto y al mar que a las poblaciones relativamente cercanas, y en los otros puertos menores de las costas del Mar del Sur.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tercera parte del libro, denominada "La Defensa de los Litorales Novohispanos", es la m&aacute;s profusa. Est&aacute; constituida por cuatro cap&iacute;tulos que dan cuenta, por una parte, de las incursiones enemigas en la costa del Pac&iacute;fico durante el siglo XVIII (Cap&iacute;tulo V), y por otra, de las reacciones por parte de la corona y del virreinato, para la defensa de las costas occidentales (Cap&iacute;tulos VI al VIII).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ya desde 1573, en las <i>Ordenanzas de Felipe II sobre descubrimiento, nueva poblaci&oacute;n y pacificaci&oacute;n de las Indias</i>, al ordenar que no deb&iacute;an fundarse nuevos asentamientos en las costas, el rey espa&ntilde;ol esgrim&iacute;a como la principal raz&oacute;n, el peligro de la pirater&iacute;a:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No se elijan sitios para pueblos en lugares mar&iacute;timos por el peligro que en ellos ay de cossarios y por no ser tan sanos y porque no se da en ellos la gente a labrar y cultivar la tierra ni se forma en ellos tan bien las costumbres sino fuere adonde ouiere algunos buenos y principales puertos y destos solamente se pueblen los que furen necesarios para la entrada, comer&ccedil;io y defensa de la tierra (Morales, 1979:6&#150;7).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En segunda instancia el rey se refer&iacute;a al elemento de la insalubridad de los puertos, aspecto derivado de las ideas medievales heredadas de la concepci&oacute;n griega de Arist&oacute;teles y Macrobio sobre la <i>zona perusta</i>, donde el elemento clim&aacute;tico era el que determinaba la posibilidad de que ciertas regiones fueran o no habitadas y desarrolladas. Algunos cronistas de Indias y administradores virreinales siguieron manejando esos conceptos geo&#150;deterministas durante la &eacute;poca colonial. Lo curioso es que la historiograf&iacute;a moderna haya mantenido y en ocasiones privilegiado la consideraci&oacute;n de ese factor como decisivo en las causas del despoblamiento y de la falta de inversiones en las costas americanas durante la Colonia. El elemento de la pirater&iacute;a en cambio, es a menudo pasado por alto, o cuando se considera suele hacerse de manera anecd&oacute;tica y superficial. Es por eso relevante que Pinz&oacute;n dedique una nutrida tercera parte de su libro a la revisi&oacute;n de las incursiones enemigas en el Pac&iacute;fico novohispano del XVIII (Cap&iacute;tulo V) y sus consecuencias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pinz&oacute;n considera que en los siglos XVI y XVII la presencia en el Mar del Sur de navegantes procedentes de los reinos enemigos de Espa&ntilde;a fue relativamente espor&aacute;dica y que estaba m&aacute;s relacionada con la pirater&iacute;a y el corso, mientras que a lo largo del siglo XVIII, las incursiones extranjeras en este mar ser&iacute;an m&aacute;s constantes y tendr&iacute;an objetivos comerciales, exploratorios y aun de ocupaci&oacute;n territorial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La autora menciona los viajes franceses al Pac&iacute;fico, algunos de ellos legales pero que dieron pie al contrabando; la frecuente presencia de holandeses, que con pretexto de dirigirse a sus posesiones asi&aacute;ticas del Pac&iacute;fico, exploraban, saqueaban y atacaban los litorales americanos del mismo oc&eacute;ano. Pinz&oacute;n se refiere con detalle a las navegaciones inglesas en el Mar del Sur del setecientos. La de John Clipperton en 1714 y la de otros que so&ntilde;aban con apoderarse del Gale&oacute;n de Manila, como William Dampier que en 1704 en su cabotaje de sur a norte del Pac&iacute;fico registr&oacute; la informaci&oacute;n que obtuvo relativa a los litorales, la cartografi&oacute; y la cedi&oacute; a Woodes Rogers quien solo cinco a&ntilde;os despu&eacute;s seguir&iacute;a la ruta de Dampier (quien tambi&eacute;n participar&iacute;a en la traves&iacute;a), asaltando puertos del Pac&iacute;fico sudamericano y entrando a Acapulco, las Islas Mar&iacute;as y Cabo San Lucas, donde finalmente lograr&iacute;an capturar el gale&oacute;n <i>Nuestra Se&ntilde;ora de la Encarnaci&oacute;n</i>, obteniendo un cuantioso bot&iacute;n que har&iacute;a recordar a Inglaterra los d&iacute;as en que Tom&aacute;s Cavendish se apropiara del gale&oacute;n <i>Santa Anna</i> 122 a&ntilde;os antes. Por otra parte, el viaje de George Anson al Pac&iacute;fico (1740&#150;1743) que tuvo pretensiones de colonizaci&oacute;n en el continente americano, si bien no logr&oacute; asaltar el gale&oacute;n en Acapulco, s&iacute; lograr&iacute;a capturar otro, el <i>Nuestra Se&ntilde;ora de Covadonga</i> en Filipinas. Esta expedici&oacute;n que se dio en el contexto de la <i>Guerra de los Asientos</i> o <i>de la oreja de Jenkins</i>, har&iacute;a comprender a Espa&ntilde;a la necesidad de proteger de mejor manera las costas del Pac&iacute;fico norte.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En funci&oacute;n de las intrusiones cada vez m&aacute;s frecuentes y arriesgadas, se habilitaron en el Mar del Sur tres tipos de pol&iacute;ticas defensivas de las que Guadalupe Pinz&oacute;n da cuenta en el cap&iacute;tulo IV de su libro: las fortalezas que se erigieron en algunos puntos estrat&eacute;gicos de los litorales novohispanos como Veracruz y Campeche en el litoral oriental de Nueva Espa&ntilde;a, y en el caso del Pac&iacute;fico, en Acapulco y San Blas. En el caso del Fuerte de San Diego de Acapulco, construido a principios del XVII, se menciona la reconstrucci&oacute;n posterior al terremoto de 1776, en la que el ingeniero Miguel Constanz&oacute; recomend&oacute; llevar a cabo una reedificaci&oacute;n de la fortaleza. La autora apunta que en el XVIII las fortalezas fueron la principal defensa de los litorales novohispanos, y que eran los puntos donde se concentraban las armas y las fuerzas defensivas. Sus abastos de hombres, materiales y dinero proven&iacute;an del interior del virreinato. Esto nos hace pensar en que para el XVIII, a diferencia de lo que sucedi&oacute; en siglos anteriores, la asimilaci&oacute;n del territorio virreinal por parte de los espa&ntilde;oles ya se hab&iacute;a extendido por Nueva Galicia y Nueva Vizcaya, por lo que fue posible establecer un puerto tan al norte como San Blas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las autoridades hispanas decidieron la apertura de este puerto en 1768, luego de la presencia de Anson en la regi&oacute;n en 1742, de la toma de Manila por los ingleses en 1762 y de las noticias, que llegaron al virreinato desde 1765, sobre la presencia de los rusos en Alaska. San Blas fungir&iacute;a como plataforma desde la que partir&iacute;an viajes de reconocimiento, de vigilancia y de colonizaci&oacute;n, de evangelizaci&oacute;n y abasto hacia la Baja y la Alta California y aun hasta el extremo norte del continente americano. Las funciones de este puerto tambi&eacute;n incluyeron la b&uacute;squeda de nuevas rutas hacia el poniente. La comunicaci&oacute;n oficial de Nueva Espa&ntilde;a a las Filipinas, que originalmente se hac&iacute;a desde Acapulco, ser&iacute;a despachada desde San Blas a partir de su fundaci&oacute;n. Funcion&oacute; tambi&eacute;n como astillero, pues se construyeron localmente los barcos que se usar&iacute;an para las expediciones al noroeste.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando en 1789 se decret&oacute; la apertura comercial de todos los puertos mayores y menores de la Nueva Espa&ntilde;a, Acapulco sigui&oacute; funcionando como puerto de altura y punto de arribo del Gale&oacute;n de Manila y en ambos puertos aumentaron las actividades pero fue San Blas el que diversific&oacute; m&aacute;s sus funciones y contactos. En cuanto a las milicias costeras, en el siglo XVIII fue preciso, seg&uacute;n Pinz&oacute;n, el fomentar los poblamientos costeros para que los regimientos se formaran con personal fijo y las milicias y batallones con vecinos. En el Castillo de San Diego en Acapulco resid&iacute;a una tropa fija que en caso de emergencia era respaldada por milicias locales como la de los morenos, la de los pardos, la de los chinos y el llamado batall&oacute;n de espa&ntilde;oles. Estos batallones deb&iacute;an ser alimentados y sustentados por el gobierno virreinal. Las poblaciones cercanas y lejanas a Acapulco, como Zacatula, organizaron sus propias milicias y respondieron a las autoridades cuando las llamaron ante la "temida presencia inglesa" (p. 192). La necesidad de que las milicias quedaran formadas de manera permanente, tambi&eacute;n llev&oacute; a cambios en la costa de Nueva Galicia. En principio se hab&iacute;a intentado formar a las milicias con poblaci&oacute;n blanca o mestiza, porque las autoridades novohispanas consideraban a los indios y a los negros como enemigos potenciales, pero la escasez de gente llev&oacute; a formarlas con poblaci&oacute;n de todas las castas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la cuarta y pen&uacute;ltima parte del libro, la autora retomar&aacute; los casos de Acapulco y de San Blas, pero esta vez para hablar de los contactos mercantiles de cada uno de estos puertos. Cuando en 1774 se volvi&oacute; a permitir el comercio entre Per&uacute;&#150;Guayaquil y Acapulco, empezaron a llegar cada a&ntilde;o a ese puerto y a Zihuatanejo, barcos cargados de cacao ecuatoriano, cuyo comercio era muy redituable. Hubo entonces propuestas de los mercaderes peruanos para que se permitiera un comercio directo entre Per&uacute; y San Blas, enviando almendras, frutos secos, aceitunas y otros insumos para abastecer los territorios californianos con argumentos bastante convincentes en relaci&oacute;n con el beneficio mutuo entre los diferentes puertos de ambos virreinatos y sus <i>hinterlands</i> respectivos, argumentando incluso beneficios para la real Hacienda por los derechos cobrados, para pero tales permisos no fueron concedidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la habitual ruta entre Filipinas y Acapulco, una vez que el Gale&oacute;n cruzaba el Mar de Cort&eacute;s para seguir una ruta paralela a la costa hasta llegar a Acapulco, hac&iacute;a una parada en Puerto de Navidad para que un "gentilhombre" de a caballo llevara a la capital del virreinato el aviso sobre su llegada. El gale&oacute;n deb&iacute;a hacer tiempo en el mencionado trayecto entre Navidad y Acapulco, para que los trabajadores, encargados de todo tipo de faenas, se aprestaran y llegaran desde el interior del virreinato hasta Acapulco. Es de pensarse que entre Navidad y Acapulco hubo infinidad de ocasiones y oportunidades en las que tripulantes y mercanc&iacute;as ilegales del Gale&oacute;n se introdujeron por las costas poco pobladas de la provincia de Colima y el obispado de Michoac&aacute;n. De hecho, el contrabando en Acapulco lleg&oacute; a implicar en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n a las autoridades portuarias, lo que llev&oacute; a una reestructuraci&oacute;n de la administraci&oacute;n del puerto cuando el visitador Jos&eacute; de G&aacute;lvez lleg&oacute; al virreinato en 1765.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Acapulco mantuvo un comercio de cabotaje con Zacatula, Guatemala y San Blas y recib&iacute;a barcos de Lima y Guayaquil, pero su papel como centro comercial sigui&oacute; siendo d&eacute;bil en comparaci&oacute;n con las ciudades medias del interior como Puebla, Guadalajara o Zacatecas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a San Blas, aunque su apertura tuvo como objetivo la vigilancia de las costas del norte del Pac&iacute;fico novohispano, y servir como plataforma para las expediciones tanto cient&iacute;ficas como de reconocimiento, apoyo y abasto de los asentamientos m&aacute;s al norte del virreinato, tambi&eacute;n funcion&oacute; en la pr&aacute;ctica como puerto comercial, no solo con el virreinato sino en algunas ocasiones con Filipinas, y mediante el contrabando incluso con Per&uacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El contrabando se daba por las prohibiciones en un sistema mercantil y pol&iacute;tico donde las reglas se dictaban desde el exterior del territorio colonial, donde se procuraba un mercado cautivo en el que la poblaci&oacute;n deb&iacute;a pagar distintas y numerosas alcabalas, pero donde no siempre se respond&iacute;a a las necesidades de la poblaci&oacute;n local ni regional, o a las posibilidades de los puertos de altura, ni a la producci&oacute;n interna de las regiones aleda&ntilde;as al puerto (Moreno y Florescano, 1976). El hecho de que las navegaciones comerciales se supeditaran a los intereses monop&oacute;licos de la corona para la obtenci&oacute;n de mayores beneficios, afect&oacute; no solamente el desarrollo de un comercio regional que fortaleciera el <i>hinterland</i> de los puertos, sino a la propia organizaci&oacute;n de las costas novohispanas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hasta la parte cuarta de su libro, Guadalupe Pinz&oacute;n ha expuesto con detalle la situaci&oacute;n de un complejo sistema de comercio colonial que despu&eacute;s de haber funcionado durante casi dos siglos tuvo que adecuar aspectos de su pol&iacute;tica monop&oacute;lica a una relativa apertura, habilitando nuevos puertos y circuitos mercantiles dentro del mismo, donde el contrabando y la pirater&iacute;a se explican como fallas relativas dentro del modelo, ya que el imperio espa&ntilde;ol no constituy&oacute; un sistema cerrado. Hasta aqu&iacute; ha surgido un gran n&uacute;mero de interpretaciones de la autora que nos invitan a debatir y discutir al respecto en aras de una mayor comprensi&oacute;n de los procesos relativos a los puertos coloniales. En la parte final de su libro, Pinz&oacute;n nos entrega otras 65 p&aacute;ginas que tratan de un tema que consideramos interesante, pero que no deber&iacute;a discutirse en el contexto de lo que hasta aqu&iacute; se ha expuesto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la quinta y &uacute;ltima parte, denominada: <i>La sanidad y religiosidad en las costas del Pac&iacute;fico novohispano</i>, la autora examina el tema del clima y la insalubridad de las costas (y de las pol&iacute;ticas sanitarias que se implementaron en las mismas en el siglo XVIII, abundando incluso en el personal sanitario y las devociones religiosas relacionadas con las enfermedades y los peligros del mar), aparentemente como un elemento a la par de los que hab&iacute;a discutido hasta ahora, es decir, a la par del sistema monop&oacute;lico, del contrabando y la pirater&iacute;a, para explicar la situaci&oacute;n de relativo abandono de los puertos del Pac&iacute;fico novohispano. Sin embargo, el clima no pudo haber sido un factor determinante en la elecci&oacute;n de la localizaci&oacute;n de los puertos, tal como lo demuestra el hecho de que para el siglo XVIII y principios del XIX los ingleses estuvieran abriendo una intrincada red de puertos comerciales en regiones tropicales y subtropicales de la India, Malaca, las costas orientales de China y en las islas del sureste asi&aacute;tico, tanto para el tr&aacute;fico interregional entre sus colonias como con Inglaterra (Porter, 1991; McCreery, 1999). Si bien los cuatro &uacute;ltimos cap&iacute;tulos, que conforman la quinta parte del libro, resultan interesantes por proporcionar una mayor informaci&oacute;n sobre las pol&iacute;ticas sanitarias que como en otras zonas del mundo se implementaron en los puertos novohispanos del XVIII, el colocarlos en la &uacute;ltima parte puede llevar al lector a pensar que la autora considera a la insalubridad como un elemento determinante en lo relativo al desarrollo portuario.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, hay que mencionar que adem&aacute;s de un rico sustento documental e historiogr&aacute;fico y de un s&oacute;lido aparato cr&iacute;tico, la obra cuenta con quince cuadros que sintetizan y esclarecen diferentes aspectos de la informaci&oacute;n obtenida en los archivos, y con trece mapas, seis de los cuales fueron elaborados por la propia autora, con informaci&oacute;n de fuentes primarias y secundarias. Llaman en particular la atenci&oacute;n los mapas, el n&uacute;mero 10 relativo al posible itinerario que habr&iacute;a seguido el "gentilhombre" cabalgando de Puerto de Navidad a la Ciudad de M&eacute;xico para avisar sobre la llegada de la Nao de China a las costas novohispanas, y el n&uacute;mero 12, que traza algunas de las rutas principales entre los puertos novohispanos y algunas poblaciones del interior de Nueva Espa&ntilde;a en la segunda mitad del siglo XVIII. Los mapas actuales sobre caminos novohispanos son pr&aacute;cticamente inexistentes, por lo que es loable que quien ha revisado los documentos que informan sobre rutas e itinerarios, tenga la valent&iacute;a de "tirar la l&iacute;nea" proponiendo una descripci&oacute;n cartogr&aacute;fica al respecto, misma que sin duda ser&aacute; como en este caso, de gran provecho para investigaciones futuras.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>REFERENCIAS</b></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">McCreery, C. (1999), <i>Ports of the World, 1700&#150;1870</i>, Philip Wilson Publishers, National Maritime Museum, London.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4715915&pid=S0188-4611201300020001300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Morales Padr&oacute;n, F. (1979), <i>Teor&iacute;a y leyes de la conquista</i>, Ediciones Cultura Hisp&aacute;nica del Centro Iberoamericano de Cooperaci&oacute;n, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4715917&pid=S0188-4611201300020001300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Moreno Toscano, A. y E. Florescano (1976), "El sector externo y la organizaci&oacute;n espacial y regional de M&eacute;xico (1521&#150;1910)", en Wallace Wilkie, J., M. C. Meyer y E. Monz&oacute;n de Wilkie (eds.; 1976), <i>Contemporary Mexico: Papers of the IV International Congress of Mexican History</i>, UCLA Latin American Studies, volume 29, University of California Press./UCLA Latin American Center, pp. 62&#150;96.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4715919&pid=S0188-4611201300020001300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pinz&oacute;n R&iacute;os, G. (2004), <i>Entre el deber y la muerte. Hombres de mar en las costas novohispanas. El caso de San Blas (1768&#150;1800)</i>, tesis de Maestr&iacute;a (Historia), Facultad de Filosof&iacute;a y Letras, UNAM, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4715921&pid=S0188-4611201300020001300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Porter, A. N. (1991), <i>British Overseas Expansion</i>, Simon and Schuster, New York/London/Toronto/Sydney/ Tokyo/Singapore.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4715923&pid=S0188-4611201300020001300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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