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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="4"><b>Psicolog&iacute;a y feminismo. Historia olvidada de mujeres pioneras en psicolog&iacute;a</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="3"><b>Silvia Garc&iacute;a Dauder (2005) <i>Psicolog&iacute;a y feminismo. Historia olvidada de mujeres pioneras en psicolog&iacute;a, </i>Madrid, Espa&ntilde;a Narcea, S. A. de Ediciones, 191 pp.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Rosario Rom&aacute;n P&eacute;rez*</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Investigadora titular de la Coordinaci&oacute;n de Desarrollo Regional del Centro de Investigaci&oacute;n en Alimentaci&oacute;n y Desarrollo, A. C.</i> <b>Correo electr&oacute;nico:</b> <a href="mailto:rroman@ciad.mx">rroman@ciad.mx</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La psicolog&iacute;a y el feminismo no parecen ser palabras que com&uacute;nmente se encuentren unidas. Han sido otras disciplinas como la antropolog&iacute;a y la sociolog&iacute;a, las que cuentan con mayor n&uacute;mero de referencias bibliogr&aacute;ficas al respecto. Seguramente por ello el libro de Silvia Garc&iacute;a Dauder, doctora en psicolog&iacute;a y profesora en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, se convirti&oacute; en la referencia actualmente m&aacute;s difundida sobre el tema, cuando se busca informaci&oacute;n feminista desde el campo de esa disciplina cient&iacute;fica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro pone el dedo en la llaga sobre el sexismo que ha predominado en la producci&oacute;n de conocimientos cient&iacute;ficos develando un pasado oscuro y secreto de los grandes constructores de la psicolog&iacute;a contempor&aacute;nea. De acuerdo con Celia Amor&oacute;s, el sexismo es una ideolog&iacute;a que influye el discurso filos&oacute;fico condicionando las formas de pensar y categorizar a las mujeres y al mismo tiempo, constituye discursos y pr&aacute;cticas que las excluyen. El trabajo historiogr&aacute;fico de la autora ubicado en la psicolog&iacute;a de los Estados Unidos del periodo 1879&#150;1930, nos conduce por la vida de mujeres que para lograr doctorarse en psicolog&iacute;a y ejercerla en el terreno de la docencia y la investigaci&oacute;n, se convirtieron en transgresoras de reglas que las "encorsetaban" en una sociedad victoriana de fines del siglo XIX.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero m&aacute;s que una historiograf&iacute;a, el libro es una cr&iacute;tica documentada sobre el legado mis&oacute;gino que los psic&oacute;logos de la &eacute;poca posterior a la Guerra de Secesi&oacute;n en la Uni&oacute;n Americana, han heredado no s&oacute;lo a la psicolog&iacute;a de los Estados Unidos, sino tambi&eacute;n a la de otros pa&iacute;ses que han copiado sin mayor reflexi&oacute;n tal modelo. La autora nos traslada a la vida de los estudiantes blancos adinerados que pod&iacute;an realizar sus doctorados en prestigiosas universidades alemanas, en ese entonces consideradas las m&aacute;s avanzadas pero que pese a sus adelantos en el conocimiento, rechazaban a las mujeres por considerarlas no aptas para realizar estudios doctorales. Los nombres de psic&oacute;logos famosos como Wilhelm Wundt o Stanley Hall aparecen ligados a las m&aacute;s tenebrosas historias de discriminaci&oacute;n hacia mujeres que pretend&iacute;an continuar sus estudios de doctorado y formarse como cient&iacute;ficas de la psicolog&iacute;a. La experiencia de estas mujeres, dice la autora, es nuestro pasado en el presente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien la discriminaci&oacute;n de las mujeres en las &eacute;lites de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica no es privativa de la psicolog&iacute;a, el libro de Garc&iacute;a Dauder devela el papel de la psicolog&iacute;a cient&iacute;fica para producir y regular la subjetividad de las mujeres. Para ello nos proporciona dos elementos de an&aacute;lisis alrededor de los cuales desarrolla conceptualmente su investigaci&oacute;n sobre la misoginia cient&iacute;fica de finales del siglo XIX y principios del XX: la exclusi&oacute;n y la resistencia.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La exclusi&oacute;n la aborda la autora como un mecanismo de las m&aacute;s prestigiadas universidades de los Estados Unidos para negar el acceso de las mujeres a los doctorados, mediante argumentos socialmente aceptables en su tiempo y barreras informales. El modelo universitario de las principales instituciones estadounidenses de mediados del siglo XIX estaba dise&ntilde;ado exclusivamente para varones porque se consideraba que las mujeres no ten&iacute;an capacidad para alcanzar estudios superiores, ni tampoco los necesitaban para la realizaci&oacute;n de sus actividades tradicionales relacionadas con el hogar y el cuidado de sus familias. Gradualmente se abrieron escuelas para mujeres pero una vez que terminaban sus estudios, las pioneras psic&oacute;logas se enfrentaron con que no pod&iacute;an ser admitidas como alumnas regulares de doctorado en las universidades m&aacute;s prestigiadas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando por fin las mujeres fueron aceptadas en los estudios doctorales se crearon anexos en los que recib&iacute;an clases, se evaluaba su rendimiento al igual que el de sus pares varones, escrib&iacute;an tesis y las defend&iacute;an, pero no pod&iacute;an recibir t&iacute;tulo alguno. Tal es la historia de Christine Ladd&#150;Franklin, feminista defensora del derecho al sufragio de las mujeres y psic&oacute;loga experta en l&oacute;gica y teor&iacute;a de la visi&oacute;n del color. A los 79 a&ntilde;os de edad y despu&eacute;s de 44 a&ntilde;os de luchar para que su doctorado fuera reconocido, la Universidad Johns Hopkins finalmente le otorg&oacute; el t&iacute;tulo. Por supuesto que su nombre pas&oacute; desapercibido en la formaci&oacute;n de profesionales de la psicolog&iacute;a de la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses que siguen el modelo americano de formaci&oacute;n universitaria. La historia fue parecida para otras psic&oacute;logas pioneras como Mary Whiton Calkins, primera mujer presidenta de la Asociaci&oacute;n de Psicolog&iacute;a Americana en 1905 y fundadora del primer laboratorio psicol&oacute;gico conducido por mujeres o la de Margaret Floy Washburn, primera psic&oacute;loga a la que la Universidad de Cornell le otorg&oacute; oficialmente el t&iacute;tulo de doctora, no sin sufrir muchos sinsabores.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los argumentos que justificaban esta exclusi&oacute;n institucional, con sus matices, no est&aacute;n lejos de ideas que en pleno siglo XXI a&uacute;n prevalecen en algunos grupos sociales y acad&eacute;micos. El famoso Dr. Watson, pionero del conductismo, escribi&oacute; en 1927 un art&iacute;culo en <i>The Nation </i>en el que criticaba la modernidad de las mujeres cuestionando si lo que deseaban era libertad, valor poco asociado con las mujeres. Para este investigador la libertad de las mujeres ten&iacute;a como precio el desajuste sexual y con ello se un&iacute;a al coro de cr&iacute;ticas sobre los conflictos que sufr&iacute;an los matrimonios de las mujeres profesionistas quienes estaban condenadas a ser infelices.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien algunas psic&oacute;logas aceptaron seguir las reglas de exclusi&oacute;n marcadas por sus pares varones, otras recurrieron a desarrollar sus propios mecanismos de resistencia para confrontarlas o evadirlas. Tal es el segundo concepto que maneja Garc&iacute;a Dauder para analizar la trayectoria de otras mujeres pioneras de la psicolog&iacute;a cient&iacute;fica. La autora relata los casos de Miriam Van Waters y Amy Tanner como ejemplos de mujeres que lograron doctorarse pero que optaron por buscar opciones de desarrollo en &aacute;reas de aplicaci&oacute;n de la psicolog&iacute;a, m&aacute;s que perseguir una posici&oacute;n dentro de las universidades, &uacute;nicos lugares que contaban en ese tiempo con condiciones para realizar investigaci&oacute;n. Van Waters, una de las primeras candidatas a doctora se gradu&oacute; en 1913 con Stanley Hall como su director en la Universidad de Clark, pero se decepcion&oacute; por el tipo de psicolog&iacute;a que se estaba haciendo. En cartas que enviaba a su madre, se quejaba de que Hall utilizaba a sus estudiantes para recolectar datos que luego "acomodaba" a su antojo. Adem&aacute;s, encontraba alienante la "nueva psicolog&iacute;a cient&iacute;fica" por su &eacute;nfasis en la objetividad y su alejamiento de un enfoque m&aacute;s humanista. Por su parte, Amy Tanner fue una excelente estudiante de psicolog&iacute;a en la Universidad de Chicago y m&aacute;s tarde se doctor&oacute; en la Universidad de Clark, la cual abandon&oacute; en 1918 para trabajar en un centro social cansada del escaso reconocimiento que Hall mostraba por las mujeres.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero quien llev&oacute; la voz cantante de las psic&oacute;logas que confrontaron el sexismo en sus instituciones fue Christine Ladd Franklin. Cuando Tichener<sup>1</sup> fund&oacute; la Sociedad de Psic&oacute;logos Experimentales y prohibi&oacute; la entrada a mujeres, Ladd Franklin se atrevi&oacute; a protestar p&uacute;blicamente contra una medida que rechaz&oacute; por ser una "pol&iacute;tica medieval sexista". Esta psic&oacute;loga tuvo que enfrentar la discriminaci&oacute;n de la que eran objeto las mujeres profesionistas que se casaban y luch&oacute; por conseguir un puesto docente de tiempo parcial primero en la Universidad Johns Hopkins y m&aacute;s tarde en la Universidad de Columbia, donde realiz&oacute; investigaci&oacute;n sobre su teor&iacute;a de la visi&oacute;n, sin recibir remuneraci&oacute;n alguna.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con su ejemplo, estas psic&oacute;logas pioneras sentaron precedentes y merecieron la admiraci&oacute;n de sus contempor&aacute;neas. Sin embargo, con su actuaci&oacute;n no lograron derrumbar mitos y resistencias hacia las mujeres profesionistas porque m&aacute;s bien se les percibi&oacute; como excepciones que confirmaban la regla. Lejos de amortiguar las discriminaciones sexistas, parad&oacute;jicamente su experiencia personal se convirti&oacute; en evidencia contundente de las bondades de un sistema meritocr&aacute;tico que m&aacute;s adelante fue defendido por las psic&oacute;logas de segunda generaci&oacute;n. De 1920 a 1940 m&aacute;s mujeres comenzaron a incorporarse profesionalmente a las universidades, aparecieron Florence Goodenough, autora de pruebas de inteligencia infantiles, quien crey&oacute; en la igualdad de oportunidades a pesar de los bajos salarios y rangos, la escasez de prestigio, reconocimiento y relegaci&oacute;n a las que se somet&iacute;an las psic&oacute;logas. Su discurso se volvi&oacute; individualista y autoinculpador proclamando que las oportunidades llegar&iacute;an s&oacute;lo para las mujeres que lograran ejercer su fuerza propulsora. El mecanismo de resistencia implementado as&iacute; por algunas psic&oacute;logas fue no solamente criticado por sus sucesoras, sino que tambi&eacute;n ellas contribuyeron a borrar las redes de solidaridad femenina que las pioneras hab&iacute;an logrado crear.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Conforme se avanza en la lectura de la <i>Historia olvidada de mujeres pioneras en psicolog&iacute;a, </i>se va develando tambi&eacute;n el papel de la psicolog&iacute;a cient&iacute;fica como dispositivo de poder y de control sobre la construcci&oacute;n del ser mujer. Los temas de estudio abordados durante la &eacute;poca de inicio de la psicolog&iacute;a experimental van construyendo discursos orientados a confirmar la supuesta incapacidad de las mujeres para introducirse en el quehacer cient&iacute;fico. Psic&oacute;logos prestigiados como James McKeen Catell y Edward Thorndike, basados en los avances de la estad&iacute;stica y pruebas "mentales", utilizaron la hip&oacute;tesis darwinista de la variabilidad para disuadir a las autoridades universitarias sobre la inutilidad de invertir en las mujeres por sus "niveles moderados de capacidad mental". Los porcentajes mayores de varones ubicados en ambos extremos de la curva normal y la mayor concentraci&oacute;n de las mujeres alrededor de la media, llev&oacute; a concluir la "mediocridad" de &eacute;stas. As&iacute;, el hecho de que hubiera m&aacute;s varones eminentes y m&aacute;s retrasados mentales, borraba el hecho de que en promedio las mujeres calificaran m&aacute;s alto.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tras varias d&eacute;cadas de investigaci&oacute;n y gracias al esfuerzo de las psic&oacute;logas que lograron destacar a principios del siglo XX, el debate se traslad&oacute; de la variabilidad al de la naturaleza en oposici&oacute;n al ambiente. Si lo que se buscaba era identificar diferencias objetivas entre varones y mujeres, la investigaci&oacute;n deber&iacute;a controlar toda influencia posible del contexto y con ello todas las diferencias sociales. Como tal estudio era imposible de realizar, el inter&eacute;s por las diferencias sexuales en inteligencia se orient&oacute; hacia las diferencias en la personalidad. En los a&ntilde;os treinta y con el psicoan&aacute;lisis como una tendencia dominante, se construyeron pruebas para medir la masculinidad y la feminidad como dimensiones de la personalidad. La mayor participaci&oacute;n de las mujeres en &aacute;mbitos profesionales fue raz&oacute;n suficiente para que psic&oacute;logos conservadores "demostraran" la masculinizaci&oacute;n de las mujeres y la feminizaci&oacute;n de los varones, lo que constitu&iacute;a una amenaza para la naci&oacute;n y la raza. En 1936, Lewis Terman construy&oacute; un cuestionario de actitudes e intereses que ante el problema irresoluble de manipular las condiciones sociales, permit&iacute;a al investigador definir qu&eacute; era propio del var&oacute;n y qu&eacute; de la mujer. Los constructos psicol&oacute;gicos derivados de este instrumento, s&oacute;lo vinieron a confirmar la reificaci&oacute;n del sexo masculino.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A finales del siglo XIX y principios del XX, nos dice Garc&iacute;a Dauder, el imaginario cient&iacute;fico y particularmente el de la psicolog&iacute;a, se construy&oacute; en oposici&oacute;n al imaginario femenino. La ciencia, al igual que los varones, era r&iacute;gida, rigurosa, racional, objetiva, impersonal, competitiva y no emocional, todo lo contrario a lo que se asum&iacute;a era propio de las mujeres: emocionales, sumisas, relacionales y cuidadosas. No es dif&iacute;cil imaginar las contradicciones vividas por las psic&oacute;logas pioneras en un escenario en el que optar por una educaci&oacute;n superior implicaba para las mujeres arriesgarse a ser objeto de sanciones sociales severas. Como cient&iacute;ficas eran at&iacute;picas, casi no mujeres, porque deb&iacute;an renunciar a la sumisi&oacute;n y la domesticidad para lanzarse a un &aacute;mbito p&uacute;blico netamente masculino. Ellas eran en s&iacute; mismas una contradicci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sus huellas, sin embargo, fueron borradas de la historia de la psicolog&iacute;a. Pocas de ellas fueron, por supuesto, incluidas en prestigiados directorios como el <i>American Men of Science </i>(S&oacute;lo 12% de un total de 186 personas que aparecieron en la primera edici&oacute;n de 1906 eran mujeres). Muy pocas llegaron a pertenecer a la Sociedad Americana de Psicolog&iacute;a. Las principales fuentes de informaci&oacute;n a las que generalmente recurren quienes se dedican a la historia, no registran su existencia. De ah&iacute; que la historia de la psicolog&iacute;a sea eminentemente masculina y en ello radica tambi&eacute;n el valor de la obra aqu&iacute; rese&ntilde;ada. Recuperar la historia de la psicolog&iacute;a incluyendo a las mujeres, no busca tampoco victimizarlas. Sus trayectorias fueron de lucha y de resistencia. Las pioneras de la psicolog&iacute;a cient&iacute;fica vivieron trabajando, pensando, reconociendo sus l&iacute;mites y posibilidades y murieron creando las bases para nuevas estrategias de resistencia, que bajo diversos matices, alg&uacute;n d&iacute;a lograr&aacute;n romper con la normalizaci&oacute;n y naturalizaci&oacute;n de la condici&oacute;n femenina. <i>La Historia olvidada de mujeres pioneras en psicolog&iacute;a, </i>no es s&oacute;lo una referencia para las personas interesadas en esta disciplina, sino tambi&eacute;n para quienes creen que es posible reinventar formas de pensar y practicar el quehacer cient&iacute;fico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Notas</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Edward Bradford Tichener (1867&#150;1927) fue el principal disc&iacute;pulo de Wundt. Este psic&oacute;logo no reconoci&oacute; valor al factor subjetivo de la voluntad y asumi&oacute; la forma de un sistema conceptual completamente naturalista, definiendo el trabajo de su maestro como "estructuralismo" y lo dio a conocer en Estados Unidos como el introspeccionismo. Seg&uacute;n Tichener, el fin de la investigaci&oacute;n psicol&oacute;gica es describir los contenidos &#150;elementales&#150; de la conciencia y descubrir las leyes que determinan la manera en que &eacute;stos se suceden y se combinan.</font></p>      ]]></body>
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