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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Cr&iacute;tica de libros </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Los sentidos de la existencia ordinaria:</b> <b>de la percepci&oacute;n a la alimentaci&oacute;n*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Bruno Lutz</b>**</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><strong>* Le Breton, David (2007), <i>El sabor del mundo. Una antropolog&iacute;a de los sentidos, </i>Nueva Visi&oacute;n, Buenos Aires, 367 p. ISBN: 978&#150;950&#150;602&#150;555&#150;7.</strong></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Doctor en ciencias sociales por la UAM&#150;Xochimilco. Profesor&#150;investigador del Departamento de Relaciones Sociales de la UAM&#150;Xochimilco. Actualmente es miembro de la Asociaci&oacute;n Mexicana de Estudios Rurales.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El antrop&oacute;logo franc&eacute;s David Le Breton nos ofrece en su obra <i>El sabor del mundo </i>el resultado de m&aacute;s de 15 a&ntilde;os de reflexi&oacute;n en torno a los usos sociales de los sentidos. El autor plantea que la percepci&oacute;n del mundo que nos rodea a trav&eacute;s de los cinco sentidos es a la vez el resultado de una educaci&oacute;n culturalmente codificada y de una experiencia personal &uacute;nica: "frente a la infinidad de sensaciones posibles en cada momento, una sociedad define maneras particulares para establecer selecciones planteando entre ella y el mundo el tamizado de los significados de los valores, procurando de cada uno de ellos las orientaciones para existir en el mundo y comunicarse con el entorno" (2007:13). Los sentidos traducen el misterio insondable de la existencia en una realidad inteligible. El cuerpo es un instrumento maravilloso al servicio del lenguaje.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las sensaciones son experiencias que uno tiene desde la vida intrauterina, y con el paso de los a&ntilde;os, nuestros sentidos se van forjando y educando en la familia, la escuela y en grupos sociales diversos. De esa forma, aprendemos a compartir con nuestros pares los mismos c&oacute;digos y referencias. Una de las funciones de los ritos de paso es precisamente la de confirmar la adopci&oacute;n plena de los valores del grupo, por parte de un individuo. Al narrar algunas experiencias de antrop&oacute;logos en su trabajo de campo, Le Breton subraya la discapacidad cultural que nos impide entender las interpretaciones de los abor&iacute;genes la cual llega despu&eacute;s de mucho tiempo y esfuerzos. Se&ntilde;ala que es igualmente dif&iacute;cil lograr compartir los c&oacute;digos perceptivos manejados durante una ceremonia sham&aacute;nica por el curandero, el enfermo y sus familiares, debido a que la lectura id&oacute;nea de los signos m&aacute;gicos se aprende desde la primera infancia.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor destaca la importancia de las palabras en las culturas orales de la Antig&uuml;edad, la repetici&oacute;n de las historias, mitos y leyendas frente a un grupo de auditores. Despu&eacute;s de haber escrito sus <i>Historias, </i>a los contempor&aacute;neos de Herodoto les gustaba reunirse en plazas p&uacute;blicas para escuchar al gran historiador griego narrar las diferentes partes de su obra. Las palabras tienen poder: pueden ser evocaciones, invocaciones impl&iacute;citas, e invocaciones expl&iacute;citas cuando forman parte de un ritual. Ciertas palabras tienen la capacidad de hacer presente lo invisible, de franquear la frontera entre el mundo de los hombres y el mundo de los esp&iacute;ritus. Al filo de los siglos, es en Occidente donde empieza a predominar la vista sobre el o&iacute;do. El desarrollo de la imprenta desempe&ntilde;&oacute; un gran papel en esa transformaci&oacute;n. La lectura en voz alta para un p&uacute;blico de auditores y estudiantes se convirti&oacute; paulatinamente en una lectura individual y en silencio. El proceso civilizatorio del uso de los sentidos pas&oacute; por tres etapas fundamentales: la voz, la visi&oacute;n que se transformaba en voz, y finalmente la visi&oacute;n. "Al convertirse a partir de entonces m&aacute;s bien en un sentido de la distancia, la vista cobra importancia en detrimento de los sentidos de la proximidad como el olor, el tacto o el o&iacute;do", apunta acuciosamente Le Breton. De manera lenta y desigual, vino oper&aacute;ndose un distanciamiento con el otro mediante: la lectura individual como placer, la codificaci&oacute;n de los buenos y malos modales, la secularizaci&oacute;n de las sociedades occidentales y el prestigio creciente que adquieren las experiencias cient&iacute;ficas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Le Breton escribe que "la vista es el m&aacute;s econ&oacute;mico de los sentidos", pero una mirada puede sellar un destino como fue el caso del sham&aacute;n yaqui don Juan Matus cuando mir&oacute; al estudiante de antropolog&iacute;a Carlos Castaneda cuando lo encontr&oacute; por primera vez. La mirada es un sentido que puede desarrollarse ya que aprender a ver es aprender a discernir, jerarquizar y catalogar. Es la selecci&oacute;n la que permite la interpretaci&oacute;n. La mirada se educa gracias al aprendizaje de c&oacute;digos culturales, tal como lo mostraron las experiencias realizadas en el <i>Jardin d'acclimatation </i>de Par&iacute;s en 1881, con nativos de la Tierra de Fuego, quienes mostraron ser diestros para aprender a discernir sutiles matices de colores. "El centro de gravedad de la denominaci&oacute;n de los colores no reside en los propios colores, sino en los datos de la cultura", resalta Le Breton a partir de numerosos ejemplos extra&iacute;dos de muy diversas culturas y &eacute;pocas. En la luz pero tambi&eacute;n en la oscuridad, se pueden percibir entornos: los sentidos humanos pueden afinarse hasta extremos insospechados. La ceguera de videntes como Tiresias por ejemplo, le permite desarrollar una percepci&oacute;n extremadamente sensible del mundo hasta convertirse en consejero de reyes o profeta. Videncia y taumaturgia est&aacute;n &iacute;ntimamente asociadas, la primera anunciando el destino de los hombres, la segunda permitiendo repararlo. Al respecto, en esta estimulante obra <i>El sabor del mundo, </i>quiz&aacute; hubiera sido adecuado indagar m&aacute;s el &aacute;mbito de las percepciones extrasensoriales de los adivinos y clarividentes para mostrar c&oacute;mo cierto tipo de experiencias ext&aacute;ticas no forman parte del registro del hombre com&uacute;n, pero al mismo tiempo comparten sorprendentemente c&oacute;digos universales de referencia.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al abordar el tema de la construcci&oacute;n social del universo sonoro, David Le Breton se&ntilde;ala po&eacute;ticamente: "El o&iacute;do es un sentido de la interioridad, lleva el mundo al coraz&oacute;n de uno, cuando la vista lo lleva hacia fuera del mismo". El ruido decodificado se convierte en un sonido inteligible e interpretable. Al escaparse por las coladeras de Par&iacute;s, Jean Valjean se esfuerza por aprender a discernir los m&aacute;s m&iacute;nimos sonidos evitando as&iacute; caer en manos de la polic&iacute;a. En las ciudades modernas los ruidos surgen, se superponen, se mezclan, se disipan en un movimiento continuo. En lo personal, al instalarme en la Ciudad de M&eacute;xico, descubr&iacute; una gama sonora mucho m&aacute;s extendida que la que se manifiesta en Par&iacute;s, descubr&iacute; el manejo art&iacute;stico del silbato por los agentes de tr&aacute;nsito, las llamadas de los compradores de objetos diversos que recorren las calles, los anuncios sonoros de los vendedores ambulantes de tamales y atole, el silbato sobreagudo del afilador de cuchillos, etc&eacute;tera. Le Breton menciona que los obreros sometidos a ruidos intensos se acostumbran a &eacute;stos y rechazan con frecuencia el uso de protecciones auditivas sin darse cuenta que disminuye su capacidad auditiva. El cuerpo se acostumbra tanto al ruido como al silencio: "quienes temen al silencio permanecen al acecho de un sonido que humanice el lugar". El ruido provocado deliberadamente puede constituir una medida de protesta como el cacerolazo en la Argentina contempor&aacute;nea y en el Brasil de la dictadura militar. Pero el sonido es tambi&eacute;n el marcaje del tiempo (campanas) y/o de un evento importante (campanas y sirenas). Estos signos sonoros, religiosos o c&iacute;vicos, dirigidos hacia una comunidad de oyentes, contribuyen a reforzar una sociabilidad prox&eacute;mica e ideol&oacute;gica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En lo que concierne al tacto, la piel aparece como un &oacute;rgano privilegiado que marca la frontera entre el universo interior y el espacio exterior. Le Breton escribe: "El tacto cincela la presencia en el mundo mediante el permanente recuerdo de la frontera cut&aacute;nea". La mano, mediante una educaci&oacute;n t&aacute;ctil basada en experiencias corregidas y asimiladas, es capaz de palpar objetos a nuestro alcance, es capaz tambi&eacute;n de acariciar as&iacute; como mostrar afecto y amor. El autor resalta que dentro de un mismo grupo, las aptitudes var&iacute;an seg&uacute;n la edad, el sexo, el origen &eacute;tnico y el estado de salud tambi&eacute;n. Las relaciones humanas que transmiten amor permiten el desarrollo emocional de las ni&ntilde;as y ni&ntilde;os y en particular de los hu&eacute;rfanos, lo cual les ayuda en tener un mejor desarrollo psicomotor y salud mental. Se habla de relaciones calurosas o fr&iacute;as para referirse a diferentes modalidades de la interrelaci&oacute;n social. El uso social del tacto var&iacute;a de una cultura a otra, siendo los anglosajones quienes m&aacute;s rechazan el contacto f&iacute;sico con personas desconocidas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"El olor comparte con el gusto una individualizaci&oacute;n de la experiencia" afirma Le Breton quien resalta el poder mnem&oacute;nico de los olores, su capacidad incomparable para recordar ambientes y situaciones pasadas. Fragancias y perfumes nos pueden hacer viajar en nuestra historia personal. Parad&oacute;jicamente los olores que percibimos son generalmente fugaces, pero la huella que dejan en nosotros es profunda. Ahora bien, se requiere cierto tipo de sensibilidad para actividades determinadas como la caza por ejemplo, en la cual los mejores cazadores suelen oler pistas y sentir la presencia del animal sin verlo. Ishi, el &uacute;ltimo indio Yahi de California del Norte, ense&ntilde;&oacute; al antrop&oacute;logo que lo acompa&ntilde;aba, que ten&iacute;a que ayunar tres d&iacute;as antes de pretender cazar un venado porque de otro modo su olor lo delatar&iacute;a. El manejo del olor, de un saber tradicional pas&oacute; a ser una t&eacute;cnica cient&iacute;fica. En el transcurso del siglo XIX, florecieron tratados y ensayos m&eacute;dicos sobre los olores en la nosolog&iacute;a y como terapia.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es siempre el otro, enemigo y extranjero, que huele mal. <i>Odor </i>y <i>odium </i>comparten la misma ra&iacute;z latina. El antrop&oacute;logo afirma que "el olor es antropol&oacute;gicamente un marcador moral". En pueblos de la Amazonia, la mujer menstruando es apartada del grupo porque su mal olor tiene un efecto contaminante. Las ideas de limpieza y purificaci&oacute;n van a la par, no solamente en comunidades ind&iacute;genas, sino tambi&eacute;n en nuestras sociedades industriales modernas. A partir de los descubrimientos de Pasteur y el desarrollo de la industria qu&iacute;mica, se desinfecta y esteriliza como medidas precautorias sanitarias y sociales. Los braceros mexicanos que fueron a trabajar a las granjas agr&iacute;colas estadounidenses entre 1941 y 1963, eran sistem&aacute;ticamente rociados con DTT. "La desodorizaci&oacute;n y la limpieza de los ambientes populares son un intento simb&oacute;lico de encuadra&#150;miento, una moralizaci&oacute;n mediante la higiene" (2007:256). Se empez&oacute; a desodorizar masivamente para civilizar, estigmatizando los malos olores y haciendo la apolog&iacute;a de los "buenos" olores. Esta dicotom&iacute;a f&aacute;cil y socialmente eficaz reproduce anal&oacute;gicamente la dicotom&iacute;a sensorial a nivel espiritual entre el "olor a santidad" de los m&aacute;rtires y la hediondez que marca la presencia del demonio ("olor a azufre" y "olor a muerte").</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Le Breton termina su viaje antropol&oacute;gico por los sentidos con el alimento que no duda en calificar de "objeto sensorial total" debido a las numerosas sensaciones gustativas y t&aacute;ctiles que provoca. Despu&eacute;s de presentar numerosos ejemplos de Asia y &Aacute;frica, el profesor de antropolog&iacute;a escribe: "El gusto por la alimentaci&oacute;n, la percepci&oacute;n del alimento en boca, es una conjunci&oacute;n sensorial que mezcla el aroma de los alimentos con su tactilidad, su temperatura, su consistencia, su apariencia, su olor, etc&eacute;tera". El buen gusto es el desarrollo de la facultad socialmente premiada de asociar diversos elementos sensoriales y materiales con el fin de cumplir con una &eacute;tica de la est&eacute;tica &#151;para retomar una expresi&oacute;n de Bourdieu. La gastronom&iacute;a y la alta cocina son productos de la diversidad de gustos pero sobre todo de la estratificaci&oacute;n social, como es el caso en la India donde la jerarquizaci&oacute;n de las castas es gustativa. Por su parte, Bulnes, intelectual ilustrado de la &eacute;poca porfirista, desarroll&oacute; una teor&iacute;a de la distinci&oacute;n social basada en la dieta de cada clase.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su aprendizaje, el ni&ntilde;o asimila los sabores de su grupo social de pertenencia primero a trav&eacute;s de los alimentos que le prepara su madre y de las incitaciones gestuales de ella para que los aprecie y saboree, y luego mediante la imitaci&oacute;n de los mayores. Los sabores, precisa atinadamente Le Breton "se subdividen seg&uacute;n las diferencias de clase, de regi&oacute;n, de edad, incluso de sexo, de acuerdo con las formas de socializaci&oacute;n de los comensales". Existe una relaci&oacute;n afectiva con los alimentos como lo muestran los inmigrantes que buscan en su lugar de residencia, alimentos con los sabores de su regi&oacute;n de origen. Por otro lado, debe se&ntilde;alarse que hay alimentos que son preparados para los dioses (las ofrendas rituales como las <i>tormas </i>en el budismo vajrayana tibetano, por ejemplo), alimentos que son reservados para la &eacute;lite como era el pulque en la &eacute;poca prehisp&aacute;nica, y platillos para el com&uacute;n de los mortales. Empero, los alimentos, en su preparaci&oacute;n y sobre todo en su ingesti&oacute;n, son capaces de producir un verdadero &eacute;xtasis, como los que sent&iacute;a el compositor sibarita Rossini. "El gusto es siempre una puesta en sentido a trav&eacute;s de un juego de comparaciones orientado a apreciar o no un alimento o un objeto", remarca Le Breton. Existe tambi&eacute;n el caso donde los alimentos obsequiados pueden estar envenenados o bien vincular un da&ntilde;o, por lo que opera una infinidad de reglas t&aacute;citas y tab&uacute;es alrededor de los alimentos. A estas pr&aacute;cticas m&aacute;gico&#150;culturales, se agregan las creencias en cuanto a las virtudes humorales y profil&aacute;cticas de los alimentos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De manera general, una forma muy com&uacute;n de denigrar al otro es burl&aacute;ndose de su dieta ordinaria y denomin&aacute;ndolo peyorativamente por lo que come. "Al actuar sobre el cuerpo f&iacute;sico, la sociedad revela un discurso acerca de su funcionamiento global, le da nombre a sus temores y a sus fortalezas" (2007:342). El autor comparte la afirmaci&oacute;n de L&eacute;vi&#150;Strauss de que, para ser aceptado, el alimento tiene primero que haber sido pensado. El intercambio de alimentos a partir del trueque o de la reciprocidad de invitaciones a comer, asegura la paz y la concordia entre los individuos y las familias. El consumo de ciertos guisados es tradicionalmente asociado, en el calendario festivo, al ciclo de producci&oacute;n de verduras y frutas, a una temporada de pesca o caza. No es un azar si comemos lo que comemos y en la forma en qu&eacute; lo hacemos. "Consumimos no tanto una comida, sino los valores que le est&aacute;n&nbsp;asociados", remarca atinadamente Le Breton. &nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, es posible reconocer que en <i>El sabor del mundo, </i>el reconocido acad&eacute;mico de la universidad de Estrasburgo hace un recorrido inteligente por&nbsp;el uso de los sentidos, en diferentes periodos de la historia y en las m&aacute;s diversas culturas. El gran n&uacute;mero de datos presentados y de autores citados es la muestra de una gran erudici&oacute;n. Pero la virtud m&aacute;s destacable de la obra de David Le Breton es ciertamente la de invitarnos a relativizar nuestras certidumbres culturalmente establecidas en cuanto al uso de los sentidos, y aceptar la posibilidad de sentir el mundo de manera diferente.</font></p>      ]]></body>
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