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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>El igualitarismo liberal de John Rawls. Estudio de la Teor&iacute;a de la Justicia</i>, de Jes&uacute;s Rodr&iacute;guez Zepeda<sup><a href="#nota">1</a></sup></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>por Roberto Guti&eacute;rrez L.<sup>2</sup></b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><i>2</i></sup><i>&nbsp;Profesor&#150;investigador del Departamento de Sociolog&iacute;a de la Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana, unidad Azcapotzalco. Correo electr&oacute;nico: </i><a href="mailto:robgut59@hotmail">robgut59@hotmail</a><i>.</i></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A la discusi&oacute;n p&uacute;blica de un pa&iacute;s como M&eacute;xico le hace falta, y mucho, el an&aacute;lisis riguroso de los temas y problemas que definen su circunstancia contempor&aacute;nea. En un contexto dominado por el discurso frecuentemente superficial de las &eacute;lites pol&iacute;ticas, por la &iacute;nfima calidad de la mayor parte de los contenidos medi&aacute;ticos y por la dificultad de darle densidad y visibilidad al debate intelectual dentro de la opini&oacute;n p&uacute;blica, un libro como el de Jes&uacute;s Rodr&iacute;guez Zepeda tiene m&eacute;ritos notables.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, la reflexi&oacute;n seria en torno al tipo de coordenadas necesarias para orientar lo que Norbert Lechner llamaba <i>la conflictiva y nunca acabada construcci&oacute;n del orden deseado</i> es hoy, entre nosotros, poco influyente. Ciertamente, en una etapa clave de la vida pol&iacute;tica mexicana, la de su apertura democratizadora y alta competitividad electoral, el pragmatismo de los principales actores y la voracidad de los poderes f&aacute;cticos ha contribuido a vaciar de contenidos estrat&eacute;gicos el tipo de pactos y arreglos necesarios para arribar, ya no digamos en los t&eacute;rminos de Rawls, a una sociedad justa y bien ordenada, sino por lo menos a una menos fr&aacute;gil, incierta y vulnerable.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En contraste, en el contexto de la cultura pol&iacute;tica anglosajona, el peso de algunas elaboraciones te&oacute;ricas como las de Rawls ha logrado impregnar significativamente, a trav&eacute;s de diversos vasos comunicantes, el mundo del poder, sus deliberaciones y sus decisiones. Y es que, como lo recuerda Rodr&iacute;guez Zepeda, finalmente la aspiraci&oacute;n de una obra como la rawlsiana no se encapsula en las argumentaciones abstractas de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica y moral, sino que ata&ntilde;e expl&iacute;citamente a sistemas jur&iacute;dicos, instituciones pol&iacute;ticas y formas espec&iacute;ficas de organizaci&oacute;n social.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ello es loable que, aunque sin apartarse de la especificidad propia de la argumentaci&oacute;n filos&oacute;fica, este autor reconstruya y problematice la obra cl&aacute;sica de Rawls, recordando a cada momento el tipo de preocupaciones sociales y pol&iacute;ticas que le subyacen. Y esto parece necesario subrayarlo, porque una de las aportaciones principales que se hace al debate especializado respectivo es aquella relativa al &eacute;nfasis que en la Teor&iacute;a de la Justicia debe colocarse a prop&oacute;sito de la amplitud conceptual y la centralidad te&oacute;rica de las llamadas <i>posiciones menos aventajadas.</i> Relieve necesario si se quieren superar algunas limitaciones de la l&oacute;gica integral de los principios rectores de la justicia rawlsiana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, siguiendo a Rawls parece consistente que a la equidad de derechos y libertades b&aacute;sicas, que se presenta como irrenunciable y prioritaria, se deba sumar la justa igualdad de oportunidades y una en&eacute;rgica intervenci&oacute;n p&uacute;blica para compensar las desigualdades arbitrarias persistentes, operando a favor de los miembros peor situados en la estructura social. Al profundizar en tal argumento, Rodr&iacute;guez Zepeda toma distancia de los referentes convencionales a partir de los cuales se piensa muchas veces la redistribuci&oacute;n de los bienes primarios, y que generalmente aluden s&oacute;lo a la posici&oacute;n econ&oacute;mica de las personas, definida por el ingreso y la riqueza.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, el autor plantea la necesidad de criticar la estrategia discursiva seg&uacute;n la cual la construcci&oacute;n de la justicia tendr&iacute;a que verse como un avance desde la normalidad de ingresos a los casos dif&iacute;ciles, en vez de, como ser&iacute;a lo adecuado, recorrer el camino contrario. De hecho, estos casos dif&iacute;ciles deber&iacute;an ser le&iacute;dos en una clave no restrictiva, es decir, estrictamente econ&oacute;mica, pues insistir solamente en tal dimensi&oacute;n conducir&iacute;a a asumir que las posiciones menos aventajadas no son las de las mujeres, los homosexuales, los negros o los inmigrantes latinoamericanos, pues nada habr&iacute;a en esas formas de adscripci&oacute;n grupal intr&iacute;nsecamente relacionado con el ingreso.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este giro argumental le permite problematizar sobre cu&aacute;les son los m&iacute;nimos de libertad o bienestar a alcanzar en una sociedad "bien ordenada", poniendo en el centro los innumerables "casos dif&iacute;ciles", invisibles desde una mirada normalizadora de la justicia. De aqu&iacute; lo relevante de una de las conclusiones del <i>Estudio</i> propuesto por el autor, seg&uacute;n la cual:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;...&#93; si tiene alg&uacute;n sentido la postulaci&oacute;n de una Teor&iacute;a de la Justicia, y de paso de toda demanda pol&iacute;tica de justicia, es porque existen posiciones "peor situadas" en el reparto efectivo de todo tipo de bienes. En este sentido, la justicia distributiva estar&iacute;a moralmente justificada no por garantizar a las posiciones "normales" la legitimidad de sus derechos y posesiones, sino porque valida las demandas de libertad, igualdad y oportunidad de los sujetos m&aacute;s d&eacute;biles de la sociedad (p. 240).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Debe decirse que este tipo de planteamientos es el que ha ayudado en diversas latitudes a incidir en la lucha contra la discriminaci&oacute;n. Y vale se&ntilde;alarlo porque si alguna duda hubiera de la posibilidad de traducir las muchas veces abstractas consideraciones filos&oacute;ficas al plano de la pol&iacute;tica efectiva se despejar&iacute;a r&aacute;pidamente al observar lo &uacute;til que ha sido acompa&ntilde;ar ciertas causas sociales de una argumentaci&oacute;n s&oacute;lida y convincente. Ciertamente, no ha sido f&aacute;cil visibilizar y procesar en t&eacute;rminos democr&aacute;ticos las formas tan extensas como variadas de trato injusto y arbitrario que afectan de manera y en grado distinto a la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n en uno u otro contextos. As&iacute; como tampoco se ha logrado hacer evidente la relaci&oacute;n de determinaci&oacute;n causal que une estructuralmente a este fen&oacute;meno con los escandalosos niveles de pobreza y desigualdad de pa&iacute;ses como M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, en medio de m&uacute;ltiples dificultades y resistencias, y sobre la base, entre otros, de los planteamientos rawlsianos, se han ido construyendo mejores condiciones institucionales y legales para abordar la gran problem&aacute;tica de la relaci&oacute;n existente entre desigualdad y discriminaci&oacute;n. A ello ha ayudado significativamente un tipo de discurso sobre la justicia que ha vigorizado diversas causas y movimientos renuentes a la subordinaci&oacute;n y la inequidad. La fuerza moral y pol&iacute;tica de tal discurso proviene, en buena medida, de una consistencia argumental que deja cada vez menos espacio a quienes, oponi&eacute;ndose a &eacute;l, quedan d&iacute;a con d&iacute;a m&aacute;s exhibidos p&uacute;blicamente en tanto simples defensores de la costumbre atrabiliaria.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La apuesta por una visi&oacute;n del pensamiento te&oacute;rico como terreno desde el cual fijar objetivos leg&iacute;timos a la pr&aacute;ctica pol&iacute;tica a trav&eacute;s de un tipo especial de razonamiento puede ser, entonces, por contraintuitivo que parezca, una forma de asumir una posici&oacute;n realista. Al no eludir que la pol&iacute;tica es conflicto, contraposici&oacute;n de intereses, campo de tensi&oacute;n entre fuerzas y proyectos encontrados, se debe correr el riesgo de poner a jugar en ese mismo territorio una opci&oacute;n m&aacute;s, la de la consistencia de razones morales leg&iacute;timas, razones dif&iacute;cilmente impugnables sin el recurso de la arbitrariedad moral, el inter&eacute;s particular o el simple prejuicio.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Regresando una vez m&aacute;s a Lechner, nos viene bien recordar que la primera lucha pol&iacute;tica es por la propia definici&oacute;n de la pol&iacute;tica. Y que si nos queremos situar concretamente en el horizonte de la pol&iacute;tica democr&aacute;tica, la lucha es por una forma de ejercicio y competencia del y por el poder, que sea capaz de ofrecer p&uacute;blicamente buenas razones para justificar sus iniciativas y propuestas. Es en este punto donde la teor&iacute;a de Rawls, y el desarrollo que Jes&uacute;s Rodr&iacute;guez hace de ella, muestran su potencia normativa. Hay que enfatizarlo porque no es entonces en el plano de la explicaci&oacute;n sociol&oacute;gica, politol&oacute;gica y menos a&uacute;n antropol&oacute;gica en donde hay que buscar sus virtudes o regodearse en sus evidentes debilidades. M&aacute;s bien, es en el hilo de una argumentaci&oacute;n moral l&oacute;gicamente rigurosa, que cuestiona y plantea como problema cualquier fundamento arbitrario de la desigualdad, donde debe apreciarse la utilidad de categor&iacute;as como la "posici&oacute;n originaria" o el "velo de la ignorancia".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con matices y cr&iacute;ticas de diverso orden, lo que Rodr&iacute;guez nos demuestra es la fuerza de un artificio te&oacute;rico, que en sus propios t&eacute;rminos no es f&aacute;cilmente rebatible, si se quieren tomar en serio los conceptos de libertad, equidad, igualdad, fraternidad y dignidad de las personas. Norberto Bobbio, al final de su ensayo sobre el futuro de la democracia, apuntaba que "gran parte de la historia de la humanidad es la historia de las luchas fratricidas", y recordaba a Hegel, que hab&iacute;a definido a esa historia como "un inmenso matadero" para enseguida preguntarse: &iquest;podemos contradecirlo? En ning&uacute;n pa&iacute;s del mundo el m&eacute;todo democr&aacute;tico, dec&iacute;a Bobbio, puede durar sin volverse una costumbre, pero &iquest;podr&iacute;a volverse una costumbre sin el reconocimiento de la fraternidad que une a todos los hombres en un destino com&uacute;n? Es en este contexto donde quiz&aacute; puedan valorarse mejor las implicaciones del principio rawlsiano de la fraternidad, que el autor del libro que se comenta desarrolla y seg&uacute;n el cual nadie aceptar&iacute;a para s&iacute; mismo un beneficio que no pudiera tambi&eacute;n ser disfrutado por los dem&aacute;s y, en particular, por los "peor situados" (p. 243).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ello, una directriz pr&aacute;ctica que se desprende inmediatamente de este principio es preguntarse por los d&eacute;ficit de derechos y libertades de una ciudadan&iacute;a democr&aacute;tica; de una justa igualdad de oportunidades y de acceso a los bienes relativos a la autoridad, al ingreso, y por &uacute;ltimo, pero no menos importante, a las bases sociales de la autoestima. Ser&iacute;a una tarea ineludible en este sentido plantearse, en cada encuadre sociohist&oacute;rico espec&iacute;fico, alternativas de nivelaci&oacute;n no s&oacute;lo justas moralmente, sino viables pol&iacute;ticamente. Y ello, insistimos, no es ajeno a la discursividad utilizada para exigir la construcci&oacute;n de los pactos respectivos, sobre la premisa dif&iacute;cilmente recusable de la igualdad moral de los individuos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cuesti&oacute;n parece estar en si hay lugar para un "Nosotros" en medio de una pluralidad que no devenga necesariamente en fragmentaci&oacute;n. En si a partir de ese "Nosotros" fundado en la igualdad democr&aacute;tica puede derivarse alg&uacute;n tipo de marco regulatorio leg&iacute;timo, desde el cual cada quien defina su proyecto de vida y su opci&oacute;n pol&iacute;tica preferente. Con el auxilio, entre otras herramientas, de la Teor&iacute;a de la Justicia, podr&iacute;a pensarse entonces de mejor manera la retroalimentaci&oacute;n necesaria entre las reformas institucionales; las pol&iacute;ticas redistributivas y compensatorias; y la formaci&oacute;n de una cultura pol&iacute;tica estimulada por formas de interpelaci&oacute;n moral capaces, por lo menos tendencialmente, de limar los filos m&aacute;s perniciosos de la desigualdad injustificada. Desde este mirador puede verse con claridad c&oacute;mo los temas del poder y de la justicia se entrelazan para sustentar un enfoque contractualista consistente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, como lo plantea Rodr&iacute;guez Zepeda en las &uacute;ltimas p&aacute;ginas de su ensayo, m&aacute;s all&aacute; de la definici&oacute;n de un punto de llegada imposible de determinar desde la Teor&iacute;a de la Justicia lo que s&iacute; se habr&aacute; ganado con sus argumentos centrales es un conjunto "de principios morales que puedan alentar y promover el dise&ntilde;o de ofertas pol&iacute;ticas razonables articuladas por los valores de la igualdad liberal" (p. 246). Justo en medio de la precariedad de nuestra vida p&uacute;blica, de la degradaci&oacute;n del tejido social y de la dificultad para edificar visiones estrat&eacute;gicas consistentes, que funcionen como el gran piso de los variados posicionamientos coyunturales, recuperar cr&iacute;tica y propositivamente el legado de Rawls es tan justificado como urgente. Por ello, el riguroso y al mismo tiempo creativo trabajo de Jes&uacute;s Rodr&iacute;guez no puede ser sino bienvenido.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Nota</b></font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Jes&uacute;s Rodr&iacute;guez Zepeda, <i>El igualitarismo liberal de John Rawls. Estudio de la Teor&iacute;a de la Justicia,</i> Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana, Iztapalapa&#150;Miguel &Aacute;ngel Porr&uacute;a, M&eacute;xico, 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9645593&pid=S0187-0173201200010000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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