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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[The Commons y Elinor Ostrom (Premio Nobel de Economía 2009)]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Notas y traducciones</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><i><b>The Commons</b></i> <b>y Elinor Ostrom<sup><a href="#nota">1</a></sup> (Premio Nobel de Econom&iacute;a 2009)</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Godofredo Vidal de la Rosa<sup>2</sup></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> <i>Profesor&#45;investigador titular del Departamento de Sociolog&iacute;a, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana, unidad Azcapotzalco.</i></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hace unas tres d&eacute;cadas Garret Hardin public&oacute; un peque&ntilde;o ensayo en la revista <i>Science</i> titulado "The Tragedy of Commons" (Hardin, 1968). La cuesti&oacute;n es la siguiente. En una comunidad donde existe una propiedad colectiva o comunal de recursos de aprovisionamiento, cada uno de los miembros de la comunidad tratar&aacute; de maximizar sus ganancias, incluso a costa del beneficio de los vecinos y, por tanto, tambi&eacute;n en detrimento del bien com&uacute;n, y en consecuencia de &eacute;l mismo. Garrett Hardin imagin&oacute; una comunidad de pastores que alimenta a su ganado en una poza com&uacute;n. Pueden imaginarse tambi&eacute;n algunas variantes, como el n&uacute;mero de cabezas de ganado y el n&uacute;mero de pastores. Cada "patr&oacute;n" quiere obtener los mejores pastos y el agua menos sucia posible para su ganado. Como todos tienen esta intenci&oacute;n, el resultado es un cuello de botella. El bebedero se transforma en un lodazal. Todos pierden.<sup><a href="#nota">3</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La noci&oacute;n <i>the commons</i> pertenece a la historia inglesa y de ah&iacute; se traslad&oacute; a los Estados Unidos. "Los comunes" se refiere a la gente com&uacute;n y las leyes inglesas estipulan sus derechos y obligaciones desde hace siglos. Aunque el t&eacute;rmino que usa Garret Hardin se refiere a las propiedades comunales. &Eacute;stas tienen ciertas caracter&iacute;sticas distintas a la propiedad p&uacute;blica y a la propiedad privada. Por ejemplo, son bienes indivisibles cuyos derechos corresponden a la comunidad &#150;el ejido es un ejemplo&#150;, de tal manera que los derechos de propiedad son comunes. Siempre que esto sucede existen alicientes de dos tipos: los negativos, que incentivan la apropiaci&oacute;n privada de los bienes comunes; y los positivos, que tradicionalmente se consideran complicados de sostener e implican restricciones mutuas al acceso del bien com&uacute;n. Mantener los bienes comunes en un estado en que todos sus legatarios sean beneficiados ha sido un tema que ha quebrado la cabeza de los polit&oacute;logos, desde Thomas Hobbes hasta los economistas modernos.<sup><a href="#nota">4</a></sup> En la sabidur&iacute;a convencional, prevaleciente hasta hoy d&iacute;a, el pron&oacute;stico es que el <i>pool</i> com&uacute;n ser&aacute;, o bien destruido por los individuos en busca de su beneficio particular, o deber&aacute; imponerse un administrador p&uacute;blico o privado, m&aacute;s o menos neutral, que no est&eacute; dispuesto a beneficiar discrecionalmente a ciertos <i>commoners,</i> o miembros de la comunidad. <i>The commons</i> es etimol&oacute;gicamente el antecedente del comunismo, pero esta palabra est&aacute; maldita as&iacute; que conviene, por ahora, mantenerla en la gaveta de los recuerdos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El conflicto previsto por Thomas Hobbes es el m&aacute;s probable si partimos del criterio de que la naturaleza humana es ego&iacute;sta, como parece ser. Alguien tratar&aacute; de aprovechar las ventajas y el resultado ser&aacute; el caos primario. Leviat&aacute;n es una soluci&oacute;n obvia. A menos que se encuentre otra soluci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esa soluci&oacute;n es institucionalizar el <i>statu quo,</i> representado por la capacidad de cada pastor de ejercer poder sobre los dem&aacute;s pastores. Puede sobornar a los dem&aacute;s, donde el soborno compensa las posibles p&eacute;rdidas de ser el primero en sembrar. Esta indemnizaci&oacute;n puede ser muy costosa para el patr&oacute;n. La segunda soluci&oacute;n es simplemente erigirse en dictador, decidir que su ganado tiene prioridad y dejar los restos a los dem&aacute;s. La tercera alternativa es la asignaci&oacute;n de derechos de propiedad a cada pastor y as&iacute; dejar que el "libre mercado" haga su trabajo. Cada una de estas tres soluciones ha tenido sus proponentes y propagandistas. Las dos &uacute;ltimas centran el debate moderno &#150;al menos en el siglo XX. Ante el dilema hobbesiano, o el problema del manejo de los bienes colectivos, el control y regulaci&oacute;n gubernamentales pueden generar enormes costos de coordinaci&oacute;n y desestimular la iniciativa de "los comunes". La privatizaci&oacute;n &#150;o soluci&oacute;n lockeana&#150; es la preferida de los libertarios y los fil&oacute;sofos derechistas (neoliberales). Sin embargo, "la mano invisible" tambi&eacute;n es costosa. Por ejemplo, impone a los contratos costos de monitoreo que pueden ser gravosos y de hecho ofrece est&iacute;mulos para violar las reglas, ignorando las regulaciones. La regulaci&oacute;n privada puede funcionar, pero no es gratuita <i>(there isn't such thing as a free lunch or an invisible hand).</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El ensayo del bi&oacute;logo Garret Hardin tuvo el m&eacute;rito de presentar el problema correcto en el momento preciso. Sintetiz&oacute; estos debates en un modelo simple y enormemente productivo. Como lo notan Frank Laerhoven y Elinor Ostrom (2007), la literatura sobre el problema ha crecido exponencialmente desde su publicaci&oacute;n. La doctora Elinor Ostrom contribuy&oacute; a este debate desde un nicho particular. Los an&aacute;lisis del manejo de los recursos comunes en las comunidades pesqueras y de le&ntilde;adores en todo el mundo le dieron una perspectiva muy clara de las caracter&iacute;sticas de la autogesti&oacute;n. Tambi&eacute;n le mostraron que la autogesti&oacute;n requiere de condiciones institucionales y conductuales muy especificas. La formaci&oacute;n multidisciplinaria de Elinor Ostrom facilit&oacute; una extremadamente fecunda uni&oacute;n de la observaci&oacute;n, la modelaci&oacute;n matem&aacute;tica, la generalizaci&oacute;n te&oacute;rica y la experimentaci&oacute;n. As&iacute; que Elinor Ostrom pudo contribuir a un debate en el que se encuentran enfrascadas las mentes m&aacute;s brillantes en el mundo de las ciencias sociales. Su trabajo le ha valido ser la ganadora, comparti&eacute;ndolo con Oliver Williamson, del Premio Nobel de Econom&iacute;a 2009; en efecto, se trata de la primera mujer en alcanzar este premio (y no ser&aacute; la &uacute;ltima).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>SMALL IS BEAUTIFUL</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La autogesti&oacute;n sucede con harta frecuencia sin los recursos de la privatizaci&oacute;n y el mercado, la regulaci&oacute;n gubernamental y la asignaci&oacute;n burocr&aacute;tica. Esta alternativa funciona en comunidades peque&ntilde;as, pero indica algunas cuestiones b&aacute;sicas sobre el comportamiento de la administraci&oacute;n de bienes sociales a grandes escalas (por ejemplo, la contaminaci&oacute;n a escala trans&#150;estatal o regional&#150;global). La profesora Ostrom ofrece un excelente trabajo de inducci&oacute;n a partir de observaciones sistem&aacute;ticas de administraci&oacute;n de recursos colectivos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La existencia de instituciones es el elemento central en la viabilidad o no de los contratos autogestionarios. La serie de instituciones incluye:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>1) </i>la delimitaci&oacute;n clara de los espacios y recursos gestionables;</font></p> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>2) </i>la existencia de reglas muy explicitas de pertenencia a los grupos;</font></p> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>3) </i>las reglas que regulan el acceso a los recursos y al grupo deben ser coherentes y congruentes &#150;no se vale la discrecionalidad ni hay excepciones;</font></p> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>4) </i>deben existir foros o arenas donde se diriman las decisiones abiertamente;</font></p> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>5) </i>debe existir un monitoreo constante por parte de los mismos miembros del grupo, o de un agente</font></p> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">delegado; cuando surgen conflictos existen reglas previas para su resoluci&oacute;n;<i>6) </i>los derechos para organizarse est&aacute;n garantizados;</font></p> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>7) </i>las asociaciones est&aacute;n relativamente vinculadas o agrupadas; y</font></p> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>8) </i>el conjunto de todas estas instituciones es funcional (Ostrom, 1990).</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De este modo, es factible predecir si una empresa colectiva tendr&aacute; &eacute;xito o est&aacute; condenada al fracaso. Las instituciones no son ni "privadas" ni "gubernamentales" sino comunales. As&iacute;, la cooperaci&oacute;n comunitaria puede examinarse, proponerse, practicarse y mejorarse paulatinamente por medio del aprendizaje. Claro est&aacute; que con frecuencia falla alguna dimensi&oacute;n o simplemente no existe. Ello sucede cuando la desconfianza y la falta de capacidades de monitoreo permite la violaci&oacute;n de los compromisos. Por ejemplo, la aplicaci&oacute;n discrecional de castigos o la falta de graduaci&oacute;n de las penalizaciones puede llevar al fracaso cualquier iniciativa cooperativa.<sup><a href="#nota">5</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ostrom trabaja con pescadores de todo el mundo, pero el lector de su obra puede pensar en situaciones muy diversas que impliquen comunidades que comparten recursos comunes (jardines, aire limpio, manejo local de la basura, tiempo libre, tareas compartidas, etc&eacute;tera). La idea original es que si existe una condici&oacute;n de equidad inicial de recursos, entonces se puede privatizar y el "mercado" regularse por s&iacute; solo. Para ello desgraciadamente la "mano invisible" tiene un costo, equivalente a contratar a monitores o reguladores externos. Este precio representa un costo para todos y se resta al beneficio total de una autorregulaci&oacute;n. Esta autorregulaci&oacute;n puede ser calificada como ut&oacute;pica si asumimos <i>prima fascie</i> que los pastores son <i>homos economicus</i> esenciales. Cooperar es una soluci&oacute;n frecuente en el mundo real pero improbable en los modelos de la teor&iacute;a de juegos prevaleciente a fines del siglo XX. En suma, ni Adam Smith ni Marx atinan a descifrar el mecanismo que hace que hombres y mujeres seamos capaces de generar bienestar social colectivo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pues aqu&iacute; empieza nuestra historia. Una serie de pensadores de primer nivel han confrontado las evidencias de la observaci&oacute;n de campo y el trabajo experimental con los modelos te&oacute;ricos. Lo que han encontrado es que el resultado originalmente previsto &#150;la tragedia donde todos pierden&#150; sucede con menos frecuencia de la prevista. La tragedia en que destruimos la atm&oacute;sfera, o devastamos nuestros recursos naturales, o condenamos a la hambruna a nuestros semejantes, sucede, aunque no siempre. A veces surgen soluciones en que el inter&eacute;s particular se reconcilia con el inter&eacute;s com&uacute;n. La l&oacute;gica de individuos racionales y sociedades irracionales (Hardin, 2004) se rompe de tanto en tanto. Si esto es cierto, entonces el reto arrojado por Hobbes y retomado por Schumpeter, Mancur Olson y William Riker, que declaran a la noci&oacute;n de "bien com&uacute;n" o "bienestar colectivo" como un residuo de &eacute;pocas m&aacute;s rom&aacute;nticas y propensas al pensamiento m&aacute;gico, in&uacute;til, ahora es recogido y contestado con una respuesta: la cooperaci&oacute;n no s&oacute;lo es una posibilidad sino una probabilidad real en el manejo de los problemas de la acci&oacute;n colectiva y en el manejo de los recursos comunes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El dilema del prisionero, la tragedia de "los comunes", los dilemas de la acci&oacute;n colectiva son variantes de una misma problem&aacute;tica. Enmarcan a una familia de problemas que ha recibido innumerables respuestas, y afortunadamente muchas de ellas extraordinariamente rigurosas y perdurables. Estos esfuerzos provienen tanto de polit&oacute;logos como de economistas (en este punto, rara vez los soci&oacute;logos se interesan en problemas te&oacute;ricos que conciernan a la realidad). Ambas disciplinas comparten un enorme c&uacute;mulo de problemas comunes y no es extra&ntilde;o que las fronteras disciplinarias se diluyan cuando trabajamos sobre ellos. Las respuestas a los retos de los problemas de la acci&oacute;n colectiva han indagado hasta los mismos fundamentos de la teor&iacute;a pol&iacute;tica y econ&oacute;mica, y han tenido que volver los ojos a los autores del pasado como una reconsideraci&oacute;n de las premisas de los modelos contempor&aacute;neos. Entre los nuevos innovadores est&aacute;n Herbert Gintis y Samuel Bowles, y aunque no conforman una "escuela" o postulan una "teor&iacute;a general", todos comparten la misma serie de problemas. La existencia de la cooperaci&oacute;n no es una anomal&iacute;a de la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional sino el fundamento de una revisi&oacute;n de las ciencias sociales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Samuel Bowles escribi&oacute; que de no existir la noci&oacute;n de capital social habr&iacute;a que inventarla. Se trata de una noci&oacute;n contenciosa y ha sido identificada con m&uacute;ltiples vicios en las ciencias sociales. M&aacute;s all&aacute; de estas disputas triviales, la noci&oacute;n es vaga. Elinor Ostrom (1999) recuerda que esta noci&oacute;n explica no s&oacute;lo la solidaridad positiva, sino tambi&eacute;n las formas perversas de asociaci&oacute;n del crimen organizado y los clubs de conspiradores pol&iacute;ticos. Aunque el concepto es de procedencia sociol&oacute;gica y se debe a la inventiva de James Coleman, han sido los economistas los que m&aacute;s le han sacado provecho. A pesar de que no a todos agrada la frase "capital social", la noci&oacute;n lleg&oacute; para quedarse y es de uso com&uacute;n entre soci&oacute;logos, economistas y psic&oacute;logos. Pueden encontrase reflexiones sesudas de notables economistas como Kenneth Arrow, Robert Solow, Joseph Stigltz, Gary Becker, Lester Thurow y polit&oacute;logos como Robert Putman, entre una legi&oacute;n de exploradores de los cimientos de la vida social (Dasgupta y Serageldin, 1999).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LAS REGLAS DEL JUEGO SON B&Aacute;SICAS</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En mi opini&oacute;n, la aportaci&oacute;n de Elinor Ostrom se puede resumir en la re&#150;introducci&oacute;n de las instituciones en la estructura de la interacci&oacute;n social. Partiendo de un an&aacute;lisis est&aacute;ndar, derivado de la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional, Ostrom encuentra los factores que modifican las predicciones convencionales sobre el fracaso de la cooperaci&oacute;n. Las reglas del juego son la clave de todo, que son tambi&eacute;n conocidas como instituciones. Por eso Elinor Ostrom representa una variante de la teor&iacute;a de elecci&oacute;n racional, bien llamada neoinstitucionalista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien el trabajo de Ostrom se reduce a situaciones bien delimitadas <i>&#150;the commons&#150;</i> y no se orienta a la generalizaci&oacute;n ni a la "gran teor&iacute;a" al estilo continental europeo, ello no reduce los alcances de su empresa sino que subraya la necesidad del trabajo parsimonioso y arraigado en una divisi&oacute;n del trabajo intelectual. Elinor Ostrom ha observado con detalle incomparable las instituciones comunitarias de manejo de recursos comunes no renovables; estas instituciones son estables en mayor o menor grado aunque susceptibles de cambio y aprendizaje. Ostrom se coloca en el campo de la Teor&iacute;a de la Elecci&oacute;n Racional y su trabajo es observar y derivar las reglas que pueden solucionar dilemas de acci&oacute;n colectiva tradicionalmente insolubles.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>TEOR&Iacute;A DEMOCR&Aacute;TICA</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Premio Nobel de Econom&iacute;a 2009, Elinor Ostrom, en el hermoso campus de Indiana University, en Bloomington, Indiana, ha participado en los debates afinando los significados y condiciones de la noci&oacute;n de "capital social" (Ostrom, 1999). El capital social es un componente de una triada que incluye el capital f&iacute;sico y el capital humano. La primera noci&oacute;n incluye los recursos naturales y los bienes acumulados por un grupo social; el capital humano se refiere a las capacidades <i>&#45;know how&#45;</i> adquiridas por esa comunidad a trav&eacute;s de las generaciones, as&iacute; como tambi&eacute;n a las aptitudes de su fuerza laboral; el capital social, en cambio, es un componente evasivo, dif&iacute;cil de medir, que incluye las normas sociales, los h&aacute;bitos y las reglas que una comunidad ha desarrollado a trav&eacute;s de una o varias generaciones, a fin de resolver sus problemas de convivencia y lograr un orden com&uacute;n aceptable. El capital social es un concepto m&aacute;s amplio que el viejo concepto de "cultura c&iacute;vica". Generalmente esta noci&oacute;n es m&aacute;s manejable cuando observamos peque&ntilde;os grupos, es decir, comunidades. Aunque no necesariamente excluye proyectos de investigaci&oacute;n m&aacute;s ambiciosos que incluyan procesos macrosociales, asociaciones y grupos a nivel nacional o supranacional.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>COOPERACI&Oacute;N, REPROCIPROCIDAD, NORMAS SOCIALES</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cooperaci&oacute;n, coordinaci&oacute;n y conflicto son tres modos b&aacute;sicos de conducta humana que la teor&iacute;a de juegos ha logrado enfocar y explorar con finura y precisi&oacute;n (Hardin, 2004). Al hacerlo ha creado el <i>corpus</i> fundacional de la nueva ciencia social en el siglo XXI. Las ciencias sociales convencionales no deb&iacute;eran alarmarse por lo que parece el nuevo "chico en la cuadra", sino integrarse a la tarea com&uacute;n de la refundaci&oacute;n de nuestras disciplinas. Hace medio siglo problemas semejantes fueron abordados por m&eacute;todos menos sofisticados y sensibles a los actores, y englobaron toda esta serie de temas bajo el nombre de "cultura". Se trataba de trabajos m&aacute;s descriptivos que anal&iacute;ticos, pero cargados de preferencias valorativas (por ejemplo, el <i>American Way of Life).</i> La cultura c&iacute;vica describ&iacute;a (como lo hacen sus infinitas reediciones en el Tercer Mundo) lo que no &eacute;ramos o no hab&iacute;amos llegado a ser a&uacute;n todos aquellos que no somos estadounidenses. Se trataba de una aproximaci&oacute;n tangencial a los problemas mucho m&aacute;s focalizados de la cooperaci&oacute;n, las normas sociales, la coordinaci&oacute;n, la confianza, el monitoreo rec&iacute;proco y la reciprocidad en la acci&oacute;n humana. En el nuevo formato se puede abordar una serie de problemas gen&eacute;ricos conocidos como problemas de la acci&oacute;n colectiva. Est&aacute;n en el centro de la teor&iacute;a pol&iacute;tica cl&aacute;sica y moderna en Oriente y Occidente. Especialmente los fil&oacute;sofos utilitaristas y liberales abordaron estos problemas durante la Ilustraci&oacute;n. El dilema entre individuo racional y sociedad irracional fue calificado de trivial por la tradici&oacute;n rom&aacute;ntica, que dio por hecho la existencia de la "voluntad general" y el "bien com&uacute;n", y no como una posible soluci&oacute;n a un problema b&aacute;sico de la existencia humana. Por si fuera poco, cooperaci&oacute;n y reciprocidad son fundamentales en las teor&iacute;as de la justicia y piedras angulares de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica contempor&aacute;nea.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LA CIENCIA SOCIAL RENOVADA</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su etapa de madurez, a principios del siglo XX, la sociolog&iacute;a tambi&eacute;n se interesaba por comprender los mecanismos de confianza y cooperaci&oacute;n que permit&iacute;an el orden social. Poco a poco se fue alejando hacia las alturas, all&iacute; donde escasea el ox&iacute;geno, con las previsibles hipoxia y soroche. Sin embargo, no hay raz&oacute;n para que la sociolog&iacute;a no salga de su estupor mirando hacia fuera de s&iacute; misma, hacia las disciplinas hermanas, m&aacute;s antiguas y constantes. Esto implica aceptar que la divisi&oacute;n disciplinaria a la que los soci&oacute;logos se aferran debe ser, humildemente, abandonada. El siglo XXI empieza con una refundaci&oacute;n, con un frecuente <i>trespassing</i> &#150;dice Albert Hirshman&#150;<sup>6</sup> hacia focos de atenci&oacute;n comunes. Los microfundamentos de la acci&oacute;n social ofrecen un com&uacute;n denominador, pero implica desaprender lo aprendido. Por ejemplo, evitar conclusiones precipitadas (falacia de afirmar el consecuente, falacia de composici&oacute;n, etc&eacute;tera), que han llevado a la fatuidad de la gran meta&#150;teor&iacute;a sociol&oacute;gica y a la beatificaci&oacute;n de los fundadores de la ciencia social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bowles, Samuel. 2004&nbsp;<i>Microeconomics. Behaviour, Institutions and Evolution,</i> Princeton Unviversity Press, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9637023&pid=S0187-0173200900030000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bowles, Samuel y Herbert Gintis. 2005&nbsp;<i>Moral Sentiments and Material Interests,</i> The Massachusetts Institute of Technology Press, Cambridge, Massachusetts.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9637025&pid=S0187-0173200900030000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dasgupta, Partha e Ismail Serageldin. 1999 <i>Social Capital: A Multifaceted Perspective,</i> The World Bank, Washington, D. C.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9637027&pid=S0187-0173200900030000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hardin, Garret. 1968 "The Tragedy of Commons", <i>Science,</i> vol. 162, n&uacute;m. 3,859, 13 de diciembre, pp. 1,243&#150;1,248.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9637029&pid=S0187-0173200900030000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hardin, Russell. 2004 "Rational Choice Political Philosophy", en Irving Morris <i>et al., Politics from Anarchy to Democracy,</i> Stanford University Press, Stanford.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9637031&pid=S0187-0173200900030000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Laerhoven, Frank y Elinor Ostrom. 2007 "Traditions and Trends in the Study of the Commons", <i>International Journal of the Commons,</i> vol. 1, n&uacute;m. 1, octubre, pp. 3&#150;28.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9637033&pid=S0187-0173200900030000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ostrom, Elinor. 2009 "Tragedy of the Commons", en Steven N. Durlauf y Lawrence E. Blume (eds.), <i>The New Palgrave Dictionary of Economics,</i> segunda edici&oacute;n, Macmillan, Palgrave, en <a href="http://www.dictionaryofeconomics.com/article?id=pde2008_T000193" target="_blank">www.dictionaryofeconomics.com/article?id=pde2008_T000193</a>. doi:10.1057/9780230226203.1729.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9637035&pid=S0187-0173200900030000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;1999 "Social Capital: a Fad or a Fundamental Concept?", en Partha Dasgupta e Ismail Serageldin, <i>Social Capital: A Multifaceted Perspective,</i> The World Bank, Washington, D. C.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9637037&pid=S0187-0173200900030000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;1990 <i>Governing the Commons. The Evolution of Institutions for Collective Action,</i> Cambridge University Press, Cambridge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9637039&pid=S0187-0173200900030000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota"></a><b>NOTAS</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Elinor Ostrom es profesora de Ciencia Pol&iacute;tica en la Universidad de Bentley y codirectora del "Workshop in Political Theory and Policy Analysis" en la Universidad de Indiana, en Bloomington, ambas en Estados Unidos. Tambi&eacute;n es la directora fundadora del Centro de Estudios de Diversidad Institucional en la Universidad Estatal de Arizona.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2 </sup>Agradezco los comentarios de Antonio Villalpando, becario del proyecto "Teor&iacute;a democr&aacute;tica contempor&aacute;nea", financiado por el Conacyt, y alumno de la licenciatura de sociolog&iacute;a en la UAM&#45;Azcapotzalco. El lector percibir&aacute; que me he tomado algunas libertades, especialmente al final del texto, para darle vuelo a la imaginaci&oacute;n filos&oacute;fica, por lo que de antemano agradezco su paciencia. Favor de dirigir correspondencia a <a href="mailto:gvdr@correo.azc.uam.mx">gvdr@correo.azc.uam.mx</a></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> En realidad, el problema de <i>the commons</i> ("los comunes") es una variante de la paradoja malthusiana del crecimiento exponencial de la poblaci&oacute;n y el agotamiento de los recursos en que se basa la teor&iacute;a de la crisis ecol&oacute;gica. Pero tambi&eacute;n es un modelo simplificado y elegante del llamado "problema de la acci&oacute;n colectiva" que inspira a los te&oacute;ricos de la elecci&oacute;n racional: individuos racionales &#150;ego&iacute;stas&#150; producen una sociedad irracional o una situaci&oacute;n donde todos pierden, a menos que se estipulen derechos de propiedad privados y haya agentes p&uacute;blicos reguladores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Otro ejemplo: en una aldea de Bangladesh la temporada m&aacute;s adecuada para la siembra es agosto, antes del monz&oacute;n, cuando las aves devoran los granos de la primera cosecha. Nadie quiere sembrar primero y esperan a que otro lo haga. Por fin todos tienen que hacerlo, a riesgo de morir de hambre por falta de cosecha, y cuando lo hacen ha pasado el mejor momento. El resultado est&aacute; muy por debajo del &oacute;ptimo posible. La soluci&oacute;n es pagarle a un granjero para que siembre primero, pierda sus granos y entonces el resto pueda sembrar con confianza. Esta es la "soluci&oacute;n de Coase", llamada as&iacute; en honor al economista Norman Harry Coase (recibi&oacute; el Premio N&oacute;bel de Econom&iacute;a 1991), para quien se trata de incentivos y pagos compensatorios. En realidad, como los economistas de vocaci&oacute;n evolucionista se&ntilde;alan, es necesario el establecimiento de normas y h&aacute;bitos. El problema es descubrir por qu&eacute; la comunidad en cuesti&oacute;n no los ha instaurado (Bowles, 2004: 1 y ss.).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Lo cual es com&uacute;n en los pa&iacute;ses premodernos o subdesarrollados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Que ser&iacute;a una buena pr&aacute;ctica que deb&iacute;amos institucionalizar en nuestro conservador y cortesano ambiente acad&eacute;mico.</font></p>      ]]></body><back>
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