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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Presentaci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Historia nos muestra que los hombres siempre han ejercido todos los poderes concretos; desde los primeros tiempos del patriarcado, han juzgado &uacute;til mantener a la mujer en un estado de dependencia; sus c&oacute;digos se han establecido contra ella; y de ese modo la mujer se ha constituido concretamente como lo Otro. Esta condici&oacute;n serv&iacute;a a los intereses econ&oacute;micos de los varones; pero tambi&eacute;n conven&iacute;a a sus pretensiones ontol&oacute;gicas y morales. Desde que el sujeto busca afirmarse, lo Otro que lo limita y lo niega le es, no obstante, necesario, pues no se alcanza sino a trav&eacute;s de esa realidad que no es &eacute;l. Por ese motivo, la vida del hombre no es jam&aacute;s plenitud y reposo, es carencia y movimiento, lucha.</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Simone de Beauvoir, <i>El segundo sexo.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antes de saber lo que la historia <i>dice</i> de una sociedad, nos importa analizar c&oacute;mo <i>funciona</i> ella misma. Esta instituci&oacute;n se inscribe en un complejo que le <i>permite</i> solamente un tipo de producciones y le <i>proh&iacute;be</i> otras. As&iacute; procede la doble funci&oacute;n de lugar. <i>Vuelve posibles</i> algunas investigaciones, gracias a coyunturas y problem&aacute;ticas comunes. Pero a otras las <i>vuelve</i> imposibles; excluye del discurso lo que constituye su condici&oacute;n en un momento dado; desempe&ntilde;a el papel de una censura en lo referente a los postulados presentes (sociales, econ&oacute;micos, pol&iacute;ticos) del an&aacute;lisis. Sin duda alguna esta combinaci&oacute;n del <i>permiso</i> con la <i>prohibici&oacute;n</i> es el punto ciego de la investigaci&oacute;n hist&oacute;rica y la raz&oacute;n por la cual no es compatible con <i>cualquier cosa.</i> Y precisamente sobre esta combinaci&oacute;n debe actuar el trabajo destinado a modificarla.</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Michel de Certeau, <i>La escritura de la historia.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la presentaci&oacute;n del fasc&iacute;culo <i>bis</i> del n&uacute;mero 132 de <i>Relaciones,</i> Thomas Calvo toc&oacute; el problema central de la relaci&oacute;n entre la academia y las revistas cient&iacute;ficas indizadas en los albores del siglo XXI, adem&aacute;s de algunos m&aacute;rgenes. Cotidianamente nos vemos en el dilema de resolver, en pocas p&aacute;ginas (nunca m&aacute;s de 350), la publicaci&oacute;n de trabajos pertinentes y arbitrados rigurosamente que abarcan un abanico muy amplio de intereses y perspectivas te&oacute;ricas y metodol&oacute;gicas que, de alguna manera, hemos de organizar de tal forma que guarden un sentido y una l&oacute;gica, se trate ya de textos escritos por soci&oacute;logos, antrop&oacute;logos, fil&oacute;sofos o historiadores. Es el reto de la pluralidad disciplinaria de una revista que, desde sus inicios, se propuso ser un v&iacute;nculo, un puente de relaciones entre diversas maneras de abordar la comprensi&oacute;n de la realidad. La estrategia fue primero tener n&uacute;meros de contenido diverso que abarcaran en lo posible un amplio espectro para luego, desde el n&uacute;mero 69 (invierno, 1997) presentar una secci&oacute;n tem&aacute;tica como n&uacute;cleo duro de cada n&uacute;mero sin olvidarse de la miscel&aacute;nea. La pertinencia de la secci&oacute;n tem&aacute;tica, ideada por Oscar Maz&iacute;n cuando asumi&oacute; la direcci&oacute;n de la revista, se cimentaba probablemente en la necesidad de establecer una serie de coordenadas que permitieran mejor navegaci&oacute;n en el vasto mar de la pluridisciplina. Sin embargo, en t&eacute;rminos pr&aacute;cticos, esto es algo que reduce la posibilidad de dar curso a buena cantidad de art&iacute;culos sueltos acumulados a lo largo de meses y a&ntilde;os. Esto no nos amedrenta: siempre hay estrategias.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo anterior explica que el n&uacute;mero con el que cerramos el volumen XXXIII haya sido un n&uacute;mero doble y que el "anexo" careci&oacute; de secci&oacute;n tem&aacute;tica. Asimismo, explica el por qu&eacute; este n&uacute;mero se conforma con una elaborada <i>ex post.</i> Lo que publicamos hoy bajo el rubro de ese sello caracter&iacute;stico de <i>Relaciones</i> durante diecis&eacute;is a&ntilde;os no proviene de un <i>dossier</i> pensado y estructurado previamente sino de un ejercicio por relacionar una serie de art&iacute;culos independientes que se fueron juntando en la mesa de edici&oacute;n durante alg&uacute;n tiempo.<sup><a href="#nota">1</a></sup> Presentamos pues este experimento &#151;que no esperamos repetir muy seguido&#151; en el que la secci&oacute;n tem&aacute;tica se construy&oacute; con textos independientes pero que, en conjunto, podr&iacute;an quedar en los m&aacute;rgenes de varios posibles temas monogr&aacute;ficos de diversas perspectivas por problematizar. Por ello, la idea de reconstruir los m&aacute;rgenes toma aqu&iacute; mayor densidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando nos referimos a los m&aacute;rgenes en el contexto de nuestros intereses cognitivos solemos pensar en funci&oacute;n de nuestros objetos de estudio: sujetos que no tienen voz en las perspectivas tradicionales de nuestros campos de conocimiento como las mujeres, los pueblos sin historia, las minor&iacute;as &eacute;tnicas, los <i>outsiders.</i> Todo aquel sujeto que se encuentre marginado de las grandes construcciones explicativas de la realidad, y cuya marginalidad adem&aacute;s se refuerza a trav&eacute;s de los discursos. Sin embargo, tambi&eacute;n hay otra marginalidad que se sit&uacute;a respecto al lugar de creaci&oacute;n de los discursos. Particularmente nos interesa la del discurso anal&iacute;tico, explicativo o comprensivo que no obedece de manera fehaciente a las reglas estrictas de la comunidad cient&iacute;fica, pero que est&aacute;n bien estructurados seg&uacute;n otras l&oacute;gicas discursivas y, por lo mismo, pueden apelar a cierta validez al estar en el margen del paradigma. Marginales pueden ser tanto los objetos o sujetos de estudio como los discursos de los sujetos que estudian.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para adentrarnos en la primera marginalidad podemos voltear la mirada a aquellos sujetos subsumidos no solamente por la realidad social de su entorno sino tambi&eacute;n por las miradas acerca de ellos, desde la historia, desde la sociolog&iacute;a, desde la antropolog&iacute;a: las mujeres, por ejemplo. Desde que Simone de Beauvoir public&oacute; <i>Le deuxi&eacute;me sexe</i> (Par&iacute;s, Gallimard, 1949), la cuesti&oacute;n de g&eacute;nero comenz&oacute; a tomar carta de naturaleza como parte importante del debate intelectual en los medios universitarios. La cr&iacute;tica a la definici&oacute;n tradicional de los roles de g&eacute;nero en el Occidente moderno &#151;cr&iacute;tica comenzada, entre otras, por Mary Wollstonecraft y Catherine Macaulay a finales del siglo XVIII&#151;, hab&iacute;a tenido como escenario hasta entonces la arena del activismo pol&iacute;tico: a lo largo del siglo XIX los movimientos de las mujeres en Inglaterra y los Estados Unidos lucharon por el reconocimiento de la igualdad jur&iacute;dica, desde el &aacute;mbito del derecho privado como el acceso igualitario a la propiedad, hasta el &aacute;mbito del derecho p&uacute;blico como la conquista del sufragio femenino en Gran Breta&ntilde;a en 1918 y en Estados Unidos en 1920. En este sentido, siempre nos ha parecido remarcable que el feminismo estadounidense fuese tan de la mano con la lucha que los abolicionistas desplegaron por los derechos civiles de los afro&#45;descendientes, lo cual demuestra el car&aacute;cter altamente pol&iacute;tico de aquel primer feminismo. Por otra parte, vale la pena recordar algo que se olvida completamente entre las generaciones de hombres y mujeres j&oacute;venes: la posibilidad de votar para las mujeres lleg&oacute; muy tard&iacute;amente en muchos pa&iacute;ses. Francia, 1944; M&eacute;xico y Jap&oacute;n, 1947; Israel, 1948; por no hablar de los pa&iacute;ses africanos o del Cercano Oriente, como los Emiratos Arabes... 2006.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin separarse tajantemente del activismo pol&iacute;tico, los textos de escritoras como Beauvoir incursionaron en una reflexi&oacute;n filos&oacute;fica sobre el g&eacute;nero que se avoc&oacute; a desentra&ntilde;ar las estrategias discursivas de la construcci&oacute;n social, cultural e hist&oacute;rica del papel de la mujer en la sociedad, particularmente la occidental. Desde la filosof&iacute;a o la sociolog&iacute;a, por ejemplo, Beauvoir o Friedan ensayaron una serie de argumentos que intentaban explicar los mecanismos culturales y de la psicolog&iacute;a social que subyacen en el conjunto de la sociedad detr&aacute;s de la aceptaci&oacute;n de la inequidad de los g&eacute;neros. La educaci&oacute;n recibida y la reproducci&oacute;n de las reglas de sociabilizaci&oacute;n, tanto en hombres como en mujeres, definen una identidad de g&eacute;nero y la necesidad de asumir un papel con respecto "al otro". La funci&oacute;n de la mujer &#151;pero tambi&eacute;n la del hombre, como discutiremos en un momento&#151; se define con respecto a una funci&oacute;n: ser hija, esposa, madre o hermana "de alguien". Y en ese abanico de definiciones pesan mucho, adem&aacute;s de los discursos jur&iacute;dicos, teol&oacute;gicos y pol&iacute;ticos: los mitos, un apartado del libro de Beauvoir que es indispensable y del cual hemos tomado nuestro ep&iacute;grafe. Aqu&iacute; vemos precisamente el c&oacute;mo un discurso marginal (primero pol&iacute;tico, luego acad&eacute;mico) va tomando voz en los distintos campos de la discusi&oacute;n para acabar siendo una de inter&eacute;s, aunque quiz&aacute; no colocada en el centro, que permite justamente la transformaci&oacute;n de los paradigmas.</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">***</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una creencia com&uacute;n en las relaciones de poder, particularmente en las que se establecen entre g&eacute;neros &#151;aunque tambi&eacute;n en otro tipo de relaciones que implican autoridad o control&#151;, es que hay que <i>traer cortita a la mujer</i> &#151;si bien a la vez es un dicho extendido tambi&eacute;n entre las mujeres respecto a sus parejas: h&aacute;ganse b&uacute;squedas en la internet para despejar dudas. El dicho se cifra en la experiencia cotidiana de las sociedades rurales hispanoamericanas donde el uso del caballo para el manejo del ganado era cuesti&oacute;n de todos los d&iacute;as hasta hace relativamente pocas d&eacute;cadas. El jinete acorta la rienda cuando no conf&iacute;a en la montura, cuando no se siente seguro, no anda relajado: teme que el caballo haga extra&ntilde;os, se destape. Acortar la rienda nace de la desconfianza y la necesidad de control. A la pareja hay que traerla cortita para que no se desboque, y esto suele ser algo aceptado entre ciertos c&iacute;rculos sociales aunque ello derive y justifique el maltrato y la violencia. Ram&iacute;rez Rodr&iacute;guez nos presenta unas reflexiones preliminares sobre el an&aacute;lisis de esta creencia entre j&oacute;venes tapat&iacute;os respecto a la tan tra&iacute;da y llevada sentencia tradicional. Las conclusiones, como he dicho, son preliminares, pero muestran en profundidad un fen&oacute;meno de transformaci&oacute;n entre las viejas estructuras de dominaci&oacute;n y las nuevas conciencias, as&iacute; como los recursos contempor&aacute;neos implicados: telefon&iacute;a m&oacute;vil, internet. Por otra parte, parecer&iacute;a que las pr&aacute;cticas de dominaci&oacute;n y sus refuerzos m&iacute;ticos est&aacute;n entrando en una marginalidad a partir de ese cambio a principios del siglo XXI. No obstante, la muestra encuestada es universitaria y preuniversitaria, lo cual quiere decir que no abarca un espectro social amplio. Por ello, nosotros dudamos del cambio en un m&aacute;s extenso margen social sobre todo cuando siguen extendi&eacute;ndose discursos en los <i>mass media</i> que prescriben que no traer cortito a alguien redunda en contra del dominado: "Se me acab&oacute; la fuerza de la mano izquierda y te solt&eacute; la rienda".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A la reflexi&oacute;n alrededor de la cuesti&oacute;n de g&eacute;nero y la mujer (que no "lo femenino"), la llamada "tercera ola" del feminismo &#151;muy cercana, por ejemplo, a fen&oacute;menos intelectuales como los derivados del postcolonialismo&#151;, invit&oacute; a una reconsideraci&oacute;n de mayor amplitud sobre otros problemas implicados en la construcci&oacute;n de identidades alternas. La cuesti&oacute;n de la masculinidad encontr&oacute; en M&eacute;xico importantes pensadores te&oacute;ricos, como Daniel Caz&eacute;s, fallecido recientemente. El tema ha dado para muchos textos, entre ellos algunas tesis presentadas en el Colmich y ya convertidas en libros.<sup><a href="#nota">2</a></sup> Badillo y Alberti abordan la construcci&oacute;n de masculinidades, en este caso, marginales respecto a lo com&uacute;n de las conformaciones identitarias del grueso del g&eacute;nero masculino: las de los sujetos que optan por la vida sacerdotal. El an&aacute;lisis est&aacute; basado en una instituci&oacute;n seminarista y hace un distingo interesante entre la propia de quien tiene una vocaci&oacute;n y la de quien est&aacute; form&aacute;ndose a partir de ella.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hacemos un salto a otros m&aacute;rgenes: el de los discursos sobre el pasado y el presente y la autoridad que &eacute;stos guardan respecto a las reglas y paradigmas. Tenemos que desplazarnos a la Sud&aacute;frica posterior a la ca&iacute;da del <i>apartheid,</i> pero tambi&eacute;n a la Argentina, particularmente a los discursos de los intelectuales ind&iacute;genas (&iquest;intelectuales org&aacute;nicos?) que demandan la inclusi&oacute;n en la historia de los segmentos sociales invisibilizados por el discurso de la historia (y la pol&iacute;tica) oficial. Mario Rufer nos ofrece un texto denso pero potable respecto a los criterios de autoridad en los discursos sobre la alteridad. &iquest;Qui&eacute;n dice qu&eacute; de qui&eacute;n? &iquest;Qui&eacute;n est&aacute; autorizado a decirlo? En un ensayo donde la escritura sobrepasa a sus referentes te&oacute;ricos y documentales, mencionados con disciplina a pie de p&aacute;gina, Rufer nos lleva a un viaje de construcci&oacute;n y deconstrucci&oacute;n de discursos de identidad e historias marginales que van desde Sud&aacute;frica hasta la Argentina. Su texto no necesita m&aacute;s presentaci&oacute;n, hay que leerlo, eso s&iacute;, sentado entre el centro y el margen.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Qui&eacute;n no ha estado alguna vez en su vida en un fandango o en un mitote? Festividad, baile, borrachera segura. Sin embargo son distintos. El mitote es colectivo, general, normalmente se borra la identidad personal para comulgar con una colectividad. El fandango es otra cosa: el baile, parte central, es el encuentro cara a cara entre una mujer y un hombre sobre la tarima, como un pre&aacute;mbulo de algo m&aacute;s pues, mientras suena <i>El Chuchumb&eacute;</i> las parejas bailan con "ademanes, meneos y zarandeos contrarios a la honestidad.", seg&uacute;n dir&iacute;a un escandalizado fraile del puerto de Veracruz por los a&ntilde;os de 1766. Baile, liberaci&oacute;n y disfrute del cuerpo, competencia entre los hombres por demostrar su virilidad y presencia de mujeres bravas, empoderadas. Mart&iacute;nez de la Rosa nos ofrece una mirada que sobrepone la preocupaci&oacute;n de las autoridades virreinales por este fen&oacute;meno con observaciones de campo y reflexiones acerca de los discursos que censuran y marginan estas pr&aacute;cticas en la actualidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A finales del siglo XVI y principios del XVII, una nueva pol&iacute;tica de reorganizaci&oacute;n de los pueblos de indios provoca una discusi&oacute;n acerca de la conveniencia de fundar congregaciones dentro o fuera de los reales mineros para paliar el problema de la ca&iacute;da de mano de obra en las minas a partir de la crisis demogr&aacute;fica. Nuestro documento trata el tema con una presentaci&oacute;n de Jim&eacute;nez Abollado que permite contextuar dicha discusi&oacute;n. Finalmente la idea de las autoridades fue crear asentamientos marginales, en los per&iacute;metros de los reales mineros, provistos con su doctrina y hospital.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dos de los art&iacute;culos de la miscel&aacute;nea tocan un tema que ha sido vertebral en los proyectos de investigaci&oacute;n de nuestra casa de estudios: la Iglesia y sus miembros. P&eacute;rez Puente nos ofrece una interesante hip&oacute;tesis acerca de la intenci&oacute;n detr&aacute;s de la fundaci&oacute;n de los seminarios tridentinos en el siglo XVI. No se trataba solamente de proveer con centros de formaci&oacute;n a los aspirantes al sacerdocio: era tambi&eacute;n un proyecto de afirmaci&oacute;n pol&iacute;tica del clero diocesano en un espacio &#151;el indiano&#151; cruzado y controlado por las provincias del clero regular. Por su parte, Herrej&oacute;n Peredo nos muestra una faceta muy interesante de un sacerdote que entr&oacute; a la historia nacional como pr&oacute;cer de la independencia: Miguel Hidalgo. Se trata de un texto que explora las actividades del cura Hidalgo y su familia como propietarios rurales y empresarios pero cuyas propiedades y ganancias tienen la finalidad de no solamente proveerse a s&iacute; mismos sino a quienes los rodean. Con ello se abre un sugerente an&aacute;lisis a las redes de relaciones regionales y al impacto de las crisis agr&iacute;colas en este tipo de propietarios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer art&iacute;culo nos regresa al problema de los m&aacute;rgenes, en este caso, con el tema de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas sobre la cuesti&oacute;n de la nutrici&oacute;n y la alimentaci&oacute;n popular en la primera mitad del siglo XX. Mart&iacute;nez nos muestra la tensi&oacute;n entre las ideas y pr&aacute;cticas propias del entorno mexicano al respecto y la introducci&oacute;n de las ciencias de la nutrici&oacute;n desarrolladas en los complejos y centros culturales occidentales: un di&aacute;logo centro&#45;periferia.</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><b>V&iacute;ctor Gayol</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Debemos a la doctora Laura Ch&aacute;zaro la propuesta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Por ejemplo, el de Oscar Misael Hern&aacute;ndez, <i>Masculinidades en Tamaulipas. Una historia antropol&oacute;gica.</i></font></p>      ]]></body>
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