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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Editorial</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Psicoterapia y psiquiatr&iacute;a: una relaci&oacute;n parad&oacute;jica</b></font></p>     <p align="center"><font size="3" face="verdana">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font size="3" face="verdana"><b>Psychotherapy and psychiatry: a paradoxical relationship </b></font></p>     <p align="center"><font size="3" face="verdana">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Javier Torres&#150;Torija</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Jefe del Departamento de Psicoterapia. Direcci&oacute;n de Servicios Cl&iacute;nicos. Instituto Nacional de Psiquiatr&iacute;a Ram&oacute;n de la Fuente. Calz. M&eacute;xico&#150;Xochimilco 101, San Lorenzo Huipulco, Tlalpan, 14370, M&eacute;xico, D.F.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hace ya m&aacute;s de cien a&ntilde;os que una perspicaz paciente de Freud expres&oacute; en forma espont&aacute;nea una definici&oacute;n de la psicoterapia que adem&aacute;s de precisa conserva plena vigencia: &lt;&lt;cura por el habla&gt;&gt; <i>(talking cure)</i>, llam&oacute; esta mujer, aquejada de una histeria, al nuevo m&eacute;todo empleado por Freud para tratar las entonces llamadas psiconeurosis. No deja de resultar parad&oacute;jico que este tratamiento, cuyo &uacute;nico instrumento era la palabra, haya sido propuesto por un m&eacute;dico renuente a ejercer la medicina y que movido por esa reticencia se haya acercado luego a trabajar como investigador en el laboratorio del eminente fisi&oacute;logo Ernst Br&uuml;cke, en Viena, donde realiz&oacute; estudios sobre el sistema nervioso humano durante tres a&ntilde;os. Recordemos tambi&eacute;n que poco despu&eacute;s, en 1895, Freud escribi&oacute;, mientras defin&iacute;a los pilares del psicoan&aacute;lisis, el &lt;&lt;Proyecto de una psicolog&iacute;a para neur&oacute;logos&gt;&gt;, en que formul&oacute; un esquema general que con gran audacia intentaba correlacionar sus recientes hallazgos psicol&oacute;gicos con la neurolog&iacute;a. Dicho trabajo fue desestimado m&aacute;s adelante por su propio autor al considerar que la neurofisiolog&iacute;a no alcanzaba todav&iacute;a el grado de desarrollo suficiente que le permitiera servir de base explicativa de los procesos mentales que por entonces estaba descubriendo y, por lo tanto, evit&oacute; su publicaci&oacute;n. El manuscrito permaneci&oacute; guardado entre los papeles del autor y s&oacute;lo se public&oacute; despu&eacute;s de su muerte gracias a la intervenci&oacute;n de una disc&iacute;pula cercana.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El nuevo m&eacute;todo de Freud no obtuvo aceptaci&oacute;n inmediata y m&aacute;s bien fue visto con recelo por la medicina acad&eacute;mica. Quiz&aacute; resultaron excesivamente disonantes con el paradigma m&eacute;dico de la &eacute;poca la propuesta de procesos ps&iacute;quicos inconscientes y el papel central que el psicoan&aacute;lisis atribuy&oacute; a la sexualidad infantil. Este recelo propici&oacute; que el psicoan&aacute;lisis tomara un camino propio como m&eacute;todo de investigaci&oacute;n y tratamiento de ciertos padecimientos mentales, un tanto alejado de la medicina pero nunca del todo ajeno a ella. En el lapso de las cuatro o cinco d&eacute;cadas posteriores surgieron en Europa varias modalidades de psicoterapia, que de uno u otro modo se basaban en el psicoan&aacute;lisis freudiano. No es el caso rese&ntilde;ar ahora el desenvolvimiento de estas &laquo;escuelas&raquo;; baste recordar que casi todas ellas surgieron como ramas derivadas del mismo tronco. </font><font face="verdana" size="2">M&aacute;s tarde surgir&iacute;an en los Estados Unidos otras corrientes psicoterap&eacute;uticas, unas sustentadas en la teor&iacute;a del aprendizaje y otras surgidas de la psicolog&iacute;a cognitiva que luego se fusionar&iacute;an para dar lugar a la terapia cognitivo&#150;conductual que ha alcanzado en la actualidad una difusi&oacute;n considerable. Por otro lado, en ese pa&iacute;s han proliferado muchas otras corrientes &lt;&lt;psicoterap&eacute;uticas&gt;&gt; surgidas de diferentes concepciones del ser humano. Algunas de ellas se basan en presupuestos m&iacute;sticos o esot&eacute;ricos y, por lo mismo, no pueden considerarse como aut&eacute;nticas psicoterapias. Sin embargo, debemos admitir la dificultad intr&iacute;nseca que implica establecer l&iacute;mites entre la verdadera psicoterapia y otras formas de influencia basadas en la sugesti&oacute;n. M&aacute;s a&uacute;n, si se piensa detenidamente, resulta dif&iacute;cil definir en qu&eacute; consiste la psicoterapia.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lewis Wolberg<sup>1</sup> recolect&oacute; en su texto, considerado ya como cl&aacute;sico, varias docenas de definiciones. Esto nos lleva a plantear la cuesti&oacute;n de si es adecuado referirnos a la psicoterapia como un todo unitario o es mejor hablar de &lt;&lt;psicoterapias&gt;&gt;. El asunto es pol&eacute;mico y tampoco es momento de analizarlo. Ahora bien, sean lo que fueren las psicoterapias, existe consenso en que, para ser consideradas como tales, por lo menos deben tener sustento en alguna teor&iacute;a coherente, lo cual constituye un criterio necesario aunque no suficiente para definir su especificidad. Entre los tipos de psicoterapia que han alcanzado un reconocimiento m&aacute;s o menos amplio destacan la psicodin&aacute;mica, la cognitivo&#150;conductual y la interpersonal. Numerosas investigaciones emp&iacute;ricas y otras que utilizan m&eacute;todos de metaan&aacute;lisis han intentado comparar cuantitativamente su eficacia y su efectividad. A pesar de las grandes limitaciones que tienen estos m&eacute;todos para abordar un problema tan complejo, los resultados que muestran son, en cierto modo, sorprendentes: casi todos los estudios coinciden en reportar &iacute;ndices de efectividad semejantes entre unas y otras. Adem&aacute;s, llama la atenci&oacute;n que los &iacute;ndices de mejor&iacute;a en la condici&oacute;n &lt;&lt;placebo&gt;&gt; tambi&eacute;n resulten importantes. Por cierto, esto &uacute;ltimo, lejos de descalificar a las psicoterapias, nos plantea la necesidad de reconsiderar con mayor cuidado en qu&eacute; consiste verdaderamente el efecto placebo. Otra comprobaci&oacute;n recurrente que han aportado los estudios mencionados es que la combinaci&oacute;n de psicof&aacute;rmacos y psicoterapia potencializa en la mayor&iacute;a de los casos los efectos terap&eacute;uticos de ambas. Ahora bien, si las diferentes psicoterapias presentan &iacute;ndices de efectividad semejantes, es l&iacute;cito suponer que m&aacute;s all&aacute; de sus diferencias te&oacute;ricas comparten alg&uacute;n factor com&uacute;n que al ser develado quiz&aacute; nos permita entender su modo gen&eacute;rico de acci&oacute;n. Hasta ahora, cada escuela de psicoterapia ha explicado sus logros desde su propia perspectiva. Freud, por ejemplo, atribu&iacute;a la efectividad de su m&eacute;todo al levantamiento de la represi&oacute;n y la restituci&oacute;n de los recuerdos infantiles. A su vez, Sullivan la atribu&iacute;a al &lt;&lt;aprendizaje emocional correctivo&gt;&gt; y los te&oacute;ricos de la conducta y la cognici&oacute;n, a la &lt;&lt;reestructuraci&oacute;n cognitiva&gt;&gt;. En el marco de los planteamientos de la &lt;&lt;medicina basada en evidencias&gt;&gt;, se han propuesto vastos programas de investigaci&oacute;n que en la actualidad est&aacute;n en curso en diversas partes del mundo para esclarecer los &lt;&lt;mecanismos de acci&oacute;n de la psicoterapia&gt;&gt;. Estos estudios no han aportado todav&iacute;a resultados concluyentes y, debido a la enorme dificultad que enfrentan, quiz&aacute; no los alcancen del todo. Sin embargo, es de esperar que en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os tengamos conocimientos m&aacute;s certeros al respecto. Mientras tanto, resulta evidente que un com&uacute;n denominador de las diversas psicoterapias es precisamente el uso que hacen del lenguaje, de la palabra, como su veh&iacute;culo privilegiado. Esto nos permite en principio englobarlas bajo el rubro de &lt;&lt;<i>talkin cure</i>&gt;&gt;<i>.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La psiquiatr&iacute;a transit&oacute; por su parte un largo camino que parti&oacute; de la escuela cl&aacute;sica alemana de Kraepelin y Bleuler, pasando luego por la escuela fenomenol&oacute;gica francesa de Janet y Ey, hasta llegar a la norteamericana que hoy parece dominar el panorama. En buena parte, este tr&aacute;nsito, descrito aqu&iacute; en forma muy esquem&aacute;tica, estuvo determinado por los descubrimientos de diversas ciencias b&aacute;sicas como la neurofisiolog&iacute;a, la neuroqu&iacute;mica, la farmacolog&iacute;a y, m&aacute;s recientemente, la gen&eacute;tica y la biolog&iacute;a molecular, las cuales dotaron a la psiquiatr&iacute;a de nuevas herramientas&gt;&gt; para diagnosticar y tratar las enfermedades mentales. A lo largo de este recorrido, la psiquiatr&iacute;a mantuvo simult&aacute;neamente un di&aacute;logo de intensidad variable con el psicoan&aacute;lisis y las psicoterapias. Entre las d&eacute;cadas de 1940 y 1960, este di&aacute;logo alcanz&oacute; el punto de m&aacute;xima cercan&iacute;a, lo que incluso dio lugar al surgimiento de una rama denominada &lt;&lt;psiquiatr&iacute;a din&aacute;mica&gt;&gt;. Despu&eacute;s, la corriente principal de la psiquiatr&iacute;a vir&oacute; decididamente hacia las neurociencias y los aspectos biol&oacute;gicos en general. El advenimiento de las nuevas t&eacute;cnicas de imagen, que permiten una visualizaci&oacute;n precisa de los procesos neurofisiol&oacute;gicos, reforz&oacute; esta tendencia. El psicoan&aacute;lisis y la psiquiatr&iacute;a parec&iacute;an alejarse entre s&iacute; en forma definitiva. Sin embargo, a finales de la d&eacute;cada de 1990, el psiquiatra y neurofisi&oacute;logo Eric Kandel, distinguido con el premio Nobel por sus trabajos de investigaci&oacute;n sobre los procesos del aprendizaje y la habituaci&oacute;n, public&oacute; un ensayo en que propon&iacute;a establecer un nuevo marco conceptual </font><font face="verdana" size="2">para la psiquiatr&iacute;a basado en aspectos neurofisiol&oacute;gicos.<sup>2</sup> Un punto que llam&oacute; la atenci&oacute;n es que Kandel no descartara en dicho escrito la validez de algunos conceptos centrales del psicoan&aacute;lisis freudiano, entre ellos el de inconsciente, que equipar&oacute; al de memoria impl&iacute;cita. Estos conceptos, a su juicio, deber&iacute;an ponerse a prueba a la luz del nuevo modelo propuesto. Dicho trabajo suscit&oacute; tal inter&eacute;s que motiv&oacute; al autor a escribir otro texto complementario para aclarar su postura.<sup>3</sup> En este nuevo art&iacute;culo esboza una posible v&iacute;a de acercamiento entre la neurofisiolog&iacute;a y el psicoan&aacute;lisis, para el cual considera que podr&iacute;a haber un futuro promisorio si este se logra integrar con la neurociencia cognitiva. La viabilidad de esta &lt;&lt;integraci&oacute;n&gt;&gt; parece remota, entre otras razones porque el concepto de inconsciente que propone Kandel como memoria impl&iacute;cita no corresponde plenamente con la concepci&oacute;n freudiana. No obstante, la propuesta no deja de ser sugerente y un aspecto de su trabajo que resulta muy interesante y a la vez parad&oacute;jico es que retoma, aunque claro que desde otra perspectiva, la l&iacute;nea propuesta por Freud en su &lt;&lt;Proyecto&gt;&gt; de 1895.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro presupuesto de Kandel, que luego parecen haber demostrado varios investigadores, es que, en tanto que proceso de aprendizaje, la psicoterapia act&uacute;a en la sinapsis, al igual que los psicof&aacute;rmacos, lo que produce nuevas conexiones e incluso cambios estructurales en el cerebro.<sup>4</sup> Estos hallazgos no son de extra&ntilde;ar y quiz&aacute;, como lo supone Kandel, en un futuro cercano nos permitan disponer de m&eacute;todos accesibles para monitorear y valorar en forma &lt;&lt;objetiva&gt;&gt; el desarrollo y los logros de los procesos psicoterap&eacute;uticos. Con estas consideraciones en mente, podemos suponer que se anuncia la posibilidad de una etapa de nuevo acercamiento entre la psiquiatr&iacute;a y las ciencias de que se nutre, incluidas la psicolog&iacute;a en general y la psicoterapia. Este acercamiento enriquecer&aacute; sin duda a todas las partes, con la condici&oacute;n de que, para que sea posible y fruct&iacute;fero, los profesionales muestren una actitud de apertura para escuchar discursos y planteamientos distintos a los propios. En el caso de la psiquiatr&iacute;a, es claro que llega al inicio del siglo XXI pertrechada con un inmenso bagaje de conocimientos emp&iacute;ricos que le permiten acentuar su car&aacute;cter cient&iacute;fico. Sin embargo, corre el riesgo de quedar reducida a una pr&aacute;ctica tecnol&oacute;gica si en aras de esta &lt;&lt;cientificidad&gt;&gt; descuida los aspectos subjetivos de los pacientes, que son el motivo &uacute;ltimo de su existencia. Estos aspectos subjetivos se manifiestan en forma patente en el discurso, en la palabra, de los que sufren alg&uacute;n padecimiento mental y, por lo tanto, es deber de los psiquiatras atender a dicha palabra con una postura de escucha atenta que no se limite a los prop&oacute;sitos de clasificaci&oacute;n con fines diagn&oacute;sticos. De aqu&iacute; deriva la importancia de transmitir a los m&eacute;dicos en proceso de formaci&oacute;n como psiquiatras este esp&iacute;ritu de atenci&oacute;n, que es completamente acorde con el de la medicina humanista cuyos principales promotores sol&iacute;an repetir que &lt;&lt;No existen las enfermedades sino los enfermos&gt;&gt;. Este aforismo se hace evidente en la psiquiatr&iacute;a, por ejemplo, cuando se constata, desde la &oacute;ptica del DSM&#150;IV, que el eje II (personalidad) condiciona en mucho el tipo y evoluci&oacute;n de los s&iacute;ntomas clasificados en el eje I. Y m&aacute;s all&aacute; de la personalidad, que en &uacute;ltima instancia es una categor&iacute;a abstracta, est&aacute; el sujeto, la persona, el paciente, a quien s&oacute;lo podemos &lt;&lt;ver&gt;&gt; por medio de su discurso. Una escucha atenta y comprometida, que implica ya un enfoque psicoterap&eacute;utico, adem&aacute;s de la observaci&oacute;n cient&iacute;fica y el uso adecuado de los recursos tecnol&oacute;gicos, pueden y deben ser los elementos constituyentes de un ejercicio pleno de la psiquiatr&iacute;a.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b>REFERENCIAS</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. Wolberg L. The thechnique of psychotherapy. Grune Straton, USA: 1988.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9033833&pid=S0185-3325200900030000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. Kandel E. A new intellectual framework for psychiatry. Am. J Psychiatry 1998;155:457-469.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9033834&pid=S0185-3325200900030000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. Kandel E. Biology and the future of Psychoanysis: A new intellectual framework for psychiatry revisited. Am J Psychiatry 1999;156:505&#150;524.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9033835&pid=S0185-3325200900030000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">4. Ligan D, Kay J. Some neurobiological aspects of psychotherapy. A review. J Psychotherapy Practice Research 1999;8:103&#150;114.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9033836&pid=S0185-3325200900030000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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