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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Presentaci&oacute;n</b></font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Presentation</b></font></p>      <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Esther Cohen</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"&iquest;C&oacute;mo no temblar?", escribe Derrick, al confrontarse con la inminencia de su propia muerte, cort&aacute;ndole as&iacute; el paso en su escritura para arrancarle a la vida un &uacute;ltimo suspiro capaz de alentar el pensar, no obstante que el <i>acontecimiento</i> lleve impl&iacute;cita la imposibilidad de cualquier aliento. El fil&oacute;sofo lo sabe m&aacute;s que nunca: se encuentra ante las "puertas de la ley" y, por ello, est&aacute; seguro de que "el pensamiento del temblor es una experiencia singular del no&#45;saber", de incertidumbre frente a la experiencia que excede toda voluntad y, por el contrario, nos somete a una "pasividad absoluta". Pero si bien el texto &#151;y m&aacute;s bien una confesi&oacute;n&#151; nos orienta hacia el mundo insondable de las sombras, tambi&eacute;n nos ense&ntilde;a que todo pensamiento asumido como aut&eacute;ntico habr&aacute; de pasar por esta convulsi&oacute;n que nos despoja de todo suelo firme. La intensidad de este escrito radica en buena parte en esa relaci&oacute;n establecida por Derrida, en plena agon&iacute;a,<sup><a href="#nota">1</a></sup> entre la vida, la muerte y el pensamiento, el acto mismo de pensar, de crear y de escribir. De ah&iacute; su particular lectura de Dante: "el artista es alguien que se convierte en artista donde la mano tiembla". Ah&iacute; donde el fil&oacute;sofo piensa, donde la capacidad cr&iacute;tica deconstruye el mundo, ah&iacute; mismo, Derrida tiembla, tiembla como un ni&ntilde;o al escuchar los bombardeos, como el escritor de una vast&iacute;sima obra que se cuestiona a s&iacute; misma de manera permanente, como el condenado a muerte a punto de cruzar el umbral. Derrida nos ense&ntilde;a que <i>incluso</i> en situaciones extremas, estamos obligados para con los otros; nos debemos al pensamiento del temblor como al temblor del pensamiento, <i>incluso</i> cuando se est&aacute; muriendo y, en definitiva, porque se muere, y en cuanto ese <i>acontecimiento</i> suceda, le suceda, nos veremos implicados incuestionablemente, en deuda y en duelo, deberemos llevarlo a cuestas, cargarlo como al feto que se gesta dentro y que Derrida asocia con el verbo alem&aacute;n <i>tragen,</i> cargar. Cargamos a nuestros muertos para darles sepultura, pero tambi&eacute;n cargamos vidas en los embriones gestados en el seno materno. Derrida asume su responsabilidad en el momento m&aacute;s grave de su vida; nosotros, al recibirla, debemos responder temblando, esta vez y en este &aacute;mbito acad&eacute;mico, pensando, criticando y d&aacute;ndole un lugar de acogida ah&iacute; donde ya no hay espacio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El texto de Mireille Calle&#45;Gruber, "Los sesgos de <i>Aletheia",</i> recorre por otras v&iacute;as y atajos tierras que Derrida cruz&oacute;; de hecho, <i>"Aletheia"</i> es el nombre de un breve texto del fil&oacute;sofo sobre la fotograf&iacute;a que "se calla y se expone en silencio al silencio", sobre la verdad de la imagen. A pesar de no contar con el texto de Derrida del que se ocupa Calle&#45;Gruber <i>&#91;"Aletheia"&#93;,</i> su paso por &eacute;l nos lleva por el mismo camino de lo incierto, de lo vulnerable y, sobre todo, aunque resulte parad&oacute;jico, de la invisibilidad de lo visible, de la imposibilidad de ver viendo. Porque &iquest;de qu&eacute; se ocupa la fotograf&iacute;a?, &iquest;acaso no se trata justamente de aquello que se ve y se reconoce? Calle&#45;Gruber retoma a Derrida para decir lo indecible, para reunirse con &eacute;l en la idea de la no revelaci&oacute;n. "No hay fotograf&iacute;a de la verdad, sino el texto que desvela que hay velo, que es velo (el texto) &#91;...&#93; la verdad en dep&oacute;sito, y nadie al lado; que la verdad est&aacute; del lado de los muertos, los muertos que son los &uacute;nicos que <i>ven"; y Aletheia,</i> escribe Derrida al final, <i>"Aletheia</i> ya no est&aacute; para nadie". En este sentido, las fotograf&iacute;as del fot&oacute;grafo japon&eacute;s Kishin Shinoyama y de su modelo Shinobu Otake muestran en ese juego de luz y sombras, tanto a Derrida como a Calle&#45;Gruber, que el ojo que ve es incapaz de ver la fotograf&iacute;a de la verdad, sino como bien escriben ambos: "('Se vuelve hacia m&iacute; mirando a otro' y el ojo sin nadie y el no&#45;ojo ('Mira el ojo que no mira'). Est&aacute; 'el ojo que no dice yo', el ojo fotogr&aacute;fico por excelencia, que todos frecuentan y todos desertan, 'lugar de la invisibilidad desde la que miro yo y mira ella pero que <i>nadie</i> ve'". Como cita con gran acierto Calle&#45;Gruber en el ep&iacute;grafe de Pascal Quignard que abre su ensayo: "Plutarco dice que Al&eacute;theia es un caos de luz. Que su propio resplandor borra su forma y vuelve imperceptible su rostro. Pero &#151;a&ntilde;ade extra&ntilde;amente Plutarco&#151; eso no quiere decir que Al&eacute;theia est&eacute; velada: est&aacute; desnuda. Los velados somos nosotros. S&oacute;lo los muertos ven lo que est&aacute; oculto".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El ensayo de Silvestra Mariniello, "Cambiar la tabla de operaci&oacute;n. El <i>medium</i> intermedial" muestra con gran lucidez el cambio de paradigma en nuestras sociedades medi&aacute;ticas &#151;de la letra <i>(literacy)</i> al de la imagen&#151; y, aunque su discurso se orienta precisamente a se&ntilde;alar esta transformaci&oacute;n o transposici&oacute;n de paradigmas, su ojo est&aacute; puesto justamente en aquello que ni la letra ni la imagen juntas son capaces de revelar. Este cambio de paradigma, nos dice la autora, da cuenta de una profunda crisis en nuestra moderna forma logoc&eacute;ntrica de ver el mundo e incursiona en el universo de la imagen, o de la 'intermedialidad' como t&eacute;rmino m&aacute;s espec&iacute;fico, para ofrecernos la posibilidad de leer nuestro entorno fuera del conocido y desgastado logocentrismo. Contra una tradici&oacute;n filos&oacute;fica que intenta comprender y nombrar las sustancias para luego captar sus relaciones, Mariniello propone como alternativa la intermedialidad, cuyo foco de atenci&oacute;n no son las sustancias en s&iacute; mismas sino sus relaciones, sus nudos y correspondencias, elecci&oacute;n que implica una profunda transformaci&oacute;n de nuestra experiencia en el mundo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con el ensayo de Eduardo Cadava, "Marx ante (y antes) de la literatura", se abre un espacio de reflexi&oacute;n sobre el v&iacute;nculo de la filosof&iacute;a con la literatura, no alejado de las preocupaciones que ocupan a los primeros tres autores. Si bien es cierto que el lazo entre estas dos disciplinas ha existido desde siempre, es en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas cuando se expone a la luz de manera mucho m&aacute;s franca y expl&iacute;cita; se trata, en pleno siglo XXI, de replantear en t&eacute;rminos modernos cu&aacute;l es la especificidad de un v&iacute;nculo que a&uacute;n sigue causando "alergia" en algunos fil&oacute;sofos y estudiosos de la literatura. Si lo que este <i>dossier</i> refleja es el inter&eacute;s por ahondar en las relaciones entre filosof&iacute;a y literatura, aqu&iacute; y ahora, en un momento espec&iacute;fico de nuestra historia, Marx, como lo piensa el ensayo de Cadava, se ubica en el germen, casi dir&iacute;a el propio autor, en la g&eacute;nesis de una nueva modalidad de hablar filos&oacute;ficamente de lo literario. La literatura como tal, seg&uacute;n nuestro autor, no existe antes de Marx; es con &eacute;l con quien &eacute;sta adquiere las caracter&iacute;sticas de instituci&oacute;n. "No hay momento en Marx, escribe Cadava, que no haya sido tocado por la literatura". M&aacute;s adelante abunda: "como dir&iacute;a Marx, la literatura nunca es simplemente 'literatura'". Esta es la raz&oacute;n por la cual "no puede haber literatura antes de Marx", lo cual significa que es s&oacute;lo con Marx, frente a Marx, como podemos empezar a entender c&oacute;mo aquello que hoy llamaremos la instituci&oacute;n literaria emerge hist&oacute;ricamente, pol&iacute;ticamente e ideol&oacute;gicamente. No cabe duda, se trata de un planteamiento provocador y ciertamente controvertible. Ya Derrida, en 1993, hab&iacute;a revisitado el espectro de Marx cuando &eacute;ste parec&iacute;a bien sepultado, d&aacute;ndole nueva vida al fantasma del <i>Capital.</i> Cadava, desde su propia perspectiva, <i>tiembla</i> en esta propuesta aludiendo a cartas, poemas y textos donde Marx no s&oacute;lo roza la literatura sino que se subsume en ella para dar cuenta de otra cosa m&aacute;s all&aacute; de la literatura misma. El valor de este ensayo radica en que <i>se atreve</i> a decir lo aparentemente no&#45;dicho, y es su <i>atrevimiento</i> como acto del <i>"pensar que tiembla"</i> lo que obliga a sus lectores a una lectura atenta, sin prejuicios, sin doctrinas. En las huellas del <i>temblor</i> derridiano, me permito citar <i>in extenso</i> la parte final de este ensayo: "Hagamos literatura entonces. Literatura con Marx. Literatura que haga su propio duelo, pero que, en su duelo, se acerca a s&iacute; misma, como aquello que nunca es simplemente lo mismo, a lo que, en forma de sutil diferenciaci&oacute;n, quiz&aacute;s alg&uacute;n d&iacute;a nos posibilite un futuro, pero un futuro que, en forma de literatura, prometa un mundo que no sea una simple repetici&oacute;n del pasado &#151;un mundo que, porque siempre permanecer&aacute; abierto, todav&iacute;a est&aacute; por llegar."</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Comunidad literaria y deconstrucci&oacute;n. Entre el fin del relato y la archi&#45;escritura: Blanchot, Kofman, Derrida", de Joana Mas&oacute; contin&uacute;a el di&aacute;logo con sus antecesores al abordar la escritura como un gesto filos&oacute;fico en autores que bien podr&iacute;an pensarse dentro de una misma constelaci&oacute;n. La autora parte de la reconocida frase de Blanchot, expresada tambi&eacute;n por Adorno en otros t&eacute;rminos: "no m&aacute;s relatos despu&eacute;s de Auschwitz", para hablar de una literatura que ya no puede contar sino a trav&eacute;s de una palabra sofocada, ahogada, abortada y, sin embargo, viva (Kofman). Nadie mejor que Paul Celan para decir lo que ya no puede decirse: "Est&aacute;bamos muertos y sin embargo respir&aacute;bamos". En esta frase desnuda, sin met&aacute;foras ni giros ret&oacute;ricos, Celan dice lo que Blanchot, Kofman y Derrida contin&uacute;an diciendo y que con gran acierto apunta Joana Mas&oacute;: "Esa escritura del despu&eacute;s de la especulaci&oacute;n que Blanchot piensa como el fin de una palabra hilvanada y Kofman como una palabra suspendida en su sofoco, se convierte en ese texto ilimitado y generalizado que Derrida llama archi&#45;escritura, quiz&aacute;s para mostrar con dicho desplazamiento que la escritura ya siempre habr&aacute; sido el lugar donde la palabra cortada y el silencio buscan sin encontrar su propio g&eacute;nero, una forma literaria o una figura".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Walter Benjamin, cuyo legado sigue siendo motivo de profundas reflexiones, es quiz&aacute;s el fil&oacute;sofo&#45;escritor&#45;traductor, por decir lo menos, que se revela como <i>espectro,</i> una y otra vez, en cada uno de los autores citados anteriormente, excluyendo obviamente a Marx quien, a su vez, se mostrar&aacute; como el fantasma que atraviesa la obra de Benjamin. Los ensayos de Esther Cohen, de Norma Garza y de Elsa Rodr&iacute;guez Brondo giran alrededor del pensamiento fragmentario, "siempre radical, nunca consecuente", del propio Benjamin. El primero, "Walter Benjamin y la cr&iacute;tica literaria", se propone rescatar uno de tantos olvidos en los que ha ca&iacute;do, como su &aacute;ngel de ojos desorbitados, cierto pensamiento benjaminiano. Asociado con la reflexi&oacute;n sobre el arte, la filosof&iacute;a, el cine, la fotograf&iacute;a, etc&eacute;tera, nuestro fil&oacute;sofo ha sido fuente de inspiraci&oacute;n (no siempre reconocida como tal) para muchos de los pensadores que <i>habitan</i> este volumen de <i>Acta Po&eacute;tica.</i> Baste referirnos a su brev&iacute;simo art&iacute;culo "Sobre el car&aacute;cter destructivo" para darnos cuenta del peso que este autor tuvo en el pensamiento de la deconstrucci&oacute;n. Pero no es &eacute;ste nuestro motivo central: lo que resulta importante se&ntilde;alar es el inter&eacute;s expl&iacute;cito de Benjamin de ser considerado <i>el mejor cr&iacute;tico de la literatura alemana.</i> Y aqu&iacute;, en este primer ensayo, la autora se ocupa de ese deseo &iacute;ntimo que en una carta de 1930 confiesa al amigo, Gershom Scholem.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido tambi&eacute;n los ensayos, "El espacio de la memoria" y "Literatura y filosof&iacute;a en <i>Una muerte sencilla, justa, eterna</i> de Jorge Aguilar Mora" se ocupan y se preocupan por mostrarnos, a nosotros, los lectores, de qu&eacute; manera el autor del <i>Libro de los pasajes</i> esboza su idea de la literatura, del espacio de la memoria y la responsabilidad. &iquest;Qu&eacute; responsabilidad para quien lee, escribe o escucha? Si Derrida lo resolv&iacute;a a trav&eacute;s del verbo <i>tragen,</i> cargar, llevar a cuestas a nuestros muertos, Benjamin lo adivina en el rostro de un "&aacute;ngel con los ojos desencajados, la boca abierta y las alas tendidas. El &aacute;ngel de la historia debe tener ese aspecto; su cara est&aacute; vuelta al pasado. En lo que para nosotros aparece como una cadena de acontecimientos, &eacute;l ve una cat&aacute;strofe &uacute;nica, que acumula sin cesar ruina sobre ruina y se las arroja a sus pies. El &aacute;ngel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado". Pero una tempestad, tempestad de progreso, lo detiene imposibilit&aacute;ndolo. Ese &aacute;ngel es el <i>tragen</i> derridiano que, incluso si la tormenta hace casi imposible el rescate de los ca&iacute;dos, ah&iacute; estar&aacute; siempre para recuperarlos y darles justa sepultura. Benjamin representa, a su vez, a ese &aacute;ngel melanc&oacute;lico consciente de que la cat&aacute;strofe no es el fin del pensamiento sino el principio, el <i>temblor de la conciencia</i> que nos empuja a salvar a los nuestros de ese enemigo acostumbrado a vencer. Por ello la memoria, el espacio de la memoria, por ello tambi&eacute;n, Aguilar Mora y un fragmento de la Revoluci&oacute;n Mexicana. &iquest;Qu&eacute; posici&oacute;n frente a la vida?, se repite una y otra vez a lo largo del ensayo, porque se trata de una "memoria cr&iacute;tica", escribe la autora, que decide hablar de lo peque&ntilde;o, lo marginal, lo minimizado y lo borrado por la historia, como una forma de resistencia". Escribir para resistir: aqu&iacute; se reencuentran Derrida, Benjamin, Blanchot, Kofman, Aguilar Mora, Beckett, Coetzee, Schultz, Melville, y todos aquellos que piensen la escritura como tensi&oacute;n y, por sobre todo, como <i>temblor, temblor del pensar, pensamiento del temblor.</i> Porque con todos ellos, al igual que con Marx, la literatura y la filosof&iacute;a son m&aacute;s que pura filosof&iacute;a, pura literatura.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mija&iacute;l Bajt&iacute;n, pensador ubicado justamente entre filosof&iacute;a y filolog&iacute;a, nos ofrece desde la mirada de Tatiana Bubnova otra, y al mismo tiempo similar, forma de pensar las dos disciplinas que nos ocupan. Este par que alguna vez fueron uno (Plat&oacute;n), parece haber roto sus relaciones, como dice la autora, en "no s&eacute; qu&eacute; momento". Sin embargo, Bubnova da cuenta de la aportaci&oacute;n del pensador ruso para decirnos lo que tambi&eacute;n otros de los autores en este n&uacute;mero nos han se&ntilde;alado de una u otra manera: "Es en las fronteras, en los lindes donde pasan cosas importantes", cosas que importan. Ah&iacute; est&aacute; la idea del umbral benjaminiano, la de <i>Aletheia</i> que ya no est&aacute; para nadie, la de Kofman que nos habla de una palabra sofocada y &iquest;qui&eacute;n m&aacute;s sino Derrida para plantear el pensamiento como el lugar de un <i>temblor,</i> que conduce inevitablemente a la p&eacute;rdida del piso bajo los pies? Bajt&iacute;n, junto con los pensadores aqu&iacute; publicados, nos lleva a reflexionar sobre el comentario y la traducci&oacute;n concebidos como actividades compartidas por la filosof&iacute;a y la literatura, terrenos donde ambas disciplinas se encuentran nuevamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los &uacute;ltimos dos ensayos nos hacen volver los ojos hacia atr&aacute;s, hacia el principio del &iquest;c&oacute;mo no temblar? Gabriela Garc&iacute;a Hubard explora en "Circunvalaciones de la muerte. Beckett&#45;Derrida&#45;Poe" la posibilidad/imposibilidad de vivir la propia muerte, as&iacute; como la relaci&oacute;n que toda escritura lleva impl&iacute;cita con este final <i>acontecimiento</i> al que se refer&iacute;a Derrida. Aqu&iacute;, la autora habla de que "este miedo, que es quiz&aacute;s tan viejo como la apor&iacute;a, amenaza constantemente la escritura derridiana: 'otra vez miedo de morir antes de haber terminado la frase'". Y contin&uacute;a, esta vez asociando la muerte con la historia ordinaria del lenguaje. "El enunciado 'yo estoy vivo' acompa&ntilde;a mi estar&#45;muerto y su posibilidad requiere la posibilidad de que est&eacute; muerto; e inversamente. No es esto una historia extraordinaria de Poe, sino la historia ordinaria del lenguaje" (Derrida).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Llegamos al final con un texto sobre J. M. Coetzee, escrito por Marianela Santove&ntilde;a Rodr&iacute;guez: "La &eacute;tica imposible de J. M. Coetzee". Y, &iquest;de qu&eacute; otra cosa hemos hablado a lo largo de esta presentaci&oacute;n, en este recorrido por una literatura y una filosof&iacute;a que se precian de no decir la &uacute;ltima palabra, y aceptan que la verdad se encuentra entre una y otra, y que esa verdad, ya no existe para nadie? Para Santove&ntilde;a, "no se trata de una &eacute;tica de la liviandad, sino de la &eacute;tica de la p&eacute;rdida, la automarginaci&oacute;n y la autoexclusi&oacute;n. No se trata de ganar el bien, ni el reino de los cielos, ni la justicia, sino de enfrentarse a la singularidad sin sentir la tentaci&oacute;n de superarla o destruirla". &iquest;Qui&eacute;n no pensar&iacute;a que Coetzee est&aacute; hablando precisamente de Kafka parodi&aacute;ndolo en <i>Vida y &eacute;poca de Michael K,</i> de la misma manera en que uno asociar&iacute;a esta &eacute;tica imposible con Robert Walser y su "me horroriza la idea de triunfar en la vida", con Beckett o tantos otros que resisten desde la posici&oacute;n horizontal a todo tipo de poder o de simulada justicia? Por ello, Marianela escribe que Coetzee escribe: "En la p&aacute;gina 12 del libro, K se acurruca como un rat&oacute;n; en la p&aacute;gina 30, K se atraganta como un perro culpable &#91;...&#93; en la p&aacute;gina 83, se descubre como una hormiga que no encuentra su hogar; en la p&aacute;gina 84, permanece quieto como la tierra, mientras la vida pasa literalmente encima de &eacute;l. En la p&aacute;gina 133, Michaels obedece a los guardias del campo y salta. Obedece, pero no adquiere forma humana. Es casi salvaje, casi perro, casi cosa. Obedece, pero no cede". &iquest;&Eacute;tica imposible? &iquest;&Eacute;tica de la resistencia? &iquest;Acaso una &eacute;tica del temblor? O, simplemente, como propone Marianela Santove&ntilde;a, "&iquest;cabe s&oacute;lo advertir y acompa&ntilde;ar?" o, dir&iacute;amos nosotros, ser testigo de la historia, tendidos en el suelo boca arriba, como tambi&eacute;n escribiera Kafka, para mejor resistir al mirar las estrellas. De cualquier forma, someterse en el sentido de Coetzee, de Kafka, de Walser, de Beckett, no es sino <i>someterse al temblor</i> de la vida y de la muerte, al <i>temblor del pensamiento.</i></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota"></a><b>Nota</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Agon&iacute;a, del griego <i>ag&oacute;n,</i> lucha, puede referirse tanto al momento inmediato antes de la muerte, como a la lucha que, en este caso, el fil&oacute;sofo se impone como responsabilidad frente a su propia muerte.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre la autora</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Esther Cohen</b>. Es investigadora de tiempo completo en el Centro de Po&eacute;tica del Instituto de Investigaciones Filol&oacute;gicas; ha sido responsable de varios proyectos PAPIIT desde hace 10 a&ntilde;os y actualmente coordina el Proyecto "La modernidad del pensamiento cr&iacute;tico y pol&iacute;tico de Walter Benjamin". Es autora del libro <i>El silencio del nombre</i> (que fue editado en franc&eacute;s por &Eacute;ditions des Femmes); as&iacute; como de los libros <i>La palabra inconclusa</i> y <i>Con el diablo en el cuerpo</i> (edici&oacute;n en franc&eacute;s, Lignes y en italiano editado por Ombre corte y Mondadori); su &uacute;ltimo libro, <i>Los narradores de Auschwitz</i>, ha sido reeditado por Paid&oacute;s y traducido al franc&eacute;s por Presses Universitaires de l'Universit&eacute; de Montre&aacute;l.</font></p>      ]]></body>
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