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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Memoria, cuerpo y silencio: el caso "María Soledad" y la demanda de ciudadanía en la Argentina de los noventa]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article analyzes the origin and strategies of representation developed by a social movement that originated in response to a case of feminicide in the north of Argentina in the 1990s. We read the movement in the context of human rights organizations of the 1970s and 1980s, and we propose that these social movements occupy the space of the subaltern in search of specific rights instead of major and radical social changes.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Dossier</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Memoria, cuerpo y silencio: el caso "Mar&iacute;a Soledad" y la demanda de ciudadan&iacute;a en la Argentina de los noventa<sup><a href="#nota">1</a></sup></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Marcelo Bergman* y M&oacute;nica Szurmuk**</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Centro de Investigaci&oacute;n y Docencia Econ&oacute;micas</i>.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Instituto de Investigaciones Doctor Jos&eacute; Mar&iacute;a Luis Mora.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este art&iacute;culo analiza el origen y las estrategias de representaci&oacute;n desarrolladas por el movimiento social surgido alrededor de un caso de feminicidio en el norte de la Argentina en la d&eacute;cada de 1990. Se lee el movimiento en el contexto de los movimientos de derechos humanos de las d&eacute;cadas del setenta y ochenta y se propone que estos nuevos movimientos sociales se ubican en el espacio de la subalternidad en b&uacute;squeda de derechos espec&iacute;ficos y no de cambios sociales radicales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">This article analyzes the origin and strategies of representation developed by a social movement that originated in response to a case of feminicide in the north of Argentina in the 1990s. We read the movement in the context of human rights organizations of the 1970s and 1980s, and we propose that these social movements occupy the space of the subaltern in search of specific rights instead of major and radical social changes.</font>	</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este ensayo estudia el proceso por el cual el asesinato de una joven en el norte de la Argentina en la d&eacute;cada de 1990 suscit&oacute; un movimiento social que puso a prueba las pr&aacute;cticas de los reci&eacute;n establecidos gobiernos democr&aacute;ticos de la regi&oacute;n. Para llevar a cabo este estudio, exploramos las complejas relaciones entre el cuerpo femenino y la construcci&oacute;n de la idea de ciudadan&iacute;a. Mostramos c&oacute;mo las im&aacute;genes de raza, g&eacute;nero y clase figuran en la construcci&oacute;n de la resistencia. Argumentamos que este movimiento fue un fen&oacute;meno nuevo en Argentina donde, siguiendo el modelo de las Madres de la Plaza de Mayo, ten&iacute;a la intenci&oacute;n de reclamar derechos civiles y de dramatizar este reclamo al situarlo en el cuerpo violado. Nuestro estudio examina el camino hacia la adquisici&oacute;n de derechos civiles por miembros de grupos subalternos que caracteriza el proceso de redemocratizaci&oacute;n en el Cono Sur. Este reclamo por derechos civiles es tambi&eacute;n un movimiento hermen&eacute;utico hacia una lectura diferente del cad&aacute;ver, una lectura que extiende la ciudadan&iacute;a y cambia el modo de entenderla. Dado que los particulares del caso no se conocen perfectamente fuera de Argentina, empezaremos con un recuento de los "hechos".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La narrativa legal</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta secci&oacute;n presentamos un resumen de los hechos que llevaron a la muerte a Mar&iacute;a Soledad Morales, utilizando informaci&oacute;n que se hizo disponible a trav&eacute;s del proceso legal as&iacute; como de los medios de comunicaci&oacute;n. Este recuento tambi&eacute;n se basa en tres libros que fueron publicados para documentar el caso. Dos de ellos &#45;<i>No llores por m&iacute;, Catamarca</i> por Rey y Pazos, y <i>Catamarca</i> de Norma Morandini&#45; son acusaciones abiertas a la familia gobernante de Catamarca escritas por periodistas que cubrieron el caso. Un tercer libro &#45;<i>Dieciocho a&ntilde;os de Soledad</i>&#45; es un panfleto amarillista que juega con las conexiones entre el erotismo y la violencia en el caso. Tambi&eacute;n llevamos a cabo entrevistas con Fanny Mandelbaum, una de las periodistas que cubri&oacute; los particulares del caso para el Canal 11 en Buenos Aires, y con la monja Martha Pelloni, quien organiz&oacute; las Marchas del Silencio. El recuento que sigue tiene la intenci&oacute;n de incluir estas distintas voces y de explorar los huecos en las narrativas, en aquellos lugares donde aparecen los prejuicios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mar&iacute;a Soledad Morales ten&iacute;a diecisiete a&ntilde;os, era una estudiante promedio del Colegio Cat&oacute;lico del Carmen y San Jos&eacute;, y su sue&ntilde;o era convertirse en modelo. Era la segunda de siete hijos de una familia de clase media trabajadora de la ciudad de Catamarca. Su padre, como casi la mitad de los habitantes de la ciudad, era un empleado p&uacute;blico.</font>	</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La ciudad de Catamarca se encuentra a 1 200 kil&oacute;metros al noroeste de Buenos Aires. La mitad de los 240 000 habitantes de la provincia de Catamarca viv&iacute;an en esta ciudad cuando fue asesinada Mar&iacute;a Soledad. La familia Saadi hab&iacute;a gobernado la provincia casi ininterrumpidamente desde 1949, cuando el primer Vicente Saadi fue elegido gobernador durante la primera presidencia de Juan Domingo Per&oacute;n. En 1990, en el momento de la muerte de Mar&iacute;a Soledad, Ram&oacute;n Saadi, hijo de Vicente y peronista como su padre, era el gobernador de la provincia. El gobierno provincial se caracterizaba por el nepotismo, y cada uno de los miembros de la familia Saadi ten&iacute;a una posici&oacute;n de poder. Se cree que Mar&iacute;a Soledad muri&oacute; en una fiesta en la casa de &Aacute;ngel Luque, un diputado que lleg&oacute; al poder como secretario de Vicente Saadi. La fiesta, a la cual acudieron hombres j&oacute;venes cercanos a los c&iacute;rculos de poder, hab&iacute;a sido organizada por Guillermo, hijo de &Aacute;ngel Luque.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la noche del s&aacute;bado 8 de septiembre, Mar&iacute;a Soledad envi&oacute; un mensaje a su novio Luis Tula donde le solicitaba que pasara a buscarla a un evento para reunir fondos de su escuela. Ella quer&iacute;a pasar la noche con &eacute;l. Luis Tula ten&iacute;a veintinueve a&ntilde;os y era casado, pero &eacute;l y su mujer manten&iacute;an en secreto su matrimonio. Tula hab&iacute;a mentido sobre su solter&iacute;a cuando inici&oacute; su relaci&oacute;n con Mar&iacute;a Soledad, pero en el momento de su muerte, Mar&iacute;a Soledad ten&iacute;a conocimiento acerca de su situaci&oacute;n marital y ya hab&iacute;a tenido diversos enfrentamientos acalorados con la esposa de Tula. Los Tula fueron los primeros sospechosos en la investigaci&oacute;n policial. Tula vio a Mar&iacute;a Soledad la noche de su muerte pero no se fue con ella. Seg&uacute;n su declaraci&oacute;n, &eacute;l no habr&iacute;a querido a una mujer "que ol&iacute;a a pescado" (hablaremos de esto m&aacute;s adelante). Mar&iacute;a Soledad camin&oacute; hacia la parada del autob&uacute;s. Fue vista por &uacute;ltima vez al abordar un autom&oacute;vil que pertenec&iacute;a a Arnaldito Saadi, uno de los sobrinos del gobernador.</font>	</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Horas despu&eacute;s de la desaparici&oacute;n de Mar&iacute;a Soledad, Alicia Cubas, viuda de Vicente Saadi y madre del gobernador, hizo la siguiente declaraci&oacute;n: "Se le muri&oacute; una <i>chinita</i> al hijo de Luque". <i>Chinita</i> es una palabra que se utiliza peyorativamente al referirse a una mujer de las provincias,<sup><a href="#nota">2</a></sup> de piel oscura y en general de clase trabajadora. En su sarcasmo racista, Alicia Cubas no podr&iacute;a haber sospechado que el caso atraer&iacute;a una destacada atenci&oacute;n tanto a nivel nacional como internacional, y que cambiar&iacute;a el mapa pol&iacute;tico de Catamarca para siempre, pues obligar&iacute;a al gobierno central a intervenir en la administraci&oacute;n de la provincia y finalmente desautorizar&iacute;a al gobernador constitucionalmente electo.<sup><a href="#nota">3</a></sup> Tres extensas investigaciones se llevaron a cabo sin obtener resultados concluyentes. La familia Saadi, quien hab&iacute;a conseguido mantener el control pol&iacute;tico de Catamarca por m&aacute;s de 40 cuarenta a&ntilde;os, perdi&oacute; la elecci&oacute;n en 1992 como consecuencia directa del esc&aacute;ndalo alrededor del "caso Mar&iacute;a Soledad", como se lo conoci&oacute; legalmente. Un juicio en 1996 fue anulado cuando, uno por uno, todos los jueces de la provincia se declararon incompetentes para presidir el juicio debido a conexiones sospechosas con los acusados. El juicio final se llev&oacute; a cabo en 1998, ocho a&ntilde;os despu&eacute;s del asesinato, y tanto Luis Tula como Guillermo Luque fueron declarados culpables.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por m&aacute;s de un a&ntilde;o despu&eacute;s de su muerte, Martha Pelloni, la monja directora del Colegio del Carmen y San Jos&eacute;, organiz&oacute; marchas de protesta semanales con apoyo de la jerarqu&iacute;a eclesi&aacute;stica local. Las marchas simbolizaban el nacimiento de un nuevo tipo de movilizaci&oacute;n social. Miles de manifestantes se reun&iacute;an en manifestaciones pac&iacute;ficas a favor del esclarecimiento de la muerte de la joven y la sanci&oacute;n de los asesinos en lo que se conoce como "marchas del silencio". La sospecha de que el caudillismo tradicional familiar hab&iacute;a estado involucrado tanto en el homicidio como en el encubrimiento que lo sigui&oacute;, gener&oacute; una indignaci&oacute;n popular que excedi&oacute; lo estimado por las autoridades locales. Se pusieron en jaque los patrones clientelares tradicionales de control social y la movilizaci&oacute;n de base logr&oacute; desmantelar la hegemon&iacute;a de este tradicional basti&oacute;n peronista. El sistema pol&iacute;tico cuasifeudal de la familia Saadi, el sindicalismo peronista, y el liderazgo pol&iacute;tico corrupto se enfrent&oacute; al surgimiento de un movimiento social en el cual ciertos individuos por primera vez sintieron que ten&iacute;an el derecho b&aacute;sico de protecci&oacute;n igualitaria ante la ley. El caso Mar&iacute;a Soledad representa el surgimiento de un movimiento subalterno en favor de la ciudadan&iacute;a. El caso tambi&eacute;n ejemplifica nuevas tendencias contrahegem&oacute;nicas de movilizaci&oacute;n popular, y una nueva narrativa en la dilucidaci&oacute;n de los roles de g&eacute;nero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este art&iacute;culo, analizamos este caso a la luz de importantes desarrollos tanto nacionales como locales. El caso sucede siete a&ntilde;os despu&eacute;s de la transici&oacute;n a la democracia en Argentina, en el contexto de una agud&iacute;sima crisis econ&oacute;mica, y en la coyuntura de importantes transformaciones sociales y culturales tanto en las grandes ciudades como en las provincias. Nuestro argumento es que un caso como este no hubiera tenido las ramificaciones que tuvo si los patrones pol&iacute;ticos y culturales tradicionales hubiesen estado en su lugar. Sin embargo, el nuevo clamor por protecciones ciudadanas lleva a que cobre inter&eacute;s nacional e internacional un caso que podr&iacute;a haber sido relegado a las p&aacute;ginas policiales de un diario provincial. Las peculiaridades de este caso pusieron en el centro del debate pol&iacute;tico temas candentes en la inmediata posdictadura en la Argentina.</font>	</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Comenzaremos el an&aacute;lisis con una discusi&oacute;n de ciertos conceptos te&oacute;ricos como la democratizaci&oacute;n, la ciudadan&iacute;a y movimientos sociales, que servir&aacute;n para entender el fen&oacute;meno. Posteriormente se analizar&aacute;n las estrategias de representaci&oacute;n del movimiento social en Catamarca.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Democratizaci&oacute;n y Estado</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El caso Mar&iacute;a Soledad ha sido analizado ampliamente en el contexto del proceso de redemocratizaci&oacute;n en Argentina.<sup><a href="#nota">4</a></sup> Nuestro argumento es que a pesar de que la democratizaci&oacute;n pol&iacute;tica influy&oacute; en dichos eventos, este caso debe ser le&iacute;do trascendiendo la discusi&oacute;n de la democratizaci&oacute;n. El corpus de la literatura sobre la transici&oacute;n hacia la democracia en Am&eacute;rica Latina ha sido extensa.<sup><a href="#nota">5</a></sup> Desde mediados de la d&eacute;cada de los ochenta del siglo pasado, se ha teorizado la democracia como un ant&iacute;doto al fracaso de las formas pol&iacute;ticas de la d&eacute;cada del setenta, particularmente la brutal represi&oacute;n de los reg&iacute;menes militares. O'Donnell y Schmitter<sup><a href="#nota">6</a></sup> han concebido la democracia como un "juego" en el cual los actores (fuerzas sociales y pol&iacute;ticas) aceptan derrotas si, en el futuro cercano, vislumbran una recompensa. La democracia es la &uacute;nica posibilidad viable cuando la incertidumbre de los resultados pol&iacute;ticos se institucionaliza.<sup><a href="#nota">7</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este paradigma, la democratizaci&oacute;n es concebida como el proceso de la construcci&oacute;n de instituciones capaces de canalizar y articular intereses y demandas. La democracia tambi&eacute;n se entiende como la competencia por el poder y por la rendici&oacute;n de cuentas de los gobiernos. Las democracias se consolidan cuando la amenaza de una vuelta a los reg&iacute;menes dictatoriales se desvanece. Tal definici&oacute;n de democracia contin&uacute;a siendo persuasiva para explicar las transiciones de las dictaduras militares hacia reg&iacute;menes m&aacute;s representativos en Am&eacute;rica Latina. Sin embargo, la institucionalizaci&oacute;n de las democracias de ninguna manera explica el surgimiento exitoso de nuevos movimientos sociales y de lucha por la ciudadan&iacute;a.<sup><a href="#nota">8</a></sup> La democracia podr&aacute; ser la &uacute;nica alternativa pero quiz&aacute; no cumpla las demandas de los actores sociales, quienes, como resultado de las transformaciones sociales y culturales, empiezan a reclamar nuevos derechos. En otras palabras, las d&eacute;biles instituciones de representaci&oacute;n que existen en las nuevas democracias en toda Am&eacute;rica Latina parecen no amenazar la estabilidad de los sistemas pol&iacute;ticos, pero s&iacute; socavan su rango de gobernabilidad. Las democracias pueden estar en el proceso de consolidaci&oacute;n pol&iacute;tica, pero tambi&eacute;n muestran se&ntilde;ales de su incapacidad para responder a demandas sociales b&aacute;sicas como los derechos civiles y econ&oacute;micos. Esto conduce hacia tipos h&iacute;bridos de democracias, como la democracia delegativa de O'Donnell o la democracia tutelar de Touraine.<sup><a href="#nota">9</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una limitaci&oacute;n importante del debate sobre la democratizaci&oacute;n es que no se lo ha encuadrado dentro del debate del Estado. Dado que los polit&oacute;logos han concebido a la democracia b&aacute;sicamente como un r&eacute;gimen, la democracia como sistema realmente nunca se ha entendido o interpretado como tal. Por lo tanto, el surgimiento de retos no institucionalizados hacia la autoridad central es concebido como insurgencia. Sin embargo, ejemplos como el de la movilizaci&oacute;n de Mar&iacute;a Soledad, el surgimiento de la conaie en Ecuador, o las organizaciones vecinales en Brasil no encajan en la categor&iacute;a de insurgencia, a pesar de que representan retos a la efectividad de las democracias. Consecuentemente el debate tradicional de las transiciones debe trascenderse para enfrentar los retos expuestos por los movimientos populares.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La fortaleza del Estado se ha convertido en la clave para analizar los conflictos sociales y sus resoluciones. Pero &iquest;c&oacute;mo se determina dicha fuerza? Proponemos definir <i>fortaleza estatal</i> como <i>un conjunto de instituciones capaces de ofrecer bienes y servicios de acuerdo con la ley.</i> Esta definici&oacute;n operativa establece una relaci&oacute;n directa entre las leyes y su grado de aplicabilidad. A trav&eacute;s del tiempo, el Estado expande su cuerpo legal y consecuentemente debe extender tambi&eacute;n su capacidad de control. Un Estado es considerado fuerte en tanto y en cuanto haga cumplir sus leyes dentro de los mismos l&iacute;mites y procedimientos que las mismas leyes determinan. Todav&iacute;a hoy los Estados est&aacute;n bajo una fuerte presi&oacute;n para proporcionar un amplio rango de bienes y servicios. La clave de su fortaleza es su capacidad de canalizar dichas presiones a trav&eacute;s de legislaci&oacute;n que se pueda instrumentar y dentro de la cual se pueda actuar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ning&uacute;n Estado puede ser totalmente fuerte dado que ning&uacute;n Estado provee todos los bienes y servicios que sus propias leyes prescriben y ning&uacute;n Estado puede aplicar uniformemente sus leyes. Por lo tanto, la fortaleza es una cuesti&oacute;n de grado. M&aacute;s a&uacute;n, al ser las leyes la resoluci&oacute;n parcial de conflictos sociales,<sup><a href="#nota">10</a></sup> cambian a trav&eacute;s del tiempo de acuerdo con las configuraciones sociales y con las relaciones de poder. Sin embargo, los Estados modernos son generalmente concebidos como proveedores de bienes y servicios. &Eacute;stos son los servicios b&aacute;sicos que permiten al Estado pasar el umbral de fortaleza. &Eacute;sta es la fuente de la debilidad de los Estados latinoamericanos.<sup><a href="#nota">11</a></sup> &Eacute;stos no han respetado hist&oacute;ricamente los derechos de los ciudadanos en la regi&oacute;n, y la legalidad ha sido hist&oacute;ricamente violada marginal o consistentemente. La anomia no es un fen&oacute;meno nuevo en Am&eacute;rica Latina. Lo novedoso es la forma que toman las demandas ciudadanas para un mayor cumplimiento de la ley.<sup><a href="#nota">12</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es evidente que las democracias en Am&eacute;rica Latina niegan derechos civiles a amplios sectores de la poblaci&oacute;n. O'Donnell afirma:</font></p>      <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La democracia no es s&oacute;lo un r&eacute;gimen pol&iacute;tico sino tambi&eacute;n una forma muy particular de relaci&oacute;n entre el Estado y los ciudadanos... bajo un tipo de estado de derecho, que adem&aacute;s de la ciudadan&iacute;a pol&iacute;tica sostiene tambi&eacute;n la ciudadan&iacute;a civil y una red de rendici&oacute;n de cuentas.<sup><a href="#nota">13</a></sup></font></p> </blockquote>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Habermas tambi&eacute;n ha enfatizado que el papel que juegan las leyes en las democracias es de fudamental importancia. Los derechos civiles deben ser universales y efectivamente protegidos por la ley para poder ser considerados compatibles con la democracia. La singularidad de la historia de Am&eacute;rica Latina se debe a que la ciudadan&iacute;a pol&iacute;tica fue otorgada antes de que los derechos civiles estuviesen efectivamente protegidos. Este proceso es opuesto al realizado por las naciones europeas, donde los derechos civiles y la protecci&oacute;n de la ley se otorgaron universalmente antes que los derechos pol&iacute;ticos (el derecho al voto y de asamblea).<sup><a href="#nota">14</a></sup> M&aacute;s a&uacute;n, en Argentina, algunos derechos sociales fueron otorgados (particularmente bajo gobiernos populistas) mientras que los derechos civiles eran consistentemente violados, y el estado de derecho estaba seriamente socavado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las protestas alrededor del asesinato de Mar&iacute;a Soledad fueron precisamente un clamor por el estado de derecho, los derechos civiles y la rendici&oacute;n de cuentas, y estaban, en ese sentido, en l&iacute;nea con las protestas inauguradas por las Madres de la Plaza de Mayo.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Movimientos sociales</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El paradigma fundacional de la teor&iacute;a de acci&oacute;n colectiva<sup><a href="#nota">15</a></sup> enfatiza la motivaci&oacute;n orientada a la meta del colectivo. Los agentes sociales o actores colectivos, incluyendo el movimiento popular de Catamarca, act&uacute;an de acuerdo con sus metas. El &eacute;xito de un movimiento est&aacute; determinado por la capacidad de alcanzar estos objetivos. Sin embargo, las metas est&aacute;n delineadas por las expectativas que se agregan en demandas concretas. Lo que activa a los agentes sociales es la articulaci&oacute;n de dichas expectativas y la forma en que modela un nuevo discurso. Los procesos de modernizaci&oacute;n y globalizaci&oacute;n han impulsado transformaciones dram&aacute;ticas en las expectativas de las personas. En otras palabras, las transformaciones culturales introducidas por la modernizaci&oacute;n y globalizaci&oacute;n han activado una revoluci&oacute;n de expectativas. Se esperaba que el Estado fuera capaz de proveer lo que ha fracasado en otorgar a trav&eacute;s del tiempo: derechos civiles y sociales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los Estados en Am&eacute;rica Latina son muy d&eacute;biles. Debido a que los cambios en las expectativas tienden a aumentar la presi&oacute;n hacia un mayor conjunto de derechos, y que los Estados son incapaces de proveerlos, existe un campo f&eacute;rtil para el surgimiento de acciones colectivas que apuntan su movilizaci&oacute;n hacia metas concretas m&aacute;s que a importantes transformaciones como son las revoluciones sociales. Los movimientos sociales en Am&eacute;rica Latina son generalmente reacciones de subalternos ante derechos incumplidos. Su lucha representa la contraparte de la debilidad del estado y la ciudadan&iacute;a efectiva.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, el concepto de derechos debe de ser entendido m&aacute;s all&aacute; de la cl&aacute;sica formulaci&oacute;n sociol&oacute;gica.<sup><a href="#nota">16</a></sup> En este enfoque, los derechos son iniciativas del Estado para incluir nuevos grupos sociales en el orden pol&iacute;tico. Esta explicaci&oacute;n de arriba hacia abajo desestima el campo f&eacute;rtil de los grupos subalternos y los procesos sociales que construyen una dimensi&oacute;n diferente de la ciudadan&iacute;a. Los derechos no son &uacute;nicamente un atributo natural otorgado por el Estado, sino una demanda por espacios y reconocimiento de los propios individuos.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En <i>Consumidores y ciudadanos,</i> N&eacute;stor Garc&iacute;a Canclini se&ntilde;ala que la ciudadan&iacute;a no es &uacute;nicamente un concepto jur&iacute;dico de derechos sustantivos. M&aacute;s que valores abstractos, los derechos deben ser concebidos como un proceso de construcci&oacute;n que cambia en funci&oacute;n de las pr&aacute;cticas y los discursos. Por lo tanto, la ciudadan&iacute;a y los derechos no se refieren &uacute;nicamente a la estructura formal de la sociedad sino tambi&eacute;n a la lucha de otros individuos que tienen "intereses v&aacute;lidos, valores pertinentes y demandas leg&iacute;timas". Por lo tanto, "se concibe a los derechos como expresi&oacute;n de un orden estatal y como una gram&aacute;tica civil".<sup><a href="#nota">17</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, los movimientos sociales como el generado por el caso de Mar&iacute;a Soledad no son ni prodemocr&aacute;ticos ni antidemocr&aacute;ticos, sino claramente proderechos. Promueven indirectamente la democracia en su reclamo en favor de la ciudadan&iacute;a y a largo plazo se oponen a todo r&eacute;gimen dictatorial. Es precisamente la movilizaci&oacute;n de la sociedad civil lo que establece una nueva agenda y, como casi cualquier movimiento social, toma a todo el mundo por sorpresa, precisamente porque enfrenta a los patrones tradicionales de control social. La movilizaci&oacute;n en Catamarca surgi&oacute; como un alto en la tendencia continua del clientelismo pol&iacute;tico, el conservadurismo social, y la pauperizaci&oacute;n ejemplificando la discontinuidad del legado anterior. La democracia y la modernizaci&oacute;n impulsaron nuevas expectativas que enfrentaron los patrones tradicionales de control. Se desarroll&oacute; una nueva crisis dado que el Estado era incapaz de enfrentar las nuevas demandas de la sociedad civil.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Nuevos actores y motivos</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las movilizaciones masivas, la protesta social y la lucha armada marcaron la historia de Argentina. Muchos de estos movimientos han moldeado las instituciones pol&iacute;ticas y sociales del pa&iacute;s. La larga tradici&oacute;n de protesta social encuentra un elemento de continuidad en los eventos de Catamarca; sin embargo, estos eventos tambi&eacute;n estuvieron marcados por un cambio en las movilizaciones de masas tradicionales. Las demandas por un estado de derecho efectivo y por la rendici&oacute;n de cuentas se volvieron nuevas modalidades de participaci&oacute;n p&uacute;blica.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las Marchas del Silencio no hubieran podido suceder en la Argentina anterior a 1976. A diferencia de los movimientos revolucionarios de los a&ntilde;os sesenta y de inicios de los setenta, las marchas del silencio fueron producto del surgimiento de nuevos actores sociales que reclaman derechos civiles espec&iacute;ficos sin buscar un cambio social radical. Los manifestantes de Catamarca son herederos de las organizaciones de derechos humanos como las Madres de la Plaza de Mayo y son producto de una sociedad donde las ideas sobre pol&iacute;tica, leyes y acci&oacute;n p&uacute;blica han cambiado radicalmente. La brutalidad y la sofisticaci&oacute;n que desplegaron los militares en contra de ciudadanos para mantener el poder desde 1976 hasta diciembre de 1983 requirieron nuevas estrategias para la resistencia. Las Madres de la Plaza de Mayo inauguraron una nueva forma de hacer pol&iacute;tica. Pelearon en contra de la fuerza y las armas de los militares con su propia presencia, desafiando la prohibici&oacute;n de manifestaciones p&uacute;blicas. Sus caminatas alrededor de la Plaza de Mayo cada jueves simbolizaron un nuevo tipo de resistencia anclada con los papeles tradicionales de las mujeres &#45;maternidad y autosacrificio&#45; pero socavando caracter&iacute;sticas esenciales de aquellos papeles tales como lo privado, la sumisi&oacute;n y la pasividad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las Madres pelearon con sus propios cuerpos que ofrecieron como evidencia de la existencia de los hijos e hijas que el r&eacute;gimen hab&iacute;a "desaparecido". Ellas hab&iacute;an parido a esos hijos, y ahora, en su ausencia, ten&iacute;an que hablar por ellos y renacerlos nuevamente tanto en palabras como en ideas. Para incorporar la presencia de sus hijos en la vida del pa&iacute;s, las Madres usan estrategias con las que buscan incorporar el cuerpo de los desaparecidos al paisaje del pa&iacute;s. En distintas manifestaciones, las mujeres han utilizado siluetas de papel, m&aacute;scaras, manos de papel y figuras humanas dibujadas en el pavimento para ayudar a que el p&uacute;blico perciba f&iacute;sicamente la ausencia de sus hijos.<sup><a href="#nota">18</a></sup></font>	</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La insistencia en el cuerpo humano no sorprende en un pa&iacute;s donde el cuerpo se ha convertido en sitio de opresi&oacute;n. Lo que hicieron las Madres fue transformar sus propios cuerpos, su propia presencia p&uacute;blica en un homenaje a sus hijos. Ellas respond&iacute;an a un sistema que hab&iacute;a invadido su vida privada y en respuesta socializaron su dolor y transformaron en suyas las calles y la Plaza de Mayo en el coraz&oacute;n de la vida pol&iacute;tica y econ&oacute;mica del pa&iacute;s. El ejemplo pol&iacute;tico ofrecido por las Madres de la Plaza de Mayo, as&iacute; como otras organizaciones de derechos humanos, tales como las Abuelas de la Plaza de Mayo, sirvieron para modelar nuevas formas de resistencia y tambi&eacute;n para informar al p&uacute;blico sobre distintas formas de entender la opresi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando el cuerpo de Mar&iacute;a Soledad Morales apareci&oacute; en Catamarca, la gente us&oacute; el modelo de las Madres en dos formas: 1) mediante la informaci&oacute;n diseminada por las organizaciones de derechos humanos se pudo interpretar la muerte de Mar&iacute;a Soledad como un acontecimiento pol&iacute;tico, y a trav&eacute;s de la educaci&oacute;n sobre la naturaleza de las violaciones de los derechos humanos se pudo interpretar la violaci&oacute;n y la mutilaci&oacute;n no como tragedias individuales sino modos en que los poderosos ejerc&iacute;an el control; 2) las marchas del silencio fueron inspiradas por las marchas pac&iacute;ficas y silenciosas de las Madres de Plaza de Mayo. Las Madres tambi&eacute;n fungieron como modelos de luto p&uacute;blico y de socializaci&oacute;n y politizaci&oacute;n del dolor.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El silencio</i></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las Marchas del Silencio fueron la articulaci&oacute;n de la resistencia en contra de un sistema econ&oacute;mico y pol&iacute;tico. Criticaban al gobierno por su nepotismo, su corrupci&oacute;n, y su impunidad, y cambiaron los patrones tradicionales de la movilizaci&oacute;n social. En lugar de las cl&aacute;sicas reuniones organizadas por partidos pol&iacute;ticos o por sindicatos dominadas por performances p&uacute;blicas de masculinidad, las Marchas del Silencio se parec&iacute;an notablemente a las acciones colectivas que las Madres de la Plaza de Mayo hab&iacute;an iniciado 13 a&ntilde;os antes en la ciudad de Buenos Aires. En Catamarca, los manifestantes comenzaron a realizar caminatas pac&iacute;ficas alrededor de la plaza central de la ciudad de Catamarca cada jueves demandando justicia y rendici&oacute;n de cuentas. Estas acciones colectivas introdujeron una nueva forma de protesta en esta ciudad perif&eacute;rica. En una sociedad tradicional con sistemas de dominaci&oacute;n cuasifeudal, estas acciones colectivas desafiaban la legitimidad de las instituciones p&uacute;blicas. Las marchas de base inclu&iacute;an ciudadanos de clases medias y trabajadoras apoyados por l&iacute;deres carism&aacute;ticos cat&oacute;licos que denunciaban la corrupci&oacute;n de la familia Saadi y de la jerarqu&iacute;a pol&iacute;tica. Las marchas persegu&iacute;an la instalaci&oacute;n de nuevos patrones de control pol&iacute;tico basado en un sistema abierto, con protecci&oacute;n de los derechos civiles y del estado de derecho.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera marcha fue organizada por un grupo de compa&ntilde;eras de Mar&iacute;a Soledad pocos d&iacute;as despu&eacute;s de su muerte. Martha Pelloni se convirti&oacute; en la mentora de las j&oacute;venes organizadoras y recibi&oacute; informaci&oacute;n relevante de testigos que no quer&iacute;an acudir directamente a las autoridades por miedo a las represalias. Las primeras tres marchas contaron con un promedio de 7 000 asistentes. En una ciudad de 122 000 habitantes donde la mayor&iacute;a de &eacute;stos son econ&oacute;micamente dependientes del gobierno de la provincia, es una cifra sorprendente. Pero a medida en que el encubrimiento se hizo evidente, las marchas llegaron a atraer hasta 30 000 manifestantes. Durante el primer a&ntilde;o despu&eacute;s del homicidio, m&aacute;s de 50 marchas se llevaron a cabo. La protesta p&uacute;blica puso en entredicho la credibilidad de todo el sistema judicial que no prove&iacute;a una versi&oacute;n convincente de los hechos. Las demandas que las marchas abanderaban inclu&iacute;an no s&oacute;lo la sustituci&oacute;n del sistema nepotista que gobernaba la provincia sino tambi&eacute;n la puesta en escena de nuevos criterios para la vida p&uacute;blica. Los cl&aacute;sicos lugares de representaci&oacute;n se volvieron obsoletos dado que la ciudadan&iacute;a se hab&iacute;a instalado en el centro del escenario.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las marchas fueron, sobre todo, esfuerzos de mujeres. Las mujeres, algunas de ellas de s&oacute;lo diecisiete y dieciocho a&ntilde;os de edad, las organizaban. Una monja las conduc&iacute;a, y se dramatizaban los tipos de virtudes asociadas a las mujeres: silencio, moderaci&oacute;n, pasividad. Se exhib&iacute;an cuerpos femeninos de adolescentes en uniformes escolares grises con cruces de oro en el pecho. En estas marchas, Mar&iacute;a Soledad se representaba como una m&aacute;s de estas estudiantes de uniforme gris, con su pelo oscuro recogido en una cola de caballo. Esta figura era opuesta y yuxtapuesta a la imagen de ella como prostituta que tanto Luque como Tula hab&iacute;an tratado de establecer insatisfactoriamente. No es una coincidencia, entonces, que Martha Pelloni siempre se refiriera a ella como <i>la nena</i> y que sus compa&ntilde;eras insistieran en utilizar el sobrenombre "Sole" cuando hablaban con periodistas. De las marchas, la figura de Mar&iacute;a Soledad surgi&oacute; como la de una adolescente, que deb&iacute;a haber sido protegida por la ley en vida y que deb&iacute;a ser tratada con respeto despu&eacute;s de su muerte.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Estrategias de resistencia</i></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los movimientos sociales deben ser concebidos como procesos sociales m&aacute;s que como grupos particulares de personas que buscan metas espec&iacute;ficas. Los movimientos sociales se definen ya sea por la identidad de sus miembros (teor&iacute;a de los nuevos movimientos sociales) o por las capacidades de organizar acciones colectivas (teor&iacute;a de movilizaci&oacute;n de recursos). En el enfoque del nuevo movimiento social el elemento decisivo de acci&oacute;n colectiva es el interrogante de qui&eacute;n moviliza, mientras que la pregunta cr&iacute;tica que distingue los movimientos sociales en el enfoque de movilizaci&oacute;n de recursos es c&oacute;mo la acci&oacute;n colectiva se desarrolla y se transforma en dichos movimientos.<sup><a href="#nota">19</a></sup> En esencia, el debate actual sobre la formaci&oacute;n de protesta social y movimientos populares manifiesta la necesidad de integrar estos dos enfoques. Tanto las estrategias de recursos y de organizaci&oacute;n y las capacidades para movilizar, como la construcci&oacute;n de una identidad a trav&eacute;s del sentido de comunidad generados por estas acciones colectivas, son fundamentales para que los nuevos actores sociales enfrenten con &eacute;xito los mecanismos de control social.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el nuevo movimiento social de Catamarca, ambos elementos pueden ser localizados. Sin el liderazgo de Martha Pelloni, el apoyo de una instituci&oacute;n decisiva como la Iglesia cat&oacute;lica, y la red de estudiantes, hubiese sido virtualmente imposible concebir las marchas. Pero hab&iacute;a una fuente igualmente importante para la protesta. Los ciudadanos de Catamarca desafiaron su papel como "sujetos" del gobierno nepotista. Ellos construyeron la colectividad de verdaderos ciudadanos, una nueva noci&oacute;n de "nosotros". La protecci&oacute;n de derechos era su pancarta, pero su principio unificador fue la construcci&oacute;n de su nueva identidad colectiva. En esencia, era el rito de iniciaci&oacute;n hacia la ciudadan&iacute;a.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dos grupos significativos fueron fundamentales en la movilizaci&oacute;n: mujeres y estudiantes. Como fue el caso con las Madres de la Plaza de Mayo, la movilizaci&oacute;n de mujeres en Catamarca se inici&oacute; del modelo de participaci&oacute;n en la esfera p&uacute;blica donde el g&eacute;nero era neutral. En su papel de hijas, esposas y madres que adquirieron legitimaci&oacute;n en el reclamo de los derechos de protecci&oacute;n para sus hijos. Dado que la Iglesia no pod&iacute;a aislar a los ni&ntilde;os de esos peligros (despu&eacute;s de todo, Mar&iacute;a Soledad era una estudiante de una escuela cat&oacute;lica), hab&iacute;a un inter&eacute;s para entrar en el espacio p&uacute;blico desde el papel tradicional de protector familiar, realzando el reclamo de los derechos civiles b&aacute;sicos. En este proceso se cre&oacute; entre las mujeres una nueva solidaridad.<sup><a href="#nota">20</a></sup> Las mujeres ten&iacute;an el derecho de enfrentar patrones de abuso y reclamar nuevos espacios. Sus identidades como hijas, esposas, maestras y madres les permitieron participar en un nuevo movimiento. Su participaci&oacute;n, a la vez, reafirm&oacute; dichas identidades y les dio una nueva voz. La chinita sexualmente disponible, pobre y de piel oscura, era un s&iacute;mbolo que no pertenec&iacute;a en la nueva era de derechos equitativos. Estudiantes del Colegio del Carmen y San Jos&eacute;, as&iacute; como de otras escuelas tanto cat&oacute;licas como estatales, tambi&eacute;n desempe&ntilde;aron un papel decisivo en la movilizaci&oacute;n. Las estudiantes proporcionaron la legi&oacute;n inicial de participantes. M&aacute;s a&uacute;n, las marchas part&iacute;an desde la escuela, generando un compromiso mayor entre pares. El papel central de las estudiantes facilit&oacute; la acci&oacute;n colectiva y otorg&oacute; mayor fuerza al movimiento social. Desde una perspectiva material y estrat&eacute;gica, la movilizaci&oacute;n estudiantil fue un recurso de liderazgo muy valioso.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los estudiantes que participaron en el movimiento ejemplificaban los cambios radicales que hab&iacute;an ocurrido en Catamarca. Como una ciudad perif&eacute;rica, estaba altamente influenciada por tendencias culturales que emanaban de Buenos Aires. S&oacute;lo un par de a&ntilde;os antes del asesinato de Mar&iacute;a Soledad, &uacute;nicamente exist&iacute;a un &uacute;nico canal de la televisi&oacute;n local. Pero para mediados de los ochenta los canales de televisi&oacute;n se hab&iacute;an multiplicado, el n&uacute;mero de tiendas de video hab&iacute;a crecido y la cultura de consumo hab&iacute;a permeado los patrones tradicionales. Los j&oacute;venes catamarque&ntilde;os, expuestos a productos culturales y normas sociales de Buenos Aires, entraron en contacto con avances tecnol&oacute;gicos que les permitieron incluirse en la recientemente democratizada comunidad imaginada del pa&iacute;s.<sup><a href="#nota">21</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, estas transformaciones se enfrentaban con una realidad social que no permit&iacute;a materializar expectativas de mayor acceso a productos. La estructura ocupacional de la provincia y su deprimida econom&iacute;a no presentaban un futuro prometedor para las nuevas generaciones. Catamarca no tiene universidad, y la migraci&oacute;n a las grandes ciudades parec&iacute;a ser la mejor alternativa para aquellos que pod&iacute;an pagarlo. No obstante, Catamarca se manten&iacute;a como el lugar donde todo parec&iacute;a funcionar en oposici&oacute;n al proceso nacional. No ten&iacute;a una econom&iacute;a din&aacute;mica, no exist&iacute;an atracciones culturales, y funcionaba de acuerdo con modelos anticuados de moral sexual.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El &eacute;xito de los hijos de las familias acomodadas y privilegiadas en Catamarca pasaba por vivir la mitad de su tiempo en Buenos Aires y despu&eacute;s repetir los patrones t&iacute;picos de consumo de las ciudades grandes en sus visitas a Catamarca. El consumo de drogas penetr&oacute; algunos de esos c&iacute;rculos. Catamarca se volvi&oacute; una regi&oacute;n importante de narcotr&aacute;fico y producci&oacute;n, algunos de sus polic&iacute;as y figuras pol&iacute;ticas estaban involucradas en el narcotr&aacute;fico. Para una nueva generaci&oacute;n de adolescentes en Catamarca, los efectos de nuevos patrones de consumo y expectativas, junto con la falta de oportunidades, generaron nuevos espacios para la protesta popular. Los j&oacute;venes reaccionaron inmediatamente cuando supieron que el novio de Mar&iacute;a Soledad no era directamente responsable del asesinato, y que ella hab&iacute;a muerto en una fiesta donde hab&iacute;an asistido los hijos de figuras p&uacute;blicas pudientes y acomodadas. La movilizaci&oacute;n tuvo difusi&oacute;n en los niveles local y nacional y logr&oacute; acabar con la hegemon&iacute;a de la familia Saadi en la provincia y el encarcelamiento de culpables de familias poderosas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las repercusiones impactaron tambi&eacute;n el <i>statu quo</i> pol&iacute;tico y en la Iglesia, y simb&oacute;licamente presagiaron procesos nacionales. La impunidad e ineficiencia judicial actual en Argentina, as&iacute; como el futuro incierto para una vasta generaci&oacute;n de j&oacute;venes desempleados, se encuentran incrustados actualmente en la agenda nacional. En el largo plazo, &eacute;stos pueden representar estallidos potenciales de disturbios sociales. En el centro del escenario se encuentra la d&eacute;bil administraci&oacute;n de los derechos civiles, sociales y econ&oacute;micos. Esto puede explicar el alt&iacute;simo <i>rating</i> del juicio televisado casi seis a&ntilde;os despu&eacute;s del asesinato. El caso de Mar&iacute;a Soledad ejemplifica un punto de inflexi&oacute;n decisivo en la democracia argentina. El homicidio de Mar&iacute;a Soledad expuso la debilidad de una sociedad en transformaci&oacute;n, debilidad que el capitalismo de mercado abierto y las elecciones regulares han sido incapaces de resolver.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La muerte de Mar&iacute;a Soledad</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el art&iacute;culo "Chandra's Death", Ranajit Guha analiza un texto legal bengal&iacute; del siglo XIII que analiza una serie de declaraciones jur&iacute;dicas realizadas en relaci&oacute;n con la muerte causada por el aborto de una mujer llamada Chandra. Leyendo el documento a contrapelo, Guha reconstruye un argumento convincente de c&oacute;mo la moral patriarcal sirvi&oacute; para forzar a Chandra a someterse a un aborto peligroso y c&oacute;mo esa misma moral reescribe luego como criminal el esfuerzo de mujeres en su familia para proveer a Chandra de hierbas abortivas, acompa&ntilde;arla durante el aborto, su dolorosa convalecencia y finalmente su muerte. Al proveer este an&aacute;lisis, Guha mismo est&aacute; recuperando como historia cada detalle de la vida diaria que no llega hasta los libros de historia pero que s&iacute; documenta la historia de los subalternos:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Porque cuando una v&iacute;ctima comienza a percibirse como objeto de la injusticia, est&aacute; poni&eacute;ndose en el rol de cr&iacute;tica del sistema que la victimiza. Y cualquier acci&oacute;n que comienza en esa cr&iacute;tica contiene los elementos de una pr&aacute;ctica de resistencia.<sup><a href="#nota">22</a></sup></font></p> </blockquote>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La paradoja intr&iacute;nseca en la notoriedad de Mar&iacute;a Soledad &#45;ella quer&iacute;a ser una modelo rica y famosa, y adquiri&oacute; la fama despu&eacute;s de un asesinato brutal&#45; es el germen mismo de la pr&aacute;ctica de la resistencia que sigui&oacute; despu&eacute;s de su muerte. Esta pr&aacute;ctica articul&oacute; una cr&iacute;tica de los modelos de desarrollo desigual que hemos asociado con el capitalismo global y la posmodernidad. La difusi&oacute;n del diario &iacute;ntimo de Mar&iacute;a Soledad presentaba a una adolescente preocupada por la belleza y el &eacute;xito financiero. Sus ejemplos a seguir eran las modelos de Buenos Aires a quienes ella ve&iacute;a en la televisi&oacute;n, no la monja tenaz que dirigi&oacute; la lucha para aclarar su asesinato, o su madre criando siete hijos en una situaci&oacute;n de carencia. Mar&iacute;a Soledad se volvi&oacute; una m&aacute;rtir no porque fuera virgen, o porque fuera una adolescente excepcional, sino porque su homicidio simbolizaba un tipo de violencia e impunidad que las Madres de la Plaza de Mayo hab&iacute;an ense&ntilde;ado a la Argentina a reconocer. Y en su cr&iacute;tica sobre la &eacute;lite pol&iacute;tica, los manifestantes tambi&eacute;n peleaban contra la pobreza, la corrupci&oacute;n pol&iacute;tica, el narcotr&aacute;fico y contra esa brecha cada vez mayor entre ricos y pobres.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cad&aacute;ver de Mar&iacute;a Soledad fue arrojado a una zanja al costado de una ruta muy transitada entre Catamarca y el peque&ntilde;o pueblo en el valle donde Mar&iacute;a Soledad y su novio Luis Tula viv&iacute;an. Dejar as&iacute; el cuerpo ten&iacute;a como prop&oacute;sito que lo encontraran y de esta manera contar la historia que proteger&iacute;a a aquellos que lo hab&iacute;an ubicado all&iacute;. La desfiguraci&oacute;n del cuerpo, la excesiva cantidad de coca&iacute;na que conten&iacute;a, y la brutalidad que exhib&iacute;a parec&iacute;an sugerir ritos sat&aacute;nicos o bien un ajuste de cuentas entre narcotraficantes.<sup><a href="#nota">23</a></sup> Como el homicidio es un delito poco com&uacute;n en Catamarca, la polic&iacute;a no est&aacute; entrenada para trabajar sobre el lugar del delito. Los asesinos estaban suficientemente cerca del sistema legal para pensar que eran impunes. A trav&eacute;s de diferentes estrategias de comunicaci&oacute;n con los medios buscaron culpar a la v&iacute;ctima apoy&aacute;ndose en un discurso de g&eacute;nero donde una mujer desnuda siempre levanta sospechas. O por lo menos eso pensaron.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los ampl&iacute;simos p&uacute;blicos del sinf&iacute;n de programas norteamericanos sobre investigaci&oacute;n de homicidios como <i>Law and Order</i> y <i>CSI</i> est&aacute;n familiarizados con el concepto del cad&aacute;ver como texto. Un cuerpo es encontrado, y dentro de unas horas cuenta una historia que ayuda a los investigadores a descifrar los detalles de la muerte: los dientes, los huesos y la carne humana son las piezas de una historia como rompecabezas que los especialistas interpretan y codifican en un texto narrativo que intenta reconstruir la identidad de la v&iacute;ctima y tambi&eacute;n la del homicida. Esta narrativa se transforma en un documento legal que puede ser utilizado en la corte.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Revisemos los distintos pasos. Un cuerpo es encontrado, la prensa lo reporta, los forenses lo leen, y el sistema judicial utiliza la narrativa de hechos como texto para declarar culpabilidad e inocencia. Cada paso de este proceso est&aacute; marcado por la credibilidad de los profesionales involucrados: reporteros, forenses, abogados, jueces. En Catamarca, la sospecha y la desconfianza marcaron cada paso del proceso. La narrativa que el cad&aacute;ver de Mar&iacute;a Soledad produc&iacute;a para el sistema legal no era digna de la confianza para los catamarque&ntilde;os, quienes finalmente se resistieron a esta narrativa de los hechos y crearon una narrativa de resistencia.<sup><a href="#nota">24</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando se empez&oacute; a cuestionar al c&iacute;rculo que asist&iacute;a a las fiestas en la casa de Guillermo Luque, ellos volvieron su dedo acusatorio sobre Mar&iacute;a Soledad. Esperaban que sus testimonios sobre la promiscuidad de Mar&iacute;a Soledad probaran que hab&iacute;a sido la art&iacute;fice de su propia muerte y de su propia tragedia por sus fallas morales. La &eacute;lite provincial sent&iacute;a que Mar&iacute;a Soledad era desechable dado que era mujer, porque era pobre y porque era de piel oscura. Los catamarque&ntilde;os que asist&iacute;an a las marchas sent&iacute;an que ella ten&iacute;a derecho a ser protegida, y que el fracaso del gobierno provincial en la provisi&oacute;n de protecci&oacute;n y castigo los volv&iacute;a incompetentes para gobernar. En ning&uacute;n otro lugar se hac&iacute;a tan evidente la diferencia en la apreciaci&oacute;n de lo ocurrido como en la forma en que ambos grupos hablaban sobre Mar&iacute;a Soledad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los c&iacute;rculos del gobierno siempre describ&iacute;an a Mar&iacute;a Soledad en t&eacute;rminos sexuales. En el mejor de los casos era presentada como una adolescente sobresexualizada, sin ning&uacute;n tipo de supervisi&oacute;n paterna. En el peor de los escenarios ella era descrita como una mujerzuela cuyo cad&aacute;ver desped&iacute;a mal olor. Luis Tula, en su declaraci&oacute;n ante el juez, argument&oacute; que &eacute;l se neg&oacute; a que ella se subiera a su autom&oacute;vil la noche de su desaparici&oacute;n debido a que "ol&iacute;a a pescado". Esta referencia al olor vaginal de una mujer utilizada en c&iacute;rculos machistas suele sugerir que una mujer es promiscua y/o sucia &#45;frecuentemente ambas cosas&#45;.<sup><a href="#nota">25</a></sup> Esta escena del autom&oacute;vil fue repetida <i>ad nauseam</i> en el juicio y en las c&aacute;maras de televisi&oacute;n. La escena, en reiteradas presentaciones, aparece siempre de la misma manera: Mar&iacute;a Soledad se acerca al autom&oacute;vil de Tula y habla con &eacute;l a trav&eacute;s de la ventana pero no se sube al autom&oacute;vil. &Eacute;l se horroriza por el olor que emana y parte. Sin tener en cuenta la veracidad de la descripci&oacute;n, la narrativa en s&iacute; misma tiene el tufo del peor estilo de sexismo. En la historia occidental, el cuerpo femenino se ha visto como un depositario de horror y monstruosidad. La descripci&oacute;n sexual de la misma Mar&iacute;a Soledad apunta a lo que est&aacute; ausente de todas las narraciones que la llevan hacia un tr&aacute;gico final: no hay ning&uacute;n tipo de ternura en ninguna de las descripciones de la adolescente dada por el hombre que tuvo relaciones sexuales consensuales con ella y de los hombres que la violaron. Para oponerse de esta monstruosa imagen, las marchas multiplicaron a Mar&iacute;a Soledad en cientos de adolescentes en uniformes escolares de color gris, cuya mera presencia en las calles de la ciudad de Catamarca reforzaba la ausencia de Mar&iacute;a Soledad.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1996 m&aacute;s de 300 000 personas marcharon en B&eacute;lgica en desaf&iacute;o al Estado. Dos hermanas j&oacute;venes hab&iacute;an sido encontradas muertas de hambre en un s&oacute;tano despu&eacute;s de que la polic&iacute;a y otras agencias gubernamentales hab&iacute;an fracasado en localizarlas a pesar de que ten&iacute;an informaci&oacute;n concreta que los hubiera llevado hacia el asesino. Como en el caso de Mar&iacute;a Soledad, pero en circunstancias completamente distintas, un tipo particular de indignaci&oacute;n moviliz&oacute; a la gente: el fracaso del Estado de cumplir con sus obligaciones.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el capitalismo posindustrial y de mercado abierto, la expectativa de protecci&oacute;n y de justicia, en general, no ha desaparecido (Friedman). Habermas y Offe insisten en que la dificultad en reconciliar democracia de masas con capitalismo crea una "crisis de ingobernabilidad". Formas tradicionales de representaci&oacute;n pol&iacute;tica (partidos pol&iacute;ticos, sindicatos y otras representaciones corporativas) parecen incapaces de canalizar las nuevas demandas de la ciudadan&iacute;a. A pesar de que las nuevas formas de capitalismo salvaje globalizado han disminuido las expectativas de los ciudadanos de un Estado econ&oacute;micamente condescendiente, las manifestaciones tambi&eacute;n sugieren que las expectativas de los ciudadanos en torno a la protecci&oacute;n de los derechos civiles en pa&iacute;ses recientemente democratizados se han incrementado. Dado que los canales tradicionales de representaci&oacute;n no responden generalmente a estas nuevas demandas, dos escenarios alternativos son posibles: un "abandono" de parte del Estado &#45;esto es, la atomizaci&oacute;n de grupos subalternos que dejan la lucha en la b&uacute;squeda de beneficios y de participaci&oacute;n en la vida nacional; tal es el caso del levantamiento en Chiapas&#45; o el surgimiento de movimientos sociales que buscan un Estado que responda y sea capaz de proveer los derechos b&aacute;sicos. &Eacute;ste es el caso de las Marchas del Silencio. &Eacute;stas presagiaron una b&uacute;squeda nacional de un sistema judicial responsivo, es decir, que garantice el fin de privilegios especiales, y que d&eacute; cauce a las demandas por un Estado que sea capaz tanto de proteger a sus ciudadanos como de hacer cumplir la ley en t&eacute;rminos equitativos.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La &eacute;lite pol&iacute;tica de Catamarca se enfrent&oacute; a nuevas formas de entendimiento del papel de la mujer en el pa&iacute;s y especialmente del papel de la mujer joven y pobre. &Eacute;sta esperaba poder construir una imagen de Mar&iacute;a Soledad como v&iacute;ctima de sus propias decisiones. En cambio, Catamarca la visualiz&oacute; como una v&iacute;ctima de un sistema corrupto y compar&oacute; su muerte con la de Jesucristo en la cruz. Desde entonces, otros casos de homicidios donde se involucran mujeres j&oacute;venes en Argentina han producido respuestas colectivas entre los ciudadanos que han aprendido a "leer entre l&iacute;neas" las versiones oficiales de los hechos y a desafiar a las mismas instituciones que presuntamente los protegen.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un par de d&iacute;as antes de que los militares derrocaran al gobierno constitucionalmente electo de la presidenta Isabel Mart&iacute;nez de Per&oacute;n en marzo de 1976, las fuerzas armadas publicaron un anuncio en los principales peri&oacute;dicos del pa&iacute;s. En &eacute;l, un soldado joven de ojos azules ve&iacute;a directamente hacia los ojos del lector. Arriba de la fotograf&iacute;a se le&iacute;an las palabras: "Est&aacute;s velando por nosotros". El significado del verbo <i>velar</i> resume la misma contradicci&oacute;n del papel de las instituciones en Argentina: <i>velar por</i> significa proteger, estar despierto y alerta mientras alguien m&aacute;s duerme; por lo tanto, el soldado est&aacute; protegiendo. Sin embargo, <i>velar</i> tambi&eacute;n tiene otro significado: <i>velar a</i> significa llorar la muerte de alguien, estar despierto toda la noche anterior al entierro de un muerto. Tomando el segundo significado, <i>velar</i> el anuncio ocultaba la rampante represi&oacute;n que segu&iacute;a: el soldado estaba inaugurando el duelo, sugiriendo la muy extendida destrucci&oacute;n que segu&iacute;a. El movimiento que creci&oacute; alrededor del caso de Mar&iacute;a Soledad ejemplifica la crisis de credibilidad de las instituciones en Argentina, instituciones que buscan proteger pero que acaban oprimiendo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la formaci&oacute;n del movimiento social de Catamarca, se delinearon nuevas identidades, las antiguas se reforzaron, y se establecieron nuevos patrones de organizaci&oacute;n social. Las protestas populares en Catamarca trascendieron los tr&aacute;gicos eventos de una v&iacute;ctima y el esc&aacute;ndalo pol&iacute;tico que le sigui&oacute;. Fue un paso crucial en la construcci&oacute;n simb&oacute;lica de la ciudadan&iacute;a, que puso a prueba los l&iacute;mites de la gobernabilidad.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>REFERENCIAS</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bouvard, Marguerite Guzm&aacute;n, 1994. <i>Revolutionizing Motherhood: The Mothers of the Plaza de Mayo,</i> Wilmington, Delaware, Scholarly Resources.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=206982&pid=S0185-3082200600020001300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Chambliss, W. J. y R. B. Seidman, 1982. <i>Law, Order and Power,</i> Reading, Massachusetts, Addison&#45;Wesley.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=206984&pid=S0185-3082200600020001300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cotterrell, Roger, 1984. <i>The Sociology of Law: An Introduction,</i> London, Butterworths.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=206986&pid=S0185-3082200600020001300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Diamond, Larry, 1992. "Economic Development and Democracy Reconsidered", <i>The American Behavioral Scientist,</i> 35: 4&#45;5, 450&#45;489.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=206988&pid=S0185-3082200600020001300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Du Bois, Page, 1991. <i>Torture and Truth,</i> New York, Routledge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=206990&pid=S0185-3082200600020001300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Elster, Jon, 1989. <i>The Cement of Society: A Study of Social Order,</i> Cambridge, Cambridge university Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=206992&pid=S0185-3082200600020001300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Escobar, Arturo y Sonia &Aacute;lvarez, eds., 1992. <i>The Making of Social Movements in Latin America: Identity, Strategy, and Democracy,</i> Boulder, Colorado, Westview.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=206994&pid=S0185-3082200600020001300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Filc, Judith, 1997. <i>Entre el parentesco y la pol&iacute;tica: familia y dictadura, 1976&#45;1983,</i> Buenos Aires, Biblos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=206996&pid=S0185-3082200600020001300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Foweraker, Joe, 1995. <i>Theorizing Social Movements,</i> London, Pluto.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=206998&pid=S0185-3082200600020001300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Franco, Jean, 1985. "Killing Nuns, Priests, Women and Children", en <i>On Signs,</i> ed. Marshall Blonsky, Baltimore, Maryland, Johns Hopkins university Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=207000&pid=S0185-3082200600020001300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font>	</p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Friedman, L., 1985. <i>Total Justice.</i> Boston: Russell Sage.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=207002&pid=S0185-3082200600020001300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Garc&iacute;a Canclini, N&eacute;stor, 1995. <i>Consumidores y ciudadanos: Conflictos multiculturales de la globalizaci&oacute;n,</i> M&eacute;xico, Grijalbo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=207004&pid=S0185-3082200600020001300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Guha, Ranajit, 1988. "Chandra's Death", <i>Subaltern Studies,</i> V, Nueva Delhi, Oxford University Press, 135&#45;165.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=207006&pid=S0185-3082200600020001300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Habermas, J&uuml;rgen, 1996. <i>Between Facts and Norms: Contributions to a Discourse Theory of Law and Democracy,</i> Cambridge, Massachusetts, MIT Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=207008&pid=S0185-3082200600020001300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jel&iacute;n, Elizabeth, 1990. <i>Women and Social Change in Latin America,</i> London, Zed Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=207010&pid=S0185-3082200600020001300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mainwaring, Scott, 1999. "Transitions to Democracy and Democratic Consolidations: Theoretical and Comparative Issues", en <i>Issues in Democratic Consolidation,</i> eds. Mainwaring, O'Donnell y Valenzuela.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=207012&pid=S0185-3082200600020001300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, Guillermo O'Donnell y Samuel Valenzuela, eds., 1999. <i>Issues in Democratic Consolidation,</i> Notre Dame, Indiana, University of Notre Dame Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=207014&pid=S0185-3082200600020001300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Marshall, T. H., 1950. <i>Citizenship and Social Class,</i> Cambridge, Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=207016&pid=S0185-3082200600020001300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Morandini, Norma, 1991. <i>Catamarca,</i> Buenos Aires, Planeta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=207018&pid=S0185-3082200600020001300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">O'Donnell, Guillermo, 1993. "On the State, Democratization, and Some Conceptual Problems: A Latin American View with Some Glances at Post&#45;communist Countries", <i>World Development,</i> 21: 8,1355&#45;1369.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=207020&pid=S0185-3082200600020001300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 1999. "Polyarchies and the (Un) Rule of Law in Latin America: A Partial Conclusion", en <i>The (Un) Rule of Law and the Unprivileged in Latin America,</i> ed. Juan E. M&eacute;ndez, Guillermo O'Donnell, y Paulo S&eacute;rgio Pinheiro, Notre Dame, Indiana, University of Notre Dame Press, 303&#45;339.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=207022&pid=S0185-3082200600020001300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; y Philippe Schmitter, 1986. "Tentative Conclusions about Uncertain Democracies", <i>Transitions from Authoritarian Rule: Prospects for Democracies,</i> 4, Baltimore, Maryland, Johns Hopkins University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=207024&pid=S0185-3082200600020001300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Offe, Claus, 1987. <i>Contradictions of the Welfare State,</i> Cambridge, Massachusetts, MIT Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=207026&pid=S0185-3082200600020001300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Olson, Mancur, 1965. <i>The Logic of Collective Action,</i> Cambridge, Massachusetts, Harvard University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=207028&pid=S0185-3082200600020001300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font>	</p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Przeworski, Adam, 1992. <i>Democracy and the Market: Political and Economic Reforms in Eastern Europe and Latin America,</i> Cambridge, Inglaterra, Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=207030&pid=S0185-3082200600020001300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;. "The Games of Transition", en <i>Issues in Democratic Consolidation,</i> ed. Mainwaring, O'Donnell, y Valenzuela.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=207032&pid=S0185-3082200600020001300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rey, Alejandra y Luis Pazos, 1991. <i>No llores por m&iacute;, Catamarca: La intriga pol&iacute;tica de un crimen,</i> Buenos Aires, Sudamericana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=207034&pid=S0185-3082200600020001300027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Safa, Helen, 1990. "Women's Social Movements in Latin America", <i>Gender and Society</i> 4:3, 354&#45;369.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=207036&pid=S0185-3082200600020001300028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tilly, Charles, 1984. "Social Movements and National Politics", <i>State Building and Social Movements,</i> Ann Arbor, University of Michigan Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=207038&pid=S0185-3082200600020001300029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Touraine, Alain, 1995. <i>&iquest;Qu&eacute; es la democracia?,</i> trad. Horacio Pons, Buenos Aires, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=207040&pid=S0185-3082200600020001300030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wasibrod, Silvio, 1995. <i>El gran desfile: campa&ntilde;as electorales y medios de comunicaci&oacute;n en la Argentina,</i> Buenos Aires, Sudamericana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=207042&pid=S0185-3082200600020001300031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Zicolillo, Jorge, 1991. <i>Los Saadi, historia de un feudo: del 45 a Mar&iacute;a Soledad.</i> Buenos Aires, Legasa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=207044&pid=S0185-3082200600020001300032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Una versi&oacute;n anterior de este trabajo fue publicada en ingl&eacute;s en el <i>Latin American Subaltern Studies Reader,</i> editado por Ileana Rodr&iacute;guez. La traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol fue realizada por los autores.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Los comentarios de Alicia Cubas est&aacute;n incluidos en Rey y Pazos 1991 y en Morandini 1991.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> El presidente Menem utiliz&oacute; la figura "intervenci&oacute;n provincial" que lo autorizaba como presidente a remover a las autoridades provinciales constitucionalmente electas bajo el argumento de preservar el "orden p&uacute;blico". En esencia, Menem, quien se hab&iacute;a visto fuertemente beneficiado por el apoyo de la familia Saadi, tuvo que ceder en esta alianza pol&iacute;tica para hacer frente a las presiones parlamentaria y de la opini&oacute;n p&uacute;blica.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Los art&iacute;culos de peri&oacute;dicos y libros que narran esta historia, relacionan la ca&iacute;da de la hegemon&iacute;a de la familia Saadi en Catamarca con un proceso m&aacute;s amplio de liberaci&oacute;n pol&iacute;tica.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Un buen repaso de esta literatura puede encontrarse en Diamond 1992 y Mainwaring <i>et al.</i> 1999.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> V&eacute;ase O'Donnell y Schmitter 1986.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> V&eacute;ase Przeworski 1991.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> V&eacute;ase Escobar y &Aacute;lvarez 1992; Foweraker 1995.</font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Tanto O'Donnell (1993) como Touraine enfatizan las limitaciones de un sistema pol&iacute;tico que no es capaz de responder a las necesidades econ&oacute;micas y legales de amplios segmentos de la poblaci&oacute;n. Por ejemplo, en Argentina, la democracia posterior a 1983 es m&aacute;s estable que los sistemas democr&aacute;ticos previos, pero no se asemeja al sistema integrativo de Europa occidental; en otras palabras, es una democracia con derechos limitados.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> Chambliss 1982; Cotterrell 1984.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> O'Donnell 1993.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Otros ejemplos en Argentina incluyen las asambleas de los lunes enfrente al edificio de la Corte en Buenos Aires organizada por Memoria Activa para demandar el esclarecimiento del bombardeo de las oficinas generales de los Servicios Sociales Jud&iacute;os en Buenos Aires, las manifestaciones de los familiares de las v&iacute;ctimas de actos de brutalidad policiaca en los suburbios de Buenos Aires, la movilizaci&oacute;n en Cutral&#45;C&oacute; despu&eacute;s del cierre de la compa&ntilde;&iacute;a petrolera estatal en la ciudad y las marchas de los familiares de las v&iacute;ctimas del incendio en la discoteca Cro&#45;Magnon.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> O'Donnell 1999, 321 (la traducci&oacute;n es nuestra).</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> Hay dos excepciones:</font></p>         <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. A las mujeres, en la mayor&iacute;a de los casos, les fueron otorgados los derechos civiles despu&eacute;s de que los derechos pol&iacute;ticos les fueran otorgados a los hombres.</font></p>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. La instituci&oacute;n de la esclavitud en los Estados Unidos coexisti&oacute; con los derechos civiles y pol&iacute;ticos universales para el hombre blanco.</font></p>     </blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> Olson 1965; Elster 1989.</font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> La formulaci&oacute;n sociol&oacute;gica est&aacute;ndar fue adelantada por T. H. Marshall. Los derechos en los Estados de Europa occidental fueron otorgados en una secuencia donde primero se extendieron los derechos civiles y luego los derechos pol&iacute;ticos (particularmente la expansi&oacute;n del derecho del voto), y finalmente, para mediados del siglo XX, los derechos sociales (principalmente educaci&oacute;n y seguridad social). Como ya se dijo, en Am&eacute;rica Latina la expansi&oacute;n no sigui&oacute; el orden.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> Garc&iacute;a Canclini 1995, 20.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> Jean Franco, en su art&iacute;culo "Killing Nuns, Priests, Women, and Children", se refiere en t&eacute;rminos similares al espacio que ocupan los <i>desaparecidos,</i> como su amiga Ala&iacute;de Foppa: "Hasta hoy Ala&iacute;de 'contin&uacute;a desaparecida' en las palabras de un peri&oacute;dico, como muchos otros hombres, sacerdotes, monjas e hijos en Am&eacute;rica Latina que no ocupan m&aacute;s un espacio pero que s&iacute; tienen un lugar" (420).</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> Una buena discusi&oacute;n de las dos principales teor&iacute;as sobre movimientos sociales puede encontrarse en Joe Foweraker.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> Para profundizar en los roles de las mujeres en movimientos sociales, v&eacute;anse Safa 1990 y tambi&eacute;n Jel&iacute;n 1990.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> Garc&iacute;a Canclini argumenta que en Am&eacute;rica Latina el discurso de modernismo tuvo un componente prometedor de equidad y progreso representado por los intentos de educar a la gente, abrir universidades y subsidiar las artes. Por el contrario, el posmodernismo y la era del capitalismo global est&aacute;n caracterizados por la propia idea de educaci&oacute;n y el establecimiento de patrones culturales. En esta era de econom&iacute;as de mercado, se supone que los consumidores deciden qu&eacute; consumir, y los proyectos educativos son vistos con desconfianza. Catamarca a principios de los noventa es un caso ejemplar de esta tendencia: los &uacute;nicos dos cines de la ciudad hab&iacute;an cerrado y la televisi&oacute;n reinaba. No existe ning&uacute;n incentivo a crear nuevos esfuerzos culturales, y en una instancia exacerbada de lo que sucede en el resto del pa&iacute;s, los chismes sobre la gente rica y famosa dominan la prensa. Especialistas en comunicaci&oacute;n como Silvio Waisbord est&aacute;n estudiando la creaci&oacute;n de una &eacute;lite pol&iacute;tica que se relaciona con miembros del negocio del espect&aacute;culo, con sobredosis de relaciones sexuales y gustos caros y exquisitos. Es en el contexto del empobrecimiento econ&oacute;mico, cultural y moral, as&iacute; como la glamorizaci&oacute;n de negocio del espect&aacute;culo que el caso de Mar&iacute;a Soledad toma nuevas proporciones: Mar&iacute;a Soledad se convierte en el "cordero de Dios que exp&iacute;a los pecados del mundo", y la zanja donde aventaron su cuerpo, en un santuario para los creyentes.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup> Guha 1988, 165.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23</sup> La segunda autopsia concluy&oacute; que la coca&iacute;na le fue inyectada al cuerpo de Mar&iacute;a Soledad despu&eacute;s de su muerte.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24</sup> La opini&oacute;n p&uacute;blica en Argentina hab&iacute;a estado influenciada por el debate de la patolog&iacute;a forense y el an&aacute;lisis de cad&aacute;veres de las v&iacute;ctimas del terrorismo de Estado de mediados de los a&ntilde;os ochenta. Las Abuelas de la Plaza de Mayo abanderaban la necesidad de la patolog&iacute;a forense y del potencial cient&iacute;fico para determinar las identidades de los ni&ntilde;os desaparecidos y de los ni&ntilde;os nacidos en cautiverio. Tambi&eacute;n hab&iacute;an utilizado el an&aacute;lisis de los cad&aacute;veres de mujeres embarazadas secuestradas para determinar si estas mujeres hab&iacute;an dado a luz a sus beb&eacute;s en cautiverio. La pr&aacute;ctica de desenterrar cad&aacute;veres de tumbas no registradas y de cementerios clandestinos era apoyada por las Abuelas de la Plaza de Mayo, pero opuesta por un grupo de las Madres de la Plaza de Mayo, quienes argumentaban que el recuperar cad&aacute;veres &uacute;nicamente servir&iacute;a para tapar el hecho de las desapariciones al desviar la atenci&oacute;n hacia las v&iacute;ctimas de abusos contra los derechos humanos y no a los asesinos. Este hecho dividi&oacute; a las Madres de la Plaza de Mayo y finalmente produjo una escisi&oacute;n en el movimiento.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>25</sup> Nosotros consideramos que esta repugnancia hacia los fluidos corporales producidos por una mujer se relaciona con el miedo al deseo femenino, lo que evidencia la secreci&oacute;n de fluidos. Page du Bois historiza el cuerpo femenino desde la Antig&uuml;edad cl&aacute;sica como depositario de una verdad que requiere ser extra&iacute;da a trav&eacute;s de la violencia: "El cuerpo de un esclavo y el cuerpo de una mujer est&aacute;n marcados como propiedad del amo; el sujeto de la historia en la ciudad antigua, el var&oacute;n griego, gobernaba sobre sus subordinados, animales, esclavos b&aacute;rbaros, y mujeres, que eran vistos como similares en su calidad subalterna. Al igual que los cuerpos de los esclavos, tatuados con se&ntilde;ales de propiedad y origen, los cuerpos femeninos eran metaf&oacute;ricamente escritos por sus amos" (90).</font></p>     ]]></body>
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