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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Traducir: la tarea infinita o cómo todo tiene que cambiar para que todo quede igual]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Based on the author's experience as a translator from the French, Italian and Spanish into the German language, this essay explores, from a rather personal point of view, the idea of translation as a pervasive activity: as a way of "reading" what has been lived or heard, as interpretation or as a way of writing someone else's experience, and also as travel and exchange. The translator is compared to the actor, to the imitator of voices and to the ilusionist who, in addition to being an artist of disappearance, adds one more level to the fiction with which he already works. Some questions are also posed that suggest an ethics of translation: Is it possible - or even legitimate- to appropriate what is foreign, to make it ours? Should we keep what is foreign and strain our mother tongue so that she can receive it?.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Dossier: En torno a la traducci&oacute;n</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Traducir: la tarea infinita o c&oacute;mo todo tiene que cambiar para que todo quede igual</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Elke Wehr</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Partiendo de la experiencia de la autora como traductora del franc&eacute;s, del italiano y del espa&ntilde;ol al alem&aacute;n, en estas p&aacute;ginas se hacen algunas reflexiones personales en torno a la idea de la traducci&oacute;n como actividad generalizada: como lectura de lo vivido o lo escuchado, como interpretaci&oacute;n o como escritura de la experiencia de otro, pero tambi&eacute;n como viaje e intercambio. Se compara al traductor con el actor, con el imitador de voces y con el ilusionista que, adem&aacute;s de ser un artista de la desaparici&oacute;n, a&ntilde;ade un nivel m&aacute;s a la ficci&oacute;n con la cual, de entrada, trabaja. Se formulan tambi&eacute;n algunas preguntas que apuntan hacia una &eacute;tica de la traducci&oacute;n: &iquest;Es posible &#151;y aun leg&iacute;timo&#151; apropiarse de lo ajeno, hacerlo propio? &iquest;Debemos conservar lo ajeno y forzar la propia lengua a fin de que pueda recibirlo?</font>.</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Based on the author's experience as a translator from the French, Italian and Spanish into the German language, this essay explores, from a rather personal point of view, the idea of translation as a pervasive activity: as a way of "reading" what has been lived or heard, as interpretation or as a way of writing someone else's experience, and also as travel and exchange. The translator is compared to the actor, to the imitator of voices and to the ilusionist who, in addition to being an artist of disappearance, adds one more level to the fiction with which he already works. Some questions are also posed that suggest an ethics of translation: Is it possible &#151; or even legitimate&#151; to appropriate what is foreign, to make it ours? Should we keep what is foreign and strain our mother tongue so that she can receive it?</font>.</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nos pasamos todos la vida traduciendo... Traducimos las palabras escuchadas o le&iacute;das, traducimos nuestros pensamientos, nuestras emociones y percepciones en palabras, traducimos los gestos del otro en palabras, hacemos una lectura de lo vivido, o sea una traducci&oacute;n. Todo texto escrito es ya una traducci&oacute;n. Tambi&eacute;n este texto. El traductor profesional es el que cobra por este trabajo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo del traductor &#151;literario, se entiende&#151; empieza cuando todo ha terminado, todo est&aacute; ya hecho. Se inclina sobre un cuerpo muerto, no, m&aacute;s bien durmiente, y lo despierta en otra lengua. El autor trabaja con el caos y lo ordena en una continua lucha con sus fantasmas. El traductor trabaja sobre y con la lengua pura, luchando tambi&eacute;n con otro tipo de fantasmas, en el infierno de las palabras, que para nada es un infierno menor, azotado como est&aacute; por la duda, la mala conciencia, el sentimiento de impostura: la tarea imposible. Un infierno que tambi&eacute;n es para&iacute;so, claro. La dicha de un traslado logrado. Un transporte feliz. Mientras tanto, en este movimiento de idas y venidas entre esos mundos opuestos, el traductor se encuentra en una especie de tierra de nadie, en un entre&#45;espacio que s&oacute;lo existe en su mente: con un pie en cada lengua, en dos universos con todas sus implicaciones formales, est&eacute;ticas, culturales etc., o, como lo dice el alem&aacute;n en una expresi&oacute;n muy gr&aacute;fica: en cada orilla de un r&iacute;o, porque la palabra &Uuml;bersetzer/ traductor tiene dos lecturas: es tambi&eacute;n el barquero que lleva su mercanc&iacute;a de una orilla a la otra, cruzando ese r&iacute;o entre dos lenguas, esa nada. Aun siendo una imagen un poco recurrente, sigue gust&aacute;ndome. Porque implica la idea del viaje. As&iacute; va el traductor, con su bagaje de palabras, y en este viaje se pierden cosas y se encuentran cosas, se ve la mercanc&iacute;a empobrecida y enriquecida a la vez, y cuando el texto&#45;mercanc&iacute;a llega a la otra orilla, despu&eacute;s de infinitos golpes de remo de parte del transportador o transbordador, ha cambiado completamente de forma, ni una coma sigue en su sitio, y si sigue en su sitio es una coma alemana, seria e inamovible, es otra y es igual... &iquest;o no? Id&eacute;ntica no puede ser. &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a? &iquest;Un mellizo? &iquest;Es el texto que hubiera escrito el autor si hubiera sido capaz de escribirlo en la lengua del traductor (en mi caso en alem&aacute;n)? &iquest;Habr&iacute;a podido hacerlo? &iquest;Tendr&iacute;an sus palabras las mismas cargas, las mismas connotaciones, la misma aura, etc., que las m&iacute;as, directamente salidas de mi mente alemana? &iquest;Y ser&iacute;a posible una traducci&oacute;n al rev&eacute;s, una re&#45;traducci&oacute;n al idioma del autor, reconstruyendo ese "original" ficticio que nunca existi&oacute;? Aqu&iacute; entramos en un juego borgiano de espejos, otra lectura m&aacute;s de Pierre Menard...</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero no vamos tan mal encaminados. El traductor es algo as&iacute; como el lector ideal, el lector, como lo ve&iacute;a Borges, libre, recreador, acabador del texto. El traductor es el lector cuya lectura toma forma de traducci&oacute;n. Y cada texto tiene tantas lecturas como tiene lectores. O sea, infinitas traducciones. Estamos hablando, se entiende, de textos que pasan la prueba de la traducci&oacute;n. Un texto "malo", dig&aacute;moslo as&iacute; de sencillo, se desmorona en seguida en esta prueba, en este proceso de deconstrucci&oacute;n y reconstrucci&oacute;n. Y hablamos, tambi&eacute;n en este caso, de textos en prosa; la traducci&oacute;n de poes&iacute;a obedece a otras reglas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, &iquest;qu&eacute; hace el traductor? Es un ilusionista que se suprime a s&iacute; mismo en el texto y, sin embargo, de alguna manera, queda presente. Algunos m&aacute;s que otros. Si un traductor es a la vez escritor, sobre todo si es conocido y famoso, se le tolera, en general, m&aacute;s presencia. Eso se dijo de (y tambi&eacute;n se reproch&oacute; a) Paul Celan: que todas sus traducciones, sobre todo de poes&iacute;a, eran celanianas. A un traductor "corriente", por bueno que sea, no se le perdona este primer plano: somos actores, no autores, o sea que pendemos de una letra, valga la expresi&oacute;n...</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mi padre era actor. A m&iacute; me toc&oacute; a lo largo de toda mi infancia y parte de mi juventud trabajar con &eacute;l por las tardes, memorizar con &eacute;l sus textos. Me cri&eacute; en el teatro, entre palabras y decorados, me sab&iacute;a todo de memoria, y por si esto no fuera suficiente, me le&iacute;, de ni&ntilde;a, libros tan absurdos como <i>Cien piezas de un acto</i> o toda la obra de Jean Anouilh. Creo que ah&iacute; empez&oacute; todo. Pero nadie, de joven, quiere ser traductor. Eso viene m&aacute;s tarde, como producto de otra cosa, de la cosa literaria en s&iacute;. Lo que s&iacute; hice en estos a&ntilde;os "de formaci&oacute;n" fue acumular un tesoro sin saberlo. A los veinte a&ntilde;os, viviendo en Par&iacute;s, despu&eacute;s de haber le&iacute;do un cuento de Camus, lo traduje porque quer&iacute;a saber c&oacute;mo sonaba en alem&aacute;n. Y desde entonces ya no he parado. Es un vicio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero volvamos a los actores. La traducci&oacute;n, tarea parad&oacute;jica si las hay, siempre ha sido comparada con otras actividades interpretativas, como si no se sostuviera por s&iacute; misma, como si siempre fuera necesario este "como". Suelen cojear de alg&uacute;n pie esas comparaciones. Sin embargo, puestos a comparar, por obvias razones biogr&aacute;ficas y otras m&aacute;s, me gusta y me convence m&aacute;s la comparaci&oacute;n del traductor con el actor (a otros traductores les gusta compararse con un m&uacute;sico y considerar el original como una especie de partitura, yo no ir&iacute;a tan lejos). Somos actores "de car&aacute;cter", somos imitadores de voces, tenemos que dominar todos los registros imaginables, los tonos, medio tonos, cuartos de tono; somos, a un tiempo, todos los personajes de un texto, incluido el narrador. Tambi&eacute;n somos ilusionistas, como ya dije: no s&oacute;lo porque somos artistas de la desaparici&oacute;n, por lo menos hasta cierto punto, sino tambi&eacute;n porque a&ntilde;adimos otra ficci&oacute;n m&aacute;s a la ficci&oacute;n con la que trabajamos: la ficci&oacute;n del lector que cree leer una novela de Vargas Llosa, pongamos por caso, de la que Vargas Llosa no ha escrito ni una sola palabra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las palabras no son equivalentes, no existe <i>le mot juste</i> en la traducci&oacute;n; los textos s&iacute; pueden serlo. Siempre me ha gustado mucho esa an&eacute;cdota de un campesino italiano al que no s&eacute; qu&eacute; cient&iacute;ficos le hicieron unas preguntas de tipo ling&uuml;&iacute;stico, a las que contest&oacute; que s&iacute;, que pod&iacute;a imaginar perfectamente que hab&iacute;a otras lenguas con otras palabras, en las que el cielo, por ejemplo, se llamase de otra manera, y as&iacute; todas las dem&aacute;s, pero, eso s&iacute;, <i>"il pane &egrave; il pane".</i> Tambi&eacute;n yo s&eacute; que <i>"il pane &egrave; il pane",</i> y sin embargo tengo que traducir <i>pan</i> por <i>Brot,</i> y ya estamos en otro mundo de asociaciones, de usos, costumbres y hechos culturales. Son dos ideas de <i>pan</i> completamente diferentes, hasta se excluyen. Ese ejemplo, por sencillo que parezca, encierra toda la problem&aacute;tica de la traducci&oacute;n y de su posibilidad e imposibilidad. &iquest;C&oacute;mo se puede sustituir una lengua por otra? &iquest;Es posible &#151;y leg&iacute;timo&#151; apropiarse de lo ajeno, hacerlo propio? &iquest;Debemos conservar lo ajeno y forzar la propia lengua para que pueda recibirlo? &iquest;Qu&eacute; hace un amigo m&iacute;o, traductor al chino, cuando traduce la frase "le regal&oacute; un Porsche" por "le regal&oacute; una bicicleta"? Aqu&iacute; nos topamos con la vieja pregunta: &iquest;acercamos el texto al lector o pedimos al lector que haga el esfuerzo de acercarse, que sea &eacute;l quien viaje? Son preguntas que acompa&ntilde;an siempre el trabajo del traductor, expl&iacute;cita o impl&iacute;citamente. En la pr&aacute;ctica solemos hacer una especie de mezcla de ambas tendencias. En la historia de la traducci&oacute;n al alem&aacute;n, un ejemplo de la primera ser&iacute;a la traducci&oacute;n que hizo Schlegel de Shakespeare; y de la segunda, la traducci&oacute;n de S&oacute;focles hecha por H&ouml;lderlin, que tradujo al autor cl&aacute;sico a una especie de alem&aacute;n "griego". Una traducci&oacute;n verdaderamente lograda o congenial, que ha conseguido esta alquimia entre lo ajeno y lo propio, nos da la impresi&oacute;n, mientras la leemos, que leemos dos textos, que sabemos la lengua en la que fue escrito el original.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pr&aacute;ctica y la teor&iacute;a. A la hora de traducir no hay teor&iacute;a que valga. Estamos solos delante del texto. Lo dej&oacute; bien claro mi colega Dieter Zimmer, traductor de Nabokov y Borges, entre otros. Los conocimientos de la teor&iacute;a de la traducci&oacute;n son, a la hora de traducir, tan &uacute;tiles como los conocimientos aerodin&aacute;micos para preparar un asado en el horno. Cada texto comporta o impone su propia teor&iacute;a; con esa teor&iacute;a trabajamos a menudo sin darnos cuenta, sin ser plenamente conscientes de ello. Hasta se podr&iacute;a decir que aplicamos una teor&iacute;a a una frase para descartarla en la siguiente. Cada trabajo de traducci&oacute;n implica constantes decisiones conscientes e inconscientes, somos ciempi&eacute;s y trabajamos, en partes m&aacute;s o menos iguales, con el sentimiento y las emociones, y con el conocimiento, el saber, el intelecto, y eso es uno de los atractivos, uno de los placeres de este quehacer absurdo &#151;absurdo porque sabemos que nunca vamos a llegar a ese "cien por ciento" del texto original, nunca vamos a lograr que la lectura de la traducci&oacute;n produzca el mismo efecto en el lector que la del original&#151;. Cada traducci&oacute;n es un nuevo intento de acercamiento a este ideal... un intento que sabemos ef&iacute;mero. Sentimiento e intelecto quieren decir tambi&eacute;n que trabajamos con la lengua en may&uacute;sculas y con la lengua en min&uacute;sculas, que nos encontramos siempre en un universo de referencias literarias cruzado por otro de referencias personales, algo as&iacute; como el uso personal del idioma, lo propio, hecho de vivencias y lecturas. Los traductores no somos copistas, o sea meros esclavos del original: somos imitadores de voces justamente por tener una voz propia. Sin ese "yo" soberano, que en el mejor de los casos es un c&oacute;mplice del autor, que participa, como &eacute;l, en la eterna conversaci&oacute;n de los libros, no puede haber un texto consistente, un texto que "vive".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mi lengua, el alem&aacute;n, es un buen "recipiente". Hasta me parece un recipiente ideal para ese trasvase que es la traducci&oacute;n. Que se me perdone este asomo de orgullo ling&uuml;&iacute;stico: no hace da&ntilde;o mientras me ayude en esta tarea infinita e imposible. Pero eso no quiere decir que mi lengua "embellezca" el original, que lo ennoblezca, sino que es una lengua que, en su casi infinita flexibilidad, se amolda perfectamente al texto de origen. El alem&aacute;n siempre ha recibido los afluentes de otras lenguas, hasta tal punto que la famosa traducci&oacute;n de Shakespeare por Schlegel hizo que a este &uacute;ltimo se le considere como el tercer cl&aacute;sico alem&aacute;n, al lado de Goethe y Schiller. El alem&aacute;n, la lengua filos&oacute;fica por antonomasia, la lengua "de los poetas y pensadores", tiene esa vertiente cartesiana, de exactitud, de concreci&oacute;n, de determinaci&oacute;n, de l&oacute;gica, que no tiene el espa&ntilde;ol, y que me obliga a veces a darle un "peso" al texto que no tiene en su versi&oacute;n original; pero tambi&eacute;n tiene su vertiente barroca, aunque sea un barroco pasado por las luces de la Ilustraci&oacute;n. El espa&ntilde;ol no pas&oacute; por ese proceso, sigue conservando cierta ret&oacute;rica, cierto uso barroco de la met&aacute;fora (si Lutero hubiera sido espa&ntilde;ol, habr&iacute;a vertido la Biblia al espa&ntilde;ol de Sancho Panza). Por eso, un espa&ntilde;ol se siente todav&iacute;a cerca del Quijote, de la lengua del Quijote, m&aacute;s cerca de lo que puede sentirse un alem&aacute;n de un texto alem&aacute;n del siglo XVII. Sin embargo, creo que el espa&ntilde;ol, "convirti&eacute;ndose" al alem&aacute;n, despierta el alma barroca de mi lengua, sobre todo en sus variantes hispanoamericanas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de traducir durante largos a&ntilde;os del franc&eacute;s y del italiano, el espa&ntilde;ol fue para m&iacute; un descubrimiento tard&iacute;o. Y me qued&eacute; con &eacute;l. He encontrado la pareja perfecta. Vivir en Espa&ntilde;a, desde hace 17 a&ntilde;os, me ha dado una mirada sobre el alem&aacute;n que, no siendo la de una extranjera, ni mucho menos, me ha procurado cierta distancia, un paso atr&aacute;s, una mirada que me deja verlo mejor, hasta dir&iacute;a con atisbos de asombro en algunos casos. No se trata de una equidistancia entre las dos lenguas, pero s&iacute; tiene algo de ese ir y venir, de ese terreno incierto en el que se mueve el traductor. Y ya me mov&iacute; tanto que yo misma entr&eacute; en el reino de la ficci&oacute;n. Si ustedes quieren viajar al Reino de Redonda, que es una isla real del Caribe y un reino ficticio cuyo rey se llama xavier I y en la vida real Javier Mar&iacute;as, no duden en pedirme el visado: soy c&oacute;nsul por nombramiento real (en los dos sentidos) en Berl&iacute;n oriental, por m&aacute;s se&ntilde;as antigua capital de un pa&iacute;s que tambi&eacute;n se est&aacute; volviendo m&aacute;s y m&aacute;s ficci&oacute;n.</font></p>      ]]></body>
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