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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El hidalgo coraza en el país de las manchas: La partida de Don Quijote hacia la lengua alemana]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Which are the implications that lie beneath the task of translating, today, a novel like the Quijote to the German language? Among many others, the need to fight against a heavy legacy of quijotesque -but not necessarily cervantine- expressions and images, which German readers have received throughout more than three centuries of German translations of Cervantes'work. In this essay some of these translations (made from the 17th to the 19th centuries) are reviewed. Faced to the question of which should be the guidelines to be followed by the German translator of the Quijote in the 21st century, the author suggests, among other things, that he should completely give in to the perpetual cervantine playfulness with language, without letting himself being carried away by fixed conceptions about the characters, nor by the literary conventions that have been formed around this novel, some of which are here mentioned. And, last, some strategies and approaches are here suggested to cope with: Cervantes' "mistakes", the extravagance of proverbs and sayings in his work and, finally, the decision of which language to choose for the 21st century German Quijote.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Dossier: En torno a la traducci&oacute;n</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El hidalgo coraza en el pa&iacute;s de las manchas. La partida de Don Quijote hacia la lengua alemana</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Susanne Lange</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Qu&eacute; implicaciones tiene el hecho de emprender, en nuestros d&iacute;as, la traducci&oacute;n de una obra como el <i>Quijote</i> al alem&aacute;n? Entre otras cosas, la necesidad de luchar contra una pesada herencia de im&aacute;genes y expresiones quijotescas &#151;pero no necesariamente cervantinas&#151; que el lector alem&aacute;n ha ido recibiendo de traducciones sucesivas de la obra. En este ensayo se hace un recorrido por los diversos traductores alemanes del <i>Quijote,</i> desde el siglo XVII hasta el XIX. Ante la pregunta de cu&aacute;les pueden ser los par&aacute;metros por los que debe regirse el traductor alem&aacute;n del <i>Quijote</i> en el siglo XXI, la autora propone, entre otras cosas, entregarse plenamente al perpetuo juego cervantino con la lengua, sin dejarse llevar por las concepciones fijas que hoy tenemos de los personajes ni por las convenciones literarias que han ido adopt&aacute;ndose en torno a esta obra, algunas de las cuales son aqu&iacute; se&ntilde;aladas. Finalmente se sugieren algunas posturas y estrategias para enfrentar los "errores" de Cervantes, la profusi&oacute;n de refranes en la obra y, en fin, la decisi&oacute;n de qu&eacute; lenguaje escoger para el <i>Quijote</i> alem&aacute;n del siglo XXI.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Which are the implications that lie beneath the task of translating, today, a novel like the <i>Quijote</i> to the German language? Among many others, the need to fight against a heavy legacy of <i>quijotesque</i> &#151;but not necessarily cervantine&#151; expressions and images, which German readers have received throughout more than three centuries of German translations of Cervantes'work. In this essay some of these translations (made from the 17<sup>th</sup> to the 19<sup>th</sup> centuries) are reviewed. Faced to the question of which should be the guidelines to be followed by the German translator of the Quijote in the 21<sup>st</sup> century, the author suggests, among other things, that he should completely give in to the perpetual cervantine playfulness with language, without letting himself being carried away by fixed conceptions about the characters, nor by the literary conventions that have been formed around this novel, some of which are here mentioned. And, last, some strategies and approaches are here suggested to cope with: Cervantes' "mistakes", the extravagance of proverbs and sayings in his work and, finally, the decision of which language to choose for the 21<sup>st</sup> century German <i>Quijote.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Don Quijote, como todos sabemos, sale una ma&ntilde;ana temprano de su casa sin llevar otro camino que el que inventa su caballo, porque en eso, cree &eacute;l, consiste la fuerza de las aventuras. El caballero est&aacute; muy contento de la facilidad con que ha dado principio a su buen deseo. Cuatrocientos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, la traductora alemana se lanza por el mismo camino y se deja igualmente llevar por los pasos de ese caballo quijotesco que es la lengua, aunque sin encontrar la facilidad de esa primera salida del caballero en 1605.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Traducir el <i>Quijote</i> en el a&ntilde;o 2004 no es solamente una aventura &#151;que a veces se antoja tan fant&aacute;stica como a aquellos que rodean a Don Quijote les parece su visi&oacute;n caballeresca del mundo&#151;, sino tambi&eacute;n el ascenso a una monta&ntilde;a que en los &uacute;ltimos cuatrocientos a&ntilde;os ha crecido de una manera descomunal, sobrepasando a cualquier gigante Malambruno. Ya el Pierre Menard de Borges se daba cuenta de que re&#45;escribir el <i>Quijote,</i> reproduci&eacute;ndolo palabra por palabra en el a&ntilde;o de 1934, significaba llegar a un texto inmensamente m&aacute;s rico que llevaba consigo todos los residuos de los siglos pasados. M&aacute;s a&uacute;n debe serlo trat&aacute;ndose de una traducci&oacute;n, y de una traducci&oacute;n a una lengua tan ajena al espa&ntilde;ol como el alem&aacute;n, donde el <i>Quijote</i> lleva consigo su propio pasado, su propio peso germ&aacute;nico en forma de numerosas traducciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, m&aacute;s audaz que la empresa misma, es escribir un ensayo sobre la traducci&oacute;n del <i>Quijote,</i> cuando la traductora apenas se ha lanzado a la aventura y tiene un camino de algunos a&ntilde;os por delante. Equivale a hacer conjeturas sobre la recta final de un marat&oacute;n cuando los corredores apenas se encuentran en los primeros metros. As&iacute; que primero volver&eacute; la mirada hacia atr&aacute;s, para ver c&oacute;mo se han batido mis predecesores alemanes en su duelo con el <i>Quijote.</i> Pero no dejar&eacute; de mostrar con qu&eacute; armaduras ling&uuml;&iacute;sticas me pongo yo misma en camino &#151;aunque m&aacute;s tarde, tal vez ya en la primera batalla, mi celada de cart&oacute;n acabar&aacute; en pedazos y tendr&eacute; que defenderme sin ella.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;De d&oacute;nde se saca el valor para una nueva traducci&oacute;n del <i>Quijote?</i> Cervantes juega con la ficci&oacute;n, con las perspectivas, se inventa narradores, cronistas, traductores... Y parece tener un brazo largo, un brazo tan largo que llega hasta el siglo XXI y puede agarrar a la traductora por el pescuezo e introducirla en su misma ficci&oacute;n. Entre tantos espejos narrativos, la traductora se vuelve una proyecci&oacute;n m&aacute;s en la pantalla del libro. Casi puede estar segura de que, en una imaginaria tercera parte del <i>Quijote,</i> escrito desde ultratumba, Cervantes la hubiera introducido en la acci&oacute;n misma del libro, como lo ha hecho con sus lectores y editores en la segunda parte, en la cual se habla incluso de la traducci&oacute;n ficticia que es el propio <i>Quijote,</i> dejando al lector con la pregunta ontol&oacute;gica de c&oacute;mo puede ya el original juzgar su propia traducci&oacute;n. Un juego que Cervantes &#151;aunque no ten&iacute;a una opini&oacute;n muy alta de la mayor&iacute;a de los traductores&#151; parece haber planeado con fruici&oacute;n desde el principio. &iexcl;Cu&aacute;nta sabidur&iacute;a ling&uuml;&iacute;stica debe poseer una obra que abarca ya a sus propias traducciones! De ah&iacute; surge tambi&eacute;n la peque&ntilde;a ventaja que los lectores de traducciones tienen frente a los lectores hispanoparlantes del original: siempre podemos acercarnos al <i>Quijote</i> desde nuestra &eacute;poca, desde nuestro entendimiento, desde nuestra lengua actual. Podemos entender, por ejemplo, lo c&oacute;mico de la &eacute;poca de Cervantes y hacerlo c&oacute;mico tambi&eacute;n en otra lengua en el siglo XXI, mientras que muchos lectores del espa&ntilde;ol tendr&aacute;n que buscar en una nota al pie de p&aacute;gina para poder re&iacute;rse. &iquest;Y se reir&aacute;n? La frescura que puede tener una nueva traducci&oacute;n es la peque&ntilde;a tabla en el mar de imposibilidades que representa el lenguaje cervantino para cualquier traductor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primer traductor alem&aacute;n que se lanz&oacute; a esta aventura, Joachim Caesar, lleg&oacute; solamente hasta el cap&iacute;tulo 23. La guerra y los tiempos que corr&iacute;an no le permitieron seguir. En ese entonces (era el a&ntilde;o 1648), la lengua alemana ni siquiera hab&iacute;a alcanzado el nivel de una lengua literaria unificada (un hecho, este &uacute;ltimo, que determin&oacute; toda la filosof&iacute;a del traductor: se trataba de encontrar una palabra alemana para cada palabra espa&ntilde;ola, para cada nombre espa&ntilde;ol, y probar as&iacute; que el alem&aacute;n estaba a la altura de las lenguas extranjeras). Es el &uacute;nico traductor del <i>Quijote</i> que acompa&ntilde;a su traducci&oacute;n con un texto program&aacute;tico que expone su filosof&iacute;a de la traducci&oacute;n: "toda traducci&oacute;n leg&iacute;tima debe estar hecha como si la obra que se traduce hubiera sido escrita originalmente en la lengua materna del traductor". As&iacute; que el ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha hizo su primera entrada en la literatura alemana como el <i>"Junker Harnisch aus Fleckenland":</i> el "Hidalgo Coraza del Pa&iacute;s de las Manchas".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El traductor no ten&iacute;a en su tiempo ni suficientes materiales ni una lengua lo bastante eficiente como para intentar una verdadera traducci&oacute;n del <i>Quijote,</i> pero comprend&iacute;a algo que pocos de sus grandes sucesores comprendieron: el car&aacute;cter jocoso de la lengua cervantina. Como buen escritor barroco de su &eacute;poca, Joachim Caesar inventaba nombres y palabras, y lleg&oacute; incluso a crearse un pseud&oacute;nimo como traductor: Pahsch Basteln von der Sohle, nombre que reproduc&iacute;a la estructura del nombre Don Quijote de la Mancha (s&oacute;lo en el siglo XX se descubri&oacute; qui&eacute;n se escond&iacute;a tras el pseud&oacute;nimo). Rescatar esta jocosidad ling&uuml;&iacute;stica &#151;aunque, claro est&aacute;, no necesariamente en el pa&iacute;s de las manchas&#151; ser&aacute; una buena tarea para una nueva traducci&oacute;n: el camino barroco no como un camino posible hoy d&iacute;a, sino como un camino hacia la liberaci&oacute;n de la literalidad sacrosanta e inviolable del original.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un siglo m&aacute;s tarde, en 1775, el empresario Friedrich Justin Bertuch public&oacute; la primera traducci&oacute;n integral del <i>Quijote</i> &#151;si se puede llamar "integral" a una traducci&oacute;n que corta lo que cree que sobra o que no corresponde al car&aacute;cter de la lengua alemana&#151;. En las manos de Bertuch, y en plena &eacute;poca de la Ilustraci&oacute;n y de su racionalismo, el <i>Quijote</i> se transforma en una obra puramente sat&iacute;rica, una s&aacute;tira moral que busca a toda costa el efecto c&oacute;mico (tendencia que tambi&eacute;n se puede notar en las versiones en otras lenguas, como por ejemplo en las traducciones inglesas). Con Bertuch, los personajes no se contentan con caer al suelo, sino que dan volteretas rid&iacute;culas. Sancho se asemeja a un vulgar campesino bajo saj&oacute;n y, lo que es m&aacute;s, parece arrastrar a todos los personajes a su vulgaridad expresiva, de manera que Don Quijote resulta extra&ntilde;amente sanchesco. El nivel del lenguaje de Bertuch se acerca adem&aacute;s, peligrosamente, al nivel de la literatura trivial.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero este empresario que se preocup&oacute; toda su vida por la educaci&oacute;n de los obreros y los ni&ntilde;os (publicando, por ejemplo, una magn&iacute;fica enciclopedia visual para ni&ntilde;os), con su traducci&oacute;n, para la cual aprendi&oacute; expresamente el espa&ntilde;ol, prepar&oacute; el terreno para que Cervantes fincara en Alemania. Es en su versi&oacute;n donde los escritores rom&aacute;nticos logran leer al <i>Quijote</i> y descubrir, a trav&eacute;s de su lenguaje algo burdo, una obra que ser&aacute; fundamental para toda una &eacute;poca de la literatura alemana. La concepci&oacute;n rom&aacute;ntica de la iron&iacute;a y la oposici&oacute;n entre idealismo y materialismo encontrar&aacute;n una base literaria en Cervantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ludwig Tieck, secundado por su fiel amigo August Wilhelm Schlegel, emprende en 1799 una nueva traducci&oacute;n, y se jacta de hacerlo sin tener muchos conocimientos del espa&ntilde;ol, nada m&aacute;s utilizando un peque&ntilde;o diccionario y algunas traducciones francesas de la obra (afirmaci&oacute;n que sirve m&aacute;s bien para presagiar el genio ling&uuml;&iacute;stico de quien m&aacute;s tarde emprender&aacute; una gran traducci&oacute;n de la obra de Shakespeare). Es de suponer que Tieck sab&iacute;a mucho m&aacute;s espa&ntilde;ol de lo que quer&iacute;a admitir, aunque su trabajo result&oacute; sumamente inexacto: en la primera edici&oacute;n se han contado m&aacute;s de 1,500 errores (empezando por su "caballero extraviado" junto a su "caballerizo Sancho", que deja a los lectores pregunt&aacute;ndose qu&eacute; caballeriza tendr&aacute; un caballero errando por los caminos del mundo). No obstante, en su libro <i>Traves&iacute;a mar&iacute;tima con Don Quijote,</i> Thomas Mann celebra la versi&oacute;n de Tieck, arguyendo que es una feliz muestra de la lengua alemana en su apogeo, y que Tieck logr&oacute; dar a los tapices flamencos no un rev&eacute;s &#151;que es lo que seg&uacute;n Don Quijote corresponde a los traductores&#151; sino una segunda cara. Y no faltan quienes afirman que Tieck puede equivocarse mucho en los detalles, pero siempre acierta en el conjunto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tieck ya hab&iacute;a creado con sus protectores y amigos un basti&oacute;n cultural potente dentro de Alemania. Un basti&oacute;n contra el que se estrell&oacute; otro traductor que tuvo la mala suerte de aventurarse al mismo tiempo que Tieck en una traducci&oacute;n del <i>Quijote.</i> Se trata de Dietrich Wilhelm Soltau, quien le llevaba casi 30 a&ntilde;os a Tieck y se sent&iacute;a cerca a&uacute;n de la Ilustraci&oacute;n, es decir, de una &eacute;poca que ve&iacute;a al <i>Quijote</i> como una obra c&oacute;mica con claras moralejas. Soltau no quer&iacute;a saber nada de los poetas rom&aacute;nticos y no compart&iacute;a su visi&oacute;n de un Quijote cuya locura sabia roza el genio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo interesante es que entre estos dos rivales se desat&oacute; una pelea &#151;tomando como base dos revistas literarias&#151; cuya crudeza anunciaba siglos venideros. Schlegel, el portavoz de Tieck, intent&oacute; aniquilar ya antes de su publicaci&oacute;n la traducci&oacute;n de Soltau, haciendo grandes elogios del trabajo de Tieck e intentando subrepticiamente disuadirle de su proyecto. Cuando Soltau, que seguramente ten&iacute;a m&aacute;s conocimientos del espa&ntilde;ol que Tieck, se quej&oacute; en otra revista de esas alabanzas anticipadas y atac&oacute; a los dos escritores rom&aacute;nticos, Schlegel le devolvi&oacute; el golpe con fuerza. Describi&oacute; a Soltau como un pedante pasado de moda cuya traducci&oacute;n fiel s&oacute;lo serv&iacute;a para lectores principiantes del espa&ntilde;ol, que podr&iacute;an utilizar su texto como un buen apoyo para su lectura del original. Escribi&oacute;: "El Se&ntilde;or Soltau s&oacute;lo entiende el sentido material de las palabras, y puede que haya estado en Espa&ntilde;a, pero nunca estuvo en Cervantes y mucho menos en la poes&iacute;a". Y con una &uacute;ltima patada lo sac&oacute; del juego: "Su traducci&oacute;n da la impresi&oacute;n de que las delicadas melod&iacute;as de un Ariel fueron cantadas por alg&uacute;n tosco Calib&aacute;n".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sigui&oacute; una larga serie de art&iacute;culos en los que cada uno destac&oacute; las faltas del otro, pero con el auge del romanticismo la traducci&oacute;n de Soltau, con su conservadora literalidad, no logr&oacute; ya imponerse. No obstante, algo aprendi&oacute; Soltau de los juegos cervantinos. En su traducci&oacute;n de la segunda parte col&oacute; una invectiva contra Tieck y Schlegel, mas no en el pr&oacute;logo a su traducci&oacute;n, sino a continuaci&oacute;n del pr&oacute;logo de la segunda parte, en el que Cervantes arremete contra Avellaneda y su falsa continuaci&oacute;n del <i>Quijote.</i> Introduci&eacute;ndose en la propia ficci&oacute;n, Soltau demostr&oacute; haber comprendido la visi&oacute;n l&uacute;dica de Cervantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quien traduce hoy en d&iacute;a el <i>Quijote</i> tiene que preguntarse: la traducci&oacute;n de Tieck, &iquest;es tan grande como su fama? &iquest;Alcanza el nivel de sus traducciones posteriores de Shakespeare? Mir&aacute;ndola hoy con el ojo de una traductora que tiene el original de Cervantes en una mano y su traducci&oacute;n en la otra, se pueden ver las soluciones felices que &eacute;l encontr&oacute;, pero tambi&eacute;n una falta de sensibilidad para los tonos m&uacute;ltiples y diversos de Cervantes, que en una sola frase logra trazar el car&aacute;cter complejo de un personaje a trav&eacute;s de los cambios de estilo. Tieck resalta la iron&iacute;a superior del <i>Quijote,</i> pero la consecuencia es que, en su traducci&oacute;n, tambi&eacute;n Sancho habla "con una gr&aacute;cil decencia", como escribi&oacute; Schlegel. La ambivalencia entre los dos personajes de Cervantes est&aacute; todav&iacute;a por demostrarse.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siguieron otros traductores que, en muchos casos, se sirvieron a manos llenas de las traducciones alemanas o francesas ya existentes. La que ha logrado suplantar en gran parte la traducci&oacute;n de Tieck es la versi&oacute;n de Ludwig Braunfels, de 1873 (la m&aacute;s le&iacute;da en la actualidad). Braunfels era un erudito que hab&iacute;a acumulado una biblioteca especial acerca del <i>Quijote</i> y de las novelas de caballer&iacute;a. En consecuencia, su traducci&oacute;n logr&oacute; eliminar la mayor&iacute;a de los errores. Conociendo mejor el contexto de la obra, tradujo las frases con un tono m&aacute;s apropiado. Pero &iquest;logra transmitirnos el placer de la prosa cervantina? No tiene o&iacute;do para los disparates gozosos con los que se divirti&oacute; Cervantes. Cuando Sancho alardea con su amo diciendo que el famoso caballero "da de comer al que ha sed y de beber al que ha hambre", Braunfels cree necesario destorcer la frase y escribir que "da de comer al que ha hambre y de beber al que ha sed". Su texto resulta en muchas ocasiones inc&oacute;modamente pesado y explicativo, y no posee el br&iacute;o del estilo de Tieck. Y tambi&eacute;n en su caso Sancho Panza se muestra como el gran hu&eacute;rfano ling&uuml;&iacute;stico de la traducci&oacute;n: habla muchas veces como su erudito traductor, sin dar espacio al maravilloso desarrollo discursivo con el cual Cervantes dio vida a su personaje.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque desde entonces hubo algunos intentos m&aacute;s de traducir el <i>Quijote</i> (por ejemplo, en 1964, el del catedr&aacute;tico austr&iacute;aco Anton. M. Rothbauer), la traducci&oacute;n de Braunfels del a&ntilde;o 1873 es todav&iacute;a &#151;seguida de la versi&oacute;n de Tieck&#151; el texto con el cual se topa la mayor&iacute;a de los lectores alemanes. As&iacute; que resulta evidente que el libro clama por una nueva traducci&oacute;n, dado que &#151;como afirma el cr&iacute;tico literario Erich Auerbach&#151; a cada &eacute;poca que se aficiona a &eacute;l el <i>Quijote</i> le muestra una cara distinta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;En qu&eacute; consistir&aacute; la cara alemana del <i>Quijote</i> en el siglo XXI? Primero, la traductora tiene que luchar contra una pesada herencia de im&aacute;genes quijotescas. Al lector com&uacute;n del <i>Quijote</i> le viene enseguida a la cabeza cualquiera de las numerosas ilustraciones que han escoltado la obra. Y el car&aacute;cter fijo de la imagen lleva consigo tambi&eacute;n una visi&oacute;n fija del personaje. Adem&aacute;s, las traducciones anteriores han forjado muchas expresiones hechas que no se dejar&aacute;n borrar f&aacute;cilmente de la mente de los lectores alemanes. Sin embargo, aunque le resulte doloroso a muchos de ellos, ser&aacute; necesario mostrarles, por ejemplo, que el nombre de Rocinante tiene que ver con "roc&iacute;n" y no con "Rosine" (uva pasa), como deben pensar los lectores que solamente conocen el caballo de Don Quijote a trav&eacute;s del t&eacute;rmino "Rosinante" (que ha entrado incluso en los diccionarios alemanes como una forma de nombrar a un caballo viejo).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Cu&aacute;les ser&aacute;n las boyas que nos guiar&aacute;n en la empresa de trasladar una vez m&aacute;s el <i>Quijote</i> de la orilla espa&ntilde;ola a la orilla alemana?</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo fascinante para cualquier traductor del <i>Quijote</i> es el hecho &#151;a pesar de todas las aventuras, de todos los episodios evocados y citados infinitamente en el curso de los siglos&#151; de que la novela desarrolla su acci&oacute;n a trav&eacute;s del lenguaje. Don Quijote y Sancho Panza se topan con algunos molinos de viento y con algunas ventas y castillos, pero b&aacute;sicamente se la pasan sobre sus respectivos jumentos y no hacen nada m&aacute;s que eso: hablar. Y hablando evolucionan. Despu&eacute;s de haber conversado con Don Quijote por primera vez, ya Sancho no es el mismo campesino burdo, sino que vive una transformaci&oacute;n peculiar que capta las visiones caballerescas de Don Quijote y trata de asimilarlas a su imaginario. En el caso de Don Quijote, al hablar con Sancho, el universo cerrado de los libros de caballer&iacute;a en que ha vivido tanto tiempo se pone en movimiento, teniendo que justificarse y reajustarse en cada momento ante las preguntas del escudero. Los dos exploran un terreno desconocido, y Cervantes lo muestra en los matices, en las vibraciones m&aacute;s finas de las frases, puesto que con cada palabra el tono puede cambiar, de lo sincero a lo par&oacute;dico, de lo c&oacute;mico a lo tr&aacute;gico, de lo aut&eacute;ntico a lo fingido, y al rev&eacute;s. Incluso una coma, una peque&ntilde;a pausa puede darle otra connotaci&oacute;n a un discurso. As&iacute; que el traductor tiene que entregarse plenamente a ese juego cervantino con la lengua, sin dejarse llevar por las concepciones fijas de los personajes o por las convenciones literarias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Heinrich Heine escribi&oacute;, en un pr&oacute;logo para una traducci&oacute;n alemana del <i>Quijote</i> de un autor an&oacute;nimo en 1837, que lo grande de la obra era justamente la caracterizaci&oacute;n y el lenguaje de sus dos protagonistas: el hecho de que Don Quijote hablaba siempre desde su caballo alto, mientras que Sancho lo hac&iacute;a desde su burro bajo. Esta idea ha congelado la obra de Cervantes como en una foto fija o un grabado de Dor&eacute;. En esta interpretaci&oacute;n, la din&aacute;mica ling&uuml;&iacute;stica y psicol&oacute;gica entre los dos personajes desparece por completo. Sancho intenta constantemente meterse en el caballo alto del lenguaje, y Don Quijote se pone muchas veces c&oacute;modo en el burro bajo. La tarea de una nueva traducci&oacute;n ser&iacute;a devolverles a las dos figuras esa multidimensionalidad que logra sorprendernos siempre en cada cap&iacute;tulo; penetrar en la profundidad del material ling&uuml;&iacute;stico ofrecido por Cervantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Igualmente, habr&iacute;a que disolver la p&eacute;trea oposici&oacute;n entre el idealista Don Quijote y el mundo realista representado por Sancho (como lo recalcaron sobre todo los escritores rom&aacute;nticos en Alemania). Lo c&oacute;mico del <i>Quijote</i> consiste precisamente en c&oacute;mo los dos caen constantemente de un estado al otro. As&iacute; que constituye una suerte de alivio leer los comentarios de Nabokov en sus charlas sobre el <i>Quijote,</i> en las cuales sostiene, por ejemplo, que el tono de las instrucciones que da Don Quijote a Sancho evoca a un poeta fracasado, ya viejo, que nunca ha logrado nada en su vida y que le da ahora a su hijo robusto y ordinario unos consejos razonables sobre c&oacute;mo volverse un plomero pr&oacute;spero. En este cambio constante de perspectiva &#151;porque Sancho, por su parte, tambi&eacute;n intenta aventurarse como su se&ntilde;or en el campo de la poes&iacute;a&#151; consiste la gracia del <i>Quijote.</i> El gran error de muchas traducciones &#151;en todas las lenguas&#151; ha sido pensar que el <i>Quijote,</i> que es una novela con una inmensa carga c&oacute;mica, tiene que demostrar su comicidad en cada palabra y que nunca termina de resultar suficientemente c&oacute;mico. De este modo, muchas veces el texto de la traducci&oacute;n delata a sus personajes con frases de una comicidad demasiado evidente, que hace olvidar que el efecto c&oacute;mico surge sobre todo de las situaciones y no del discurso de los personajes que, ellos s&iacute;, se toman muy en serio en muchas ocasiones. Solamente tomando en serio a los personajes es como se logra acceder a lo verdaderamente c&oacute;mico de Cervantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con el fin de seguir fielmente la evoluci&oacute;n de los protagonistas, tal vez la mejor receta para el traductor ser&iacute;a intentar olvidar el conjunto de la obra y seguir paso por paso el desarrollo de los personajes, cuyo futuro tambi&eacute;n Cervantes desconoc&iacute;a en el momento de describirlos. Sobre todo resultar&iacute;a fatal tratar de traducirlos a la luz de la segunda parte, que constituye justamente un comentario de la primera. El lector no debe tener la impresi&oacute;n de que en la primera parte los personajes se han le&iacute;do ya a s&iacute; mismos, como ocurre en la segunda. Aqu&iacute;, una de las virtudes que necesita el traductor es el olvido. Lo mejor es seguir la pr&aacute;ctica del propio Don Quijote con respecto a sus libros de caballer&iacute;a: leer, creer e imitar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es preciso confiar tambi&eacute;n en los supuestos "errores" de Cervantes. La mayor&iacute;a de los traductores alemanes se ha encargado de retocarlos, siguiendo el lema &#151;como denuncia el cr&iacute;tico y traductor Klaus Reichert&#151; de que "cuando se hunde el barco del texto, la banda del traductor debe seguir tocando a bordo <i>M&aacute;s cerca de ti, Dios m&iacute;o"</i> Eso ser&iacute;a justamente desentenderse del juego cervantino, que retoma sus propios errores para mejor burlarse de ellos (como en el caso famoso del rucio de Sancho, que se le pierde al autor en un cap&iacute;tulo y reaparece sin m&aacute;s unos cap&iacute;tulos m&aacute;s adelante, con Sancho cabalg&aacute;ndolo felizmente). Friedrich Justin Bertuch, el segundo traductor alem&aacute;n, fiel a la visi&oacute;n racionalista de su &eacute;poca, quiere ser consecuente, y en su versi&oacute;n, Sancho, a partir del cap&iacute;tulo XXV de la primera parte, acompa&ntilde;a a su se&ntilde;or a pie.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una de las tareas decisivas de una nueva traducci&oacute;n del <i>Quijote</i> al alem&aacute;n ser&iacute;a seguir a Cervantes en sus errores y en la relaci&oacute;n que tiene el autor con cada uno de sus personajes. Sobre todo, la voz de Sancho debe mantener para los lectores alemanes todo su potencial de sorpresa, tanto en su semivulgaridad erudita y su semierudici&oacute;n popular como en su profunda humanidad e inteligencia, e incluso en la ternura oculta o evidente hacia su amo. Y Don Quijote tendr&aacute; que salir del &aacute;mbito de la locura para entrar en el vaiv&eacute;n entre locura y sentido com&uacute;n que puede caber a veces dentro de una sola frase.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El buen resultado de una nueva traducci&oacute;n del <i>Quijote</i> se medir&aacute; igualmente por los refranes: en este campo se librar&aacute; una de las batallas decisivas por un nuevo <i>Quijote.</i> La sabidur&iacute;a popular que desgrana Sancho a la manera de un loro es de una profusi&oacute;n que dif&iacute;cilmente se puede encontrar en la lengua alemana. &iquest;C&oacute;mo puede defenderse el traductor en este campo? No solamente debe buscar proverbios hasta en los rincones m&aacute;s remotos de la lengua y la literatura alemanas, sino que tambi&eacute;n tiene que inventar nuevos, para que as&iacute; aflore toda la subversiva <i>vox populi</i> de Sancho, que adem&aacute;s de utilizar los refranes frecuentemente los cambia y tergiversa. Una de las posibles fuentes literarias de que podr&iacute;a servirse el traductor en esta tarea es el expresionismo alem&aacute;n: Alfred D&ouml;blin, por ejemplo, con su <i>Berlin Alexanderplatz,</i> en el cual se mezclan y se parodian constantemente dichos, canciones y frases hechas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Qu&eacute; lenguaje escoger para el <i>Quijote</i> en el siglo XXI? Muchos traductores intentan dar a su texto la p&aacute;tina de un lenguaje antiguo. &iquest;Es este un camino admisible? El Pierre Menard de Borges nos deja saber qu&eacute; es necesario para reescribir el <i>Quijote:</i> "recuperar la fe cat&oacute;lica, guerrear contra los moros o contra el turco, olvidar la historia de Europa entre los a&ntilde;os de 1602 y 1918, <i>ser</i> Miguel de Cervantes". Al igual que Pierre Menard, la traductora descartar&iacute;a este camino por demasiado f&aacute;cil. M&aacute;s arduo e interesante le parece a Pierre Menard seguir siendo Pierre Menard y llegar al <i>Quijote</i> a trav&eacute;s de las experiencias de Pierre Menard. De la misma manera, un traductor lleva siempre a cuestas su &eacute;poca y su lenguaje, y dado que Cervantes escribi&oacute; en su &eacute;poca con una inaudita modernidad, una percepci&oacute;n retr&oacute;grada del lenguaje ser&iacute;a m&aacute;s que contraproducente al traducirlo hoy d&iacute;a. Cervantes detestaba justamente todo amaneramiento, y el <i>Quijote</i> no es un libro en contra de los libros de caballer&iacute;a, sino en contra del amaneramiento de la literatura de su &eacute;poca. Eso no significa que Sancho y los personajes populares deber&iacute;an hablar en la nueva traducci&oacute;n un <i>slang</i> de las calles metropolitanas del siglo XXI. Hay que encontrar un idioma que sea perfectamente posible en el siglo XXI sin ser, al mismo tiempo, ni anacr&oacute;nico ni anticuado: una jerga inventada que se libere de todos los elementos pseudoantiguos, manteniendo a los personajes en su entorno y su tiempo. Crear este idioma exigir&aacute;, por cierto, muchas investigaciones etimol&oacute;gicas del espa&ntilde;ol y del alem&aacute;n, para no caer en lo ling&uuml;&iacute;sticamente improbable. En este contexto hay que tener en cuenta tambi&eacute;n que el alem&aacute;n del siglo XVII no corresponde al espa&ntilde;ol del mismo siglo, porque en esa &eacute;poca la lengua alemana estaba todav&iacute;a form&aacute;ndose a partir de las numerosas lenguas regionales. De esta manera, lo anacr&oacute;nico forma parte ya autom&aacute;ticamente de cualquier traducci&oacute;n, y el traductor debe aprovechar la oportunidad y liberarse de todo falso historicismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra exigencia central para una nueva traducci&oacute;n del <i>Quijote</i> ser&aacute; el elemento del ritmo y de la m&uacute;sica en el lenguaje cervantino. La prosa de Cervantes en muchas ocasiones adopta la forma de los versos, enhebra octos&iacute;labos y endecas&iacute;labos, asonancias y aliteraciones. Ya el famoso comienzo del primer cap&iacute;tulo tiene un ritmo inolvidable. (Y encontrar su correspondencia alemana ser&aacute; un punto clave para la lectura de la novela entera.) Cuando por ejemplo Burton Raffel comienza su nueva traducci&oacute;n al ingl&eacute;s en 1999 con un prosaico "In a village in La Mancha (I don't want to bother you with its name)...", toma un camino que dif&iacute;cilmente lograr&aacute; encontrarse con Cervantes en su trayecto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primer cap&iacute;tulo del <i>Quijote</i> representa la gran valla para cualquier traductor. A fin de no desanimarme desde el principio, la omit&iacute; en un comienzo, esperando primero familiarizarme con los personajes y, as&iacute;, poder despu&eacute;s sortear con m&aacute;s impulso ese obst&aacute;culo, no solamente del <i>Quijote,</i> sino de la novela moderna. Y todav&iacute;a sigo durmiendo y despert&aacute;ndome con la frase "En un lugar de la Mancha...", que alg&uacute;n d&iacute;a encontrar&aacute; su ritmo en alem&aacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una gran ventaja para un traductor del <i>Quijote</i> hoy d&iacute;a lo representa la nueva edici&oacute;n cr&iacute;tica editada por Francisco Rico y su equipo en 1998. Ning&uacute;n traductor anterior ha podido contar con esa inmensa cantidad de notas, explicaciones e informaciones acerca del <i>Quijote,</i> de Cervantes y de su &eacute;poca, y quien quiera traducirlo hoy, necesariamente tendr&aacute; que apoyarse en esta impresionante edici&oacute;n. Aunque tampoco confiar&eacute; ciegamente en ella, puesto que la obra de Cervantes tiene una ambig&uuml;edad que ninguna ciencia podr&aacute; eliminar. Y a pesar de que la edici&oacute;n de Rico es la versi&oacute;n m&aacute;s moderna y m&aacute;s fiable del <i>Quijote,</i> para un traductor la edici&oacute;n de Francisco Rodr&iacute;guez Mar&iacute;n del a&ntilde;o 1947, con sus diez tomos y miles de notas, es un tesoro inestimable, ya que en sus vastas anotaciones rastrea los or&iacute;genes de las palabras y las cita en una infinidad de ejemplos. Un verdadero El Dorado para cualquier traductor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mi propio camino hacia la traducci&oacute;n del <i>Quijote</i> se ha hecho curiosamente no a trav&eacute;s de la literatura espa&ntilde;ola, sino a trav&eacute;s de la traducci&oacute;n de la literatura latinoamericana. Aunque puede que los especialistas cervantinos se inquieten, me parece un camino muy leg&iacute;timo, ya que Don Quijote cre&iacute;a en la realidad de los libros de caballer&iacute;a, y cuando Col&oacute;n desembarc&oacute; en las Indias, anot&oacute; en su diario que hab&iacute;a encontrado una realidad que le recordaba esos mismos libros de caballer&iacute;a. Una realidad que ha resurgido siglos despu&eacute;s por todas partes en la literatura latinoamericana, por lo que a la traductora el paso al mundo caballeresco de Don Quijote le resulta casi familiar (aunque la empresa de esta traducci&oacute;n parezca, a primera vista, tan audaz como la exploraci&oacute;n de un continente entero).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todav&iacute;a me encuentro al principio de la aventura. Y manejar este vasto material literario que es el <i>Quijote</i> entra ya en el dominio de la teor&iacute;a del caos. En el camino, el traductor tiene que tener siempre en la mente el conjunto de la obra, y debe estar consciente de que si cambia una palabra puede cambiar la constelaci&oacute;n de toda la obra, del mismo modo que el aleteo de una mariposa en China puede cambiar el tiempo atmosf&eacute;rico en Europa. Ser&aacute; un proceso de eterno reajuste ling&uuml;&iacute;stico, en el cual la traductora actuar&aacute; m&aacute;s bien como una malabarista que arroja al aire todo el tiempo una infinidad de bolas y de platos. Espero s&oacute;lo que no se rompan demasiados durante la funci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mientras m&aacute;s avanzo en la traducci&oacute;n, m&aacute;s me doy cuenta de un efecto que podr&iacute;a describirse como la imagen inversa de las pel&iacute;culas del Oeste, en las cuales, al final, los h&eacute;roes se alejan del espectador cabalgando hac&iacute;a el horizonte mientras el sol se pone. Yo, en cambio, miro hacia el horizonte y veo a lo lejos dos figuras &#151;una en un caballo alto y otra en un burro bajo&#151; que vienen cabalgando lentamente hacia m&iacute;, volvi&eacute;ndose m&aacute;s claras y m&aacute;s n&iacute;tidas a cada paso.</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">(Barcelona, enero de 2004)</font></p>      ]]></body>
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