<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0185-2698</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Perfiles educativos]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Perfiles educativos]]></abbrev-journal-title>
<issn>0185-2698</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0185-26982012000400018</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La teoría de la agresividad en Donald W. Winnicott]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Chagas Dorrey]]></surname>
<given-names><![CDATA[Raquel C.]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Centro Universitario Emmanuel Kant  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>09</month>
<year>2012</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>09</month>
<year>2012</year>
</pub-date>
<volume>34</volume>
<numero>138</numero>
<fpage>29</fpage>
<lpage>37</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0185-26982012000400018&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0185-26982012000400018&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0185-26982012000400018&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La teor&iacute;a de la agresividad en Donald W. Winnicott</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Raquel C. Chagas Dorrey</b>*</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* <i>Doctorado en Pedagog&iacute;a por la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico. Maestr&iacute;a y especialidad en Psicolog&iacute;a Cl&iacute;nica Infantil por la Universidad Aut&oacute;noma de Morelos. Licenciada en Psicolog&iacute;a por la Universidad de Buenos Aires. Directora General del Centro Universitario E. Kant.</i> CE: <a href="chagasraquel@hotmail.com">chagasraquel@hotmail.com</a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para dar cuenta de la complejidad que implica el tema de los comportamientos agresivos de los ni&ntilde;os en la escuela es preciso preguntarse c&oacute;mo se construye la subjetividad en nuestra &eacute;poca, signada por la inestabilidad de los afectos y de los v&iacute;nculos intersubjetivos. Los peque&ntilde;os se encuentran desvalidos y carentes del sost&eacute;n necesario que debe proveer el adulto para permitirles procesar las situaciones que exceden su capacidad de elaboraci&oacute;n. El predominio de relaciones sim&eacute;tricas entre padres e hijos, o peor a&uacute;n, de simetr&iacute;as invertidas, conlleva el peligro de ni&ntilde;os faltos de los cuidados imprescindibles para su desarrollo ps&iacute;quico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la era en que prevalece la tecnolog&iacute;a de la comunicaci&oacute;n es llamativo que en las relaciones humanas reine el silencio, tanto de parte de los adultos, a quienes se les dificulta tanto escuchar a los hijos como proporcionarles elementos que les permitan poner en palabras lo que sienten, como de parte de los ni&ntilde;os, que desprovistos de la capacidad de decir, expresan sus afectos con conductas impulsivas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El psicoan&aacute;lisis ha hecho aportes importantes relacionados con la constituci&oacute;n del sujeto y con la agresi&oacute;n, lo que lo convierte en una valiosa herramienta para la comprensi&oacute;n de la violencia en los v&iacute;nculos interpersonales y la b&uacute;squeda de alternativas de intervenci&oacute;n en esta problem&aacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Donald Winnicott es uno de los autores que se ha ocupado de estudiar el tema de la agresi&oacute;n en el ni&ntilde;o vinculada con la estructuraci&oacute;n del psiquismo. Sus aportes en torno a este tema marcan una notable diferencia respecto de la forma en que otros psicoanalistas abordaron el concepto de agresi&oacute;n, como veremos m&aacute;s adelante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los aportes de Winnicott fueron m&aacute;s all&aacute; de la cl&iacute;nica psicoanal&iacute;tica y se acercan a los padres y educadores con sus reflexiones y sugerencias respecto del cuidado y crianza de los ni&ntilde;os a fin de favorecer un ambiente que responda a sus necesidades f&iacute;sicas y afectivas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Donald Woods Winnicott naci&oacute; en Plymouth, Inglaterra, el 7 de abril de 1896 y falleci&oacute; el 25 de enero de 1971. En su momento fue el &uacute;nico psicoanalista de ni&ntilde;os que tambi&eacute;n era m&eacute;dico pediatra, profesi&oacute;n que continu&oacute; ejerciendo durante toda su vida. Ocup&oacute; importantes puestos en la Sociedad Brit&aacute;nica de Psicoan&aacute;lisis y fue su presidente durante dos periodos. Su extensa obra aport&oacute; ideas originales sobre el desarrollo temprano, principalmente sobre la vulnerabilidad del ni&ntilde;o y la importancia de su dependencia de la madre.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Algunos conceptos importantes de la teor&iacute;a winnicottiana son los de: <i>falso self, objeto</i> y <i>fen&oacute;menos transicionales</i>, y su particular perspectiva sobre la agresi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Winnicott el <i>verdadero self</i> se refiere al aspecto m&aacute;s singular de cada ser humano, a lo original de cada uno y lo m&aacute;s aut&eacute;ntico. Se basa en el gesto espont&aacute;neo del beb&eacute; vinculado con su omnipotencia. Siempre que la madre pueda ser el espejo que le permite al beb&eacute; crear la ilusi&oacute;n de que &eacute;l cre&oacute; al objeto (<i>objeto subjetivo</i>), dar&aacute; el espacio para que luego el <i>verdadero self</i> sea creador y le permita al sujeto sentirse real. Inicialmente el <i>self</i> tiene sus ra&iacute;ces en el cuerpo y los cuidados maternos contribuyen a que se logre la unidad de lo ps&iacute;quico con lo som&aacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando la madre no es <i>suficientemente buena</i>, es decir, cuando no puede adaptarse a las necesidades ps&iacute;quicas de su hijo y no puede identificarse con &eacute;l en el periodo de dependencia absoluta (primer semestre de vida), es decir, cuando la madre no toma en cuenta las necesidades del beb&eacute; e impone las suyas, el ni&ntilde;o deber&aacute; someterse a esta situaci&oacute;n para sobrevivir y dar&aacute; as&iacute; lugar a un <i>falso self</i> que cumplir&aacute; la funci&oacute;n de proteger al <i>verdadero self</i> y actuar&aacute; como una defensa para reaccionar contra esta intrusi&oacute;n negativa del ambiente, intentando suplir las funciones de sost&eacute;n que la madre no suministr&oacute;. M&aacute;s a&uacute;n, cuando la intrusi&oacute;n de la madre es sorpresiva y desmesurada uno de los efectos es el odio; se altera as&iacute; la realidad ps&iacute;quica y se interfiere en el establecimiento del <i>self</i>, derrumb&aacute;ndose tambi&eacute;n la fe, la confianza, la capacidad de crear y la ilusi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Objetos y fen&oacute;menos transicionales</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Luego de la ilusi&oacute;n omnipotente de haber creado al <i>objeto subjetivo</i> y creer que es uno con la madre, el beb&eacute; va descubriendo que est&aacute; separado de ella y asume su dependencia. La desilusi&oacute;n le crea angustia, sobre todo cuando la madre se separa de &eacute;l y/o antes de dormir, y se manifiesta en actividades espec&iacute;ficas, como llevarse alg&uacute;n objeto a la boca, sostener una tela con la que se acaricia o emitir sonidos bucales. A estas experiencias que suponen una actividad de fantaseo, Winnicott las llam&oacute; <i>fen&oacute;menos transicionales</i>. En esta &eacute;poca, que se extiende desde los cuatro o seis meses a los ocho o doce, el beb&eacute; puede descubrir un objeto suave al que se aferra, frecuentemente antes de dormir, o cuando est&aacute; triste. Este objeto, designado <i>objeto transicional</i>, es la primera posesi&oacute;n no&#45;Yo y es tan especial para el ni&ntilde;o que no ceder&aacute; a compartirlo con nadie.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la teor&iacute;a el <i>objeto transicional</i> aparece como un ejemplo concreto aprehensible emp&iacute;ricamente al que Winnicott recurre para explicar los fen&oacute;menos transicionales. Aunque no siempre existe un objeto como el osito, la sabanita o la cobija, s&iacute; es ineludible la creaci&oacute;n de esta zona intermedia entre lo subjetivo y lo objetivo, que funciona como puente entre ambos y que constituye los <i>fen&oacute;menos transicionales</i>. El espacio que ocupa esta zona de transici&oacute;n se ubica entre la realidad interna y la realidad externa, representa a la madre para el ni&ntilde;o y precede al reconocimiento de la realidad exterior (Winnicott, 1981 &#91;1951&#93;).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Winnicott se refiere al destino del <i>objeto transicional</i> diciendo que no se olvida, sino que progresivamente va perdiendo su significaci&oacute;n y deja de ser necesario para el ni&ntilde;o, aunque el <i>espacio transicional</i> perdurar&aacute; durante toda la vida y ser&aacute; ocupado despu&eacute;s por el juego, por las actividades recreativas y posteriormente por la cultura, el arte, la religi&oacute;n, la actividad on&iacute;rica e incluso la producci&oacute;n cient&iacute;fica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El <i>objeto transicional</i> posibilita la aparici&oacute;n del espacio de ilusi&oacute;n en el que se desplegar&aacute; el juego: en &eacute;l el ni&ntilde;o dramatiza, representa y escenifica su fantas&iacute;a. As&iacute;, cuando el juego se expresa como "matar de mentirita" no debe alarmarnos porque puede responder a un fen&oacute;meno transicional, en cambio cuando obedece a una descarga de la agresividad destructiva desaparece la funci&oacute;n del jugar para transformarse en una actividad compulsiva.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La agresividad</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Winnicott considera a la agresi&oacute;n desde una perspectiva diferente a como se la defin&iacute;a en las grandes teor&iacute;as psicoanal&iacute;ticas de su &eacute;poca. Para Freud (1979 &#91;1920&#93;) a partir de su &uacute;ltima teor&iacute;a de las pulsiones, la agresi&oacute;n se vincula a la pulsi&oacute;n de muerte, innata, dirigida al exterior y al otro o contra s&iacute; mismo como autoagresi&oacute;n. Winnicott no acepta que exista el instinto de muerte innato ni lo equipara al sadismo como un impulso con finalidad destructiva. Postula en cambio a la agresi&oacute;n como una fuerza que es manifestaci&oacute;n de vitalidad y la desvincula del concepto de frustraci&oacute;n; aclara adem&aacute;s que no debe confundirse con el enojo, al que considera <i>agresi&oacute;n reactiva</i> y que se origina a causa de una respuesta adversa del ambiente; una intrusi&oacute;n que reprime tempranamente la agresividad&#45;motilidad del ni&ntilde;o.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Winnicott el odio no es una emoci&oacute;n inicial en el beb&eacute;, sino que aparece muy tard&iacute;amente e implica poder reconocer al enemigo como otro. El odio se puede considerar como tal cuando hay un yo lo suficientemente integrado como para responsabilizarse de la intenci&oacute;n agresiva, lo que se pone en evidencia en las patolog&iacute;as que incluyen problemas de autoestima, en las que se hace manifiesta la dificultad de sentir odio a pesar de la dimensi&oacute;n del da&ntilde;o recibido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La agresividad, para Winnicott, constituye una fuerza vital, un potencial que trae el ni&ntilde;o al nacer y que podr&aacute; expresarse si el entorno lo facilita, sosteni&eacute;ndolo adecuadamente. Cuando esto no sucede el ni&ntilde;o reaccionar&aacute; con sumisi&oacute;n, teniendo dificultad para defenderse, o con una agresividad destructiva y antisocial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Relacionando el apetito con el desarrollo emocional, Winnicott plantea que la avidez es la forma primitiva del amor asociada con la agresi&oacute;n, es decir que inicialmente existe una sola pulsi&oacute;n de amor&#45;lucha, en la que el amor temprano contiene esta agresi&oacute;n&#45;motilidad (Winnicott, 1986 &#91;1939&#93;).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la consulta pedi&aacute;trica Winnicott (1981 &#91;1941&#93;) se dedic&oacute; a observar la actitud de los beb&eacute;s de cinco a trece meses de edad frente a un baja lenguas que &eacute;l ten&iacute;a sobre el escritorio. Concluy&oacute; que la vacilaci&oacute;n para apoderarse del objeto indicaba el grado de autorizaci&oacute;n o inhibici&oacute;n de la avidez que le hab&iacute;a permitido su madre, es decir, hasta qu&eacute; punto ella pudo aceptar o rechazar los impulsos agresivos del ni&ntilde;o. Esta agresividad primaria adquiere diversos nombres para el autor: "avidez", "amor o apetito primario", "amor oral" y en todos los casos se refiere a un concepto ligado a la motilidad, a la actividad y no a la intenci&oacute;n de da&ntilde;o.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el inicio el beb&eacute; no se diferencia de la madre, es el periodo de dependencia absoluta donde el encuentro con el objeto est&aacute; signado por la omnipotencia que le hace creer que &eacute;l ha creado al objeto; esto configura lo que para Winnicott es el <i>&aacute;rea de ilusi&oacute;n</i>, y al objeto as&iacute; constituido lo llama <i>objeto subjetivo</i>. Progresivamente se presentan momentos en que esta ilusi&oacute;n vacila dando lugar a los <i>fen&oacute;menos transicionales</i>, en los que el ni&ntilde;o no forma parte de la madre pero a&uacute;n no est&aacute; separado de ella.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El beb&eacute; de pocas semanas de vida se prende al pecho violentamente, pero sin intenci&oacute;n de da&ntilde;o; esta conducta puede ser mal interpretada por la madre como un ataque y dependiendo de la forma como ella reaccione, ser&aacute; el destino que tomar&aacute; la agresi&oacute;n. Cuando el ambiente reprime esta primitiva agresividad puede dar lugar a serios problemas en el desarrollo del sujeto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Winnicott considera que el primer conflicto importante que debe enfrentar el infante se da entre tener una experiencia de expresar la propia movilidad o <i>agresi&oacute;n primaria,</i> o tener que utilizar &eacute;sta para reaccionar a irrupciones, choques o ataques del ambiente al punto de quedar privado de sentir sus experiencias como propias. A esta &uacute;ltima agresividad Winnicott la llama <i>agresividad por reacci&oacute;n o reactiva</i>, para diferenciarla de la <i>agresi&oacute;n primaria</i> no intencional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la siguiente fase de integraci&oacute;n, o fase de <i>inquietud</i>, el peque&ntilde;o siente angustia por el temor de perder a su madre a causa de haberla da&ntilde;ado, pero esa angustia se contiene con la confianza en que podr&aacute; repararla y se convierte en el sentimiento de culpa. La presencia confiable de la madre, por el hecho de seguir viva y accesible, permite que la culpa permanezca en estado potencial y adquiera la forma de "preocupaci&oacute;n por el otro", lo que implica asumir la responsabilidad por sus impulsos instintivos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para que el objeto pueda ser aceptado como independiente del ni&ntilde;o y adquiera la cualidad de externo debe sobrevivir a su agresi&oacute;n. Al respecto Winnicott (2009 &#91;1968&#93;) considera que los intentos fallidos del ni&ntilde;o por destruir al objeto son los que le permiten acceder a la realidad. Es decir que la agresividad, aunque suene parad&oacute;jico, tiene como metas positivas llevar al reconocimiento del otro como tal, aceptando su diferencia, y favorecer el sentimiento de responsabilidad, amor y cuidado por el otro, as&iacute; como permitir el desarrollo de la creatividad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando la madre no es lo suficientemente confiable porque toma distancia del beb&eacute; en esta fase de <i>inquietud</i>, &eacute;l sentir&aacute; que la destruy&oacute;, lo que disminuir&aacute; las posibilidades de repararla. Al respecto Winnicott afirma que: "Si la destrucci&oacute;n es excesiva e inmanejable, es posible lograr muy poca reparaci&oacute;n... Todo lo que le queda al ni&ntilde;o por hacer es negar la paternidad de las fantas&iacute;as malas o bien dramatizarlas" (Winnicott, 1986 &#91;1939&#93;: 177).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido Winnicott se refiere a que el ni&ntilde;o inhiba su agresividad a&uacute;n en la fantas&iacute;a, o bien que la lleve a la acci&oacute;n agrediendo al otro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La supervivencia del objeto implica la certeza de que su amor ser&aacute; constante, lo que permite al ni&ntilde;o tolerar la ambivalencia, conocer el potencial de su propia agresi&oacute;n y contenerla en la fantas&iacute;a; esto determinar&aacute; la posibilidad de desarrollar su potencial creativo libremente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La postura de Winnicott respecto al origen de los impulsos agresivos y sus destinos se opone a lo que sosten&iacute;an otras corrientes del campo psicoanal&iacute;tico, para las que el problema que planteaba la agresi&oacute;n era c&oacute;mo controlarla, canalizarla o sublimarla. Incluso Freud (1979 &#91;1930&#93;) sosten&iacute;a que uno de los sufrimientos del ser humano consist&iacute;a en aceptar los l&iacute;mites que la cultura le impon&iacute;a en relaci&oacute;n a las pulsiones del Ello.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Winnicott, el verdadero problema no es la expresi&oacute;n de la agresividad, sino su temprana represi&oacute;n, que transforma el positivo impulso agresivo primario, necesario para el ulterior reconocimiento del otro, en <i>agresi&oacute;n reactiva</i>. El autor dice: "...si la sociedad est&aacute; en peligro no es a causa de la agresividad del hombre, sino de la represi&oacute;n de la agresividad individual" (Winnicott, 1981 &#91;1950&#45;1955&#93;: 281).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando el ambiente promueve una represi&oacute;n prematura de la <i>motilidad agresiva</i>, o lo que es lo mismo, del impulso <i>amor&#45;lucha</i>, el resultado puede ser la depresi&oacute;n grave, en la que tambi&eacute;n la intensidad del amor resultar&aacute; disminuida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los primeros momentos de fusi&oacute;n con el ambiente, en el que el beb&eacute; crea omnipotentemente al objeto, es importante que la madre se preste a la fusi&oacute;n; si en cambio la interrumpe reiteradamente dar&aacute; lugar a que se produzca una <i>agresividad reactiva</i> como defensa. Este prematuro choque del ambiente puede afectar en el ni&ntilde;o la capacidad de explorar en el &aacute;mbito del conocimiento y traer como consecuencia problemas de aprendizaje. Esto significa que la agresi&oacute;n primaria, que est&aacute; al servicio de la vida, el conocimiento y la creatividad se ve impedida, obtur&aacute;ndose as&iacute; la relaci&oacute;n con el objeto de conocimiento, lo que dificulta su aprehensi&oacute;n. La energ&iacute;a que tiene que implementar el ni&ntilde;o para acceder al aprendizaje se agota al ser utilizada en la agresi&oacute;n reactiva.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Actualmente podemos pensar la hiperactividad de algunos ni&ntilde;os como resultado de que su ambiente no facilit&oacute; el desarrollo de su motilidad primitiva, que se expresa entonces como una descarga de ansiedad que no lleva en s&iacute; misma una intenci&oacute;n de da&ntilde;o, pero que puede implicarlo como consecuencia de cierta torpeza motora que ocasiona perjuicio en el otro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de nuestra experiencia hemos observado que cuando los padres tratan de satisfacer todos los deseos de sus hijos impiden que se exprese esa motilidad&#45;agresividad tan necesaria para su desarrollo. De hecho sabemos que la famosa edad de los berrinches, entre los dos y tres a&ntilde;os, sirve para que el ni&ntilde;o exprese, con su oposicionismo, su incipiente identidad, diferenci&aacute;ndose de los dem&aacute;s. Del mismo modo, la rebeld&iacute;a del adolescente puede estar al servicio de la reafirmaci&oacute;n de su nueva identidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En investigaciones que hemos realizado acerca de la violencia entre ni&ntilde;os en la escuela primaria, pudimos observar la <i>agresi&oacute;n reactiva</i> en el ni&ntilde;o al que se califica de violento, quien seguramente se habitu&oacute; a reaccionar agresivamente frente a un ataque sufrido en las primeras &eacute;pocas de su desarrollo. En la escuela, primer lugar de socializaci&oacute;n fuera del hogar, es donde se evidencia la agresi&oacute;n inmotivada y compulsiva de algunos infantes que responden violentamente aunque no medie ning&uacute;n est&iacute;mulo real para ello, como producto de vivenciar al mundo como un peligroso agresor. El origen de esta conducta puede radicar tambi&eacute;n en la mala relaci&oacute;n entre los padres, de modo que el ni&ntilde;o incorpora este modelo de violencia y luego lo act&uacute;a por identificaci&oacute;n con ellos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Winnicott considera que la <i>agresi&oacute;n reactiva</i> tambi&eacute;n puede manifestarse de maneras menos evidentes. La relaci&oacute;n de maltrato entre padres que se agreden con frecuencia puede llevar a que el hijo incorpore este modelo de v&iacute;nculo y emplee toda su energ&iacute;a ps&iacute;quica en tratar de controlar esta experiencia en su interior, lo que trae como consecuencia una serie de s&iacute;ntomas que pueden oscilar entre el cansancio, la falta de energ&iacute;a, la depresi&oacute;n e incluso malestares som&aacute;ticos (Winnicott, 1981 &#91;1950&#45;1955&#93;).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Winnicott agrega que cuando se interrumpe la expresi&oacute;n de la agresi&oacute;n en el ni&ntilde;o, el medio se vuelve persecutorio para &eacute;l y puede formarse un patr&oacute;n reactivo de adaptaci&oacute;n con violencia encubierta y vuelta contra s&iacute; mismo, llevando a conductas autoagresivas que pueden variar en una escala que va desde los accidentes reiterados hasta los intentos suicidas, como un esfuerzo por controlar o eliminar lo que se vive como malo en su interior.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los sucesos violentos en ambientes escolares en la actualidad nos han hecho reflexionar que esta agresi&oacute;n encubierta y silenciada a la que se refiere Winnicott puede tener otro destino y llegar a un momento en que no puede contenerse, expres&aacute;ndose en estallidos homicidas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien las manifestaciones exacerbadas de violencia resultan impactantes, es necesario reflexionar sobre aquellas interacciones cotidianas de los infantes en las que se confunde el juego con la violencia, porque responden a dos formas diferentes de interactuar con el otro que dejar&aacute;n su huella en los v&iacute;nculos futuros; estas interacciones podr&aacute;n estar marcadas por la construcci&oacute;n creativa o por el sometimiento, la devaluaci&oacute;n y el da&ntilde;o.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una de las caracter&iacute;sticas de la actividad l&uacute;dica es que proporciona placer al ni&ntilde;o, sin embargo, cuando la ansiedad entra en juego deja de ser una actividad placentera. Juego y creatividad est&aacute;n indisolublemente unidos: incluso en la adultez podemos rastrear en el trabajo placentero o la obra de arte, la marca que dej&oacute; un juego logrado. Por eso mismo no podemos hablar de juego cuando la intenci&oacute;n es el da&ntilde;o al otro considerado como objeto a eliminar; en estos casos se trata de una puesta en acto de la <i>agresi&oacute;n reactiva</i>, que no pudo limitarse a la fantas&iacute;a y que incluso bloque&oacute; la capacidad de simbolizaci&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la teor&iacute;a de Winnicott son ponderadas las funciones que desempe&ntilde;a la madre, sin embargo, en un texto dedicado a las relaciones entre el ni&ntilde;o y la familia destaca la importancia del padre (Winnicott, 1989 &#91;1957&#93;). All&iacute; menciona la necesidad del padre de apoyar a la madre para que ella se sienta c&oacute;moda en el desempe&ntilde;o de su rol, y destaca que el padre es quien pone l&iacute;mites a la agresividad del ni&ntilde;o hacia su madre.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando el autor se refiere a la tendencia antisocial en los ni&ntilde;os vuelve a mencionar la importancia del padre:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando el ni&ntilde;o roba fuera de su hogar, tambi&eacute;n busca a su madre, pero ahora con mayor sentimiento de frustraci&oacute;n, y con la necesidad cada vez mayor de encontrar, al mismo tiempo, la autoridad paterna que ponga un l&iacute;mite al efecto concreto de su conducta impulsiva... (Winnicott, 1986 &#91;1939&#93;: 188).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La tendencia antisocial</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Winnicott llama <i>privaci&oacute;n</i> a la situaci&oacute;n en que el ambiente no suministr&oacute; los cuidados necesarios en el periodo de dependencia absoluta y utiliza el t&eacute;rmino de <i>deprivaci&oacute;n</i> para referirse a la p&eacute;rdida de un ambiente "suficientemente bueno" que promueva la integraci&oacute;n. Este &uacute;ltimo escenario es el que se vincula con la tendencia antisocial (Winnicott, 1993 &#91;1963&#93;).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tendencia antisocial representa el reclamo del ni&ntilde;o que desea recuperar un estado de bienestar perdido; Winnicott plantea que tal tendencia puede estar presente tanto en el ni&ntilde;o sano como en el que sufre de alg&uacute;n trastorno ps&iacute;quico. Al respecto este autor pone un ejemplo en el que el ni&ntilde;o puede ser privado de la satisfacci&oacute;n de sus necesidades:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El nacimiento de un hermanito, por ejemplo, puede ser un choque terrible en este sentido particular, aun cuando el ni&ntilde;o est&eacute; preparado para su llegada o aun cuando existan buenos sentimientos hacia el nuevo beb&eacute;. La s&uacute;bita aparici&oacute;n de la desilusi&oacute;n &#151;con respecto al sentimiento infantil de que ha creado a su propia madre&#151; que el advenimiento del nuevo beb&eacute; puede provocar, inicia una fase de robo compulsivo (Winnicott, 1986 &#91;1939&#93;: 182).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tendencia antisocial puede manifestarse en conductas como la mentira, el robo, actos destructivos, crueldad compulsiva y perversi&oacute;n. Tambi&eacute;n puede ocurrir que el ni&ntilde;o oculte esta tendencia y desarrolle una formaci&oacute;n reactiva (es decir, que manifieste un afecto opuesto al que siente), o que adquiera un car&aacute;cter quejoso. Las causas que originan tales tendencias se vinculan con el periodo de dependencia relativa en el que la madre dej&oacute; de adaptarse a las necesidades del yo del ni&ntilde;o, por ejemplo por enfermedad o por estar ocupada en alguna situaci&oacute;n que le obligara a apartarse en demas&iacute;a de su hijo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra de las causas relacionadas con las tendencias antisociales puede deberse a la p&eacute;rdida m&aacute;s tard&iacute;a de un ambiente que pod&iacute;a sobrevivir a la agresi&oacute;n del ni&ntilde;o. Por ejemplo la separaci&oacute;n de los padres puede llevar al hijo a sentir una angustia intensa que se manifieste con actitudes destructivas. Como consecuencia de cualquiera de estos hechos el ni&ntilde;o reacciona defensivamente, atacando y perdiendo la capacidad de sentir culpa (Winnicott, 1981 &#91;1956&#93;).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Winnicott pone el acento en la importancia que tiene la sociedad para prevenir y enmendar las conductas destructivas que origina la tendencia antisocial del ni&ntilde;o, quien alienta la esperanza de encontrar en otros ambientes la estabilidad perdida: "El ni&ntilde;o cuyo hogar no logra darle un sentimiento de seguridad, busca las cuatro paredes fuera de su hogar... A menudo, el ni&ntilde;o obtiene de sus parientes y de la escuela lo que no ha conseguido del propio hogar" (Winnicott, 1986 &#91;1939&#93;: 188).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siguiendo a Winnicott podemos pensar que la violencia que el ni&ntilde;o expresa en la escuela es en realidad un pedido de auxilio, una b&uacute;squeda de contenci&oacute;n que no obtuvo en su hogar, un intento de que el ambiente acepte sus necesidades de dependencia y sus demandas identificatorias, por lo que los v&iacute;nculos que establece con el maestro y otras figuras de autoridad pueden enmendar el da&ntilde;o sufrido, lo que no s&oacute;lo implica una esperanza para el ni&ntilde;o sino tambi&eacute;n para nuestra sociedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, para Winnicott la agresividad parte del impulso primitivo del <i>amor&#45;lucha</i> para llegar al reconocimiento de un mundo externo separado, es decir que la destructividad crea la realidad y siempre que el ambiente facilite su expresi&oacute;n, proveer&aacute; de fuerza a la creatividad, cuyo germen lo constituye ese primer objeto subjetivo que el beb&eacute; crea en su omnipotencia y que se consolida en el &aacute;rea de ilusi&oacute;n de los <i>fen&oacute;menos transicionales.</i> Este autor considera que los destinos negativos de la agresividad, cuando el ambiente la reprime, se pueden manifestar como culpa, devaluaci&oacute;n, sometimiento, problemas de aprendizaje, limitaci&oacute;n de la creatividad, o como <i>agresividad reactiva</i> destructiva. Cuando el ni&ntilde;o percibe que la madre no ha sobrevivido a su agresi&oacute;n puede traer como consecuencia la depresi&oacute;n, la tendencia antisocial, la hipocondr&iacute;a, la paranoia o la psicosis man&iacute;aco&#45;depresiva.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien reconocemos la importancia que tiene la etapa de dependencia inicial del ni&ntilde;o respecto de su madre en las patolog&iacute;as graves, creemos que Winnicott privilegia en demas&iacute;a la importancia que otorga al ambiente como facilitador o perturbador de la salud ps&iacute;quica del sujeto, particularmente en lo que se refiere a la psicopat&iacute;a. En la medida en que la patolog&iacute;a de los actos antisociales est&aacute; signada por la deprivaci&oacute;n ambiental, considera a estos padecimientos ps&iacute;quicos como un intento del sujeto de curarse con la esperanza de que el ambiente logre resarcirlo del da&ntilde;o sufrido en su desarrollo, de modo que la sociedad le compense lo que le debe. En este sentido le resta responsabilidad al sujeto por sus actos, asumi&eacute;ndolo como v&iacute;ctima de las fallas ambientales primarias, y minimiza los impulsos y el goce s&aacute;dico que subyacen al comportamiento antisocial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pensamos que un aspecto valioso del pensamiento de Winnicott es su planteo sobre la omnipotencia como base de toda actividad creativa que se expresa desde el juego del infante hasta la producci&oacute;n del adulto, en contra del valor negativo que el psicoan&aacute;lisis en general ha atribuido a este concepto: &eacute;ste ha sido definido como una manera de compensar la inmadurez infantil, o como una defensa que puede llevar a negar la realidad, cuando tambi&eacute;n puede considerarse un camino para transformar el desvalimiento humano en una producci&oacute;n est&eacute;tica por la v&iacute;a de la ilusi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El aporte te&oacute;rico de Winnicott respecto de la agresividad favorece su desmitificaci&oacute;n como un impulso necesariamente da&ntilde;ino, y al plantearla como un camino para el reconocimiento de la alteridad, contribuye a aceptar la complejidad que implica y permite cuestionar los ideales pacifistas que promueven su represi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El enfoque original winnicottiano se refiere a la agresi&oacute;n relacionada tanto con la creaci&oacute;n como con el descubrimiento del otro, es decir que el camino a la alteridad parte desde ni&ntilde;o y no de un corte o castraci&oacute;n ejercidos por el medio, como sostiene la tradici&oacute;n psicoanal&iacute;tica, ya que se accede al "objeto externo", e incluso al <i>self</i>, como otro, por la v&iacute;a de la agresi&oacute;n espont&aacute;nea propia del beb&eacute;. Es necesario acotar que no todas las relaciones violentas implican el reconocimiento del otro; por ejemplo, existen aqu&eacute;llas en las que el otro es solamente un objeto a destruir al que no se le reconoce la categor&iacute;a de humano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Winnicott plantea que adaptarse a la realidad impide crearla, de ah&iacute; que llegue a considerar que existe una patolog&iacute;a de la adaptaci&oacute;n en los ni&ntilde;os. Por nuestra parte hemos constatado que cuando los "buenos alumnos" son v&iacute;ctimas de la violencia de sus compa&ntilde;eros, tienen dificultades para implementar formas de defenderse por esta inhibici&oacute;n de la imaginaci&oacute;n que les impide encontrar la manera de lidiar con estos problemas. Adaptarse a la realidad difiere de aceptar la realidad concebida como una construcci&oacute;n en la que el sujeto ha participado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Referencias</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Freud, Sigmund (1979 &#91;1920&#93;), "M&aacute;s all&aacute; del principio del placer", en <i>Obras completas</i>, t. XVIII, Buenos Aires, Amorrortu, pp. 3&#45;62.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5884105&pid=S0185-2698201200040001800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Freud, Sigmund (1979 &#91;1930&#93;), "El malestar en la cultura", en <i>Obras completas</i>, t. XXI, Buenos Aires, Amorrortu, pp. 57&#45;140.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5884107&pid=S0185-2698201200040001800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Winnicott, Donald (1981 &#91;1941&#93;), "La observaci&oacute;n de ni&ntilde;os en una situaci&oacute;n fija", en <i>Escritos de pediatr&iacute;a y psicoan&aacute;lisis</i>, Barcelona, Laia, pp. 79&#45;102.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5884109&pid=S0185-2698201200040001800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Winnicott, Donald (1981 &#91;1950&#45;1955&#93;), "La agresi&oacute;n en relaci&oacute;n con el desarrollo emocional", en <i>Escritos de pediatr&iacute;a y psicoan&aacute;lisis</i>, Barcelona, Laia, pp. 281&#45;299.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5884111&pid=S0185-2698201200040001800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Winnicott, Donald (1981 &#91;1951&#93;), "Objetos y fen&oacute;menos transicionales", en <i>Escritos de pediatr&iacute;a y psicoan&aacute;lisis</i>, Barcelona, Laia, pp. 313&#45;330.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5884113&pid=S0185-2698201200040001800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Winnicott, Donald (1981 &#91;1956&#93;), "La tendencia antisocial", en <i>Escritos de pediatr&iacute;a y psicoan&aacute;lisis</i>, Barcelona, Laia, pp. 413&#45;425.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5884115&pid=S0185-2698201200040001800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Winnicott, Donald (1986 &#91;1939&#93;), "La agresi&oacute;n", en <i>El ni&ntilde;o y el mundo externo</i>, Buenos Aires, Ediciones Horm&eacute;, pp. 172&#45;179.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5884117&pid=S0185-2698201200040001800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Winnicott, Donald (1989 &#91;1957&#93;), "&iquest;Y el padre?", en <i>Conozca a su ni&ntilde;o</i>, Buenos Aires, Paid&oacute;s, pp. 117&#45;124.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5884119&pid=S0185-2698201200040001800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Winnicott, Donald (1993 &#91;1963&#93;), "Psicoterapia de los trastornos de car&aacute;cter", en <i>Los procesos de maduraci&oacute;n y el ambiente facilitador. Estudios para una teor&iacute;a del desarrollo emocional</i>, Buenos Aires, Paid&oacute;s, pp. 247&#45;263.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5884121&pid=S0185-2698201200040001800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Winnicott, Donald (2009 &#91;1968&#93;), "Sobre el uso de un objeto", en <i>Exploraciones psicoanal&iacute;ticas I</i>, Buenos Aires, Paid&oacute;s, pp. 121&#45;134.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5884123&pid=S0185-2698201200040001800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Freud]]></surname>
<given-names><![CDATA[Sigmund]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Más allá del principio del placer]]></article-title>
<source><![CDATA[Obras completas]]></source>
<year>1979</year>
<volume>XVIII</volume>
<page-range>3-62</page-range><publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Amorrortu]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Freud]]></surname>
<given-names><![CDATA[Sigmund]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El malestar en la cultura]]></article-title>
<source><![CDATA[Obras completas]]></source>
<year>1979</year>
<volume>XXI</volume>
<page-range>57-140</page-range><publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Amorrortu]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Winnicott]]></surname>
<given-names><![CDATA[Donald]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La observación de niños en una situación fija]]></article-title>
<source><![CDATA[Escritos de pediatría y psicoanálisis]]></source>
<year>1981</year>
<page-range>79-102</page-range><publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Laia]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Winnicott]]></surname>
<given-names><![CDATA[Donald]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La agresión en relación con el desarrollo emocional]]></article-title>
<source><![CDATA[Escritos de pediatría y psicoanálisis]]></source>
<year>1981</year>
<page-range>281-299</page-range><publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Laia]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Winnicott]]></surname>
<given-names><![CDATA[Donald]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Objetos y fenómenos transicionales]]></article-title>
<source><![CDATA[Escritos de pediatría y psicoanálisis]]></source>
<year>1981</year>
<page-range>313-330</page-range><publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Laia]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Winnicott]]></surname>
<given-names><![CDATA[Donald]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La tendencia antisocial]]></article-title>
<source><![CDATA[Escritos de pediatría y psicoanálisis]]></source>
<year>1981</year>
<page-range>413-425</page-range><publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Laia]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Winnicott]]></surname>
<given-names><![CDATA[Donald]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La agresión]]></article-title>
<source><![CDATA[El niño y el mundo externo]]></source>
<year>1986</year>
<page-range>172-179</page-range><publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Ediciones Hormé]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Winnicott]]></surname>
<given-names><![CDATA[Donald]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[¿Y el padre?]]></article-title>
<source><![CDATA[Conozca a su niño]]></source>
<year>1989</year>
<page-range>117-124</page-range><publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Paidós]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Winnicott]]></surname>
<given-names><![CDATA[Donald]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Psicoterapia de los trastornos de carácter]]></article-title>
<source><![CDATA[Los procesos de maduración y el ambiente facilitador. Estudios para una teoría del desarrollo emocional]]></source>
<year>1993</year>
<page-range>247-263</page-range><publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Paidós]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Winnicott]]></surname>
<given-names><![CDATA[Donald]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Sobre el uso de un objeto]]></article-title>
<source><![CDATA[Exploraciones psicoanalíticas I]]></source>
<year>2009</year>
<page-range>121-134</page-range><publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Paidós]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
