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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Una mirada a la sociología de la lectura: Martine Poulain]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Documentos</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Una mirada a la sociolog&iacute;a de la lectura: Martine Poulain<sup><a href="#nota">1</a></sup></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>A look into Sociology of Reading: Martine Poulain</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>PRESENTACI&Oacute;N</b><a href="#nota"><sup>2</sup></a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es innegable que la casa y la escuela son espacios en los que las personas se familiarizan con el mundo de lo escrito. El texto que aqu&iacute; presentamos fue expuesto por la autora durante el III Seminario Internacional "Cultura escrita y actores sociales" que se llev&oacute; a cabo en Puebla, M&eacute;xico. El Seminario reuni&oacute; principalmente a profesionales de la lectura y su eje anal&iacute;tico central fue la lectura en familia. Martine Poulain ofreci&oacute; a los asistentes esta interesante reflexi&oacute;n sobre el ni&ntilde;o no lector como aprendiz de lector, como individuo que crece en conocimiento, valores y gustos en el universo de lo escrito.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su conferencia la autora recupera una tradici&oacute;n francesa de historia y sociolog&iacute;a de las pr&aacute;cticas culturales y, espec&iacute;ficamente, de la lectura como una de estas pr&aacute;cticas (Petrucci, 1999; Chartier, 2000, Lahire, 2004). Su texto se refiere a las diferentes pr&aacute;cticas de lectura en un mundo crecientemente alfabetizado y di&#150;gitalmente disponible, y nos ayuda a entender c&oacute;mo en estas realidades los j&oacute;venes, m&aacute;s que no leer, hacen la lectura de forma diferente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como soci&oacute;loga de la lectura, Poulain ofrece argumentos que nos sirven para entender que las iniciativas &uacute;nicas y estandarizadas de promoci&oacute;n de la lectura no son el recurso id&oacute;neo para la formaci&oacute;n de lectores. En este sentido la autora aporta elementos para el an&aacute;lisis de la iniciativa de la Secretar&iacute;a de Educaci&oacute;n P&uacute;blica en M&eacute;xico sobre est&aacute;ndares de lectura (basados en la cantidad de palabras que un sujeto es capaz de leer por minuto), la cual fue hecha p&uacute;blica en noviembre de 2010. Como parte de esa iniciativa, durante el mes de febrero de 2011 se publica una vez por semana el "Manual de procedimientos para el fomento y la valoraci&oacute;n de la competencia lectora en el aula", que reduce los prop&oacute;sitos de lectura a contestar preguntas simples de textos simples y centra la actuaci&oacute;n en la valoraci&oacute;n, m&aacute;s que en el fomento.<sup><a href="#nota">3</a></sup></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">"El soci&oacute;logo examina, analiza y mide las relaciones diferenciales que las poblaciones o subpoblaciones mantienen respecto de lo escrito (en sus modalidades m&aacute;s diversas), justamente, para constatar el hecho de que no todos acceden a los textos en las mismas condiciones y con la misma intensidad" (Lahire, 2004: 9). Los estudios sociol&oacute;gicos de la lectura constituyen un recurso de comprensi&oacute;n de realidades culturales complejas y nos ofrecen algunas pistas anal&iacute;ticas para entender relaciones dicot&oacute;micas como la que se establece entre &eacute;xito escolar y lectura: "Las relaciones entre la intensidad de la lectura y los resultados escolares no son un&iacute;vocas", nos dice Poulain.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La autora dedica en este texto una reflexi&oacute;n puntual a c&oacute;mo la pantalla esfuma el orden tradicional del texto en el que autor y editor sugieren un orden de lectura; ahora el lector traza sus propias rutas de lectura. Uno de los &aacute;mbitos particulares de reflexi&oacute;n es la presencia cotidiana de la tecnolog&iacute;a para muchos j&oacute;venes para quienes &eacute;sta les ofrece la idea de pertenencia a una comunidad y los apoya en un periodo en el que se enfrentan, a&uacute;n m&aacute;s que en su infancia, a su condici&oacute;n de ser otro con respecto a sus padres.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quisiera cerrar esta presentaci&oacute;n con una cita muy sugerente del texto que se presenta a continuaci&oacute;n y que invita a su lectura: "La pluralidad de los h&aacute;bitos de lectura es hoy en d&iacute;a un hecho aceptado. El modelo letrado ya no es el &uacute;nico modelo reinante, y se le reconoce a todo individuo lector la posibilidad y el derecho de construir un sentido, su sentido".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LA CONSTRUCCI&Oacute;N DE S&Iacute; MISMO COMO LECTOR, CON O CONTRA SU FAMILIA<sup><a href="#nota">4</a></sup></b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El lugar y el rol de la familia en la formaci&oacute;n de un individuo conocedor y amante del libro evoluciona, evidentemente, seg&uacute;n la edad del ni&ntilde;o. El ni&ntilde;o no lector no puede apreciar las historias que no le han sido relatadas o le&iacute;das por otra persona, principalmente por su madre. El aprendiz de lector necesita, tanto del ambiente familiar como del escolar, una actitud comprensiva para enfrentar las dificultades. Finalmente, el adolescente deber&aacute; formarse como lector con y en contra de la familia, con y en contra de la escuela; los &uacute;nicos conocimientos, valores y gustos que llamar&aacute;n su atenci&oacute;n ser&aacute;n los de sus semejantes. Valores y gustos hoy en d&iacute;a formados tambi&eacute;n por el universo de la redes. Sin embargo, de este oc&eacute;ano de individualismos y de confrontaciones emergen culturas comunes que permiten un acceso a lo universal.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>La entrada del ni&ntilde;o al mundo de lo escrito</i></b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antes de aprender a leer, el ni&ntilde;o aprende a hablar: a los seis a&ntilde;os posee "el dominio nada despreciable de la lengua oral" (Bentolila, 1998) y ha integrado los principales convencionalismos fonol&oacute;gicos, de sintaxis y sem&aacute;nticos del lenguaje que ser&aacute;n tambi&eacute;n los del c&oacute;digo escrito. Una vez que aprende a leer debe descubrir e integrar el principio de los "mecanismos que unen las unidades gr&aacute;ficas y fon&eacute;ticas" (Bentolila, 1998:18). &iexcl;Y no es poca cosa! Antes de que el ni&ntilde;o olvide ese dif&iacute;cil ejercicio y haya adquirido los mecanismos necesarios para el buen manejo de la lectura, necesitar&aacute; de un largo periodo de ense&ntilde;anza, de ensayos, de progresi&oacute;n en su aprendizaje: "la actividad de la lectura va a exigirle al ni&ntilde;o que haga expl&iacute;citas, m&aacute;s de lo que lo hab&iacute;a hecho en la fase de adquisici&oacute;n del lenguaje oral, regularidades de sintaxis y formas de coherencia en el discurso que son necesarias en la construcci&oacute;n del sentido de las frases y de los textos", seg&uacute;n un proceso complejo e interactivo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las clases de maternal y de los a&ntilde;os que preceden al aprendizaje desempe&ntilde;an entonces un papel primordial. Por una parte, &eacute;stas permiten nivelar, de la manera m&aacute;s igualitaria posible, el dominio de la lengua oral por todos los ni&ntilde;os, sin importar su origen. En la escuela maternal se realiza la concientizaci&oacute;n general de la lengua y cultura escritas, aunque el ni&ntilde;o no sepa leer. En este sentido, la lectura de historias en voz alta a los ni&ntilde;os, hecha ya sea por los padres en el universo familiar o por los maestros en la escuela antes de los seis a&ntilde;os, juega un rol importante:</font></p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Varios estudios demuestran la teor&iacute;a de que leer historias a los ni&ntilde;os contribuye al &eacute;xito del aprendizaje de la lectura. Durante uno de ellos, realizado en Israel con ni&ntilde;os de primer a&ntilde;o, los profesores le&iacute;an historias o bien, continuaban la ense&ntilde;anza de la lectura y la escritura a lo largo de los &uacute;ltimos veinte minutos de clase cada d&iacute;a. Seis meses despu&eacute;s, los ni&ntilde;os a quienes se les ley&oacute; se equivocaban menos en la lectura de textos en voz alta. Adem&aacute;s, comprend&iacute;an mejor los textos le&iacute;dos en silencio y utilizaban un lenguaje m&aacute;s sofisticado al contar historias a partir de caricaturas, que los ni&ntilde;os que hab&iacute;an seguido con sus actividades habituales (Bentolila, 1998: 37).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Anne&#150;Marie Chartier agrega: "La lectura en voz alta permite esa convivencia; permite a todos los alumnos, lectores r&aacute;pidos o lentos, buenos o malos, intercambiar y conversar sobre un texto; permite a la mayor&iacute;a encontrar su lugar" (Chartier, 2007:213).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta familiarizaci&oacute;n con el mundo de lo escrito los padres desempe&ntilde;an un papel esencial al mostrar al ni&ntilde;o que lo escrito est&aacute; por todas partes: en la calle, en la cocina, en un peri&oacute;dico o en una caja de medicamento, y que su dominio otorga poder sobre el mundo. &iexcl;Y que &eacute;l mismo, su padre, es lector y encuentra placer y saber en la lectura! No hay nada peor que las conminaciones a leer por parte de un padre cuyo ni&ntilde;o nunca lo ha visto leyendo... En buena medida est&aacute; en manos de los padres que el ni&ntilde;o tenga ganas, o no, de aprender a leer. Los niveles de educaci&oacute;n y socioecon&oacute;micos de los padres, por supuesto, entran en juego en esta transmisi&oacute;n. Numerosos estudios son testimonio de este v&iacute;nculo entre las capacidades de lectura de los ni&ntilde;os y el placer de leer de los mismos padres. Por otra parte, tambi&eacute;n es importante la calidad de la relaci&oacute;n afectiva entre padres e hijos durante la lectura, de la misma manera que la frecuencia de los intercambios verbales sobre las historias le&iacute;das. Los padres son los compa&ntilde;eros indispensables de la escuela en la introducci&oacute;n del ni&ntilde;o al universo de lo escrito. Es necesaria una complicidad entre ellos para apoyar al ni&ntilde;o en la conquista de este territorio desconocido, que atrae y asusta al mismo tiempo. Todo maestro debe transformar su clase en una "comunidad de interpretaci&oacute;n" (Chartier, 2007:156).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>EL PESO DE LA FALTA DE LECTURA</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bruno Bettelheim y Karen Zelan invitan a padres y maestros a aceptar la dificultad del aprendizaje de la lectura en el ni&ntilde;o y subrayan hasta qu&eacute; punto esa dificultad exige competencias y una representaci&oacute;n del universo que no se adquieren sino lentamente:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El ni&ntilde;o requiere de tiempo y de experiencia para comprender que el material escrito est&aacute; hecho para transmitir un mensaje a quien quiera que lo lea y que no est&aacute; destinado especialmente para &eacute;l. El paso de lo particular a lo general se hace por medio del significado y no por la decodificaci&oacute;n de las palabras (Bettelheim y Zelan, 1983:41).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los autores nos recuerdan que las influencias familiares susceptibles de comprometer el aprendizaje de la lectura son resultado del producto de demasiado, o de muy poco: falta de inter&eacute;s hacia las pr&aacute;cticas intelectuales en casa o, al contrario, demasiada presi&oacute;n sufrida por el ni&ntilde;o "porque &eacute;l siente que, a pesar de todos sus esfuerzos, nunca estar&aacute; a la altura de lo que esperan sus padres". En su calidad de psicoanalistas, piden no "olvidar que las palabras tienen una resonancia en nuestro inconsciente", y que "todo texto contiene mensajes aparentes y mensajes ocultos; el individuo que los lee reacciona consciente e inconscientemente; .. el sentido de lo que lee es a la vez deformado por los sentimientos con los cuales el lector aborda la lectura y por los sentimientos que el texto despierta en &eacute;l" (Bettelheim y Zelan, 1983:43). Estos autores tambi&eacute;n opinan que la lectura no puede ser atractiva si no se le llena de poderes m&aacute;gicos: "para tener muchas ganas de leer, el ni&ntilde;o no necesita saber que la lectura le ser&aacute; &uacute;til m&aacute;s tarde; debe estar convencido de que &eacute;sta le abrir&aacute; un mundo de experiencias maravillosas, disipar&aacute; su ignorancia, lo ayudar&aacute; a comprender el mundo y a dominar su destino" (Bettelheim y Zelan, 1983: 50).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ellos examinan m&aacute;s espec&iacute;ficamente el sentido escondido de la <i>falta de lectura </i>&#151;hubiera sido inclusive m&aacute;s adecuado haber utilizado el t&eacute;rmino de error, con menos connotaci&oacute;n moral&#151;: "Puesto que el lector principiante todav&iacute;a cree en el poder de las palabras, para bien y para mal, lee mal o se bloquea cuando encuentra una palabra que remueve sentimientos demasiado profundos y que entonces le parecen peligrosos" (Bettelheim y Zelan, 1983:175). Con la ayuda de diferentes ejemplos, comentando los lapsus, inversiones e invenciones de palabras por los ni&ntilde;os durante su lectura, los autores invitan a considerar las faltas del ni&ntilde;o como <i>subjetivamente significativas. </i>A no considerarlas como indeseables, puesto que hacen sentir al ni&ntilde;o molesto o culpable; al contrario, hay que invitarlo a expresarlas y a comentarlas. La falta de lectura debe ser comprendida como "&iacute;ndice de un conflicto entre el esfuerzo consciente de leer lo que est&aacute; impreso y la necesidad subconsciente de reaccionar a las palabras fuera del contexto". Como tal, debe ser "identificada y respetada como un acto de afirmaci&oacute;n de s&iacute; mismo". Sin aceptar la falta, el adulto debe ayudar al ni&ntilde;o a superar el conflicto, a entender que est&aacute; en una situaci&oacute;n dif&iacute;cil. La "meta real de nuestras intervenciones", comentan, "era la siguiente: llevar al ni&ntilde;o a darse cuenta. .. que hab&iacute;a un problema digno de nuestra atenci&oacute;n... y de la suya... Al final de cuentas, todos ten&iacute;amos alguna cosa que comprender: para nosotros, lo que hab&iacute;a motivado la falta de lectura; para el ni&ntilde;o, lo que el texto verdaderamente quer&iacute;a decir" (Bettelheim y Zelan, 1983:66). Entonces, la falta debe ser comprendida como una experiencia necesaria y positiva de los ni&ntilde;os; en la medida en que intentan interpretar el texto seg&uacute;n sus deseos, darle un significado personal, "las faltas cometidas por los ni&ntilde;os con el objetivo de dar al texto un significado personal facilitan casi siempre el descifrado y, por &uacute;ltimo, animan al ni&ntilde;o a esforzarse por leer" (Bettelheim y Zelan, 1983:186).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LA CONSTRUCCI&Oacute;N DE UN LECTOR AUT&Oacute;NOMO EN EL SIGLO XVIII</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A modo de autobiograf&iacute;a, el texto titulado <i>La vida de Henry Brulard </i>(1982), peque&ntilde;a obra maestra de inteligencia y de iron&iacute;a que redact&oacute; al tener cerca de cincuenta a&ntilde;os, en 1832, Henri Beyle, llamado Stendhal, evoca su infancia y juventud en Grenoble a finales del Antiguo R&eacute;gimen y de la Revoluci&oacute;n. El contexto familiar y social y sus fracturas est&aacute;n omnipresentes en el relato, que evoca a una familia burguesa del Antiguo R&eacute;gimen en confrontaci&oacute;n con la &Eacute;poca de las Luces y luego la Revoluci&oacute;n (Poulain, 1988). Frente a esta evoluci&oacute;n de mentalidades, el padre y la t&iacute;a se paralizan en el campo tradicional, el de la Iglesia, el de la realeza, el del orden, el de las convicciones establecidas. Pero la madre y el t&iacute;o est&aacute;n tentados desde hace tiempo, por una parte, por las Luces, y por otra, por los tormentos novelescos de un Rousseau. El aprendizaje de la lectura por el ni&ntilde;o, seguido de su ejercicio, se confronta por lo tanto con dos concepciones opuestas de esta pr&aacute;ctica: la primera consiste en la reproducci&oacute;n repetida de un orden, religioso o pol&iacute;tico y social; la segunda, aquella de la madre perdida demasiado joven, pretende ser una invitaci&oacute;n al cues&#150;tionamiento, a la duda, a la sensibilidad. Y los textos que se proponen o se imponen al ni&ntilde;o son el reflejo de estas concepciones. La infancia del escritor est&aacute; descrita, as&iacute;, como la historia de una revuelta y de una conquista: la de elegir sus lecturas libremente y la de rechazar las lecturas &#151;y el orden&#151; paternos. La construcci&oacute;n de s&iacute; mismo como libre lector, a la vez encerrado en las imposiciones de la familia y tratando de liberarse, resulta esencial en la concepci&oacute;n del mundo y en la percepci&oacute;n del adulto y luego del escritor. Tanto as&iacute; que el escritor dar&aacute; a la lectura un papel esencial en sus propios personajes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Del lado del "clan" del padre est&aacute;n las lecturas obligatorias y rechazadas. Aquellas religiosas y devotas del padre, que se niega a comprar el <i>Diccionario </i>de Bayle para "no comprometer" la religi&oacute;n de su hijo y que no lo ver&aacute; "hojear la Enciclopedia m&aacute;s que con tristeza". Las lecturas rechazadas tambi&eacute;n son de su t&iacute;a Serafina, odiada, o a&uacute;n m&aacute;s, aquellas impuestas por su preceptor jesuita. Odiar a Virgilio y al lat&iacute;n, as&iacute; como "buscar siempre cuestiones rid&iacute;culas en esa pobre Biblia", es negar el mundo de los jesuitas y de una Iglesia que el ni&ntilde;o de diez a&ntilde;os ya percibe como arcaica y cerrada al mundo. Las lecturas amadas, clandestinas o reivindicadas, est&aacute;n todas del lado de la madre, que muri&oacute; cuando el ni&ntilde;o ten&iacute;a siete a&ntilde;os, y del abuelo materno, su iniciador en lecturas cultas y m&aacute;s o menos "herejes". El nieto roba de los segundos anaqueles de la biblioteca paterna los libros de Voltaire: "ese libro peligroso hab&iacute;a sido colocado en el estante m&aacute;s elevado de la bella biblioteca., la cual estaba a menudo cerrada con llave". Este aprendizaje es tambi&eacute;n el de la sensibilidad, que ofrece, particularmente del lado de los t&iacute;tulos m&aacute;s tarde olvidados, el pre&#150;romanticismo de Jean&#150;Jacques Rousseau y de su gran novela <i>La nueva Elo&iacute;sa, </i>que hizo llorar a toda una generaci&oacute;n de lectoras y provoca en el joven adolescente, "torrentes de voluptuosidad". "Me volv&iacute; absolutamente loco... La le&iacute; acostado en mi cama en Grenoble, despu&eacute;s de haber tomado la precauci&oacute;n de encerrarme con llave en mi cuarto y con arrebatos de felicidad y de voluptuosidad indescriptibles". En 1800 afirma: "ten&iacute;a ideas correctas de todo, hab&iacute;a le&iacute;do enormemente, adoraba la lectura; un libro nuevo, desconocido para m&iacute;, me liberaba de todo". Entre los 10 y los 13 a&ntilde;os adopt&oacute; las lecturas de su abuelo. Lecturas de las que un d&iacute;a le tocar&iacute;a a su vez alejarse.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La lectura desempe&ntilde;a tambi&eacute;n un papel central en muchas novelas de Stendhal, particularmente en <i>Rojo y negro, </i>donde describe el recorrido de un hombre del pueblo, Julien Sorel, que en mi opini&oacute;n debe todo su &eacute;xito social a su dominio conquistado de la lectura y al uso que hace de ella en su estrategia de ascenso social. Aqu&iacute; la lectura est&aacute; en un principio ausente y negada como sin&oacute;nimo de pereza; una imagen de la lectura que ha perdurado en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses occidentales hasta los a&ntilde;os cincuenta en numerosos medios populares que ah&iacute; ve&iacute;an casi un vicio, contrario a la energ&iacute;a que reclama la b&uacute;squeda de un mejor futuro por medio del trabajo. El libro abre con una escena de lectura contrariada por el padre: Julien Sorel, adolescente, colgado de un &aacute;rbol, inmerso en la lectura del <i>Memorial de Santa Helena, </i>los recuerdos de Napole&oacute;n, es golpeado e insultado por su padre quien ordena a "ese perro lector" dejar su lectura supuestamente ociosa: "&iexcl;Vaya perezoso! &iquest;Siempre leer&aacute;s tus malditos libros mientras est&eacute;s de turno en la sierra?". Una vez habiendo logrado integrar el seminario y su escuela, Julien Sorel se impone all&aacute; por sus dotes de lector y por su aptitud en memorizar sus lecturas ("hab&iacute;a aprendido de memoria todo el Nuevo Testamento en lat&iacute;n"). Todo su ascenso social posterior se debi&oacute; a sus talentos de lector y a la cultura adquirida, de la cual supo sacar provecho.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>&iquest;LA LECTURA DESACRALIZADA EN LOS J&Oacute;VENES ALUMNOS Y ESTUDIANTES?</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero la preocupaci&oacute;n de los pedagogos ya no proviene tanto hoy en d&iacute;a de las "malas lecturas" sino del miedo a la decadencia generalizada de este h&aacute;bito. Mientras que, siguiendo los an&aacute;lisis de los soci&oacute;logos, los mediadores (tutores, bibliotecarios y documentalistas) se esfuerzan por hacer la lectura y los textos m&aacute;s sencillos, portadores de menos im&aacute;genes "elitistas", los j&oacute;venes parecen sentirse cada vez m&aacute;s "c&oacute;modos" con los c&aacute;nones est&eacute;ticos tradicionales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los soci&oacute;logos notan una forma de trivialidad en la concepci&oacute;n de la lectura de los j&oacute;venes, cuyas consecuencias son parad&oacute;jicas, y ven convivir una presencia "ordinaria" del libro en su universo y una relativizaci&oacute;n de su uso y de sus representaciones simb&oacute;licas. Fran&ccedil;ois de Singly opina que, si no existe "una evasi&oacute;n generalizada del libro", en cambio "no se ha dado el efecto de traslaci&oacute;n entre el aumento de certificaciones escolares y el incremento por el gusto a la lectura" (De Singly, 1993,1993a). Las relaciones entre la intensidad de la lectura y los resultados escolares no son un&iacute;vocas. Leer ya no es, necesariamente, sin&oacute;nimo de &eacute;xito escolar: "se puede leer mucho y estar bajo en franc&eacute;s" y "ser bueno en franc&eacute;s y afirmar ser un lector moderado". Saber leer y amar la lectura no son necesariamente sin&oacute;nimos. El libro y la lectura ocupan un lugar relativo en el universo simb&oacute;lico: de acuerdo a la opini&oacute;n de los j&oacute;venes, la televisi&oacute;n, a veces la prensa, y hoy en d&iacute;a las pantallas, est&aacute;n colocadas antes que la lectura en sus capacidades para informar, para proveer conocimiento o para divertir. Los j&oacute;venes se interesan por lecturas poco cultas y negocian sus h&aacute;bitos de lectura con respecto a su rentabilidad escolar; al contrario de lo que pasaba en la &eacute;poca en que la excelencia en la lengua nacional (para nosotros el franc&eacute;s, en M&eacute;xico el espa&ntilde;ol) era el criterio de la selecci&oacute;n escolar y no las matem&aacute;ticas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un an&aacute;lisis que algunos a&ntilde;os m&aacute;s tarde retomar&iacute;an y desarrollar&iacute;an otros trabajos se bas&oacute; en una encuesta aplicada durante cuatro a&ntilde;os a 1200 j&oacute;venes de entre 14 y 17 a&ntilde;os; con base en &eacute;l, Christian Baudelot, Marie Cartier y Christine Detrez confirmaron la popularizaci&oacute;n del h&aacute;bito de la lectura, que conduce a los j&oacute;venes a asociar, sin complejo alguno, a Moliere y Stephen King, Camus y <i>Nunca sin mi hija </i>(&eacute;xito mundial de Betty Mamhoody). "M&aacute;s que una crisis de la lectura, vivimos una mutaci&oacute;n del modelo tradicional" (Baudelot, Cartier y Detrez, 1999),<sup><a href="#nota">5</a></sup> que se debe asumir y no lamentar, opinan los autores. Los j&oacute;venes leen, pero lo hacen de forma diferente, sin reverencia hacia los grandes autores y tambi&eacute;n sin confusi&oacute;n.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La lectura es una actividad cultural entre otras, que viene despu&eacute;s de la m&uacute;sica.</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es un hecho: la lectura de libros ocupa hoy un modesto lugar entre las distracciones de los adolescentes. No constituye la actividad preferida de ninguna categor&iacute;a de alumnos, aun de aquellos entre los cuales se concentran los m&aacute;s grandes lectores, las ni&ntilde;as, los buenos estudiantes y los ni&ntilde;os que vienen de familias con fuerte capital cultural.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La lectura ya no es, para los j&oacute;venes, "un hecho cultural total", aun para las ni&ntilde;as que leen siempre m&aacute;s que los ni&ntilde;os:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para la mayor&iacute;a de los j&oacute;venes encuestados, leer libros no es un acto vital. Tampoco es un acto de reverencia al patrimonio literario: se atreven a afirmarlo citando cada a&ntilde;o menos t&iacute;tulos y sustituyendo los t&iacute;tulos del patrimonio literario por los t&iacute;tulos llevados al &eacute;xito por el conjunto de sus semejantes. Aceptan sin escr&uacute;pulos aparecer ante los encuestadores como lectores poco asiduos o incluso como no lectores. Pero esta indiferencia manifestada en los valores centrales del humanismo cl&aacute;sico no significa que la lectura est&eacute; desvalorizada ante sus ojos: es una pr&aacute;ctica como cualquier otra, de diversi&oacute;n o de formaci&oacute;n, sometida a la intermitencia de los deseos y de las necesidades, a los azares de las biograf&iacute;as individuales y a las imposiciones de las redes sociales. Indiferentes a los discursos de los que sacralizan la lectura, asimil&aacute;ndola a la literatura, ellos mantienen una relaci&oacute;n m&aacute;s realista y pr&aacute;ctica con la primera. La lectura nunca est&aacute; asociada con valores o con significados a priori: son situaciones particulares que crean una necesidad, un deber o un placer de leer y determinan el uso de los libros. Tan dirigida por el mercado como la m&uacute;sica o el cine, la lectura no goza entre los j&oacute;venes de ning&uacute;n estatus excepcional. Es m&aacute;s, la lectura disminuye con el avance en la escolaridad; peor a&uacute;n, con el &eacute;xito escolar: la encuesta muestra "un tiempo de lectura decreciente de los alumnos a medida que prolongan su estancia en la escuela... y que logran el &eacute;xito. Leen poco en secundaria y mucho menos en preparatoria..".</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los mediadores y pedagogos, las bibliotecas, &iquest;se habr&aacute;n equivocado al querer desacralizar la lectura? &iquest;Hubiera sido necesario que continuara siendo un poco inaccesible, algo dif&iacute;cil, extra&ntilde;a, para que su conquista llegara a ser justamente un reto, una etapa en una acul&#150;turaci&oacute;n que transforma a aquel que se presta a ella, y no lo mantiene en el estado anterior donde se encontraba antes de dedicarse a ella?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es sobre todo porque la lectura es plural, como todas las actividades humanas. Ah&iacute; donde numerosos an&aacute;lisis tienden a cosificarla, sin reconocer m&aacute;s que una de sus formas, por ejemplo la lectura de la literatura por expertos, hay que reconocer la diversidad de sus formas de ejercicio, incluso al nivel de un mismo individuo. A igual distancia de una sociolog&iacute;a mec&aacute;nica de la determinaci&oacute;n social y de la ilusi&oacute;n de una libertad singular, Bernard Lahire estudia la manera en que los individuos act&uacute;an y piensan en configuraciones particulares y provistas de disposiciones evolutivas. Las personas viven en universos heterog&eacute;neos a los cuales se adaptan, esforz&aacute;ndose al mismo tiempo por dominarlos. Este contexto es, a su vez, m&oacute;vil, tanto a nivel sincr&oacute;nico (para el mismo individuo, leer en el ambiente familiar, escolar o profesional es una actividad multifac&eacute;tica, a veces contradictoria, en estos contextos diferentes), como a nivel diacr&oacute;nico (las disposiciones de los individuos y las configuraciones en las cuales se mueven cambian en el transcurso de la vida). Los h&aacute;bitos de lectura o escritura de los individuos, no m&aacute;s que sus otros comportamientos sociales, no pueden estar separados del contexto en el cual tienen lugar. Al estudiar los h&aacute;bitos dom&eacute;sticos de lectura y escritura este investigador subraya, por ejemplo, que aqu&eacute;llas "introducen una distancia entre el sujeto que habla y su lengua y le dan los medios para dominar simb&oacute;licamente lo que casi dominaba hasta ese punto... &#91;Ellas&#93; operan una ruptura con respecto al sentido pr&aacute;ctico" (Lahire, 1993,1993a, 1995,2002,2002a); as&iacute; subraya el gran distanciamiento al que se somete voluntariamente el individuo. Al analizar el fracaso o el &eacute;xito escolar en la clase popular, el investigador busca entender c&oacute;mo los individuos pueden o no dar tiempo a la lectura en los contextos sociales en los cuales se desenvuelven.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mich&egrave;le Petit, estudiando por ejemplo la lectura de los j&oacute;venes descendientes de inmigrantes que habitan en los suburbios desfavorecidos, opina que las bibliotecas y la lectura "contribuyen de manera indudable a una lucha contra los procesos de exclusi&oacute;n y de relegaci&oacute;n", porque apropi&aacute;ndose de los textos, esos lectores "elaboran con ellos una inteligencia de s&iacute; mismos, de los otros, del mundo; una distancia cr&iacute;tica que les permite salir de los lugares asignados", de "adue&ntilde;arse un poco m&aacute;s de sus propios destinos" (Petit, 1997, 2002). Esos j&oacute;venes pueden buscar en la lectura y en las bibliotecas un apoyo en su trayectoria escolar, una ayuda para su integraci&oacute;n profesional, pero tambi&eacute;n la comprensi&oacute;n de su propio lugar en el mundo y de su historia; una capacidad para representarse, para construirse una identidad, dominando simb&oacute;licamente su condici&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>EL ESCRITO EN UNA PANTALLA PROLECTORA</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La escuela empezaba apenas a adaptarse a una visi&oacute;n menos jer&aacute;rquica de la lectura y a aceptar su car&aacute;cter plural cuando otros pasatiempos vinieron a seducir a la poblaci&oacute;n, particularmente a los j&oacute;venes: celulares, <i>Ipods </i>y pantallas de todo tipo, que proponen hoy en d&iacute;a im&aacute;genes, sonidos y textos en l&iacute;nea. Adem&aacute;s, gracias a que los aparatos son cada vez m&aacute;s peque&ntilde;os, ofrecen el acceso a un sin fin de datos y la conexi&oacute;n inmediata con millones de personas afines, una apropiaci&oacute;n individual renovada con esas riquezas, as&iacute; como la apertura a una sociabilidad infinita.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la pantalla, la era de la clausura del libro est&aacute; abolida. El orden tradicional del texto se esfuma para dejar lugar a conjuntos en pedazos, potencialmente infinitos. El lector llega a ser el actor principal de la interacci&oacute;n con los textos, tal y como se lo proponen los autores mismos; interacci&oacute;n deformada, por as&iacute; decir, por aquellos nuevos editores, instaurando, gracias a un sistema de v&iacute;nculos posiblemente abismal, un acceso infinito a hipertextos tan seductores como perturbadores. La "sumisi&oacute;n" del lector al orden del texto impreso propuesto por el autor y el editor era una condici&oacute;n de su lectura; s&oacute;lo ella permit&iacute;a su aprendizaje seguido de la construcci&oacute;n de su esp&iacute;ritu cr&iacute;tico, pudiendo llevar luego a una liberaci&oacute;n/emancipaci&oacute;n del texto. Ahora, m&aacute;s que nunca, es el lector quien debe, por su gusto y disgusto, trazar su camino en esos nuevos conjuntos laber&iacute;nticos, e introducir sus elecciones y sus rechazos: organizar su lectura, inventar el orden de los discursos, crear algo de sentido en medio de un nuevo rompecabezas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Frente a esa revoluci&oacute;n del texto, tanto los discursos apolog&eacute;ticos que alaban el acceso universal al conocimiento y al reparto planetario, como los discursos que lo deploran, a&ntilde;orando el fin de un orden ben&eacute;fico, no son en realidad muy distintos uno de otro. Adem&aacute;s de su inutilidad &#151;la pantalla y las redes est&aacute;n presentes y su desarrollo no har&aacute; otra cosa que incrementar y perturbar a&uacute;n m&aacute;s los viejos h&aacute;bitos&#151;, estos discursos desconocen la complejidad de los efectos de esas mutaciones, que est&aacute;n al mismo tiempo llenas de posibilidades y demandan m&aacute;s que nunca de la pericia del lector, dada la obligaci&oacute;n de aprender, en situaciones eminentemente variables, el oficio de "metalector",<sup><a href="#nota">6</a></sup> de "hiper lector", adosados hoy en d&iacute;a al oficio de lector. El lector est&aacute; obligado en la redes a llegar a ser y saber ser su propio due&ntilde;o. No es una tarea f&aacute;cil para ning&uacute;n internauta y el fracaso puede estar al final del camino como antiguamente en la escuela, frente al catedr&aacute;tico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los estudios sobre la lectura frente a la pantalla se han multiplicado y permiten entender un poco de lo que se juega en estas nuevas ofertas y en esos nuevos h&aacute;bitos. Los autores de <i>Leer, escribir y volver a escribir </i>(Soucher, Jeanneret y Le Marec, 2003) subrayan la complejidad de estos aprendizajes: "Nada es m&aacute;s libre y fluido que la consulta de textos de red. Obligaciones formales, cuadros de interpretaci&oacute;n y hechos estructurales distinguen la pr&aacute;ctica de la red al de la lectura de un libro, pero tambi&eacute;n la imagen simplista de una libre 'navegaci&oacute;n'" (Soucher, Jeanneret y Le Marec, 2003: 116). Se trata de aprendizajes y no de un solo aprendizaje, ya que son m&uacute;ltiples las configuraciones propuestas y diversas las b&uacute;squedas efectuadas. La "desorientaci&oacute;n" de los inter&#150;nautas es grande, frente a un escrito en pantalla "polidiscursivo, polisemi&oacute;tico" (Soucher, Jeanneret y Le Marec, 2003:117), del cual siempre deben interpretar los signos ("El escrito sobre la pantalla est&aacute; repleto de signos, est&aacute; sobre determinado" &#91;Soucher, Jeanneret y Le Marec, 2003:156&#93;), frente al cual los j&oacute;venes deben siempre tomar decisiones, las cuales, y ellos lo saben, tal vez no ser&aacute;n las id&oacute;neas; ubicarse "requiere una actividad compleja, y a la vez imperiosa y misteriosa" (Soucher, Jeanneret y Le Marec, 2003:118). Todos est&aacute;n frente a multiplicidades de textos que es necesario aprender a encontrar, aun antes de entenderlos e interpretarlos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La revoluci&oacute;n en curso ha multiplicado la presencia de lo escrito y su uso; tambi&eacute;n ha conducido a todo lector a escribir: lo escrito viene a reemplazar lo oral frente a una pantalla silenciosa. Han aparecido nuevas formas de sociabilidad, silenciosas ("soledades interactivas" escribi&oacute; Dominique Wolton), que algunos buscan volverlas orales torturando la ortograf&iacute;a para que alcance la dosis de emoci&oacute;n deseada mientras que otros tienden a alcanzar el rango de expertos, adoptando sus criterios y sus modos de expresi&oacute;n.<sup><a href="#nota">7</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La irrupci&oacute;n de las tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n en la vida de los ni&ntilde;os modifica de nuevo los modos de ejercicio de la lectura y lo que los padres y la escuela deben aprender. Las tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n y de la comunicaci&oacute;n est&aacute;n "en el coraz&oacute;n del proceso de las turbulencias de identificaci&oacute;n de los adolescentes", estima Pascal Lardelier (2006); "su cultura est&aacute; ligada a las redes, mientras que el libro es solitario". Los colegiales pasan en promedio tres veces m&aacute;s tiempo en el MSN que haciendo sus tareas. La "vida real" "aparece a veces tan apagada, exigente y dolorosa al lado de los placeres a&eacute;reos y fulgurantes de la web", se&ntilde;ala el autor (Lardelier, 2006: 90). Desconectarse llega a ser imposible para algunos: "cuando me aburro en casa, me meto al Messenger, siempre hay alguien con quien platicar", afirma uno de ellos (Lardelier, 2006:32). Ese alguien con quien se <i>chatea </i>no es, la mayor parte del tiempo, y contrario a lo que creen los padres, un desconocido; la casi totalidad de los j&oacute;venes entrevistados por el soci&oacute;logo <i>chatean </i>exclusivamente con sus amigos. Esta impresi&oacute;n de pertenencia a una comunidad los apoya en un periodo en el que se enfrentan, a&uacute;n m&aacute;s que en su infancia, a su condici&oacute;n de ser otro con respecto a sus padres. Para las chicas, el celular, para los chicos la red... La familia y la escuela est&aacute;n completamente excluidas del aprendizaje de las tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n y de la comunicaci&oacute;n, algo que los j&oacute;venes hacen entre ellos... y solos: "la impresi&oacute;n de comunidad es inmensa, ya que salones enteros se encuentran algunas veces en la noche. Una solidaridad, liberada de toda noci&oacute;n de jerarqu&iacute;a, une a los alumnos, librados de las obligaciones escolares, aligerados de la pesadez de los cuerpos y del peso de las apariencias" en las pantallas providenciales puesto que ellos hacen justamente pantalla al cuerpo. Esas "mensajer&iacute;as instant&aacute;neas constituyen un inmenso campo de expresi&oacute;n y de experimentaci&oacute;n de los efectos de su palabra en otros, a una edad en la que se construye su identidad". Los j&oacute;venes no van a la red antes que todo para buscar informaci&oacute;n, sino para "comunicarse, buscar confidentes, intercambiar carpetas, jugar en red, trabajar en equipo o simplemente distraerse; es as&iacute; como logran, "mezclar espacio p&uacute;blico e intimidad, es una plaza p&uacute;blica <i>que permite la expresi&oacute;n de toda clase de 'indirectas'" </i>(Lardelier, 2006:123). Y es un &aacute;gora que deja a los padres desconcertados, ya que sus adolescentes se vuelven "poseedores de un saber y finalmente de un poder que se les escapa" (Lardelier, 2006:204).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>EL FUTURO DE LA LECTURA </b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La situaci&oacute;n de la lectura hoy en d&iacute;a parece entonces parad&oacute;jica y ambigua. No est&aacute; ni en la decadencia donde a algunos les gustar&iacute;a, o temer&iacute;an quiz&aacute;s, verla. Tampoco est&aacute; en una fase de conquista ni de reparto ampliado de las herencias culturales y de la potencia creativa, como lo esperar&iacute;an otros, tan ide&oacute;logos como los primeros puesto que esperan un milagro de la Internet o de la potencia de las pol&iacute;ticas de aculturaci&oacute;n. La pluralidad de los h&aacute;bitos de lectura es hoy en d&iacute;a un hecho aceptado. El modelo letrado ya no es el &uacute;nico modelo reinante, y se le reconoce a todo individuo lector la posibilidad y el derecho de construir un sentido, su sentido. No obstante, esta nueva tolerancia es tambi&eacute;n una conquista ambigua porque se procesa sobre un fondo de mutaciones y de crisis culturales generalizadas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, justo donde muchos observadores tienen el sentimiento de una diluci&oacute;n de la cultura universal en un oc&eacute;ano de peque&ntilde;os conocimientos y placeres individualistas, se construye sin duda algo de universal. Por lo menos, porque las necesidades de relato y su reparto, la "negociaci&oacute;n narrativa" son naturales en el hombre. Jerome Bruner, al igual que Paul Ricoeur, cree en la necesidad de relatos universales:</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La vida no es solamente una secuencia de historias que se bastan a s&iacute; mismas, cada una c&oacute;modamente establecida narrativamente en sus fundamentos. Las intrigas, los personajes y la decoraci&oacute;n parecen contribuir a su desarrollo. Buscamos estabilizar nuestro universo enganch&aacute;ndonos a un pante&oacute;n durable de dioses que contin&uacute;an comport&aacute;ndose como personajes aunque las circunstancias cambien. Construimos una "vida" creando un S&iacute; mismo que conserva su identidad y que se despierta al otro d&iacute;a esencialmente sin cambios (Bruner, 1996:179).<sup><a href="#nota">8</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>REFERENCIAS</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Baudelot, Christian, Marie Cartier y Christine Detrez (1999), <i>Y sin embargo leen..., </i>Par&iacute;s, Le Seuil.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5862864&pid=S0185-2698201100020001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bazin, Patrick (2005), "El fin del orden en la lectura", <i>M&eacute;dium, </i>n&uacute;m. 4, pp. 7&#150;21.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5862866&pid=S0185-2698201100020001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bentolila, Alain (1998), "Introducci&oacute;n", en Observatorio Nacional de la Lectura, <i>Aprender a leer en el ciclo del aprendizaje fundamental. An&aacute;lisis, reflexiones, propuestas, </i>Par&iacute;s, Odile Jacob/Centro Nacional de la Documentaci&oacute;n Pedag&oacute;gica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5862868&pid=S0185-2698201100020001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bettelheim, Bruno y Karen Zelan (1983), <i>La lectura y el ni&ntilde;o, </i>Ed. Robert Laffont.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5862870&pid=S0185-2698201100020001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Beyle, Marie&#150;Henri (Stendhal) (1982), <i>La vida de Henry Brulard, </i>Par&iacute;s, Ed. Gallimard, Biblioteca de la Pl&eacute;iade, tomo 2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5862872&pid=S0185-2698201100020001200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Beyle, Marie&#150;Henri (Stendhal) (1989), <i>Rojo y negro, </i>Par&iacute;s, Larousse.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5862874&pid=S0185-2698201100020001200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bruner, Jerome (1983), <i>Saber hacer, saber decir. El desarrollo del ni&ntilde;o, </i>Par&iacute;s, PUF.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5862876&pid=S0185-2698201100020001200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bruner, Jerome (1991), <i>Porque la cultura da forma al esp&iacute;ritu. De la revoluci&oacute;n cognitiva a la psicolog&iacute;a cultural, </i>Par&iacute;s, Eshel.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5862878&pid=S0185-2698201100020001200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bruner, Jerome (1996), <i>La educaci&oacute;n, dentro de la cultura. Los problemas de la escuela a la luz de la psicolog&iacute;a cultural, </i>Par&iacute;s, Retz.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5862880&pid=S0185-2698201100020001200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bruner, Jerome (2000), <i>Cultura y modos de pensar. El esp&iacute;ritu humano en sus obras, </i>Par&iacute;s, Retz.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5862882&pid=S0185-2698201100020001200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bruner, Jerome y Rita Watson (1987), <i>C&oacute;mo aprenden los ni&ntilde;os a hablar, </i>Par&iacute;s, Retz.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5862884&pid=S0185-2698201100020001200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Chartier, Anna&#150;Marie (2000), <i>El orden de los libros, </i>Espa&ntilde;a, Gedisa, Colecci&oacute;n Lea.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5862886&pid=S0185-2698201100020001200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Chartier, Anna&#150;Marie (2007), <i>La escuela y la lectura obligatoria. Historia y paradojas de las pr&aacute;cticas de ense&ntilde;anza de la lectura, </i>Par&iacute;s, Retz.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5862888&pid=S0185-2698201100020001200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">De Singly, Fran&ccedil;ois (1993), <i>Los j&oacute;venes y la lectura, </i>Par&iacute;s, Ministerio de Educaci&oacute;n Nacional, col. Los expedientes educaci&oacute;n y formaci&oacute;n, n&uacute;m. 24.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5862890&pid=S0185-2698201100020001200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">De Singly, Fran&ccedil;ois (1993a), <i>Materiales sobre la lectura de los j&oacute;venes, </i>Par&iacute;s, Ministerio de Educaci&oacute;n Nacional, col. Los expedientes educaci&oacute;n y formaci&oacute;n, n&uacute;m. 25.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5862892&pid=S0185-2698201100020001200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lahire, Bernard (1993), <i>La raz&oacute;n de los m&aacute;s d&eacute;biles. Reporte al trabajo, escritura, dom&eacute;sticos y lecturas en el medio popular, </i>Lille, Imprentas Universitarias de Lille.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5862894&pid=S0185-2698201100020001200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lahire, Bernard (1993a), <i>Cultura escrita y desigualdades escolares. Sociolog&iacute;a del "fracaso escolar en primaria", </i>Lyon, Imprenta Universitaria de Lyon.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5862896&pid=S0185-2698201100020001200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lahire, Bernard (1995), <i>Cuadros de familia. Suerte y desgracia de los escolares en medios populares, </i>Par&iacute;s, Gallimard, Le Seuil.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5862898&pid=S0185-2698201100020001200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lahire, Bernard (2002), <i>Retratos sociol&oacute;gicos. Disposiciones y variaciones individuales, </i>Par&iacute;s, Nathan.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5862900&pid=S0185-2698201100020001200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lahire, Bernard (2002a), <i>La cultura de los individuos. Disonancias culturales y distinci&oacute;n de s&iacute; mismo, </i>Par&iacute;s, La D&eacute;couverte.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5862902&pid=S0185-2698201100020001200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lahire, Bernard (comp.) (2004), <i>Sociolog&iacute;a de la lectura, </i>Espa&ntilde;a, Gedisa, Colecci&oacute;n Lea.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5862904&pid=S0185-2698201100020001200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lardelier, Pascal (2006), <i>El chip y el rat&oacute;n. Encuesta sobre la cultura num&eacute;rica de los adolescentes, </i>Par&iacute;s, Fayard.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5862906&pid=S0185-2698201100020001200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Levarotto, Jean&#150;Marc y Mary Leontsini (2008), <i>Internet y la sociabilizaci&oacute;n literaria, </i>Par&iacute;s, Biblioteca P&uacute;blica de Informaci&oacute;n, Centro Georges Pompidou.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5862908&pid=S0185-2698201100020001200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Petit, Mich&egrave;le (1997), <i>De la biblioteca al derecho de residencia. Trayectoria de j&oacute;venes, </i>Par&iacute;s, Biblioteca P&uacute;blica de Informaci&oacute;n, Centro Georges Pompidou.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5862910&pid=S0185-2698201100020001200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Petit, Mich&egrave;le (2002), <i>Elogio de la lectura. La construcci&oacute;n de s&iacute; mismo, </i>Par&iacute;s, Belin.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5862912&pid=S0185-2698201100020001200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Petrucci, Armando (1999), <i>Alfabetismo, escritura y sociedad, </i>Barcelona, Gedisa, Colecci&oacute;n Lea.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5862914&pid=S0185-2698201100020001200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Poulain, Martine (1988), "Yo, Henri Beyle, diez a&ntilde;os, lector", <i>Nueva Revista de Psicoan&aacute;lisis, </i>primavera, n&uacute;m. 37, pp. 149&#150;160.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5862916&pid=S0185-2698201100020001200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Soucher, Emmanuel, Yves Jeanneret y Jo&euml;lle Le Marec (dir.) (2003), <i>Leer, escribir y volver a escribir. Objetos, signos y pr&aacute;cticas de los medios informatizados, </i>Par&iacute;s, Biblioteca P&uacute;blica de Informaci&oacute;n, Centro Georges Pompidou.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5862918&pid=S0185-2698201100020001200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota"></a><b>NOTAS</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1 </sup>Texto presentado originalmente en franc&eacute;s. Traducci&oacute;n y revisi&oacute;n: Philippe Faure y Rollin Kent Serna.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2 </sup>Presentaci&oacute;n elaborada por Alma Carrasco Altamirano. Profesora de la Facultad de Administraci&oacute;n de la Benem&eacute;rita Universidad Aut&oacute;noma de Puebla y presidenta de Consejo Puebla de Lectura, A.C. <a href="http://www.consejopuebladelectura.org" target="_blank">www.consejopuebladelectura.org</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3 </sup>Cons&uacute;ltese: <a href="http://www.sep.gob.mx" target="_blank">www.sep.gob.mx</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4 </sup>Conferencia presentada por Martine Poulain, del Instituto Nacional de Historia del Arte, Francia, durante el III Seminario Internacional de Cultura Escrita y Actores Sociales, en el marco de la IV Feria Internacional de Lectura (FILEC) el 14 de febrero de 2010.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5 </sup>Las citas que siguen fueron extra&iacute;das de esta obra.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6 </sup>La expresi&oacute;n es de Patrick Bazin, 2005.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7 </sup>Esas nuevas socializaciones son analizadas a detalle por Jean&#150;Marc Levarotto y Mary Leontsini, 2008.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8 </sup>V&eacute;ase tambi&eacute;n Bruner, 1983,1991 y 2000; y Bruner y Watson, 1987.</font></p>     ]]></body>
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