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<journal-title><![CDATA[Estudios de cultura maya]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Un "alzamiento de indios" en Nebaj, Guatemala, en 1798]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[On the dawn of the colonial period, in a very hard situation of famine and disease, not very different from others that had already occurred at the Mayan area, a rebellion broke out in a small Guatemalan village, also alike many others that took place during the Colony. Even though, the beginning -the grave-yard had being moved- was dissimilar and take us to the deepest mayan ideas around life, death and sacred spaces.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Art&iacute;culos</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Un "alzamiento de indios" en Nebaj, Guatemala, en 1798<a href="#notas">*</a></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Mar&iacute;a del Carmen Valverde Vald&eacute;s</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Centro de Estudios Mayas, IIFL, UNAM,</i> <a href="mailto:carmenvalverde@hotmail.com">carmenvalverde@hotmail.com</a>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el ocaso de la &eacute;poca colonial, en un momento, como muchos otros que se vivieron en el &aacute;rea maya, de crisis, carest&iacute;a y epidemias, estalla en un peque&ntilde;o poblado ind&iacute;gena en Guatemala una sublevaci&oacute;n que tambi&eacute;n podr&iacute;a haber sido como otra de tantas de las que se dieron en la Colonia. Sin embargo, el detonante &#45;el cambio de ubicaci&oacute;n del camposanto&#45; la distingue de otros movimientos de insurrecci&oacute;n, y nos remite a las concepciones m&aacute;s profundas en tomo a la vida, la muerte y los espacios sagrados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">On the dawn of the colonial period, in a very hard situation of famine and disease, not very different from others that had already occurred at the Mayan area, a rebellion broke out in a small Guatemalan village, also alike many others that took place during the Colony. Even though, the beginning &#151;the grave&#45;yard had being moved&#151; was dissimilar and take us to the deepest mayan ideas around life, death and sacred spaces.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primero de enero de 1798 estall&oacute; en el pueblo de Nebaj una revuelta protagonizada por los ind&iacute;genas del lugar, que se distingue particularmente de muchos otros alzamientos, asonadas o insubordinaciones en contra del r&eacute;gimen colonial, agonizante ya para esas &eacute;pocas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nebaj era un poblado ixil enclavado en los Cuchumatanes, una zona monta&ntilde;osa en la frontera con el territorio de los mayas insumisos, que a&uacute;n a finales del siglo XVIII continuaban fuera del dominio colonial.<sup><a href="#notas">1</a></sup> Por otro lado, el ambiente en el que se gest&oacute; el mot&iacute;n corresponde a una &eacute;poca de crisis, ya que a ra&iacute;z de una epidemia de tabardillo <i>(tifus)</i> que asolaba la regi&oacute;n,<sup><a href="#notas">2</a></sup> las autoridades hab&iacute;an tomado medidas como la de quemar los ranchos y congregar a los enfermos en las cabeceras, en donde, partiendo de la pol&iacute;tica hospitalaria ilustrada, para el siglo XVIII se hab&iacute;an establecido algunos recintos permanentes para los contagiados por las epidemias. De igual forma, debido a la transformaci&oacute;n sanitaria impulsada por los Borbones, los m&eacute;dicos ilustrados emprendieron campa&ntilde;as en contra de los brotes epid&eacute;micos y visitaban los pueblos para "medicinar" a los enfermos. Ante estas disposiciones, la gente se neg&oacute; a dejar sus casas y, sobre todo, se rehus&oacute; a seguir las instrucciones sanitarias que dictaba un honorable galeno, Don Vicente Sonogastua y Carranza, quien se&ntilde;alaba la necesidad de practicarse sangr&iacute;as.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El p&aacute;rroco de Nebaj, Francisco Abell&aacute;n, se quejaba as&iacute; en una misiva dirigida al teniente coronel militar y alcalde mayor Francisco Xavier Aguirre:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&Uacute;ltimamente confesaron que la gente no quer&iacute;a venir a sangrarse diciendo que no era fuerza que se dejasen medicinar, y viendo que ni mis amonestaciones, ni la autoridad de vuestra merced, ni de los alcaldes era atendida, sal&iacute; en compa&ntilde;&iacute;a del se&ntilde;or m&eacute;dico a fin de que siquiera los que estaban enfermos se medicinasen, y el suceso fue el mismo, pues en las casas donde hab&iacute;a enfermos los ocultaron o los manifiestos no quisieron adoptar el m&eacute;todo curativo que se les suministraba, y los pocos que lo admitieron fue en respuesta de mil ruegos para que en cuando sali&eacute;ramos de la casa quitarlos y hacer los suyos. A sido &#91;<i>i.e.</i> han sido&#93; muchos los ruegos los que se les ha persuadido con todo amor y blandura, por lo que no puedo menos de creer que por aqu&iacute; anda un gran duende que los anima.<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sabemos que las epidemias fueron una constante durante la &eacute;poca colonial. Concretamente el tabardillo o tabardete, nombre colonial del tifo, que era transmitido por el piojo del cuerpo humano. Seg&uacute;n los estudios, "se ha presentado siempre en &eacute;pocas de guerra, hambre y cat&aacute;strofes humanas de todas clases".<sup><a href="#notas">4</a></sup> El doctor Garc&iacute;a de Farf&aacute;n, en su <i>Tratado breve de medicina</i> de 1579, describ&iacute;a el <i>tifus</i> como "la calentura que llaman tabardete por los puntos y manchas que salen en las espaldas y pechos". Hay que se&ntilde;alar que el matlazahuatl que cobr&oacute; tantas v&iacute;ctimas durante la primera mitad del siglo XVIII com&uacute;nmente se identific&oacute; con esta enfermedad.<sup><a href="#notas">5</a></sup> Pero a pesar de tratarse de un mal de origen europeo, durante la Colonia se consider&oacute; que los indios eran m&aacute;s proclives a contraerla debido a sus h&aacute;bitos sociales y alimentarios, de manera que se pensaba que una buena alimentaci&oacute;n, un buen comportamiento y un temperamento templado ayudaban a evitar el contagio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de las ideas introducidas por la "medicina ilustrada" del siglo XVIII, algunos facultativos se dieron a la tarea de atender personalmente a los enfermos en sus casas, y les aplicaban los remedios curativos m&aacute;s comunes de la &eacute;poca, como las sangr&iacute;as. &Eacute;stas, seg&uacute;n la concepci&oacute;n occidental de la enfermedad basada en los humores, ten&iacute;an como objetivo "sacar afuera aquella materia venenosa", pero sin lugar a dudas no debieron de haber sido bien vistas dentro de la pr&aacute;ctica curativa de los ind&iacute;genas, la cual se sustentaba en otros principios. Incluso en la &eacute;poca hubo cr&iacute;ticos europeos de este procedimiento; ya Quevedo en Espa&ntilde;a hab&iacute;a considerado que la medicina usual no s&oacute;lo era una pr&aacute;ctica inoperante sino de efectos absolutamente nefastos para la salud del enfermo: "todos mueren de los m&eacute;dicos que los curan".<sup><a href="#notas">6</a></sup> Cabrera Quintero, por su parte, quien cuestionaba los remedios curativos empleados por los galenos a ra&iacute;z de los brotes epid&eacute;micos en la Nueva Espa&ntilde;a en el siglo XVIII, afirmaba:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El m&eacute;dico atormenta al enfermo de mil maneras, lo aprieta y casi quebr&aacute;ndoles los miembros, taz&aacute;ndole &#91;<i>i.e.</i> "taj&aacute;ndole"&#93; y exprimi&eacute;ndole sangre de varias partes, finge que le saca el da&ntilde;o, que aunque sane, ya se ve, no es m&aacute;s que un embuste y castigo por sus pecados. Por lo mismo no nos debe admirar no convaleciesen muy f&aacute;cilmente de su obstinada enfermedad nuestros indios, si cayeron, como he expendido, en las manos de tales m&eacute;dicos. Dar&eacute; por bien empleado el bochorno de haberlo dicho, porque ya que enfermen otra vez no caigan en sus manos: harto les queda con su obstinada enfermedad, y curaci&oacute;n, dif&iacute;cil a&uacute;n a la mejor medicina, que sufrir.<sup><a href="#notas">7</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De igual forma, se&ntilde;alaba que las enfermedades se hab&iacute;an extendido a&uacute;n m&aacute;s por el empleo de sangr&iacute;as, "que no eran otra cosa que experimentar en piel ajena &#91;...&#93; y los m&eacute;dicos &#151;aunque muy doctos en tierra ultramarina y extranjeros&#151; juegan a la carnicer&iacute;a con los enfermos".<sup><a href="#notas">8</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si &eacute;sta era la idea y la imagen que ten&iacute;an los propios criollos de sus facultativos, podemos imaginarnos el temor y la poca credibilidad que las pr&aacute;cticas m&eacute;dicas les merec&iacute;an a los ind&iacute;genas, sobre todo los que habitaban en las regiones m&aacute;s alejadas de los centros administrativos y culturales de la Colonia. Por lo general los ind&iacute;genas segu&iacute;an recurriendo a sus propios curanderos, como lo se&ntilde;ala el citado m&eacute;dico don Vicente Sonogastua en su informe sobre la sublevaci&oacute;n de los ixiles de Nebaj cuando afirma que &eacute;stos: "no quer&iacute;an medicinarse si no de un embustero",<sup><a href="#notas">9</a></sup> y despu&eacute;s del tumulto no debi&oacute; de haberse sentido muy seguro este galeno, ya que en este mismo documento solicitaba al alcalde mayor de Totonicap&aacute;n su ayuda en caso de que tuviera que visitar alg&uacute;n otro pueblo: "y en el espero de la resoluci&oacute;n de vuestra merced, en la inteligencia de que en vista de ese acontecimiento no me determinar&eacute; a pasar a otro pueblo de indios sin la compa&ntilde;&iacute;a de vuestra merced y sus auxilios, pues lo dem&aacute;s ser&iacute;a hacer un sacrificio arriesgado a la vida, exponi&eacute;ndola a la temeridad de unos b&aacute;rbaros".<sup><a href="#notas">10</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Veamos lo que sucedi&oacute; en Nebaj que hizo al m&eacute;dico formular esta petici&oacute;n. Puede decirse que la gota que derram&oacute; el vaso de la paciencia india e hizo estallar las tensiones de manera espont&aacute;nea (es decir, sin planificaci&oacute;n previa) fue la oposici&oacute;n de los habitantes de Nebaj a enterrar a sus muertos en un camposanto ubicado en las afueras del pueblo. Este cementerio reci&eacute;n se hab&iacute;a creado y hab&iacute;a sido "debidamente bendecido", bajo el argumento de las autoridades de que en el atrio de la iglesia, donde acostumbraban enterrar a los difuntos, ya no hab&iacute;a espacio y que adem&aacute;s a ra&iacute;z de la epidemia, por razones sanitarias, los cad&aacute;veres infectados deb&iacute;an enterrarse en un sitio alejado del centro del pueblo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El d&iacute;a 31 de diciembre de 1797 muere un muchachito y, acatando estas disposiciones, es enterrado en este nuevo camposanto, al parecer, sin ninguna novedad. El tumulto se da al d&iacute;a siguiente, cuando mueren otros tres adultos y la gente se niega a enterrarlos en ese sitio, levant&aacute;ndose en armas y alegando que el ni&ntilde;o fallecido el d&iacute;a anterior se hab&iacute;a quejado toda la noche.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dejemos que narre los hechos el propio p&aacute;rroco de Nebaj:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Llegando este don Vicente el m&eacute;dico , les hizo patente el mandamiento de vuestra merced al pueblo y a sus justicias de la disposici&oacute;n de hacer un nuevo cementerio. Se les hizo atentes todos los riesgos a que se expon&iacute;an no obedeciendo, y dijeron que por ellos no hab&iacute;a novedad en el caso, mas que al d&iacute;a siguiente responder&iacute;an la &uacute;ltima resoluci&oacute;n la que fue como se ped&iacute;a de que se entablara el camposanto; que buscar&iacute;an paraje como se les pidi&oacute;, y a los dos d&iacute;as vinieron a llevarnos a dos parajes que hab&iacute;an pensado. Elegido el que mejor pareci&oacute; al se&ntilde;or licenciado Carranza, se bendijo el domingo treinta y uno con asistencia de los justicias y p&aacute;rroco. En este d&iacute;a muri&oacute; un parvulito, se mand&oacute; enterrar en el camposanto, lo que se ejecut&oacute; sin ninguna novedad; empero nosotros contentos y alegres de ver a estos hijos tan obedientes, se troc&oacute; de repente la alegr&iacute;a en el mayor sobresalto y miedo, pues al d&iacute;a inmediato, lunes primero del que rige, murieron tres adultos, y ni novedad hubo en la ma&ntilde;ana. A las dos de la tarde, estando en conversaci&oacute;n con dicho se&ntilde;or licenciado, de improviso entraron en el convento y a mi habitaci&oacute;n un gran pelot&oacute;n de mujeres con grande algazara y algunas llorando y todas hablando. Mand&eacute; hablase s&oacute;lo una y fue la propuesta: venimos todo el pueblo a suplicarle que ninguno se entierre en el nuevo lugar; pues aqu&iacute; no hay tal usanza, s&iacute; s&oacute;lo en nuestra iglesia. Tres hay ahora difuntos y venimos a ver si se nos prohibe enterrarlos en nuestra iglesia, pues en el camposanto no los llevamos porque la criatura que ayer se enterr&oacute; ha estado quej&aacute;ndose toda la noche. &iquest;Qui&eacute;n oy&oacute; los lloros?, pregunt&eacute;, y se me respondieron: <i>El Pueblo.</i></font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">O&iacute;da esta respuesta tem&iacute; una sublevaci&oacute;n, y para evitarla respond&iacute;: Es vuestra (mis hijas) la iglesia; yo no mando que se entierren en el Campo Santo, ni en la iglesia sino donde quiera el pueblo; pues seg&uacute;n vosotras yo no mando en la iglesia, salios al patio, que en presencia de los principales dir&eacute; mi &uacute;ltima resoluci&oacute;n. Sal&iacute; juntamente con ellas mostr&aacute;ndoles cari&ntilde;o en lo que apareci&oacute; el se&ntilde;or Vicente, mas al salir divis&eacute; todo el pueblo en pelotones, las mujeres en el patio del convento y los hombres en la parte de afuera, muchos con machetes y otros con palos. M&aacute;s me sobresalt&eacute; con esto y daba prisa a que llegaran los justicias y alcaldes, los que llegados se les hizo encargo de aquel desorden, al que respondieron que no eran c&oacute;mplices de tal conjuraci&oacute;n: estamos prontos en practicar lo que se ha comenzado, mas el pueblo insiste en el desorden y no nos oye ni obedece.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se les volvi&oacute; a amonestar con sumo amor, insistieron no obstante en no sepultar en el camposanto. Entonces, con palabras amorosas, los reprend&iacute; diciendo que hiciesen sus entierros en donde m&aacute;s les pareciese, yo no interven&iacute;a en ellos. Salieron sosegados dejando nuestros &aacute;nimos en sumo conflicto al considerarnos en un pueblo sublevado en que no hay m&aacute;s que naturales, de los que muchos poseen armas de fuego. Creci&oacute; nuestro (temor) cuando se not&oacute; que ni los alcaldes ni principales pudieron contener el &iacute;mpetu, porque mandado concurrir con ellos a su cabildo, apenas una peque&ntilde;a parte obedeci&oacute;. Los restantes, entrando a su iglesia con descarada algazara y griter&iacute;a, abrieron las tres sepulturas con tanta insolencia que en cada hoyo podr&iacute;a caber tres muertos, tal era lo largo y ancho de ellas, mas no hondas como deb&iacute;an. No cesaron los gritos en la iglesia hasta que se sepultaron &#91;...&#93;</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A las ocho de la noche ya se not&oacute; que cercaban el convento; nos recogimos en aquella hora esperando la de nuestra muerte que sin duda pens&aacute;bamos que ser&iacute;a la de aquella noche en la que no cesaron de andar por los corredores, mas (seg&uacute;n se vio al otro d&iacute;a) parece que esto se dirigi&oacute; a ver si se les estorbaba la insolente, descarada e inaudita acci&oacute;n de desenterrar a la criatura y enterrarla en su decantada Iglesia; de hecho ellos practicaron (el ritual) a su satisfacci&oacute;n, como a las once de la noche empezaron los oficios y como al primer canto del gallo se acab&oacute; &#91;...&#93; Se enterr&oacute; por fin el ni&ntilde;o en la iglesia como si fuese &eacute;sta gran proeza de estos ind&oacute;ciles, inobedientes y altivos.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&Eacute;stos son los que propasando los l&iacute;mites m&aacute;s humanos, &eacute;stos los que desatendiendo las &oacute;rdenes de sus superiores, me tienen puesto en la mayor consternaci&oacute;n y con raz&oacute;n, seg&uacute;n informara con toda claridad y certeza el se&ntilde;or licenciado de los disturbios e insolencias que practicaron los naturales de este pueblo cuando les era notoria y manifiesta la obediencia y sumisi&oacute;n que los principales han prestado a cuanto se les orden&oacute;, que no tuvo efecto por la insolencia del pueblo, sin poderla suprimir toda la fuerza de los principales &#91;...&#93; Dios nos guarde de estos ind&oacute;ciles.<sup><a href="#notas">11</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hasta aqu&iacute; la narraci&oacute;n del cura p&aacute;rroco Francisco Abell&aacute;n; analicemos algunos de los aspectos que se tocan en este interesante documento:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por un lado, es evidente que este airado pronunciamiento por parte de la poblaci&oacute;n de Nebaj, en donde los funcionarios civiles y eclesi&aacute;sticos no ind&iacute;genas se sienten francamente amenazados por el tumulto, es un claro movimiento de resistencia como respuesta a un atentado contra las pr&aacute;cticas cotidianas del pueblo. Pero no se trata en este caso de cualquier tipo de pr&aacute;ctica, ni los hechos se dan en cualquier momento. Aqu&iacute; estamos ante costumbres arraigadas, que tocan las fibras m&aacute;s sensibles del ser humano porque tienen que ver con la vida y la muerte, con esta interacci&oacute;n continua que posibilita la existencia del cosmos, en una &eacute;poca dif&iacute;cil, de crisis, causada por la epidemia. Es por ello que la respuesta de la poblaci&oacute;n, que al cura y al m&eacute;dico les result&oacute; desmedida, adquiere su justa dimensi&oacute;n en el seno de la cosmovisi&oacute;n maya.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los mayas, gran parte de los hechos cotidianos, y con mayor raz&oacute;n hechos colectivos, tienen una vinculaci&oacute;n directa con lo sagrado. Porque estamos hablando &#151;en palabras de Mario Ruz&#151; "de un tipo de muerte distinto y distante del nuestro, la muerte plural".<sup><a href="#notas">12</a></sup> Y sobre todo durante una epidemia, la muerte se convierte en un hecho colectivo, compartido, que el pueblo entero vive en conjunto; as&iacute; como colectiva fue la respuesta al p&aacute;rroco cuando pregunta qu&eacute; personas hab&iacute;an o&iacute;do quejarse al ni&ntilde;o muerto, y todos responden: "El Pueblo". Dice el propio Ruz: "perdida en buena medida su particularidad como individuos, familias e incluso grupos &eacute;tnicos al englob&aacute;rseles bajo los amorfos y homogeneizadores t&eacute;rminos de 'indios', 'ovejas' o 'tributarios', los mayas supieron de una vida y una muerte comunes".<sup><a href="#notas">13</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los entierros fueron acciones que contribuyeron a la creaci&oacute;n de una vivencia social, expresada en dimensiones temporales y espaciales, y en la medida en que estas acciones rituales se ubican en un sitio concreto, desempe&ntilde;an una funci&oacute;n en la creaci&oacute;n y desarrollo de la identidad social. Esto quiere decir &#151;a juicio de Julia Hendon&#151; que es necesario considerar el lugar como un elemento activo en la definici&oacute;n de la identidad; son sitios que se convirtieron en "lugares de memoria" como resultado de las acciones cotidianas que en ellos se desarrollaron, y no deben de ser vistos &uacute;nicamente como tel&oacute;n de fondo.<sup><a href="#notas">14</a></sup> En este sentido, los espacios comunitarios, paisajes construidos a partir de una vivencia social, adquieren gran relevancia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Existen espacios que conforman un puente entre el mundo en que vivimos y "Lo sagrado". Por otra parte, una de las preocupaciones fundamentales del hombre, que se manifiesta claramente en este n&uacute;cleo de enorme abstracci&oacute;n que es el fen&oacute;meno religioso, es la muerte y su devenir. De igual forma, el hombre religioso cree en la existencia de varios planos ontol&oacute;gicos en los que se divide la realidad, de manera que &eacute;sta no puede percibirse completa desde el plano en que se vive, pero se concibe la posibilidad de cierto tipo de comunicaci&oacute;n entre los niveles.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La muerte es un punto de conexi&oacute;n en el tiempo entre el universo profano y el sagrado, al menos de dos planos diferentes de existencia, que a su vez se conectan en un espacio determinado. As&iacute;, a partir de los rituales funerarios se genera un tratamiento diferenciado del lugar de los muertos; se separan estos espacios del resto del mundo, y aunque a veces los cementerios sean espejos de las ciudades, a estos sitios se les da una calidad distinta, un significado peculiar, son "fuertes" y significativos, seg&uacute;n palabras de Eliade,<sup><a href="#notas">15</a></sup> ya que en ellos se puede cambiar de plano ontol&oacute;gico o al menos se puede tener contacto con otro nivel de existencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El conjunto de la iglesia cristiana tiene una territorialidad definida en los pueblos ind&iacute;genas, concretamente entre los mayas de las tierras altas de Chiapas y Guatemala; es un lugar santo revestido de un cierto carisma desde su construcci&oacute;n; es el recinto donde com&uacute;nmente se ubic&oacute; el cementerio. Por un lado est&aacute; el atrio, que es &uacute;nico en su concepci&oacute;n espacial, a manera de templo a cielo abierto; lugar sacro, de tr&aacute;nsito entre el mundo profano, exterior a sus muros, y la iglesia propiamente dicha, recinto cerrado, centro sagrado por excelencia, en muchas ocasiones dise&ntilde;ado tambi&eacute;n para fungir como cementerio cubierto, ya que por lo general las tumbas se encontraban en el piso de la iglesia.<sup><a href="#notas">16</a></sup> Este car&aacute;cter particular hac&iacute;a necesaria su diferenciaci&oacute;n con el entorno circundante, por lo tanto se le delimitaba con una barda con accesos controlados en sus ejes principales, y all&iacute; el culto y su ense&ntilde;anza trasmit&iacute;an sacralidad a todo el recinto, la cual se renovaba cotidianamente a partir de los rituales ah&iacute; realizados. Es natural que justo aqu&iacute; fuera donde los ind&iacute;genas exig&iacute;an enterrar a sus difuntos, junto con los dem&aacute;s muertos del pueblo. Ciertamente el nuevo camposanto hab&iacute;a sido debidamente bendecido, y a los ojos de los funcionarios criollos cumpl&iacute;a con todas las normas, sin embargo, para los mayas los difuntos no pueden mudar su residencia y tienen que estar todos juntos, si no, se quejan; la soledad es dif&iacute;cil aun para los muertos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las consecuencias de la osad&iacute;a y el desacato de los ixiles de Nebaj no se hicieron esperar; las autoridades tomaron medidas inmediatas ante lo que consideraron un franco desaf&iacute;o a la moral y a las m&aacute;s elementales normas de la religi&oacute;n y las buenas costumbres. Seg&uacute;n las palabras del teniente coronel Francisco Xavier Aguirre, este hecho demandaba el m&aacute;s severo escarmiento, as&iacute; por la naturaleza del delito, como porque su ejemplo sirviera de freno a los dem&aacute;s pueblos que acaso intentaran lo mismo si observaban que se trataba con toda suavidad a los delincuentes.<sup><a href="#notas">17</a></sup> De manera que se prepar&oacute; una tropa de milicianos y fusileros para que:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">tomadas las medidas para su entrada en el pueblo con el arrebato y demostraciones capaces de intimidarles terror a aquellos naturales, se proceda al arresto de los amotinados, y ejecutando por pronta providencia el castigo de azotar en p&uacute;blico a todos los individuos que resulten haber hecho cabeza y que, reduci&eacute;ndolos a prisi&oacute;n privados de comunicaci&oacute;n, se instruya la correspondiente causa remiti&eacute;ndola sin demora con los reos que de ella aparezcan m&aacute;s culpados y motores del alzamiento y que a los dem&aacute;s se los traiga al pueblo de Totonicap&aacute;n cuya c&aacute;rcel alberga m&aacute;s seguridad; adoptando los otros medios que dicte la prudencia seg&uacute;n observare la situaci&oacute;n actual de los indios para lograr su pacificaci&oacute;n, y que el terror en unos y el castigo en otros Ies presione a obedecer y sujetarse, reconcili&aacute;ndose con su padre cura e iglesia de los desacatos que en ella se cometieron.<sup><a href="#notas">18</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Igual que en otras ocasiones, parecer&iacute;a que la severidad de las penas aplicadas no corresponde del todo a la infracci&oacute;n cometida. Como en otros casos, "los indios llevaron la peor parte", los mayas pagaron caro la osad&iacute;a de hacer lo que consideraron correcto; por mantener su sentido de comunidad, en donde no hay distinciones entre muertos y vivos; ambas realidades viven en el mismo pueblo y comparten espacios sagrados. Sin embargo, finalmente, son estos movimientos de resistencia los que han permitido a los mayas seguir existiendo hasta hoy en d&iacute;a, identific&aacute;ndose como una cultura diferenciada. Los mayas han desarrollado, como se&ntilde;alan algunos investigadores, una verdadera "cultura de resistencia", que forma parte indisoluble de la memoria colectiva de los ind&iacute;genas, que implica una uni&oacute;n, pero tambi&eacute;n una reelaboraci&oacute;n de los viejos patrones culturales del m&aacute;s remoto pasado, como resultado de una cosmovisi&oacute;n activa y distinta.<sup><a href="#notas">19</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>Documentos</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Archivo General de Centroam&eacute;rica (Guatemala).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A11 47, Leg. 191, Exp. 3909. Nebaj, a&ntilde;o de 1799. Mot&iacute;n habido en Santa Mar&iacute;a Nebaj. Tuvo por origen que los nativos se opon&iacute;an a que los cad&aacute;veres apestados fueran sepultados en un camposanto en las afueras del pueblo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A11 47. Leg. 5475, Exp. 47034. Nebaj, a&ntilde;o de 1800. Autos sobre la conmoci&oacute;n popular habida entre los ind&iacute;genas de Nebaj el 1 de enero de 1798, oponi&eacute;ndose a que fueran enterrados inmediatamente los fallecidos de tabardillo <i>(tifus).</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>Autores citados</i></b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aubry, Andr&eacute;, 1993 <i>El templo de Teopisca. Respuesta barroca a la resistencia maya. Cr&oacute;nica de una restauraci&oacute;n.</i> San Crist&oacute;bal de Las Casas: Instituto de Asesor&iacute;a Antropol&oacute;gica para la Regi&oacute;n Maya.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3374676&pid=S0185-2574200500010000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabrera Quintero, Cayetano, 1981&nbsp;<i>Escudo de armas de M&eacute;xico</i> (ed. facsimilar). M&eacute;xico: Instituto Mexicano del Seguro Social.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3374678&pid=S0185-2574200500010000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Eliade, Mircea, 1967 <i>Lo sagrado y lo profano.</i> Madrid; Labor.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3374680&pid=S0185-2574200500010000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fern&aacute;ndez del Castillo, Francisco, 1982&nbsp;"El <i>tifus</i> en M&eacute;xico antes de Zinsser", en <i>Ensayos sobre la historia de las epidemias en M&eacute;xico,</i> v. I, pp. 127&#45;136, E. Florescano y E. Malvido (comps.). M&eacute;xico: Instituto Mexicano del Seguro Social, M&eacute;xico. (Colecci&oacute;n Salud y Seguridad Social, Serie Historia).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3374682&pid=S0185-2574200500010000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hendon, Julia A., 2003 "El papel de los enterramientos en la construcci&oacute;n y negociaci&oacute;n de la identidad social en los mayas prehisp&aacute;nicos", en <i>Antropolog&iacute;a de la eternidad: la muerte en la cultura maya,</i> pp. 161&#45;174, A. Ciudad Ruiz, M. Ruz Sosa y J. Iglesias Ponce de Le&oacute;n (eds.). Madrid: Sociedad Espa&ntilde;ola de Estudios Mayas y UNAM, IIFL, Centro de Estudios Mayas (Publicaciones de la SEEM, 7).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3374684&pid=S0185-2574200500010000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lovell, George W., 1982 "Historia demogr&aacute;fica de la sierra de los Cuchumatanes de Guatemala, 1520&#45;1821", <i>Mesoam&eacute;rica. Revista del Centro de Investigaciones Regionales de Mesoam&eacute;rica.</i> 3 (4): 279&#45;301. Guatemala: CIRMA.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3374686&pid=S0185-2574200500010000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Molina del Villar, Am&eacute;rica, 2001 <i>La Nueva Espa&ntilde;a y el matlazahuatl (1736&#45;1739).</i> M&eacute;xico: El Colegio de Michoac&aacute;n y CIESAS.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3374688&pid=S0185-2574200500010000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rojas Lima, Flavio, 1992 <i>Los indios de Guatemala. El lado oculto de la historia.</i> Guatemala: Mapire (Colecciones Mapfre, 1492).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3374690&pid=S0185-2574200500010000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ruz, Mario Humberto, 1997 "Del Xibalba, las bulas y el etnocidio. Los mayas ante la muerte", en <i>Gestos cotidianos. Acercamientos etnol&oacute;gicos a los mayas de la &eacute;poca colonial,</i> pp. 221&#45;237. Campeche: Gobierno del estado de Campeche, Universidad Aut&oacute;noma del Carmen, Universidad Aut&oacute;noma de Campeche, Instituto Campechano, Instituto de Cultura Campechano.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3374692&pid=S0185-2574200500010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Agradezco profundamente los atinados comentarios de la doctora Gudrun Lenkersdorf, que sin duda enriquecieron el texto original.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Gudrun Lenkersdorf, comunicaci&oacute;n personal. 2005. La investigadora se&ntilde;ala que "pocos a&ntilde;os antes se report&oacute; que los 'lacandones' andaban en las serran&iacute;as inmediatas a Nebaj".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> S&oacute;lo en Jacaltenango hubo m&aacute;s de 500 muertos, e igual n&uacute;mero en Concepci&oacute;n. <i>Vid.</i> Lovell (1982: 297).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> AGCA. Leg.191, Exp. 3909.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Raymond y Bennet. <i>Medicina interno, II,</i> citado en Molina del Villar (2001: 74).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Fern&aacute;ndez del Castillo (1982: 127&#45;136).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Citado en Molina del Villar (2001: 167).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Cabrera Quintero (1981: 91).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Citado en Molina del Villar (<i>op. cit</i>.: 166&#45;167).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> ACCA, Leg. 191. Exp. 3909. f 3.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> <i>Ibid..</i> f 3v.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> AGCA. Leg. 191, Exp. 3909, ff. 4&#45;6.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Ruz (1997: 226).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> <i>Ibid.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> Hendon (2003: 161).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> Eliade (1967: 25).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> Aubry (1993: 8).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> AGCA, Leg. 191, Exp. 3909, f. 11.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> <i>Ibid.,</i> f. 11v.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> Rojas Lima (1992: 159&#45;160).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre la autora</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Mar&iacute;a del Carmen Valverde Vald&eacute;s.</b> Mexicana. Doctora en Estudios Mesoamericanos, investigadora del Centro de Estudios Mayas de la UNAM desde 1990. Trabaja en el estudio de las religiones, campo en el que ha tratado temas como el simbolismo sagrado del jaguar en la cultura maya o los emblemas religiosos de las rebeliones ind&iacute;genas en el &aacute;rea maya en el siglo XIX; tambi&eacute;n ha abordado aspectos de la historiograf&iacute;a mexicana. Entre sus publicaciones se cuentan <i>Chiapa de Corzo. &Eacute;pocas prehisp&aacute;nica y colonial; Los mayas,</i> y <i>Balam. El jaguar a trav&eacute;s de los tiempos</i> y <i>los espacios del universo maya.</i> Actualmente es coordinadora del Centro de Estudios Mayas.</font></p>      ]]></body><back>
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