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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El poder del dinero: Ventas de cargos y honores en el Antiguo Régimen]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Francisco And&uacute;jar Castillo y Mar&iacute;a del Mar Felices de la Fuente (editores), <i>El poder del dinero. Ventas de cargos y honores en el Antiguo R&eacute;gimen</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>V&iacute;ctor Gayol</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Madrid, siglo XXI, 2011, 357 p. (Colecci&oacute;n Historia, Biblioteca Nueva)</b></font></p>          <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El Colegio de Michoac&aacute;n.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dice un famoso verso vuelto refr&aacute;n: "Poderoso caballero es Don Dinero." No es en balde que Francisco de Quevedo haya compuesto esta letrilla, tan repetida durante generaciones y generaciones, hacia 1603 o 1604. Entonces joven de unos 23 a&ntilde;os, Quevedo se hab&iacute;a criado entre los pasillos de los palacios madrile&ntilde;os y los entresijos de la vida cortesana. Estos eran el coraz&oacute;n del aparato de gobierno del vasto imperio de las Espa&ntilde;as que Felipe III hab&iacute;a heredado de su padre. En esas Espa&ntilde;as de principios del siglo XVII el dinero no funcionaba solamente como medio de intercambio de bienes y servicios, sino que tambi&eacute;n era un recurso con el que los particulares negociaban con el rey la obtenci&oacute;n de cargos y oficios p&uacute;blicos en los m&aacute;s variados niveles del aparato del poder del monarca, desde la colocaci&oacute;n en una regidur&iacute;a municipal hasta una consejer&iacute;a. Incluso, el dinero serv&iacute;a para obtener honores y t&iacute;tulos nobiliarios en detrimento de quienes hab&iacute;an ganado, por la espada o por la pluma, ese vasto imperio para el rey. si bien en tiempos de Quevedo el fen&oacute;meno a&uacute;n no alcanzaba las dimensiones que tuvo unas d&eacute;cadas m&aacute;s tarde, hacia el &uacute;ltimo tercio del siglo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A las probanzas de m&eacute;ritos y servicios como militares, juristas o entretenidos en alg&uacute;n trabajo menor, los solicitantes a un cargo u oficio agregaban un <i>plus</i> monetario. La transacci&oacute;n monetaria, que era conocida generalmente como "servicio al rey", adoptaba diversas formas dentro de un abanico que iba desde lo legal y p&uacute;blico hasta lo encubierto. La historiograf&iacute;a americanista (Parry, Phelan, Yali Rom&aacute;n, Muro Romero, Lohman, Mariluz Urquijo, Chandler y Burkholder, Pietschmann, Arnold, Tamar Herzog) ayud&oacute; en su momento a conocer bien estas diferencias. En el extremo legal estaba la venta y trasmisi&oacute;n de oficios que fueron clasificados como vendibles y renunciables ya a finales del siglo XVI y que, para el caso indiano, se hac&iacute;a de manera sistem&aacute;tica y regulada. De ellos podemos encontrar un fant&aacute;stico compendio en la conocida obra de Antonio Rodr&iacute;guez de Le&oacute;n Pinelo, <i>Tratado de confirmaciones reales de encomiendas, oficios i casos, en que se requieren para las Indias occidentales,</i> publicada en Madrid en 1630. En este sumario se incluyen todos los oficios sin jurisdicci&oacute;n que mandara vender Felipe II: escriban&iacute;as reales, oficios capitulares y diversos oficios de los llamados ministros subalternos de las audiencias y otros tribunales (alguaciles, procuradores, escribanos de c&aacute;mara, receptores), as&iacute; como oficios de real hacienda y casa de moneda. En el extremo contrario, el de las transacciones monetarias encubiertas, se encontraban la mayor parte de asignaciones de cargos u oficios con jurisdicci&oacute;n, es decir, con capacidad de juzgar o tener peso en las decisiones judiciales: alcaldes mayores, fiscales, e incluso alcaldes del crimen y oidores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La distinci&oacute;n anterior estaba fuertemente vinculada a una teolog&iacute;a moral sobre el ejercicio del poder del monarca cuya legitimidad pol&iacute;tica descansaba, entre otras cosas pero principalmente, en su figura de juez: un juez por dem&aacute;s important&iacute;simo pues su jurisdicci&oacute;n &#45;la ordinaria, la real&#45; era la &uacute;nica que pod&iacute;a mediar y resolver en &uacute;ltima instancia conflictos en un mundo de pluralidad jur&iacute;dica, de derechos diferenciados. Por tanto, su justicia deb&iacute;a ser transparente y los jueces que lo representaban administr&aacute;ndola, incuestionables. sin embargo, las pr&aacute;cticas vinculadas a la conformaci&oacute;n de su aparato de gobierno e impartici&oacute;n de justicia fueron permitiendo, desde su origen bajo medieval castellano, cierto rejuego en el proceso de patrimonializaci&oacute;n del oficio p&uacute;blico al interior de un espacio de tolerancia constituido por la conjunci&oacute;n de un derecho con preeminencia en la religi&oacute;n &#45;una cultura jur&iacute;dico teol&oacute;gica compuesta, inseparable&#45;, m&aacute;s una pluralidad de derechos que produc&iacute;an normas para la soluci&oacute;n de conflicto de geometr&iacute;a variable, casu&iacute;sticas y, por lo tanto, probabil&iacute;sticas (Garriga, Hespanha), donde todo ello se encontraba asociado a pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas particularistas y un extenso contexto cultural del privilegio, la merced y la gracia. Obviamente no se puede dejar de lado que, tanto las ventas reguladas de oficios como las asignaciones de cargos donde mediaba una transacci&oacute;n monetaria maquillada o refundida en el m&aacute;s profundo secretismo estuvieron muchas veces acompa&ntilde;adas de componendas "por debajo del agua", como el tr&aacute;fico de influencias, la venta, el arrendamiento o la cesi&oacute;n de oficios entre particulares, y el cohecho de algunos oficiales p&uacute;blicos en detrimento de la corona. El dinero, poderoso caballero, era tambi&eacute;n un poderoso lubricante que engrasaba la maquinaria de gobierno del rey al permitir que miembros de la sociedad participaran y se beneficiaran de &eacute;l, pero haci&eacute;ndolo funcionar a fin de cuentas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Francisco And&uacute;jar Castillo (Almer&iacute;a, 1955), es un prol&iacute;fico historiador andaluz que se ha dedicado a historiar el aparato de gobierno y la venalidad de cargos en el antiguo r&eacute;gimen <i>(Necesidad y venalidad: Espa&ntilde;a e indias 1704&#45;1711; El sonido del dinero: monarqu&iacute;a, ej&eacute;rcito y venalidad en la Espa&ntilde;a del siglo XVIII),</i> as&iacute; como a los militares, la sociedad y el gobierno del siglo XVIII hisp&aacute;nico. &Eacute;l es el responsable, junto con Mar&iacute;a del Mar Felices, de la edici&oacute;n que nos ocupa hoy, con textos concebidos en el marco de un proyecto financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovaci&oacute;n de Espa&ntilde;a: <i>El poder del dinero. ventas de cargos y honores en el Antiguo R&eacute;gimen.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los editores presentan el proyecto y este conjunto de ensayos &#45;por dem&aacute;s muy interesante y pertinente en su mayor parte&#45;, como un necesario alto en el camino en el devenir de una historiograf&iacute;a que ha tenido altos y bajos en las &uacute;ltimas cuatro o cinco d&eacute;cadas y que proponen como necesario repensar hacia el futuro. Se refieren sobre todo a la historiograf&iacute;a espa&ntilde;ola e hispanista que ha tratado, desde Francisco Tom&aacute;s y Valiente y Antonio Dom&iacute;nguez Ortiz, la configuraci&oacute;n del gobierno de Antiguo R&eacute;gimen, los oficios p&uacute;blicos y su fen&oacute;meno de patrimonializaci&oacute;n en el entorno peninsular, con poco o nulo di&aacute;logo con la historiograf&iacute;a americanista. Al situarse de manera cr&iacute;tica en esa tradici&oacute;n historiogr&aacute;fica, abren su campo de mira para incluir trabajos de hispanistas y americanistas franceses (Jean&#45;Pierre Dedieu, Michel Bertrand, Thomas Glesener), y de especialistas en la monarqu&iacute;a portuguesa (Roberta Giannubio Stumpf y Fernanda Olival), que complementan al equipo de historiadores espa&ntilde;oles: Andoni Artola, Alberto Marcos Mar&iacute;n, Mar&iacute;a L&oacute;pez D&iacute;az, Pilar Ponce Leiva, Antonio Jim&eacute;nez Estrella, In&eacute;s G&oacute;mez Gonz&aacute;lez, Mar&iacute;a Victoria L&oacute;pez&#45;Cord&oacute;n Cortezo, Antonio Jos&eacute; Rodr&iacute;guez Hern&aacute;ndez, Domingo Marcos Gim&eacute;nez Carrillo, Jos&eacute; Manuel D&iacute;az Blanco y los propios editores, Mar&iacute;a del Mar Felices y Francisco And&uacute;jar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este detenerse a reflexionar sobre la propia tradici&oacute;n historiogr&aacute;fica en la que est&aacute;n inmersos los trabajos de la mayor&iacute;a de los autores produjo un resultado interesante. Permiti&oacute; armar un mosaico del conjunto de los temas relacionados con el mercado y tr&aacute;fico de los oficios, cargos y honores que se han estudiado en Espa&ntilde;a, a la vez que invit&oacute; a profundizar en problemas te&oacute;ricos y metodol&oacute;gicos que ha venido arrastrando parte de esa historiograf&iacute;a. De tal manera que la publicaci&oacute;n nos ofrece, en su segunda secci&oacute;n &#45;dejo la primera para comentar al &uacute;ltimo&#45;, trabajos sobre las ventas de cargos y oficios municipales: Marcos Mart&iacute;n con un texto sobre Castilla en el siglo XVI, L&oacute;pez D&iacute;az quien estudia los siglos XVII y XVIII con &eacute;nfasis en la ciudades se&ntilde;oriales, y Ponce Leiva con un ensayo sobre los oficios capitulares en el Quito del siglo XVII. Luego vienen estudios sobre el tr&aacute;fico de cargos y oficios diversos: Jim&eacute;nez Estrella se ocupa de los reclutamientos y ventas de cargos y honores militares para el siglo XVII y Glesener del tr&aacute;fico de cargos asociado a la fidelidad a Felipe V en los Pa&iacute;ses Bajos, trabajo el &uacute;ltimo que nos ofrece una excelente mirada sobre la relaci&oacute;n entre el incremento del volumen de transacciones en el mercado de oficios p&uacute;blicos y el proceso de cambio de dinast&iacute;a durante y despu&eacute;s de la Guerra de sucesi&oacute;n. Junto a estos dos, un trabajo de G&oacute;mez Gonz&aacute;lez sobre los ministros subalternos de la audiencia de Granada y la movilidad social que resulta un avance importante respecto a sus primeros estudios sobre el tema, mientras que L&oacute;pez&#45;Cord&oacute;n Cortezo concentra la mirada en el entorno de las camaristas de la reina y los servicios y favores asociados a cargos en el &aacute;mbito de sus familias, fundamentalmente sus maridos. La cuarta secci&oacute;n est&aacute; dedicada al tr&aacute;fico de honores y naturalizaciones. El siglo XVII vio un aumento en la creaci&oacute;n de t&iacute;tulos nobiliarios y un incremento en el tr&aacute;fico de h&aacute;bitos de &oacute;rdenes militares. De ello tratan los textos de Rodr&iacute;guez Hern&aacute;ndez y Gim&eacute;nez Carrillo, respectivamente. Quiz&aacute; por ese fen&oacute;meno, a principios del siglo XVIII se establecieron mecanismos de control del origen de la nobleza titulada, de los que da cuenta Felices de la Fuente. Cierra la secci&oacute;n un trabajo de D&iacute;az Blanco muy interesante ya que sigue un tema tocado alguna vez por Dom&iacute;nguez Ortiz, pero luego aparentemente olvidado, que muestra la manera en la que los comerciantes de origen no espa&ntilde;ol obten&iacute;an cartas de naturalizaci&oacute;n para poder insertarse en el negocio de la Carrera de Indias. La quinta y &uacute;ltima secci&oacute;n nos traslada a la monarqu&iacute;a portuguesa con balances muy generales sobre un estado de la historiograf&iacute;a poco interesada en el tema, salvo por los trabajos de Antonio Manuel Hespanha y otros cuantos investigadores pioneros, a cargo de Giannubio y Olival.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vayamos ahora a la primera parte del libro, que se ha dejado al final de esta rese&ntilde;a para poder hilar un balance cr&iacute;tico de la obra de mejor manera. se trata de un conjunto de cuatro textos escritos por Dedieu, Bertrand, And&uacute;jar y uno en colaboraci&oacute;n entre Dedieu y Artola, que se encargan de discutir el marco conceptual en torno al problema de la venalidad de una manera muy cr&iacute;tica, ya sea con reflexiones de &iacute;ndole te&oacute;rico metodol&oacute;gico o mostrando las aristas de los problemas de las categor&iacute;as anal&iacute;ticas con evidencias emp&iacute;ricas mediante el contraste. Tan cr&iacute;tica es por momentos esta secci&oacute;n que incluso el concepto de venalidad queda totalmente desdibujado como categor&iacute;a anal&iacute;tica para abordar enjundiosamente los temas que tienen que ver con el mercado de oficios, cargos y honores, que incluye la pol&iacute;tica, la sociedad, los privilegios, el contexto cultural y las pr&aacute;cticas ligadas a las estructuras del aparato de gobierno de la monarqu&iacute;a. Esto, a pesar que varias secciones del libro y varios art&iacute;culos utilicen continuamente la palabra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta estrategia se entiende mejor cuando se tiene presente que los autores ten&iacute;an en mente, para la discusi&oacute;n, una buena parte de la tradici&oacute;n historiogr&aacute;fica espa&ntilde;ola que ha solido cargar sus apreciaciones con juicios de valor sobre la venalidad y la corrupci&oacute;n en el gobierno de la monarqu&iacute;a durante los siglos de la Espa&ntilde;a moderna. Ello no ha permitido ver que estos fen&oacute;menos adquieren una dimensi&oacute;n distinta si el historiador se desliga de su precomprensi&oacute;n "estatalista" &#45;para utilizar un concepto muy recurrente en los textos de Hespanha y de los historiadores del derecho disc&iacute;pulos de Tom&aacute;s y Valiente, o los de la escuela florentina de Costa y Grossi. Me explico: una mirada estatalista consiste en trasvasar toda la deontolog&iacute;a del Estado contempor&aacute;neo, la deontolog&iacute;a de la modernidad sobre la funci&oacute;n p&uacute;blica vinculada al Estado (no al monarca, por m&aacute;s que &eacute;ste declare que "el Estado es &eacute;l"), al an&aacute;lisis de una realidad totalmente distinta en la que el oficio p&uacute;blico &#45;que no el funcionario&#45; se encontraba vinculado al rey y no al estado y en la que exist&iacute;a una deontolog&iacute;a completamente distinta que constitu&iacute;a los par&aacute;metros para el servicio, pero tambi&eacute;n para el acceso, el uso y el beneficio de una funci&oacute;n subsidiaria del poder del monarca.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El poder del dinero</i> apunta hacia una cuesti&oacute;n de lo m&aacute;s importante que es concebir las pr&aacute;cticas del tr&aacute;fico de oficios, cargos y honores, posibles por la existencia misma de un mercado para ello, relacionadas estrechamente con una necesidad b&aacute;sica de los monarcas &#45;no solamente fiscal o hacendaria, sino estructural&#45; que permiti&oacute; en una u otra medida su patrimonalizaci&oacute;n. La l&oacute;gica y estrategia para la asignaci&oacute;n de oficios p&uacute;blicos mediante este medio est&aacute; tambi&eacute;n estrechamente ligada a la estructura y el funcionamiento del aparato de gobierno e impartici&oacute;n de justicia del antiguo r&eacute;gimen en t&eacute;rminos de su contexto de sentido. Por ello estoy de acuerdo con varias afirmaciones contenidas en el libro pues en algunos trabajos previos hemos afirmado que no basta con insistir en la naturaleza venal, patrimonial, en ocasiones corrupta de los cargos, de los oficios, de los honores: es necesario comprender el fen&oacute;meno en su contexto cultural no s&oacute;lo a partir de los discursos "oficiales" sobre el ejercicio del poder derivados de la teolog&iacute;a y del derecho, sino tambi&eacute;n a partir de una cultura y unas pr&aacute;cticas asociadas tanto a una pol&iacute;tica concreta como a la consolidaci&oacute;n y permanencia de grupos sociales privilegiados. Para la monarqu&iacute;a de entonces resultaba muy dif&iacute;cil construir un aparato de gobierno y administraci&oacute;n de justicia vinculada totalmente a un aparato de estado en t&eacute;rminos contempor&aacute;neos &#45;por aquellos a&ntilde;os inexistente. El ejercicio subsidiario del poder del monarca era negociable, no como hoy imaginamos la funci&oacute;n p&uacute;blica sujetada completamente al Estado mediante la vinculaci&oacute;n de los actos y de la responsabilidad del funcionario a la ley.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido resulta muy interesante el trabajo de Bertrand, quien desmenuza el problema de la corrupci&oacute;n y las formas de conceptualizarla en una y otra &eacute;poca pues no es el mismo imaginario el que envuelve al concepto en la modernidad que en el Antiguo R&eacute;gimen. Al ensayar un acercamiento al contexto cultural, es decir, al conjunto de los discursos y las pr&aacute;cticas que conformaban el marco en el que se percib&iacute;a y viv&iacute;a la corrupci&oacute;n, hace una cr&iacute;tica inevitable a la percepci&oacute;n historiogr&aacute;fica com&uacute;n que desaprovecha la riqueza de su estudio. El an&aacute;lisis de la corrupci&oacute;n &#45;desde la perspectiva foucaultiana que asume: no hay Poder sino relaciones de poder&#45; permite entender tanto el funcionamiento de las complejas estructuras burocr&aacute;ticas y sus estrategias de control cuanto de las complejas negociaciones entre ciertos sectores de la sociedad entre s&iacute; y con las autoridades. Por su parte, los trabajos de Dedieu, Artola y And&uacute;jar insisten, en mayor o menor medida, en la necesidad de construir un horizonte anal&iacute;tico que abandone el esquema de la venalidad (la venta o el beneficio monetario encubierto y su intr&iacute;nseca relaci&oacute;n con el problema de la corrupci&oacute;n) para encarar un universo de estudio mucho m&aacute;s complejo y amplio donde la multiplicidad de situaciones de negociaci&oacute;n entre los diversos actores en el tr&aacute;fico de oficios, cargos y honores trascienden el estrecho espacio de las instituciones jur&iacute;dico pol&iacute;ticas para abarcar espacios sociales m&aacute;s amplios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro aspecto cr&iacute;tico de la obra, como bien dejan en claro en sus contribuciones Dedieu y Bertrand, es el poco di&aacute;logo que ha tenido la historiograf&iacute;a espa&ntilde;ola e hispanista con la dedicada a temas paralelos indianos. Como marca atinadamente Bertrand (p. 47), una buena parte de los historiadores espa&ntilde;oles desconocen sistem&aacute;ticamente los trabajos que se han hecho sobre el mundo indiano y desde Am&eacute;rica respecto al tema del mercado de los oficios y cargos, as&iacute; como de las estrategias sociales de acceso y de las pol&iacute;ticas de asignaci&oacute;n por parte de la Corona. <i>El poder del dinero</i> dialoga de alguna manera con la historiograf&iacute;a dedicada al otro lado del Atl&aacute;ntico: Bertrand utiliza como referente para su discusi&oacute;n sobre la corrupci&oacute;n su amplio conocimiento de la Nueva Espa&ntilde;a plasmado en su ya cl&aacute;sico <i>Grandeza y miseria del oficio.</i> Por otra parte, est&aacute; el trabajo de Ponce sobre Quito, adem&aacute;s que se citan, aqu&iacute; y all&aacute;, algunos de los textos cl&aacute;sicos de varios de los autores mencionados al principio de esta rese&ntilde;a. Est&aacute;n tambi&eacute;n los trabajos sobre los Pa&iacute;ses Bajos y la monarqu&iacute;a portuguesa. sin embargo, se echa de menos un m&aacute;s nutrido di&aacute;logo con trabajos en el &aacute;mbito indiano ya que precisamente han tratado el problema del tr&aacute;fico y mercado de oficios o cargos en contextos m&aacute;s amplios, institucionales, sociales y culturales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante esto &uacute;ltimo, <i>El poder del dinero</i> es un libro de lectura recomendable para quien se interese en los temas de los oficios p&uacute;blicos, honores nobiliarios, cargos militares, las relaciones de poder y el funcionamiento del aparato de gobierno y administraci&oacute;n de justicia, no solamente en Espa&ntilde;a sino en sus dilatadas posesiones ultramarinas. Pero resulta altamente sugerente, en primer lugar, por los estudios de caso que contiene y que permiten miradas comparativas con otras investigaciones en otras latitudes; en segundo lugar, por el proceso de reflexi&oacute;n cr&iacute;tica de una tradici&oacute;n historiogr&aacute;fica que siempre viene bien ver en perspectiva; y en tercer lugar, porque invita al debate sobre cuestiones de un mismo mundo &#45;la monarqu&iacute;a hisp&aacute;nica&#45; que adquieren diferentes interpretaciones desde los lugares desde los que se miren y desde las tradiciones historiogr&aacute;ficas desde donde se analicen.</font></p>      ]]></body>
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