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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Andy Clark y David Chalmers, <i>La mente extendida</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Miguel &Aacute;ngel Sebasti&aacute;n</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>traducci&oacute;n e introducci&oacute;n de &Aacute;ngel Garc&iacute;a Rodr&iacute;guez y Francisco Calvo Garz&oacute;n, KRK Ediciones, Oviedo, 2011, 96 pp.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Programa de Maestr&iacute;a y Doctorado en Filosof&iacute;a, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico</i> <a href="mailto:msebastian@gmail.com">msebastian@gmail.com</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">KRK Ediciones publica la traducci&oacute;n al castellano del ya cl&aacute;sico texto de Andy Clark y David Chalmers, <i>La mente extendida,</i> en su versi&oacute;n aparecida en la antolog&iacute;a de textos <i>Philosophy of Mind: Classical and Contemporary Readings,</i> compilada en 2002 por D. Chalmers para Oxford University Press. La traducci&oacute;n, a cargo de &Aacute;ngel Garc&iacute;a Rodr&iacute;guez y Francisco Calvo Garz&oacute;n, va precedida de una interesante introducci&oacute;n, elaborada tambi&eacute;n por ellos, que se centra en el debate que surgi&oacute; en 1998 a partir de la publicaci&oacute;n original del texto en la revista <i>Analysis.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En <i>La mente extendida,</i> Clark y Chalmers defienden la tesis de que los procesos cognitivos y mentales no se circunscriben a los l&iacute;mites del cr&aacute;neo y de la piel: hay elementos constitutivos de los procesos mentales y cognitivos m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites de nuestro propio cuerpo. Una tesis semejante ya la hab&iacute;an defendido Hilary Putnam (1975) y Tyler Burge (1979);<sup><a href="#nota">1</a></sup> sin embargo, Clark y Chalmers distinguen ese tipo de <i>externismo pasivo</i> del <i>externismo activo</i> que ellos propugnan, de acuerdo con el cual "las caracter&iacute;sticas externas relevantes son <i>activas,</i> desempe&ntilde;ando un papel crucial aqu&iacute; y ahora. Como se hallan acopladas con el organismo humano, tienen un impacto directo sobre el organismo y su conducta" <i>(La mente extendida,</i> p. 67).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Carecer&iacute;a de sentido hablar en esta rese&ntilde;a de la relevancia de la tesis de la mente extendida y del debate que tanto en filosof&iacute;a como en ciencia cognitiva ha suscitado; baste mencionar la multitud de art&iacute;culos que se han escrito sobre <i>La mente extendida,</i> al punto que, de acuerdo con Google Scholars, es uno de los cien art&iacute;culos filos&oacute;ficos m&aacute;s citados.<sup><a href="#nota">2</a></sup> Por esta raz&oacute;n me centrar&eacute; en la introducci&oacute;n al texto de Garc&iacute;a Rodr&iacute;guez y Calvo Garz&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Garc&iacute;a Rodr&iacute;guez y Calvo Garz&oacute;n (GR&amp;CG) presentan las tesis de Clark y Chalmers (C&amp;C) en el contexto de la discusi&oacute;n surgida a ra&iacute;z de la publicaci&oacute;n del texto original. Al hacerlo, dos detalles llaman la atenci&oacute;n del lector: el primero es que mientras que C&amp;C defienden la tesis de que los veh&iacute;culos de la cognici&oacute;n van m&aacute;s all&aacute; del propio cuerpo del sujeto (del cr&aacute;neo y de la piel, en sus propios t&eacute;rminos), GR&amp;CG les atribuyen en la primera presentaci&oacute;n una tesis m&aacute;s d&eacute;bil, que corresponde meramente a una concepci&oacute;n que restringe la cognici&oacute;n a procesos neurales, pues presentan como centro del debate la cuesti&oacute;n de "si los veh&iacute;culos materiales de la cognici&oacute;n humana son exclusivamente neuronales (o incluso intracraneales), o si por el contrario incluyen tambi&eacute;n componentes extraneuronales, incluidos partes del cuerpo (extracraneal) y objetos del entorno" (p. 11). No obstante, esta forma de presentar el debate puede estar justificada por el hecho de que la mayor&iacute;a de los opositores de la idea de la mente extendida sostienen que la cognici&oacute;n depende exclusivamente de procesos a nivel neural. El segundo detalle es que GR&amp;CG parecen equiparar los procesos cognitivos a los procesos mentales &#151;como se desprende muy claramente de la reconstrucci&oacute;n que hacen en lo que llaman "el argumento a partir de la paridad" (p. 16)&#151;, una identificaci&oacute;n que puede resultar controvertida y que, desde luego, los argumentos de C&amp;C en el art&iacute;culo original no presuponen, pues argumentan con cuidado y de manera independiente primero en favor de la cognici&oacute;n extendida y luego en favor de la mente extendida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda secci&oacute;n de la introducci&oacute;n presenta de forma clara los argumentos en favor de la mente extendida, haciendo expl&iacute;citos los presupuestos funcionalistas que los soportan. GR&amp;CG extraen dos argumentos en favor de la mente extendida que llaman "el argumento a partir de la paridad funcional" y "el argumento a partir de la metodolog&iacute;a emp&iacute;rica". El primero, <i>grosso modo,</i> defiende que (i) los procesos cognitivos se individ&uacute;an por su rol causal y muestra que (ii) hay implementaciones de tales roles causales que incluyen elementos m&aacute;s all&aacute; del cr&aacute;neo y de la piel, para concluir que la mente es extendida. El segundo defiende que las explicaciones unitarias en ciencia cognitiva requieren tipos individuados funcionalmente, lo que junto con (ii) nos lleva a la misma conclusi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La secci&oacute;n 3 se centra en considerar distintas l&iacute;neas de ataque y defensa de la tesis de la paridad funcional que discuten si los procesos internos, por un lado, y procesos cuyo realizador incluye elementos externos al propio cuerpo, por otro, cumplen un mismo rol causal; mientras que la secci&oacute;n 4 discute si es posible poner en jaque esa misma tesis por cuestiones relacionadas con el tipo de contenido involucrado en la cognici&oacute;n humana, distinguiendo, para ello, un contenido derivado que depender&iacute;a de convenciones externas para versar sobre objetos o hechos del mundo, de un contenido intr&iacute;nseco que no lo necesitara y que ser&iacute;a propio de nuestra cognici&oacute;n. La secci&oacute;n 5, por su parte, recoge argumentos que critican el estrecho v&iacute;nculo entre cognici&oacute;n extendida y metodolog&iacute;a cient&iacute;fica del que parece depender el razonamiento de C&amp;C.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la secci&oacute;n 6, GR&amp;CG discuten la relaci&oacute;n entre cognici&oacute;n extendida y representaci&oacute;n. Los autores parecen favorecer un desligamiento entre cognici&oacute;n extendida y representaciones, una tesis cuya defensa &#151;como los propios autores lo reconocen&#151; requerir&iacute;a mayor extensi&oacute;n. Aunque se agradece la presentaci&oacute;n de este punto tan importante en el debate, el tratamiento resulta demasiado superfluo &#151;algo de esperar en una introducci&oacute;n de este tipo&#151; y parcial &#151;lo que tal vez se deber&iacute;a evitar en este tipo de introducci&oacute;n&#151;. Por ejemplo, a partir de la existencia de procesos de bucle cerrado que operan sin necesidad de representaciones y del trabajo de Brooks en rob&oacute;tica junto con teor&iacute;as gibsonianas, concluyen: "De toda esta literatura se sigue una cr&iacute;tica a la concepci&oacute;n extendida de la cognici&oacute;n que promueven Clark y Chalmers (sobre todo Clark): a saber, que la lectura representacionista de los sistemas extendidos es simplemente err&oacute;nea" (p. 39). No me parece nada obvio que tal conclusi&oacute;n se siga y tengo la impresi&oacute;n de que, m&aacute;s que en contra del representacionismo, la tesis a la que GR&amp;CG se oponen es a la combinaci&oacute;n de computacionismo &#151;la tesis de que los procesos cognitivos se individ&uacute;an funcionalmente, tal como sucede en la teor&iacute;a de la computaci&oacute;n (p. 34)&#151; y el representacionismo &#151;la tesis de que los estados mentales son acerca del mundo&#151;. La raz&oacute;n es que no resulta obvio que haya una tensi&oacute;n entre los ejemplos que presentan y el representacionismo <i>per se.</i> Consid&eacute;rese la creencia de un sujeto de que hay una manzana encima de la mesa como ejemplo de un estado que desempe&ntilde;a un papel dentro de la cognici&oacute;n del sujeto. Tal estado es, seg&uacute;n el representacionista, acerca de la manzana en el sentido de que la creencia es correcta o verdadera si el mundo es tal que hay una manzana encima de la mesa y falsa en caso contrario. As&iacute; entendido &#151;tal como GR&amp;CG parecen entender el representacionismo (p. 34)&#151;, y a menos que se quiera eliminar las creencias de los procesos cognitivos, lo que requerir&iacute;a mucha m&aacute;s argumentaci&oacute;n, la conclusi&oacute;n de la cita anterior no parece seguirse de los casos que presentan, o al menos resulta much&iacute;simo m&aacute;s controvertida de lo que los autores quieren hacernos creer. En primer lugar, los modelos a los que apelan son notablemente sencillos en comparaci&oacute;n con la cognici&oacute;n humana; pero lo que resulta m&aacute;s importante es que una de las principales capacidades cognitivas del ser humano, y que C&amp;C subrayan en su art&iacute;culo, es precisamente el lenguaje. Es ampliamente aceptado, y yo al menos no conozco ninguna teor&iacute;a del lenguaje humano que pretenda renunciar a ello, que los estados involucrados tienen propiedades sem&aacute;nticas. Decir que un estado tiene propiedades sem&aacute;nticas es decir que es acerca de, o verdadero o falso de, cierto(s) objeto(s); es decir, que tiene propiedades representacionales. El papel del lenguaje en la cognici&oacute;n humana parece indudable, y tanto si es verdadera la tesis de que las propiedades representacionales de las expresiones ling&uuml;&iacute;sticas son heredadas de las propiedades de los estados mentales que expresan, como si no lo es &#151;y con independencia de la tesis de que los pensamientos de que los humanos son capaces no ser&iacute;an posibles sin el lenguaje&#151;, el lenguaje parece requerir estados representacionales. Si esto es as&iacute;, las posturas antirrepresentacionistas con respecto a la cognici&oacute;n en general parecen m&aacute;s enfrentadas a una visi&oacute;n arcaica de las representaciones o a una arquitectura computacional de la mente que a la tesis representacionista en s&iacute;, pues las representaciones son requeridas de todos modos en la cognici&oacute;n. Asimismo, cabe hacer notar que cuando menos es controvertido que la adopci&oacute;n de la idea gibsoniana de que percibimos oportunidades o posibilidades de acci&oacute;n <i>(affordances)</i> est&eacute; en conflicto con la tesis representacionista; esto es, que haya estados que sean acerca de tales <i>affordances.<sup><a href="#nota">3</a></sup></i> No obstante, la discusi&oacute;n entre defensores y detractores de la representaci&oacute;n en el marco de la cognici&oacute;n extendida que GR&amp;CG presentan s&iacute; parece se&ntilde;alar correctamente que no tiene por qu&eacute; haber un compromiso del defensor de la cognici&oacute;n extendida con el representacionismo. Mientras que algunos modelos de la cognici&oacute;n no representacionistas requieren como premisa la tesis de la cognici&oacute;n extendida, esta tesis es neutral con respecto a la verdad o la falsedad del representacionismo. Creo, sin embargo, que la estrategia de C&amp;C &#151;quienes, por otro lado, se comprometen independientemente con la verdad del representacionismo&#151; de asumir la verdad del representacionismo es la m&aacute;s adecuada por razones metodol&oacute;gicas, pues les permite argumentar que incluso en ese marco, y por razones distintas a las presentadas por Putnam y Burge, la cognici&oacute;n y la mente son extendidas, sin entrar en otro tipo de controversias tangenciales a la tesis que proponen.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, la secci&oacute;n 7 de la introducci&oacute;n presenta precisamente las diferencias entre el externismo pasivo de Putnam y Burge y el activo de C&amp;C. La introducci&oacute;n concluye remarcando las preguntas que siguen abiertas y el inter&eacute;s de la discusi&oacute;n quince a&ntilde;os despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n del art&iacute;culo, y presentando una m&aacute;s que interesante selecci&oacute;n de textos con los que uno puede adentrarse en los debates surgidos en torno a la mente extendida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En resumen, Garc&iacute;a Rodr&iacute;guez y Calvo Garz&oacute;n nos ofrecen en este libro la posibilidad de leer el art&iacute;culo de Clark y Chalmers en espa&ntilde;ol, una oportunidad especialmente interesante para profesores y alumnos de los primeros a&ntilde;os de su carrera, as&iacute; como una introducci&oacute;n al texto que resulta una excelente gu&iacute;a inicial para todos aquellos que deseen explorar con m&aacute;s detalle las complejidades y controversias surgidas alrededor de la ya cl&aacute;sica tesis de la mente extendida.<a href="#nota">*</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> H. Putnam, "The Meaning of 'Meaning' ", <i>Minnesota Studies in the Philosophy of Science,</i> vol. 7, 1975, pp. 131&#45;193;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2802789&pid=S0185-2450201400010001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> T. Burge, "Individualism and the Mental", <i>Midwest Studies in Philosophy,</i> vol. 4, no. 1, 1979, pp. 73&#45;122.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2802790&pid=S0185-2450201400010001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> <i>Cfr.</i> D. Chalmers y D. Bourget (comps.), <i>Mind Papers. A Bibliography of the Philosophy of Mind and the Science of Consciousness</i> &#91;en l&iacute;nea&#93;, 2007&#45;2009, disponible en &lt;<a href="http://consc.net/mindpapers/sreq/most_cited_phil.html" target="_blank">http://consc.net/mindpapers/sreq/most_cited_phil.html</a>&gt;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2802792&pid=S0185-2450201400010001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> V&eacute;anse, por ejemplo, J. Bengson, "Practical Perception",    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2802794&pid=S0185-2450201400010001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> ms.; B. Nanay, "Do We See Apples as Edible?", <i>Pacific Philosophical Quarterly,</i> vol. 92, no. 3, 2011, pp. 305&#45;322,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2802795&pid=S0185-2450201400010001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> y S. Siegel, 'Affordances and the Content of Perception",    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2802796&pid=S0185-2450201400010001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ms.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">*Agradezco al programa de becas posdoctorales de la UNAM su apoyo financiero para llevar a cabo este proyecto.</font></p>      ]]></body><back>
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