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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Pablo E. Pavesi, <i>La moral metaf&iacute;sica. Pasi&oacute;n y virtud en Descartes</i></b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Zuraya Monroy Nasr</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Prometeo Libros, Buenos Aires, 2008, 278 pp.</b></font><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Facultad de Psicolog&iacute;a Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico</i> <a href="mailto:zuraya@servidor.unam.mx">zuraya@servidor.unam.mx</a></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Las pasiones del alma</i> (1649) de Ren&eacute; Descartes, a pesar de ser una obra de madurez, ha sido relegada por estudiosos e int&eacute;rpretes al considerarla carente de valor filos&oacute;fico. Descartes fue le&iacute;do como un metaf&iacute;sico durante varios siglos y se ha le&iacute;do como un fil&oacute;sofo de la naturaleza durante algunas d&eacute;cadas. Hace pocos a&ntilde;os que <i>Las pasiones del alma</i> ha atra&iacute;do el inter&eacute;s de algunos especialistas.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el marco de diferentes interpretaciones que coinciden en la discontinuidad filos&oacute;fica que representa esta obra, Pablo Pavesi nos presenta una cuidadosa investigaci&oacute;n construida para refutar estas visiones dominantes. En principio, Pavesi ahonda en el "problema del dualismo y la uni&oacute;n", no obstante su acertada consideraci&oacute;n sobre la inexistencia de tal problema en Descartes. Efectivamente, como Pavesi se&ntilde;ala, "entre Descartes y sus objetores hay un verdadero malentendido" (p. 23). Consciente de que otros intentos por aclarar esta tergiversaci&oacute;n no han repercutido suficientemente, Pavesi retoma la cuesti&oacute;n e insiste en acotar el problema como propio de algunos cartesianos, que no de Descartes. Con ello, procura hacer posible una mejor comprensi&oacute;n de la noci&oacute;n de uni&oacute;n, indispensable para la investigaci&oacute;n sobre la pasi&oacute;n que emprende.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una preocupaci&oacute;n central del autor es mostrar que la discontinuidad de la "moral metaf&iacute;sica" no es tal. La propuesta se apoya en la consideraci&oacute;n de que, en alg&uacute;n momento epistolar, Descartes intenta deducir la moral directamente de la metaf&iacute;sica idea de Dios. Esta interpretaci&oacute;n rompe con la met&aacute;fora del &aacute;rbol, y la moral ser&iacute;a como "una planta tuberculosa" que surge de la ra&iacute;z metaf&iacute;sica (p. 30). Pavesi aprecia el apuntalamiento de la continuidad filos&oacute;fica que M. Henry y J.&#150;L. Marion han sustentado a partir de algunos pasajes de la Segunda Meditaci&oacute;n o de <i>Las pasiones.</i> No obstante, le parece que estos esfuerzos no alcanzan a establecer la continuidad como tal, sino s&oacute;lo parcialmente. En consecuencia, las pasiones quedan finalmente comprendidas como una psicofisiolog&iacute;a (seg&uacute;n Henry) o una representaci&oacute;n sensible (seg&uacute;n Marion). Mostrar la continuidad filos&oacute;fica es una parte fundamental del proyecto de Pavesi, consistente en mostrar, por una parte, que la investigaci&oacute;n sobre las pasiones es una meditaci&oacute;n metaf&iacute;sica que se basa en el examen de una <i>cogitatio</i> especial, esto es, de la pasi&oacute;n. Por otra parte, la investigaci&oacute;n se concentra en las pasiones del amor y la generosidad, mostrando una perspectiva francamente original y enriquecedora de la perspectiva cartesiana, que Pavesi expone como una moral &#8212;adem&aacute;s de metaf&iacute;sica&#8212; <i>definitiva.</i></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Inicialmente, la interpretaci&oacute;n de Pavesi precisa refutar que el conocimiento cartesiano de la uni&oacute;n no sea filos&oacute;fico. La misma evidencia textual lo lleva a cuestionar tal conclusi&oacute;n, e intenta describir una concepci&oacute;n clara de uni&oacute;n a la que se accede por medio de la filosof&iacute;a (pp. 38 y 39). El cap&iacute;tulo I se basa en lo que Pavesi considera un concepto muy original de uni&oacute;n, que da coherencia a la investigaci&oacute;n de Descartes sobre la pasi&oacute;n. Contra algunas lecturas contempor&aacute;neas, el autor argumenta acerca del car&aacute;cter no sustancial de la uni&oacute;n del alma y el cuerpo. As&iacute;, la uni&oacute;n no se considera como una tercera sustancia, sino como la experiencia de su potencia. Con originalidad, Pavesi enfatiza y muestra lo novedoso del l&eacute;xico del fil&oacute;sofo franc&eacute;s. Por una parte, excluye la referencia a la sustancialidad de la uni&oacute;n, incluyendo tanto la "capacidad o potencia" del alma para afectar o ser afectada por el cuerpo, como la expresi&oacute;n "ser junto" para describir la uni&oacute;n de cada pensamiento particular con cada movimiento de la gl&aacute;ndula pineal (pp. 65 y 71).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por medio de otra expresi&oacute;n significativa, Pavesi examina el alcance de la experiencia sobre el cuerpo al que el alma est&aacute; "m&aacute;s inmediatamente" unida. Para Pavesi, la originalidad del concepto de uni&oacute;n permite abolir la distinci&oacute;n entre sentimiento interno y externo, ya que todos los otros cuerpos que afectan al cuerpo o partes de &eacute;ste se ubicar&iacute;an en una misma exterioridad (p. 62). As&iacute;, salvo la pasi&oacute;n, todos los sentimientos se refieren a cuerpos de afuera. El autor interpreta esto como la clara indicaci&oacute;n de que no se trata de investigar una f&iacute;sica de las pasiones, estableciendo causas. La pasi&oacute;n no es un sentimiento interno; es el &uacute;nico sentimiento interior al alma (p. 65).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo II, Pavesi recupera el car&aacute;cter inaugural de la definici&oacute;n de pasi&oacute;n a partir de los siguientes elementos: a) la noci&oacute;n de interioridad que s&oacute;lo se aplica a la pasi&oacute;n; b) la interioridad (y proximidad) que la hacen ser la &uacute;nica percepci&oacute;n que es tal como se siente; y c) su relaci&oacute;n inaugura una nueva forma de error (p. 79, cfr. tambi&eacute;n las pp. 108 y 158 y ss.). La definici&oacute;n de pasi&oacute;n le permite defender la continuidad filos&oacute;fica entre las pasiones y el <i>cogito.</i> Justamente, el argumento del sue&ntilde;o, algunos pasajes en las meditaciones Segunda y Tercera, y el &sect; 26 de <i>Las pasiones</i> I, son la base textual sobre la que Pavesi afirma la diferencia de la pasi&oacute;n con respecto a otros modos del pensamiento, <i>i.e.,</i> imaginaci&oacute;n y sentidos (pp. 82&#150;85). Esto le permite concluir que la pasi&oacute;n es verdaderamente en el alma, tal como el alma la siente (p. 87).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La argumentaci&oacute;n de Pavesi sobre el car&aacute;cter metaf&iacute;sico de la investigaci&oacute;n cartesiana de las pasiones va a contracorriente de las interpretaciones m&aacute;s difundidas, y esto la hace m&aacute;s interesante. As&iacute;, el autor defiende que si la pasi&oacute;n es una <i>cogitatio</i> particular, debe permitir al yo alcanzar una verdad. Empero, la pasi&oacute;n no lo hace bajo el modo de ser objetivo, como las otras representaciones (p. 91). Por una parte, mientras que las ideas sensibles son parte del conocimiento de lo que Descartes llama "realidad objetiva", la investigaci&oacute;n sobre la pasi&oacute;n se emancipa de esta forma de la objetivaci&oacute;n y representaci&oacute;n. La mayor&iacute;a de los estudiosos han entendido el abandono del objeto como la renuncia a la metaf&iacute;sica, terreno donde est&aacute;n las ra&iacute;ces de la filosof&iacute;a cartesiana. Para Pavesi esto no ocurre as&iacute;. La explicaci&oacute;n que el autor encuentra puede resultar sorprendente: la filosof&iacute;a cartesiana sostiene dos metaf&iacute;sicas diferentes. Una metaf&iacute;sica, la de la pasi&oacute;n, se rige por la <i>cogitatio.</i> En la otra metaf&iacute;sica prevalece la <i>causa.</i> A este dominio no escapa ni el <i>ego</i> (cuya causa es Dios), ni Dios mismo (como <i>causa sui).</i> Esta distinci&oacute;n es fundamental para el razonamiento que se sigue, pues le permite recuperar la verdad de la pasi&oacute;n sin reducirla al modo de un ser objetivo (pp. 94&#150;95).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cap&iacute;tulo III se dedica a los efectos de la pasi&oacute;n, partiendo del &sect; 40 y hasta el &sect; 48 de <i>Las pasiones</i> y haciendo una lectura en conjunto de la Sexta Meditaci&oacute;n. Pavesi establece nexos entre estos pasajes para comprender la percepci&oacute;n sensible, el cuerpo, las pasiones y la voluntad. En principio, Pavesi se&ntilde;ala que el efecto de la pasi&oacute;n es una disposici&oacute;n a querer, donde la voluntad (naturalmente libre) se ve comprometida en la disyunci&oacute;n tajante de consentir o no a querer cierta pasi&oacute;n. Por sus efectos, la pasi&oacute;n es vista, entonces, como contrincante del alma. Esta oposici&oacute;n permite a Descartes explicar los combates que la tradici&oacute;n atribu&iacute;a a un alma dividida, con un alma sustancialmente indivisible. Uno de los aspectos de mayor inter&eacute;s en este cap&iacute;tulo se refiere al movimiento conceptual por el cual ya no se considera que el cuerpo, al que el alma est&aacute; unida, se ubica en la misma exterioridad que el resto de los cuerpos. Ahora, la experiencia del cuerpo en la pasi&oacute;n se presenta en una interioridad tal que no se distingue de la exterioridad. En una duraci&oacute;n no sucesiva, el alma consiente o no, ejerciendo su libertad. La acci&oacute;n no se siente en un lugar limitado del cuerpo y &eacute;ste, insiste Pavesi, tampoco se reduce a un objeto o causa.</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para realizar la investigaci&oacute;n sobre el amor, es indispensable comprender la alteridad. El cap&iacute;tulo IV nos presenta la pregunta del autor acerca de si en la filosof&iacute;a cartesiana hay acceso a un <i>alter ego,</i> a una alteridad finita. Adelantemos aqu&iacute; que la respuesta es positiva y que esta alteridad es necesaria en la dimensi&oacute;n moral. Para Descartes resulta claro el problema del acceso al semejante. Por ello, se vale del an&aacute;lisis fenom&eacute;nico, donde constata que ante el <i>ego</i> se presenta otra libertad semejante a la propia. El amor es una emoci&oacute;n donde la voluntad consiente la uni&oacute;n con los objetos que le resultan convenientes y se expresa diferencialmente. Lo que se tiene en menor estima que el <i>ego</i> es objeto de afecto, lo que se tiene en igual estima es objeto de amistad y lo que se tiene en m&aacute;s estima que a s&iacute; es objeto de devoci&oacute;n (p. 143). Pablo Pavesi enfatiza que el "otro s&iacute; mismo", como causa libre, capaz de hacer el bien o el mal, no puede ser reducido a un objeto.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde la clasificaci&oacute;n de las pasiones simples, el amor y el deseo son pasiones distintas. El amor se refiere al consentimiento, mientras que el deseo se refiere al porvenir. La alteridad es parte fundamental de esta distinci&oacute;n que se expresa en el &sect; 144, donde Descartes expresa que s&oacute;lo se puede desear aquello que depende de nosotros. Un semejante, dice Pavesi, "no puede ser objeto de deseo porque &#91;...&#93; pierde su voluntad &#91;...&#93; y se degrada a la categor&iacute;a de alimento o mercanc&iacute;a" (p. 156). Lo que Descartes propone como el efecto fundamental del amor es la benevolencia. Pavesi subraya la originalidad de esto se&ntilde;alando que no se trata de un mero hacer o querer el bien del otro (p. 165). La benevolencia transfiere los cuidados y la bondad de forma tal que el amor verdadero resulta de la aut&eacute;ntica indistinci&oacute;n entre el amor a s&iacute; y el amor a otros (p. 167). As&iacute;, la dimensi&oacute;n y el papel de la pasi&oacute;n del amor s&oacute;lo se comprenden bajo la alteridad y la irreductibilidad a un objeto o causa del otro s&iacute; mismo, tal como Pavesi ha persistido en mostrarlas.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"> El lector versado en la filosof&iacute;a antigua y medieval reconocer&aacute; en las ideas de que el amigo es "otro s&iacute; mismo" o de que la amistad consiste en la benevolencia, a Arist&oacute;teles y a Santo Tom&aacute;s. Para destacar la originalidad y cr&iacute;tica del pensamiento cartesiano, Pavesi lo examina mostrando una concepci&oacute;n de alteridad con otras implicaciones sobre la uni&oacute;n y la benevolencia que refutan los planteamientos anteriores. A&uacute;n m&aacute;s, para Pavesi, el amor al semejante se funda en el amor a Dios, y el amor a Dios en la idea de Dios. Con ello, Descartes cumple audazmente con su aspiraci&oacute;n filos&oacute;fica de establecer una moral definitiva: "definitiva porque fundada directamente en la <i>idea Dei"</i> (p. 178).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pablo Pavesi encuentra que esta moral se desarrolla en dos momentos diferentes, donde la generosidad es la pasi&oacute;n fundamental, y dedica los dos &uacute;ltimos cap&iacute;tulos del libro a su examen. En el cap&iacute;tulo V, Pavesi revisa detenidamente dos cartas, a Elizabeth y a Chanut, respectivamente, donde Descartes formula una perspectiva moral "altamente controversial" (p. 189) que se agota en esa correspondencia. En estas cartas se plantea de forma in&eacute;dita que el amor a Dios deriva de su idea. En la carta a Elizabeth hay varias verdades que fundan la moral; de la cuarta de ellas se deduce la primera regla de la moral definitiva: "Se debe siempre preferir los intereses del todo, del cual se es parte, a aquellos de su persona particular &#91;...&#93;" (p. 194). Pavesi ubica temporalmente la reflexi&oacute;n de Descartes sobre el amor a Dios y lo que de ella deriva en una &eacute;poca donde su consideraci&oacute;n de las pasiones reci&eacute;n inicia. En consecuencia, entre las cartas aludidas y <i>Las pasiones</i> se presenta una gran diferencia: Descartes "parece abandonar toda aspiraci&oacute;n a fundar, en el amor a Dios, el amor a otros hombres" (p. 202).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Contra esta apariencia, Pavesi argumenta haciendo patente la renovaci&oacute;n de la reflexi&oacute;n cartesiana, que no elimina, sino que reformula el problema del amor a Dios. En el cap&iacute;tulo VI, Pavesi examina la autoafecci&oacute;n generosa, pasi&oacute;n donde se ratifica la voluntad libre y pilar de la moral cartesiana. El libre arbitrio nos hace semejantes a Dios, dice Descartes en <i>Las pasiones</i> &sect; 152, implicando la naturaleza ilimitada de esta facultad del alma. Pavesi agrega que la semejanza con Dios exige, adem&aacute;s, "como condici&oacute;n de generosidad, que la voluntad se conozca en su car&aacute;cter de don divino" (p. 215). La voluntad hace posible todo acto moral, siendo el primero la gratitud a Dios por su donaci&oacute;n <i>(cfr.</i> pp. 217 y 258).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un efecto de la generosidad es la estima a todos los otros, atribuy&eacute;ndoles una voluntad buena como la propia. En &sect; 156 se presenta el primer precepto de la moral cartesiana (y definitiva), en tanto el objeto de estima es siempre la bondad de la acci&oacute;n y no la de la voluntad: los hombres generosos "no estiman nada m&aacute;s grande que hacer el bien a otros hombres y despreciar su propio inter&eacute;s. . . y con ello son plenamente due&ntilde;os de sus pasiones" (p. 230). La gratitud y la amistad honesta conducen a planteamientos sobre la legalidad que puede privar en el &aacute;mbito privado y p&uacute;blico, los derechos de la caridad, en el marco de su discusi&oacute;n epistolar con Voetius (carta de 1643) y la carta a Huygens (enero de 1646). Los argumentos se extienden hasta los poderes de Dios y del rey legislador. Sin embargo, concluye Pavesi, en los diversos argumentos propuestos por Descartes en obras y correspondencia anterior a <i>Las pasiones</i> y en esta misma obra, no se encuentra una concepci&oacute;n pol&iacute;tica viable <i>(cfr.</i> p. 250). La gratitud es uno de los principales lazos de la sociedad humana, y la teor&iacute;a del amor cartesiana s&oacute;lo puede conducir a una sociedad de amigos.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la parte final de este libro, Pavesi expone algunos de los efectos que los planteamientos morales cartesianos, basados en el amor a Dios, suscitaron incluso antes de la publicaci&oacute;n en 1649 de <i>Las pasiones.</i> Desde 1642 se le acus&oacute; de "pelagianismo" debido a que a sus objetores les parec&iacute;a que su propuesta implicaba el merecimiento de la vida eterna por medio de buenas obras y no de la gracia divina (p. 258). Por otra parte, Blaise Pascal rechaz&oacute; lo que consider&oacute; una soberbia pretensi&oacute;n: "conocer a Dios sin caridad, es decir, por Su idea".</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No cabe duda que el lector de este libro encontrar&aacute; una cuidadosa presentaci&oacute;n de los argumentos de Ren&eacute; Descartes, tanto de <i>Las pasiones del alma</i> como de otras obras y cartas, que permiten tener una visi&oacute;n sistem&aacute;tica de la filosof&iacute;a cartesiana articulada sobre la cuesti&oacute;n moral. La perspectiva erudita que Pablo Pavesi nos ofrece nos permite aproximarnos a las viejas objeciones con renovadas respuestas, provenientes de la evidencia textual del fil&oacute;sofo franc&eacute;s, sostenidas en una apasionada interpretaci&oacute;n construida sobre el amor y la generosidad.</font></p>      ]]></body>
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