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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="4">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Misioneros del desierto</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Daniel Rivera Rodr&iacute;guez</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Jorge Ren&eacute; Gonz&aacute;lez Marmolejo <i>Estructura, organizaci&oacute;n y vida cotidiana de los Colegios Apost&oacute;licos de Propaganda Fide, siglo XVIII </i> M&eacute;xico, INAH, 2009, 227 pp.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A principios del siglo XVI, doce fueron los primeros frailes franciscanos encargados de evangelizar a las poblaciones mesoamericanas reci&eacute;n conquistadas por Hern&aacute;n Cort&eacute;s y sus huestes. Su extraordinario esp&iacute;ritu misionero les permiti&oacute;, en pocos a&ntilde;os, tener una vida relativamente c&oacute;moda y con pocas aspiraciones evangelizadoras, por lo que, en 1682, fray Antonio Llin&aacute;s, un mallorqu&iacute;n que se integr&oacute; a la provincia franciscana de San Pedro y San Pablo de Michoac&aacute;n, consigui&oacute; promover la evangelizaci&oacute;n entre los grupos n&oacute;madas de la parte septentrional de la Nueva Espa&ntilde;a.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, Llin&aacute;s logr&oacute; establecer en el virreinato novohispano el Colegio de la Santa Cruz de Quer&eacute;taro, con el objetivo de crear un centro de renovaci&oacute;n religiosa y actividad pastoral, respaldado por la autoridad pontificia, del rey de Espa&ntilde;a, de la Congregaci&oacute;n de Propaganda Fide y de la orden de San Francisco.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, Ren&eacute; Marmolejo, en un estudio constituido por cuatro cap&iacute;tulos, centra su an&aacute;lisis sobre los or&iacute;genes hist&oacute;ricos tanto de la orden de San Francisco como de los Colegios Apost&oacute;licos de Propaganda Fide en Europa, para, posteriormente (y al mismo tiempo), mostrar al lector los aspectos puestos en pr&aacute;ctica por cuatro de los siete colegios apost&oacute;licos de este g&eacute;nero fundados en la Nueva Espa&ntilde;a. Es decir, dedica espacio al an&aacute;lisis de la legislaci&oacute;n aplicada en &eacute;stos, el m&eacute;todo empleado para reclutar vocaciones y la estructura interna de los colegios, hospicios y custodias misioneras que ejercieron los Colegios Apost&oacute;licos de Propaganda Fide, fundados en el virreinato novohispano, ejercieron.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De este modo, en el primer cap&iacute;tulo atiende aspectos tocantes a los antecedentes hist&oacute;ricos de la orden franciscana, donde deja claro que, a partir del deceso de Francisco de As&iacute;s &#91;1226&#93;, los conflictos con el clero diocesano y dentro de la misma orden llevaron a que &eacute;sta se fraccionara en tres ramas: frailes menores conventuales, frailes menores (llamados observantes o reformados) y frailes menores capuchinos todos con paridad jur&iacute;dica y totalmente independientes. Esto provoc&oacute; diferencias entre las ramas: en cuanto al seguimiento de la Regla Primitiva de San Francisco unos la llevaban a cabo de manera rigurosa y otros un tanto m&aacute;s relajadamente. Asimismo, el que los observantes se rigieran por las Constituciones de Barcelona &#91;1451&#93; y los conventuales por las Constituciones Martinianas del papa Mart&iacute;n V, ocasion&oacute; que, a finales del siglo XV, surgieran los franciscanos descalzos, quienes se distinguieron por la aplicaci&oacute;n de la Regla Primitiva de San Francisco de manera rigurosa, desarrollaron la pr&aacute;ctica del ascetismo y pobreza en los conventos, vestido y comida. Por ello, pronto gozaron de gran reputaci&oacute;n y, as&iacute;, fueron los encargados del proceso evangelizador en la Nueva Espa&ntilde;a.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto &uacute;ltimo se enlaza perfectamente con el segundo cap&iacute;tulo, pues los Colegios Apost&oacute;licos de Propaganda Fide en Europa, desde su fundaci&oacute;n, el 22 de junio de 1622, se distinguieron por ser centros de aprendizaje, estancia y recogimiento para religiosos, misioneros ancianos y enfermos. De manera que en la Nueva Espa&ntilde;a siguieron el modelo del seminario apost&oacute;lico de Nuestra Se&ntilde;ora de Hoz de Espa&ntilde;a, el cual estaba dedicado a la preparaci&oacute;n misionera. En efecto, desde este seminario partieron los primeros doce franciscanos al virreinato novohispano. Asimismo, &eacute;ste fue la base que tom&oacute; fray Antonio Llin&aacute;s para la fundaci&oacute;n del Colegio Apost&oacute;lico de Santa Cruz de Quer&eacute;taro, en 1682; desde ah&iacute; los misioneros predicaron en los pueblos de los alrededores y, cinco a&ntilde;os m&aacute;s tarde, in&#150;cursionaron entre los ind&iacute;genas de la Sierra Gorda. De esta manera, refiere el autor, se fundaron custodias misioneras desde Quer&eacute;taro, hasta Texas y Nuevo M&eacute;xico, en Estados Unidos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Del mismo modo, Ren&eacute; Marmolejo, con base en la documentaci&oacute;n analizada, permite conocer a los frailes misioneros m&aacute;s destacados fruto de estos colegios. Tambi&eacute;n lo hace con respecto a las fundaciones y funcionamiento de los Colegios Apost&oacute;licos de Nuestra Se&ntilde;ora de Guadalupe de Zacatecas; de San Fernando de la Ciudad de M&eacute;xico y de San Francisco de Pachuca, desde finales del siglo XVII hasta finales del siglo XVIII. Pero, &iquest;por qu&eacute; centrarse s&oacute;lo en estos cuatro colegios? La raz&oacute;n, explica el autor, obedece a que la prioridad de los colegios fue evangelizar a los pueblos n&oacute;madas del norte de la Nueva Espa&ntilde;a.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, un aspecto interesante es el an&aacute;lisis y conocimiento proporcionado en el tercer cap&iacute;tulo sobre la legislaci&oacute;n interna que obedecieron los Colegios Apost&oacute;licos. Es decir, se abordan todos los aparatos jur&iacute;dicos a los que estuvieron obligados a acatar y, en la medida de lo posible, deb&iacute;an respetar sus miembros. Por ejemplo, se apegaron a las Constituciones Generales de la Orden, observaron lo acordado en las Constituciones Apost&oacute;licas, o Estatutos Generales de los Seminarios, o Estatutos Inocencianos, como tambi&eacute;n se conocieron, por ser emitidas por el papa Inocencio XI, a finales del siglo XVII. En &eacute;stas se le daba legitimaci&oacute;n jur&iacute;dica al Colegio Apost&oacute;lico de Santa Cruz de Quer&eacute;taro, mediante diecisiete condiciones u ordenaciones que abarcaban desde su relaci&oacute;n con la orden franciscana hasta la preparaci&oacute;n religiosa que los misioneros deb&iacute;an recibir para misionar, as&iacute; como sobre la vida en comunidad que estaban obligados a practicar.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, se estipul&oacute; que los Colegios Apost&oacute;licos estar&iacute;an integrados por un n&uacute;mero m&aacute;ximo de treinta misioneros, entre veintis&eacute;is sacerdotes y cl&eacute;rigos y cuatro hermanos legos. Asimismo, los Estatutos Ino&#150;cencianos determinaron las funciones, obligaciones y derechos del padre guardi&aacute;n, los padres del discretorio, los comisarios de misiones, el comisario visitador, el comisario de Indias, los seminarios o colegios, de los que pasan a los seminarios, el maestro de novicios, novicios, misiones, misioneros, entre otros aspectos. Del mismo modo, se deja claro la obediencia total por parte de los Colegios Apost&oacute;licos a la figura de los comisarios de misiones en Am&eacute;rica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otros elementos importantes sobre las configuraciones jur&iacute;dicas que obedecieron los Colegios Apost&oacute;licos de Propaganda Fide fueron las Constituciones Municipales o Reglamentos Internos; en &eacute;stos se especificaba lo concerniente al oficio divino, sobre los actos y pr&aacute;cticas religiosas en el coro o fuera de &eacute;l, y las reglas para los misioneros, limosneros, sacristanes, cocineros, hospederos y porteros, entre otros. Por otra parte, se hace referencia al Reglamento de Noviciado, dentro del cual se contemplaba la formaci&oacute;n religiosa que recibir&iacute;an los novicios, el m&eacute;todo para misionar, la forma de evangelizar, y algo importante de subrayar es la obligaci&oacute;n que ten&iacute;an de aprender las lenguas naturales (ind&iacute;genas).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, cabe resaltar que una de las funciones que desempe&ntilde;&oacute; el <sup></sup>padre comisario general de misiones fue recorrer los Colegios Apost&oacute;licos, <sup></sup>tanto en Espa&ntilde;a como en Am&eacute;rica, en busca de vocaciones para misionar. El autor se&ntilde;ala que el padre general de misiones centraba su atenci&oacute;n en los candidatos que se distingu&iacute;an por ser personas f&iacute;sica y psicol&oacute;gicamente <sup> </sup>fuertes para realizar su trabajo en condiciones extremas; adem&aacute;s, deb&iacute;an <sup></sup>ser relativamente j&oacute;venes (contar entre 22 y 30 a&ntilde;os) y tener una formaci&oacute;n eclesi&aacute;stica s&oacute;lida. Pero &iquest;por qu&eacute; deb&iacute;an poseer los misioneros estas cualidades? Esto se deb&iacute;a a la clara dependencia del estipendio real por parte de los Seminarios de Propaganda Fide, de modo que los reclutados deb&iacute;an ser el fruto de una buena inversi&oacute;n, pues la empresa que les esperaba en las tierras novohispanas la mayor&iacute;a de las veces no era f&aacute;cil. Por ello, la Corona proporcionaba los vi&aacute;ticos desde el momento en que los candidatos eran reclutados.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por tanto, se esperaba que los misioneros cumplieran con la parte que les correspond&iacute;a del contrato. Para ello, el presidente de misiones recib&iacute;a la cantidad exacta para que &eacute;stos llegaran con bien hasta el respectivo colegio que los hab&iacute;a reclutado. Una vez all&iacute; &#151;estipulaban los Estatutos Inocencianos&#151;, se deb&iacute;a pasar por lo menos un a&ntilde;o de prueba para misionar y asimismo, cumplir diez a&ntilde;os o m&aacute;s evangelizando en las misiones. Cuando se cumpl&iacute;a con ese l&iacute;mite de tiempo, regresaban a Espa&ntilde;a o se integraban a la provincia novohispana que desearan. No obstante, deb&iacute;an expresar su deseo al padre guardi&aacute;n y padres del discretorio. Luego, los prelados evaluaban si los padres hab&iacute;an cumplido con su obligaci&oacute;n. De ser as&iacute;, se les extend&iacute;a finalmente una certificaci&oacute;n oficial.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, refiere Marmolejo que hubo casos en que los misioneros no cumplieron con sus obligaciones. Las causas iban desde no mostrar aptitudes para evangelizar durante el a&ntilde;o de prueba, haber tenido una conducta escandalosa en el colegio o las misiones, o por no respetar los Estatutos, entre otras. Por ello, en el caso de los misioneros espa&ntilde;oles, se les lleg&oacute; a expulsar y, sin el derecho de ser hospedados en una misi&oacute;n o colegio, deb&iacute;an abandonar inmediatamente el virreinato novohispano e integrarse a su provincia de origen. Una vez all&iacute;, refiere el autor, eran marginados y se&ntilde;alados. En cambio, los misioneros de los colegios novohispanos s&oacute;lo eran penalizados.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, el cuarto cap&iacute;tulo aborda la jerarqu&iacute;a interna que existi&oacute; en los colegios, desde la posici&oacute;n del padre guardi&aacute;n hasta la del portero mayor. El autor tiene gran acierto al describir la vida cotidiana en los Seminarios Apost&oacute;licos y, de esta manera, el lector puede recrear f&aacute;cilmente c&oacute;mo era esta vida en el interior de los Colegios. Asimismo, para terminar su estudio, Ren&eacute; Marmolejo apunta ciertos aspectos que es necesario tener claro para el mejor entendimiento sobre los Colegios Apost&oacute;licos y las custodias misioneras que establecieron.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, no deja de subrayar la importancia de los Colegios Apost&oacute;licos y sus misioneros para la "conquista espiritual" y anexi&oacute;n de nuevos dominios en el norte del virreinato novohispano para la Corona es<b>o </b>pa&ntilde;ola. &Eacute;sta fue la raz&oacute;n de fondo por la que hubo dependencia econ&oacute;mica del estipendio real, debido a lo cual los misioneros estaban obligados a cumplir con todas las disposiciones jur&iacute;dicas que se formularon. Asimismo, tambi&eacute;n dependieron de la Congregaci&oacute;n de Propagada Fide y del comisario general de Indias, quien desempe&ntilde;&oacute; la funci&oacute;n de puente entre ambas instituciones.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, Ren&eacute; Marmolejo presenta un estudio escrito en un lenguaje sencillo y fluido, llev&aacute;ndonos por senderos poco transitados, situaci&oacute;n que lo hace un digno pionero que aporta un gran avance para el conocimiento sobre los misioneros franciscanos en el norte de la Nueva Espa&ntilde;a, ya que hasta ahora, se conoce poco sobre esto en dicha regi&oacute;n, por lo tanto, queda bastante por explorar sobre el tema.</font></p>      ]]></body>
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