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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;a</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Adri&aacute;n Gimate&#150;Welsh H. y Pedro F. Castro Mart&iacute;nez, <i>Sistema pol&iacute;tico mexicano, ayer y hoy, continuidades y ruptura</i></b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Marcela Bravo&#150;Ahuja Ruiz*</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Senado de la Rep&uacute;blica/Miguel &Aacute;ngel Porr&uacute;a, 2010</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Doctora en Ciencias Pol&iacute;ticas y Sociales por la UNAM. Profesora de tiempo completo en la Facultad de Ciencias Pol&iacute;ticas y Sociales, UNAM.</i></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro <i>Sistema pol&iacute;tico mexicano, ayer y hoy, continuidades y rupturas,</i> es una obra colectiva muy completa e interesante escrita en el marco del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revoluci&oacute;n, que reflexiona &#151;como el t&iacute;tulo lo indica&#151; sobre las continuidades y discontinuidades de nuestro sistema pol&iacute;tico en una perspectiva a mi parecer m&aacute;s hist&oacute;rica y constitucionalista que politol&oacute;gica, y m&aacute;s centrada en el an&aacute;lisis del siglo XIX que en el del siglo XX. Los temas abordados rescatan el estudio de la construcci&oacute;n de la identidad de la naci&oacute;n, las disputas ideol&oacute;gicas que se desarrollaron en el naciente pa&iacute;s sobre la forma de organizar el gobierno y las instituciones, particularmente el Congreso, sobre el dise&ntilde;o de las constituciones pol&iacute;ticas y la definici&oacute;n de los sistemas electorales y de partidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo, si bien resultan secundarias, aparecen tambi&eacute;n en este libro, regadas en algunos art&iacute;culos y concentradas en algunos de ellos, ciertas reflexiones sobre las pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas, as&iacute; como sobre las formas de articulaci&oacute;n de los intereses y de la representaci&oacute;n. Sin embargo, es mucho m&aacute;s pobre la referencia a la conformaci&oacute;n de los arreglos no formales que permiten a lo largo del tiempo la pacificaci&oacute;n y la gobernabilidad del pa&iacute;s, y el estudio de los contextos en que dicha gobernabilidad se imposibilita al grado de dar pie a per&iacute;odos violentos, l&eacute;ase sobre todo la Revoluci&oacute;n. En este sentido, el libro es m&aacute;s un estudio del r&eacute;gimen y no tanto del sistema pol&iacute;tico en M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A continuaci&oacute;n voy a comentar once de trece art&iacute;culos que comprende la obra. En mis comentarios iniciar&eacute; una cr&iacute;tica que profundizar&eacute; en un segundo momento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sobre los conflictos ideol&oacute;gicos, en t&eacute;rminos de Pedro Castro, el siglo XIX se caracteriz&oacute; por el triunfo de la posici&oacute;n liberal que representa lo moderno, el progreso social y el desarrollo econ&oacute;mico sobre la posici&oacute;n conservadora de cuyo lado se posicion&oacute; la Iglesia. Inicialmente fueron los federalistas en oposici&oacute;n a los centralistas. Montado en este triunfo es que termin&oacute; de cuajar el esp&iacute;ritu nacionalista, sus h&eacute;roes y s&iacute;mbolos. Si bien en principio es cierta esta visi&oacute;n, creo que es incorrecto entender a los conservadores como opuestos a la modernidad. Luis Medina, en su libro <i>Invenci&oacute;n del sistema pol&iacute;tico mexicano</i> (Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2005), precisa qu&eacute; tan moderna era la soluci&oacute;n mon&aacute;rquica constitucional como la republicana, el centralismo como el federalismo. El conflicto, dice, no se debe plantear en una matriz tradici&oacute;n&#150;modernidad, sino como resultado del conflicto del ej&eacute;rcito y la &eacute;lite cuya fuente de poder se sit&uacute;a en la c&uacute;spide estatal con las clases pol&iacute;ticas regionales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro punto que se pierde en este esquema es el papel de los moderados, los cuales quedaron eliminados del panorama pol&iacute;tico por haber firmado el tratado que reconoce la p&eacute;rdida de casi la mitad del territorio nacional, tras la derrota en la guerra de 1847. Esta guerra, y anteriormente el fracaso de la primera Rep&uacute;blica centralista y el mal manejo de la crisis texana, fortaleci&oacute; paulatinamente a los liberales sobre todo cuando emergi&oacute; una nueva generaci&oacute;n de pol&iacute;ticos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En una revisi&oacute;n del ejercicio del poder en M&eacute;xico, Erika L&oacute;pez estudia la construcci&oacute;n de la legitimidad desde el siglo xix m&aacute;s all&aacute; de las normas pactadas y de los discursos racionales, dando pie a un problema que arrastramos hasta nuestros d&iacute;as, que es la p&eacute;rdida de la cultura de la legalidad. Sin embargo, se pierde la visi&oacute;n cr&iacute;tica de los arreglos mismos, de las insuficiencias que solamente se pudieron subsanar mediante la capacidad de control pol&iacute;tico que edific&oacute; ejecutivos fuertes y autoritarios. La divisi&oacute;n de poderes, una vez que se conquist&oacute; tras las Leyes de Reforma, qued&oacute; as&iacute; rezagada al &aacute;mbito de lo formal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No por lo aqu&iacute; expresado deja de ser importante el an&aacute;lisis que hace de este &uacute;ltimo punto, la divisi&oacute;n de poderes, Genaro Gallegos en las constituciones de 1824, 1836, 1843, 1847, 1857 y 1917. Como bien lo indica el autor, la democracia pas&oacute; a ser una paradoja. En este mismo sentido es que lamento que esta obra no haya incluido un art&iacute;culo, al menos, sobre los retos actuales de la relaci&oacute;n entre Ejecutivo y Legislativo de cara a una Reforma Pol&iacute;tica tan necesaria, los posicionamientos que al respecto se han dado, las iniciativas que se han presentado, los acuerdos que se han logrado y los elementos que han obstaculizado un avance en la materia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro art&iacute;culo con un enfoque comparativo y constitucionalista es el de Ignacio L&oacute;pez Sandoval, quien adem&aacute;s en su trabajo parte del marco te&oacute;rico de la elecci&oacute;n p&uacute;blica y del nuevo institucionalismo en tanto considera que los distintos dise&ntilde;os se vieron afectados por los contextos coyunturales y los intereses de los actores y grupos pol&iacute;ticos involucrados. En ello concuerdo plenamente, pero no as&iacute; en su conclusi&oacute;n relativa a que esto es la fuente principal de la inestabilidad del sistema pol&iacute;tico mexicano. En estricto sentido al enfoque sist&eacute;mico, los sistemas siempre est&aacute;n sometidos a tensi&oacute;n y tienen la capacidad de responder a trav&eacute;s de adecuaciones y modificaciones; incluso pueden hacer de cierta inestabilidad su esencia.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay cinco art&iacute;culos en el libro que rese&ntilde;o dedicados al tema parlamentario. Por lo mismo, es quiz&aacute;s este tema la contribuci&oacute;n m&aacute;s importante de la obra. En su art&iacute;culo, Adri&aacute;n Gimate revisa a la representaci&oacute;n como sustento del Estado mexicano y al Congreso como depositario de la soberan&iacute;a. Este trabajo otra vez repasa el itinerario de la ingenier&iacute;a constitucional, la cual &#151;seg&uacute;n el autor&#151; se movi&oacute; entre el modelo romano y la tradici&oacute;n anglosajona. Destaco en particular la visi&oacute;n se&ntilde;alada de la inestabilidad que caracteriza al arreglo plasmado en la Constituci&oacute;n de 1857, inestabilidad que digo yo s&oacute;lo fue resuelta mediante los arreglos informales que hicieron posible la gobernabilidad, situaci&oacute;n que se repite en el siglo XX mediante la hegemon&iacute;a pri&iacute;sta. Pienso que llegada la pluralidad pol&iacute;tica, acotado el presidencialismo y conquistada la alternancia, estos arreglos son disueltos sin que sean sustituidos ni por modificaciones suficientes a las normas, ni por la adecuada capacidad pol&iacute;tica para evitar la actual debilidad estatal.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este tema del surgimiento de mecanismos metaconstitucionales que dieron funcionalidad al ejercicio del poder y generaron orden pol&iacute;tico, es abordado casi &uacute;nicamente por &Aacute;lvaro L&oacute;pez Lara. Estoy de acuerdo con &eacute;l en que, a trav&eacute;s de este medio, la pr&aacute;ctica pol&iacute;tica sorte&oacute; la polarizaci&oacute;n de las &eacute;lites. Fue de esta manera que Porfirio D&iacute;az logr&oacute; ser el factor de unidad de un Congreso muy fraccionado del que nunca prescindi&oacute;. Pero aun con anterioridad al porfiriato, este organismo pol&iacute;tico mostr&oacute; una admirable continuidad en relaci&oacute;n a otros organismos. En medio de pronunciamientos y crisis, fue uno de los refugios de la pol&iacute;tica institucionalizada. La diferencia es que D&iacute;az logr&oacute; el control del Congreso a trav&eacute;s de un compromiso que se obten&iacute;a desde el momento mismo de la designaci&oacute;n de los candidatos que &eacute;l acordaba con los gobernadores, a cambio de respetarles su autonom&iacute;a en asuntos regionales. Lo que explica menos en detalle el autor, es c&oacute;mo este control se perdi&oacute; con la Revoluci&oacute;n y se volvi&oacute; a recobrar con el surgimiento de un partido hegem&oacute;nico, el PNR&#150;PRM&#150;PRI, cuyo l&iacute;der a partir de C&aacute;rdenas es el presidente en turno, el cual obtiene de parte de los legisladores una disciplina absoluta. Dicho control dur&oacute; hasta la apertura pol&iacute;tica que llev&oacute; a los gobiernos divididos, a partir de 1997, con lo que el Congreso se ha convertido en obstaculizador del desarrollo de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, el tema de los gobiernos divididos no es ajeno a este libro. Lo abordan en su art&iacute;culo Alicia Hern&aacute;ndez y Jorge Lora, quienes analizan c&oacute;mo el Congreso ha sido escenario de conflictos y fuertes tensiones pol&iacute;ticas y c&oacute;mo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os el color partidista de diputados y senadores detiene el trabajo parlamentario. Por eso hablan de crisis del Poder Legislativo, cuando yo creo que la crisis es m&aacute;s bien del Poder Ejecutivo, que no logra generar negociaciones y conseguir acuerdos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro de los art&iacute;culos sobre el Legislativo toca el tema del Senado. Guillermina Berm&uacute;dez estudia la forma en que ha concentrado y desconcentrado el ejercicio del poder y c&oacute;mo ha servido de moderador de las decisiones parlamentarias. En este sentido, dice la autora que se ha convertido en el resguardo ideol&oacute;gico de las fuerzas reformadoras, cuesti&oacute;n que creo que es discutible en la actualidad de frente a las pruebas de la existencia de una C&aacute;mara de Diputados m&aacute;s ineficiente en resultados que la C&aacute;mara de Senadores. En todo caso, s&iacute; estoy de acuerdo que fue la pluralidad la que le otorg&oacute; dinamismo a dicho &oacute;rgano, convirti&eacute;ndolo en un espacio de reacomodo de una &eacute;lite profesionalizada. No obstante, creo que la defensa que se hace del principio de selecci&oacute;n de senadores por representaci&oacute;n proporcional ha dejado de ser vigente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El &uacute;ltimo de los art&iacute;culos dedicados a la cuesti&oacute;n parlamentaria curiosamente aparece separado de los otros cuatro ya mencionados y analiza el funcionamiento interno del Congreso durante la etapa posrevolucionaria, en el cual los autores Ricardo Espinoza y Lorenzo Arrieta denominan democracia limitada al funcionamiento que le permit&iacute;a proporcionar legitimidad a las acciones del jefe del Ejecutivo y se encontraba sustentado, como acertadamente se afirma, en el presidencialismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el trabajo en cuesti&oacute;n se explica c&oacute;mo los presidentes obtuvieron el control casi absoluto de ambas C&aacute;maras a trav&eacute;s de un sistema de representaci&oacute;n corporativa, que pasaba por el partido hegem&oacute;nico. Concuerdo en especial en la importancia de se&ntilde;alar que entonces la pr&aacute;ctica de cabildeo y negociaciones era pr&aacute;ctica com&uacute;n, pero estaba circunscrita al mundo de los pri&iacute;stas. Cabe se&ntilde;alar &#151;sin embargo&#151; que los trabajos de Jeffry Weldom en general han demostrado que no siempre fue cierto lo que se afirma sobre que los presidentes eran los grandes iniciadores de leyes. </font><font face="verdana" size="2">Con el control que ten&iacute;an sobre el Congreso, ni siquiera lo necesitaban ser siempre. La apariencia de la autonom&iacute;a del Legislativo era ben&eacute;fica para el sistema pol&iacute;tico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los dos restantes art&iacute;culos que mencionar&eacute; se centran en los sistemas electorales y de partidos. El primer tema lo aborda Citlali Villafranco. De entrada no me queda claro el por qu&eacute; escoge ella como per&iacute;odos de estudio &uacute;nicamente 1821&#150;1824, 1911&#150;1917 y 2007&#150;2008. Desde luego que revisar la evoluci&oacute;n completa de la reformas en materia electoral hubiera sido demasiado ambicioso. Sin embargo, si el trabajo no abarca, como &eacute;ste no lo hace, los cambios que produjo la Reforma al pasar la elecci&oacute;n indirecta de tres niveles a dos, lo cual se relaciona con la aparici&oacute;n fundamental de las jefaturas pol&iacute;ticas, o no abarca la reforma de 1946 que centraliza un sistema electoral hasta entonces disperso, el estudio resulta incompleto. Por otra parte, tambi&eacute;n cuestiono que el se refiera de forma demasiado amplia al per&iacute;odo que va de 1996 a 2009 (desconozco a qu&eacute; reforma se refiere la autora aqu&iacute;), en vez de remontar el an&aacute;lisis del proceso de apertura pol&iacute;tica gradual a sus or&iacute;genes en 1977. La simple reforma de 2007 y los asuntos que han quedado pendientes hubieran merecido una investigaci&oacute;n independiente. Por todo ello y adem&aacute;s por relacionar el tema principal con el de la autoridad, o parodiando a Josep Colomer con el asunto del qu&eacute; se vota, el documento resulta un tanto confuso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este art&iacute;culo y el de Gustavo Emerich y Jorge Canela sobre los sistemas de partidos en la historia de M&eacute;xico, por ser m&aacute;s cercanos a los temas a los que me dedico, son los que me produjeron m&aacute;s observaciones. Manejando a mi manera de ver un concepto demasiado amplio de partido, estos &uacute;ltimos autores se&ntilde;alan que en el siglo XIX se puede hablar de bipartidismo, a lo m&aacute;s de tripartidismo (ellos s&iacute; reconocen el papel de la corriente moderada), antes del Porfiriato durante el cual se impuso un sistema de partido &uacute;nico. A principios del siglo XX, a su parecer, el sistema de partidos se fragmenta, la Revoluci&oacute;n de por medio. Luego vienen con el PNR casi cincuenta a&ntilde;os de partido hegem&oacute;nico, y de 1978 en adelante se da la apertura pol&iacute;tica que condujo a un sistema multipartidista moderado en el que destacan tres partidos grandes: PAN, PRI y PRD.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, ni una perspectiva amplia del concepto de partido pol&iacute;tico justifica que se diga que en el Porfiriato hab&iacute;a un partido &uacute;nico. Para echar a andar su maquinaria electoral, Porfirio D&iacute;az requiri&oacute; de la organizaci&oacute;n de ef&iacute;meros clubes pol&iacute;ticos y en su momento de la Uni&oacute;n Liberal, pero siempre vio con renuencia la formaci&oacute;n de partidos pol&iacute;ticos que le disputaran el poder. No obstante, lo que s&iacute; resulta interesante explicarse es la estabilizaci&oacute;n del sistema pol&iacute;tico actual en un tripartidismo que incluso amenaza con reducirse. Baste se&ntilde;alar que, por su origen mismo y su composici&oacute;n en tribus, el prd ha corrido en varias ocasiones con el riesgo de dividirse; por ejemplo, recientemente en el contexto de la elecci&oacute;n de su candidato para gobernador en el Estado de M&eacute;xico y el cambio de su dirigencia. Por otra parte, est&aacute; el hecho de la consolidaci&oacute;n m&aacute;s bien bipartidista de los sistemas de partidos a nivel regional.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como he querido hacer constar, son muchos los temas que se abordan en este libro, es mucha la informaci&oacute;n que contiene. Por ello es tan recomendable su lectura y yo los invito a que le dediquen un buen tiempo. Adem&aacute;s, en &eacute;l veo una cualidad especial, no siempre presente en obras colectivas, la cual atribuyo a los coordinadores de la misma: Adri&aacute;n Gimate y Pedro Castro, quienes lograron que los distintos art&iacute;culos mantuvieran una coherencia y no se dispersaran. Me refiero al hilo conductor que atraviesa los trabajos: a saber, la constante transformaci&oacute;n del sistema que se expresa a trav&eacute;s de rupturas, evoluci&oacute;n que, sin embargo, tambi&eacute;n refleja continuidades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mi comentario global radica en que hasta cierto punto esta visi&oacute;n impide la identificaci&oacute;n de las distintas etapas pol&iacute;ticas por las que ha atravesado el pa&iacute;s.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta l&iacute;nea, la primera cuesti&oacute;n ser&iacute;a precisar cu&aacute;ndo qued&oacute; conformado el sistema pol&iacute;tico. No se trata s&oacute;lo de c&oacute;mo qued&oacute; constituida la ingenier&iacute;a constitucional, el r&eacute;gimen y el sistema electoral, sino tambi&eacute;n de identificar qui&eacute;nes se convirtieron en los actores pol&iacute;ticos m&aacute;s relevantes, sus formas de acci&oacute;n, c&oacute;mo qued&oacute; forjado el sentido de nacionalidad a trav&eacute;s de un lenguaje, c&oacute;mo se canalizaron las demandas y se concertaron los intereses en un determinado orden, e igualmente c&oacute;mo se ejerc&iacute;a el poder, o sea, el conjunto de reglas informales (por ello, he insistido en ellas) que defin&iacute;a la manera en que se hac&iacute;an las cosas. Luis Medina afirma que dicho primer sistema pol&iacute;tico fue precisamente el Estado porfirista. Antes no exist&iacute;a un verdadero orden pol&iacute;tico, un sistema pol&iacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Porfirio D&iacute;az logr&oacute; ampliar el campo de maniobra del Poder Ejecutivo federal al posicionarse como el &aacute;rbitro nacional. A los gobernadores les dio autonom&iacute;a y a la vez logr&oacute; integrar pol&iacute;ticamente a las facciones locales. Este sistema se desequilibr&oacute; cuando no pudo resolver su sucesi&oacute;n, o sea, en el momento que dej&oacute; de hacer centro y se inclin&oacute; del lado de los cient&iacute;ficos, con lo que los reyistas se volcaron hacia el antirreleccionismo maderista, el cual lo sorprendi&oacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el Estado posrevolucionario, segunda etapa del Estado mexicano, este problema de sucesi&oacute;n se resolvi&oacute; mediante el partido hegem&oacute;nico. El dise&ntilde;o constitucional no hab&iacute;a cambiado, el Congreso qued&oacute; igualmente bajo el dominio de un Ejecutivo autoritario, pero el ejercicio de poder se hizo mucho m&aacute;s centralizado. De ah&iacute; la evoluci&oacute;n del sistema electoral.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, este esquema de ver las continuidades y las rupturas se desprende del marco conceptual que ha orientado mi trabajo en los a&ntilde;os recientes, que es la teor&iacute;a del realineamiento electoral.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los realineamientos deben entenderse como procesos pol&iacute;ticos integrales que significan crisis en las esferas pol&iacute;ticas. Estas crisis atraen reformulaciones de los esquemas de participaci&oacute;n pol&iacute;tica, la construcci&oacute;n de nuevos consensos y de nuevos sistemas de partidos con organizaciones estructurales diferentes; adem&aacute;s, conllevan cambios institucionales y reorientaciones de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas para favorecer los nuevos intereses. Dichos procesos definen eras pol&iacute;tico&#150;electorales. Con cada nueva era se modifican los supuestos b&aacute;sicos que sostienen a un sistema pol&iacute;tico o, como bien se&ntilde;ala Everett Ladd, las grandes alianzas pol&iacute;ticas que garantizan el funcionamiento estatal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No voy a detenerme m&aacute;s en la segunda etapa del Estado mexicano, que ciertamente todos conocemos bien. La gran interrogante es qu&eacute; ha pasado desde la apertura pol&iacute;tica del sistema. &iquest;Se trata de una etapa de transici&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; es lo que ha cambiado? &iquest;Podemos hablar de una nueva era pol&iacute;tico electoral?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Yo creo que s&iacute;, creo que del viejo sistema ya no queda casi nada: ni el presidencialismo exacerbado, ni el partido hegem&oacute;nico que fueron sus ejes, ni tampoco su clase pol&iacute;tica, ni su modelo de desarrollo. El Estado ha perdido la esencia del Estado posrevolucionario. Por medio de las reformas electorales, el pa&iacute;s se liberaliz&oacute; pol&iacute;ticamente y con ello emergi&oacute; una nueva realidad tras elecciones cr&iacute;ticas en las que el voto se movi&oacute; masivamente, dando luz a un sistema competitivo y plural.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, cabe se&ntilde;alar que este nuevo Estado es un Estado d&eacute;bil, ineficiente. El reclamo democr&aacute;tico de los a&ntilde;os setenta y ochenta no culmin&oacute; en un sistema plenamente democr&aacute;tico. La democracia sigue siendo una asignatura pendiente, as&iacute; como el pleno respeto al Estado de Derecho, dos hechos que constata esta obra. Del semiautoritarismo se pas&oacute; a la semidemocracia, no porque la alternancia fuera fallida sino porque el sistema no ha tenido hasta ahora las condiciones estructurales y de liderazgo para salir de la zona gris en que est&aacute; empantanado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas reflexiones y muchas m&aacute;s son las que despierta el libro que rese&ntilde;o. Hac&iacute;a falta una obra tan completa que abordara de manera integral a nuestro sistema pol&iacute;tico, sus caracter&iacute;sticas y transformaci&oacute;n, sus bondades y deficiencias, sus retos. Por lo mismo, su revisi&oacute;n es obligada para los estudiosos de la materia.</font></p>      ]]></body>
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