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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[San Esteban Axapusco: Historia y arte]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Libros</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Adriana Mungu&iacute;a Arenas</b><i>. <b>San Esteban Axapusco. Historia y arte</b></i></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Rogelio Ruiz Gomar</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Patronato Parroquial de San Esteban Proto M&aacute;rtir/Tendiendo Puentes/Transformarte, 2010</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un hecho cada vez m&aacute;s frecuente, sin perder por ello su car&aacute;cter estimulante, es la aparici&oacute;n de libros que vienen a sumarse a los estudios de la llamada microhistoria, iniciados por Luis Gonz&aacute;lez. El que ahora nos ocupa es la primera aproximaci&oacute;n a la historia de una modesta poblaci&oacute;n del actual Estado de M&eacute;xico, San Esteban Axapusco, a partir del monumento que al paso de los a&ntilde;os se ha erigido como n&uacute;cleo vital: su templo parroquial.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por fin ha salido a la luz en forma de libro, aunque en edici&oacute;n casi privada y como homenaje p&oacute;stumo, lo que en su origen fue el trabajo de tesis con que Adriana Mungu&iacute;a Arenas obtuvo en 2004 el grado de licenciada en Historia por la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, estudio que tuve el privilegio de dirigir, para el cual escogi&oacute; como tema, precisamente, el devenir hist&oacute;rico de su pueblo, pero, mejor a&uacute;n, el de la historia y el arte que contiene la iglesia dedicada al santo m&aacute;rtir patrono del mismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Consciente de que "parte importante del conocimiento de nuestro pasado" es el rescate de la historia de lugares y personas que nos rodean y de que, por lo mismo, un historiador no s&oacute;lo debe ocuparse de los pueblos, personajes, sitios o eventos m&aacute;s importantes, sino tambi&eacute;n de las sociedades, los monumentos y los peque&ntilde;os sucesos que se asentaron, se levantaron u ocurrieron en sitios que no ocupan un lugar geogr&aacute;fico importante, pero que resultan significativos para esa comunidad, Adriana sostiene: "&Eacute;ste es el caso &#91;...&#93; de San Esteban Axapusco, la iglesia de una comunidad un tanto perdida hacia el norte del Estado de M&eacute;xico, pero que cuenta con un pasado digno de rescatarse, y sobre todo, con un acervo digno de conocerse".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que la anim&oacute; a ahondar en la historia de su pueblo fue el haber ca&iacute;do en la cuenta de la falta de estudios monogr&aacute;ficos sobre la regi&oacute;n y por supuesto de esta poblaci&oacute;n en particular. En el mismo sentido, pero concretamente en lo referente al campo de la historia del arte, no pudo evitar constatar que en la historiograf&iacute;a habitual los estudiosos s&oacute;lo se hab&iacute;an detenido a registrar la existencia del convento de Nuestra Se&ntilde;ora de la Concepci&oacute;n de Otumba, la vecina poblaci&oacute;n y cabecera, y que aun en ese caso las menciones se restring&iacute;an al estudio de la arquitectura y la escultura, dejando fuera el tema pict&oacute;rico, no obstante que contaba con una colecci&oacute;n m&aacute;s peque&ntilde;a que la de Axapusco, en la que sin embargo exist&iacute;an obras de reconocidos maestros del periodo colonial, como Jos&eacute; de P&aacute;ez.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para subsanar este pobre panorama, causado por la falta de inter&eacute;s de estudiosos, autoridades e instituciones, ella se aboc&oacute; a estudiar la historia de su amado terru&ntilde;o. Tal es el origen del origen de este libro, al que con toda justeza intitul&oacute; <i>San Esteban Axapusco. Historia y arte,</i> deseosa de contribuir a despertar en todos los miembros de la misma comunidad el orgullo de pertenecer a ella y de dar a conocer a propios y extra&ntilde;os la singularidad de la rica colecci&oacute;n de obras de arte que por diversas circunstancias se form&oacute; en su iglesia parroquial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para dotar de rigor a su estudio, la autora consult&oacute; varios archivos y ech&oacute; mano de la bibliograf&iacute;a existente, extrayendo la informaci&oacute;n que consideraba importante rescatar; pero tambi&eacute;n se sirvi&oacute; de esa metodolog&iacute;a no siempre bien aprovechada que es la " historia oral", con la cual consigui&oacute; recoger de diversos miembros de su entorno valiosas noticias transmitidas a lo largo del tiempo, corroborando as&iacute; su conciencia de pertenecer a dicha comunidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Su estudio lo estructur&oacute; a partir de cuatro cap&iacute;tulos. En el primero ofrece una apretada revisi&oacute;n de la "situaci&oacute;n geogr&aacute;fica" y los "antecedentes hist&oacute;ricos" de la poblaci&oacute;n. Como es f&aacute;cil entender, organiza este cap&iacute;tulo en varios subt&iacute;tulos para ir dando entrada a la "&Eacute;poca prehisp&aacute;nica", a la "&Eacute;poca colonial" (con la conquista, las encomiendas y el desarrollo de San Esteban en dicho periodo) y al siglo XIX (en el que no puede menos que abordar el punto referente al "pulque y sus beneficios" y al advenimiento del ferrocarril), antes de concluir con una menci&oacute;n de los avatares de la zona durante la Revoluci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dedica el segundo cap&iacute;tulo a la "Iglesia de San Esteban Axapusco". Brevemente nos recuerda el proceso evangelizador que se dio en toda esta zona, a cargo principalmente de la orden de San Francisco. Pero la aportaci&oacute;n de la autora viene cuando informa de las distintas etapas constructivas y los art&iacute;fices que intervinieron en algunas remodelaciones que fue experimentando el inmueble. De esta manera, aunque la escasez de noticias no le permite hacer un seguimiento puntual de todos los arreglos, recoge datos que adquieren importancia especialmente en el contexto local; as&iacute; sucede cuando informa que a principios del siglo XVIII hubo necesidad de hacer algunas reparaciones al templo, pero como la situaci&oacute;n no mejoraba, se decidi&oacute; construir uno nuevo, cuyas obras comenzaron en 1743, a cargo del maestro mayor Juan de Alva (de quien se dice ten&iacute;a 62 a&ntilde;os de edad, era vecino del pueblo de San Juan Teotihuacan y se le pagaban cuatro pesos y cinco reales en cada visita) y de otros operarios como Salvador Antonio, acaso el sobrestante (que ganaba seis reales diarios), Manuel Esteban, Pedro Garc&iacute;a, el maestro alba&ntilde;il Pedro Antonio y los canteros Marcos Antonio, Bernab&eacute; Carlos y Jos&eacute; de la Trinidad (a quienes se pagaba dos reales y medio por tarea). Como bien infiere la autora, es probable que todos ellos tambi&eacute;n fuesen vecinos de la regi&oacute;n, pues en los documentos mencionados se especifica que los gastos de mantenimiento de sus herramientas, as&iacute; como la comida diaria, corr&iacute;an a cargo de la comunidad. Y aunque al parecer las obras avanzaron con rapidez, pues para abril de 1745 se hab&iacute;a construido una b&oacute;veda y uno de los arcos de la iglesia, no sabemos cu&aacute;ndo se concluy&oacute;; acaso ello ocurri&oacute; antes de 1767, a&ntilde;o en que fue elevada a la categor&iacute;a de parroquia. Perteneci&oacute; a la arquidi&oacute;cesis de M&eacute;xico hasta 1960, cuando se integr&oacute; a la di&oacute;cesis de Texcoco.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los cap&iacute;tulos tercero y cuarto se consagran a la presentaci&oacute;n del muy &uacute;til cat&aacute;logo de obras de arte elaborado por la autora. En el entendido de que la iglesia misma es una obra en s&iacute;, inicia este apartado con la descripci&oacute;n del inmueble, tanto de su exterior como de su interior, considerando todas sus partes (atrio, capillas posas, portal; fachada, torre; nave, c&uacute;pula, retablos, im&aacute;genes, etc.). Con buen juicio consigna tambi&eacute;n las obras que ya desaparecieron, pero de las cuales hay testimonio de su existencia, como el cipr&eacute;s en el presbiterio y los altares neocl&aacute;sicos que por un tiempo lucieron en la nave, los cuales, a su vez, seguramente hab&iacute;an sustituido unos anteriores de gusto barroco. De otros cambios que la iglesia experiment&oacute;, bien hace la autora en registrar que la herrer&iacute;a de la barda del atrio se adapt&oacute; a principios del siglo XX, la cual, al igual que los retablos colaterales colocados en el presbiterio, se trajeron a este lugar de la Colegiata de Nuestra Se&ntilde;ora de Guadalupe por quien era a la saz&oacute;n abad de la misma, monse&ntilde;or Gregorio Aguilar, originario precisamente de San Esteban Axapusco.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dedica un breve espacio a hablar de las esculturas conservadas en la iglesia, tanto las que ocupan su lugar en el retablo mayor como las que quedan aisladas &#151;entre las cuales sobresale una de san Francisco de As&iacute;s&#151;, y por supuesto consagra otro apartado para estudiar el retablo en s&iacute;, del que subraya es "el &uacute;nico que subsiste en la zona de semejantes dimensiones, de madera tallada y dorada, al estilo barroco".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dado el inter&eacute;s por destacar el inusitado y rico acervo de pinturas que conserva la iglesia de San Esteban Axapusco, la autora dedic&oacute; el cuarto y &uacute;ltimo cap&iacute;tulo al an&aacute;lisis y catalogaci&oacute;n del mismo, el cual, sin contar las de la c&uacute;pula (ejecutadas en 1926 por Jos&eacute; Ram&iacute;rez), est&aacute; conformado por 51 obras de calidad poco homog&eacute;nea y variada cronolog&iacute;a, a las que por cuestiones meramente metodol&oacute;gicas organiz&oacute; en n&uacute;cleos tem&aacute;ticos. En el primer apartado se encuentran ocho cuadros con representaciones de la Virgen Mar&iacute;a. Aqu&iacute; destacan los relacionados con "Arellano" (uno firmado y dos atribuidos) y corresponden en realidad a una familia de al menos dos pero acaso tres o cuatro pintores que en el paso del siglo XVII al XVIII llevaron ese apellido, sin que por ahora podamos acercar estas obras a alguno de ellos. Viene luego un par de lienzos con arc&aacute;ngeles, acaso restos de una serie mayor.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como era l&oacute;gico esperar, tambi&eacute;n se conservan varios cuadros con la representaci&oacute;n de distintos pasajes de la vida de Cristo. Sobresalen los dos de formato apaisado ejecutados por Juan Carlos de Medina &#151;atractivo pintor, aunque pr&aacute;cticamente desconocido, activo en la primera mitad del siglo XVIII&#151; as&iacute; como tambi&eacute;n seis lienzos ovales que ilustran distintos momentos de la Pasi&oacute;n. Menci&oacute;n especial merece un cuadro de autor an&oacute;nimo que retrata a Jes&uacute;s cuando expuls&oacute; a los mercaderes del templo, tanto por tratarse de un tema muy poco representado por los artistas del M&eacute;xico virreinal como por el dinamismo de su composici&oacute;n, al parecer extra&iacute;da de Rubens, y la buena calidad de su factura.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El n&uacute;cleo m&aacute;s variado de pinturas es el dedicado a la representaci&oacute;n de santos. De san Esteban, el santo titular, hay tres obras, si bien ninguna es de elevada calidad. Sobresale un <i>Apostolado</i> de autor an&oacute;nimo, al parecer completo, compuesto por 14 lienzos en los que las figuras quedan de medio cuerpo sobre fondos oscuros; para su cabal identificaci&oacute;n, cada uno lleva inscrito su nombre y porta el instrumento de su martirio. Estas obras, adem&aacute;s, lucen gallardos marcos con copetes calados de estirpe rococ&oacute;. Firmado por Francisco Cervantes, art&iacute;fice hasta ahora desconocido, se guarda un <i>Martirio de san Lorenzo.</i> Pero sin duda el lienzo de mayor calidad de todo el acervo es el que representa a un santo obispo &#151;desafortunadamente no identificado&#151;, sentado ante su mesa de trabajo con una pluma en la mano y dirigiendo la cabeza hacia lo alto. Se trata de una pintura de altos vuelos de autor igualmente sin identificar a&uacute;n, pero cuyo lenguaje pl&aacute;stico est&aacute; claramente asociado al de Crist&oacute;bal de Villalpando. Finalmente se conserva, aunque seccionado en seis partes, un "retablo fingido" dedicado a san Antonio de Padua, pues entre los trazos de pilastras est&iacute;pites, cornisas y molduras simuladas subsisten seis escenas de la vida de dicho santo. Este conjunto interesa de manera creciente por el escaso n&uacute;mero de obras de ese tipo que han subsistido hasta nuestros d&iacute;as.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como bien advierte la autora en las conclusiones, su estudio no pretende ser exhaustivo ni fue concebido de manera cerrada. Lo entendi&oacute;, m&aacute;s bien, como el primer acercamiento al tema y una invitaci&oacute;n para que, a la vista de &eacute;ste, vengan nuevos y m&aacute;s ambiciosos estudios. Sea como fuere, es indudable que el libro que nos ocupa viene a contribuir de manera significativa al conocimiento de la " historia" y el "arte" del pueblo de San Esteban Axapusco, mismo que as&iacute; logra adelantarse a otras poblaciones m&aacute;s grandes y de mayor peso, a lo largo y ancho de nuestro pa&iacute;s, que no cuentan a&uacute;n con un estudio propio. A trav&eacute;s de sus p&aacute;ginas, aunque pensadas y dirigidas principalmente a ella misma y a sus coterr&aacute;neos, todos habremos de aprender a encontrar razones para valorar nuestras ra&iacute;ces y as&iacute; estar mejor equipados para velar por la salvaguarda de las obras de arte que han llegado hasta hoy d&iacute;a, no s&oacute;lo de San Esteban Axapusco, sino de todo el pa&iacute;s.</font></p>      ]]></body>
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