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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Morada de virtudes: Historia y significados de la capilla de la Purísima de la catedral de Guadalajara]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Libros</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Morada de virtudes. Historia y significados de la capilla de la Pur&iacute;sima de la catedral de Guadalajara, Arturo Camacho Becerra (coord.)</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Fausto Ram&iacute;rez</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b> Zapopan, El Colegio de Jalisco, 2010.</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este libro, desprendido y publicado como anticipo de un trabajo mayor en proceso sobre la catedral de Guadalajara, se inscribe en una serie de estudios monogr&aacute;ficos que desde la d&eacute;cada de los a&ntilde;os ochenta vienen realizando distintas instituciones sobre las catedrales mexicanas m&aacute;s importantes, de dos de las cuales se tienen ya los resultados impresos: la de M&eacute;xico y la de Morelia.<sup><a href="#nota">1</a></sup> En todos los casos, los estudios se hicieron en equipos cuya formaci&oacute;n ha variado seg&uacute;n las instituciones convocantes, pero en los tres ha participado la investigadora de El Colegio de Michoac&aacute;n, la doctora Nelly Sigaut, a cuya constancia y tes&oacute;n debemos estar agradecidos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro aqu&iacute; comentado resulta de una investigaci&oacute;n auspiciada por El Colegio de Jalisco, por iniciativa de su presidente, Jos&eacute; Luis Leal Sanabria, quien encomend&oacute; la coordinaci&oacute;n del seminario de trabajo a Arturo Camacho Becerra. El grupo de investigadores involucrado ilustra la actual tendencia historiogr&aacute;fica a propiciar los trabajos interdisciplinarios (lo que, por l&oacute;gica, suele implicar tambi&eacute;n las colaboraciones interinstitucionales). La variada n&oacute;mina de colaboradores incluye a dos miembros de El Colegio de Jalisco (Camacho Becerra y Estrellita Garc&iacute;a), uno de El Colegio de Michoac&aacute;n (Nelly Sigaut), uno del Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico (Patricia D&iacute;az Cayeros) y uno de la Arquidi&oacute;cesis de Guadalajara (Tom&aacute;s de H&iacute;jar y Ornelas), quienes desde sus respectivos conocimientos e intereses como investigadores han construido un rico panorama de la "Historia y significados de la capilla de la Pur&iacute;sima de la catedral de Guadalajara" (como reza el subt&iacute;tulo del libro) en los m&uacute;ltiples campos del arte, la liturgia y la historia pol&iacute;tica y social de la capital tapat&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y esto era tanto m&aacute;s necesario cuanto que el proyecto, la construcci&oacute;n y la decoraci&oacute;n de esta notable y plurifuncional capilla catedralicia tuvo lugar en circunstancias pol&iacute;ticas muy &aacute;speras, luego de que una prolongada y sangrienta guerra, de &iacute;ndole fundamentalmente civil y a ratos internacional, hab&iacute;a trastornado la vida de M&eacute;xico a lo largo de casi 10 a&ntilde;os. El conflicto entre dos proyectos antag&oacute;nicos de naci&oacute;n, inicialmente librado en la tribuna parlamentaria, acab&oacute; por transferirse a los campos de batalla, y qued&oacute; zanjado con el triunfo y la imposici&oacute;n definitiva del proyecto liberal republicano en 1867. El enfrentamiento entre dos poderes, el del naciente Estado laico, en busca de autonom&iacute;a y consolidaci&oacute;n, y el de la Iglesia cat&oacute;lica, se hallaba en el fondo de aquel conflicto y se proyectaba, m&aacute;s all&aacute; de las leyes y las armas, en el dominio de lo simb&oacute;lico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como es bien sabido, en los tres a&ntilde;os que dur&oacute; la guerra de Reforma, la ciudad de Guadalajara, alternativamente ocupada por los ej&eacute;rcitos contendientes, hab&iacute;a sufrido una destrucci&oacute;n masiva, sobre todo la de algunos de sus m&aacute;s connotados edificios conventuales: Santo Domingo, El Carmen y San Francisco que, en los flancos norte, sur y poniente de la plaza, respectivamente, hab&iacute;an sido convertidos en baluartes y alrededor de los cuales los hechos de armas se desarrollaron con desastrosas consecuencias. &Eacute;stas, por cierto, fueron recreadas en su tiempo por un par de pinturas memorables, la primera de autor an&oacute;nimo y la segunda de Francisco de Paula Mendoza, donde se representan sendos asedios de las tropas "constitucionalistas" (o sea, liberales) a la capital tapat&iacute;a, en mayo de 1860 y en octubre del mismo a&ntilde;o, respectivamente. En particular la segunda, tomada por as&iacute; decirlo en la misma l&iacute;nea de fuego, es un testimonio contundente de las elevadas cotas de fiereza, muerte y devastaci&oacute;n que alcanzaron estas batallas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, existe tambi&eacute;n una fotograf&iacute;a impresa en enero de 1859, ins&oacute;lita por su tem&aacute;tica para este medio y en aquel momento, que atestigua y registra el estado en que qued&oacute; el ala oriental del palacio de gobierno del estado de Jalisco, luego del estallido accidental del cuarto de municiones all&iacute; ubicado, en un sector del edificio que tambi&eacute;n albergaba la c&aacute;rcel y algunas oficinas administrativas. La explosi&oacute;n, ocurrida cuando Guadalajara estaba ocupada por el gobierno conservador, caus&oacute; cerca de 200 v&iacute;ctimas entre muertos y heridos y una gran conmoci&oacute;n en la ciudad. La foto (cuyo autor, seg&uacute;n Arturo Camacho, pudo ser Justo Ibarra) muestra a un grupo heterog&eacute;neo de uniformados y civiles, ni&ntilde;os incluidos, buscando sobrevivientes entre los escombros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es pertinente mencionar estos testimonios visuales para comprobar el desastroso y lamentable estado que la ciudad de Guadalajara presentaba todav&iacute;a al ser restaurada la Rep&uacute;blica en 1867, luego de la victoria del ej&eacute;rcito liberal. La consigna, ahora, ser&iacute;a la reconciliaci&oacute;n social y el aprendizaje de la convivencia y la restauraci&oacute;n y reconstrucci&oacute;n de lo destruido, un deseo que, por lo que se refiere al palacio de gobierno tapat&iacute;o, no se ver&aacute; satisfecho sino hasta la gesti&oacute;n de Ignacio Vallarta, a partir de enero de 1872, cuando se erigi&oacute; el noble recinto parlamentario en el ala oriental, decorado con las efigies de Miguel Hidalgo y Benito Ju&aacute;rez y con 31 retratos m&aacute;s que el gobierno jalisciense encarg&oacute; a Felipe Castro, y embellecida la sede gubernamental con la "perspectiva" de trampantojo, imitando una escalinata, que el pintor italiano Carlo Fontana realiz&oacute; en el muro frontero de la escalera principal (justo donde se yergue hoy d&iacute;a, gigantesco, el <i>Hidalgo</i> de Jos&eacute; Clemente Orozco blandiendo la antorcha purificadora). Tambi&eacute;n se reemprendi&oacute; y concluy&oacute; la edificaci&oacute;n de la penitenciar&iacute;a de Escobedo y, entre otros trabajos, se fueron transformando las plazas en jardines.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, en lo que ata&ntilde;e a los conventos antes nombrados, Santo Domingo desapareci&oacute; en su totalidad, incluyendo la iglesia (en aquel lugar, y en tiempos del arzobispo Pedro Loza, se levantar&iacute;a la de San Jos&eacute; y, m&aacute;s tarde, un templo protestante), lo mismo que el del Carmen y el de San Francisco, de los que s&oacute;lo han subsistido algunos vestigios de sus claustros y, en el &uacute;ltimo caso, el antiguo templo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este contexto se ubican los trabajos llevados a cabo en la catedral tapat&iacute;a durante la Rep&uacute;blica restaurada. Entre dichos trabajos, los m&aacute;s importantes fueron la realizaci&oacute;n del nuevo altar principal, confiada a la notoria destreza de los escultores de G&eacute;nova como tallistas del m&aacute;rmol y que, aunque hab&iacute;a sido proyectada a mediados de los a&ntilde;os sesenta, no ser&aacute; sino hasta 1869 cuando logre verse materializada; y, por supuesto, la construcci&oacute;n de la magn&iacute;fica capilla de la Inmaculada Concepci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tal como lo ponen en claro los ensayos de este libro, la capilla se edific&oacute; en un &aacute;rea del flanco meridional de la f&aacute;brica catedralicia, donde antes se abr&iacute;a una puerta hacia la Plaza de armas. Ya, de hecho, esta puerta hab&iacute;a perdido su funci&oacute;n al levantarse el edificio del Sagrario a partir de 1808. La nueva capilla fue dedicada al culto de la Inmaculada Concepci&oacute;n, pero, adem&aacute;s, cada a&ntilde;o, al llegar el Jueves Santo, su altar se convert&iacute;a en el gran monumento tradicionalmente dedicado a celebrar la instituci&oacute;n de la eucarist&iacute;a. Un doble prop&oacute;sito y funci&oacute;n se acumulaba, pues, en la nueva construcci&oacute;n, cuya idea originaria se debe al obispo y, desde 1863, arzobispo Pedro Espinosa, aunque fue su sucesor, Pedro Loza, quien a finales de 1873 dio los primeros pasos conducentes a su ejecuci&oacute;n. Se encomend&oacute; &eacute;sta al maestro de obras Teodoro Renter&iacute;a, y para el 8 de diciembre de 1877 la capilla fue consagrada, si bien no con toda la ornamentaci&oacute;n pict&oacute;rica puesta en su sitio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estrellita Garc&iacute;a en el primer cap&iacute;tulo del libro sigue paso a paso el proceso constructivo correspondiente. Contextualiza dicho proceso trazando el paralelismo entre las acciones edilicias auspiciadas por el gobierno estatal y las mejoras materiales realizadas por el gobierno diocesano. Analiza los ajustes que hubo que hacer en los espacios del costado sur de la catedral a fin de darle cabida a la nueva capilla y la soluci&oacute;n morfol&oacute;gica de los elementos arquitect&oacute;nicos de la f&aacute;brica. Es ella la primera en referirse a la capilla Paulina del Vaticano como el modelo expl&iacute;citamente nombrado de la metamorfosis funcional de aquel espacio lit&uacute;rgico, tema que desarrollar&aacute; con mayor extensi&oacute;n Patricia D&iacute;az Cayeros en su ensayo. Tambi&eacute;n Garc&iacute;a proporciona la informaci&oacute;n sobre otros maestros involucrados en la ornamentaci&oacute;n de la capilla: Anselmo Tama&#45;yo, para los trabajos de estucado y dorado, y el carpintero Fernando Romo, responsable de la manufactura del piso de madera. Es el suyo, pues, un texto que sienta la informaci&oacute;n b&aacute;sica imprescindible y ya plantea algunas cuestiones que ser&aacute;n objeto de an&aacute;lisis e interpretaci&oacute;n en los cap&iacute;tulos restantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero tan importante como la f&aacute;brica arquitect&oacute;nica en s&iacute; resultaba la planeaci&oacute;n y ejecuci&oacute;n de su mobiliario lit&uacute;rgico, su soluci&oacute;n t&eacute;cnica y estil&iacute;stica y su decoraci&oacute;n simb&oacute;lica. Y es en la investigaci&oacute;n de estas cuestiones donde apreciamos los datos y las reflexiones que Patricia D&iacute;az Cayeros y Nelly Sigaut aportan en sus respectivos ensayos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">D&iacute;az Cayeros, interesada desde hace a&ntilde;os en demostrar que la decoraci&oacute;n de los espacios sagrados rebasa con mucho la noci&oacute;n del ornamento como un "arte menor", usualmente desatendido por la historiograf&iacute;a art&iacute;stica convencional, pero que requiere ser evaluado con arreglo a criterios propios, se aboca a descifrar el sentido simb&oacute;lico del aparato lit&uacute;rgico que permit&iacute;a hacer de la capilla de la Inmaculada el recept&aacute;culo del monumento tradicional del Jueves Santo y analiza las estrategias para llevar a cabo tal "metamorfosis". Hace un repaso erudito de la tradici&oacute;n de estos aparatos ef&iacute;meros en el mundo hisp&aacute;nico y de las pr&aacute;cticas lit&uacute;rgicas en torno a ellos, lo que le ha permitido definir algunos par&aacute;metros iconogr&aacute;ficos que encontrar&iacute;an su analog&iacute;a en el programa decorativo de la capilla y marcar la ruptura que el nuevo "altar&#45;monumento" supuso con respecto a aquella tradici&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro aspecto fundamental de su ensayo es el an&aacute;lisis que hace de la correspondencia cruzada entre el provisor del cabildo catedral tapat&iacute;o, Francisco Arias y C&aacute;rdenas, y la compa&ntilde;&iacute;a mercantil de Eduardo Santos, domiciliada en Par&iacute;s en la Chauss&eacute; d'Antin y que manten&iacute;a una estrecha vinculaci&oacute;n comercial con Palomar G&oacute;mez y Compa&ntilde;&iacute;a, de Guadalajara, "empresa por medio de la cual se cerraban las operaciones" (seg&uacute;n informa Nelly Sigaut en su texto, p. 90). Para D&iacute;az Cayeros, dicha correspondencia entra&ntilde;a "una fascinante historia de patrocinio" que durar&iacute;a de 1874 a 1877, y esto queda cabalmente demostrado a lo largo del libro. La fuente en que se basan los an&aacute;lisis de este epistolario es un grueso legajo titulado "Referente al altar de la Pur&iacute;sima en Catedral y su ornamentaci&oacute;n", que fue localizado en el Archivo Hist&oacute;rico de la Arquidi&oacute;cesis de Guadalajara por Mar&iacute;a Laura Flores Barba y Jos&eacute; Alfonso Ayala Mu&ntilde;oz, asistentes de investigaci&oacute;n del proyecto (a cuyos nombres hay que sumar, seg&uacute;n lo consigna debidamente Arturo Camacho en su nota introductoria, el de Cynthia Daniela Guti&eacute;rrez Cruz).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El can&oacute;nigo Arias, vocero y agente de las instrucciones del arzobispo Loza y del cabildo catedral, estableci&oacute; los requerimientos funcionales y lit&uacute;rgicos que deb&iacute;an cubrir el "altar&#45;monumento" y sus "accesorios", pero garantizaba libertad de dise&ntilde;o al artista que el intermediario Santos determinase seleccionar. Se establecen dos categor&iacute;as de criterios en estas transacciones, una de orden simb&oacute;lico y est&eacute;tico y otra de &iacute;ndole econ&oacute;mica, en una &eacute;poca en que los recursos disponibles eran relativamente limitados. Los intercambios de argumentos y propuestas entre ambos corresponsales se van refiriendo al "Arca santa", a las colgaduras, los candelabros, relicarios, perfumeros y ramilletes de metal, as&iacute; como a las pinturas que deb&iacute;a ostentar la capilla para cubrir su doble funci&oacute;n de sitio de culto a la Inmaculada Concepci&oacute;n y albergue del monumento eucar&iacute;stico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El uso de "intermediarios" empresariales para la comisi&oacute;n de todo lo relativo al "mobiliario lit&uacute;rgico" se hab&iacute;a convertido en una pr&aacute;ctica usual durante el Segundo Imperio en Francia, cuando los talleres de Par&iacute;s y algunos de Lyon (centro principal de la manufactura de vestiduras sagradas) lograron penetrar en "todas las sacrist&iacute;as" del mundo cat&oacute;lico. Dichos "intermediarios" fung&iacute;an tambi&eacute;n, muchas veces, como &aacute;rbitros del gusto, ya que estaban muy familiarizados con los medios art&iacute;sticos y conoc&iacute;an el mercado, entre otras cosas (Eduardo Santos, por cierto, disuadir&aacute; al cabildo catedral, con argumentos estrictamente comerciales, de la idea de enviar a Par&iacute;s para su venta el famoso cuadro de la Pur&iacute;sima atribuido a Murillo que, proveniente de la iglesia de la Soledad, atesoraba la metropolitana de Guadalajara). Tambi&eacute;n deben de haber tenido sus n&oacute;minas de dise&ntilde;adores que suministraban los modelos en los talleres industriales y que comprend&iacute;an tanto a arquitectos como a escultores y "artistas industriales".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay que recordar que arquitectos restauradores como Viollet le Duc y otros menos renombrados hoy d&iacute;a, pero entonces muy prestigiados (como Pierre Bossan), se esmeraban en crear ambientes estil&iacute;sticamente homog&eacute;neos dentro de los edificios religiosos, lo que supon&iacute;a el dise&ntilde;o de todo el mobiliario y los ornamentos lit&uacute;rgicos; para ello, trabajaban de consuno con los talleres industriales, proporcion&aacute;ndoles modelos. El auge que fue cobrando la producci&oacute;n de estos talleres llev&oacute; en 1868 a la fundaci&oacute;n en Par&iacute;s de la &Eacute;cole Profesionelle de Dessin et Modelage. Pensemos, adem&aacute;s, que ya desde 1845 se hab&iacute;a establecido en aquella ciudad la Soci&eacute;t&eacute; d'Art Industriel, la cual fue cambiando de nombre al paso de los a&ntilde;os hasta convertirse en 1863 en la Union Centrale des Beaux Arts Appliqu&eacute;s a l'Industrie, cuyas actividades inclu&iacute;an publicaciones, conferencias y exposiciones habitualmente bienales (1861, 1863, 1865, 1869...). Adem&aacute;s, los talleres de objetos religiosos exhib&iacute;an sus productos con regularidad en las grandes exposiciones universales, tanto de Londres (1851, 1862) como de Par&iacute;s (1855, 1867, 1878.). Algunos artistas industriales incluso recibieron la condecoraci&oacute;n de la Legi&oacute;n de Honor francesa, y uno de los m&aacute;s c&eacute;lebres, Placide Poussielgue&#45;Rusand, se anunciaba desde 1857 en el <i>Almanachdu Commerce</i> como "fabricant de N.S.P. le Pape".<sup><a href="#nota">2</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Qu&eacute; pretendo al dar toda esta informaci&oacute;n? Creo responder con ello a una inquietud de Patricia D&iacute;az Cayeros (que supongo compartida por algunos de sus compa&ntilde;eros en el seminario) acerca de por qu&eacute; si la manufactura del altar principal de la catedral tapat&iacute;a fue encargada a G&eacute;nova, el mobiliario lit&uacute;rgico de la capilla inmaculista lo fue a Par&iacute;s. Tanto el arzobispo Espinosa como el arzobispo Loza fueron a Europa y vivieron una larga temporada en Roma, el primero de ellos durante su destierro, entre 1861 y 1864, y el segundo para asistir, entre 1869 y 1870, al Primer Concilio Vaticano, convocado por P&iacute;o IX. Tambi&eacute;n sabemos que el can&oacute;nigo Arias visit&oacute; Roma. Lo m&aacute;s usual era que antes pasaran por Par&iacute;s. Interesados en asuntos "de sacrist&iacute;a", deben de haber comprobado la popularidad creciente de la producci&oacute;n art&iacute;stico&#45;industrial francesa, en lo que se refiere sobre todo a los objetos del culto, mientras que, por otra parte, el renombre de los marmolistas italianos segu&iacute;a siendo imbatible. Tengo para m&iacute; que a esta notoria distinci&oacute;n, tocante a la excelencia y el prestigio de las labores respectivas, puede obedecer la diversidad de los encargos mencionados. En el caso concreto del Concilio Vaticano, es bueno saber que un grupo de dignatarios eclesi&aacute;sticos participantes le obsequiaron a P&iacute;o IX un servicio de altar muy suntuoso, consistente en cop&oacute;n, c&aacute;liz, b&aacute;culo episcopal, cruz procesional, cruz pectoral, aguamanil, vinajeras y palmatoria, obra ejecutada por uno de los artistas industriales m&aacute;s reconocidos, domiciliado en Lyon, Thomas&#45;Joseph Armand&#45;Calliat, sobre dise&ntilde;os de Bossan.<sup><a href="#nota">3</a></sup> Pedro Loza debi&oacute; de haber visto y admirado este ajuar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo que toca al encargo tapat&iacute;o negociado entre Arias y Santos, figura como proveedor de dise&ntilde;os un tal arquitecto Gusette, sobre el que habr&aacute; que conseguir mayor informaci&oacute;n. Por cierto, entre los que proporcionaban modelos a los talleres industriales franceses se contaba un buen n&uacute;mero de los llamados "arquitectos diocesanos".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La interpretaci&oacute;n simb&oacute;lica de la ornamentaci&oacute;n de la capilla de la Inmaculada, que en el ensayo de D&iacute;az Cayeros se centra en el mobiliario y la estructura del altar&#45;monumento, se extiende a las pinturas y a la totalidad del conjunto en el cap&iacute;tulo elaborado por Nelly Sigaut. Su ubicaci&oacute;n central en el libro me parece un acierto editorial, puesto que la autora teje los muchos hilos que se desenvuelven en los dem&aacute;s ensayos, conjug&aacute;ndolos de mano maestra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un punto muy fuerte del cap&iacute;tulo es la importancia que se le concede a la cuesti&oacute;n del dogma de la Inmaculada Concepci&oacute;n, declarado como tal por P&iacute;o IX en 1854, y su funci&oacute;n estrat&eacute;gica pivotal en la lucha del pontificado contra el avance imparable del liberalismo y, tambi&eacute;n, en el proceso de centralizaci&oacute;n de las iglesias locales en torno a la sede pontificia o "romanizaci&oacute;n", algo que resultaba particularmente importante en los momentos de crisis que el papado experimentaba desde mediados del siglo frente al proceso de unificaci&oacute;n italiana y que habr&iacute;a de desembocar hacia finales de 1870 en la p&eacute;rdida de sus posesiones territoriales. Como contrapartida, la Iglesia as&iacute; despojada de su poder&iacute;o temporal procur&oacute; incrementar su autoridad moral mediante una renovaci&oacute;n espiritual e intelectual de sus cuadros, una militancia progresiva en la prensa y un creciente protagonismo en la organizaci&oacute;n de agrupaciones obreras, respondiendo as&iacute; a la inquietud generalizada por resolver la entonces llamada "cuesti&oacute;n social" (mediante la doctrina del catolicismo social, que quedar&iacute;a definida en la enc&iacute;clica <i>Rerum novarum,</i> de Le&oacute;n XIII, en la primera mitad de los a&ntilde;os noventa), y, tambi&eacute;n, el impulso dado a algunas devociones, como el culto a la Inmaculada y al Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La investigadora &#151;luego de hacer una reflexi&oacute;n profunda sobre los or&iacute;genes y el desarrollo del culto inmaculista en los territorios hisp&aacute;nicos y sus repercusiones en el dominio art&iacute;stico novohispano y sobre las estrategias de la Iglesia universal (de la mexicana en particular) frente a los procesos de despojo y desmantelamiento auspiciados por los gobiernos liberales&#151; procede al an&aacute;lisis e interpretaci&oacute;n tanto de la escultura de la Pur&iacute;sima, obra de Victoriano Acu&ntilde;a, como del conjunto de cuadros que adornan la capilla tapat&iacute;a, y que comprende una serie de cinco lienzos realizados por el pintor franc&eacute;s A. Deschamps y otra m&aacute;s de cuatro alegor&iacute;as lauretanas tradicionalmente atribuidas al pintor tapat&iacute;o Tirso Mart&iacute;nez. Se deben al pincel de Deschamps <i>La &uacute;ltima cena,</i> un gran medio punto que corona el altar, de inspiraci&oacute;n leonardesca, como bien lo se&ntilde;ala Sigaut, y las cuatro efigies de personajes del Antiguo Testamento, designadas a la saz&oacute;n bajo el t&iacute;tulo colectivo de <i>Los Profetas,</i> cuyo hieratismo y frontalidad &#151;y esto lo propongo yo&#151; no dejan de remitirnos al neobizantinismo que los hermanos Flandrin y otros pintores franceses hab&iacute;an establecido desde los a&ntilde;os cuarenta como el estilo ideal de la decoraci&oacute;n eclesi&aacute;stica.<sup><a href="#nota">4</a></sup> La investigadora establece las analog&iacute;as y asociaciones que, tanto en la ex&eacute;gesis textual como en su plasmaci&oacute;n pict&oacute;rica, han sido tradicionalmente postuladas entre la figura de Cristo y las "prefiguras" veterotestamentarias de Mois&eacute;s, Aar&oacute;n, David y Salom&oacute;n. Este conjunto de cuadros subraya el prop&oacute;sito de celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica al que obedec&iacute;a aquel espacio sagrado, pero tambi&eacute;n alude, si bien indirectamente, al papel de Mar&iacute;a como arca escogida por el Creador para dep&oacute;sito de la divinidad encarnada, idea que se hace expl&iacute;cita con las referencias pict&oacute;ricas a las invocaciones marianas de la letan&iacute;a lauretana: Arca de la Alianza, Torre de Marfil, Casa de Oro, Puerta del Cielo., ejecutadas por Mart&iacute;nez y cuyo sutil simbolismo es expuesto claramente por la investigadora de El Colegio de Michoac&aacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al correr de los a&ntilde;os, la capilla de la Inmaculada se convirti&oacute; tambi&eacute;n en sepulcro de tres obispos jaliscienses que se distinguieron por la bravura excepcional con que lucharon por defender y sostener los derechos e intereses de la Iglesia cat&oacute;lica frente a las exigencias del Estado laico, en sucesivas situaciones conflictivas de la historia moderna de M&eacute;xico. &Eacute;ste es el asunto estudiado por Arturo Camacho en el texto que nos entrega. Los monumentos funerarios de Pedro Espinosa y D&aacute;valos, Pedro Loza y Pardav&eacute; y Francisco Orozco y Jim&eacute;nez (estos &uacute;ltimos dos labrados ya en el siglo XX: 1906 y 1941, respectivamente) son cuidadosamente examinados en su morfolog&iacute;a e iconograf&iacute;a y ubicados por el investigador de El Colegio de Jalisco en sus correspondientes circunstancias hist&oacute;ricas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre par&eacute;ntesis, Orozco y Jim&eacute;nez es un buen ejemplo del proceso de "romanizaci&oacute;n" que experiment&oacute; el alto clero latinoamericano durante sus a&ntilde;os de formaci&oacute;n sacerdotal en el colegio P&iacute;o Latino de Roma, fundado por P&iacute;o IX en 1858 con el objeto de conformar una &eacute;lite de cl&eacute;rigos, provenientes de aquellos pa&iacute;ses, apegados a las directrices del Vaticano. Resultar&iacute;a ilustrativo comparar las acciones pastorales realizadas por el arzobispo tapat&iacute;o con las emprendidas por otros egresados del P&iacute;o Latino, como el obispo de Oaxaca, Eulogio Gillow, y en particular con las de su protegido y asistente Jos&eacute; Oth&oacute;n N&uacute;&ntilde;ez y Z&aacute;rate, luego consagrado como obispo de Zamora.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dada la importancia que, para la dedicaci&oacute;n de la capilla de la Inmaculada, tuvo la gesti&oacute;n diocesana de Pedro Loza, el padre Tom&aacute;s de H&iacute;jar y Ornelas, cronista de la Arquidi&oacute;cesis de Guadalajara, dedica un cap&iacute;tulo al estudio de su personalidad, de su gobierno pastoral, de las relaciones que mantuvo con la corte pontificia durante su asistencia al Primer Concilio Vaticano en Roma, y con los otros obispos mexicanos participantes, y de su actuaci&oacute;n al reintegrarse a la patria. Presta especial atenci&oacute;n a las numeros&iacute;simas obras materiales de reconstrucci&oacute;n de la Iglesia en Guadalajara y en todos los rumbos de la di&oacute;cesis, particularmente en la regi&oacute;n alte&ntilde;a, llevadas a cabo durante su gesti&oacute;n, y que no s&oacute;lo comprenden templos y capillas, sino hospitales y escuelas y, de manera muy particular, aquella que fue la m&aacute;s entra&ntilde;able y predilecta de las edificaciones de Loza, " la que sintetiza sus afanes y anhelos, y que solvent&oacute; con sus recursos": la Casa Central del Seminario Mayor. Una n&oacute;mina abultada e imprescindible, habida cuenta de que, en los primeros incisos de su ensayo, De H&iacute;jar y Ornelas se ocupa en enumerar, con escalofriante precisi&oacute;n, los actos de desmantelamiento y despojo de la Iglesia que los gobiernos liberales efectuaron en Jalisco.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En resumen, <i>Morada de virtudes</i> constituye una aportaci&oacute;n importante y valiosa a la historia del arte en M&eacute;xico. Supera con mucho el nivel regional y plantea una serie de cuestiones acuciantes no s&oacute;lo en relaci&oacute;n con el arte mexicano en general, sino con el patrocinio y las redes de encomienda y circulaci&oacute;n del arte religioso en el &aacute;mbito internacional, durante el &uacute;ltimo tercio del siglo XIX. La acuciosidad de los integrantes del seminario en la localizaci&oacute;n y consulta de fuentes primarias, la requerida familiaridad con fuentes secundarias de muy diversa &iacute;ndole, la densidad y calidad ensay&iacute;stica de los trabajos y la acertada selecci&oacute;n de las ilustraciones hacen de este libro una obra de consulta de primer orden. S&oacute;lo hay que lamentar la mala calidad de las reproducciones, producto de una selecci&oacute;n de color y un proceso de impresi&oacute;n absolutamente fallidos, lo que en un texto de esta naturaleza representa una falencia inexcusable.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El volumen comentado es, lo repito, apenas un resultado parcial de la investigaci&oacute;n en curso sobre la catedral de Guadalajara, pero ya lo suficientemente amplio, rico y significativo para demostrar el acierto de la elecci&oacute;n de sus autores y el buen camino que llevan para la exitosa consumaci&oacute;n del trabajo emprendido, el cual, seg&uacute;n me ha informado el coordinador, est&aacute; a punto de llegar a su t&eacute;rmino.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. <i>Catedral de M&eacute;xico. Patrimonio art&iacute;stico y cultural,</i> M&eacute;xico, Secretar&iacute;a de Desarrollo Urbano y Ecolog&iacute;a/ Fomento Cultural Banamex, 1986,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788592&pid=S0185-1276201100010001300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> y Nelly Sigaut (coord.), <i>La catedral de Morelia,</i> Zamora, Gobierno del Estado de Michoac&aacute;n&#45;El Colegio de Michoac&aacute;n, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788593&pid=S0185-1276201100010001300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. Me apoyo fundamentalmente en los textos correspondientes al cap&iacute;tulo "Fine Metalwork and Hard Stones" y en especial, dentro de &eacute;ste, a las fichas de la secci&oacute;n "Silverwork (Ecclesiastical)", del cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n <i>The Second Empire, 1852&#45;1879. Art in France under Napoleon III,</i> The Philadelphia Museum of Art, 1978 (comisarios: V&iacute;ctor Beyer, Kathryn B. Hiesinger, Jean&#45;Marie Moulin y Joseph Rishel), pp. 122&#45;146, <i>passim.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. <i>Ibidem,</i> pp. 139&#45;140.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">4. Cons&uacute;ltese al respecto, de J. B. Bullen, <i>Byzantium Rediscovered,</i> Londres/Nueva York, Phaidon Press, 2003,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788597&pid=S0185-1276201100010001300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> y de Michael Paul Driskel, <i>Representing Belief. Religion, Art and Society in Nineteenth&#45;century France,</i> The Pennsylvania State University Press, 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788598&pid=S0185-1276201100010001300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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