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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Libros</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>Gender and Power in Prehispanic Mesoamerica</i>. Rosemary A. Joyce</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>por Mar&iacute;a Elena Brise&ntilde;o</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Austin, University of Texas Press, 2000, 269 pp., ils.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Es posible acercarse al tema del g&eacute;nero y del sexo en la Mesoam&eacute;rica prehisp&aacute;nica, plenamente conscientes de que nuestra tradici&oacute;n occidental condiciona su comprensi&oacute;n? </font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta conciencia, tal vez, es la que mueve a Rosemary A. Joyce a articular sus investigaciones bajo nuevos enfoques y perspectivas, como los estudios de g&eacute;nero y el feminismo, los de la historia del cuerpo humano y de las im&aacute;genes.<a name="n1b" id="n1b"></a><a href="#n1a"><sup>1</sup></a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los estudios de g&eacute;nero<a name="n2b" id="n2b"></a><a href="#n2a"><sup>2</sup></a> han propuesto la construcci&oacute;n hist&oacute;rica tanto de la feminidad como de la masculinidad, precisar las percepciones de los sexos y los t&eacute;rminos utilizados para describirlos, la descripci&oacute;n y el an&aacute;lisis de las relaciones cambiantes entre los sexos entendidos como entidades sociales, pol&iacute;ticas y culturales no ajenas a la historia. Se trata de entender el g&eacute;nero como una "categor&iacute;a" intelectual y una herramienta anal&iacute;tica para considerar y estudiar a las personas; como una realidad cultural con implicaciones y con v&iacute;nculos con otras muchas relaciones socioculturales como la raza, la edad, la sexualidad, la cultura, el lenguaje, la libertad, la religi&oacute;n, la familia, la clase social, la econom&iacute;a o la pol&iacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Joan Scott<a name="n3b" id="n3b"></a><a href="#n3a"><sup>3</sup></a> la "Historia de la historia de las mujeres" es, siempre, una historia de pol&iacute;tica: no hay modo de separar la pol&iacute;tica, entendida &eacute;sta como las relaciones de poder que se construyen a partir de los sistemas de creencias, de la pr&aacute;ctica del conocimiento y de los procesos que lo producen. Se ha enfatizado la importancia del g&eacute;nero sobre el poder, la condici&oacute;n social y la riqueza, y la idea de que las mujeres han contado con sus propias formas de poder, a menudo de car&aacute;cter m&aacute;s informal. Estos estudios han hecho posible que el poder se presente como un fen&oacute;meno claramente diferenciado, una de cuyas formas de legitimaci&oacute;n ha sido el g&eacute;nero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rosemary A. Joyce en su libro <i>Gender and Power in Prehispanic Mesoamerica</i>, a partir de las actividades que representan las figuras humanas en las figurillas de Tlatilco y en diversos medios del arte maya y azteca, interpreta los conceptos de lo masculino y lo femenino en estas sociedades y su relaci&oacute;n como una relaci&oacute;n significante de poder.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La propuesta de Joyce es que el g&eacute;nero, m&aacute;s all&aacute; de una cuesti&oacute;n de diferenciaci&oacute;n sexual o biol&oacute;gica, implicaba la construcci&oacute;n de lo "humano" desde el nacimiento del ni&ntilde;o. Joyce ve lo humano como una construcci&oacute;n en donde el g&eacute;nero es una posibilidad m&aacute;s de otras dimensiones de la persona, como la edad, el trabajo y el rango o posici&oacute;n social determinada por la actividad, y otorga a estas dimensiones igual importancia en la conformaci&oacute;n de la personalidad: "Although Euro&#45;American history makes it seem natural to assume that sex/gender will be the single most significant determinant of social position, of status, or power, in Mesoamerican societies, gender is never independent of age, and age strongly determines relative standing" (p. 182).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Joyce lo humano se iba construyendo en los rituales por medio de pr&aacute;cticas de "incorporaci&oacute;n f&iacute;sica" que iban modificando y transformando el cuerpo. Estas pr&aacute;cticas que transformaban el acto individual aislado en un acto social dentro de esquemas culturalmente delimitados eran fijadas en diversos medios para ser aprendidas, como gu&iacute;a para quienes las ve&iacute;an y como modelo para los observadores futuros (y contempor&aacute;neos). La distinci&oacute;n de los g&eacute;neros se va dando gracias a esos rituales de transformaci&oacute;n de las dimensiones de la persona y no es hasta la juventud que los g&eacute;neros heterosexuales masculino y femenino llegaban a su plenitud.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de esta propuesta fundamentada por los estudios de g&eacute;nero, los de la historia de la imagen y los de historia del cuerpo humano, Joyce, en 225 p&aacute;ginas, analiza 3000 a&ntilde;os de representaciones de las actividades humanas en diversos medios: las figurillas femeninas del Precl&aacute;sico en Tlatilco, la escultura monumental, la pintura mural, de c&oacute;dices y cer&aacute;mica del mundo maya cl&aacute;sico y las fuentes escritas del siglo XVI para el &aacute;mbito azteca. Joyce utiliza los t&eacute;rminos <i>representations</i>, "representaciones", y <i>performances</i>, "pr&aacute;cticas o actividades".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El an&aacute;lisis de Joyce toma en cuenta muchas variables para estudiar e interpretar la representaci&oacute;n de la actividad de la figura humana seg&uacute;n el medio, realiza descripciones detalladas, se apoya con m&uacute;ltiples ejemplos y en muchos casos recurre a las comparaciones de objetos de diferentes sitios o periodos. Despu&eacute;s de observar detalladamente la figura humana, establece patrones y propone ver los objetos que la acompa&ntilde;an como estructuras (por ejemplo, la orejera formada del disco, del pendiente y del perforador) con ejes de composici&oacute;n (por ejemplo, en los textiles, en los motivos decorativos de los huipiles) y sugiere posibles simbolismos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Las pr&aacute;cticas de incorporaci&oacute;n f&iacute;sica" que se llevaban a cabo en los rituales seg&uacute;n la edad y la actividad eran repetidas y reiterativas. Lo fundamental en estas transiciones era el desarrollo de las habilidades para el trabajo, la actividad a realizar, los oficios diarios. Joyce descarta la asociaci&oacute;n de oficios con g&eacute;neros por razones f&iacute;sicas o capacidades mentales, o por ciertas condiciones ideol&oacute;gicas o simb&oacute;licas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En opini&oacute;n de la autora, las concepciones de g&eacute;nero en las sociedades prehisp&aacute;nicas se daban a partir del trabajo individual de hombres y mujeres. A su vez, el trabajo individual condicionaba las relaciones entre el poder individual y el poder pol&iacute;tico que se desarrollaba en dos &aacute;mbitos, uno exterior, p&uacute;blico, que tiene que ver con el control del Estado sobre el individuo, y otro interior, privado, m&aacute;s limitado, en el hogar. En el espacio p&uacute;blico de la arquitectura monumental, en las esculturas, relieves o pinturas murales, se representan rituales que muestran la presencia controlada de la mujer. En el espacio privado, la mujer est&aacute; presente, profusamente, en la producci&oacute;n de materiales b&aacute;sicos como ropa y alimentos, en la socializaci&oacute;n de los ni&ntilde;os, en las negociaciones y alianzas matrimoniales y en la pr&aacute;ctica religiosa y ritual dom&eacute;stica. Parece ser que los &uacute;nicos oficios asociados espec&iacute;ficamente con el g&eacute;nero femenino fueron hilar y tejer, actividades que aparecen en las representaciones ejecutadas por mujeres adultas y que eran desarrolladas en la casa, mientras que la cer&aacute;mica parece haber sido actividad lo mismo de hombres que de mujeres.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El espacio p&uacute;blico y el espacio privado determinan la actividad, la forma de representaci&oacute;n y las relaciones de poder. Los espacios p&uacute;blicos arquitect&oacute;nicos son los &uacute;nicos lugares para las representaciones monumentales, los rituales funerarios, las procesiones, las danzas, los intercambios, los movimientos disciplinados como expresi&oacute;n y transformaci&oacute;n en ciertas fechas fijadas por los calendarios, diferentes a las actividades que se llevaban a cabo diariamente en los espacios privados del hogar. El espacio p&uacute;blico era el sitio del ejercicio del poder del Estado sobre los individuos. El ritual expresa el poder y, en alg&uacute;n sentido, lo crea. En la intimidad de la casa se daba la disciplina f&iacute;sica, las admoniciones sobre el trabajo, el control de la sexualidad, el reforzamiento del poder de los mayores sobre los menores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Joyce desarrolla su propuesta de la construcci&oacute;n de lo humano a partir del an&aacute;lisis de la representaci&oacute;n de la actividad de la figura humana en los medios mencionados, seg&uacute;n su ubicaci&oacute;n en espacios p&uacute;blicos y en espacios privados, siguiendo un orden cronol&oacute;gico para tres &aacute;mbitos culturales: Tlatilco en el Precl&aacute;sico, el mundo maya del periodo Cl&aacute;sico y el mundo azteca del Poscl&aacute;sico. Fundamenta su exposici&oacute;n en especialistas y ofrece una extensa bibliograf&iacute;a de los temas tratados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las abundantes figurillas de Tlatilco del Formativo Temprano, su punto de partida, ya presentan diferencia de sexo, edad, jerarqu&iacute;a y papel social; las formas sexuales se asocian con diferentes ornamentos como orejeras, tocados y collares y con el tratamiento individualizado del peinado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Joyce estudia la representaci&oacute;n masculina y femenina en la escultura monumental y de peque&ntilde;o formato, en la pintura mural, en la cer&aacute;mica y en los textos mayas del periodo Cl&aacute;sico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La representaci&oacute;n de las actividades del hombre y de la mujer en la tradici&oacute;n cl&aacute;sica maya &#151;que emerge en el Formativo Tard&iacute;o junto con una nobleza relacionada especialmente con lo sobrenatural&#151; que se desarrolla en espacios con arquitectura monumental como Tikal muestra dioses, mujeres y hombres nobles en contextos rituales. Los dioses mayas, femeninos y masculinos, se identifican por su vestuario seg&uacute;n diferentes ritos y se relacionan con los textos. Parece que era importante mostrar la posici&oacute;n noble de la mujer por sus implicaciones, ya que a trav&eacute;s de ella se legitiman los gobernantes; a menudo explicitan sus nombres como madres y raramente como esposas. Los cuerpos humanos aparecen con formas b&aacute;sicas; el sexo se identifica por la vestimenta que distingue a los hombres nobles como seres sexuales, mientras oculta la sexualidad de la mujer. Raramente se va a mostrar el cuerpo desnudo. El efecto del vestido es cubrir el cuerpo de la mujer mientras que se revela el cuerpo masculino, sobre todo su aspecto sexual. Las mujeres, uniformemente j&oacute;venes adultas, lucen huipiles con textiles muy ornamentados que cubren el cuerpo excepto la cabeza, las manos y los pies. Los hombres, en contraste, usan trajes que dejan al descubierto brazos, piernas y la parte superior del cuerpo, s&oacute;lo parcialmente cubierta por collares. La identidad sexual del adulto hombre, o no&#45;femenino, se se&ntilde;ala con los pechos expuestos, sin senos. La marca expl&iacute;cita de la sexualidad masculina es reforzada por ocasional pelo facial, bigotes o barbas y por largos cubresexo que enfocan la atenci&oacute;n en el &aacute;rea genital, aunque est&eacute; cubierta. En la escultura monumental, las mujeres rara vez aparecen solas y frecuentemente aparecen en pareja con figuras de hombres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La producci&oacute;n de figurillas en peque&ntilde;a escala en el mundo maya era realizada dentro de los hogares e involucraba a un mayor n&uacute;mero de personas; esta producci&oacute;n no estaba bajo el control pol&iacute;tico y probablemente fung&iacute;a como ofrendas funerales. En estas figurillas se muestran los oficios realizados por las mujeres: amamantando y cargando ni&ntilde;os, tejiendo y produciendo ropa, moliendo ma&iacute;z, produciendo alimentos, criando animales y ofreciendo los alimentos en vasijas. Junto a ellas se han encontrado figurillas de hombres entronizados, cazadores, guerreros, m&uacute;sicos y en sacrificios rituales. Al igual que entre los aztecas, parece indudable la importancia de la mujer en la producci&oacute;n de la ropa y la comida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las im&aacute;genes de los monumentos mayas cl&aacute;sicos le sugieren a Joyce representaciones de temas que deben ser exploradas como narraciones. Mientras que las figuras masculinas en los medios monumentales pueden aparecer est&aacute;ticas, acompa&ntilde;adas de textos y s&oacute;lo pueden entenderse como segmentos de acciones de individuos, las femeninas de formato peque&ntilde;o y sus representaciones en la cer&aacute;mica, ubicadas en los espacios dom&eacute;sticos, presentan una acci&oacute;n focal: tejiendo, moliendo, cuidando ni&ntilde;os, fabricando objetos de cer&aacute;mica, etc.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Joyce observa que la prominencia de mujeres en las im&aacute;genes monumentales mayas cl&aacute;sicas debi&oacute; parecer extra&ntilde;a a los lectores de la <i>Relaci&oacute;n de las cosas de Yucat&aacute;n</i> del obispo    <br> 	Landa: no hay concordancia entre lo que Landa afirma, posturas negativas del papel de la mujer, y lo que se observa en las im&aacute;genes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el mundo Cl&aacute;sico maya son raras las representaciones o alusiones a ni&ntilde;os, algunas pocas en Bonampak, Palenque, El Naranjo y Tikal son de ni&ntilde;os herederos al trono. En Chich&eacute;n Itz&aacute;, las representaciones de ni&ntilde;os pueden significar que se empieza a desarrollar la importancia de la transici&oacute;n ni&ntilde;oadulto, transformaciones que conllevaban pr&aacute;cticas de modificaci&oacute;n de su cuerpo, vestidos y adornos espec&iacute;ficos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Chich&eacute;n Itz&aacute; marca el final del periodo Cl&aacute;sico en el siglo IX: se abandonan los centros ceremoniales, se termina la tradici&oacute;n del arte y de la arquitectura maya cl&aacute;sica. El estudio de la producci&oacute;n de im&aacute;genes en este periodo le sirve a la autora como un puente espacial y temporal para marcar las transformaciones de las im&aacute;genes visuales entre el &aacute;mbito maya del Cl&aacute;sico y el &aacute;mbito azteca del Poscl&aacute;sico. En relaci&oacute;n con el tema del estudio, para Joyce es significativa la pobreza de im&aacute;genes femeninas en Chich&eacute;n Itz&aacute;; las que se tienen probablemente representen mujeres sobrenaturales y se asemejan en vestido y postura a las im&aacute;genes femeninas del Cl&aacute;sico Tard&iacute;o. La representaci&oacute;n del g&eacute;nero en Chich&eacute;n Itz&aacute;, para Joyce, se masculiniza. Las mujeres se concentran en espacios &iacute;ntimos aunque contin&uacute;an teniendo importancia en la acci&oacute;n pol&iacute;tica y ritual por las alianzas matrimoniales, la negociaci&oacute;n de la posici&oacute;n social y la l&iacute;nea de descendencia, pero no vuelven a aparecer en las representaciones monumentales. Joyce menciona las im&aacute;genes identificadas como "donantes", que presentan pechos sin senos y que sugieren que en Chich&eacute;n Itz&aacute; los rituales los llevaban a cabo los hombres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con el t&iacute;tulo "Becoming Human", Joyce aborda la cuesti&oacute;n del g&eacute;nero y sus relaciones con el poder en el &aacute;mbito azteca. Estudi&oacute; a Sahag&uacute;n y a sus informantes, los diccionarios nahuas y el <i>C&oacute;dice Mendoza</i>, sin perder de vista que se hicieron desde el punto de vista o la perspectiva de la "infidelidad". Joyce transcribe los discursos registrados en Sahag&uacute;n para los ni&ntilde;os, las met&aacute;foras po&eacute;ticas que los comparan con elementos naturales como "la semilla que crece" o con objetos, el "precioso collar" o "pluma", y los discursos durante el embarazo, el alumbramiento, etc&eacute;tera. Con los diccionarios nahuas trata de dilucidar las connotaciones morales o de valores de t&eacute;rminos asociados con conceptos como casa, mercado, rituales del calendario agr&iacute;cola y revisa las representaciones del <i>C&oacute;dice Mendoza</i> que pudieran ser paralelas a los contenidos de los discursos de Sahag&uacute;n en relaci&oacute;n con lo anterior.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Joyce propone la idea de que entre los aztecas, a partir de un dualismo de g&eacute;nero, el desarrollo de la masculinidad o de la feminidad no fue algo natural e inevitable, sino que requer&iacute;a de trabajo:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">What this ethnographic analogy suggests is that, given an ideology of primordial gender dualism, the production of male and female adult genders is not something natural and inevitable; instead, it requires work to achieve adult gender status. This view of production of gender is far from that assumed in contemporary western European ideology, in which children already have an innate sexual identity and simply need to be taught how to behave as a good exemplar of their sex (p. 145).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Joyce, entre los aztecas hab&iacute;a continuidad en la conceptualizaci&oacute;n de g&eacute;nero, y requer&iacute;a para su estabilizaci&oacute;n de las oraciones, de los discursos y de los rituales en cada etapa del desarrollo del individuo. La designaci&oacute;n del destino adulto del ni&ntilde;o se se&ntilde;alaba con rituales fijados por el calendario, que literalmente marcaban los cuerpos de los ni&ntilde;os al ser transformados en la sustancia social de una persona adulta marcada por su vestimenta, gestos y acciones que encauzaban su trabajo adulto y su posici&oacute;n social y sexual: los propios del nacimiento con el enterramiento del cord&oacute;n umbilical, la designaci&oacute;n de su nombre seg&uacute;n el calendario, el ba&ntilde;o, etc&eacute;tera; la decisi&oacute;n de mandar al ni&ntilde;o al <i>calm&eacute;cac</i> o al <i>tepochcalli</i> o al var&oacute;n al mercado, y el entrenamiento previo de la ni&ntilde;a que empieza a hilar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La ropa y ciertos ornamentos cumpl&iacute;an un papel ret&oacute;rico, impon&iacute;an concepciones de identidades adultas masculinas y femeninas. Serv&iacute;an para marcar el paso de una etapa de la vida a otra, como se puede advertir en las p&aacute;ginas del <i>C&oacute;dice Mendoza</i> que narran la vida del ni&ntilde;o entre los 3 y 4 a&ntilde;os, entre los 6 y 7 y entre los 12 y 13, as&iacute; como los rituales de las fiestas de los meses <i>quecholli</i> e <i>izcalli</i>, durante los cuales el trabajo y el g&eacute;nero se constitu&iacute;an y se fijaban: a los ocho a&ntilde;os los ni&ntilde;os empezaban a llevar a cabo autosacrificios; en el templo se les perforaba por primera vez el labio y el l&oacute;bulo de la oreja para llevar la orejera; otras pr&aacute;cticas asociadas a la fijaci&oacute;n del g&eacute;nero eran quemaduras en la cintura, los peinados, la deformaci&oacute;n del cr&aacute;neo, las incrustaciones dentales. Los textos aztecas relatan las transformaciones del cabello de los ni&ntilde;os durante su entrenamiento como guerreros y las distinciones del mismo conforme se desarrollaban como tales, cuando capturaban su primer prisionero, su cuarto, etc&eacute;tera. Los textos son menos expl&iacute;citos para las mujeres, pero s&iacute; hay distinci&oacute;n en el peinado con el matrimonio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el hogar se llevaba a cabo lo que Joyce ha llamado la "fijaci&oacute;n del sexo" y que implicaba, adem&aacute;s de la modificaci&oacute;n del cuerpo en los ni&ntilde;os y los j&oacute;venes, su entrenamiento en ciertas labores; en este punto Joyce observa la importancia de la disciplina y de los castigos para las transgresiones, que reforzaban la diferencia entre lo que era aceptable en lo p&uacute;blico y en lo &iacute;ntimo, y que muestran otra parte del ejercicio de control sobre el desarrollo individual.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Joyce abunda en el an&aacute;lisis y la interpretaci&oacute;n de conceptos como la sexualidad y la belleza, la significaci&oacute;n de las transformaciones f&iacute;sicas, el vestido, el peinado y el adorno seg&uacute;n los rituales; reflexiona sobre lo escrito por Sahag&uacute;n sobre las "buenas nobles mujeres" y las "plebeyas", sobre los hermafroditas y los homosexuales. Para ella, estar fuera de lugar en la sociedad azteca era lo peor que le pod&iacute;a pasar a un individuo: la casa era el lugar principal, para vivir, para hacer la vida diaria, lugar de los rituales, donde los mayores controlaban y limitaban la expresi&oacute;n de la sexualidad y donde los papeles de g&eacute;nero eran encauzados dentro de muy pocas opciones aceptadas. Es dentro de la casa, en la vida diaria hogare&ntilde;a, donde hombres y mujeres realizaban actividades que afirmaban su individualidad frente a la autoridad con celebraciones y discursos verbales de la sexualidad alternativos a los de la ideolog&iacute;a oficial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dentro de la casa se hac&iacute;an distinciones individuales que reconoc&iacute;an el trabajo artesanal considerado de prestigio. Eran relevantes las actividades cotidianas dentro del hogar y en el mercado, principalmente la producci&oacute;n de ropa, y espec&iacute;ficamente de mantas y alimentos y su presentaci&oacute;n en el mercado. Adem&aacute;s de la producci&oacute;n femenina de alimentos y ropa en el hogar se llevaba a cabo la socializaci&oacute;n de los ni&ntilde;os, las alianzas matrimoniales y las pr&aacute;cticas religiosas y rituales.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Joyce profundiza sobre el tema de la producci&oacute;n de ropa, as&iacute; como su intercambio con otras casas y su provisi&oacute;n a las autoridades. En su opini&oacute;n la ropa era el &uacute;ltimo bientributo para los aztecas: daba posici&oacute;n social y era muy importante en las ceremonias religiosas, "woven cotton cloth signified civilized existence for the Mexica" (p. 164). A trav&eacute;s de su trabajo hilando y tejiendo, las mujeres aztecas afirmaban su sexualidad frente a los controles sociales y reclamaban distinciones individuales frente a una sociedad autoritaria. Advierte la importancia de la ropa en los textos de Sahag&uacute;n, de su manufactura, de los adornos que dan posici&oacute;n social y reconocimiento, como en las descripciones de los hombres y las mujeres que vest&iacute;an la indumentaria propia de alguna deidad durante las festividades y los rituales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La ropa se ve como una capa m&aacute;s de las sustancias que forman el cuerpo a partir de la carne y los huesos. La persona est&aacute; compuesta de m&uacute;ltiples sustancias, m&aacute;s o menos materiales, juntadas en un tiempo y espacio espec&iacute;ficos por la acumulaci&oacute;n de acciones de otros seres sociales: deidades, antepasados, los viejos, padres, mujeres tejedoras e hiladoras. Esta cadena de actividades se iba completando con los <i>amantecas</i>, los pintores y escribas, el esfuerzo de muchas clases de gente en la producci&oacute;n textil, hombres y mujeres, j&oacute;venes y viejas, que sembraban las plantas de algod&oacute;n y maguey, procesaban las fibras, las secaban, etc&eacute;tera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Joyce, tambi&eacute;n con la producci&oacute;n y venta de alimentos los hombres y las mujeres afianzaban su posici&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un punto importante que Joyce advierte y que se tendr&aacute; que desarrollar con mayor precisi&oacute;n es el tema de la violencia contra las mujeres; para ella, la violencia del estado azteca ha sido vista como evidencia de misoginia. Pero centrada en el contexto de violencia, el mismo patr&oacute;n de ret&oacute;rica visual y oral refleja que atentaban contra toda la poblaci&oacute;n &#151;hombres, mujeres y ni&ntilde;os&#151; en la persecuci&oacute;n de fines militaristas y expansionistas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otras dos caracter&iacute;sticas que Joyce adjudica a la concepci&oacute;n de g&eacute;nero en el mundo azteca son la complementariedad y la ambig&uuml;edad de g&eacute;nero, interpretadas a partir de los patrones cosmol&oacute;gicos presentes en los mitos, en los rituales, en las representaciones monumentales y, muy importante, en las narraciones de los or&iacute;genes. <i>Omet&eacute;otl</i>, la deidad dual primordial y creadora, identifica los sexos opuestos como complementarios. A partir de ella, se&ntilde;ala Joyce, numerosos investigadores han notado la tendencia de los mexicas a identificar los sexos opuestos como complementarios; as&iacute;, muchas de las contrapartes femeninas de las deidades masculinas se anotan como "esposas" por los espa&ntilde;oles y son descritas en t&eacute;rminos "incompletos". La complementariedad de los sexos puede producir el efecto de "ambig&uuml;edad", como en el caso de las deidades del agua y la fertilidad agr&iacute;cola en Teotihuacan. Eva Hunt, citada por la autora, observ&oacute; la asociaci&oacute;n de la ambig&uuml;edad con los fen&oacute;menos c&iacute;clicos, como el crecimiento del ma&iacute;z (que puede caracterizarse como masculino o femenino seg&uacute;n las etapas de su crecimiento) y las fases de la luna. La dualidad en el g&eacute;nero puede darse tambi&eacute;n en los seres originales, Oxomoco y Cipactonal, los fundadores<i>.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro aspecto que destaca Joyce es la inestabilidad en los l&iacute;mites o fronteras de lo humano, o de la especie, como cuando al reci&eacute;n nacido se le describe como mineral o vegetal y se dice que debe trabajar para adquirir la sustancia humana adulta, lo que tiene su expresi&oacute;n narrativa en la cosmogon&iacute;a y en los tiempos mitol&oacute;gicos. Los enanos aparecen como una figura ret&oacute;rica de la inestabilidad de los intentos para disciplinar la subjetividad f&iacute;sica y, como en el caso de los seres duales, se remontan a las narraciones de la creaci&oacute;n, antes de la imposici&oacute;n de una organizaci&oacute;n necesaria para la vida diaria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una revisi&oacute;n de las tradiciones de la creaci&oacute;n sugiere a Joyce tres diferentes clases de relaciones cosmol&oacute;gicas de cruce de g&eacute;nero significativas: madres e hijos, hermanos&#45;hermanas, y tal vez, la menos importante, esposoesposa. Las relaciones entre los hermanos, de diferente o mismo sexo, estaban condicionadas por la competencia y frecuentemente los hermanos mayores eran desplazados por los menores. Es la oposici&oacute;n al de mayor edad lo que ejemplifica el triunfo de Huitzilopochtli sobre sus hermanas y hermanos. Por su parte, las relaciones entre madres e hijos son positivas, caracterizadas por el apoyo que da Huitzilopochtli a su madre cuando sus otros hijos la amenazan. Susan Gillespie, citada por Joyce, ha observado que las relaciones madrehijo proporcionaban el modelo para los derechos de los linajes con las casas gobernantes: en mujeres nobles se basaban los derechos reales. En cuanto a la relaci&oacute;n esposo&#45;esposa, las parejas de deidades masculinas y femeninas eran particularmente importantes en las ceremonias agr&iacute;colas. Como modelos de conducta humana, las mitades de un todo podr&iacute;an ejemplificar la pareja matrimonial, usualmente miembros del mismo <i>calpulli</i>, trabajando juntos en diferentes formas para el beneficio de su casa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Joyce tambi&eacute;n ofrece interpretaciones de la pr&aacute;ctica de la <i>cihuac&oacute;atl</i>, de Oxomoco y Cipactonal, del calendario, la medicina, de la parte socializadora de dar los nombres, de la diferenciaci&oacute;n entre ni&ntilde;os y ni&ntilde;as, etc&eacute;tera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La propuesta de Joyce de <i>lo humano como construcci&oacute;n</i> en la Mesoam&eacute;rica prehisp&aacute;nica implica, adem&aacute;s de la complementariedad o ambig&uuml;edad o dualidad de g&eacute;nero, la inestabilidad en los l&iacute;mites de lo humano, el control del Estado sobre las posibilidades de expresi&oacute;n humanas, y la casa familiar, sitio donde el Estado estaba limitado. Joyce advierte que no se puede saber por los registros cu&aacute;ndo y c&oacute;mo se marcaba esa inestabilidad, qu&eacute; significaba la ausencia o presencia de genitales en algunas representaciones. Tampoco se pueden interpretar otras expresiones de la sexualidad como el deseo por el mismo sexo, las alternativas sexuales, la abstinencia o la actividad sexual sin reproducci&oacute;n, etc&eacute;tera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Joyce enfoca su estudio desde la perspectiva de los estudios de g&eacute;nero para proponer que las actividades propias de hombres o de mujeres emergen como una "negociaci&oacute;n" entre sexos y que no se pueden desasociar de otras dimensiones de la persona, especialmente de la edad, del trabajo y de la posici&oacute;n o rango social. Para Joyce el g&eacute;nero en Mesoam&eacute;rica tuvo que ver, fundamentalmente, con la actividad que se realizaba, de igual importancia que la edad.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n1a" id="n1a"></a><a href="#n1b">1</a>. V&eacute;ase Peter Burke (ed.), <i>Formas de hacer historia</i>, Madrid, Alianza Universidad, 1999, 313 pp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=759430&pid=S0185-1276200300010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> La llamada "Nueva Historia" privilegia la perspectiva "desde abajo", al revisar las experiencias de la "gente corriente", la historia de las mujeres distinguida de la de los hombres, expandiendo el universo de los historiadores y buscando el "di&aacute;logo creciente con otras disciplinas".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n2a" id="n2a"></a><a href="#n2b">2</a>. En la d&eacute;cada de los setenta el objetivo de las historiadoras de las mujeres era integrar a &eacute;stas en la historia, al tiempo que fijar su identidad separada. El t&eacute;rmino utilizado para teorizar la cuesti&oacute;n de la diferencia sexual fue el de "g&eacute;nero".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n3a" id="n3a"></a><a href="#n3b">3</a>. Joan Scott, "Historia de las mujeres", en Burke (ed.), <i>op. cit.</i>, pp. 59&#45;88.</font></p>      ]]></body><back>
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