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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Libros</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>El arte en M&eacute;xico: autores, temas, problemas.</i> Rita Eder, coordinadora</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>por</b> <b>Federico Navarrete</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2002.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es complicado rese&ntilde;ar un libro colectivo, con art&iacute;culos tan diversos y distintos como los que integran <i>El arte en M&eacute;xico: autores, temas y problemas,</i> pues resulta dif&iacute;cil hacer justicia a la gran cantidad de temas y problemas que abordan. Por ello he preferido centrar este breve texto en uno solo de los m&uacute;ltiples filones te&oacute;ricos e hist&oacute;ricos que abren las reflexiones de sus ocho autores; aunque debo decir en mi descargo que es uno que evidentemente ocup&oacute; desde un principio un lugar central en las preocupaciones comunes de este equipo de investigadores mayoritariamente provenientes del Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico. Se trata de la rica, contradictoria y siempre cambiante relaci&oacute;n entre la historia del arte y el nacionalismo mexicano.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No cabe duda de que, en el terreno de la historia del arte como en tantos otros &aacute;mbitos de nuestra cultura, los veneros del nacionalismo mexicano han sido f&eacute;rtiles y caudalosos. Una de las aportaciones m&aacute;s interesantes de los ensayos reunidos en este libro es mostrarnos los complejos y contradictorios procesos que llevaron a la construcci&oacute;n, podr&iacute;amos decir incluso a la invenci&oacute;n, de una herencia art&iacute;stica nacional mexicana unificada y coherente que pod&iacute;a ser fuente de orgullo y de inspiraci&oacute;n para los mexicanos del presente. De esta manera la historia del arte ha alimentado varios de los mitos claves de nuestra nacionalidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Juana Guti&eacute;rrez nos muestra en su art&iacute;culo "El t&eacute;rmino 'estilo' en la historiograf&iacute;a del arte" que fue gracias a la labor de historiadores como Jos&eacute; Bernardo Couto y Manuel Revilla, a finales del siglo XIX y principios del XX, como el nacionalismo mexicano empez&oacute; a reivindicar como patrimonio y orgullo exclusivo la particularidad y el exceso del llamado churrigueresco o ultrabarroco, que fue interpretado como resultado de la fusi&oacute;n entre las ideas art&iacute;sticas europeas y la mano de los art&iacute;fices ind&iacute;genas, es decir, como otra manifestaci&oacute;n del mestizaje racial y cultural que supuestamente define nuestra nacionalidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La fortuna de esta interpretaci&oacute;n ha sido tal que se ha convertido en un manido clich&eacute; del nacionalismo, por lo que resulta refrescante poder reconstruir, como lo hace Guti&eacute;rrez, la historia de esta invenci&oacute;n y su funci&oacute;n dentro de las candentes pol&eacute;micas que enfrentaron hace ya cien a&ntilde;os a los diversos definidores de la identidad mexicana, liberales y clericales, indigenistas e hispanistas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Paralelamente, Guti&eacute;rrez muestra c&oacute;mo los historiadores del arte fueron construyendo la idea de la unidad del arte mexicano desde tiempos ind&iacute;genas hasta el presente. Esta unidad negaba las evidentes rupturas y discontinuidades en la historia nacional y obedec&iacute;a a la necesidad de construir una identidad mexicana inmanente y atemporal, t&iacute;pica de cualquier ideolog&iacute;a nacionalista. Sus defensores, como Federico Mariscal, reificaban as&iacute; a la "patria" y la convert&iacute;an en protagonista de la historia del arte nacional, como es evidente en el t&iacute;tulo mismo de su obra: <i>La patria y la arquitectura nacional.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, Guti&eacute;rrez muestra que estas ideas, en el momento de su planteamiento inicial, no gozaban de la hegemon&iacute;a avasalladora que habr&iacute;an de tener varias d&eacute;cadas despu&eacute;s con la imposici&oacute;n del nacionalismo revolucionario como ideolog&iacute;a oficial. Hab&iacute;a autores, como el mismo Ignacio Manuel Altamirano, que abjuraban vehementemente del arte que llamaban "colonial" por considerarlo producto del peor oscurantismo religioso, y otros como Francisco Diez Barroso que, en el sentido inverso, prefer&iacute;an enfatizar el rompimiento que hab&iacute;a implicado la llegada de los espa&ntilde;oles y de la cristiandad y que defin&iacute;an la identidad nacional a partir de su identificaci&oacute;n con la madre patria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, en este art&iacute;culo podemos ver que la construcci&oacute;n de las certidumbres de nuestro nacionalismo historiogr&aacute;fico moderno, de &eacute;se que puede hablar sin empacho de 30 siglos de esplendor y pretender que los olmecas son de alguna manera antecedentes de nuestro estado actual, fue un proceso gradual, pol&eacute;mico y nada lineal. Al mostrarnos la "obra negra" detr&aacute;s de la familiar fachada de nuestros museos y nuestros orgullos patrios, Guti&eacute;rrez nos ayuda a desmontar las verdades nacionalistas que construyeron las generaciones anteriores y que ahora, habiendo perdido el poder fundador que tuvieron en el momento de ser concebidas, se han vuelto poco m&aacute;s que perogrulladas sofocantes para nuestras inquietudes culturales y lugares comunes paralizantes para nuestras necesidades intelectuales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tal es el caso de las ideas indigenistas que plante&oacute; Manuel Gamio a principios del siglo XX y que fueron una de las principales fuentes de inspiraci&oacute;n de las pol&iacute;ticas indigenistas y del nacionalismo revolucionario mexicano. En su art&iacute;culo "Manuel Gamio y los estudios sobre arte prehisp&aacute;nico: contradicciones nacionalistas", Marie&#45;Areti Hers se&ntilde;ala con tino las profundas contradicciones de la posici&oacute;n de Gamio: por un lado exaltaba el pasado prehisp&aacute;nico y sab&iacute;a reconocer, fiel a su formaci&oacute;n antropol&oacute;gica, que el arte ind&iacute;gena deb&iacute;a comprenderse en su contexto cultural y social, y por otro se aferraba a una concepci&oacute;n unitaria de la naci&oacute;n y a una visi&oacute;n unilineal de la evoluci&oacute;n de la humanidad que lo hac&iacute;an ver en la integraci&oacute;n de los pueblos ind&iacute;genas a lo que llamaba la "raza mestiza", la &uacute;nica soluci&oacute;n para lograr su progreso y el de M&eacute;xico. Hers sabe desentra&ntilde;ar las premisas monol&oacute;gicas y autoritarias de esta posici&oacute;n, pues por m&aacute;s que Gamio estudiara a los indios con genuino inter&eacute;s, y se preocupara sinceramente por su bienestar, no se planteaba que ellos pudieran tener algo que decir sobre su cultura y su destino, y asumi&oacute;, como han asumido las pol&iacute;ticas indigenistas desde entonces, que son meros objetos pasivos de redenci&oacute;n y cuidado por parte de las elites intelectuales mestizas. El punto de esta reflexi&oacute;n no es rega&ntilde;ar a los muertos, pues Hers se&ntilde;ala tambi&eacute;n las significativas aportaciones de Gamio al conocimiento de las culturas ind&iacute;genas en su tiempo; se trata, m&aacute;s bien, de revelar los fundamentos de sus posiciones para poder revelar y criticar su continuidad hasta el presente, cuando pretendidos conocedores del M&eacute;xico ind&iacute;gena siguen incurriendo en las simplificaciones y apor&iacute;as de las posiciones de Gamio al hablar de las relaciones entre las etnias y el estado&#45;naci&oacute;n, ignorando, como &eacute;l, las voces de los propios actores ind&iacute;genas, y asumiendo como dogma casi religioso el mito del mestizaje. En suma, Hers nos ofrece una genealog&iacute;a de la esquizofrenia nacionalista mexicana que celebra al indio muerto y execra al vivo, que se apropia del pasado ind&iacute;gena como fuente de identidad y orgullo pero asume como una necesidad nacional y un imperativo hist&oacute;rico la desaparici&oacute;n de los grupos ind&iacute;genas en la actualidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero no todo en las definiciones identitarias se mueve al nivel colectivo. Los individuos definimos nuestras particulares identidades en relaci&oacute;n con, y muchas veces a contrapelo de las que nos impone la colectividad. Y tambi&eacute;n nuestras definiciones propias pueden influir en las comunitarias y transformarlas. Jaime Cuadriello muestra en "El af&aacute;n intelectual de Francisco de la Maza: temas, im&aacute;genes y textos" la compleja inserci&oacute;n de un personaje voluntariamente marginal en las certidumbres nacionalistas, por medio de un an&aacute;lisis cercano y entra&ntilde;able de esa figura singular y descollante en el panorama de la historiograf&iacute;a del arte en el siglo XX. En efecto, De la Maza era a la vez orgulloso heredero y erudito exegeta de la tradici&oacute;n criolla mexicana, con su barroquismo, su devoci&oacute;n cat&oacute;lica y su obsesi&oacute;n guadalupana. En este sentido es clave y muy reconocida su contribuci&oacute;n a los estudios sobre la Virgen de Guadalupe en su cl&aacute;sico <i>El guadalupanismo mexicano.</i> Al mismo tiempo, sin embargo, De la Maza era tambi&eacute;n un ateo convencido y asum&iacute;a posiciones abiertamente anticlericales al justificar, por ejemplo, la destrucci&oacute;n de incontables monumentos religiosos coloniales en el siglo XIX como una necesidad para la constituci&oacute;n del naciente orden liberal. En sus complejos ensayos se encuentran las posiciones aparentemente irreconciliables del jacobino Altamirano y del hispanista Diez Barroso, unidas por la inteligencia y la negativa a caer en el dogmatismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "La victoria imp&iacute;a. Edmundo O'Gorman y Jos&eacute; Clemente Orozco", Renato Gonz&aacute;lez Mello nos presenta, por su parte, una singular y hasta ahora desconocida incursi&oacute;n del genial historiador en el &aacute;mbito de la cr&iacute;tica art&iacute;stica a petici&oacute;n del brillante artista. Si bien el experimento fue fallido, pues el texto escrito por O'Gorman permaneci&oacute; in&eacute;dito, el imaginativo an&aacute;lisis de Gonz&aacute;lez Mello revela que contiene un momento clave en la elaboraci&oacute;n de las ideas de este historiador sobre uno de sus temas esenciales: el ser de Am&eacute;rica. En los dibujos apocal&iacute;pticos y amargamente aleg&oacute;ricos que Orozco realizaba a fines de la Segunda Guerra Mundial, O'Gorman atisb&oacute; la manifestaci&oacute;n de la singularidad de "nuestra Am&eacute;rica", es decir de la Am&eacute;rica hispana, a la que quer&iacute;a premoderna, rom&aacute;ntica y amante de la muerte frente al utilitarismo fr&iacute;o y racional de Europa y de la otra Am&eacute;rica, es decir la del norte. En su exaltaci&oacute;n de "nuestra Am&eacute;rica", O'Gorman no vacil&oacute; en citar al mismo Mart&iacute; e incluso se atrevi&oacute; a insinuar que su peculiaridad derivaba de su origen ind&iacute;gena. Inspirado por las pesimistas visiones orozquianas, O'Gorman abominaba tambi&eacute;n del naciente orden de la posguerra con su utop&iacute;a de prosperidad del capitalismo triunfante preconizado y encarnado por los norteamericanos. En suma, el O'Gorman que exalt&oacute; a Orozco era diametralmente opuesto al que, unos cuantos a&ntilde;os despu&eacute;s, en la <i>Invenci&oacute;n de Am&eacute;rica,</i> negaba ontol&oacute;gicamente la genealog&iacute;a ind&iacute;gena del ser americano, al que lo consideraba invenci&oacute;n completa de los europeos, y defend&iacute;a a la civilizaci&oacute;n norteamericana como la &uacute;nica alternativa planetaria, y tambi&eacute;n al que muchos a&ntilde;os despu&eacute;s se burl&oacute; tan atinada como acerbamente de los prejuicios y convicciones del latinoamericanismo progresista (que adora a Mart&iacute;, reivindica la ra&iacute;z ind&iacute;gena y trata de distinguirse desesperadamente de sus vecinos del norte).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos bandazos radicales humanizan la figura de O'Gorman y nos muestran las contradicciones y cambios de opini&oacute;n que deben formar parte de todo proceso de verdadera reflexi&oacute;n, pero tambi&eacute;n apuntan al car&aacute;cter din&aacute;mico de las definiciones de la identidad nacional y continental que es igualmente resultado de la pol&iacute;tica nacional y mundial.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, Hers, Gonz&aacute;lez Mello y Clara Bargellini nos recuerdan que, pese a su proclamado solipsismo y sus ilusiones aut&aacute;rquicas, el nacionalismo mexicano ha estado abierto a los vientos que vienen de lejos y que muchas veces ha sido definido por ellos. Hers se&ntilde;ala la influencia que tuvo en Gamio su experiencia como estudiante de Franz Boas en Estados Unidos y su ingenua idealizaci&oacute;n de la relaci&oacute;n entre el estado de ese pa&iacute;s y las naciones ind&iacute;genas, incluidas sus pol&iacute;ticas de persecuci&oacute;n y destrucci&oacute;n de la cultura y la religi&oacute;n ind&iacute;genas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bargellini, por su cuenta, muestra en su art&iacute;culo "Los estudios de la arquitectura novohispana: los avatares de 'Spanish Colonial Architecture in Mexico'" que la primera gran obra sobre arquitectura colonial mexicana fue elaborada por un autor estadunidense, Silvester Baxter, a principios del siglo XX, influido por las ideas americanistas del nacionalismo estadunidense que buscaba una tradici&oacute;n independiente de la europea y que encontr&oacute; en el arte mexicano esa ra&iacute;z aut&oacute;ctona; posiciones que influyeron profundamente en las subsecuentes producciones mexicanas sobre el tema.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, estos art&iacute;culos nos muestran diversos aspectos del proceso intelectual y creativo de nuestro nacionalismo y nos se&ntilde;alan un camino cr&iacute;tico de aproximaci&oacute;n a estas construcciones, un camino distanciado que puede permitirnos, en nuestro nuevo siglo, construir nuevas y ricas im&aacute;genes de nuestras identidades, apartadas del templo y del Estado, y libres de las sofocantes obsesiones homogeneizadoras del siglo pasado.</font></p>      ]]></body>
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