<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0185-1276</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[An. Inst. Investig. Estét]]></abbrev-journal-title>
<issn>0185-1276</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Estéticas]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0185-12762001000200011</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Ernst H. Gombrich]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[del Conde]]></surname>
<given-names><![CDATA[Teresa]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad Nacional Autónoma de México Instituto de Investigaciones Estéticas ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>11</month>
<year>2001</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>11</month>
<year>2001</year>
</pub-date>
<volume>23</volume>
<numero>79</numero>
<fpage>229</fpage>
<lpage>246</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0185-12762001000200011&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0185-12762001000200011&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0185-12762001000200011&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Semblanzas</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Ernst H. Gombrich</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>por Teresa del Conde</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas, UNAM</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">EL 3 de noviembre de 2001 falleci&oacute;, a los 92 a&ntilde;os de edad, uno de los pilares de la historia y la teor&iacute;a del arte en el siglo XX. Hasta ese momento no dudar&iacute;a en afirmar que era el m&aacute;ximo representante en vida de esta disciplina human&iacute;stica vinculada en su caso a otros campos del <i>episteme,</i> como la filolog&iacute;a, la historia de la ciencia, el dise&ntilde;o, las teor&iacute;as de la <i>Gestalt,</i> la psicolog&iacute;a de la percepci&oacute;n, la biolog&iacute;a, la psicolog&iacute;a profunda, la filosof&iacute;a del lenguaje, la m&uacute;sica, la poes&iacute;a. Formado en el Instituto de Arte y Arqueolog&iacute;a de la Universidad de Viena, donde fue disc&iacute;pulo, entre otros, de Julius von Schlosser, &eacute;l absorbi&oacute; todos los campos culturales (<i>Bildung,</i> dec&iacute;an los vieneses) que pod&iacute;a ofrecer la que era a&uacute;n ciudad capital del imperio austroh&uacute;ngaro en el momento de su nacimiento, en marzo de 1909. Incluso recordaba haber presenciado los impresionantes funerales de Francisco Jos&eacute; en 1918. Se daba todav&iacute;a el tipo de <i>Bildung</i> que Robert Musil describe admirablemente en los 4 vol&uacute;menes de la edici&oacute;n castellana de <i>El hombre sin atributos.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antes de seguir adelante en lo que es simplemente una semblanza, me parece conveniente explicar mi postura ante el tema. Debido a que sostuve trato personal con Gombrich y a que, adem&aacute;s, mantuve con &eacute;l una correspondencia que se extendi&oacute; por algo m&aacute;s de cuatro lustros, lo que rememoro aqu&iacute; no se corresponde con lo que sus libros me han dejado, por m&aacute;s que <i>Art and Illusion</i> y <i>The Sense of Order</i> se me convirtieron en piedras de toque desde su aparici&oacute;n. Este &uacute;ltimo volumen est&aacute; integrado, como bien se sabe, por varios ensayos dedicados a examinar el ornamento y los <i>patterns</i> pr&aacute;cticamente en todas las culturas. Lo menciono porque el pr&oacute;ximo libro del maestro, que est&aacute; integr&aacute;ndose en forma un tanto aleatoria desde 1983 aproximadamente, es de alg&uacute;n modo una continuaci&oacute;n de &eacute;ste. Al parecer se titular&aacute; <i>Preference for the Primitive.</i> La &uacute;ltima carta que recib&iacute; de &eacute;l, muy breve y mecanografiada por su asistente, indicaba que el trabajo estaba pr&aacute;cticamente terminado y que &eacute;l se encontraba (en marzo de 2001) en el arduo empe&ntilde;o que supone complementar las ilustraciones y cotejarlas con los textos. A prop&oacute;sito de esto, en la &uacute;ltima parte del presente escrito, deseo hacer el intento de esbozar una explicaci&oacute;n sobre su m&eacute;todo de trabajo bas&aacute;ndome en sus propios relatos, muchos de los cuales pude recabar a trav&eacute;s de su voz, o por medio de la correspondencia que sostuvimos, que en su conjunto integra material in&eacute;dito en el que abrevar&eacute; cuando convenga, por estar constituido en buena medida de comentarios "frescos", es decir, de primera mano, que no han pasado por el tamiz de la autocr&iacute;tica, como ocurre tambi&eacute;n con las entrevistas que se le hicieron. El recurrir a las cartas implica desviarme de un esquema fijo, pero tiene la ventaja de recrear, en cierto modo, sus propios decires fuera de la c&aacute;tedra, del seminario o de la conferencia formal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fue en tanto conferencista como lo conoc&iacute; hacia 1979. Hab&iacute;a le&iacute;do para entonces varios de sus estudios y sent&iacute; que escucharlo en el Warburg Institut (del que se retir&oacute; como profesor de la tradici&oacute;n cl&aacute;sica en 1976, y del que fue director) era un nuevo punto de partida. Unos a&ntilde;os despu&eacute;s mi trato con &eacute;l se intensific&oacute;, lo cual fue para m&iacute; un privilegio deparado por la reci&eacute;n obtenida beca de la Guggenheim Foundation. Su trato era sumamente llano, no hab&iacute;a jerarqu&iacute;as, respond&iacute;a a casi todas las preguntas que se le hac&iacute;an, pero debo decir que le complac&iacute;a especialmente atender a sus disc&iacute;pulas o seguidoras mujeres, a lo que se anexaba el inter&eacute;s que le produc&iacute;a el que proviniera yo del otro lado del Atl&aacute;ntico, mas no de los Estados Unidos, pa&iacute;s donde despunt&oacute; como conferencista internacional cuando imparti&oacute; en 1957 las Andrew Mellon Lectures en Washington.<sup><a name="n1b"></a><a href="#n1a">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Era un magn&iacute;fico expositor, hablaba con acento de la <i>Mitteleuropa,</i> pero su ingl&eacute;s era m&aacute;s que perfecto, y correg&iacute;a a quienes comet&iacute;an faltas de sintaxis, como lo hace en M&eacute;xico &#151;hablando en castellano&#151; el profesor Collin White, a quien Gombrich conoci&oacute; a trav&eacute;s de referencias m&iacute;as y de una traducci&oacute;n que hizo de cierto escrito de mi autor&iacute;a sobre Giorgio de Chirico, que Gombrich aprob&oacute; con amplitud, aunque no sin explicarme sus diferencias. A &eacute;l s&oacute;lo le interesaba (y no mucho) la producci&oacute;n "metaf&iacute;sica" de este pintor. En el ensayo al que aludo, yo consideraba que las glosas y apreciaciones chiriquianas sobre varios artistas del pasado reciente (incluy&eacute;ndose a s&iacute; mismo en las llamadas "r&eacute;plicas"), o bien remoto, iniciaban la etapa posmoderna del pintor nacido en Volos, Grecia, en 1888 y fallecido en Roma en 1978.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v23n79/a11im1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En carta fechada en Londres el 8 de marzo de 1994, Gombrich me dice que en la pr&oacute;xima edici&oacute;n de su <i>Story of Art</i> (la decimosexta) incluir&iacute;a una reproducci&oacute;n de De Chirico, pero que lo har&iacute;a debido a que tambi&eacute;n deseaba introducir a Magritte. "&Eacute;ste tiene, francamente, mucho m&aacute;s ideas que De Chirico, aunque quiz&aacute; no era tan h&aacute;bil como pintor."<sup><a name="n2b"></a><a href="#n2a">2</a></sup> Como es l&oacute;gico, lo que prefer&iacute;a del artista italiano eran sus fuentes: "No puedo evitar el sentir que De Chirico tiene una buena idea (en buena medida derivada de B&ouml;cklin) y que no supo pensar en qu&eacute; hacer con esa idea despu&eacute;s, a diferencia de Picasso, que nunca dej&oacute; de tener ideas, buenas, malas, pero siempre originales. Tambi&eacute;n el clasicismo de Picasso me parece superior al de De Chirico." Y a&ntilde;ade: "Espero que usted no se ofenda por estas francas observaciones."<sup><a name="n3b"></a><a href="#n3a">3</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ya no s&eacute; si se integr&oacute;, o no, en la &uacute;ltima edici&oacute;n de <i>The Story of Art</i> esa l&aacute;mina, pero lo que s&iacute; me consta es que incluy&oacute; a De Chirico en la &uacute;ltima exposici&oacute;n que coordin&oacute; para la National Gallery de Londres, una escueta, pero muy selectiva muestra de c&aacute;mara como las que all&iacute; felizmente se presentan con frecuencia, con pocas obras, de excelencia todas. Me refiero a <i>Shadows. The Depiction of Cast Shadows in Western Art (Sombras. La pintura de sombras proyectadas en el arte occidental),</i> tema que mueve a bastantes reflexiones, porque no todos los pintores figurativos o realistas, ni aun varios de los m&aacute;s notables a lo largo de la historia, han pintado las sombras proyectadas por los s&oacute;lidos (en italiano se dice <i>sbattimento)</i> cuando &eacute;stos se encuentran expuestos a la luz. La selecci&oacute;n de Gombrich parti&oacute; de obras que s&iacute; presentan las sombras proyectadas, incluyendo fragmentos de un mosaico romano existente en los museos vaticanos, que viene a ser copia de Soso de P&eacute;rgamo. Giotto, Antonello da Mesina, Sassetta, varias pinturas flamencas, Hans Holbein el joven, Pontormo, Rembrandt, etc., se encontraron entre quienes s&iacute; representaron este tipo de sombras, pero no siempre bas&aacute;ndose en la observaci&oacute;n directa, de modo que con harta frecuencia sus sombras no son "ortodoxas". La ocasi&oacute;n se prest&oacute; para incluir a Picasso, con una naturaleza muerta cubista, y a Giorgio de Chirico, con el cuadro <i>Enigma duna giornata</i> (1914), que pertenece a las colecciones del Museo de Arte Contempor&aacute;neo de S&atilde;o Paulo y que se exhibi&oacute; en el Museo de Arte Moderno de M&eacute;xico cuando tuvo lugar la muestra de De Chirico en 1993. Mi trabajo publicado en el cat&aacute;logo fue el que dio lugar a la carta de Gombrich aqu&iacute; citada. Yo no vi la exposici&oacute;n de las sombras en la National Gallery de Londres, pero con motivo de la pen&uacute;ltima visita que hice al profesor en su casa de Briardale Gardens, en diciembre de 1998, me obsequi&oacute; un ejemplar de la edici&oacute;n francesa del cat&aacute;logo, de donde est&aacute; tomado el siguiente p&aacute;rrafo: "El lector de este peque&ntilde;o libro se ver&aacute; incitado a buscar sombras proyectadas en las obras del pasado y a constatar su relativa rareza. En la mayor&iacute;a de las pinturas, pese al esplendor del modelo, los objetos representados no proyectan sino sombras rudimentarias o ninguna sombra &#91;...&#93; Por suntuosa que sea su paleta, por perfecta que sea su maestr&iacute;a color&iacute;stica, nos muestran un mundo sin sombras."<sup><a name="n4b"></a><a href="#n4a">4</a></sup> M&aacute;s adelante me referir&eacute; de nuevo a De Chirico en relaci&oacute;n con Gombrich, con motivo de un texto sobre fotograf&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El asunto de las sombras cae por completo dentro de los terrenos de la observaci&oacute;n y de la percepci&oacute;n. Resulta significativo que en otro momento &eacute;l haya elegido como autorretrato su propia sombra proyectada y que, para la ocasi&oacute;n de la muestra que menciono, haya solicitado a su nieta L&eacute;onie Gombrich que le confeccionara un dibujo, casi tipo caricatura, en el que un sujeto pasea a su perrito, atado con una correa, durante la noche. La ilustraci&oacute;n muestra que el hombre ya ha rebasado el farol que alumbra la calle desierta y su sombra est&aacute; &#151;como siempre ocurre en estos casos&#151; delante, mientras que la sombra del perrito est&aacute; justo bajo &eacute;l, puesto que se encuentra unos metros detr&aacute;s de su amo. El pie de grabado anuncia que se trata de "sombras proyectadas por un reverberador" (es lo mismo que un farol). El texto incluye el siguiente consejo:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recomiendo a todos los que no lo hayan hecho a&uacute;n, que realicen el peque&ntilde;o juego consistente en observar las transformaciones de su sombra en los momentos en los que, de noche cerrada, pasean por una calle iluminada por un farol. Cuando se llega a &eacute;ste, se tiene una peque&ntilde;a sombra recogida bajo el cuerpo; al avanzar, &eacute;sta se vuelve lentamente para colocarse en el sentido de la marcha, alarg&aacute;ndola, reemplazando as&iacute; la sombra que hasta ese momento estaba atr&aacute;s. As&iacute; se comprende que estas transformaciones resultan de dos hechos patentes: por principio, nuestro cuerpo no es ni inmaterial ni transparente y adem&aacute;s los rayos de luz emanan de eso que llamamos una "fuente puntual" propag&aacute;ndose en l&iacute;nea recta.<sup><a name="n5b"></a><a href="#n5a">5</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y as&iacute; es: todos hemos comprobado que si el pavimento desciende, la sombra se alarga a&uacute;n m&aacute;s, y si hay un desnivel, la sombra trepa sobre &eacute;l. Tal vez fue esto &uacute;ltimo lo que principalmente le atrajo cuando le envi&eacute; el cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n de Remedios Varo que tuvo lugar en el Museo de Arte Moderno en 1994, pues las sombras en Remedios, aunque desobedientes, ilustran suficientemente este &uacute;ltimo fen&oacute;meno, al que en ocasiones subvierten, con lo que el recurso, seg&uacute;n Gombrich, se torna <i>witty</i> (ingenioso).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gombrich recibi&oacute; el premio Goethe, otorgado cada 3 a&ntilde;os a uno de los mejores escritores en lengua alemana, el 28 de agosto de 1994. La gran mayor&iacute;a de sus ensayos est&aacute; escrita en ingl&eacute;s, o traducida por &eacute;l mismo del alem&aacute;n al ingl&eacute;s, cosa que sucede incluso con los dedicados a Goethe en fecha anterior a la recepci&oacute;n del premio, pero eso no significa en modo alguno que en cierto momento haya dejado a un lado su lengua materna. La correspondencia que sostuvo &#151;por ejemplo, con su querido amigo Karl Popper&#151; lo atestigua, as&iacute; como los trabajos inicialmente publicados en alem&aacute;n que luego tradujo. Se regocij&oacute; mucho cuando tuvo noticia de su nominaci&oacute;n para ese premio pues "&iexcl;hasta Sigmund Freud, usted lo sabe, se regocij&oacute; de obtenerlo!", me comunic&oacute; en carta fechada el 22 de julio, casi un mes antes de su viaje a Frankfurt. &Eacute;l, como Goethe, se consideraba ciudadano del mundo:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">as&iacute; que debo expresar mi gratitud... Porque la vida y el trabajo de Goethe fueron mensajes de consuelo que hablan de una ciudadan&iacute;a universal que trasciende las fronteras de las nacionalidades. Goethe tuvo el derecho de sentirse en su casa donde fuere. En la Inglaterra de Shakespeare y Byron, no menos que en la Francia de Diderot y en la Italia de Benvenuto Cellini y Tasso, por supuesto en la Persia de Hafiz y en la India de Kalidasa, de cuyo drama en s&aacute;nscrito, <i>Sakuntala,</i> tom&oacute; la idea del <i>Preludio en la escena</i> para su <i>Fausto...<sup><a name="n6b"></a><a href="#n6a">6</a></sup></i></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la misma carta que me trajo la noticia del premio Goethe, evoca un asunto que yo le hab&iacute;a planteado &#151;y que le hab&iacute;a comunicado igualmente en forma epistolar&#151; referido a Joseph Beuys (1921&#45;1986). Dice lo siguiente:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El barullo hecho en su torno es resultado de una teor&iacute;a art&iacute;stica equivocada: leemos que cuando fue rescatado como aviador en alg&uacute;n lugar de Siberia, lo envolvieron en fieltro y lo alimentaron con grasa, lo que explica su amor por estas sustancias. Bueno y santo, pero &iquest;tengo yo que amarlas por esa raz&oacute;n? Estos significados personales son a la vez inevitables e irrelevantes, mientras que me parece que sus decires sobre el haber re&#45;definido el arte son disparatados.<sup><a name="n7b"></a><a href="#n7a">7</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A los <i>fans</i> de Beuys esto puede parecerles her&eacute;tico, pero hay que entender que la familia Gombrich era jud&iacute;a (aunque no practicante de la religi&oacute;n judaica) y que Beuys perteneci&oacute; a las juventudes nazis antes de alistarse en la fuerza a&eacute;rea germ&aacute;nica en 1940. Su avi&oacute;n bombardero, piloteado por &eacute;l y co&#45;piloteado por otro joven que falleci&oacute; en el accidente, se desplom&oacute; en el invierno de 1943 en Crimea, y &#151;efectivamente&#151; fueron un grupo de t&aacute;rtaros quienes lo salvaron calent&aacute;ndolo con fieltro y aliment&aacute;ndolo no s&oacute;lo con grasa, sino con queso, ra&iacute;ces crudas y leche. Beuys sufri&oacute; otros cinco accidentes durante la guerra y uno m&aacute;s en tiempos de paz. Sus mociones terap&eacute;uticas mediante la palabra y la acci&oacute;n de all&iacute; provienen e implican innegables rasgos creativos, pero su credo: "en todo ser humano hay un artista" no debe entenderse literalmente. Detenerme en eso equivaldr&iacute;a a soltar la rienda de este escrito sobre Gombrich e iniciar consideraciones sobre Beuys que podr&iacute;an resultar interminables. De momento s&oacute;lo me queda decir que hay otros pensadores que coinciden con el maestro: el espa&ntilde;ol Jos&eacute; Antonio Marina en <i>Elogio y refutaci&oacute;n del ingenio</i> (XX Premio Anagrama de Ensayo) es uno de ellos, pero no el &uacute;nico.<sup><a name="n8b"></a><a href="#n8a">8</a></sup> De todas formas, no hay que perder de vista dos cosas. La primera est&aacute; referida a que, sin duda alguna, Beuys fue el artista alem&aacute;n m&aacute;s influyente de la posguerra. No s&oacute;lo eso, pues estuvo postulado como candidato al Parlamento Europeo por el partido ecologista y dej&oacute; much&iacute;simos seguidores. La historia del arte de la segunda mitad del siglo XX tiene a uno de sus puntales en Beuys, y por supuesto los principales museos del mundo exhiben obra suya. La segunda cuesti&oacute;n se refiere al propio Gombrich: aunque el arte que se produc&iacute;a durante su decurso vital de ninguna manera le fue ajeno (recuerdo bien su admiraci&oacute;n por Kokoshka, que era su coterr&aacute;neo), no fue su estudio o an&aacute;lisis una de las ramas dilectas de su quehacer como historiador y te&oacute;rico de la percepci&oacute;n. Si vamos a sus libros, constatamos que en realidad la proporci&oacute;n de sus escritos sobre arte contempor&aacute;neo es relativamente escasa. Incluso consideraba que "la moda del arte abstracto" (sic) tocar&iacute;a a su fin. No es de extra&ntilde;ar, pues, que lo aportado por <i>Fluxus</i> estuviera alejado de sus intereses. Uno de los principales escultores brit&aacute;nicos (que trabaja de modo tradicional), Anthony Gormely, asent&oacute; que era esc&eacute;ptico acerca del arte contempor&aacute;neo por la indefectible <i>liaison</i> que existe entre este rubro y el mercado del arte. S&iacute; le interesaban "the forces that drive the art market" y varias veces charlamos acerca de eso, pero encontraba asimismo que en el concierto actual el sensacionalismo y las modas llevan la delantera y "desv&iacute;an a los artistas de metas m&aacute;s profundas".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gombrich siempre acostumbr&oacute; preguntarse por qu&eacute; le impresionaban m&aacute;s determinadas cosas que otras y, como se sabe, puso especial &eacute;nfasis en analizar los ambientes arquitect&oacute;nicos. Hay un texto suyo &#151;no incluido en su <i>corpus</i> publicado por Phaidon Press&#151; que, como anot&eacute; l&iacute;neas atr&aacute;s, aborda parcialmente el tema de De Chirico. Se trata del escrito que prologa el cat&aacute;logo de una exposici&oacute;n del fot&oacute;grafo italiano Vasco Ascolini: <i>Aosta metafisica e altri luoghi.</i> All&iacute; Gombrich habla de metaf&iacute;sica y tambi&eacute;n de alienaci&oacute;n. La publicaci&oacute;n es triling&uuml;e: italiano, franc&eacute;s e ingl&eacute;s. Debido a su desconfianza de traducciones que no realiz&oacute; &eacute;l mismo, le&iacute; las tres versiones y no puedo menos que darle la raz&oacute;n: al traducir se introducen mociones del traductor y las traducciones al pie de la letra, es decir de diccionario, no sirven, porque no fluyen. Sobre Ascolini expresa lo siguiente:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">sin duda el efecto de sus fotograf&iacute;as arquitect&oacute;nicas debe algo a nuestros recuerdos de las pinturas de De Chirico, con sus edificios desolados en escenarios misteriosos y luces inquietantes. La impresi&oacute;n que desatan ha sido llamada <i>metaf&iacute;sica</i> en el sentido que van m&aacute;s all&aacute; del aspecto meramente f&iacute;sico de una escena, aludiendo a &iacute;ncubos y a secretos siniestros &#91;...en ingl&eacute;s el autor se refiere a sue&ntilde;os perturbadores, no a secretos, y en franc&eacute;s los sue&ntilde;os son <i>obsesivos,</i> no siniestros, como transcribi&oacute; el traductor&#93;. Que (metaf&iacute;sica) no sea el sentido original del t&eacute;rmino, me parece irrelevante. La palabra se aplic&oacute; en un tiempo a aquellos escritos del canon aristot&eacute;lico surgidos despu&eacute;s de los libros sobre f&iacute;sica y realmente concierne a algunas de las cuestiones que un fil&oacute;sofo puede hacerse, preguntas sobre la naturaleza del ser y los or&iacute;genes del mundo &#91;...&#93; Puede suceder que este modo interrogante, este sentimiento de que no podemos asumir el mundo de las pinturas de De Chirico al pie de la letra, sea lo que justifica la etiqueta <i>metaf&iacute;sica</i> &#91;...&#93; El pintor se vio capacitado para crear sus escenarios de enso&ntilde;aci&oacute;n y su propia iluminaci&oacute;n irreal, &#91;pero&#93; el fot&oacute;grafo est&aacute; atado a lo que el motivo puede deparar. &iquest;C&oacute;mo pudo hacerlo hablar con tales acentos poco comunes? &iquest;C&oacute;mo lo hizo parecer extra&ntilde;o y misterioso? &#91;...&#93;</font></p>  		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los psic&oacute;logos conocieron este tipo de experiencia mucho antes de que De Chirico empezara a pintar. La llamaron <i>alienaci&oacute;n,</i> utilizando el t&eacute;rmino, no en sentido marxista, sino como descripci&oacute;n de un estado m&oacute;rbido de la mente. Se trata precisamente de ese estado en el que los objetos familiares de nuestro entorno parecen perder su apariencia normal y nos impresionan como si nunca los hubi&eacute;semos visto.<sup><a name="n9b"></a><a href="#n9a">9</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este p&aacute;rrafo se vincula directamente con un escrito de Freud, aunque Gombrich no hace referencia al mismo. Se trata de <i>Das Unheimliche,</i> que Luis Ballesteros y de Torre tradujo al castellano de dos maneras: como "lo siniestro" o "lo ominoso", en las ediciones de Alianza y de Biblioteca Nueva. En ingl&eacute;s, la traducci&oacute;n de la <i>standard edition</i> es <i>The Uncanny.</i> La versi&oacute;n de ese t&iacute;tulo por Jos&eacute; Luis Etcheverry para Amorrortu Editores, aunque un poco larga, es la que mejor se ajusta al significado del vocablo <i>Unheimliche,</i> pues queda vertido como <i>La inquietante extra&ntilde;eza.</i> A eso se refiere Gombrich cuando aborda el tema de las fotograf&iacute;as de Vasco Ascolini captando fragmentos de edificios, grecas poco usuales, arcos ciegos que no concuerdan entre s&iacute;, b&oacute;vedas de crucer&iacute;a con las convergencias marcadas por unas pijas ornamentales que parecen pezones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por cierto, si algo le interes&oacute; a Gombrich con particularidad en el campo de las artes del siglo XX fue la fotograf&iacute;a, y su ensayo m&aacute;s entusiasta sobre este medio es el que dedic&oacute; a Cartier Bresson, en el que, una vez m&aacute;s, pone &eacute;nfasis en la naturaleza de nuestras experiencias visuales.</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No es accidental el que Cartier Bresson haya empezado como pintor. Porque el pintor que desea registrar la realidad, confronta un problema muy distinto al del director de cine. Por su misma naturaleza las im&aacute;genes en movimiento se acercan m&aacute;s a la realidad que cualquier <i>still</i> &#91;...&#93; Vivimos en un flujo de acontecimientos y nuestras impresiones jam&aacute;s son fijas &#91;...&#93; Incluso un objeto est&aacute;tico va a presentarnos el fluir de sus aspectos continuamente cambiantes &#91;...&#93; Por esta misma raz&oacute;n, la experiencia de mirar una representaci&oacute;n est&aacute;tica, difiere radicalmente de la vista del mundo real. El retrato (la fotograf&iacute;a) firmemente encerrada en los cuatro lados de su l&iacute;mite, no cambia. La podemos examinar con calma y detenernos en cada una de sus partes hasta que quedan almacenadas en nuestra memoria &#91;...&#93; El secreto de &#91;este&#93; maestro no es, por supuesto, el realismo, sino la selecci&oacute;n. Lo que ha dicho muchas veces es que espera <i>el momento correcto.</i> &iquest;Cu&aacute;l es &eacute;se? Inferimos que es el momento en el que el lenguaje de la realidad se torna marcado y distintivo &#91;<i>distinct</i> and <i>distinctive</i>&#93;<i>,</i> no en el clich&eacute; obvio, sino en la mutua elucidaci&oacute;n y articulaci&oacute;n de todos los puntos dentro del enmarcamiento. Cartier Bresson debe esta capacidad suya a la pr&aacute;ctica de la pintura y el dibujo. Su enfoque debe mucho al purismo formal de su maestro en estas disciplinas: Andr&eacute; Lothe. Casi todas sus fotograf&iacute;as exhiben ese balance visual, esa secreta geometr&iacute;a compositiva que ataca la impresi&oacute;n de lo fortuito y lo contingente &#91;...&#93; Y s&oacute;lo rara vez falla en dotar de un toque de animaci&oacute;n a las relaciones geom&eacute;tricas que descubre en sus motivos.<sup><a name="n10b"></a><a href="#n10a">10</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando le&iacute; el trabajo sobre Cartier Bresson, llam&eacute; la atenci&oacute;n de Gombrich sobre Manuel &Aacute;lvarez Bravo y las posibles vinculaciones que exist&iacute;an entre esos dos artistas que se conocieron, se trataron, se admiraron mutuamente e incluso exhibieron juntos. La primera vez en una fecha remota: 1935; mucho despu&eacute;s, en 1985, Javier Barros Valero, entonces director del INBA, propici&oacute; la rememoraci&oacute;n de aquella temprana exhibici&oacute;n en el mismo Palacio de Bellas Artes, pero, que yo sepa, no existe cat&aacute;logo de esa muestra, pues s&oacute;lo un folleto dio cuenta de ella. Gombrich nunca me coment&oacute; si conoc&iacute;a o no &#151;incluso a trav&eacute;s de libros&#151; trabajos de don Manuel, sobre quien se han organizado exposiciones en varios sitios en los momentos de escribir estos p&aacute;rrafos, dado que en este mismo mes de febrero (de 2002) cumpli&oacute; 100 a&ntilde;os de vida. Sobre Cartier Bresson, el Museo de Arte Moderno de M&eacute;xico ofreci&oacute; una retrospectiva &#151;en concatenaci&oacute;n con la Fundaci&oacute;n Cartier Bresson&#151; que tuvo vasta afluencia de p&uacute;blico en 1999. Este fot&oacute;grafo, nacido en Brie en 1908 (por lo tanto casi estrictamente contempor&aacute;neo de Gombrich), se involucr&oacute; tambi&eacute;n con el cine durante un tiempo y, no fue hasta 1930, aproximadamente, cuando decidi&oacute; dedicarse primordialmente a la fotograf&iacute;a, lo cual igualmente lo emparienta con Manuel &Aacute;lvarez Bravo, cuyos pasos iniciales estuvieron por el lado del cine. El hecho de la longevidad de ambos constituye otro nexo, pero mientras que don Manuel no se ha considerado &#151;sino en casos excepcionales&#151; fotorreportero, Cartier Bresson, en vinculaci&oacute;n con Robert Capa, fund&oacute; la agencia Magnum en 1947.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los intereses que inevitablemente compart&iacute; con Gombrich estuvieron Freud y el psicoan&aacute;lisis. Su postura es ambivalente al respecto, pues si bien es cierto que dedic&oacute; a Freud un amplio ensayo en su libro <i>Tributes</i> (al que antecedieron otros trabajos), tambi&eacute;n lo es que no concedi&oacute; demasiada atenci&oacute;n a los <i>insights</i> de Freud sobre arte. Cuando yo me encontraba trabajando la &uacute;ltima o pen&uacute;ltima versi&oacute;n de mi tesis de doctorado que vers&oacute; sobre las ideas est&eacute;ticas de Freud, me escribi&oacute; con todo el desparpajo del mundo lo siguiente, en una carta fechada el 18 de abril de 1981:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No presumo haber dicho algo nuevo sobre Freud, pero pienso que hay unas frases suyas que me hacen ver el por qu&eacute; no utilic&eacute; lo que hab&iacute;a reunido acerca de "Freud y la teor&iacute;a de las artes". Ultimadamente Freud no tiene teor&iacute;a sobre el arte. Espero que esto no le produzca un shock, pero despu&eacute;s de todo &eacute;l dijo en su <i>sketch</i> autobiogr&aacute;fico que el psicoan&aacute;lisis nada ten&iacute;a que decir sobre el talento (= valor) o la t&eacute;cnica (= estilo). Confieso que siempre leo con mucho placer y admiraci&oacute;n las cartas de Freud &#91;se refiere a los diversos epistolarios publicados&#93;, hay cierta nobleza en sus entregas, un estilo que rara vez lo abandona, pero encuentro poco convincentes varios de sus ensayos sobre interpretaci&oacute;n, especialmente el que dedica al Rey Lear cuando se refiere al rol de Cordelia.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Resulta t&iacute;pico en Gombrich que esa misma carta contenga una especie de queja sobre los muchos lugares a los que tiene que asistir a impartir conferencias o a recibir distinciones (cosa que evidentemente le complac&iacute;a). "El &uacute;nico problema es que tanto mi mujer como yo nos vemos conminados a hacer uso del bast&oacute;n. Los d&iacute;as de las largas caminatas por las monta&ntilde;as terminaron para nosotros..." A m&iacute; me result&oacute; incluso hasta un poco c&oacute;mico que apreciara enormemente los epistolarios de Freud (los suyos, en su totalidad, son igualmente nutridos) y al mismo tiempo que a&ntilde;orase el pasatiempo preferido del sabio vien&eacute;s durante sus vacaciones de verano: las largas caminatas por las monta&ntilde;as. En respuesta a lo que le respond&iacute; en aquella ocasi&oacute;n recib&iacute; en diciembre de ese mismo a&ntilde;o una carta sin fecha (entresaco el mes a partir del matasellos del correo). Me dice que ha rele&iacute;do el escrito de Freud sobre <i>Dostoiewski y el asesinato del padre.</i> "Despu&eacute;s de todo est&aacute; basado en una variedad de conjeturas, particularmente sobre la naturaleza y el curso de la epilepsia que Dostoiewski sufr&iacute;a. No siendo psiquiatra, en todas formas me muestro anuente a conceder <i>la posibilidad &#91;sic&#93;</i> de que la constelaci&oacute;n invocada por Freud haya tenido lugar, pero ni &eacute;l, ni nadie m&aacute;s ha dicho que eso realmente ocurri&oacute; en el caso de Dostoiewski..." Al final de la carta me pregunta: "&iquest;Qu&eacute; hizo con mi <i>memorial lecture</i> sobre Freud?" (me hab&iacute;a enviado copia x&eacute;rox de ese manuscrito en alem&aacute;n. Debido a que muy poco despu&eacute;s apareci&oacute; publicada su propia traducci&oacute;n al ingl&eacute;s, &eacute;sa fue la que cit&eacute; en uno de los incisos de mi disertaci&oacute;n doctoral). La misiva a la que me refiero termina deseando feliz a&ntilde;o 1982.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En algunas ocasiones yo recib&iacute;a respuestas puntuales a mis cartas, en otras el tiempo corr&iacute;a, pero, como nunca dejaba correspondencia sin responder, al cabo de algunas semanas o meses recib&iacute;a otro de esos sobres azules que son continente y contenido a la vez, los llamados "aerogramas". En aquellas ocasiones me agradec&iacute;a la carta que tiempo atr&aacute;s hab&iacute;a recibido y pasaba a relatarme lo que estaba realizando. Especialmente le gustaba comentar todo lo relativo a los viajes que har&iacute;a. As&iacute; yo me enteraba, por ejemplo, de que estaba preparando una exposici&oacute;n de Giulio Romano para el Palazzo del T&eacute; en Mantua (su tesis doctoral, 50 a&ntilde;os antes, vers&oacute; sobre ese palacio manierista) o de que "Queen Beatrix of the Netherlands" lo conminaba a disertar en Amsterdam sobre cualquier asunto, que me enunciaba, bosquej&aacute;ndome el plan de su conferencia. En esa circunstancia, me relat&oacute; que hablar&iacute;a 35 minutos sobre "tradici&oacute;n y creaci&oacute;n" (uno de sus temas predilectos) y luego dejar&iacute;a 40 minutos libres para responder preguntas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En alg&uacute;n momento le ped&iacute; que me diera una definici&oacute;n, por supuesto en sus propios t&eacute;rminos, de lo que era un dibujo (porque yo pienso, por ejemplo, que una acuarela puede, o no, ser un dibujo). Me respondi&oacute; lo que sigue. "Definitions never work." Esa carta contiene una cita referida al significado que de la palabra "dibujo" dan las autoridades locales del Museo de Arte Moderno de Nueva York ("the local authorities of moma, New York"); la definici&oacute;n es muy escueta y va como sigue: "trabajo &uacute;nico (sin igual) sobre papel". A esos renglones a&ntilde;adi&oacute; que si la definici&oacute;n fuera certera, la carta de su autor&iacute;a que en ese preciso instante estaba yo leyendo "&iexcl;podr&iacute;a incluirse en la categor&iacute;a de dibujo!" Abund&oacute; en que esa atropellada definici&oacute;n deber&iacute;a, al menos, incluir alguna referencia a l&iacute;neas o trazos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En diciembre de 1988 visit&oacute;, a instancias m&iacute;as, la exposici&oacute;n de Diego Rivera en la Heyward Gallery, un recinto oficial construido espec&iacute;ficamente como museo y abierto al p&uacute;blico en 1964. La muestra conten&iacute;a documentaci&oacute;n muy amplia sobre los murales y reproducciones de gran tama&ntilde;o, as&iacute; como detalles de algunos de ellos. Ten&iacute;a enfoque sociopol&iacute;tico y dicha secci&oacute;n fue la que menos le gust&oacute;. Me coment&oacute;, adem&aacute;s, que si no le hubiera advertido sobre la conveniencia de visitar la muestra, se hubiera abstenido de hacer el trayecto hacia la Heyward, debido a que le implicaba alguna incomodidad por su ubicaci&oacute;n en el <i>embankment</i> (cerca de la estaci&oacute;n Waterloo) con las muchas escaleras que hay que subir y bajar. Adem&aacute;s, "me hubiera abstenido de ir porque podr&iacute;a haber imaginado perfectamente la exposici&oacute;n". Sin embargo, se mostraba m&aacute;s que satisfecho de haber asistido, aunque los murales no le causaron ni sorpresa ni deleite, pero en cambio varias de las telas le impresionaron y espec&iacute;ficamente se refiri&oacute; a varios retratos y autorretratos. No obstante, "incluso algunas telas son demasiado obvias, pero &eacute;sa era probablemente la intenci&oacute;n del pintor, &iquest;o no?" En esa carta, fechada el 2 de enero de 1988, se refiere a la intervenci&oacute;n quir&uacute;rgica a la que se hab&iacute;a sometido unos meses antes (problema ortop&eacute;dico) y expresa preocupaci&oacute;n ante la posibilidad de que se le prescribiera otra intervenci&oacute;n. De hecho, los problemas de salud que se le presentaron durante la &uacute;ltima fase de su vida siempre estuvieron en relaci&oacute;n con los huesos y, las &uacute;ltimas veces que lo visit&eacute;, estaba siempre en silla de ruedas. Eso hab&iacute;a modificado su extrema movilidad como conferencista, aproximadamente desde los inicios de la d&eacute;cada de los noventa. No obstante, en la misma carta en la que me comenta la exposici&oacute;n de Diego Rivera, me avisa que ir&aacute; a N&aacute;poles a dar un cursillo sobre caricatura (otro de sus temas predilectos), pero que tambi&eacute;n tiene que asistir a un simposio sobre "estudios interdisciplinarios", t&iacute;tulo que le merece la siguiente expresi&oacute;n: "what a silly subject!", que hay que entender de la siguiente manera: absolutamente todos los estudios son o debieran ser interdisciplinarios, entonces, &iquest;a qu&eacute; viene ese enunciado? Para entonces hab&iacute;a aparecido la segunda reimpresi&oacute;n de su libro <i>Tributes,</i> en cuyo prefacio establece con firmeza algo ya antes enunciado: el <i>link</i> entre tradici&oacute;n y creatividad. Empieza con estas palabras del Eclesiast&eacute;s: "Alabemos ahora a los hombres famosos, y a los padres que nos concibieron." Esos padres, no son "antepasados f&iacute;sicos, sino los ascendientes espirituales a los que debemos las ideas y valores entrelazados en la trama de nuestra vida intelectual..."<sup><a name="n11b"></a><a href="#n11a">11</a></sup> Son "los guardianes de la memoria". Cada uno de los trabajos tiene un aliento propio y no est&aacute; referido exclusivamente a la persona u obras del homenajeado. Por ejemplo, en el cap&iacute;tulo sobre Hegel, "The Father of Art History", aprovecha para emitir algunas consideraciones sobre arquitectura, citando a historiadores que tuvieron la honestidad de desdecirse acerca de opiniones que en un cierto momento emitieron. Eso era muy del agrado del antidogm&aacute;tico gestador de <i>Tributes,</i> motivo por el cual enaltece un comentario de sir John Summerson, uno de los m&aacute;s sobresalientes cr&iacute;ticos e historiadores de la arquitectura en Inglaterra. Resulta que, cuando &eacute;ste recibi&oacute; la medalla de oro del Real Instituto de Arquitectos Brit&aacute;nicos en 1976, record&oacute; sus inicios en los a&ntilde;os 30 como entusiasta palad&iacute;n de la arquitectura moderna... Pero hizo una rectificaci&oacute;n importante al decir que en ese momento, en 1976, encontraba "nauseabundo" <i>(nauseating)</i> el optimismo so&ntilde;ador de algunos art&iacute;culos de su propia autor&iacute;a. Otro cr&iacute;tico muy notable que particip&oacute; en el mismo foro hizo saber al auditorio que en ocasiones hab&iacute;a elogiado obras que no consideraba tan buenas, s&oacute;lo porque eran modernas, no reaccionarias ("he had occasionally praised works which he did not really find so very good, simply because they were modern, not reactionary"). "Estas confesiones merecen el m&aacute;s alto respeto &#91;...&#93; Es a trav&eacute;s del choque de argumentos y contraargumentos como aprenderemos sobre los errores de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas...", coment&oacute; Gombrich. El pensaba que cualquier cr&iacute;tico, no s&oacute;lo de arquitectura, sino tambi&eacute;n de artes visuales (pintura, escultura, fotograf&iacute;a, etc.) "no tiene derecho a operar apelando al lema de <i>nuestra &eacute;poca,</i> y mucho menos aludiendo a las <i>&eacute;pocas futuras...</i>"<sup><a name="n12b"></a><a href="#n12a">12</a></sup> Sobre estos t&oacute;picos conviene recordar que en buen n&uacute;mero de escritos suyos se mostr&oacute; contrario a aceptar lo que &eacute;l mismo denomin&oacute; "la filosof&iacute;a de las vanguardias del siglo XX", debido a que se basaba, seg&uacute;n su criterio, en la err&oacute;nea idea del progreso en las artes, que cuestion&oacute; a lo largo de toda su vida. Al respecto, yo quiero insistir en que jam&aacute;s estuvo contra las vanguardias, sino contra lo que &eacute;l concibi&oacute; acerca de la filosof&iacute;a que las anim&oacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando tocaba asuntos relacionados con la "cr&iacute;tica de arte" afirmaba de manera rotunda que "la reacci&oacute;n subjetiva debe estar presente en el autor, y debe permanecer en el centro de la empresa humanista..."; sin embargo, "la subjetividad no quiere decir que todo sea aceptable, que seamos totalmente libres de sentir o so&ntilde;ar seg&uacute;n nos impulse el esp&iacute;ritu..."<sup><a name="n13b"></a><a href="#n13a">13</a></sup> A fin de cuentas, pugnaba por un balance entre objetividad y subjetividad y sobre todo por lo que &eacute;l denominaba "la respuesta correcta" o "la expresi&oacute;n correcta" y esto ten&iacute;a que ver con lo plausible, no con lo demostrable.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tales cuestiones surg&iacute;an tambi&eacute;n durante las conversaciones personales que tuve con &eacute;l. Nunca "tomaba el micr&oacute;fono", sino que siempre dialogamos. Le gustaba inquirir, saber qu&eacute; estaba uno haciendo. Las cuestiones personales y las an&eacute;cdotas le fascinaban, pero siempre ocurr&iacute;an preguntas o disquisiciones sobre cuestiones que en ese momento le interesaban. Una vez me dijo tajantemente: "Dudo mucho que pueda existir un historiador de arte ciego" (es decir, un invidente). Le respond&iacute; que si no era ciego de nacimiento, esa eventualidad podr&iacute;a darse, cosa que acept&oacute;. Pero cuando le dije que hab&iacute;a fot&oacute;grafos ciegos de nacimiento (por lo menos yo sab&iacute;a de uno) se disgust&oacute; much&iacute;simo y me habl&oacute; largamente de las compensaciones sensoriales. "Pero Beethoven era sordo", le dije. "S&iacute;, mas hab&iacute;a escuchado lo suficiente como para que en cierto momento le bastara lo que su o&iacute;do interior le deparaba." A continuaci&oacute;n se dispuso a contarme un sue&ntilde;o que Beethoven hab&iacute;a tenido mientras viajaba en un carruaje. Hab&iacute;a so&ntilde;ado ciertas frases musicales que dieron lugar a un tema completo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gombrich escrib&iacute;a como hablaba, admitiendo ocurrencias de &uacute;ltimo momento. Pero si iba a publicar lo escrito, somet&iacute;a tales ocurrencias a escrutinio autocr&iacute;tico, pese a lo cual sus escritos est&aacute;n salpicados de observaciones &#151;a veces inesperadas&#151; que hablan de un sentido com&uacute;n fuera de serie y de capacidades de observaci&oacute;n realmente inusitadas. Creo que por esto el estudio de Sigmund Freud que m&aacute;s apreciaba y m&aacute;s rele&iacute;a era el referido al <i>Wit (El chiste y su relaci&oacute;n con lo inconsciente).</i> Ese aflojamiento de la censura, simult&aacute;neo al filo cr&iacute;tico y a los procederes de condensaci&oacute;n que posee la mayor&iacute;a de los buenos chistes &#151;patente visualmente en la caricatura&#151;, le fue muy propio tanto en sus verbalizaciones como en sus escritos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Daba mucha importancia a la elecci&oacute;n de los temas y consideraba que esa elecci&oacute;n, por parte de los autores, constitu&iacute;a uno de los problemas centrales de las humanidades. Verbalmente y por escrito gustaba de citar el siguiente ejemplo: un historiador del arte o un arque&oacute;logo pueden ser capaces de probar que dos asas, o dos casquetes, alguna vez pertenecieron a la misma &aacute;nfora o a la misma olla, pero si la olla no es rara, ni hermosa, ni inaugura una serie, el investigador puede encontrarse con una terrible reacci&oacute;n: "&iquest;Y eso, a qui&eacute;n le interesa?" Su persistencia en cuestionar la indiferencia ante los valores fue continua a lo largo de toda su trayectoria. "El olvido y hasta negaci&oacute;n de los valores me parece el mayor peligro de la tendencia hacia la deshumanizaci&oacute;n de las humanidades..."<sup><a name="n14b"></a><a href="#n14a">14</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En mayo de 1982 yo ten&iacute;a la esperanza de reunirme con Gombrich &#151;a instancias suyas&#151; para tomar parte en una jornada en la que varios seguidores o disc&iacute;pulos suyos participar&iacute;amos con motivo de la secci&oacute;n de psicolog&iacute;a del arte que suspuestamente &eacute;l coordinar&iacute;a para el pr&oacute;ximo congreso internacional de historia del arte. Me anuncia en esa carta que espera no causarme un <i>disappointment (a minor one!),</i> pero que se encuentra completamente incapacitado para organizar el rubro debido a que &#151;a causa de su retiro&#151; no cuenta ni con secretariado, ni con <i>staff,</i> correos, tel&eacute;fonos, etc., ayudas todas que el mencionado congreso no proporcionar&iacute;a. "Es triste y embarazoso" ( <i>sad and embarrasing),</i> pues "he recibido muchas cartas de colegas que querr&iacute;an, si no participar, al menos asistir..." Siente, no obstante, que el congreso anda mal organizado y que puede acarrear frustraciones, pero se consuela a s&iacute; mismo afirmando que tal vez todos podamos ir a Viena y discutir entre nosotros las cuestiones que nos interesan. Me perd&iacute; la ocasi&oacute;n, porque en aquel entonces yo hab&iacute;a aceptado la nominaci&oacute;n de directora de Artes Pl&aacute;sticas del Instituto Nacional de Bellas Artes. A un congreso quiz&aacute; me hubiera resultado posible asistir, pero no a una reuni&oacute;n privada de especialistas. As&iacute; que me perd&iacute; la oportunidad, que me fue compensada con el env&iacute;o de su parte de un texto que apareci&oacute; publicado el a&ntilde;o anterior, "Foccus on the Arts and Humanities", en el que complementa lo ya comentado en diversas ocasiones respecto al problema de los valores en el ejercicio de las disciplinas human&iacute;sticas. "No se sorprender&aacute;n de esta confesi&oacute;n: siempre he sido un humanista dificultoso..." E incluye el siguiente ejemplo:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al escoger como tema de mi disertaci&oacute;n doctoral al famoso disc&iacute;pulo de Rafael, Giulio Romano, fui confrontado con lo siguiente: no hay documento alguno que informe sobre lo que hizo Giulio Romano, entonces en sus <i>teens,</i> en el nutrido y muy ocupado taller de Rafael Sanzio, pero a pesar de la carencia, autoridades famosas se pronunciaron supuestamente con exactitud acerca de la figura o grupo de figuras en la obra del maestro &#91;Rafael&#93; ejecutadas por &eacute;l mismo o por otro de sus asistentes renombrados &#91;...&#93; Supongo que carezco de talentos para los juegos de atribuci&oacute;n, pero tambi&eacute;n me falt&oacute; entusiasmo para una actividad que a menudo se basa en el propio convencimiento respecto a cosas sobre las que no existen pruebas de evidencia &#91;...&#93; Mis investigaciones me llevaron a los bien provistos archivos de Mantua, y aunque no encontr&eacute; all&iacute; descubrimientos espectaculares, aprend&iacute; algo que siempre deb&iacute; haber sabido: que el pasado no est&aacute; poblado por abstracciones, sino por hombres y mujeres. Me pareci&oacute; duro adjudicarles a todos ellos los predicamentos que Dvorak y otros encontraron expresados en el estilo del manierismo, de modo que volv&iacute; los ojos al entorno para buscar explicaciones alternativas &#91;se refiere a los murales del Palazzo del T&eacute;&#93;, incluyendo las demandas y expectativas del principesco patr&oacute;n de Giulio: el indulgente y hedonista Federico Gonzaga, sobre quien sabemos bastante a trav&eacute;s de los documentos.<sup><a name="n15b"></a><a href="#n15a">15</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ese sentir se analoga con una de las m&aacute;s difundidas frases por &eacute;l acu&ntilde;adas, la que abre su libro m&aacute;s difundido, <i>Story of Art:</i> "There is really no such thing as art, there are only artists."</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gombrich fue anti "pompa y circunstancia" con todo y lo que apreciaba la m&uacute;sica de sir Edward Elgar. Y quiz&aacute; una de las m&aacute;ximas ense&ntilde;anzas que sus seguidores hemos aprehendido sea &eacute;sa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando muri&oacute; el maestro, baj&eacute; por medio de la Internet una entrevista publicada (s.f.) en <i>Repubblica of the Arts.</i> Se reiteran all&iacute; algunos puntos en los que con anterioridad ya hab&iacute;a abundado Didier Eribon en su famoso libro integrado por varias entrevistas. En la parte final, el postrer entrevistador, James Putnam, le suelta la siguiente pregunta: "Si fuera artista, &iquest;c&oacute;mo proceder&iacute;a?" A lo que Gombrich responde: "No lo soy, pero pienso que una de las cosas que aprendemos del pasado es el valor de la autocr&iacute;tica. Esta no debe ser totalmente destructiva, y el artista debe tambi&eacute;n capacitarse para retroceder y mirar su trabajo (se supone que con benevolencia)." Para concluir narra una breve an&eacute;cdota: "Cuando Tiziano terminaba su trabajo, lo volteaba contra la pared y despu&eacute;s de algunos meses lo volv&iacute;a a mirar como si fuera su peor enemigo." De esa mirada depend&iacute;a la aceptaci&oacute;n o el rechazo del veneciano, quien, al igual que Gombrich, tuvo una larga vida y se mantuvo l&uacute;cido hasta el final de la misma.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n1a"></a><a href="#n1b">1</a>. El libro <i>The Essencial Gombrich, Selected Writings on Art and Cultures,</i> Phaidon, 1996, edici&oacute;n de Richard Woodfield,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=753288&pid=S0185-1276200100020001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> contiene como introducci&oacute;n el cap&iacute;tulo "An Autobiographical Sketch", al que remito a los lectores. Una secci&oacute;n importante de ese fresco y memorioso <i>sketch</i> est&aacute; dedicado a narrar c&oacute;mo fue su formaci&oacute;n acad&eacute;mica en Viena. Destaca especialmente la importancia de la tradici&oacute;n musical que perme&oacute; a su familia: la madre fue una conocida pianista, alumna de Anton Bruckner y amiga de Gustav Mahler cuando muy joven. Su hermana fue violinista y &eacute;l mismo opt&oacute; por el cello como instrumento predilecto, "but I never practiced enough &#91;...&#93; The visual arts played less part in my parental home. Of course, my father used to take us children to the Kunsthistorische Museum, which was very close to where we lived...', p. 23.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n2a"></a><a href="#n2b">2</a>. "I think Magritte has more ideas than De Chirico, though he was perhaps not such an able painter &#91;...&#93; I was much interested in your interpretation of De Chirico's later period, I found it quite convincing, but it did not make me admire his later work any more than I had done before. It seems to me that his Post&#45;Modern emphasis on irony (sic) does not let one very far. The trouble is that irony can always be used as excuse for bad work or silly jokes."</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n3a"></a><a href="#n3b">3</a>. "I can't help feeling that De Chirico has one good idea (largely derived from B&ouml;cklin) and that he could not think of what to do next, must unlike Picasso who never stopped having ideas, good ones, bad ones, but always original ones! Picasso's classicism seems to me also more superior to De Chirico's. I hope you will not be offended by these frank remarks!" (Carta del 8 de marzo de 1994.)</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n4a"></a><a href="#n4b">4</a>. Ernst H. Gombrich, <i>Ombres port&eacute;es. Leur repr&eacute;sentation dans l'art occidental,</i> trad. al franc&eacute;s de Jeanne Bouniort, pr&oacute;logo de Neil Mac Gregor (director de la National Gallery de Londres), Par&iacute;s, Gallimard, 1996 (Col. Art et artistes), p. 28.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=753292&pid=S0185-1276200100020001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n5a"></a><a href="#n5b">5</a>. <i>Cfr.</i> nota anterior, pp. 18&#45;19.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n6a"></a><a href="#n6b">6</a>. &Eacute;l mismo tradujo el discurso al ingl&eacute;s y el p&aacute;rrafo que transcribo es traducci&oacute;n m&iacute;a, al igual que las dem&aacute;s transcripciones utilizadas en este escrito. La alocuci&oacute;n llev&oacute; por t&iacute;tulo <i>Goethe: el mediador de los valores cl&aacute;sicos.</i> Claro est&aacute; que se hab&iacute;a ocupado varias veces de Goethe en anteriores trabajos, algunos publicados por la <i>English Goethe Society,</i> en tanto que otros est&aacute;n recogidos como cap&iacute;tulos de libros. El premio Goethe que otorga la ciudad de Frankfurt&#45;am&#45;Main fue instituido en 1927. Aparte de Sigmund Freud lo han obtenido Albert Schweizer, Thomas Mann, Max Planck y Raymond Aron. No confundir con el premio que otorga Frankfurt a escritores extranjeros que se han ocupado de la cultura alemana o que se han expresado en alem&aacute;n. Este &uacute;ltimo premio es anual y en M&eacute;xico fue otorgado a Jos&eacute; Mar&iacute;a P&eacute;rez Gay.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n7a"></a><a href="#n7b">7</a>. &nbsp;"The fuss made about him is due to a mistaken theory of art: we read that when he was rescued as an airman somewhere in Siberia they wrapped him on felt and fed him on fat, so that explains his love of these substances. Well and good, but, must I also love them for that reason? These personal meeanings are both inevitable and irrelevant while his talk about having re&#45;defined art seems to me rubbish."</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n8a"></a><a href="#n8b">8</a>. V&eacute;ase el inciso 9 del cap&iacute;tulo "El arte moderno, ejemplo del arte ingenioso", en los p&aacute;rrafos dedicados al reclamo que hace Joseph Beuys a Marcel Duchamp acus&aacute;ndolo de no haber sacado las consecuencias de sus revolucionarios actos. En Jos&eacute; Antonio Marina, <i>Elogio y refutaci&oacute;n del ingenio,</i> 4a. reimp., Barcelona, Anagrama, 1992 (Col. Argumentos), pp. 167&#45;168.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=753297&pid=S0185-1276200100020001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n9a"></a><a href="#n9b">9</a>. Ernst H. Gombrich, <i>Vasco Ascolini. Aosta metafisica e altri luoghi,</i> Torino, Musumeci Editore, 1989, prefazione de Renato Faval, edici&oacute;n triling&uuml;e.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=753299&pid=S0185-1276200100020001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> (La versi&oacute;n italiana de este texto por Anna Ugliano es mucho menos afortunada que la francesa por Ren&eacute;e Chanoux. Aunque las cotej&eacute; para mencionar el ejemplo incluido, mi propia versi&oacute;n en castellano se basa en el original de Gombrich.)</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n10a"></a><a href="#n10b">10</a>. El art&iacute;culo sobre Cartier Bresson fue publicado por primera vez con motivo de la exposici&oacute;n del fot&oacute;grafo auspiciada por el Scottish Arts Council Exhibition, en asociaci&oacute;n con el Victoria and Albert Museum de Londres, en 1978. Viene reproducido en Ernst H. Gombrich, <i>Topics of Our Times. Twentieth&#45;Century Issues in Learning and in Art,</i> Londres, Phaidon Press Limited, 1991, pp. 198&#45;211.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=753301&pid=S0185-1276200100020001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n11a"></a><a href="#n11b">11</a>. "&#91;they&#93; are not physical forbears, but our spiritual ancestors to whom we owe the ideas and values which are woven into the fabric of our intellectual life." Prefacio a <i>Tributes. Interpreters of Our Cultural Tradition,</i> Londres, Phaidon Press Limited, 1984.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=753303&pid=S0185-1276200100020001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> El libro fue publicado primero por Cornell University Press ese mismo a&ntilde;o. Los homenajeados son G. E. Lessing, G. W. F. Hegel, Lord Leverhume, Sigmund Freud (el cap&iacute;tulo termin&oacute; designado como "The Aesthetic Theories of Sigmund Freud"), Aby Warburg, J. Huizinga, George Boas, I. A. Richards, Frances A. Yates, Ernst Kris y Otto Kurz. Los dos &uacute;ltimos fueron colegas y amigos suyos y trabajaron al alim&oacute;n con &eacute;l en varias ocasiones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n12a"></a><a href="#n12b">12</a>. &nbsp;<i>Cfr.</i> nota anterior, pp. 68&#45;69.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n13a"></a><a href="#n13b">13</a>. <i>Cfr.</i> nota 11, p. 17.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n14a"></a><a href="#n14b">14</a>. "The neglect or even denial of values seems to me the greatest danger in that trend towards the dehumanization of the humanities..." Tomado de "Unity and Diversity: The Life of the Mind", en <i>Acta de la American Academy of Arts and Sciences,</i> Bicentennial Programme, mayo de 1981.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=753307&pid=S0185-1276200100020001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n15a"></a><a href="#n15b">15</a>. "There is not one document telling us what the young man in his teens did in Raphael's busy workshop, but this did not seem to deter famous authorities from pronouncing exactly which figure or group in his masters oeuvre was really painted by him and which by other named assistants &#91;...&#93; I suppose I would not have any talent for the games of attribution, but I also lacked enthusiasm for an activity which so often has to make up in self&#151;assurance for what it lacks in evidence &#91;...&#93; Research took me to the well&#45;stocked archives of Mantua and though I did not make any spectacular discoveries there, I learned what I should always have known, that the past was not peopled by abstractions but by men and women. I found it hard to credit them all with that spiritual predicament Dvor&aacute;c and others had found expressed in the style of mannerism, and I cast around for alternative explanations of the style, including the demanda and expectations of Giulio's princely patron, the spoilt and pleasure&#45;living Federico Gonzaga about whom we know a good deal from the documents..." En "Focus on the Arts and the Humanities", en <i>Bulletin. The American Academy of Arts and Sciences,</i> vol. XXXV, n&uacute;m. 4, Cambridge, Mass., 1982.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=753309&pid=S0185-1276200100020001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Woodfield]]></surname>
<given-names><![CDATA[Richard]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Essencial Gombrich, Selected Writings on Art and Cultures]]></source>
<year>1996</year>
<publisher-name><![CDATA[Phaidon]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Gombrich]]></surname>
<given-names><![CDATA[Ernst H.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Ombres portées. Leur représentation dans l'art occidental]]></source>
<year>1996</year>
<page-range>28</page-range><publisher-loc><![CDATA[París ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[GallimardCol. Art et artistes]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Marina]]></surname>
<given-names><![CDATA[José Antonio]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Elogio y refutación del ingenio]]></source>
<year>1992</year>
<edition>4</edition>
<page-range>167-168</page-range><publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Anagrama]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Gombrich]]></surname>
<given-names><![CDATA[Ernst H.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Vasco Ascolini. Aosta metafisica e altri luoghi]]></source>
<year>1989</year>
<publisher-loc><![CDATA[Torino ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Musumeci]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Gombrich]]></surname>
<given-names><![CDATA[Ernst H.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Topics of Our Times. Twentieth-Century Issues in Learning and in Art]]></source>
<year>1991</year>
<page-range>198-211</page-range><publisher-loc><![CDATA[Londres ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Phaidon Press Limited]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<nlm-citation citation-type="book">
<source><![CDATA[Tributes. Interpreters of Our Cultural Tradition]]></source>
<year>1984</year>
<publisher-loc><![CDATA[Londres ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Phaidon Press Limited]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<nlm-citation citation-type="">
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Unity and Diversity: The Life of the Mind]]></article-title>
<source><![CDATA[Acta de la American Academy of Arts and Sciences, Bicentennial Programme]]></source>
<year>mayo</year>
<month> d</month>
<day>e </day>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<nlm-citation citation-type="journal">
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Focus on the Arts and the Humanities]]></article-title>
<source><![CDATA[Bulletin. The American Academy of Arts and Sciences]]></source>
<year>1982</year>
<volume>XXXV</volume>
<numero>4</numero>
<issue>4</issue>
<publisher-loc><![CDATA[Cambridge ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
