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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><i><b>La eternidad en un siglo: amor, creaci&oacute;n y muerte en los hombres del 98</b></i> <b>de Gilberto Prado Gal&aacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>por Jorge Abraham Zepeda Cordero</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Puebla, Gobierno del Estado de Puebla, Secretar&iacute;a de Cultura, 2001 (Lecturas Hist&oacute;ricas)</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de tres de los grandes temas que dominan la trayectoria de la literatura, Prado Gal&aacute;n emprende en este volumen la exploraci&oacute;n de la obra de ocho autores asociados bajo la &eacute;gida del llamado <i>problema de Espa&ntilde;a</i> y del 98: Valle Incl&aacute;n, Azor&iacute;n, Baroja, Unamuno, Machado, Maeztu, Ganivet y Benavente. No pasar&aacute; inadvertida al lector la complejidad de un compromiso tal si tiene presente la indeterminaci&oacute;n que la propia n&oacute;mina del grupo ha experimentado merced a la perspectiva del cr&iacute;tico en turno. Este ensayo demuestra que el establecimiento de categor&iacute;as y taxonom&iacute;as generales debe sustentarse en la lectura de obras individuales para delinear rasgos singulares potencialmente comunes a un colectivo, corriente o generaci&oacute;n literaria determinados.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El t&iacute;tulo de la obra se despliega a lo largo de los correspondientes cap&iacute;tulos, que recuperan frases y versos de los autores examinados, procedimiento que consigue reunir y potenciar las sugerencias presentes desde esas palabras que son el primer contacto con el libro: <i>La eternidad en un siglo: amor, creaci&oacute;n y muerte en los hombres del 98</i> encuentra su concreci&oacute;n primera en "La fuente de la piedra" (dedicado al tema del amor), "La eternidad desnuda" (centrado en la creaci&oacute;n literaria) y "El camino de todos" (sobre la muerte). As&iacute; se pone en evidencia la escritura como puente entre los impulsos <i>Eros&#45;Thanatos,</i> extremos a los cuales concilia y trasciende. Desde el umbral, dicha b&uacute;squeda y el signo peculiar que le otorg&oacute; la generaci&oacute;n del 98 quedan cifrados en <i>eternidad</i>, t&eacute;rmino que sugiere, en una primera aproximaci&oacute;n, la distancia entre el lector actual y esos hombres; en efecto, cien a&ntilde;os son en la pr&aacute;ctica una forma de nombrar aquello que no tiene fin y encarna la circunstancia puntual de todos ellos, radicalmente distinta al presente. Por la misma raz&oacute;n se hace patente el segundo sentido que Prado Gal&aacute;n vislumbr&oacute; al titular su ensayo: la obra de los noventayochistas como superaci&oacute;n de esa circunstancia puntual, contra la que definieron sus respectivos proyectos literarios. Y con dificultad pudiese haber sido m&aacute;s acertada la elecci&oacute;n del objetivo: amor, creaci&oacute;n y muerte para atisbar, compartir y delinear la eternidad de un siglo, la de los hombres del 98.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tras el establecimiento de intersecciones y linderos tem&aacute;ticos desde las tres vertientes anteriores, el autor participa de una discusi&oacute;n que no podr&iacute;a haber eludido, excepto si se hubiese resignado a dejar incompleto su estudio, que habr&iacute;a quedado as&iacute; en mero esbozo. Asumido como factor definitorio de la generaci&oacute;n noventayochista, el <i>problema de Espa&ntilde;a</i> es motivo de toma de posici&oacute;n en el cuarto cap&iacute;tulo ("El esqueleto sensible: la Espa&ntilde;a del 98") frente a la tradici&oacute;n cr&iacute;tica, donde Prado Gal&aacute;n halla en Guillermo D&iacute;az Plaja el espejo inicial que le permite establecer, a contracorriente, una imagen n&iacute;tida del grupo, indispensable delimitaci&oacute;n para iniciar su labor de an&aacute;lisis, confrontaci&oacute;n y s&iacute;ntesis. La obra toda de la generaci&oacute;n reivindica una actitud, una manera cr&iacute;tica de ser espa&ntilde;ol, de asimilar el ser espa&ntilde;ol, ya presente en una estirpe ilustre que la precede y conmina a la emulaci&oacute;n: Saavedra y Fajardo, Graci&aacute;n, Jovellanos y Larra son algunos nombres entre los antecesores en la que el autor llama "ruta cr&iacute;tica" y cuyo itinerario traza desde el precursor &Aacute;ngel Ganivet, quien "ha puesto la inteligente desnudez de su mirada en la justa valoraci&oacute;n del propio ser y, todav&iacute;a m&aacute;s, en una ponderaci&oacute;n que privilegia la esencia espiritual &#151;la cultura, la religi&oacute;n y el arte&#151; del pueblo espa&ntilde;ol en su sentido m&aacute;s turbador, m&aacute;s aut&eacute;ntico" (p. 211). Siguiendo la estela de este ideario o <i>leit&#45;motiv</i> generacional, el ensayista rastrea sus personales manifestaciones en los textos de los individuos que hicieron de Espa&ntilde;a y su derrota el eje de una postura ante el mundo que fue escenario, fondo y raz&oacute;n de sus respectivas existencias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "Encarnaci&oacute;n y sobrevida", quinto cap&iacute;tulo del texto, ocurre el espacio propicio para reivindicar en forma definitiva el &eacute;nfasis depositado en la individualidad y su veh&iacute;culo expresivo como constante de examen que contrarresta toda intenci&oacute;n de uniformidad. Las conclusiones &#151;si a ellas puede aspirar alguna tarea humana, ant&iacute;tesis de lo definitivo&#151; se esbozan bajo la siguiente premisa: "En cada so&ntilde;ador es perceptible un tinte singular, el colorido que sugiere la pulsaci&oacute;n amorosa, el v&eacute;rtigo imaginante o la esperanza significada por el viaje definitivo. El amor y el arte son inventos del hombre por eludir la muerte en la prosa de la vida. No obstante, como nos ha ense&ntilde;ado Unamuno, la muerte es parto, es inmortalizadora" (p. 247). Bajo estas palabras, bajo su divisa, Prado Gal&aacute;n ensaya, se ensaya (tal como Montaigne entend&iacute;a y practicaba el g&eacute;nero) en la obra de los hombres del 98; acaso haya descubierto en sus p&aacute;ginas, desde sus p&aacute;ginas, esa propia y humana sed de eternidad.</font></p>      ]]></body>
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