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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Marta C. Muntzel y Mar&iacute;a Elena Villegas Molina (eds.), <i>Itinerario topon&iacute;mico de M&eacute;xico. Ignacio Guzm&aacute;n Betancourt</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>por Ascensi&oacute;n Hern&aacute;ndez de Le&oacute;n&#45;Portilla</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, 2010, 198 p. (Colecci&oacute;n Cient&iacute;fica).</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La toponimia es un campo del conocimiento que dice m&aacute;s de lo que parece. En ella se guardan los nombres del lugar, los que ha quedado quietos en un espacio a veces por siglos. Podr&iacute;a decirse que en ella se guardan tambi&eacute;n los nombres del tiempo, aquellos que marcan un hecho hist&oacute;rico que permanece en la memoria de todos. Son nombres que simbolizan una huella en el espacio y en el tiempo, palabras que contienen un significado m&aacute;s all&aacute; del que puede otorgarle la forma l&eacute;xica de la lengua en la que est&aacute;n construidas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Precisamente por este rico contenido que entra&ntilde;an los top&oacute;nimos, desde hace mucho tiempo han sido objeto de estudio de fil&oacute;logos, ling&uuml;istas, ge&oacute;grafos e historiadores; y, por supuesto, de gente com&uacute;n, interesada en saber d&oacute;nde vive y de d&oacute;nde viene, cu&aacute;l es su pasado. En M&eacute;xico, el estudio de la toponimia tiene larga tradici&oacute;n ya que, adem&aacute;s de toda la riqueza sem&aacute;ntica que contiene un top&oacute;nimo, aqu&iacute; guarda un dato m&aacute;s: la riqueza ling&uuml;&iacute;stica del pa&iacute;s. En los top&oacute;nimos mexicanos se revela la existencia de una o m&aacute;s lenguas, la pervivencia de un contexto en el que conviven varias lenguas o la persistencia de una palabra de una lengua desaparecida que, como reliquia ling&uuml;&iacute;stica, desaf&iacute;a al tiempo y pone en aprietos a los investigadores m&aacute;s conspicuos.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro que aqu&iacute; rese&ntilde;amos es una muestra del valor que encierra el estudio de la toponimia para el conocimiento de las lenguas y la historia de M&eacute;xico. Es tambi&eacute;n muestra del inter&eacute;s que en ella han puesto los modernos investigadores, concretamente del inter&eacute;s y dedicaci&oacute;n de Ignacio Guzm&aacute;n Betancourt. Ignacio es precisamente un ejemplo de aquellos que dedicaron mucho tiempo al estudio de los nombres de lugar y de los que encontraron en ellos secretos inesperados para reconstruir la historia, la lengua y el pensamiento de algunos pueblos de M&eacute;xico, en especial de los nahuas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si hacemos memoria, el joven Ignacio, reci&eacute;n llegado de Estrasburgo, con su tesis doctoral bajo el brazo, prepar&oacute; un trabajo para un Congreso de Expertos de las Naciones Unidas en Nombres Geogr&aacute;ficos, que fue publicado con el t&iacute;tulo de "Hacia un concepto de toponimia urbana" en 1986. El trabajo fue la puerta a la elaboraci&oacute;n de un libro colectivo coordinado y prologado por &eacute;l, <i>De toponimia y top&oacute;nimos. Contribuciones al estudio de los nombres de lugar provenientes de lenguas ind&iacute;genas de M&eacute;xico</i> (1987), en el que reuni&oacute; muy buenos estudios de un grupo de colegas interesados en estos temas y traz&oacute; l&iacute;neas de orientaci&oacute;n y caminos a seguir.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dos a&ntilde;os despu&eacute;s public&oacute; <i>Toponimia mexicana: bibliograf&iacute;a general</i> (1989), en la que reuni&oacute; 319 t&iacute;tulos. En fin, el tema le interes&oacute; toda su vida y en 1998 sac&oacute; un hermoso libro, <i>Los nombres de M&eacute;xico,</i> en el que reuni&oacute; un material de enorme valor sobre el origen y significado del nombre de esta ciudad, cien veces estudiado e interpretado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de estos antecedentes hay que decir que el presente libro es un testimonio de esta pasi&oacute;n de Ignacio por conocer el secreto de los nombres de lugar. Sus colegas y editoras Martha C. Muntzel y Mar&iacute;a Elena Villegas se&ntilde;alan en la presentaci&oacute;n que, "sabiendo la importancia que este trabajo significaba para Ignacio revisaron sus archivos de computadoras, junto con Luis N&uacute;&ntilde;ez Gorn&eacute;s, y encontraron lo que ahora est&aacute; aqu&iacute; impreso"; un libro que ahora se llaman <i>Itinerario topon&iacute;mico de M&eacute;xico,</i> t&iacute;tulo muy atinado para definir un contenido que se extiende en un espacio dilatado y en un tiempo largo, y que es resultado de la colaboraci&oacute;n de 14 autores.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Poco nuevo me queda decir del contenido pues ya las editoras dicen lo principal en la presentaci&oacute;n. En s&iacute;ntesis breve pero sustanciosa, describen ellas el contenido y las aportaciones de cada autor. No queda m&aacute;s que recorrer todos juntos este <i>Itinerario</i> que nos llevar&aacute; lejos en el espacio y en el tiempo. De manera que, para mejor recorrerlo, lo he dividido en partes a modo de jornadas de viaje con peque&ntilde;os descansos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera es la jornada del propio Ignacio y contiene cuatro trabajos. El primero es "Historia de la investigaci&oacute;n topon&iacute;mica de M&eacute;xico", trabajo de &iacute;ndole te&oacute;rica en el que se resalta el valor del estudio de los nombres de lugar como fuente de conocimientos hist&oacute;ricos y ling&uuml;&iacute;sticos y como camino de interpretaci&oacute;n de la cosmovisi&oacute;n de algunos grupos humanos ya desaparecidos. En &eacute;l analiza los primeros top&oacute;nimos nahuas que aparecen en los cronistas. El trabajo se completa con una "Bibliograf&iacute;a toponom&aacute;stica con referencia especial a M&eacute;xico", en la que se dan a conocer numerosos estudios sobre el tema, hechos dentro y fuera del pa&iacute;s. Con ella se cierra el libro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los otros dos trabajos versan sobre el n&aacute;huatl de Sinaloa. Sus t&iacute;tulos: "El problema de la toponimia n&aacute;huatl de Sinaloa" y "&iquest;D&oacute;nde y cu&aacute;ndo se habl&oacute; el n&aacute;huatl en Sinaloa?" En realidad, los dos art&iacute;culos forman una unidad, se complementan en su tem&aacute;tica. El n&uacute;cleo del estudio lo constituye el an&aacute;lisis de testimonios para saber si se habl&oacute; o no el n&aacute;huatl en aquella regi&oacute;n; tema controvertido y dif&iacute;cil, ya que se considera que los top&oacute;nimos nahuas fueron puestos por los tlaxcaltecas que llegaron con las tropas espa&ntilde;olas. Ignacio se adentra en las fuentes hist&oacute;ricas, que &eacute;l conoc&iacute;a a fondo y de ellas extrae la informaci&oacute;n necesaria para afirmar que el n&aacute;huatl hablado en Sinaloa es de &eacute;poca posterior a la Conquista. Puede decirse que estos dos trabajos ayudan a dilucidar un punto pol&eacute;mico entre los historiadores modernos de los siglos XIX y XX, pero tambi&eacute;n ayudan a que el lector se adentre en aquella regi&oacute;n occidental de M&eacute;xico, en el transcurrir de la vida de sus gentes, de las relaciones entre sus lenguas y del significado de la actividad misional de los jesuitas. Su exposici&oacute;n deja claro el proceso de mexicanizaci&oacute;n de aquellas tierras y el uso del n&aacute;huatl como lengua franca.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda jornada nos lleva a recorrer cinco trabajos referentes a toponimia n&aacute;huatl. Con ellos se puede recorrer un largo camino que comienza en el mundo mexica y termina en la ciudad de M&eacute;xico. Es Leonardo Manrique quien nos introduce en &eacute;l con un extenso art&iacute;culo: "La escritura tradicional de los top&oacute;nimos provenientes de lenguas ind&iacute;genas". El art&iacute;culo de Manrique comienza de forma inesperada, tratando de las convenciones ortogr&aacute;ficas del espa&ntilde;ol. Pero no por inesperada es menos interesante. Todo lo contrario, resulta muy acertada la aclaraci&oacute;n de que a partir de las convenciones ortogr&aacute;ficas del espa&ntilde;ol se codificaron alfab&eacute;ticamente las lenguas mesoamericanas. La verdad es que las p&aacute;ginas sobre el espa&ntilde;ol del siglo XVI son de gran precisi&oacute;n y ayudan a entender todo lo que viene despu&eacute;s, que no es poco. Hago un repaso r&aacute;pido: los fonemas del n&aacute;huatl y su escritura, los del maya, el mixteco, el zapoteco y el tarasco, es decir, los de cinco lenguas generales mesoamericanas, en todas las cuales se generaron multitud de textos escritos y se escribieron los milenarios top&oacute;nimos con escritura alfab&eacute;tica. Imposible entrar a fondo en el contenido del trabajo de Manrique. S&oacute;lo destacar&eacute; que contiene una enorme descripci&oacute;n fonol&oacute;gica sobre las lenguas mesoamericanas citadas y un sinf&iacute;n de valiosos datos diacr&oacute;nicos sobre los top&oacute;nimos que usamos todos los d&iacute;as. El trabajo de Manrique pone de relieve, adem&aacute;s, el origen de las tradiciones ortogr&aacute;ficas de varias lenguas y el proceso por el cual la escritura alfab&eacute;tica se us&oacute; como herramienta tecnol&oacute;gica para codificar lenguas nuevas, cualesquiera que fueran los fonemas de ellas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Complemento de la forma de codificar fon&eacute;ticamente los top&oacute;nimos es la manera de integrarlos en una cultura con dos lenguas: el n&aacute;huatl y el espa&ntilde;ol. &Eacute;ste es el tema del trabajo de Ana Laura D&iacute;az Mireles, "Top&oacute;nimos y antrop&oacute;nimos en la obra de Sahag&uacute;n". Elige ella un conjunto de estos nombres entresacados de los libros VIII y IX de la <i>Historia general de las cosas de Nueva Espa&ntilde;a (C&oacute;dice florentino)</i> de fray Bernardino de Sahag&uacute;n. Avisa que son nombres correspondientes a gobernantes y grupos &eacute;tnicos, es decir, antrop&oacute;nimos y gentilicios, y que, a trav&eacute;s de ellos, es posible adentrarse en un an&aacute;lisis sem&aacute;ntico que mucho puede decirnos acerca de la cosmovisi&oacute;n de los antiguos mexicanos. En su estudio, la autora analiza los procedimientos de los que se sirve Sahag&uacute;n para explicar a sus lectores el significado de las nuevas palabras mostrando muchos ejemplos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A estos dos trabajos de tema n&aacute;huatl vienen a sumarse otros dos de Miguel Le&oacute;n&#45;Portilla. El primero lleva por t&iacute;tulo "Los nombres de lugar en n&aacute;huatl. Su morfolog&iacute;a, sintaxis y representaci&oacute;n gl&iacute;fica". En &eacute;l, el autor explora profundamente la formaci&oacute;n de locativos desde la ling&uuml;&iacute;stica, concretamente desde los elementos morfol&oacute;gicos que componen la oraci&oacute;n: nombres, adjetivos, formaciones verbales, formaciones pronominales y part&iacute;culas. Con base en estos elementos se adentra el autor en la composici&oacute;n, en sus potencialidades morfol&oacute;gicas y sem&aacute;nticas. En cuanto a las primeras, afirma que pueden llegar a tener una connotaci&oacute;n equivalente a una frase u oraci&oacute;n; con respecto a las potencialidades sem&aacute;nticas se&ntilde;ala que no s&oacute;lo expresan connotaciones de&iacute;cticas de espacio y tiempo sino tambi&eacute;n posesi&oacute;n, acci&oacute;n y significaciones metaf&oacute;ricas, como las que representan conceptos del calendario o las referentes a las partes del cuerpo. Los abundantes ejemplos que ilustran el trabajo, permiten ver con claridad el uso de la lengua n&aacute;huatl para representar la realidad geogr&aacute;fica y cultural de sus hablantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo trabajo, que sin duda puede complementar al primero, es "De la nomenclatura en la ciudad de M&eacute;xico. Antiguas supervivencias, cambios y repeticiones". A pesar de la problem&aacute;tica que el tema lleva consigo, el autor ofrece una visi&oacute;n diacr&oacute;nica de c&oacute;mo se gener&oacute; la toponimia de esta megal&oacute;polis desde el a&ntilde;o de su fundaci&oacute;n, 1325, hasta nuestros d&iacute;as y da a conocer los intentos hechos por otros autores. Para ello divide el tiempo en etapas: en una primera reconoce la traza de la ciudad prehisp&aacute;nica con sus calzadas y sus cuatro grandes parcialidades o <i>campa,</i> con sus calles y canales transversales y sus nombres, en gran parte de&iacute;cticos. En una segunda etapa, identifica los nombres espa&ntilde;oles: pocos de conquistadores, bastantes de santos y de elementos religiosos; no pocos de gremios y oficios. Finalmente en la &uacute;ltima etapa, reconoce los nombres introducidos en la &eacute;poca moderna con referencia a hechos y personajes de la Independencia, Reforma, Liberalismo, Revoluci&oacute;n y, algo muy caracter&iacute;stico, de familias tem&aacute;ticas de r&iacute;os, sierras, nombres de ciudades europeas, de doctores y escritores, de virreyes, etc&eacute;tera. La realidad es que la toponimia es compleja en esta urbe de m&aacute;s de 750 colonias: en ellas se multiplican los nombres de reyes, h&eacute;roes y santos, pero tambi&eacute;n en ella se torna presente "el ser hist&oacute;rico, su personalidad y su cultura". "El estudio de la toponimia de la ciudad es acercamiento hist&oacute;rico de excepcional inter&eacute;s", dice el autor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, la segunda jornada termina con unas breves pero sustanciosas p&aacute;ginas de William Brigh, sobre "Top&oacute;nimos nahuas en Estados Unidos y en M&eacute;xico". Este conocido ling&uuml;ista prepar&oacute; varios diccionarios de top&oacute;nimos y se meti&oacute; en el magno proyecto de un diccionario etimol&oacute;gico de los top&oacute;nimos de origen ind&iacute;gena de los Estados Unidos con el t&iacute;tulo de <i>Toponimia ind&iacute;gena de M&eacute;xico.</i> Aqu&iacute; nos ofrece una breve muestra del diccionario comentando con sabidur&iacute;a y gracia algunos nombres de lugar mexicanos en su pa&iacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tercera jornada nos lleva a tierras de un pueblo yuto&#45;nahua, los huicholes o wixarica. "Toponimia Huichola" es el nombre del trabajo y se debe a Julio Carrillo de la Cruz, Julio Ram&iacute;rez de la Cruz y Jos&eacute; Luis Iturrioz Leza. Comienza Iturrioz se&ntilde;alando, y esto es importante, que en el Departamento de Lenguas Ind&iacute;genas de la Universidad de Guadalajara se lleva a cabo un proyecto de estudio de la onom&aacute;stica huichola, que cubre una gama amplia de aspectos y de la cual el propio Iturrioz ha publicado bastantes trabajos tanto en espa&ntilde;ol como en alem&aacute;n. Sintetizando mucho, porque el trabajo es muy amplio, podemos distinguir en &eacute;l tres partes: una primera, te&oacute;rica; una segunda, gramatical; y una tercera, hist&oacute;rica. El autor parte de que "los nombres propios son una t&eacute;cnica ling&uuml;&iacute;stica de aprehensi&oacute;n de objeto, que implica, como ninguna otra, el reconocimiento de la permanencia del objeto nombrado a trav&eacute;s del tiempo en las redes de la comunicaci&oacute;n. "Con ellos se construye la permanencia espacio&#45;temporal." Pondera tambi&eacute;n la importancia de la toponimia para el conocimiento y reconstrucci&oacute;n de la historia de un pueblo. En la segunda parte, el autor se&ntilde;ala varias cualidades de los top&oacute;nimos desde el punto de vista ling&uuml;&iacute;stico: la transparencia sem&aacute;ntica, pues en ellos se plasman muchos datos de&iacute;cticos y hasta met&aacute;foras, y a la vez la estructura gramatical, en la que se revela la complejidad morfosint&aacute;ctica de la lengua, desde oraciones hasta unidades monom&oacute;rficas, adem&aacute;s de la transitividad, la composici&oacute;n y otros rasgos ling&uuml;&iacute;sticos.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una parte m&aacute;s es la dedicada al simbolismo que en ellos se guarda, conformando lo que &eacute;l llama la "geograf&iacute;a sagrada" o "paisaje simb&oacute;lico". Es un paisaje en el que se acomodan los acontecimientos de la historia, tanto real como m&iacute;tica. Este paisaje conforma el territorio que tienen como su casa, al cual llaman <i>Wirikuta,</i> que abarca desde San Blas hasta Real de Catorce, territorio que se ha ido achicando a partir de la Conquista. En este territorio hay una red de caminos y sitios de sus antepasados, que a su vez sirven de comunicaci&oacute;n con lo divino en su peregrinaje anual. El territorio est&aacute; estructurado en 5 pelda&ntilde;os desde el mar hasta la monta&ntilde;a, hasta Real de Catorce. El autor describe los pelda&ntilde;os con sus nombres y destaca el rico simbolismo que ellos entra&ntilde;an. La cuarta y &uacute;ltima parte del estudio es la descripci&oacute;n de un documento de 1725 llamado "Acordonamiento", de gran valor para los huicholes. Es un documento dado por las autoridades espa&ntilde;olas en el que se fijan l&iacute;mites y mojoneras y en el que se fijan 743 top&oacute;nimos huicholes. El "Acordonamiento" es un arma para defender la posesi&oacute;n de sus tierras y reforzar su identidad. Jos&eacute; Luis enumera y traduce los top&oacute;nimos. En suma, el trabajo de Iturrioz, de contenido variado, re&uacute;ne una amplitud de miradas y un an&aacute;lisis detallado. Adem&aacute;s, es muestra tambi&eacute;n de las posibilidades pragm&aacute;ticas que puede tener un estudio te&oacute;rico como es el de la toponimia.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una jornada m&aacute;s la constituye el recorrido por el mundo del occidente de M&eacute;xico. Es un mundo que constituye un &aacute;rea cultural con una identidad muy marcada dentro del conjunto de los pueblos mesoamericanos, identidad que se manifiesta en su lengua, solitaria en Mesoam&eacute;rica, quiz&aacute; emparentada con el quechua. Sus top&oacute;nimos tambi&eacute;n son parte de esa identidad y constituyen una riqueza cultural. En este libro son objeto de estudio por parte de Frida Villavicencio y Fernando Nava en un trabajo titulado "Toponimia pur&eacute;pecha: lugares de estudio y &aacute;reas de inter&eacute;s". Estos dos prop&oacute;sitos manifestados en el t&iacute;tulo son el objeto principal del ensayo: "por un lado, advertir la complejidad que encierra la toponimia pur&eacute;pecha, y por el otro, destacar las &aacute;reas de inter&eacute;s que hasta ahora han pasado inadvertidos a los estudiosos e interesados en el tema". Sobre el primer punto, muestran ellos el grado de complejidad del tema haciendo un recorrido por los textos hist&oacute;ricos en los que se registran top&oacute;nimos desde 1523 hasta los estudios de eruditos modernos actuales. Presentan fragmentos de los textos para analizar en ellos los elementos ling&uuml;&iacute;sticos que los conforman y las traducciones al espa&ntilde;ol, a veces diferentes, seg&uacute;n el traductor. El recorrido es un buen ejercicio de historia de la toponimia y de historia de Michoac&aacute;n, as&iacute; como de la formaci&oacute;n de los nombres de lugar, en los que se manifiesta la naturaleza de la lengua aglutinante. Concluyen que el estudio de la toponimia representa un reto y que es necesario conjuntar una serie de saberes para esclarecer el significado de un top&oacute;nimo. No obstante estas dificultades, el estudio de Frida y Fernando abre al lector un amplio horizonte para adentrarse en el antiguo reino de Michoac&aacute;n y en el Michoac&aacute;n moderno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La quinta jornada se vive en el centro del pa&iacute;s, en los pueblos otomangues. A menudo nos olvidamos de los top&oacute;nimos en estas lenguas, quiz&aacute; por la abrumadora presencia de los nombres de lugar en n&aacute;huatl, de manera que esta parte del libro es muy importante tenerla en cuenta. Son tres las lenguas de este viejo tronco ling&uuml;&iacute;stico que aqu&iacute; se incluyen: el otom&iacute;, el popoloca y el trique. Del otom&iacute; escribe Mar&iacute;a Elena Villegas Molina en su ensayo "La ortograf&iacute;a otom&iacute; en algunos top&oacute;nimos". Su trabajo se centra en el an&aacute;lisis de ocho top&oacute;nimos que ella documenta en un corpus diacr&oacute;nico constituido por manuscritos del siglo XVI, gram&aacute;ticas, vocabularios y estudios de varios autores modernos &#151;Luis Neve y Molina, Yolanda Lastra, Ewald Hekking y &Aacute;ngel Mar&iacute;a Garibay. De cada top&oacute;nimo descubre sus elementos ling&uuml;&iacute;sticos, sus variantes, las huellas de la interacci&oacute;n con otras lenguas como la mazahua y, sobre todo, la cultura y personalidad del otom&iacute; de una amplia regi&oacute;n del centro de M&eacute;xico. A trav&eacute;s de estos ocho nombres de lugar el lector tiene la oportunidad de acercarse a una lengua dif&iacute;cil y poco conocida y mostrar diversos aspectos de gran inter&eacute;s de la lengua y cultura otom&iacute;es.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Igualmente interesante es el breve trabajo de Mar&iacute;a Teresa Fern&aacute;ndez de Miranda, "Toponimia popoloca". Pocos son los trabajos sobre top&oacute;nimos en esta lengua, de manera que es un acierto haber incluido &eacute;ste de Mar&iacute;a Teresa, quien abri&oacute; camino en la reconstrucci&oacute;n de la familia popoloca, especialmente del protopopoloca y protoixcateco. En el presente trabajo, publicado en 1961, la autora analiza 337 nombres de lugar provenientes de la zona popoloca de Puebla y Oaxaca y, a trav&eacute;s de ellos, identifica rasgos fon&eacute;ticos y morfol&oacute;gicos de esta lengua, adem&aacute;s de explorar la estructura gramatical t&iacute;pica de los topon&iacute;micos y aportar otros datos m&aacute;s, como el conocimiento geogr&aacute;fico hist&oacute;rico de la regi&oacute;n, de su flora y su fauna. Trabajos como &eacute;ste nos hacen conocer mejor lenguas poco estudiadas de Mesoam&eacute;rica. El tercer trabajo versa sobre la lengua trique. &Eacute;ste se debe a Elena E. de Hollenbach y lleva por t&iacute;tulo "Top&oacute;nimo triques: huellas de la prehistoria". Se centra la autora en top&oacute;nimos del trique de San Juan Copala y San Andr&eacute;s Chicahuaxtla y en su estudio aparece la etimolog&iacute;a de un gran n&uacute;mero de nombres de lugar que pr&aacute;cticamente son desconocidos, ya que la mayor parte de la toponimia trique est&aacute; en n&aacute;huatl o en espa&ntilde;ol y, adem&aacute;s, es &eacute;sta una lengua muy poco documentada. Hay que se&ntilde;alar que, m&aacute;s all&aacute; de las consideraciones ling&uuml;&iacute;sticas, la autora precisa muchos datos etnohist&oacute;ricos, geogr&aacute;ficos y de historia social que hacen de su trabajo una aportaci&oacute;n valiosa para el conocimiento de esta lengua y la cultura de sus hablantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La &uacute;ltima jornada de este itinerario es corta pero atractiva y conlleva un acercamiento a la lengua zoque, una lengua menos estudiada, pero no por ello menos importante en la historia del precl&aacute;sico de Mesoam&eacute;rica, ya que se supone que una parte de los hacedores de La Venta eran hablantes de ella. "Toponimia zoque" es el t&iacute;tulo del art&iacute;culo de William L. Wonderly que cierra esta jornada. El autor se centra en varios top&oacute;nimos zoques de Copainal&aacute; y ofrece un an&aacute;lisis morfol&oacute;gico de ellos en el que an&aacute;lisis muestra rasgos de la estructura de la lengua.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, el libro es una recopilaci&oacute;n de muchos y muy variados top&oacute;nimos. Los estudios que lo componen versan sobre aspectos poco estudiados de este tema. Casi todos est&aacute;n hechos con una perspectiva hist&oacute;rica ya que, a trav&eacute;s de la toponimia, los autores reconstruyen parte del pasado de los hablantes de las lenguas. En el conjunto de estos trabajos se muestra, adem&aacute;s, la riqueza topon&iacute;mica de M&eacute;xico, cuyas lenguas tienen a&uacute;n mucho que decir del pasado y presente de Mesoam&eacute;rica.</font></p>     ]]></body>
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