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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La exposición secundaria al humo de cigarro puede alterar la programación fetal de la presión arterial]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font face="verdana" size="2"><b>NOTICIAS DE SALUD AMBIENTAL</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="verdana" size="4"><b>La exposici&oacute;n secundaria al humo de    cigarro puede alterar la programaci&oacute;n fetal de la presi&oacute;n arterial<a name="nt01"></a><a href="#tx01">*</a></b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="verdana" size="2">Los beb&eacute;s nacidos de madres que fuman    cigarrillos pueden estar en riesgo de tener controles anormales de la presi&oacute;n    arterial y del ritmo cardiaco en el momento de nacer, seg&uacute;n sugiere una    investigaci&oacute;n publicada en el n&uacute;mero de marzo de 2010 de la revista    Hypertension. Los resultados de este nuevo estudio insin&uacute;an, adem&aacute;s,    que este control puede empeorar si contin&uacute;a la exposici&oacute;n secundaria    al humo del cigarro, tal vez con un mayor riesgo de desarrollar hipertensi&oacute;n    en una etapa posterior de la vida.</font></p>     <p><font face="verdana" size="2">El estudio comparaba el control del ritmo cardiaco    y de la presi&oacute;n arterial de 19 beb&eacute;s nacidos de madres no fumadoras    con los de 17 beb&eacute;s cuyas madres reportaron fumar un promedio de 15 cigarrillos    al d&iacute;a antes y despu&eacute;s de dar a luz. La presi&oacute;n arterial    en reposo de los beb&eacute;s de ambos grupos sigui&oacute; esencialmente la    misma tendencia de desarrollo durante el primer a&ntilde;o de vida, pero los    beb&eacute;s expuestos al humo presentaron una presi&oacute;n arterial diast&oacute;lica    m&aacute;s elevada a la edad de 3 meses. El ritmo cardiaco en reposo de ambos    grupos tambi&eacute;n fue similar y sigui&oacute; la misma tendencia hasta la    edad de 3 meses. Sin embargo, para el a&ntilde;o de edad, el ritmo cardiaco    en reposo de los beb&eacute;s expuestos al humo era en promedio 20% m&aacute;s    lento que el de los beb&eacute;s no expuestos.</font></p>     <p><font face="verdana" size="2">Los investigadores tambi&eacute;n monitorearon    los cambios en el ritmo cardiaco y la presi&oacute;n arterial a lo largo de    un lapso de 40 latidos mientras los ni&ntilde;os, que dorm&iacute;an profundamente    sobre mesas inclinadas eran levantados de una posici&oacute;n supina a una inclinaci&oacute;n    de 60&deg; a lo largo de 5 segundos y sostenidos en esa postura durante 1 minuto.    &#147;A medida que el cuerpo se yergue m&aacute;s, el ritmo cardiaco debe elevarse    temporalmente, y los distintos vasos sangu&iacute;neos deben contraerse para    incrementar la presi&oacute;n arterial y asegurar que llegue suficiente sangre    al cerebro&#148;, explica el primer autor Gary Cohen, investigador cient&iacute;fico    principal del Departamento de Salud Materno Infantil del Instituto Karolinska    de Estocolmo. Ciertamente, eso es lo que observaron los autores en los ni&ntilde;os    no expuestos, alcanzando valores pico un tanto m&aacute;s elevados entre las    edades de 1 semana y 1 a&ntilde;o, tal como se esperaba.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/spm/v52n4/a14img1.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font face="verdana" size="2">Los beb&eacute;s expuestos mostraron una tendencia    similar con el tiempo. Sin embargo, entre los 3 meses y el a&ntilde;o de edad,    sus respuestas se volvieron exageradas, con un ritmo cardiaco m&aacute;s acelerado    (con un aumento de 11.5% en promedio, en lugar de 6.5% observado en los beb&eacute;s    no expuestos) antes de caer m&aacute;s r&aacute;pidamente. Lo mismo ocurri&oacute;    con su presi&oacute;n arterial diast&oacute;lica.</font></p>     <p><font face="verdana" size="2">Cuando se inclin&oacute; a los beb&eacute;s y    se los mantuvo en posici&oacute;n vertical, se observaron incrementos sostenidos    de 2 a 3% en la presi&oacute;n arterial sist&oacute;lica, diast&oacute;lica    y media a la semana de edad, y de 8 a 10% para el a&ntilde;o de edad, tal como    se esperaba. Por el contrario, en los beb&eacute;s expuestos, los incrementos    en la presi&oacute;n arterial fueron de casi el doble a la semana de edad, pero    ya no hubo m&aacute;s incrementos con el paso del tiempo.</font></p>     <p><font face="verdana" size="2">&#147;As&iacute;, los beb&eacute;s reci&eacute;n    nacidos de madres fumadoras reaccionan de manera excesiva al cambio de postura,    pero para cuando llegan a la edad de 1 a&ntilde;o y quieren ponerse de pie,    reaccionan por debajo de lo normal; sus sistemas ordinarios de compensaci&oacute;n    de la presi&oacute;n arterial sencillamente no funcionan bien&#148;, se&ntilde;ala    Cohen. &#147;Tal parecer&iacute;a que ni su ritmo cardiaco ni su tono simp&aacute;tico    constrictor &#91impulsos del sistema nervioso simp&aacute;tico que ayudan a controlar    la constricci&oacute;n de los vasos sangu&iacute;neos&#93 est&aacute;n programados    &#145;adecuadamente&#146; incluso en el momento de nacer, y que las cosas empeoran    con el tiempo.&#148;</font></p>     <p><font face="verdana" size="2">Este problema de programaci&oacute;n podr&iacute;a    radicar en un tono simp&aacute;tico demasiado fuerte provocado por la exposici&oacute;n    a alg&uacute;n compuesto del humo del cigarrillo en la matriz y despu&eacute;s    del nacimiento, se&ntilde;alan los investigadores. Esto podr&iacute;a incrementar    lentamente la resistencia vascular, dando lugar a un incremento en la presi&oacute;n    arterial diast&oacute;lica observada en reposo a la edad de 3 meses, y a la    p&eacute;rdida eventual de la reactividad simp&aacute;tica.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/spm/v52n4/a14img2.jpg"></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="verdana" size="2">Los autores plantean adem&aacute;s la hip&oacute;tesis    de que una disminuci&oacute;n en el ritmo cardiaco observada en los beb&eacute;s    expuestos al a&ntilde;o de edad fue un intento de restaurar alg&uacute;n tipo    de equilibrio. Por desgracia, esta soluci&oacute;n de reprogramaci&oacute;n    parece obstaculizar el control posicional de la presi&oacute;n sangu&iacute;nea    adecuado, &#147;y hay evidencias de que esto podr&iacute;a incrementar las probabilidades    de que se presente hipertensi&oacute;n m&aacute;s adelante&#148;, explica Cohen.    En los adultos, la patofisiolog&iacute;a cardiovascular puede implicar un exceso    de actividad simp&aacute;tica cr&oacute;nica que d&eacute; lugar a un incremento    de la presi&oacute;n sangu&iacute;nea. Los autores sugieren que puede estar    ocurriendo algo similar en los ni&ntilde;os que han sido estudiados.</font></p>     <p><font face="verdana" size="2">&#147;Se requiere de m&aacute;s investigaci&oacute;n    para determinar &#91si estas observaciones pueden&#93 explicarse como una consecuencia    de alteraciones en el flujo simp&aacute;tico central, dado que esto no se evalu&oacute;    directamente en este estudio&#148;, comenta James Fisher, profesor de fisiolog&iacute;a    del ejercicio de la Escuela de Ciencias del Deporte y del Ejercicio de la Universidad    de Birmingham que no particip&oacute; en el estudio. &#147;Como suele suceder    con las buenas investigaciones, nos quedan m&aacute;s preguntas que respuestas.    La reactividad cardiovascular alterada &iquest;es espec&iacute;fica del estr&eacute;s    postural, o es m&aacute;s generalizada? &iquest;Cu&aacute;l es la importancia    biol&oacute;gica de la magnitud de la alteraci&oacute;n de la reactividad cardiovascular?    &iquest;Qu&eacute; tan permanente es la &#145;reprogramaci&oacute;n&#146;; &iquest;es    reversible si se retira la exposici&oacute;n al humo?&#148;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="verdana" size="2">Si bien el estudio es interesante, es bastante    peque&ntilde;o. &#147;Me gustar&iacute;a ver una confirmaci&oacute;n en un estudio    m&aacute;s grande&#148;, dice Mark Caulfield, director del Instituto de Investigaci&oacute;n    William Harvey de Barts y de la Escuela de Medicina y Odontolog&iacute;a de    Londres: &#147;con una prueba formal del nivel de consumo de cigarrillos en    cada uno de los grupos estudiados, antes de extraer una conclusi&oacute;n firme.&#148;</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="verdana" size="2"><b>Adrian Burton</b> es un bi&oacute;logo que    vive en Espa&ntilde;a y escribe peri&oacute;dicamente para las revistas The    Lancet Oncology, The Lancet Neurology y Frontiers in Ecology and the Environment</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="verdana" size="2"><a name="tx01"></a><a href="#nt01">*</a>Publicado    originalmente en Environmental Health Perspectives, volumen 118, n&uacute;mero    4, abril 2010, p&aacute;ginas A158-A159.</font></p>      ]]></body>
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