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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[José María Torralba, Acción intencional y razonamiento práctico según G.E.M. Anscombe y G.E.M. Anscombe: La filosofía analítica y la espiritualidad del hombre]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Notas bibliogr&aacute;ficas </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Jos&eacute; Mar&iacute;a Torralba, <i>Acci&oacute;n intencional y razonamiento pr&aacute;ctico seg&uacute;n G.E.M. Anscombe </i>y G.E.M. Anscombe*, <i>La filosof&iacute;a anal&iacute;tica y la espiritualidad del hombre**</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Gustavo Ortiz&#150;Mill&aacute;n</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>*Ediciones Universidad de Navarra, Pamplona, 2005, 241 pp.    <br> **ed. Jos&eacute; Mar&iacute;a Torralba y Jaime Nubiola, Ediciones Universidad de Navarra, Pamplona, 2005, 128 pp.</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="left"><font face="verdana" size="2">&nbsp;<i>Instituto de Investigaciones Filos&oacute;ficas, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico. E&#150;mail: <a href="mailto:gmom@filosoficas.unam.mx" target="_blank">gmom@filosoficas.unam.mx</a></i></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay un episodio que nos muestra mucho de los intereses que guiaron la vida y la obra de Elizabeth Anscombe ("Miss Anscombe", como siempre se la conoci&oacute;, a pesar de su matrimonio de sesenta a&ntilde;os con el tambi&eacute;n fil&oacute;sofo Peter Geach y de sus siete hijos). En 1956, la Universidad de Oxford le otorg&oacute; un grado honorario a Harry Truman, el ex presidente de Estados Unidos. En 1945, Truman hab&iacute;a tomado la decisi&oacute;n de tirar las bombas at&oacute;micas sobre Hiroshima y Nagasaki, y con ello puso fin a la guerra con Jap&oacute;n. Truman pensaba que su acci&oacute;n estaba justificada, pues hab&iacute;a acortado la guerra y salvado vidas. Sin embargo, Anscombe y otros profesores se opusieron a que se le otorgara el grado sobre la base de que era un asesino que hab&iacute;a matado a cientos de miles de civiles inocentes. Anscombe argument&oacute; en "Mr. Truman's Degree", art&iacute;culo que escribi&oacute; al respecto: "Que los hombres decidan matar inocentes como medio para sus fines siempre es un asesinato" (Anscombe 1981, p. 66). Para ella, hay cosas que no se deben hacer en ninguna circunstancia: matar intencionalmente a gente inocente es un principio moral inviolable y absoluto. Tras mucho debate en la universidad, &eacute;sta le confiri&oacute; el grado a Truman, pero mientras se realizaba la ceremonia, Anscombe, una devota cat&oacute;lica, se arrodill&oacute; fuera del sal&oacute;n de actos, rezando.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en 1958, Miss Anscombe escribir&iacute;a un art&iacute;culo titulado "La filosof&iacute;a moral moderna" (que aparece traducido al castellano por primera vez en <i>La filosof&iacute;a anal&iacute;tica y la espiritualidad del hombre).</i><a href="#notas"><sup>1</sup></a> Ah&iacute;, Anscombe critica a quienes sostienen que las consecuencias justifican una acci&oacute;n, al tiempo que afirma que hay prohibiciones morales absolutas, tal como dice la &eacute;tica judeocristiana:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">siempre ha sido algo caracter&iacute;stico de esta &eacute;tica ense&ntilde;ar que hay cosas que est&aacute;n prohibidas, sean cuales sean las <i>consecuencias </i>que se puedan seguir, como por ejemplo: elegir matar al inocente por cualquier motivo, por bueno que &eacute;ste sea, el castigo vicario, la traici&oacute;n (por la que entiendo ganarse la confianza de alguien en un asunto de importancia por medio de promesas de amistad fiable, y despu&eacute;s entregarle a sus enemigos), la idolatr&iacute;a, la sodom&iacute;a, el adulterio, o hacer una falsa profesi&oacute;n de fe. (Anscombe, p. 109)</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n esto, hay prohibiciones morales estrictas que no se deben violar "por esperanza de las consecuencias". Al hacer esta cr&iacute;tica, Anscombe tambi&eacute;n acu&ntilde;aba un t&eacute;rmino que ahora es de uso com&uacute;n entre los fil&oacute;sofos morales: "consecuencialismo", la teor&iacute;a seg&uacute;n la cual la correcci&oacute;n moral de una acci&oacute;n depende de sus consecuencias. El consecuencialismo, junto con el emotivismo imperante en la filosof&iacute;a de la &eacute;poca, han llegado a corromper a los j&oacute;venes estudiantes de Oxford, afirmaba. Miss Anscombe centr&oacute; buena parte de su trabajo filos&oacute;fico en la cr&iacute;tica de estas teor&iacute;as. Al cabo de casi cincuenta a&ntilde;os, podemos decir que su empresa, que se desarroll&oacute; en varios frentes, fue exitosa.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"La filosof&iacute;a moral moderna" se ha convertido en uno de los ensayos m&aacute;s importantes en &eacute;tica en el &uacute;ltimo siglo y contribuy&oacute; a modificar el rumbo de la filosof&iacute;a moral contempor&aacute;nea marcando a varias generaciones de fil&oacute;sofos que siguieron sus propuestas fundamentales. Aunque el ensayo est&aacute; lleno de ideas interesantes, habr&iacute;a que resaltar dos tesis que propone y que gu&iacute;an la filosof&iacute;a pr&aacute;ctica de Anscombe: en primer lugar, la idea de que para hacer filosof&iacute;a moral se necesita una psicolog&iacute;a filos&oacute;fica adecuada, muy alejada de las simplificaciones emotivistas y consecuencialistas y del modo en que hasta entonces se hab&iacute;a explicado la acci&oacute;n intencional; en segundo lugar, que el concepto de "deber moral" debe abandonarse, porque es un concepto que responde a un contexto anticuado y no sirve para comprender la naturaleza de la moralidad. Estas dos ideas tuvieron un impacto importante en el modo de concebir la &eacute;tica: la primera iba de la mano del inter&eacute;s por desarrollar una teor&iacute;a de la acci&oacute;n que diera cuenta de la psicolog&iacute;a que subyace a las acciones morales; la segunda conllevaba la recuperaci&oacute;n de la filosof&iacute;a moral aristot&eacute;lica que, seg&uacute;n Anscombe, pod&iacute;a dar cuenta, en t&eacute;rminos seculares, de la naturaleza de la moral. Pero esto requer&iacute;a el esclarecimiento de conceptos como "virtud", "naturaleza humana", "florecimiento humano", as&iacute; como de la psicolog&iacute;a filos&oacute;fica correspondiente. Al proponer la recuperaci&oacute;n del concepto de virtud para la &eacute;tica, Anscombe inaugura el reciente renacimiento de la &eacute;tica de la virtud. Es un acierto del libro de Jos&eacute; Mar&iacute;a Torralba, <i>Acci&oacute;n intencional y razonamiento pr&aacute;ctico seg&uacute;n G.E.M. Anscombe, </i>hacernos ver la unidad que tienen la teor&iacute;a de la acci&oacute;n y la psicolog&iacute;a filos&oacute;fica que presenta Anscombe con la teor&iacute;a de la virtud que se propon&iacute;a recuperar.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el debate que se dio en torno al <i>affaire </i>Truman, Anscombe hab&iacute;a sido criticada por presentar una explicaci&oacute;n simplista de la acci&oacute;n humana. Un poco como reacci&oacute;n a esas cr&iacute;ticas y un poco tratando de seguir algunas tesis de Wittgenstein, su maestro, se dio a la tarea de desarrollar una psicolog&iacute;a filos&oacute;fica que diera cuenta de las acciones intencionales. El resultado fue su libro <i>Intention, </i>publicado en 1957. Sin duda, este libro sienta las bases de toda la discusi&oacute;n contempor&aacute;nea sobre filosof&iacute;a de la acci&oacute;n; tal vez no ser&iacute;a exagerado decir que da origen, como una disciplina diferenciada, a esa &aacute;rea de la filosof&iacute;a, al mismo tiempo que establece una agenda de temas para desarrollos posteriores en filosof&iacute;a de la acci&oacute;n. Donald Davidson dijo alguna vez que este libro constitu&iacute;a el mejor trabajo sobre razonamiento pr&aacute;ctico desde Arist&oacute;teles.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el debate sobre Truman, la descripci&oacute;n de acciones se hab&iacute;a revelado como un tema central: &iquest;qu&eacute; estaba haciendo Truman al firmar la orden de lanzar las bombas at&oacute;micas: matando gente inocente o salvando vidas? La valoraci&oacute;n moral de la acci&oacute;n depende de c&oacute;mo se describa &eacute;sta. En <i>Intention, </i>el tema de la descripci&oacute;n de acciones es central: una acci&oacute;n es un tipo de suceso del que se pueden dar m&uacute;ltiples descripciones, pero ser&aacute; una acci&oacute;n (y no, por ejemplo, un mero movimiento corporal), si es posible dar una descripci&oacute;n en t&eacute;rminos intencionales del suceso. En esa obra, Anscombe se centra en el an&aacute;lisis de la acci&oacute;n intencional, que est&aacute; en el n&uacute;cleo de lo que llamamos agencia, y que a su vez es la base para adscripciones de responsabilidad. Seg&uacute;n ella, lo que distingue a las acciones intencionales de otro tipo de conducta corporal es que en ellas es posible responder a la pregunta "&iquest;por qu&eacute;?", es decir, las acciones intencionales son aquellas para las que podemos dar razones. Describir un suceso en t&eacute;rminos de las razones que llevaron a alguien a conducirse de determinada manera es lo que hace de este suceso una acci&oacute;n intencional. Anscombe va a privilegiar un modelo para dar cuenta de las acciones a partir de dos tipos de razones: creencias y deseos, que a su vez dar&aacute;n cuenta de las intenciones. La filosof&iacute;a de la acci&oacute;n posterior no s&oacute;lo retomar&aacute; el tema de la descripci&oacute;n de acciones, sino tambi&eacute;n este modo de dar cuenta de las acciones en t&eacute;rminos de deseos y creencias, que adopt&oacute; su forma m&aacute;s acabada en la filosof&iacute;a de Davidson y en lo que muchos llaman el "modelo de deseos y creencias" para la explicaci&oacute;n de la acci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Son muchas las cosas que Davidson y otros tomaron de <i>Intention, </i>al punto de hacer pensar a muchos que la obra de Anscombe est&aacute; completamente integrada en la de Davidson &#151;especialmente por los comentarios elogiosos que &eacute;ste hace de la obra de la fil&oacute;sofa inglesa&#151;. Sin embargo, las diferencias son radicales: mientras Davidson propone un modelo causal de la acci&oacute;n, bajo el lema "razones son causas", Anscombe se opone a la idea de que las razones sean causas, as&iacute; como a cualquier modelo explicativo de la acci&oacute;n. El principal defecto que Anscombe ve en la teor&iacute;a causal de la acci&oacute;n es que no admite la perspectiva de primera persona o, en todo caso, s&oacute;lo lo hace de modo derivado. La perspectiva de la primera persona en el conocimiento de la acci&oacute;n es irreductible a la de la tercera persona: esta &uacute;ltima es la perspectiva de la teor&iacute;a causal.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las teor&iacute;as causales de la acci&oacute;n &#151;nos dice Torralba&#151;, en el fondo, reducir&iacute;an la teor&iacute;a de la acci&oacute;n a una investigaci&oacute;n sobre "sucesos", considerados de modo aislado, independiente, y perder&iacute;an de vista que las acciones humanas s&oacute;lo se comprenden si se las estudia como partes de un "comportamiento", de una actividad humana, en el que adquieren su sentido. (Torralba, p. 111)</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En realidad, Anscombe no est&aacute; sino siguiendo al Wittgenstein de los <i>Cuadernos azul y marr&oacute;n, </i>para quien las explicaciones de acciones no pueden ser explicaciones causales. Muchos fil&oacute;sofos poswittgensteinianos, como von Wright, Winch, Kenny, Melden, Hampshire, Hart, Dray y otros, seguir&iacute;an esta postura. Debemos entender las acciones en t&eacute;rminos de razones, no de causas, afirmaban. Adem&aacute;s del argumento que se&ntilde;ala Torralba sobre la irreductibilidad del conocimiento de primera persona, hay otros argumentos que estos fil&oacute;sofos usaron para negar que las razones fueran causas: &eacute;stas implican leyes y determinismo, que son incompatibles con la idea de libertad de la voluntad propia de las acciones; las relaciones causales, como dijo Hume, no son relaciones l&oacute;gicas, como s&iacute; lo son las relaciones de raz&oacute;n, etc. Anscombe hizo suyos varios de estos argumentos. En su famoso ensayo "Acciones, razones y causas", de 1963, Davidson se enfrenta a cada una de estas objeciones con argumentos muy poderosos, de tal modo que termina por imponer de modo casi absoluto la teor&iacute;a causal en la filosof&iacute;a de la acci&oacute;n contempor&aacute;nea. Hubiera sido deseable que Torralba nos contara un poco m&aacute;s sobre los argumentos poswittgensteinianos a los que se adher&iacute;a Anscombe, pero, sobre todo, que nos dijera m&aacute;s sobre c&oacute;mo la teor&iacute;a causal enfrent&oacute; su cr&iacute;tica. A fin de cuentas, la mayor&iacute;a de los fil&oacute;sofos de la acci&oacute;n hoy en d&iacute;a aceptan la teor&iacute;a causal que criticaba Anscombe, lo cual significar&iacute;a que sus argumentos no tuvieron el peso que ella hubiera querido. Hoy en d&iacute;a, a muchos nos parece una idea de sentido com&uacute;n pensar que las razones de una acci&oacute;n son sus causas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En <i>Intention, </i>Anscombe va m&aacute;s all&aacute; de la especificaci&oacute;n de criterios para la definici&oacute;n de acciones intencionales: propone un modo de entender el razonamiento pr&aacute;ctico que conduce a la acci&oacute;n intencional. En realidad, Anscombe retoma la idea del razonamiento pr&aacute;ctico de Arist&oacute;teles (y de santo Tom&aacute;s), y en particular la idea de silogismo pr&aacute;ctico y el modelo teleol&oacute;gico de la acci&oacute;n. El razonamiento pr&aacute;ctico, a diferencia del te&oacute;rico, es un tipo de razonamiento que conduce a la acci&oacute;n y que tiene como fin descubrir el modo de alcanzar lo que se desea. Las premisas del silogismo pr&aacute;ctico indican que cierta acci&oacute;n tiene caracter&iacute;sticas de deseabilidad; la conclusi&oacute;n del silogismo es que esa acci&oacute;n debe efectuarse. Sin embargo, las premisas no conducen inevitablemente ni al deseo ni a la acci&oacute;n. En todo caso, el deseo nos indica una raz&oacute;n por la que esa acci&oacute;n se hizo, o se intent&oacute; hacer. El silogismo pr&aacute;ctico tambi&eacute;n implica verdad: una descripci&oacute;n del fin deseado a partir del cual se realiza la acci&oacute;n ser&aacute; verdadera, nos dice Torralba haciendo una interpretaci&oacute;n muy aristot&eacute;lica, cuando este fin puede describirse como "hacer lo bueno", es decir, si corresponde a los fines de las virtudes y si expresa lo que corresponde a la naturaleza propia de los seres humanos. La segunda parte del libro de Torralba presenta un an&aacute;lisis bastante minucioso de la idea de silogismo pr&aacute;ctico, as&iacute; como de los conceptos de verdad y conocimiento pr&aacute;ctico. Hacia el final nos hace ver la unidad que tienen las teor&iacute;as de la acci&oacute;n, de la racionalidad pr&aacute;ctica y la filosof&iacute;a moral de Anscombe.</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El silogismo pr&aacute;ctico &#91;. . . &#93; permite establecer adecuadamente la relaci&oacute;n entre la teor&iacute;a de la acci&oacute;n, la racionalidad pr&aacute;ctica y la &eacute;tica. Las tres poseen el mismo objeto: la acci&oacute;n humana; y las tres se ordenan &#151;por as&iacute; decirlo&#151; teleol&oacute;gicamente. La teor&iacute;a de la acci&oacute;n depende de la racionalidad pr&aacute;ctica, porque "intencional" significa que la acci&oacute;n es medio para un fin. La racionalidad pr&aacute;ctica &#151;cuya forma aparece en el silogismo&#151; articula los dos sentidos de fin: fin objetivo (el que posee la acci&oacute;n intencional) y fin subjetivo (que Anscombe llama intenci&oacute;n <i>con la que</i>). La filosof&iacute;a moral, por su parte, proporciona los elementos necesarios para determinar la verdad de las acciones intencionales, es decir, la verdad pr&aacute;ctica. La acci&oacute;n es verdadera cuando es medio para el fin &uacute;ltimo: la vida lograda, que consiste en el desarrollo pleno de la naturaleza propia del ser humano. (Torralba, pp. 203&#151;204)</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si con <i>Intention, </i>Miss Anscombe cumple con la primera parte del programa que hab&iacute;a presentado en "La filosof&iacute;a moral moderna", es en este mismo ensayo donde se dan las bases para una concepci&oacute;n diferente del contenido de la moral. En ese ensayo, Anscombe afirma que el concepto de "deber moral" debe abandonarse, porque no sirve para comprender la naturaleza de la moralidad: este concepto descansa sobre una noci&oacute;n incoherente de una "ley moral" sin que haya un legislador. Lo que propone Anscombe es, de nuevo, una vuelta a la filosof&iacute;a aristot&eacute;lica de las virtudes: plantea desplazar el concepto de obligaci&oacute;n o deber moral del lugar central en que lo ha colocado la filosof&iacute;a moral moderna y sustituirlo con el concepto de virtud, con una &eacute;tica basada m&aacute;s en el car&aacute;cter del agente moral (y, a fin de cuentas, en la "naturaleza propia del ser humano") que en criterios legalistas que nos digan qu&eacute; acciones tenemos obligaci&oacute;n de realizar. La moral muy bien puede funcionar sin el concepto de obligaci&oacute;n, es decir, Anscombe parece ser esc&eacute;ptica en cuanto al papel de la obligaci&oacute;n en nuestra vida moral. As&iacute;, nos dice: "los conceptos de obligaci&oacute;n y deber &#151;es decir, obligaci&oacute;n y deber <i>morales</i>&#151; y de lo que es <i>moralmente </i>correcto e incorrecto, y del sentido <i>moral </i>de 'debe', deben ser desechados &#91;...&#93;. Ser&iacute;a un enorme avance si, en lugar de 'moralmente incorrecto', siempre se nombrara un g&eacute;nero como 'mentiroso', 'imp&uacute;dico', 'injusto'" (Anscombe, pp. 95 y 107). Es decir, si sustituy&eacute;ramos el vocabulario de obligaci&oacute;n y deber morales por un vocabulario de virtudes morales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Torralba nos hace ver claramente que uno de los blancos del ataque de Anscombe lo constitu&iacute;a el consecuencialismo, seg&uacute;n el cual tenemos la obligaci&oacute;n de realizar aquellas acciones que tengan las mejores consecuencias. Esta teor&iacute;a hace depender la correcci&oacute;n de una acci&oacute;n de sus consecuencias (t&iacute;picamente en t&eacute;rminos de felicidad o bienestar), y con ello asigna un valor meramente instrumental a actos que, seg&uacute;n Anscombe, tienen un valor absoluto. Esto quedaba claro en el caso de Truman, quien pensaba que las consecuencias de los bombardeos justificaban la muerte de miles de civiles inocentes. Adem&aacute;s, el consecuencialismo descansa sobre la muy controvertida idea de que las intenciones de una persona no son relevantes en la cuesti&oacute;n de si es responsable moralmente &#151;de lo cual resulta una visi&oacute;n muy simplista de la psicolog&iacute;a moral que involucra la acci&oacute;n intencional&#151;. No obstante, Torralba se centra en el ataque contra el consecuencialismo, sin prestar mucha atenci&oacute;n a otras &eacute;ticas tambi&eacute;n basadas en el concepto de obligaci&oacute;n, como el kantismo, para mencionar una de las m&aacute;s relevantes. La posici&oacute;n de Anscombe afecta igualmente al kantismo que al consecuencialismo, en tanto que ambas piensan que la noci&oacute;n de obligaci&oacute;n es central en la moral (en este sentido, ambas son, en rigor, &eacute;ticas deontol&oacute;gicas). Al afirmar que la idea de obligaci&oacute;n moral necesita un modelo legislativo de la moral que s&oacute;lo ten&iacute;a sentido dentro de un marco teol&oacute;gico, Anscombe nos dice que la idea kantiana de autolegislaci&oacute;n es "absurda". De hecho, desde una perspectiva ligeramente diferente, la cr&iacute;tica al kantismo ser&aacute; una labor que desarrollar&aacute;n fil&oacute;sofos en quienes Anscombe ha tenido una fuerte influencia, como Philippa Foot o Bernard Williams. Pero hay una diferencia importante en la posici&oacute;n de la &eacute;tica de la virtud de Anscombe con respecto a cada una de estas dos teor&iacute;as: el consecuencialismo y el kantismo. Veamos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Torralba dedica un cap&iacute;tulo entero a exponer "La filosof&iacute;a moral moderna", as&iacute; como el "cambio de paradigma" que &eacute;ste implic&oacute;. Explora con particular detenimiento el modo en que fil&oacute;sofos como Alasdair MacIntyre y Charles Taylor "caminan por la senda que Anscombe abri&oacute; con ese art&iacute;culo". Probablemente es cierto que no fue sino hasta la aparici&oacute;n de <i>Tras la virtud </i>cuando la &eacute;tica de la virtud lleg&oacute; a ser considerada al mismo nivel que el kantismo o el utilitarismo, y como una contendiente seria al t&iacute;tulo de "la teor&iacute;a moral correcta". Sin duda, la influencia de Anscombe en MacIntyre es significativa, al pugnar por una &eacute;tica de la virtud. Pero, con todas las semejanzas y diferencias que estos dos fil&oacute;sofos puedan tener, me parece que hay una discrepancia central a la que Torralba presta poca atenci&oacute;n. Mientras que la teor&iacute;a de MacIntyre (y la de Taylor en menor medida) tiene implicaciones relativistas y ha sido frecuentemente criticada por ello, Anscombe, como vimos, defiende la idea de que hay principios morales absolutos &#151;cosa que la acercar&iacute;a mucho m&aacute;s a Kant de lo que muchos te&oacute;ricos de la virtud quisieran estar&#151;. No matar gente inocente es uno de esos principios, pero hay otros (la traici&oacute;n, la idolatr&iacute;a, la sodom&iacute;a, el adulterio). Anscombe y su esposo, Peter Geach, fueron los adalides filos&oacute;ficos de la doctrina de que hay principios morales absolutos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se suele criticar a la &eacute;tica de la virtud por ofrecer criterios de moralidad relativos a los distintos contextos hist&oacute;ricos y culturales en que se dan las virtudes. &Eacute;stas son culturalmente relativas y la &eacute;tica de la virtud no ofrece criterios objetivos de moralidad, se nos dice. Nada m&aacute;s alejado del esp&iacute;ritu de Anscombe y de su defensa del absolutismo moral. Por ello creo que mostrar la influencia que tuvo en te&oacute;ricos como MacIntyre y Taylor s&oacute;lo nos muestra parte del impacto que tuvo sobre desarrollos posteriores de la &eacute;tica de la virtud. Por eso, a diferencia de Torralba, yo resaltar&iacute;a m&aacute;s la influencia de Anscombe sobre te&oacute;ricos como Philippa Foot, Rosalind Hursthouse y, especialmente, John McDowell. En McDowell se conjunta el inter&eacute;s por revitalizar una &eacute;tica de las virtudes de corte aristot&eacute;lico con una preocupaci&oacute;n por lo que &eacute;l llama las "exigencias morales" (<i>moral requirements</i>). Estas exigencias funcionan como imperativos categ&oacute;ricos, aunque no en un sentido kantiano o deontol&oacute;gico, es decir, como obligaciones que tenemos independientemente de nuestros deseos, sino en un sentido que se puede reformular en t&eacute;rminos de virtudes, como exigencias que una situaci&oacute;n les impone a agentes sensibles a circunstancias moralmente relevantes, es decir, a agentes virtuosos. El realismo moral que ha defendido McDowell, as&iacute; como su defensa de una idea aristot&eacute;lica de la naturaleza humana, lo acercan mucho m&aacute;s al proyecto filos&oacute;fico de Anscombe de lo que pueden estar MacIntyre o Taylor. Creo que incluso hay elementos en el texto de Torralba que nos mostrar&iacute;an con mucha claridad la similitud entre los proyectos de Anscombe y de McDowell. La lectura tradicional de Anscombe subraya que su proyecto nos propone abandonar completamente los conceptos de deber y obligaci&oacute;n morales, pero, seg&uacute;n Torralba &#151;quien sigue aqu&iacute; la lectura de John Haldane&#151;, esto debe matizarse:</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En realidad, la propuesta de Anscombe consiste en el desarrollo de una teor&iacute;a de la virtud &#151;de corte aristot&eacute;lico&#151;, a la vez que se mantiene el sentido de los absolutos morales &#151;tal y como aparecen en la ley moral&#151;. Lo que Anscombe rechaza es que el t&eacute;rmino "moral" a&ntilde;ada &#151;por s&iacute; mismo&#151; algo a la noci&oacute;n de "lo debido", porque la acci&oacute;n humana posee, ya de entrada, car&aacute;cter moral. La "obligatoriedad" de realizar &#151;o no&#151; una determinada acci&oacute;n no es un a&ntilde;adido a la acci&oacute;n, sino que se descubre en el mismo momento de tomar la decisi&oacute;n de actuar y forma parte del <i>contenido </i>de lo que se hace. La originalidad del planteamiento reside en que recupera el car&aacute;cter normativo de las virtudes, seg&uacute;n el cual la bondad o maldad de una acci&oacute;n procede de su mayor o menor conformidad con los fines de las virtudes. (Torralba, pp. 73&#150;74)</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Creo que hay aqu&iacute; una gran semejanza con las ideas de exigencia moral y de virtud que propone McDowell. Hubiera sido deseable que Torralba explorara m&aacute;s esta vertiente de la &eacute;tica de la virtud, as&iacute; como el car&aacute;cter no relativista de la teor&iacute;a de Anscombe.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay varios puntos en los que hubi&eacute;ramos querido que Torralba ahondara m&aacute;s o que fuera m&aacute;s cr&iacute;tico; por ejemplo, a pesar de se&ntilde;alamientos como los anteriores, no termina de ser clara la posici&oacute;n de Anscombe con respecto a lo que se ha llamado la "&eacute;tica radical de la virtud", es decir, el proyecto de prescindir completamente de los conceptos de "obligaci&oacute;n" y "deber" en la &eacute;tica cotidiana y sustituirlos por el vocabulario de las virtudes. Muchas veces se ha dicho que este proyecto presenta diversos problemas y resulta inviable, entre otras cosas porque una &eacute;tica as&iacute; nos da criterios de evaluaci&oacute;n del car&aacute;cter, pero no de acciones, que es algo que esperar&iacute;amos de cualquier teor&iacute;a &eacute;tica. Pero, sobre todo, se ha dicho, es complicado definir en qu&eacute; consisten las virtudes si no es en disposiciones para acatar reglas morales. En general, es dif&iacute;cil ver a la &eacute;tica de la virtud como una teor&iacute;a completa; muchos han propuesto verla como un complemento a teor&iacute;as deontol&oacute;gicas (como el kantismo, el utilitarismo, etc.).<sup><a href="#notas">2</a></sup> En todo caso, se nos habr&iacute;a antojado encontrar un an&aacute;lisis cr&iacute;tico sobre la viabilidad del proyecto de una &eacute;tica de la virtud como el de Anscombe.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque el libro de Jos&eacute; Mar&iacute;a Torralba es fundamentalmente expositivo de las teor&iacute;as de Elizabeth Anscombe, hay que agradecerle que nos presente de manera unitaria los principales elementos de la teor&iacute;a de la acci&oacute;n y del razonamiento pr&aacute;ctico de esta fil&oacute;sofa, que analice cuidadosamente muchos de sus argumentos centrales, as&iacute; como algunas de sus principales ideas &eacute;ticas. El volumen tambi&eacute;n incluye un muy interesante perfil biogr&aacute;fico y filos&oacute;fico de Anscombe.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, tambi&eacute;n hay que reconocer la labor de Torralba, as&iacute; como la de Jaime Nubiola, que han producido la primera edici&oacute;n en castellano de una compilaci&oacute;n de art&iacute;culos de Miss Anscombe. <i>La filosof&iacute;a anal&iacute;tica y la espiritualidad del hombre </i>recoge algunos art&iacute;culos centrales en la filosof&iacute;a anscombeana, como el ya citado "La filosof&iacute;a moral moderna" o el que le da t&iacute;tulo al libro, y otros que fueron originalmente lecciones impartidas en la Universidad de Navarra y que ya hab&iacute;an sido publicados en castellano, pero que estaban dispersos en diversas publicaciones espa&ntilde;olas. Estos art&iacute;culos versan sobre temas variados como la verdad, la esencia humana, la transustanciaci&oacute;n o el argumento ontol&oacute;gico de san Anselmo. Sin embargo, todav&iacute;a faltan por aparecer en nuestra lengua muchos de los art&iacute;culos m&aacute;s importantes de Anscombe sobre temas como la causalidad y la determinaci&oacute;n, la primera persona, los hechos brutos, la religi&oacute;n, la sem&aacute;ntica, la &eacute;tica y la filosof&iacute;a de Wittgenstein. De cualquier modo, estos dos libros constituyen una aportaci&oacute;n significativa para el conocimiento en nuestro medio de una de las figuras m&aacute;s ilustres de la filosof&iacute;a del siglo XX y que es, para algunos, la m&aacute;s grande fil&oacute;sofa en la historia.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Anscombe, 1981, "Mr. Truman's Degree", <i>Ethics, Religion and Politics.</i> <i>The Collected Philosophical Papers of G.E.M. Anscombe, </i>vol. 3, Basil </font><font face="verdana" size="2">Blackwell, Oxford, pp. 62&#150;71.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2384012&pid=S0011-1503200700010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Baier, Kurt, 1988, "Radical Virtue Ethics", <i>Midwest Studies in Philosophy,</i> vol. 13, pp. 126&#150;135.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2384014&pid=S0011-1503200700010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rachels, James, 2006, <i>Introducci&oacute;n a la filosof&iacute;a moral, </i>trad. Gustavo Ortiz Mill&aacute;n, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2384016&pid=S0011-1503200700010000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>NOTAS</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Acaba de aparecer una segunda traducci&oacute;n de este art&iacute;culo en Mark Platts (comp.), <i>Conceptos &eacute;ticos fundamentales, </i>Instituto de Investigaciones Filos&oacute;ficas&#150;UNAM, M&eacute;xico, 2006.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup><i> Cfr. </i>Rachels 2006, pp. 284&#150;289; as&iacute; como Baier 1988, pp. 126&#150;135.</font></p>      ]]></body><back>
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