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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Un pequeño sacrificio, pero creo que lo valgo: Reflexiones alrededor del culto al cuerpo]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Entrevista y reflexiones</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Un peque&ntilde;o sacrificio, pero creo que lo valgo. Reflexiones alrededor del culto al cuerpo</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>M&oacute;nica Salcido*</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Profesora de la Escuela de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnol&oacute;gico de Monterrey (RZMCM).</i> <a href="mailto:filomedusa@hotmail.com">filomedusa@hotmail.com</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fecha de recepci&oacute;n: 09/12/2009     <br> Fecha de aceptaci&oacute;n: 18/12/2009</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La posmodernidad, seg&uacute;n Lipovetsky, es una "edad del deslizamiento" remontada en un ala delta: las bases s&oacute;lidas se evaporaron, las ideolog&iacute;as perdieron su crispaci&oacute;n, la antigua presi&oacute;n disciplinaria se ha difuminado. M&aacute;s a&uacute;n, el deslizamiento sobre una pluralidad de criterios de referencia hace del contacto con el absoluto un imposible: vivimos una existencia "a la carta" modulada en funci&oacute;n de las motivaciones y gustos individuales. Sin embargo, puesto que el sinsentido y la finitud a&uacute;n se nos presentan como amenazas ps&iacute;quicas y la provisionalidad como una guerra de nervios en el &aacute;mbito de la &eacute;tica, nuevas formas de encontrarse con el absurdo han hecho su aparici&oacute;n para distraernos de los efectos del nihilismo: quiz&aacute; no hemos dinamitado el trono de Dios y s&oacute;lo lo hemos dejado libre para que otros &iacute;dolos demandantes lo ocupen. Es innegable que en el culto posmoderno a la diferencia los modos de vida se han diversificado, haci&eacute;ndonos sentir pilotos de nuestra existencia, responsables de nuestra capacidad para obtener todo lo que la nueva sociedad nos ofrece. No obstante, en el universo hedonista donde reina la afirmaci&oacute;n de la propia singularidad y la estimulaci&oacute;n de las necesidades privadas, el control acontece de forma subterr&aacute;nea y silenciosa y, por ello, m&aacute;s peligrosa, generando nuevas estrategias restrictivas que no son ya impuestas sino inoculadas en nuestra mente con las herramientas de la seducci&oacute;n: la coerci&oacute;n se apropia de nuestra vida sigilosamente, no por la v&iacute;a de la tiran&iacute;a espiritual sino por la de la permanente estimulaci&oacute;n del deseo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cuerpo como centro de gravedad del individuo es objeto privilegiado de la so&ntilde;ada afirmaci&oacute;n de s&iacute; de esta actualidad enga&ntilde;osamente liberal. Lejos del ideal epic&uacute;reo, es el &iacute;dolo protagonista de un nuevo culto masivo, el blanco de ataque de un moralismo socio&#150;liberal, de un cristianismo <i>reloaded </i>que suplanta con el cuerpo joven, sano y bello al esp&iacute;ritu como forma inmortal y garant&iacute;a de nuestra salvaci&oacute;n; el cuerpo es la nueva obsesi&oacute;n, el recept&aacute;culo de nuestras neurosis, la materia que puede ser moldeada como s&iacute;mbolo contra la muerte. Luchar contra la degradaci&oacute;n que forma parte de la vida es el nuevo imperativo categ&oacute;rico, la nueva exigencia del hombre impoluto.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La carne mortificada del cristianismo ha sido redise&ntilde;ada: el cuerpo que lucha contra la grasa sustituye al que se esconde bajo el h&aacute;bito, la liposucci&oacute;n al l&aacute;tigo, las dietas para reducir medidas o aumentar la masa muscular al ayuno, todo ello con miras a hacernos dignos de la absoluci&oacute;n divina del mercado mundial. En el empe&ntilde;o por alcanzar las exigencias de la moda &#151;esa hu&iacute;da hacia un mundo ideal&#151; el cuerpo es concebido como primer reflejo de nuestra personalidad, transform&aacute;ndose exactamente en lo contrario: un b&uacute;nker tras el cual nos parapetamos para ocultar la miseria interna y hacernos dignos de ser valorados y admirados. Querer permanecer j&oacute;venes devela un temor al tiempo que todo lo disgrega y puede conducirnos a un continuo desconocimiento del cuerpo como punto de anclaje inmediato dentro del devenir de nuestra existencia, estigmatizando con ello lo precario de nuestra ontolog&iacute;a. Y es que, en todo caso, la reconciliaci&oacute;n con la materia, con las pulsiones y los instintos depende en gran medida de afirmar la vida que transcurre, que nos hace heterog&eacute;neos en la historia y la precariedad del cuerpo, marcado por los pliegues que los anales emotivos han impreso en nuestro rostro.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Curiosa iron&iacute;a: construyendo nuestro cuerpo hasta el cansancio e integrando el placer como exigencia permanente de la cotidianidad, anestesiamos nuestra capacidad de disfrutar la vida, transformando el goce en una tierra &aacute;rida en la que somos incapaces de reconocernos a nosotros mismos. Nos entregamos con fervor al trabajo y al gimnasio, terrenos donde no caben ni el ocio ni la ausencia de metas, donde el &eacute;xito se calcula en cuentas bancarias y tallas con las que exhibimos la excelsitud de nuestras virtudes, pero &iquest;no es esta b&uacute;squeda fren&eacute;tica de sentido una forma de cubrir el <i>horror vacui ? </i>Si es as&iacute;, el culto a cierta interpretaci&oacute;n de la belleza es una inversi&oacute;n, no una transvaloraci&oacute;n, de los valores plat&oacute;nico&#150;cristianos que niegan el cuerpo y, por ello, la homogeneizaci&oacute;n en est&eacute;ticas pl&aacute;sticas tiene la misma carga asc&eacute;tica del control social sobre las almas. La publicidad y la mercadotecnia, profetas de la verdad monote&iacute;sta de las potencias mundiales nos exigen ser diferentes y brillar a todas luces en un cuerpo decoroso, haci&eacute;ndonos esclavos de la moda y, por tanto, dependientes de la solvencia econ&oacute;mica. Dinero, Belleza, &Eacute;xito: nueva trilog&iacute;a divina, camino al cielo prometedor del consumismo, &eacute;tica represiva que, a trav&eacute;s del bombardeo informativo, nos hace devotos de la religi&oacute;n de la apariencia, donde la vida transcurre como un <i>casting </i>que hipoteca nuestra existencia por un auto del a&ntilde;o, por un <i>look </i>actual y casi "heroico". Pero &iquest;y el pensamiento? &iquest;Y la "gran raz&oacute;n del cuerpo"? Una vez m&aacute;s, la desconexi&oacute;n entre una constituci&oacute;n notable y la finura de los instintos desemboca en una vida de reba&ntilde;o.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si a lo largo de la historia de Occidente, esencialmente cristiana, el cuerpo ha sido un lugar de subversi&oacute;n, actualmente corre el peligro de pasara formar parte de los estupefacientes colectivos que adormecen la conciencia de s&iacute; y la activaci&oacute;n de la voluntad. Otra iron&iacute;a: el ideal del cuerpo perfectamente "activo" puede convertirnos en seres sedentarios. El amor propio en la afirmaci&oacute;n y cuidado de la corporalidad va m&aacute;s all&aacute; del b&oacute;tox y el col&aacute;geno: implica ser permisivos con nuestros caprichos y extravagancias as&iacute; como utilizar las armas del entendimiento para distinguir entre las exigencias de la maquinaria econ&oacute;mica y las de nuestras pulsiones y anhelos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; pues, nuestro hedonismo moderno poco tiene que ver con la configuraci&oacute;n est&eacute;tica de la propia vida y si con la sumisi&oacute;n y la ofuscaci&oacute;n de nuestra inteligencia. Vivimos angustiados por las exigencias de nuestra &eacute;poca y lo que est&aacute; en juego no son s&oacute;lo unos kilos o unas arrugas de m&aacute;s o de menos, sino la capacidad de discernir entre qu&eacute; es lo queremos de la vida y que es lo que nos han dicho que debemos querer. Finalmente, la vida siempre est&aacute; ah&iacute; para desarmar los sue&ntilde;os metaf&iacute;sicos del ideal de Belleza. El cuerpo es destino: pese a su anhelo de perfecci&oacute;n, las almas domesticadas que desfilan por la pasarela de la moral burguesa siempre se topar&aacute;n con los desv&iacute;os propios de la finitud.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      ]]></body>
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