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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Mario Humberto Ruz (coord.), <i>Paisajes de r&iacute;o, r&iacute;os de paisaje. Navegaciones por el Usumacinta</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ana Bella P&eacute;rez Castro</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, UNAM, CEPHCIS e IIFL y Consejo de Ciencia y Tecnolog&iacute;a del Estado de Tabasco (CCYTET), 2010. 614 pp. ISBN 978&#45;607&#45;02&#45;1802&#45;6</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>UNAM, IIA</i>.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Memorias del cambio que manan por el Usumacinta</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tabasco es uno de los estados m&aacute;s ricos en recursos h&iacute;dricos de M&eacute;xico, pues recorren su territorio los r&iacute;os Grijalva, Usumacinta, Carrizal, Mezcalapa y varios m&aacute;s. Ocupa el segundo lugar nacional en la producci&oacute;n de pl&aacute;tano, con una superficie de 10 636 ha, cuyo valor de producci&oacute;n super&oacute; en 2010 los $957 millones de pesos. As&iacute; tambi&eacute;n, de acuerdo a datos de la Secretar&iacute;a de Recursos Naturales y protecci&oacute;n ambiental del estado, es el n&uacute;cleo de las operaciones de extracci&oacute;n y transportaci&oacute;n de petr&oacute;leo y gas natural de la Regi&oacute;n Sureste, aportando diariamente el 21.3% de la producci&oacute;n nacional de gas natural y el 13.7% de petr&oacute;leo crudo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pese a la gran riqueza de recursos existentes en las tierras tabasque&ntilde;as, el estado es considerado de pobreza extrema alta. Las penurias que se padecen contrastan con las riquezas que se generan y la abundancia del recurso h&iacute;drico provoca desastres ambientales<sup><a href="#nota">1</a></sup> que aumentan la pobreza de los diversos poblados que se asientan en las m&aacute;rgenes ribere&ntilde;as.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con tal pre&aacute;mbulo doy inicio a la rese&ntilde;a del libro <i>Paisajes de r&iacute;o, r&iacute;os de paisaje. Navegaciones por el Usumacinta,</i> coordinado por Mario Humberto Ruz. Una obra que nos lleva navegando por ese gran r&iacute;o, nos adentra en aguas que han sido testigo, a lo largo de casi seis siglos, de encuentros y desencuentros culturales, y nos aproxima a la historia ambiental de sierras, planicies, selvas, manglares, sabanas y pantanos. Sus 612 p&aacute;ginas incluyen una excelente introducci&oacute;n y ocho cap&iacute;tulos en los que destacan los grandes cambios acontecidos en un espacio que fue considerado "verdaderamente deleitable" hace apenas unos cientos de a&ntilde;os atr&aacute;s; transformaciones del medio natural y animal, de su econom&iacute;a, de formas de vida y maneras de pensar de los pueblos que viven entre el r&iacute;o, la laguna y el pantano. Descubrir la raz&oacute;n del porqu&eacute; Tabasco ha llegado a ser considerado un estado tan pobre es factible, gracias a la meticulosidad con la que los autores obtuvieron y plasmaron el dato hist&oacute;rico y cient&iacute;fico, la habilidad para trabajar la estad&iacute;stica y el conocimiento especializado sobre la diversidad vegetal y animal que pulula en los paisajes. Buenos mapas y excelentes fotograf&iacute;as son otros m&aacute;s de los recursos que sus autores nos ofrecen para tener una idea visual de lo que el texto asienta. Destaca, asimismo, la habilidad con la que supieron registrar esas voces de tierra y agua que, en el fluir de la vida cotidiana, rememoran &eacute;pocas buenas y malas de tiempos pasados y escupen, con dejos de rabia mezclada con el conformismo, los graves da&ntilde;os ocasionados a su &aacute;mbito natural, el fracaso de los planes tur&iacute;sticos y los males sociales que se viven en la frontera con Guatemala.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Paisajes de r&iacute;o que otrora fueron asiento de selvas altas, medianas y bajas, de encinares tropicales, sabanas, manglares y tulares despertando la admiraci&oacute;n, de acuerdo con lo anotado por Mario Humberto Ruz en su cap&iacute;tulo "Un lugar verdaderamente deleitable. El pasado virreinal", de aquellos primeros expedicionarios europeos que el siglo XVI, como Juan D&iacute;az, no dudaron en apuntar que esa tierra "... parece ser... la mejor que el sol alumbra"; "un traslado del cielo", de acuerdo con fray Tom&aacute;s de la Torre; un lugar en el que tanta belleza, a decir de Xim&eacute;nez, "... es para alabar a Dios". Paisajes de r&iacute;o que todav&iacute;a para el siglo XIX despertaron la admiraci&oacute;n del naturalista franc&eacute;s Arthur Morelet plasmando su primer encuentro con las riberas del Usumacinta:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde los primeros pasos cre&iacute; que me hallaba en un mundo encantado: era aquello una profusi&oacute;n de palmeras, de vegetales extra&ntilde;os y monstruosos. De lianas que se retorc&iacute;an en un desorden inexplicable, de ramas seculares cargadas de plantas bulbosas, como otros tantos jardines a&eacute;reos; en una palabra, un esplendor, una riqueza, una diversidad capaz de confundir la imaginaci&oacute;n m&aacute;s exagerada... Al respecto de aquella escena extraordinaria que parec&iacute;a pertenecer a la primera edad del mundo, me detuve confundido, deslumbrado, como el que, en una noche obscura, ve brillar de repente un meteoro (Morelet, 1990: 72, <i>apud</i> Ruz, p. 93).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Paisajes de r&iacute;o en los que ahora casi ha desparecido la selva alta y la baja se encuentra profundamente alterada por el m&eacute;todo de cultivo de roza, tumba y quema que emplean los campesinos, la poblaci&oacute;n mayoritaria del estado. Las sabanas han aumentado por la ampliaci&oacute;n de las &aacute;reas de pastura y la explotaci&oacute;n petrolera, que tanta riqueza genera y tan poco le retribuye a Tabasco, ha provocado que los derrames y deshechos arrojados en las aguas azul&#45;verde del Usumacinta amenacen en convertir a esta a&ntilde;eja culebra de vida en corriente muerte, como le sucedi&oacute; a su vecino, el r&iacute;o Coatzacoalcos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoy en d&iacute;a, si bien Tabasco todav&iacute;a nos deja ver mucho de aquella belleza "para alabar a Dios", tambi&eacute;n es cierto que en este traslado del cielo, parafraseando a L&oacute;pez Velarde, el Diablo se empe&ntilde;&oacute; en regalarle el petr&oacute;leo, buscando tal vez con ello ser tambi&eacute;n enaltecido.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ocho trabajos integran el texto, aunque los firmantes de los mismos, como alude Mario Ruz, no son siempre los principales autores. Tal es el caso de los ensayos que dan cuenta de la tradici&oacute;n oral y en los cuales estoy convencida, aunque se diga lo contrario, que se rescat&oacute; la "sabrosura" de las pl&aacute;ticas sostenidas con los tabasque&ntilde;os. Cr&eacute;dito tambi&eacute;n, bien merecido, lo tiene el Usumacinta, que supo entusiasmar a este equipo de cient&iacute;ficos sociales y bi&oacute;logos para hacer esta investigaci&oacute;n y permitirnos conocer todo lo que fueron y siguen siendo estos paisajes de r&iacute;o.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los temas tratados son diversos como lo es el proceso complejo de interacci&oacute;n que pareciera conformar otro de los ejes que gu&iacute;a la obra. La historia detallada de la ocupaci&oacute;n poblacional de Tabasco prehisp&aacute;nico da paso para entender el per&iacute;odo virreinal caracterizado por el mestizaje socio&#45;cultural. Una y otra etapa no ser&iacute;a posible entenderla sin considerar asimismo la historia ambiental que con detalle plasma Miguel &Aacute;ngel Pinkus Rend&oacute;n. Que si a tierras americanas llegaron hombres con cultura diferente para conquistar, no es menos cierto que los recursos que con ellos vinieron tambi&eacute;n conquistaron el medio natural.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Culturas y naturalezas conforman binomios cuya relaci&oacute;n s&oacute;lo es posible entender, como los autores nos muestran, en su devenir hist&oacute;rico. Si el desarrollo cultural, de acuerdo con Ruz, ha de vincularse primeramente a algunos grupos de la familia cholana<sup><a href="#nota">2</a></sup> y a los que se agregaron en &eacute;pocas posteriores, como fue el caso de otras etnias mayas, su asentamiento en tales tierras no es comprensible si dejamos de lado la riqueza que en ellas hab&iacute;a de recursos naturales, destacando la importancia del cacao.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La fisonom&iacute;a de la regi&oacute;n, sin embargo, cambi&oacute; dr&aacute;sticamente despu&eacute;s de la llegada de los conquistadores. Con ellos, se dio el exterminio de los chol&#45;lacandones y su af&aacute;n de riqueza atrajo la presencia de los piratas ingleses y franceses. As&iacute;, todo lleva a suponer que "... al despuntar el siglo XVIII el rostro &eacute;tnico de la cuenca, en particular en las riberas del gran r&iacute;o, era radicalmente distinto al que ostentaba al llegar los hispanos". La diferencia se fue acentuando en el siglo XIX, con la llegada de tzeltales, tzotziles, tojolabales y de mestizos enganchados por compa&ntilde;&iacute;as nacionales y extranjeras para llevar a cabo la intensa explotaci&oacute;n de maderas preciosas y el palo de tinte.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo pasa y nada queda y de las maderas preciosas poca cosa qued&oacute;. Permaneci&oacute;, sin embargo, el inter&eacute;s por expandir la producci&oacute;n ganadera y afanes gubernamentales por atraer poblaci&oacute;n de otros estados, provocando lo que fue conocido como la marcha al mar. Para liberar la presi&oacute;n sobre la tierra que hab&iacute;a en los estados del centro de la Rep&uacute;blica, el Gobierno Federal, all&aacute; en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os cuarenta del siglo pasado, decidi&oacute; iniciar una campa&ntilde;a de dotaci&oacute;n de tierras en el sureste. De Michoac&aacute;n, Guanajuato, Veracruz e incluso de otros municipios del estado de Tabasco llegaron campesinos que sab&iacute;an sembrar, pero poco conocimiento ten&iacute;an de la forma de explotar la riqueza de selvas, r&iacute;os y pantanos. Su presencia cambi&oacute; la fisonom&iacute;a &eacute;tnica, pero tambi&eacute;n, su acci&oacute;n fue m&aacute;s all&aacute; porque trajeron sus propias pr&aacute;cticas, como fueron, entre otras cosas, bombas para ultimar peces y motosierras para abatir &aacute;rboles. La expansi&oacute;n de milpas y las quemas intencionales modificaron las selvas. Por su parte, el ganado vacuno fue apisonando la tierra e impidiendo el crecimiento de muchas plantas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La l&oacute;gica de la explotaci&oacute;n fue cambiando, como tambi&eacute;n se transform&oacute; la diversidad de los habitats con la introducci&oacute;n de los monocultivos de pl&aacute;tano y ca&ntilde;a de az&uacute;car. La explotaci&oacute;n petrolera, por su parte, ha contribuido a tal metamorfosis contaminando la cuenca del Usumacinta. Sus aguas azul verde parecieran te&ntilde;irse con el negro del petr&oacute;leo. Los colores y las texturas del paisaje de r&iacute;os se transforman, como tambi&eacute;n se remplazan los sonidos de una diversidad de animales cuyo h&aacute;bitat eran la selva y los pantanos para dar paso a gru&ntilde;idos, cacareos, ladridos y mugidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las iglesias y sectas procedentes de Guatemala o los Estados Unidos tambi&eacute;n han contribuido a desdibujar el rostro de la regi&oacute;n, aunque a decir de Mario Humberto Ruz, &eacute;sta sigue siendo "vertebrada por un mismo r&iacute;o y culturalmente marcada por su reiterada filiaci&oacute;n mayanse, a&uacute;n observable" (p. 19).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Unidad y pluralidad regional, conjunci&oacute;n de factores geogr&aacute;ficos, econ&oacute;micos, demogr&aacute;ficos, pol&iacute;ticos, culturales y religiosos conforman la base actual de la conformaci&oacute;n plural de la Cuenca del Usumacinta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es en esta diversidad, entre el r&iacute;o, la laguna y el pantano donde mana la vida cotidiana. Un fluir que podemos conocer gracias a la buena pluma del coordinador del proyecto y a la riqueza de informaci&oacute;n obtenida en el campo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, tomando en forma arbitraria algunos p&aacute;rrafos de Ruz, y privilegiando algunos aspectos, dar&eacute; cuenta de ese pasar de la vida en la que se ensartan recuerdos, imaginaciones, creencias, tradiciones y hechos del diario acontecer. De esta suerte, Canitz&aacute;n, desprovisto de comunicaci&oacute;n terrestre hacia Tenosique, mira al r&iacute;o. Sus vecinos lo atraviesan una y otra vez usando para ello una lanchita. Desde lo profundo de la laguna que lleva su nombre, brota y se despliega el imaginario que se empe&ntilde;a en ver en el fondo de sus aguas "la metaleada" que dejaron los espa&ntilde;oles cuando mataron a Cuaht&eacute;moc. Imaginario que compite con el de los campechanos de Candelaria, empecinados en alzarse con el dudoso honor de haber sido el &uacute;ltimo sitio que contemplaron los ojos del <i>tlatoani</i> antes de que arteramente Hernando Cort&eacute;s deshiciera deshacerse de &eacute;l (p. 288).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Poblados donde la historia juega con la memoria, o la memoria lo hace con la historia llevando a que sus habitantes, con imperioso af&aacute;n, defiendan estar asentados en lugares de antiguos se&ntilde;or&iacute;os, como fue el caso de Itzamkanac.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si algo caracteriza este texto es el dar cuenta tambi&eacute;n de lo que se pierde y lo que fluye. As&iacute;, mana la vida en el poblado de La Isla, que debe su fama tanto a la explotaci&oacute;n del achiote, como a la existencia de sus piedras redondas que son de esta forma a fuerza de ser arrastradas, golpearse y rodar por el lecho del Usumacinta. Piedras que hoy se constituyen como atractivo producto de mercadeo, atrayendo a los compradores de Puebla, Canc&uacute;n, Quer&eacute;taro y Cuernavaca.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno y otro poblado son descritos, de algunos se destacan sus tradiciones, caracter&iacute;sticas de la poblaci&oacute;n, los recursos con los que cuentan; en otros, Ruz se explaya dando cuenta de los cambios en el arte de pescar, en la multietnicidad, en los cambios de vegetaci&oacute;n, la migraci&oacute;n, en la pobreza y en los intentos fallidos por introducir nuevas producciones, como la de palma de aceite y por convertir estos lugares en atractivos tur&iacute;sticos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor describe paso a paso un mundo que cambia, de recursos que se pierden, como el mico de noche o miquito, que por desgracia, apuntan los entrevistados, a alguien se le ocurri&oacute; afamar como afrodis&iacute;aco, lo que ha llevado casi a su extinci&oacute;n, v&iacute;ctima de cazadores empe&ntilde;ados en despojar a los machos de sus genitales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante lo vertiginoso de los cambios, sorprende el af&aacute;n de perdurar de los <i>aluxes,</i> esos duendes chiquitos tocados con un gran sombrero, que aferrados a vivir entre selvas y montes no descansan en su &aacute;nimo por seguir la diversi&oacute;n nocturna montando caballos, trenzando sus colas y hasta en robarse a los ni&ntilde;os para llevarlos a sus cuevas. Tambi&eacute;n se empe&ntilde;an en existir, seres tan extra&ntilde;os como "El jirafudo" y la "Luz del guiral". Unos y otros habitan en el monte y reproducen sus propios lenguajes. Como los reproducen tambi&eacute;n los que danzan el poch&oacute; para la celebraci&oacute;n de su famoso carnaval.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No pod&iacute;an faltar en este fluir de la vida cotidiana, las referencias a los que viven del comercio. Y un listado de productos y herramientas desfilan ante los ojos del lector. Mercader&iacute;as pensadas en un pasado para aviar a los capataces y trabajadores de las monter&iacute;as. Dejemos volar un poco la imaginaci&oacute;n y pensemos en esas tiendas donde se acomodaban los fideos, tallarines, latas de sardinas, sag&uacute;, cabezas de ajo, pimienta de la tierra, or&eacute;gano, comino, clavo, romero, alhucema, eneldo, canela en rama, botellas de miel de abeja, tamarindo, manzanilla, galletas de crema, el cr&eacute;mor t&aacute;rtaro, latas de ch&iacute;charos molidos, tablillas de chocolate, latas de cacao, batidores de madera de guayac&aacute;n para preparar las bebidas, vinagres... No es dif&iacute;cil imaginar esos escaparates y mostradores de las tiendas de Frontera desplegando un mundo de sabores, colores y esencias. Productos que dif&iacute;cilmente un habitante de esos pantanales podr&iacute;a adquirir. M&aacute;s lejos del bolsillo del paisano, incluso de su vista, estaban los pa&ntilde;uelitos de almid&oacute;n, las pantuflas, las bandas de lana realzadas, las toallas afelpadas, las medias para las se&ntilde;oras, las garrafas y botellas de vino, los garrafones de habanero, las cervezas. Cercanos a su bolsillo quedaban el aguardiente de ca&ntilde;a y los cigarros corrientes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mario Ruz borda fino y narra con gracia tabasque&ntilde;a la vida cotidiana de los pueblos de los pantanos, a m&aacute;s de ofrecer comentarios cr&iacute;ticos acerca de la p&eacute;rdida de recursos naturales, de la contaminaci&oacute;n provocada por los gigantescos vol&uacute;menes de jab&oacute;n y plaguicidas, por la proliferaci&oacute;n de aguas negras y basuras de todo tipo que desde Guatemala a Tabasco se vierten sobre las cuencas del Grijalva, el San Pedro y el Usumacinta; inmundicias que vienen a concentrase precisamente en estos pantanos. Problemas ecol&oacute;gicos, econ&oacute;micos y sociales cuya soluci&oacute;n se agrava por la incapacidad del trabajo coordinado entre los diversos niveles del gobierno y la sociedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, Flora L. I. Salazar, en otro extenso trabajo, describe los pueblos del r&iacute;o, perfiles urbanos de una unidad territorial. Lo hace recurriendo a la historia, consultando fuentes, oponiendo sus datos con los de otros investigadores de la historia tabasque&ntilde;a. Realiza un recorrido en el tiempo, traza la pol&iacute;tica que lleva a dibujar los cambios en las conformaciones territoriales. Disputas por el poder, el asentamiento y la primac&iacute;a de determinadas ciudades, las pol&iacute;ticas de colonizaci&oacute;n, la explotaci&oacute;n maderera, la del chicle y del hule. Desfilan personajes pol&iacute;ticos y finaliza con la preponderancia de San Juan Bautista como capital del Estado. En 82 p&aacute;ginas, Salazar sintetiz&oacute; en forma por dem&aacute;s documentada, m&aacute;s de 300 a&ntilde;os en los que se fue delineando el perfil urbano de Tabasco.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mauricio Hern&aacute;ndez S&aacute;nchez colabora con un interesante texto sobre los hongos y los cambios en la vegetaci&oacute;n en Centla y Tenosique desde la perspectiva de sus habitantes; destaca el empobrecimiento de la naturaleza, la reducci&oacute;n de la vegetaci&oacute;n y la fauna causada por la expansi&oacute;n de la agricultura, la ganader&iacute;a y el petr&oacute;leo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Perla Petrich se explaya en forma por dem&aacute;s amena, y sobre todo armada con buena teor&iacute;a, en dar cuenta de las voces de tierra y agua. Para ello recurre a la palabra y la memoria, de los relatos de vida que arrojan experiencias concretas, de informaciones sobre su realidad, de apreciaciones subjetivas y de im&aacute;genes llenas de significados personales y culturales surgidas de la relaci&oacute;n que estos habitantes han establecido con su medio (p. 431). Nos lleva por las representaciones de una "realidad emp&iacute;rica" y nos desliza por un mundo fascinante donde hombres y seres malignos y misteriosos habitan en paisajes de r&iacute;os, pantanos, manglares, selvas y lagunas. Tambi&eacute;n en este texto, el cambio es parte crucial en los testimonios, de la bonanza del pasado, la migraci&oacute;n como realidad del presente no s&oacute;lo de hombres, sino tambi&eacute;n de seres como los duendes que, ante la transformaci&oacute;n de su medio, se fueron buscando mejor sombra. Pobreza, fragmentaci&oacute;n social, formas de concebir la ciudad y los cambios productivos, son otros de los temas que surgen en los relatos que compil&oacute; Petrich. Relatos en los se puede ver dejos de denuncia, pero tambi&eacute;n de nostalgia por un pasado. Uno y otro relato, cada memoria y la suma de las memorias dan pie para que la autora finalice se&ntilde;alando que no existe una identidad, sino una pluralidad identitaria, que no hay una sola manera de evocar el pasado, sino una multiplicidad de memorias.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Manuel Jes&uacute;s Pinkus Rend&oacute;n presenta un texto sobre los pueblos mayas y mestizos de Boca del Cerro, Tenosique y sus alternativas tur&iacute;sticas. En &eacute;ste aborda la contradicci&oacute;n que se dio al buscar un proyecto sustentable que apoyara la econom&iacute;a de estos pobladores frente a un modelo de desarrollo basado en optimizar las ganancias. Pesadillas y sue&ntilde;os caminaron de la mano de los pobladores de los pueblos ribere&ntilde;os, ilusiones por lograr un desarrollo sustentable explotando las posibilidades tur&iacute;sticas de la regi&oacute;n se&ntilde;oreada por el Usumacinta; sue&ntilde;os que se transforman en pesadillas al toparse con fraudes y enga&ntilde;os de funcionarios gubernamentales. El fracaso y desencanto envuelven la historia, lo que me hace preguntarme y tambi&eacute;n preguntar &iquest;Hasta cu&aacute;ndo el turismo seguir&aacute; marcando el af&aacute;n de buscar ser sustentables cuando la naturaleza es vista con fines de lucro?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El &uacute;ltimo texto del libro, el Tabasco fronterizo, escrito por Jorge Ram&oacute;n Gonz&aacute;lez Ponciano, trata algunas de las realidades m&aacute;s crudas que se viven en el estado: la presencia del contrabando y el narcotr&aacute;fico y con ellos toda la historia de violencia que desatan, pero no por ello m&aacute;s terrible que lo que en los anteriores cap&iacute;tulos se ha tratado: la brutalidad con que se ha arrasando con un medio y sus recursos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En fin, <i>Paisajes de r&iacute;o, r&iacute;os de paisaje...</i> es un libro cuyas contribuciones nos muestran, entre la buena pluma y el saber especializado, la realidad de los pueblos que viven entre r&iacute;os, selvas y pantanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Termino con un p&aacute;rrafo de Ruz que, a mi parecer, resume el sentir del grupo de investigadores que escribieron <i>Los paisajes de r&iacute;o, r&iacute;os de paisaje. Navegaciones por el Usumacinta:</i></font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">D&iacute;a tras d&iacute;a, ma&ntilde;ana y noche, la oficina de control fitosanitario que hay entre Tabasco y Campeche, a orillitas de la reserva, vigila que no se introduzcan palmas ("por aquello de la baba"), ni c&iacute;tricos, "para no desperdigar" la tristeza (plaga provocada por el pulg&oacute;n verde), pero basta recorrer el imponente Usumacinta, con sus riberas deforestadas y sus aguas contaminadas, para darse cuenta de que hay tristezas m&aacute;s graves e inmisericordemente desperdigadas (p. 368).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> En 2007 el estado vivi&oacute; uno de los mayores desastres, no s&oacute;lo por el n&uacute;mero de damnificados, sino por las p&eacute;rdidas materiales y los recursos necesarios para levantar nuevamente a la regi&oacute;n. Las lluvias torrenciales superaron la capacidad de las cuencas de estos r&iacute;os, e incluso la de la presa Pe&ntilde;itas que lleg&oacute; a su m&aacute;xima capacidad el 29 de octubre, haciendo necesario abrir las compuertas y desfogar 2 millones de litros por segundo, origin&aacute;ndose finalmente la tragedia de la inundaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Conformada por chontales, chol&#45;lacandones, ch'oles, topiltepeques, pochutlas, cholt&iacute;s del Manch&eacute; y chort&iacute;s.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body>
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