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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Samuel Octavio Ojeda Gast&eacute;lum y Mat&iacute;as Hiram Lazcano Armienta (coordinadores) (2011), <i>Historias de la Revoluci&oacute;n en Sinaloa</i></b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ignacio Almada Bay*</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Culiac&aacute;n, Universidad Aut&oacute;noma de Sinaloa, 272 pp.</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Profesor&#45;investigador del Centro de Estudios Hist&oacute;ricos de Regi&oacute;n y Frontera de El Colegio de Sonora.</i> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:ialmada@colson.edu.mx">ialmada@colson.edu.mx</a>.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este libro, formado por ocho cap&iacute;tulos, una nota preliminar, una introducci&oacute;n, un listado de siglas y un apartado de fuentes, es una contribuci&oacute;n al estudio de la Revoluci&oacute;n mexicana en el estado de Sinaloa, que hay que celebrar. En primer lugar por el cuidado de la edici&oacute;n, su factura editorial es excelente; tiene una cubierta apropiada, las fotos que ilustran la primera y cuarta de forros son extraordinarias, porque tambi&eacute;n rescatan un acontecimiento hist&oacute;rico: la fiesta de las fuerzas rebeldes, conocidas como "zapatistas", al Gobierno del presidente Madero, en Culiac&aacute;n el 12 de abril de 1912.Y la selecci&oacute;n de 16 fotos que documentan la trayectoria contingente, en zigzag, de la Revoluci&oacute;n, sin un gran titiritero que la guiara, sin una biblia que le diera marco.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En segundo lugar por las fuentes primarias y secundarias empleadas: la combinaci&oacute;n de archivos locales, regionales y nacionales es uno de los aportes del libro; la hemerograf&iacute;a constituye un rescate de fuentes locales que, mezclado con publicaciones peri&oacute;dicas nacionales y del exilio mexicano en Estados Unidos, expresa la calidad del trabajo de exploraci&oacute;n de ellas. Las fuentes secundarias son heterog&eacute;neas en cuanto a la corriente de interpretaci&oacute;n, abundan los revisionistas, y Alan Knight queda como el faro del neopopulismo, apuntalado por Michel Vovelle y Charles Tilly. Hay una rica mezcla de autores regionales, nacionales y extranjeros, pero se advierte que a los &uacute;ltimos no se les lee en su lengua original, y hay que esperar su traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El contenido de la obra es diverso en su objeto de estudio, al principio despliega un balance historiogr&aacute;fico del tema, y a continuaci&oacute;n siete estudios especializados o de caso. "El fracaso de la paz: pronunciamientos antimaderistas en Sinaloa", de Diana Mar&iacute;a Perea Romo, es uno de los m&aacute;s sobresalientes porque embona con un debate en curso acerca del car&aacute;cter de la revoluci&oacute;n maderista, del gobierno presidido por Francisco I. Madero y de las fuerzas opositoras a &eacute;ste. La autora comparte el enfoque de Alan Knight, quien subraya que los Tratados de Paz de Ciudad Ju&aacute;rez trajeron muchas cosas al pa&iacute;s, excepto la paz: inici&oacute; la revoluci&oacute;n de las mil cabezas o de una infinidad de partidas y sus cabecillas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Perea Romo, de manera sistem&aacute;tica, despliega las evidencias que reuni&oacute; en diversidad de fuentes, para tornar compleja la interpretaci&oacute;n del tema objeto de estudio, "problematizarlo", y sostener que el antimaderismo armado cundi&oacute; por el pa&iacute;s, y en Sinaloa form&oacute; una gama intrincada y m&uacute;ltiple, como los todav&iacute;a evanescentes, inatrapables e inclasificables "zapatistas" de Sinaloa, genuinos fantasmas hist&oacute;ricos que siguen de parranda por las calles de Culiac&aacute;n haci&eacute;ndose justicia por su propia mano en sus lares. Hay otras franjas del antimaderismo rebelde que dejaron m&aacute;s huellas escritas y retazos documentales como aqu&eacute;llas que se autoproclamaron orozquistas o vazquistas, o como los rebeldes de Ca&ntilde;edo (p. 80), que estaban a favor del Plan de San Luis y en contra del r&eacute;gimen de Madero. Lo importante en esta coyuntura es la fluidez del cambio de marbete pol&iacute;tico, la movilizaci&oacute;n espont&aacute;nea, el cobro de agravios y el desorden que se plasman en m&uacute;ltiples focos de rebeli&oacute;n campesina, rural o serrana. Como recogi&oacute; la prensa la toma de Topia, Durango: "Eran cerca de 600 los que entraron a esta y casi todos maderistas de ayer, zapatistas de hoy y vazquistas al firmar los recibos" (p. 77).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La autora logr&oacute; el planteamiento del problema, lo dej&oacute; sin zanjar. Otras aproximaciones sucesivas y provisionales &#45;como &eacute;sta&#45;, suyas o de colegas, ir&aacute;n identificando a los actores y precisando las motivaciones de su insurgencia durante el Gobierno de Madero en Sinaloa. La ramificaci&oacute;n geogr&aacute;fica de estos movimientos o focos de revuelta contra dicho gobierno en el norte (Chihuahua, Durango, La Laguna y Sinaloa) sugiere un patr&oacute;n de rebeli&oacute;n o una gama que merecen estudios especializados, que al parecer escapa al par conceptual agrario versus serrano, propuesto por Alan Knight, y se aproxima a los rubros de <i>Jacquerie</i> y de protesta agraria del mismo autor (Knight 1990, 218&#45;227 y 333&#45;351 respectivamente).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;C&oacute;mo integrar al an&aacute;lisis de la revoluci&oacute;n a los hacendados, que participaron en la revoluci&oacute;n maderista, como los hermanos Madero, Jos&eacute; Mar&iacute;a Maytorena y Felipe Riveros? Si la historia es el estudio del pasado desde el presente, la omisi&oacute;n, apat&iacute;a o caricaturizaci&oacute;n de los ricos, que optaron por el maderismo y el convencionismo, debe tener que ver m&aacute;s con nuestro presente que con los monismos ideol&oacute;gicos, que han campeado en las interpretaciones de la Revoluci&oacute;n mexicana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Felipe Riveros es quiz&aacute; de los menos estigmatizados. La divisi&oacute;n de las elites se mantuvo a lo largo de un cuarto de siglo, de 1910 a 1936; el campo de la lucha armada y del exilio as&iacute; lo evidencian. Las ramas divididas de clanes de clases acomodadas poblaron estos dos campos. El asedio a las autonom&iacute;as locales y nuevos desequilibrios regionales produjeron ramas opuestas de un mismo tronco familiar en la pol&iacute;tica y en los negocios, donde la distribuci&oacute;n del favor oficial polarizaba tanto la conformidad como la inconformidad (Guerra 1998, 283&#45;285 y 297&#45;301).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo de Sa&uacute;l Armando Alarc&oacute;n Am&eacute;zquita, "Felipe Riveros: un hacendado sinaloense en la Revoluci&oacute;n", ofrece un bosquejo biogr&aacute;fico logrado de este gobernador que fue maderista y convencionista. Y que sigue una trayectoria paradigm&aacute;tica de "la querella de las &eacute;lites", como llamara Fran&ccedil;ois&#45;Xavier Guerra (1988) a la divisi&oacute;n de las elites porfiristas, en la campa&ntilde;a de Jos&eacute; Ferrel contra Diego Redo en 1909 &#45;un deslinde anticipatorio de los sucesivos entre las clases medias y altas de la sociedad en Sinaloa&#45;, hasta las grandes encrucijadas entre el huertismo y el antihuertismo de 1913 a 1914, y entre el carrancismo y el convencionismo&#45;villismo de 1914 a 1920.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Opositor al porfiriato tard&iacute;o, al huertismo y al carrancismo, Felipe Riveros traz&oacute; una ruta biogr&aacute;fica y pol&iacute;tica seguida por decenas de profesionistas, intelectuales y empresarios que fueron maderistas de la primera hora y convencionistas&#45;villistas posteriormente, como Maytorena, Roque Gonz&aacute;lez Garza, Miguel D&iacute;az Lombardo, Ra&uacute;l Madero y Francisco Escudero, y que configuran una tradici&oacute;n c&iacute;vico&#45;liberal. La p&eacute;rdida que signific&oacute; para M&eacute;xico carecer de "los beneficios de su pensamiento y de su ejemplo", por neg&aacute;rseles su participaci&oacute;n en los asuntos p&uacute;blicos luego de 1915, s&oacute;lo fue lamentada por Charles C. Cumberland, quien la considera "la tragedia real de la guerra entre los convencionistas y los constitucionalistas" (1993, 196 y 197). Lo mismo puede decirse de Riveros, entre otros, respecto a la pol&iacute;tica sinaloense.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los pesquisidores de la ortodoxia, que han fraguado las historias de bronce de todo signo sobre la Revoluci&oacute;n, desfiguran el episodio de Riveros para ganar tiempo al reconocer el Gobierno de Huerta &#45;como restriegan a Carranza unos telegramas con el mismo fin&#45;, y nulifican a Maytorena por pedir licencia al cargo de gobernador, sin considerar los efectos o consecuencias de manera global y la reparaci&oacute;n posterior que ellos hicieron al enmendar su tropiezo cometido en una situaci&oacute;n l&iacute;mite.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La trayectoria biogr&aacute;fica de Riveros sirve para recuperar a los gobiernos estatales emanados de la Convenci&oacute;n de Aguascalientes. El texto de Alarc&oacute;n Am&eacute;zquita incluye documentos contempor&aacute;neos a los hechos (p. 109), y otras evidencias que dan la raz&oacute;n a Cumberland al lamentar la doble tragedia que signific&oacute; el fracaso de la Convenci&oacute;n de Aguascalientes: la p&eacute;rdida de vidas humanas, porque la paz se alcanz&oacute; en el pa&iacute;s hasta el fin del Gobierno de Carranza en 1920, a las que se sumaron las f&iacute;sicas, econ&oacute;micas e intelectuales, de una lucha armada de baja intensidad que sigui&oacute; a 1915, periodo del que puede afirmarse que no transcurri&oacute; un d&iacute;a sin que se registrara un hecho armado en M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Bienes intervenidos y pr&eacute;stamos forzados durante la Revoluci&oacute;n mexicana. El caso de Sinaloa, 1911&#45;1920", de Pedro C&aacute;zares Aboytes, trata acerca de una de las pr&aacute;cticas comunes a todas las facciones; "regular y administrar las propiedades intervenidas o de propietarios ausentes", de la que ofrece una taxonom&iacute;a de cuatro variedades: la zapatista, la constitucionalista, la villista y las intervenciones de toda laya que, por disponer de todos los bienes, era "predatoria y destructiva" (p. 118). De manera esquem&aacute;tica se pueden resumir as&iacute;: la zapatista proced&iacute;a a repartir la tierra, que hab&iacute;a sido de los pueblos y recuperada, y la de los enemigos; la constitucionalista pasaba a administrar las unidades agr&iacute;colas mayores, y las peque&ntilde;as y medianas las rentaban a los ayuntamientos, sin alterar la propiedad ni las formas de explotaci&oacute;n; la villista, que expulsaba a los propietarios, pero las reten&iacute;a en administraci&oacute;n difiriendo el reparto agrario prometido hasta alcanzar el triunfo, y la llamada "intervencionista", para el consumo inmediato, y era "predatoria y destructiva" (p. 118).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A falta de ingresos regulares suficientes, los ej&eacute;rcitos revolucionarios decomisaron bienes de consumo e intervinieron la administraci&oacute;n de negocios, por lo general agr&iacute;colas y por excepci&oacute;n industriales, para avituallarse, armar y dar de comer a sus tropas, y repartir despojos de guerra entre sus bases o clientelas. A pesar de vivirse una situaci&oacute;n de guerra, se pueden observar ciertos patrones, como lo sugiere la literatura reciente acerca del caos, donde pueden registrarse los de solidaridad o de no agresi&oacute;n (Gaddis 2004, 103&#45;124).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La lectura de este libro tiene sinton&iacute;a y afinidad con la met&aacute;fora de Frank Tannenbaum, citada por Alan Knight (1990, 334): "La revoluci&oacute;n mexicana fue como oleadas que tienen comienzos m&aacute;s o menos independientes y objetivos independientes, algunas veces se fusionan, algunas veces se separan, ocasionalmente cambian de direcci&oacute;n, interact&uacute;an constantemente con otras, desapareciendo y luego reapareciendo."</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cumberland, Charles C. 1993. <i>La Revoluci&oacute;n mexicana. Los a&ntilde;os constitucionalistas.</i> M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6449688&pid=S1870-3925201400040001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gaddis, John Lewis. 2004. <i>El paisaje de la historia. C&oacute;mo los historiadores representan el pasado.</i> Barcelona: Ariel.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6449690&pid=S1870-3925201400040001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Guerra, Fran&ccedil;ois Xavier. 1988. <i>M&eacute;xico. Del Antiguo R&eacute;gimen a la Revoluci&oacute;n,</i> volumen 1. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6449692&pid=S1870-3925201400040001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Knight, Alan. 1990. <i>The Mexican Revolution.</i> Lincoln y Londres: University of Nebraska.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6449694&pid=S1870-3925201400040001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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