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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Las elecciones en la Ciudad de México, 1376-2005]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>      <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Gustavo Ernesto Emmerich (coordinador) (2005), <i>Las elecciones en la Ciudad de M&eacute;xico, 1376&#45;2005</i></b></font></p>      <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Eliseo Rodr&iacute;guez Camou*, Vladimir G&oacute;mez Anduro**</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Instituto Electoral del Distrito Federal y Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana, 422 pp.</b></font></p>      <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* <i>Maestro en Ciencias Sociales con Especialidad en Pol&iacute;ticas P&uacute;blicas por El Colegio de Sonora.</i> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:erodriguez@colson.edu.mx">erodriguez@colson.edu.mx</a>.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">** <i>Maestro en Ciencias Sociales con Especialidad en Pol&iacute;ticas P&uacute;blicas por El Colegio de Sonora.</i> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:vgomez@hotmail.com">vgomez@hotmail.com</a>.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la Ciudad de M&eacute;xico se han celebrado procesos electorales desde su fundaci&oacute;n, en 1325, hasta la fecha; si bien es cierto que sus caracter&iacute;sticas, mecanismos, prop&oacute;sitos y funciones han sido diversos, producto de los diferentes reg&iacute;menes de gobierno y sistemas pol&iacute;ticos, siempre ha habido alg&uacute;n tipo de consulta popular, as&iacute; lo establece Javier Santiago Castillo en la presentaci&oacute;n del libro y Gustavo Ernesto Emmerich en la introducci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de este antecedente, y de la situaci&oacute;n especial de la Ciudad de M&eacute;xico en materia electoral, pues es la sede de los poderes federales, el objetivo central del libro es "conocer por qu&eacute;, c&oacute;mo y para qu&eacute; se realizaron elecciones a lo largo de los siglos" ah&iacute; (p. 22). Se analizan los comicios s&oacute;lo en la Ciudad de M&eacute;xico y no en el Distrito Federal (D. F.) "de creaci&oacute;n m&aacute;s reciente y vigencia varias veces interrumpida" (p. 21).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La obra contiene siete cap&iacute;tulos en los cuales se aborda el periodo hist&oacute;rico de 1376 a 2005. Participan cinco acad&eacute;micos invitados por el Instituto Electoral del Distrito Federal y la Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana; al final aparece la semblanza de cada uno, as&iacute; como una gu&iacute;a de las ilustraciones incluidas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el primer cap&iacute;tulo: "&iquest;Eleg&iacute;an los mexicas a sus gobernantes?", Mar&iacute;a Concepci&oacute;n Obreg&oacute;n Rodr&iacute;guez estudia el periodo de 1376, a&ntilde;o en que los mexicas eligieron a su primer emperador (tlatoani), a 1525, cuando el &uacute;ltimo es asesinado por &oacute;rdenes de Hern&aacute;n Cort&eacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Puesto que la informaci&oacute;n respecto a la vida sociopol&iacute;tica de los mexicas proviene de relatos y cr&oacute;nicas de los conquistadores europeos, la autora aclara que gran parte de la terminolog&iacute;a utilizada por los espa&ntilde;oles para describir la organizaci&oacute;n e instituciones de la sociedad ind&iacute;gena es una adecuaci&oacute;n, basada en similitudes de su propia estructura pol&iacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro punto medular de este cap&iacute;tulo es que la palabra "elecci&oacute;n" puede tener diversos significados en los documentos etnohist&oacute;ricos. Si bien el vocablo describe la manera en que las sociedades ind&iacute;genas seleccionaban a los individuos que ocupaban cargos directivos, administrativos e incluso religiosos, se debe tener claro que en ocasiones es poca la relaci&oacute;n del t&eacute;rmino con el significado actual.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una vez claros estos dos puntos, la autora describe la organizaci&oacute;n pol&iacute;tica del llamado imperio azteca, constituido por la alianza de tres pueblos: mexicas (M&eacute;xico&#45;Tenochtitl&aacute;n), acolhuas (Texcoco) y tepanecas (Tlacopan o Tacuba, como le llamaron los espa&ntilde;oles), cuya vida interna era independiente. Cada pueblo eleg&iacute;a a su m&aacute;xima autoridad sin la intervenci&oacute;n de los otros, no obstante, las dos capitales deb&iacute;an ratificarla. A partir de esta descripci&oacute;n, la autora se centra en los mexicas "por ser el caso &#91;...&#93; con el que se cuenta con m&aacute;s informaci&oacute;n, y por la primac&iacute;a que empezaba a tener en la propia alianza tripartita", donde la m&aacute;xima autoridad era conocida como tlatoani (el que habla y manda).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respecto a qui&eacute;nes (y c&oacute;mo) participaban en la elecci&oacute;n del tlatoani, Obreg&oacute;n Rodr&iacute;guez comenta que no existe un consenso entre los estudiosos del tema, pero se pueden identificar quienes afirman (Tezoz&oacute;moc, Sahag&uacute;n) que cualquiera de los grandes nobles del reino (hijos de reyes anteriores) pod&iacute;a suceder al soberano muerto, y que era seleccionado por un grupo de electores.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n est&aacute;n quienes dicen (Zorita y Motolin&iacute;a) que en el momento de la llegada de los espa&ntilde;oles era el rey quien escog&iacute;a a su sucesor entre un peque&ntilde;o n&uacute;mero de posibilidades; llegaba incluso &#151;seg&uacute;n una fuente tan importante como Dur&aacute;n&#151; a reducirse a los integrantes del consejo de los cuatro. A partir de la elecci&oacute;n del tlatoani y sus hom&oacute;logos en los otros dos pueblos integrantes de la triple alianza, el resto de los cargos (en orden jer&aacute;rquico descendente) eran determinados en gran medida por el benepl&aacute;cito del tlatoani o su equivalente en el caso de los acolhuas de Texcoco y los tepanecas de Tlacopan. Cada uno de los jefes m&aacute;ximos de estos grupos confirmaba, de manera independiente, a las autoridades y se&ntilde;ores que quedaban bajo su mando.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el segundo cap&iacute;tulo: "Inspirados por el Esp&iacute;ritu Santo: elecciones y vida pol&iacute;tica corporativa en la capital de la Nueva Espa&ntilde;a", Iv&aacute;n Escamilla Gonz&aacute;lez estudia el funcionamiento de los procesos en el sistema <i>corporativo</i> de la sociedad colonial mexicana. la primera parte est&aacute; dedicada a explicar su contribuci&oacute;n a la estabilizaci&oacute;n general del virreinato, al mismo tiempo el corporativismo se convert&iacute;a en un espacio de fortalecimiento de las esferas de poder y autonom&iacute;a de las oligarqu&iacute;as coloniales, frente a las demandas de una monarqu&iacute;a interesada en la expoliaci&oacute;n expedita de los recursos materiales de la Nueva Espa&ntilde;a, pero reacia a permitir a sus s&uacute;bditos alguna participaci&oacute;n en el gobierno del reino.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor dice que las votaciones internas de las corporaciones jugaban un papel fundamental, pues permit&iacute;an la sucesi&oacute;n tranquila de las autoridades al frente de cada una, y la consecuente transmisi&oacute;n de la legitimidad pol&iacute;tica entre generaciones y grupos de elite. Sin embargo, aunque todos sus integrantes eran te&oacute;ricamente iguales, en la pr&aacute;ctica s&oacute;lo unos cuantos pod&iacute;an participar en el proceso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El grueso de este cap&iacute;tulo est&aacute; dedicado al estudio de los procesos electorales de cuatro corporaciones: el Ayuntamiento o Cabildo, la Rep&uacute;blica de Indios (tambi&eacute;n llamada Cabildo de indios), el Consulado de Comerciantes y las &oacute;rdenes religiosas. Se explica la g&eacute;nesis de cada una, su estructura pol&iacute;tica y la forma de las elecciones; tambi&eacute;n se analizan los elementos que de manera individual las fueron corrompiendo, y que finalmente provocaron, junto con las reformas borb&oacute;nicas, el colapso o estancamiento del viejo orden.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"La revoluci&oacute;n liberal y los procesos electorales" es el t&iacute;tulo del tercer cap&iacute;tulo, a cargo de Alfredo &Aacute;vila. Al principio se sit&uacute;a en el momento de la corrosi&oacute;n y decaimiento del orden corporativo que perdur&oacute; m&aacute;s de 300 a&ntilde;os. La invasi&oacute;n napole&oacute;nica a Espa&ntilde;a, con el correspondiente encarcelamiento del rey Carlos iv y su hijo Fernando, hecho que desencadena una serie de transformaciones pol&iacute;ticas en todos los lugares de influencia de la corona espa&ntilde;ola; se toma como un parteaguas en la historia del mundo hisp&aacute;nico. A partir de este suceso, el Gobierno espa&ntilde;ol se fragment&oacute; en diversos frentes insurgentes que intentaban repeler la invasi&oacute;n francesa. Esto le ocasion&oacute; gran dificultad al momento de pedir ayuda al exterior, pues quien deb&iacute;a darla, se negaba, a menos que hubiera un gobierno &uacute;nico para negociar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo anterior origin&oacute; la formaci&oacute;n, en 1808, de la Junta Central en Espa&ntilde;a, que posteriormente se convertir&iacute;a en cortes, conformada por representantes de las juntas insurgentes, pero que adem&aacute;s buscar&iacute;a el apoyo de las posesiones de ultramar (colonias espa&ntilde;olas). Para lograrlo, se les reconoci&oacute; el estatus de reino y, por tanto, el derecho a formar parte en el gobierno de la metr&oacute;poli, por medio de representantes elegidos para tales efectos. Un diputado de cada virreinato y capitan&iacute;a ser&iacute;a enviado a la Junta Central.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&Aacute;vila menciona la elecci&oacute;n de estos diputados como un proceso elitista sin la participaci&oacute;n del pueblo, sin embargo, la importancia radica en que por primera vez se nombr&oacute; a un individuo para ser parte del gobierno. Otro dato importante es que estas cortes se encontraban envueltas en el esp&iacute;ritu liberal de la &eacute;poca, por lo tanto una de sus primeras medidas fue declarar que la soberan&iacute;a resid&iacute;a en la naci&oacute;n (y no, como antes, en un solo individuo llamado soberano). Adem&aacute;s, el pueblo manifestar&iacute;a su voluntad a trav&eacute;s de comicios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cap&iacute;tulo se centra en la historia electoral del M&eacute;xico independiente, parte de las ambiciones del proyecto mon&aacute;rquico de Iturbide, hasta el intermitente Gobierno de Santa Anna. Quiz&aacute; lo m&aacute;s trascendente sea, como lo manifiesta el autor, que al caer la monarqu&iacute;a, y con ella el principio divino que la sosten&iacute;a, no le qued&oacute; m&aacute;s alternativa a cualquier r&eacute;gimen que buscar la legitimidad en la voluntad del pueblo, y la forma menos discutible de conocerla eran (son y ser&aacute;n) las elecciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los cap&iacute;tulos cuatro y cinco, Gustavo Ernesto Emmerich expone las elecciones y pol&iacute;tica municipal en la Ciudad de M&eacute;xico de 1834 a 1928; describe la forma de designar a los ayuntamientos y las personas que cada a&ntilde;o ocupaban los cargos principales, pues en ese periodo los ciudadanos s&oacute;lo pod&iacute;an elegir en el &aacute;mbito local a ese &oacute;rgano de gobierno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Divide el cap&iacute;tulo cuatro: "El Ayuntamiento de la Ciudad de M&eacute;xico: elecciones y pol&iacute;tica, 1834&#45;1909", en tres partes; en la primera se&ntilde;ala que el Gobierno del DF estaba al cuidado del Ejecutivo nacional, quien ejerc&iacute;a el mando por medio de un gobernador, los ayuntamientos s&oacute;lo ten&iacute;an atribuciones administrativas y sus cargos eran concejiles, y la mayor&iacute;a de los procesos electorales indirectos. Por &uacute;ltimo, se&ntilde;ala que la Ciudad de M&eacute;xico perteneci&oacute;, en diferentes periodos, a una demarcaci&oacute;n territorial y pol&iacute;tica m&aacute;s amplia, es decir, al D. F., al Departamento de M&eacute;xico o al Departamento del valle de M&eacute;xico.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la segunda, divide el periodo de estudio en cuatro partes. De 1834 a 1847, se caracteriza por el dominio del bando centralista, por la presencia de militares en los ayuntamientos, as&iacute; como por las constantes renuncias o excusas de sus integrantes, por motivos de salud, ganarse el sustento (ya que el cargo no era remunerado) o haber obtenido alg&uacute;n otro puesto incompatible. Imperaban m&aacute;s las razones pol&iacute;ticas, es decir, por el poco poder del cargo o porque el gobernador o ejecutivo en turno no le conven&iacute;a a los intereses pol&iacute;ticos del integrante del ayuntamiento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El lapso de 1847 a 1867 se caracteriza por los conflictos armados e inestabilidad pol&iacute;tica, y la presencia en los ayuntamientos, de forma alternada o conjunta, de miembros de los partidos conservador, liberal puro y moderado; tambi&eacute;n fueron constantes las renuncias. Cuando se nombraban ayuntamientos, casi de forma inmediata ven&iacute;an dimisiones de sus integrantes; pues su poder pol&iacute;tico era escaso y estaban bajo el control del gobierno nacional y del D. F. &Eacute;stos se conformaron de manera distinta: de 1847 a 1852 se eligieron indirectamente; de 1853 a 1860 todos fueron designados por los presidentes en turno (Santa Anna, Carrera, Comonfort, Zuloaga y Miram&oacute;n), quienes ordenaban al gobernador la designaci&oacute;n; de 1860 a 1867 destacaron las votaciones directas, realizadas en 1861 durante el gobierno de Benito Ju&aacute;rez (la primera vez que se hac&iacute;an de esta forma) y en 1865, en el imperio de Maximiliano; ambas aunque directas eran p&uacute;blicas, es decir, deb&iacute;a manifestarse al momento de emitir el sufragio a qui&eacute;n se hab&iacute;a elegido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el tercer periodo, de 1867 a 1884, todos los ayuntamientos fueron electos, excepto los de 1867, 1876 y 1877; s&oacute;lo esta &uacute;ltima elecci&oacute;n fue anulada (p. 225), a pesar de las denuncias de irregularidades en las de 1869, 1870 y 1877.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cuarto periodo corresponde a lo denominado por el autor como "estabilidad porfiriana" de 1885 a 1909, los comicios se realizaron de forma rutinaria y con resultados conocidos de antemano en favor del presidente Porfirio D&iacute;az; desaparecieron las renuncias de integrantes del ayuntamiento, pues aumentaron las rentas municipales, as&iacute; como su presupuesto (p. 230); con la expedici&oacute;n de la Ley de organizaci&oacute;n Pol&iacute;tica y Municipal del D. F., en 1903, y la distribuci&oacute;n de funciones, los ayuntamientos, incluido el de la Ciudad de M&eacute;xico, quedaron pr&aacute;cticamente sin atribuciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la tercera parte del cap&iacute;tulo, Emmerich expone sus conclusiones, se&ntilde;ala que durante esta etapa y a pesar de la inestabilidad pol&iacute;tica, a las diversas formas de gobierno o instituciones por las cuales transit&oacute; el pa&iacute;s o a que los municipios y sus ayuntamientos eran minimizados y hasta humillados pol&iacute;ticamente, nunca dejaron de existir, y por lo tanto siempre hubo elecciones en la Ciudad de M&eacute;xico. Adjudica esta capacidad de subsistencia a que los municipios y sus ayuntamientos eran "casi el &uacute;nico elemento de continuidad institucional" y la pieza de divisi&oacute;n territorial, y sobre todo de control, m&aacute;s que de expresi&oacute;n pol&iacute;tica de los ciudadanos (p. 235).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo cinco: "Del municipio libre a la supresi&oacute;n de los ayuntamientos en el Distrito Federal, 1910&#45;1928", divide la etapa en tres partes, la primera de 1910 a 1915 coincide con el inicio de la revoluci&oacute;n. El ayuntamiento en funciones hab&iacute;a sido electo en el r&eacute;gimen porfirista, por lo cual sus atribuciones eran reducidas, sin embargo, empieza a criticar la dictadura de D&iacute;az y a proponer su reorganizaci&oacute;n. Fue electo seg&uacute;n la ley de 1903, que dispon&iacute;a deb&iacute;a conformarse por 21 concejales con vigencia de cuatro a&ntilde;os, debi&eacute;ndose renovar cada dos por mitades. En 1911, D&iacute;az renuncia a la presidencia y llega a ella Francisco i. Madero, en ese ambiente se realizaron elecciones municipales; se eligi&oacute; a diez concejales pares, quienes, junto con los que estaban en funciones desde 1910, conformaron un ayuntamiento donde todav&iacute;a predominaban los porfiristas y deb&iacute;a funcionar de 1912 a 1915.En 1913, Victoriano Huerta llega al poder de forma violenta, provocando una serie de renuncias y nombramientos que conforman un ayuntamiento a su servicio, incluso a finales de 1913 el gobernador en turno, Ram&oacute;n Corona, convoca a elecciones indirectas a trav&eacute;s de las cuales renueva totalmente el ayuntamiento, a pesar de que s&oacute;lo deb&iacute;an sustituirse diez concejales. En 1914, los revolucionarios quitan el poder a Huerta; &Aacute;lvaro obreg&oacute;n se convierte en la autoridad principal de la ciudad, adem&aacute;s, por orden de Venustiano Carranza se instala el ayuntamiento electo en 1911, que en medio de los frecuentes cambios de poder y de la crisis pol&iacute;tica y social funcionar&iacute;a hasta 1915, etapa en la que recuperar&iacute;a algunas facultades e independencia pol&iacute;tica, y ser&iacute;a nombrado la "Suprema Autoridad Civil" en el Distrito (p. 260).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda parte del periodo, de 1915 a 1917, comienza con la toma definitiva de la ciudad por Venustiano Carranza en 1915, quien en ese a&ntilde;o y el siguiente controla el ayuntamiento nombrando y removiendo a sus presidentes municipales. En 1917, se elige a Carranza como presidente de la rep&uacute;blica, y se expide la Ley de Organizaci&oacute;n del Distrito y Territorios Federales, que establec&iacute;a como autoridades del Distrito al gobernador y 13 ayuntamientos elegidos de forma popular, directa y secreta en igual n&uacute;mero de municipalidades, incluido el de la Ciudad de M&eacute;xico, con 25 regidores que podr&iacute;an reelegirse y se compondr&iacute;a de varias comisiones. Con base en esta ley, se nombr&oacute; un ayuntamiento provisional en la ciudad que se instalar&iacute;a el 1 de junio de 1917, y funcionar&iacute;a hasta la elecci&oacute;n de uno nuevo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tercera parte comprende de 1918 a 1928, empieza con las elecciones municipales a finales de 1917 con base en la nueva Constituci&oacute;n, y permiti&eacute;ndose por primera vez la participaci&oacute;n de partidos pol&iacute;ticos: el Liberal Constitucionalista (PLC), el Nacional Cooperatista (PNC) y el Liberal Nacionalista (PLN), entre otros, result&oacute; ganador este &uacute;ltimo (p. 266). El periodo se caracteriza por la inestabilidad de la pol&iacute;tica municipal, transitaron 26 presidentes en el Ayuntamiento de la Ciudad de M&eacute;xico; tambi&eacute;n debido a irregularidades en las elecciones, ya que eran organizadas por los ayuntamientos, y favorec&iacute;an al partido que los controlaba, se dieron pugnas entre partidos por los resultados de las elecciones municipales, se dispusieron casillas y juntas computadoras paralelas, se formaban padrones de forma irregular, incluso en 1921 se instalaron dos ayuntamientos separados. Este periodo concluye con la supresi&oacute;n del r&eacute;gimen municipal en el D. F. en 1928, por iniciativa de &Aacute;lvaro Obreg&oacute;n (asesinado ese mismo a&ntilde;o), aprobada por el Congreso de la Uni&oacute;n y la mayor&iacute;a de las legislaturas estatales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor concluye el cap&iacute;tulo resumiendo el "papel pol&iacute;tico de las elecciones municipales y del Ayuntamiento de M&eacute;xico entre 1910 y 1928", se&ntilde;ala que de 1910 a 1915 "se trat&oacute; de mantener la continuidad institucional" (p. 286); de 1915 a 1917, Carranza design&oacute; a las autoridades municipales con el fin de representar a su gobierno ante la poblaci&oacute;n (p. 286); de 1918 a 1928, se intentan construir instituciones democr&aacute;ticas y estables, que fueron obstaculizadas por las pugnas y luchas armadas entre facciones hasta llegar, en funci&oacute;n de la inestabilidad pol&iacute;tica, a la supresi&oacute;n del r&eacute;gimen municipal en el Distrito.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo seis: "De la posrevoluci&oacute;n a nuestros d&iacute;as, 1928&#45;2003", Pablo Javier Becerra Ch&aacute;vez describe en su mayor parte las elecciones presidenciales y de diputados federales, y la evoluci&oacute;n del sistema electoral federal. Pues al suprimirse, en 1928, el r&eacute;gimen municipal en el D. F. y crearse las delegaciones y el Departamento del Distrito Federal con un jefe nombrado y removido libremente por el presidente de la rep&uacute;blica, se elimina tambi&eacute;n el derecho de los ciudadanos del D. F. para elegir a sus autoridades, y en consecuencia deja de existir un sistema electoral local. De esta forma, de 1929 a 1988 se presentan y comparan los resultados a escala nacional y en el D. F. de las elecciones presidenciales, se muestran tambi&eacute;n los de diputados federales en esa entidad. En este periodo, un solo partido pol&iacute;tico, ahora conocido como Revolucionario institucional (PRI), gan&oacute; todos los sufragios estableciendo el denominado "sistema de partido hegem&oacute;nico". De los resultados destaca, en relaci&oacute;n con el D. F., que sus ciudadanos empiezan a favorecer a la oposici&oacute;n, disminuyendo el porcentaje de votaci&oacute;n en favor del partido en el poder. A la par de la presentaci&oacute;n de dichos resultados, se expone la evoluci&oacute;n del sistema electoral, se&ntilde;alando las reformas y modificaciones de 1928 a 1985, las cuales contemplaron principalmente el &aacute;mbito federal. Fue en 1986 cuando se consider&oacute; la situaci&oacute;n pol&iacute;tica del D. F. con la creaci&oacute;n de la Asamblea de Representantes, cuyos integrantes fueron electos por primera vez en 1988. A partir de esto, el autor presenta los resultados de los comicios presidenciales en el D. F. y la evoluci&oacute;n del sistema electoral federal, agregando ahora, los de las elecciones para conformar la Asamblea de Representantes y la evoluci&oacute;n del sistema electoral local de 1988 a 1994, hasta llegar a la reforma de 1996, que estableci&oacute; la elecci&oacute;n directa del jefe de Gobierno y de los delegados del D. F., y la transformaci&oacute;n de la Asamblea de Representantes en legislativa integrada ya por diputados locales. El cap&iacute;tulo termina con la exposici&oacute;n de los resultados de las votaciones de 1997, cuando se elige por primera vez al jefe de Gobierno del D. F., 2000 y 2003. En esta &uacute;ltima parte, tambi&eacute;n muestra las diferentes discusiones y reformas que se sucedieron a partir de la recuperaci&oacute;n de los ciudadanos del D. F. del derecho a elegir a sus autoridades locales.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo final: "Las (e)lecciones de la participaci&oacute;n ciudadana en el Distrito Federal", Carlos Mart&iacute;nez Assad describe los diferentes organismos de participaci&oacute;n ciudadana, sus funciones y conformaci&oacute;n en el D. F. durante todo el siglo XX, esto en virtud de que una vez suprimido el r&eacute;gimen municipal en 1928, se intent&oacute; suplir los ayuntamientos con diferentes organismos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primero fue el Consejo Consultivo, creado en 1928 a trav&eacute;s de la Ley org&aacute;nica del Distrito y de los Territorios Federales, se compon&iacute;a de 13 personas de diferentes gremios, adem&aacute;s de los consejos de cada delegaci&oacute;n. &Eacute;stos fueron rebasados por el crecimiento de la poblaci&oacute;n y la mayor exigencia de servicios, al grado que ante su poca efectividad, en 1970 surge la Junta de Vecinos seg&uacute;n la Ley Org&aacute;nica del Departamento del D. F. En 1978, se crean dos organismos m&aacute;s, la Asociaci&oacute;n de Residentes y Comit&eacute; de Manzana, elegidos por primera vez en 1980, en la primera elecci&oacute;n realizada desde 1928, cuando se suprimi&oacute; el ayuntamiento. Estos organismos no tuvieron un poder pol&iacute;tico sustancial que les permitiera influir en las decisiones de gobierno, s&oacute;lo ten&iacute;an funciones de asesor&iacute;a o eran receptores de quejas, incluso el Consejo Consultivo lleg&oacute; a dedicarse a asuntos protocolarios. Seg&uacute;n Mart&iacute;nez Assad esto se debi&oacute; a que en esa &eacute;poca no exist&iacute;an las condiciones para conformar mecanismos de participaci&oacute;n eficaces y con intenciones reales para beneficiar a la poblaci&oacute;n (p. 379). El autor se&ntilde;ala que un acontecimiento impulsor de la ciudadanizaci&oacute;n fue el terremoto de 1985, pues provoc&oacute; que los capitalinos se organizaran para ayudar a los damnificados; as&iacute; le demostraron al gobierno ser una ciudadan&iacute;a madura y digna de ser tomada en cuenta. La Asamblea de Representantes del D. F. aprueba en 1995 la primera Ley de Participaci&oacute;n Ciudadana en el Distrito, que estableci&oacute; varias instancias de colaboraci&oacute;n y los consejos ciudadanos, en cada una de las 16 delegaciones, electos por voto directo y secreto, cuyas funciones incid&iacute;an m&aacute;s en las decisiones del gobierno. Estos consejos fueron abolidos en 1998 con la segunda Ley de Participaci&oacute;n Ciudadana, que cre&oacute; los comit&eacute;s vecinales, a los cuales se les quitaron dos funciones importantes: "vigilar las acciones del delegado y del ejercicio presupuestal" (p. 392). Su elecci&oacute;n fue organizada en 1999 por el reci&eacute;n creado Instituto Electoral del D. F., se compondr&iacute;an con un m&iacute;nimo de 7 y m&aacute;ximo de 15 personas, escogidas por voto directo y secreto a trav&eacute;s de planillas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al final del cap&iacute;tulo se describe la forma y resultados de la consulta del a&ntilde;o 2000, para conocer si la gente opinaba que Andr&eacute;s Manuel L&oacute;pez Obrador ten&iacute;a derecho a ser candidato a jefe de Gobierno, y el plebiscito convocado por el Instituto Electoral del D. F. en el a&ntilde;o 2002, a trav&eacute;s del cual se consultar&iacute;a a la ciudadan&iacute;a si se constru&iacute;a o no el segundo piso del perif&eacute;rico, resultados que hoy en d&iacute;a son conocidos con el triunfo de L&oacute;pez Obrador y la realizaci&oacute;n de la obra mencionada. Adem&aacute;s, se&ntilde;ala la promesa incumplida del jefe de Gobierno de convertir a los comit&eacute;s vecinales en gobiernos ciudadanos, y la decisi&oacute;n de la Asamblea Legislativa, en junio de 2005, de posponer indefinidamente las elecciones vecinales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Consideramos recomendable la lectura del libro, toda vez que cumple con el objetivo de describir y explicar la historia electoral de una ciudad como la de M&eacute;xico con caracter&iacute;sticas jur&iacute;dico&#45;pol&iacute;ticas particulares, y con ello deja claro que no inicia en 1988 ni en 1997, con la elecci&oacute;n a trav&eacute;s del voto directo de la ciudadan&iacute;a del primer jefe de Gobierno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El estudio del periodo que abarca los tres primeros cap&iacute;tulos se percibe como un antecedente hist&oacute;rico necesario de las elecciones de la Ciudad de M&eacute;xico, hasta llegar a la etapa independiente del pa&iacute;s, ya que en esa &eacute;poca la ciudad no era la entidad sede de los poderes federales (D. F.), caracter&iacute;stica que la coloc&oacute; en una situaci&oacute;n especial que motiva a su vez el inter&eacute;s por el estudio de sus procesos electorales. De esta forma, sobresalen los cap&iacute;tulos cuatro y cinco, pues en ellos se analizan los comicios de la ciudad en el M&eacute;xico independiente hasta la supresi&oacute;n del r&eacute;gimen municipal (1834 a 1928), lapso en el cual se dan votaciones propias de la ciudad, es decir, de alguna u otra forma fueran o no un mecanismo eficaz de expresi&oacute;n pol&iacute;tica de los ciudadanos, siempre se realizaron procesos electorales para elegir a la autoridad local, espec&iacute;ficamente a su ayuntamiento. Otra caracter&iacute;stica destacada de estos cap&iacute;tulos es que son los &uacute;nicos en evaluar el significado de las elecciones en un apartado espec&iacute;fico de conclusiones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, en una parte considerable del cap&iacute;tulo seis s&oacute;lo se presentan y comparan los resultados de las elecciones presidenciales nacionales y en el D. F.; si bien resulta ilustrativo y a trav&eacute;s de &eacute;stas los ciudadanos eleg&iacute;an autoridades, s&oacute;lo eran federales (presidente de la rep&uacute;blica y diputados), por lo cual no era el proceso propio de la Ciudad de M&eacute;xico, ya que no se eleg&iacute;a alg&uacute;n tipo de autoridad local o representante directo, ll&aacute;mese ayuntamiento, jefe de Gobierno u organismo ciudadano. Incluso consideramos importante el cap&iacute;tulo siete, pues su an&aacute;lisis de los organismos de participaci&oacute;n ciudadana y sus elecciones entre 1928 (a&ntilde;o en que se suprime el r&eacute;gimen municipal en el D. F.) y 1988, cuando surge la Asamblea de Representantes, complementa su ausencia en el seis, sobre los sufragios propios de la ciudad en este periodo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para finalizar, una virtud importante del libro es que constituye un punto de partida o referencia para cualquier interesado en el tema, ya que expone la historia electoral de la Ciudad de M&eacute;xico desde su fundaci&oacute;n, en forma sistem&aacute;tica y bien referenciada. Con la gama de acontecimientos y temas descritos, el lector puede construir un mapa cronol&oacute;gico completo, o bien profundizar en el estudio del periodo de su inter&eacute;s.</font></p>      ]]></body>
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