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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Editorial</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Receptores acoplados a prote&iacute;nas G y su desensibilizaci&oacute;n</b></font></p>    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>J Adolfo Garc&iacute;a S&aacute;inz&#42;</b></font></p>    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#42; <i> Instituto de Fisiolog&iacute;a Celular, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.</i> </font></p>    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante los &uacute;ltimos cuarenta a&ntilde;os los receptores para hormonas, neurotransmisores, autacoides (hormonas locales) y factores de crecimiento han pasado de ser conceptos abstractos a ser entidades qu&iacute;micas perfectamente definidas. Los elementos esenciales de sus estructuras, localizaci&oacute;n celular, funcionamiento y regulaci&oacute;n se han ido aclarando a lo largo de los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os. Hoy sabemos que los receptores para estos elementos de comunicaci&oacute;n intercelular son prote&iacute;nas. Como todas las prote&iacute;nas, la informaci&oacute;n para su s&iacute;ntesis se encuentra codificada en nuestro ADN y sujeta al proceso evolutivo. Gracias a los avances en bioqu&iacute;mica y biolog&iacute;a estructural hoy estamos muy cerca de conocer en detalle a los diversos receptores (estructuras primaria, secundaria, terciaria e incluso cuaternaria, en los casos que hay subunidades). Adem&aacute;s, la gen&eacute;tica molecular nos est&aacute; permitiendo conocer las variantes naturales de los receptores (polimorfismos) y analizar su relevancia funcional (susceptibilidad e incluso resistencia a diversos padecimientos). La biolog&iacute;a molecular nos permite manejar al ADN y lograr expresar en modelos celulares e incluso en organismos completos a receptores nativos y mutantes para avanzar en el conocimiento; adem&aacute;s podemos modificar la abundancia o presencia de receptores (transg&eacute;nesis, bloqueo en la expresi&oacute;n &#91;''knockout'' en ingl&eacute;s&#93; o disminuci&oacute;n de la misma, &#91;''knockdown''&#93;).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su localizaci&oacute;n, los receptores hormonales se han dividido en dos grandes grupos: los que se integran a la membrana plasm&aacute;tica y desde all&iacute; ejercen sus acciones y los que se encuentran solubles en citoplasma y n&uacute;cleo. Estos &uacute;ltimos son fundamentalmente factores moduladores de la transcripci&oacute;n regulados por su asociaci&oacute;n con ligandos (hormonas como las hormonas sexuales masculinas y femeninas, glucocorticoides, mineralocorticoides, la forma activa de la vitamina D, las hormonas tiroideas o el &aacute;cido retinoico, entre muchas otras). Los receptores de membrana plasm&aacute;tica han sido divididos en tres grupos fundamentales: lo receptores canal (o canales i&oacute;nicos modulados por ligando), los receptores con actividad enzim&aacute;tica o que se asocian a enzimas itinerantes y los receptores acoplados a prote&iacute;nas G, motivo de esta nota.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los receptores acoplados a prote&iacute;nas G tienen una estructura muy peculiar. Est&aacute;n constituidos por una cadena de amino&aacute;cidos cuyo extremo amino&#45;terminal se localiza en la porci&oacute;n extracelular de la c&eacute;lula y el extremo carboxilo en el citoplasma; la cadena atraviesa la membrana plasm&aacute;tica en siete ocasiones (<a href="/img/revistas/rom/v15n4/a1f1.jpg" target="_blank">Figura 1</a>). Como puede apreciarse, las zonas transmembranales se unen por tres asas intracelulares y tres asas extracelulares. Por sus caracter&iacute;sticas estructurales a estos receptores se les denomina tambi&eacute;n receptores con siete dominios transmembranales y, por su semejanza con los ofidios, receptores serpentinos. En la <a href="/img/revistas/rom/v15n4/a1f1.jpg" target="_blank">figura 1</a>, se ha ilustrado al receptor extendido en la membrana (dibujo de la izquierda) pero en realidad en la bicapa lip&iacute;dica, los receptores adoptan una forma muy distinta, agrupada o aglutinada, como se presenta en la misma figura (dibujo de la derecha).</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los receptores acoplados a prote&iacute;nas G son denominados as&iacute; porque ejercen su acci&oacute;n fundamentalmente asoci&aacute;ndose a una familia de prote&iacute;nas heterotrim&eacute;ricas (formadas por subunidades alfa, beta y gama) que tienen la capacidad de unir e hidrolizar GTP (3). Estos receptores al activarse por las diferentes hormonas y neurotransmisores, sufren cambios conformacionales que transmiten a las prote&iacute;nas G, las cuales inician un ciclo de activaci&oacute;n&#45;inactivaci&oacute;n asociado a la uni&oacute;n e hidr&oacute;lisis de GTP (3). Las formas activas de las prote&iacute;nas G pueden modular positiva o negativamente a diferentes canales i&oacute;nicos (principalmente para potasio o calcio) y a enzimas generadoras de segundos mensajeros (<a href="/img/revistas/rom/v15n4/a1f2.jpg" target="_blank">Figura 2</a>). Ejemplos cl&aacute;sicos se estas enzimas son la adenilil ciclasa, que cataliza la formaci&oacute;n del AMP c&iacute;clico y la fosfolipasa C (fosfoinositidasa), que cataliza la formaci&oacute;n de dos segundos mensajeros: el inositol 1,4,5 trisfosfato y el diacilglicerol. Estos sistemas de receptores acoplados a prote&iacute;nas G est&aacute;n formados por los receptores transmembranales, las prote&iacute;nas G y los efectores (enzimas o canales i&oacute;nicos). El receptor recibe el mensaje (la hormona o neurotransmisor, es decir, al primer mensajero) en la cara extracelular de la membrana plasm&aacute;tica e induce la producci&oacute;n, degradaci&oacute;n o el cambio de concentraci&oacute;n de metabolitos o iones (segundos mensajeros o factores de acoplamiento como el calcio i&oacute;nico) que permiten que la se&ntilde;al se propague en el interior de la c&eacute;lula (<a href="/img/revistas/rom/v15n4/a1f2.jpg" target="_blank">Figura 2</a>).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es importante se&ntilde;alar que los receptores acoplados a prote&iacute;nas G constituyen una enorme familia. Hay receptores de este tipo para la luz (rodopsina), receptores para olores y sabores, un sensor de calcio, receptores para muchos de los principales neurotransmisores (como la adrenalina, la dopamina, la serotonina, la histamina, opi&aacute;ceos y canabinoides, entre otros) y muchas hormonas generales y locales (la angiotensina, la vasopresina, el glucag&oacute;n, la ACTH, gonadotropinas, prostaglandina y muchas otras). Sabemos por la informaci&oacute;n de los mam&iacute;feros de los que conocemos el genoma (el hombre incluido) que estos receptores pueden corresponder entre el 3 y 5% de las prote&iacute;nas codificadas. Es decir, que tenemos una enorme cantidad de receptores de esta clase. No sorprende, por ello, que existan varios subtipos de receptores para una sola hormona; por ejemplo, la adrenalina y la noradrenalina comparten 9 receptores (tres alfa&#45;1, tres alfa&#45;2 y tres beta). La existencia de subtipos de receptores con expresi&oacute;n diferencial en los distintos tejidos resulta posiblemente del proceso de presi&oacute;n de selecci&oacute;n en la evoluci&oacute;n y que pudiera haber otorgado ventajas adaptativas por regulaci&oacute;n diferencial. Adem&aacute;s, abre una enorme ventana de posibilidades para el tratamiento farmacol&oacute;gico de diversas enfermedades. No es extra&ntilde;o, por ello, que se estime que los receptores acoplados a prote&iacute;nas G son el blanco terap&eacute;utico de por lo menos un 40% de los f&aacute;rmacos utilizados en la pr&aacute;ctica m&eacute;dica. Es muy probable que tambi&eacute;n un muy alto porcentaje de los f&aacute;rmacos de uso odontol&oacute;gico y veterinario act&uacute;en sobre estos receptores. Es importante se&ntilde;alar que existen una gran cantidad de receptores cuyos agonistas naturales no se conocen (se han denominado receptores hu&eacute;rfanos) y constituyen un &aacute;rea enorme de investigaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las acciones de las hormonas y neurotransmisores a los que me he referido tienen en general un inicio casi instant&aacute;neo y un apagamiento tambi&eacute;n r&aacute;pido. Es bien conocido el hecho de que cuando se aplica un agonista, por ejemplo, aminas presoras del tipo de la adrenalina o la dopamina, se presenta una acci&oacute;n inmediata intensa que decae con el tiempo; si se tiene que aplicar una segunda dosis, frecuentemente la respuesta es menor y  las aplicaciones posteriores tienden a tener a&uacute;n menor efecto. A este proceso se le denomina desensibilizaci&oacute;n o taquifilaxia y es de observaci&oacute;n cotidiana, principalmente en las &aacute;reas de cuidados intensivos de los hospitales. Por ello, se ha pensado que es un efecto exclusivamente farmacol&oacute;gico. Esto no es as&iacute;. Se trata de un proceso fisiol&oacute;gico de ajuste de sensibilidad, que ocurre continuamente en nuestras c&eacute;lulas. Estudios en c&eacute;lulas en cultivo han permitido establecer varias etapas en la desensibilizaci&oacute;n. En una etapa inicial, que toma unos cuantos minutos, se producen cambios en el estado de fosforilaci&oacute;n del receptor que lo ''congela'' en un estado inactivo o de poca actividad, posteriormente el receptor es internalizado en ves&iacute;culas lo que disminuye el n&uacute;mero de receptores en la membrana (llamado ''downregulation'' en la literatura en ingl&eacute;s). Este proceso se inicia en minutos pero puede tomar muchas horas. Los receptores internalizados pueden ser degradados o bien reciclados a la membrana plasm&aacute;tica (<a href="/img/revistas/rom/v15n4/a1f3.jpg" target="_blank">Figura 3</a>). Si la estimulaci&oacute;n es muy prolongada o intermitente con alta frecuencia, se producen cambios incluso en la s&iacute;ntesis de los receptores.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Trabajo experimental de los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os ha mostrado que la fosforilaci&oacute;n y desfosforilaci&oacute;n de los receptores ocurre en forma continua, principalmente en la cola carbox&iacute;lica y en la tercera asa intracelular. Estas fosforilaciones constituyen puntos a los que se asocian diversas prote&iacute;nas, las beta&#45;arrestinas entre ellas, que permiten que se formen complejos macromoleculares para la internalizaci&oacute;n de los receptores. As&iacute;, por ejemplo, todos percibimos que al entrar a un lugar pobremente iluminado, como un teatro o cine una vez iniciada la funci&oacute;n, tenemos que esperar unos segundos o minutos para poder ver con cierta claridad; igualmente, al entrar a un sitio con muy alta iluminaci&oacute;n, no logramos ver con precisi&oacute;n hasta pasados unos minutos. Estos ajustes en la sensibilidad a la luz ocurren en nuestra retina, en los conos y bastones, donde el receptor a la luz, la rodopsina es fosforilada y desfosforilada.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los estudios actuales en este campo est&aacute;n centrados en conocer la regulaci&oacute;n por fosforilaci&oacute;n de los diversos receptores, las prote&iacute;nas cinasas que participan en la fosforilaci&oacute;n as&iacute; como las fosfatasas que los desfosforilan, los sitios espec&iacute;ficos que son afectados (principalmente residuos de serina, treonina y tirosina), as&iacute; como los eventos moleculares que participan en el apagamiento de la se&ntilde;al y en su recuperaci&oacute;n. No hay duda que los pr&oacute;ximos a&ntilde;os traer&aacute;n avances tanto en los aspectos estructurales como funcionales de esta familia de receptores.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>REFERENCIAS</b></font></p>    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">1.	Ferguson SS. Evolving concepts in G protein&#45;coupled receptor endocytosis: the role in receptor desensitization and signaling. <i> Pharmacol Rev</i>  2001; 53: 1&#45;24.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8921203&pid=S1870-199X201100040000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">2.	Garc&iacute;a&#45;S&aacute;inz JA. Adrenaline and its receptors: one hundred years of research. <i> Arch Med Res</i>  1995; 26: 205&#45;212.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8921205&pid=S1870-199X201100040000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">3.	Garc&iacute;a&#45;S&aacute;inz JA, Romero&#45;&Aacute;vila MT, Molina&#45;Munoz T, Garc&iacute;a&#45;Pasquel MJ. G&#45;protein &#45;coupled receptor&#45;receptor tyrosine kinase crosstalk. Regulation of receptor sensitivity and roles of autocrine feedback loops and signal integration. <i> Current Signal Transduction Therapy</i>  2008; 3: 174&#45;182.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8921207&pid=S1870-199X201100040000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">4.	Garc&iacute;a&#45;S&aacute;inz JA, V&aacute;zquez&#45;Prado J, Villalobos&#45;Molina R. Alpha 1&#45;adrenoceptors: subtypes, signaling, and roles in health and disease. Arch Med Res 1999; 30: 449&#45;458.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8921209&pid=S1870-199X201100040000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">5.	Kenakin TP. Cellular assays as portals to seven&#45;transmembrane receptor&#45;based drug discovery. <i> Nat Rev Drug Discov</i>  2009; 8: 617&#45;626.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8921211&pid=S1870-199X201100040000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">6.	Lefkowitz RJ. Historical review: a brief history and personal retrospective of seven&#45;transmembrane receptors. <i> Trends Pharmacol Sci</i>  2004; 25: 413&#45;422.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8921213&pid=S1870-199X201100040000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">7.	Penn RB, Pronin AN, Benovic JL. Regulation of G protein&#45;coupled receptor kinases. <i> Trends Cardiovasc Med</i>  2000; 10: 81&#45;89.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8921215&pid=S1870-199X201100040000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">8.	Tobin AB. G&#45;protein&#45;coupled receptor phosphorylation: where, when and by whom. <i> Br J Pharmacol</i>  2008; 153(Suppl 1):  S167&#45;176.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8921217&pid=S1870-199X201100040000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Nota</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este art&iacute;culo puede ser consultado en versi&oacute;n completa en <a href="http://www.medigraphic.com/facultadodontologiaunam" target="_blank">http://www.medigraphic.com/facultadodontologiaunam</a></font></p>       ]]></body><back>
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