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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Presentaci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para los cient&iacute;ficos tambi&eacute;n existen fronteras que atravesar. M&aacute;s all&aacute; de las representaciones superficiales de la vida social &#151;muchas asociadas a formas simplistas de representar&#151; siempre aparecen historias contradictorias, din&aacute;micas m&uacute;ltiples y realidades fluidas, trashumantes, a veces violentas, m&aacute;s de lo que nos revelan las primeras impresiones. La tarea de la investigaci&oacute;n es traspasar esas representaciones inmediatas. Los trabajos aqu&iacute; publicados &#151;sin ninguna intenci&oacute;n de neutralidad&#151; nos ofrecen distintas maneras de internarnos en esas fronteras de las im&aacute;genes superficiales para develarnos la condici&oacute;n hist&oacute;rico social de aquello que parece naturalizado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jes&uacute;s Sol&iacute;s estudia el indianismo eclesi&aacute;stico en Michoac&aacute;n en las primeras d&eacute;cadas del siglo XX &#151;cuyos or&iacute;genes est&aacute;n en la Enc&iacute;clica Rerum Novarum de 1891&#151; sus posibles conexiones &#151;no reconocidas&#151; con el etnicismo de finales de siglo. &iquest;Es este &uacute;ltimo realmente un fen&oacute;meno reciente o nos falta una mirada de largo plazo? El art&iacute;culo nos ofrece informaci&oacute;n sobre maestros y escuelas cat&oacute;licas en diversas localidades ind&iacute;genas de Michoac&aacute;n &#151;135 escuelas en la di&oacute;cesis de Morelia en 1905&#151; que funcionaban antes de las gubernamentales. Partidos cat&oacute;licos, cajas de ahorro y organizaciones obreras, surg&iacute;an desde la iglesia; igual que el movimiento Acci&oacute;n Cat&oacute;lica, que para los a&ntilde;os cuarenta ten&iacute;a ya un programa para la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena, con sacerdotes de esos pueblos que promov&iacute;an la conservaci&oacute;n de la cultura. Igualmente surgieron internados, peri&oacute;dicos e incluso un proyecto para fundar la academia de la lengua tarasca, todo en competencia con las nuevas instituciones del Estado de la posrevoluci&oacute;n y otros movimientos pol&iacute;ticos, entre 1940 y 1950, pero tambi&eacute;n con colaboraciones espor&aacute;dicas entre gobierno e iglesia que llegaban a compartir diversas versiones del integracionismo y de sus cr&iacute;ticas. Aunque en los setenta el orgullo &eacute;tnico fue desplazado por otras banderas, se dio una revitalizaci&oacute;n en las siguientes d&eacute;cadas. &iquest;No hubo una influencia del indianismo de los a&ntilde;os 40 y 50 en la revitalizaci&oacute;n &eacute;tnica de finales del siglo, como dicen voceros de esos movimientos y analistas? De manera pertinente, Jes&uacute;s Sol&iacute;s llama a una visi&oacute;n hist&oacute;rica de las organizaciones y las ideolog&iacute;as, m&aacute;s all&aacute; de sus propios discursos. Podemos preguntar si proyectos pol&iacute;ticos como estos requieren de la creaci&oacute;n de una auto representaci&oacute;n como ruptura y de una esencializaci&oacute;n de lo &eacute;tnico &#151;que la investigaci&oacute;n tiene que traspasar con habilidad de cirujano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Edith Kauffer analiza la relaci&oacute;n entre migraciones y agua en una frontera desigualmente estudiada: la de M&eacute;xico y Centroam&eacute;rica. Aqu&iacute; predominan las visiones desde M&eacute;xico &#151;el "sur"&#151; y sobre todo de las relaciones con Guatemala; los estudios sobre fen&oacute;menos sociales &#151;no as&iacute; de los recursos&#151; y una perspectiva conceptual poco clara de la frontera. Estudiar agua y migraci&oacute;n nos habla de movilidad y fluidez de la frontera &#151;y no solo de un trazo divide en la abstracci&oacute;n de un mapa&#151; mostr&aacute;ndonos aspectos del <i>border</i> &#151;la l&iacute;nea que divide&#151;, de la <i>frontier</i> &#151;el frente de avanzada&#151;, y del <i>boundary</i> &#151;las distinciones entre "nosotros" y "ellos"&#151;. &iquest;Qu&eacute; nos dice el fluir del agua y la gente acerca de estas conceptualizaciones? La pen&iacute;nsula de Yucat&aacute;n, Tabasco y Chiapas, cuentan con m&aacute;s mantos acu&iacute;feros y agua renovable que cualquier otra parte de M&eacute;xico; comprenden seis cuencas compartidas entre M&eacute;xico, Guatemala y Belice, adem&aacute;s de formar los r&iacute;os que fungen como l&iacute;mites territoriales entre los pa&iacute;ses. Las fronteras est&aacute;n definidas en funci&oacute;n de los r&iacute;os &#151;por el <i>thalweg</i> o canal m&aacute;s profundo del r&iacute;o, as&iacute; se defin&iacute;a en el siglo XIX en r&iacute;os navegables&#151; y si los r&iacute;os se mueven, como en Suchiate que separa Guatemala de M&eacute;xico, o desaparecen en ciertos tramos y temporadas, como el r&iacute;o Hondo que divide Belice de Quintana Roo, entonces la frontera l&iacute;nea, <i>border,</i> tambi&eacute;n se mueve o se desvanece. Los r&iacute;os tambi&eacute;n son importantes en la ocupaci&oacute;n de los territorios, en el sentido de <i>frontier,</i> como sucede con los r&iacute;os Usumacinta y Candelaria, entre Chiapas y Guatemala y en Campeche, respectivamente: la presencia de ocupaci&oacute;n humana en sus cercan&iacute;as, su uso en la navegaci&oacute;n y en el transporte de maderas entre los siglos XIX y XX, y la formaci&oacute;n de asentamientos campesinos, muestran el papel preponderante de estas aguas superficiales en la din&aacute;mica demogr&aacute;fica y social. Las diversas migraciones son flujos tambi&eacute;n importantes para la conformaci&oacute;n de la frontera. La combinaci&oacute;n de ambos nos ofrece un mosaico de experiencias transfronterizas que esperan el estudio m&aacute;s detallado. Un aspecto relevante en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas es la relaci&oacute;n que hay entre migraci&oacute;n y desastres humanos generados en el contexto de fen&oacute;menos naturales asociados con agua: colonizaci&oacute;n de &aacute;reas cercanas a los r&iacute;os, deforestaci&oacute;n y vulnerabilidad. El art&iacute;culo invita a realizar estudios de la relaci&oacute;n entre recursos h&iacute;dricos y sociedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Amalia Campos nos presenta otra dimensi&oacute;n de la frontera, la <i>boundary</i> en los t&eacute;rminos propuestos por Kauffer. Se trata del imaginario de frontera entre los j&oacute;venes en dos puntos de cruce del sur hacia el norte: Tec&uacute;n Um&aacute;n, en Guatemala; y Tijuana, en M&eacute;xico. Amalia analiza c&oacute;mo entienden estos habitantes la frontera, desde la experiencia de ella, como sistema de control y de inclusi&oacute;n/exclusi&oacute;n. A partir de mapas mentales y entrevistas estructuradas la autora nos acerca a diversas im&aacute;genes de la frontera l&iacute;nea desde el "sur". Est&aacute; la frontera ambivalente que implica una representaci&oacute;n del "norte" como punto idealizado, al tiempo que fuerza opresiva. Otra imagen es la de frontera traficable, que nos habla del comercio de mercanc&iacute;as de un lado al otro, al igual que del paso de personas. La frontera diferenciadora se refiere a un efecto de los sistemas de control migratorio y aduanero: el &eacute;nfasis en las diferencias sociales, entre ellas las diferencias entre el nosotros y los otros. Esto se relaciona tambi&eacute;n con la frontera administrativa, entendida como el paso a un sitio donde se reservan el derecho de admisi&oacute;n, sin claridad sobre cu&aacute;les son los criterios de selecci&oacute;n. La frontera puede ser representada tambi&eacute;n como "natural", en especial cuando se asocia con alg&uacute;n marcador geogr&aacute;fico, como un r&iacute;o &#151;en el caso de Tec&uacute;n Um&aacute;n&#151;, una forma de naturalizaci&oacute;n &#151;cuestionable&#151; de la divisi&oacute;n. La frontera omnipresente se refiere a la vigilancia, la tecnolog&iacute;a de la misma y al escrutinio en la l&iacute;nea &#151;y el reto que significa cruzarla&#151;. Lo que surge de este trabajo es una diversidad de entendimientos de la frontera entre los habitantes de ciudades del sur en la ruta hacia el norte.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Francisco Franco hace un acercamiento a movimientos de sanaci&oacute;n dentro del catolicismo, fen&oacute;meno del que se tiene pocas investigaciones hist&oacute;ricas y antropol&oacute;gicas, adem&aacute;s de escasos datos sobre su importancia y extensi&oacute;n. Su evento principal es la misa de sanaci&oacute;n, donde nos ofrecen algunas im&aacute;genes de la parroquia de Muchuch&iacute;es, un pueblo agr&iacute;cola cercano a M&eacute;rida, Venezuela. Las formas en que se desarrolla la misa y se extiende el culto entre los vecinos son detalladas en este art&iacute;culo. El movimiento, iniciado en los setenta por parte de algunos sacerdotes, pone &eacute;nfasis en el cuerpo, la emoci&oacute;n y la sensualidad, por ello representa una subversi&oacute;n de la misa cat&oacute;lica. Rechazado y aceptado, fue visto desde la jerarqu&iacute;a religiosa como un conjunto de formas rituales que se acercan al pentecostalismo evang&eacute;lico; pero, es tolerado al mismo tiempo, pues permite a la iglesia cat&oacute;lica competir con cierto &eacute;xito con las iglesias no cat&oacute;licas, con cultos tradicionales como el de Mar&iacute;a Lionza &#151;un movimiento calificado como espiritista&#151; y con movimientos espiritualistas tipo <i>new age;</i> adem&aacute;s, re&uacute;ne a varios adeptos entre sacerdotes y personajes con autoridad en la burocracia eclesi&aacute;stica. El autor termina haciendo una pregunta: &iquest;se trata de una continuaci&oacute;n de un misticismo que se enfoca en la descentraci&oacute;n del cuerpo o es m&aacute;s bien un misticismo <i>light</i> para las masas, que no huyen de lo mundano y corporal sino que tratan de enfrentarlo, en condiciones de sufrimiento cotidiano?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El siguiente art&iacute;culo, de Nelly Vel&aacute;zquez, nos acerca a lo que esta autora llama la etnohistoria de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena del golfo de Paria, Venezuela, en torno a la cual se ha construido una imagen de pueblos "caribes" belicosos, antrop&oacute;fagos y de cultura atrasada. Sin embargo, a partir de las cr&oacute;nicas colombinas, de los relatos de viajeros, misioneros y antrop&oacute;logos, y de los an&aacute;lisis arqueol&oacute;gicos, la autora nos transporta a lo que est&aacute; detr&aacute;s de esa imagen. As&iacute;, las relaciones de Col&oacute;n acerca de los contactos que &eacute;l mismo o sus subordinados tuvieron con los habitantes de esta regi&oacute;n indican que se trataba de pueblos con una amplia gama de actividades de subsistencia, con pesca, caza, agricultura de ma&iacute;z y otros productos, adem&aacute;s de orfebrer&iacute;a, fabricaci&oacute;n de utensilios de piedra muy elaborados, barcas y conocimientos de navegaci&oacute;n. Los estudios arqueol&oacute;gicos y de ling&uuml;&iacute;stica nos hablan de grupos de cultura muy semejante entre las Antillas y del Orinoco. Por analog&iacute;a etnogr&aacute;fica y los datos de las fuentes, se puede hablar de los pariagoto &#151;habitantes del Paria&#151; como sociedades cazadoras recolectoras y agricultoras con una organizaci&oacute;n igualitaria &#151;es decir, no jer&aacute;rquica, como en otros lugares del norte de Sudam&eacute;rica&#151; basada en alianzas por parentesco, enlaces matrimoniales, intercambio de productos y defensa. Esa debi&oacute; haber sido la organizaci&oacute;n en el momento del contacto. Entre algunas pr&aacute;cticas sociales y religiosas debieron existir la poligamia y el consumo ritual de las cenizas de los muertos, mezcladas con alguna bebida. Quiz&aacute; de esta pr&aacute;ctica, sugiere la autora, surgi&oacute; la idea del canibalismo. Sometidos desde el encuentro con los espa&ntilde;oles a diversas entradas de conquista, captura de esclavos y comercio forzado de perlas, adem&aacute;s de la sujeci&oacute;n al gobierno colonial, los ind&iacute;genas del oriente protagonizaron algunas rebeliones y participaron en la relocalizaci&oacute;n de pueblos, misiones y rutas de comercio y conquista en otras regiones, o huyeron al interior repoblando el territorio. As&iacute;, detr&aacute;s de una imagen estereotipada lo que surge es una historia compleja y diversa en el oriente de Venezuela.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jaime Rivas nos hace cruzar la frontera de M&eacute;xico y Guatemala por el Soconusco, por el puente de sus paradojas. Se trata de una de las regiones con mayor presencia de centroamericanos, visibles en todos los aspectos de la sociedad, de la econom&iacute;a y de la vida institucional de la regi&oacute;n, pero invisibilizados en muchos instrumentos de registro de poblaci&oacute;n y de dise&ntilde;o de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. Es parad&oacute;jico tambi&eacute;n el hecho de que se trata de la regi&oacute;n m&aacute;s centroamericana del pa&iacute;s, con una presencia de intercambios con los pa&iacute;ses del sur &#151;migraci&oacute;n laboral, comercio, refugio, asilo pol&iacute;tico&#151; que se remonta hasta el per&iacute;odo de formaci&oacute;n misma de la naci&oacute;n; y al mismo tiempo es una zona que vivi&oacute; la afirmaci&oacute;n del nacionalismo por la v&iacute;a de la intervenci&oacute;n militar en el siglo XIX, y que sigue siendo el primer filtro de la migraci&oacute;n que entra al pa&iacute;s en esta frontera. La visibilidad de esta poblaci&oacute;n se produce s&oacute;lo en registros de ilegales asegurados y deportados; una peque&ntilde;a cantidad de los que est&aacute;n de paso tambi&eacute;n son registrados en las instituciones de apoyo que han surgido paulatinamente, conforme crecen el flujo y la vulnerabilidad, pero no se consigna la presencia de mucha poblaci&oacute;n que ha establecido v&iacute;nculos de largo plazo, integr&aacute;ndose a la regi&oacute;n en distintos momentos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Soledad &Aacute;lvarez Velasco analiza la normalizaci&oacute;n de la violencia &#151;estructural, pol&iacute;tica, simb&oacute;lica y cotidiana&#151; en los espacios socialmente marginados, que son resultado de la desigual formaci&oacute;n de los mercados y los Estados. La ciudad de Tapachula es un punto privilegiado para observar estas formas de violencia, por ser un paso importante en la migraci&oacute;n transnacional, por la condici&oacute;n ilegal de la migraci&oacute;n y por la vulnerabilidad que se produce en ese tramo del viaje, en especial despu&eacute;s de la destrucci&oacute;n de las v&iacute;as f&eacute;rreas con el hurac&aacute;n Stan. All&iacute; confluyen migrantes de diversos continentes en una ruta que tiene por destino Estados Unidos, son personas que sufren en las redes de tr&aacute;fico humano. El parque central, con su din&aacute;mica cotidiana de gobierno, mercado y negocios diversos, as&iacute; como del ocio y el descanso dominicales, es al mismo tiempo un punto de contactos, de socializaci&oacute;n entre poblaciones flotantes, de contrato de empleos temporales informales, de inicio o continuaci&oacute;n de la trata de personas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se encuentran all&iacute; "canguritos" &#151;ni&ntilde;os y ni&ntilde;as vendedoras de dulces y cigarrillos al menudeo&#151; y "dom&eacute;sticas", la mayor&iacute;a mujeres y ni&ntilde;as migrantes, en especial de Guatemala. Igualmente est&aacute;n los "otros migrantes", en su mayor&iacute;a hombres de diversos or&iacute;genes que est&aacute;n de paso. Todos ellos, de diversas formas, est&aacute;n sometidos a formas de contrataci&oacute;n desventajosa y, a veces, de reclusi&oacute;n y de explotaci&oacute;n ilegal controlada por grupos de tratantes de personas. Esto se une al tr&aacute;fico de mercanc&iacute;as ilegales. Todo ello ocurre, como en muchas otras ciudades, enfrente de las autoridades, de las familias de la ciudad, de los comerciantes y empleadores de la ciudad &#151;del mercado, cantinas, centros nocturnos o lugares de prostituci&oacute;n&#151; o de los propios migrantes, que viven todos as&iacute; su vida cotidiana y, en algunos casos, obtienen alg&uacute;n beneficio de aquel mercadeo. Igualmente, es un punto dentro de largas cadenas de mercantilizaci&oacute;n de las personas, del secuestro, la extorsi&oacute;n, la explotaci&oacute;n sexual, redes que ya tienen una dimensi&oacute;n translocal y a veces transnacional. En medio de esas m&uacute;ltiples relaciones se produce la frontera como distinci&oacute;n, que separa a los otros, peligrosos seg&uacute;n un ex jefe de un cuerpo policiaco, de un nosotros, como cuando se fund&oacute; el parque Bicentenario para la convivencia de los tapachultecos; es una diferencia que termina cubriendo las condiciones de las m&uacute;ltiples conexiones e intercambios. La autora nos pregunta hasta cu&aacute;ndo se seguir&aacute; ocultando eso que est&aacute; a la vista de todos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jorge Luis Capdepont&#45;Ballina nos habla de Mesoam&eacute;rica no como &aacute;rea cultural sino como un proyecto que es producto hist&oacute;rico del inter&eacute;s de empresas y gobiernos, en especial de pa&iacute;ses dominantes, sobre los recursos del &aacute;rea as&iacute; identificada. El texto nos habla de la condici&oacute;n estrat&eacute;gica del &aacute;rea, por la posibilidad de estrechar el tr&aacute;nsito entre los oc&eacute;anos, su diversidad biol&oacute;gica, su potencial tur&iacute;stico, sus recursos petroleros e h&iacute;dricos. Sin embargo, es tambi&eacute;n una regi&oacute;n del mundo con poblaciones que viven en condiciones de alta marginaci&oacute;n. Eso se explica, seg&uacute;n el autor, por la forma en que se integr&oacute; al mundo, a partir de la conquista, la pirater&iacute;a, la formaci&oacute;n de las naciones, de las empresas que buscaron explotar los recursos y de la competencia entre potencias mundiales por su control. De la explotaci&oacute;n de los recursos no se ha generado una fuente de desarrollo local, y s&iacute; se han experimentado efectos como el deterioro ecol&oacute;gico asociado con la forma de explotaci&oacute;n de los hidrocarburos. Seg&uacute;n el autor, la formulaci&oacute;n del Plan Puebla Panam&aacute; en 2001 y del proyecto Mesoam&eacute;rica de 2007 es parte de esa larga historia de m&uacute;ltiples intereses en los recursos y la posici&oacute;n estrat&eacute;gica de la regi&oacute;n. De alguna manera, cambios recientes en las v&iacute;as de comunicaci&oacute;n y transporte pueden ser vistos como resultado de estos planes; pero el autor duda de sus efectos ben&eacute;ficos en t&eacute;rminos de desarrollo, pues contemplan solo el aprovechamiento de los recursos y no los procesos de industrializaci&oacute;n para la poblaci&oacute;n local. Esto lleva a Jorge Luis a compartir las sospechas que diversos movimientos tienen acerca de estos planes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nicanor Madue&ntilde;o nos muestra la forma en que se reproducen las relaciones de g&eacute;nero y los procesos de etnificaci&oacute;n entre las mujeres de Honduras en camino hacia un municipio fronterizo de Chiapas, localizado entre el corredor comercial y migratorio m&aacute;s importante de la frontera con Guatemala, el Soconusco, y la l&iacute;nea demarcada entre las selvas de ambos pa&iacute;ses. En esa parte de la regi&oacute;n fronteriza, la migraci&oacute;n centroamericana se ha expresado en la presencia de trabajadores agr&iacute;colas para la producci&oacute;n de caf&eacute;, por el refugio de guatemaltecos durante la guerra y, en los noventa, por ser un paso en la migraci&oacute;n transnacional hacia el norte. La mayor presencia hondure&ntilde;a se produce en esta &uacute;ltima oleada, relacionada con la destrucci&oacute;n dejada por el hurac&aacute;n Mitch y la ca&iacute;da del mercado de pl&aacute;tano; se caracteriza por una proporci&oacute;n significativa de mujeres. El estudio de Madue&ntilde;o muestra que la migraci&oacute;n no necesariamente produce una modificaci&oacute;n de las relaciones de g&eacute;nero favorables a la capacidad de decisi&oacute;n de las mujeres, sino que, por el contrario, puede profundizar la subordinaci&oacute;n. Una condici&oacute;n en la que las alternativas laborales son las maquiladoras, con tiempos estrictos, trabajos rutinarios y bajos salarios, que crean para las mujeres situaciones de conflicto en la unidad dom&eacute;stica; es el contexto del lugar de origen de la migraci&oacute;n femenina: San Pedro Sula. Pero la zona de llegada a Chiapas no ofrece alternativas alentadoras, pues no hay industria, sino agricultura, comercio y servicios, adem&aacute;s de la inseguridad asociada a la presencia del tr&aacute;fico de mercanc&iacute;as ilegales y de traficantes, as&iacute; como de cuerpos policiacos y militares. Las mujeres hondure&ntilde;as trabajan entonces como empleadas dom&eacute;sticas, meseras, vendedoras o en la prostituci&oacute;n. Al mismo tiempo, se produce un proceso de etnificaci&oacute;n, entendido como la forma en que se establece una diferencia por el origen imputado a una poblaci&oacute;n &#151;una forma de naturalizaci&oacute;n&#151; en el contexto de la interacci&oacute;n con los otros, sobre todo como distinci&oacute;n que se usa en la reproducci&oacute;n de la subordinaci&oacute;n. Este proceso se expresa en la creaci&oacute;n de representaciones del trabajo de la mujer hondure&ntilde;a &#151;la otra sexualmente disponible, o la empleada a la que se hace un favor d&aacute;ndole trabajo&#151; que se manipulan en las relaciones laborales, ya sea en las casas o en el creciente n&uacute;mero de cantinas y lugares de prostituci&oacute;n. Su situaci&oacute;n migratoria irregular y los lentos mecanismos de regularizaci&oacute;n de ellas y sus hijos nacidos en el pa&iacute;s favorecen la reproducci&oacute;n de esta condici&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gabriela Robledo nos presenta una serie de reflexiones en torno a un proceso de conversi&oacute;n religiosa entre ind&iacute;genas de Chiapas y Guatemala que no solo est&aacute; conectado en s&iacute; mismo, por la circulaci&oacute;n de ideas, pastores y predicadores, m&uacute;sica y otros v&iacute;nculos, sino que adem&aacute;s mantiene paralelos interesantes: la conversi&oacute;n parece estar vinculada con los procesos de modernizaci&oacute;n y secularizaci&oacute;n en ambos pa&iacute;ses; adem&aacute;s, la formaci&oacute;n de estos grupos no cat&oacute;licos muestra en ambos casos experiencias de construcci&oacute;n de nuevas comunidades, que de alg&uacute;n modo responden a la fragmentaci&oacute;n las comunidades ind&iacute;genas previas. Son una de las diversas experiencias de reelaboraci&oacute;n de lo que significa ser ind&iacute;gena en dos pa&iacute;ses de modernizaci&oacute;n tard&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El n&uacute;mero incluye un documento del Archivo Hist&oacute;rico Municipal de San Crist&oacute;bal de Las Casas &#151;y un interesante conjunto de fotograf&iacute;as&#151; relativo a la inauguraci&oacute;n del quiosco del parque central de la ciudad, con un estudio en el que V&iacute;ctor Esponda nos habla de la historia de la plaza y del quiosco s&iacute;mbolo, dice, de las ideas de modernizaci&oacute;n que hab&iacute;a en 1897 en Chiapas. La revista cierra con tres rese&ntilde;as de libros recientes: <i>El rechazo de las minor&iacute;as,</i> de Arjun Appadurai &#151;por Luis Rodr&iacute;guez&#151;; <i>M&aacute;s all&aacute; del esp&iacute;ritu</i>, de Carolina Rivera y Elizabeth Ju&aacute;rez &#151;por Alicia Mu&ntilde;oz&#151;; y <i>Levantamiento K'ichie' en Totonicap&aacute;n, 1820,</i> de Aaron Pollack &#151;por Jorge Gonz&aacute;lez.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su conjunto, los trabajos aqu&iacute; presentados nos invitan a cruzar distintas fronteras, en el norte y en el sur de M&eacute;xico o en el oriente de Venezuela, en la historia de los movimientos e iglesias y de sus formas de evangelizaci&oacute;n &#151;que entran a los cuerpos mismos de los fieles&#151; o en la imagen de los proyectos de modernizaci&oacute;n, disfrazados de novedades, que definen territorios y buscan modificar condiciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nos invitan a ver lo que hay detr&aacute;s, a viajar a trav&eacute;s de esas rutas abiertas por la investigaci&oacute;n y a hacer preguntas sobre el origen mismo y las formas en que se construyen los mojones y los muros; a observar la forma en que estas demarcaciones contribuyen a la construcci&oacute;n de memorias hist&oacute;ricas, representaciones de nosotros y los otros, distinciones y violencias, a la vez que ocultan conexiones hist&oacute;ricas, presencias, relaciones e intercambios.</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><i><b>Jos&eacute; Luis Escalona Victoria</b>    ]]></body>
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