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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Presentaci&oacute;n</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El &aacute;rea tem&aacute;tica de este n&uacute;mero de nuestra Revista <i>LiminaR</i> est&aacute; dedicada a los cultos populares. Es evidente que en toda Am&eacute;rica Latina y probablemente en otros continentes, las expresiones de culto popular, como el de La Santa Muerte no s&oacute;lo han proliferado en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, sino tambi&eacute;n se han diversificado. Estos cultos han hecho renacer, con nuevos significados, deidades y costumbres antiguas, junto con la creaci&oacute;n de otras nuevas. La creatividad popular no tiene l&iacute;mites, particularmente ante las amenazas que real y simb&oacute;licamente atentan contra la existencia humana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Usamos el concepto de cultos populares como una dimensi&oacute;n cultural de sentido amplio, que abarca a aquellas expresiones sociales m&iacute;ticas y religiosas que est&aacute;n fuera de las estructuras jerarquizadas de las instituciones eclesiales. Las formas religiosas institucionalizadas fueron construidas originalmente sobre ideolog&iacute;as y espiritualidades populares que al paso de la historia han sido convertidas en dogmas y leyes de control y de dominio. En su art&iacute;culo "G&eacute;nesis y Estructura del Campo Religioso", Pierre Bourdieu, plantea que la constituci&oacute;n de estancias espec&iacute;ficamente habilitadas para la producci&oacute;n, reproducci&oacute;n o difusi&oacute;n de los bienes religiosos y su evoluci&oacute;n, hacia una estructura m&aacute;s diferenciada, compleja y aut&oacute;noma, se acompa&ntilde;an de procesos de sistematizaci&oacute;n y movilizaci&oacute;n de las pr&aacute;cticas y representaciones religiosas. A trav&eacute;s de ellos se pasa del mito a la ideolog&iacute;a religiosa, en una especie de sistema elaborado que vuelve coherente los pasos, del tab&uacute; y de la contaminaci&oacute;n m&aacute;gica al pecado, y del Dios castigador, arbitrario e imprevisible, al Dios justo y bueno, garante y protector del orden de la naturaleza y la sociedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los cultos o religiones populares obedecen a una din&aacute;mica socio&#45;cultural que a veces se opone a las religiones institucionalizadas pero que, con mucha frecuencia, a&uacute;n con la condena institucional, se suman a las formas aceptadas oficialmente, sin problema en el imaginario de quienes las practican, y adquieren tal legitimidad social que, con frecuencia, han tenido que ser aceptadas por las autoridades eclesiales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ejemplo, como han analizado Sylvia Marcos y otros autores, las pr&aacute;cticas religiosas dedicadas a la tierra, al agua, al sol y otras fuerzas naturales deificadas por las sociedades prehisp&aacute;nicas o por las culturas africanas, perviven como cultos populares integrados en forma visible u oculta, en las pr&aacute;cticas cristianas de los grupos ind&iacute;genas actuales. Los cultos a La Santa Muerte o San La Muerte en varios pa&iacute;ses de Am&eacute;rica, el culto a Maxim&oacute;n en Guatemala, al Ni&ntilde;o de las Suertes o al narcotraficante Enrique Valverde o Malverde en el norte de M&eacute;xico y otros muchos, son expresiones culturales actuales sobrepuestas al cristianismo. Su popularidad actual se relaciona con la inseguridad acarreada por el capitalismo neoliberal para los sectores marginados o perseguidos en nuestros pa&iacute;ses.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jung Mo Sung, por su parte, plantea que no podemos entender ninguna religi&oacute;n concretamente vivida en un determinado contexto hist&oacute;rico, sin tener en consideraci&oacute;n la experiencia o necesidad religiosa&#45;espiritual que lo impuls&oacute; y le dio sentido. La praxis social se convierte gradualmente en el campo en el que, a trav&eacute;s de la fe en un futuro ut&oacute;pico, terrenal o m&iacute;tico, las representaciones simb&oacute;licas de la realidad vivida apuestan por el logro de un mejor destino para la humanidad. Un ejemplo de ello nos lo ofrece Nenuca, misionera de la Teolog&iacute;a de la Liberaci&oacute;n de Brasil, quien dejando atr&aacute;s la idea de alcanzar la justicia y la vida eterna en el cielo, planteaba, seg&uacute;n su bi&oacute;grafo Castel Vecchi, que Jes&uacute;s vino a traernos la vida plena en este mundo y a liberarnos de la muerte; como &eacute;l, entonces, tenemos que ir a los hombres, sobre todo a aqu&eacute;llos m&aacute;s profundamente sumergidos en las tinieblas de la muerte para anunciarles el Sol de la Vida, aqu&iacute; en la tierra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las utop&iacute;as por un mundo satisfactorio y de felicidad celeste o terrenal, se han sucedido una y otra vez, de modo definitivo y seguro al interior de la historia de las religiones; pero los sufrimientos y angustias concretas de las mayor&iacute;as van quedando sin respuesta y sin su debido valor, a causa misma de la peque&ntilde;ez humana o de su destiempo ante la evoluci&oacute;n c&oacute;smica. Esto causa crisis existenciales en la sociedad, frustraciones personales o, en el mejor de los casos, sufrimientos que se asumen religiosamente como dolores del parto en funci&oacute;n de la esperanza, ante la llegada del nuevo sistema mundo. Pero, como dice Habermas, el renovado optimismo en la salvaci&oacute;n divina obstruye el futuro como fuente de inquietud: podemos estar tranquilos en el futuro, pues &eacute;l ya est&aacute; garantizado o puede caer en el sacrificialismo de izquierda, lo que es decir en la exigencia de sacrificios para acceder a un mundo sin sacrificios.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El problema, como lo plantea Jun Mo Sung, es que la historia no camina de acuerdo a las promesas religiosas o a ciertas interpretaciones de los textos religiosos, ni de acuerdo con nuestros mejores deseos. Las crisis irremediablemente alcanzan a todas las personas, a&uacute;n a las que conf&iacute;an en las teolog&iacute;as y metanarrativas sobre la salvaci&oacute;n celestial o en la liberaci&oacute;n en este mundo. El cambio en la historia no viene de un argumento racional e inmanente a la historia. Con la modernidad, el sujeto de cambio deja de ser Dios para muchos creyentes, y a medida que el mercado y la ganancia se generalizan como par&aacute;metros legitimados por el sistema, la acci&oacute;n liberadora se privatiza, se traslada a la acci&oacute;n individual y directa de los humanos, y la religi&oacute;n pasa a ser considerada como un asunto "privad&iacute;simo" por la mayor&iacute;a de los ciudadanos. Los especialistas en el tema reafirman que son las din&aacute;micas econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas y sociales las que act&uacute;an en forma determinante en la construcci&oacute;n de la espiritualidad, los imaginarios y las representaciones m&iacute;ticas y religiosas. Las crisis de reflexi&oacute;n y de esperanza provienen de la constataci&oacute;n de que las promesas divinas o los esfuerzos para reestablecer el equilibrio con la naturaleza, como sucede en las religiones ind&iacute;genas, son suficientes ante el sufrimiento concreto de sectores cada vez m&aacute;s amplios de la poblaci&oacute;n.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Varios caminos han explorado las teolog&iacute;as y las pr&aacute;cticas religiosas en su af&aacute;n de solventar la crisis moderna y posmoderna de credibilidad. Algunas han desviado el foco del problema hacia la multiculturalidad, ya sea redescubriendo y revalorando la diversidad m&iacute;stica y religiosa de negros, ind&iacute;genas, orientales, etc&eacute;tera, o tratando de recuperar elementos religiosos del pasado, a veces desde posiciones fundamentalistas. Al analizar el discurso esencialista de la "identidad maya", basado en la recuperaci&oacute;n de la religi&oacute;n y la espiritualidad idealizadas de los mayas prehisp&aacute;nicos e impulsado, muchas veces, por organizaciones internacionales y ONG, M ario Roberto Morales opina que se trata de una oferta de consumos simb&oacute;licos masificados por la globalizaci&oacute;n y los efectos de la evangelizaci&oacute;n protestante en las comunidades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otras posiciones reafirman las expectativas en la utop&iacute;a de salvaci&oacute;n como ha sucedido con los cristianismos al abrir la posibilidad de diversificaci&oacute;n y proliferaci&oacute;n de sectas, o al reimpulsar la validez de la voluntad divina revelada en la tradici&oacute;n b&iacute;blica, ya sea desde el conservadurismo tradicional o abriendo nuevos campos a las teolog&iacute;as que buscan la liberaci&oacute;n de los pobres y los oprimidos, como la Teolog&iacute;a de la Liberaci&oacute;n y la Teolog&iacute;a India.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En realidad existen otras muchas respuestas nacidas de la actual crisis de credibilidad. Ubicamos, entre ellas, a los recientes cultos populares por sus caracter&iacute;sticas transgresoras e innovadoras, pues al mismo tiempo que trasponen las estructuras eclesiales y sus utop&iacute;as institucionalizadas &#151;rebasadas por la realidad individualista, violenta y deshumanizada que reproducimos, vivimos y confrontamos cotidianamente&#151;, los cultos populares intentan alcanzar &#151;directamente o trav&eacute;s de poderosas y nuevas mediaciones&#151; soluciones a los problemas econ&oacute;micos, sociales y pol&iacute;ticos inmediatos. Para ello se crean deidades transgresoras apropiadas a la misma realidad como la muerte santificada, que por su poder incuestionable puede ser la mejor aliada en las acciones transgresoras a ciertas legalidades y normatividades relacionadas con el narcotr&aacute;fico, por ejemplo, la prostituci&oacute;n, el robo, el tr&aacute;fico de personas, etc&eacute;tera; y puede, adem&aacute;s, convertirse en fuente de seguridad en los caminos dif&iacute;ciles como sucede durante la migraci&oacute;n. La Santa Muerte proporciona, a sus devotos, auxilio en los momentos dif&iacute;ciles: la muerte, la b&uacute;squeda de trabajo y la ejecuci&oacute;n de venganzas de las que muchas veces ella misma se encarga. Sus poderes sobrenaturales resultan equiparables a los par&aacute;metros de individuaci&oacute;n, competencia, enriquecimiento, corrupci&oacute;n, venganza y muerte que prevalecen sobre el sentido com&uacute;n y los derechos humanos individuales y colectivos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este n&uacute;mero de <i>LiminaR</i> nos proporciona elementos emp&iacute;ricos y reflexiones de construcci&oacute;n conceptual y de enriquecimiento te&oacute;rico sobre la religiosidad popular cuyas expresiones, en la realidad concreta, se encuentran sobrepuestas entre ellas y sobre lo institucional. Las religiosidades populares son m&uacute;ltiples y complejas, dif&iacute;ciles de comprender en toda su diversidad, dimensiones y significados. Los investigadores y trabajadores sociales tenemos la gran responsabilidad de conocer los procesos sociales, a fin de explicar, prever y responder adecuada y cr&iacute;ticamente a los desaf&iacute;os de las nuevas coyunturas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En ese sentido Pilar Castells, en su art&iacute;culo "La Santa Muerte y la cultura de los derechos humanos", sostiene que el culto a La Santa, al operar sobre fundamentos &eacute;ticos ambivalentes y bajo la responsabilidad individual, hace que el colectivo humano deje de ser el n&uacute;cleo de su culto, pues las peticiones que se le hacen se dirigen contra el o los que se consideran enemigos, soslayando posiciones solidarias e igualitarias y, consecuentemente, inhibiendo la construcci&oacute;n de una cultura de derechos humanos, al legitimar la aptitud social hacia la violencia, el control social a trav&eacute;s del temor y las jerarqu&iacute;as como fuente de las relaciones desiguales.</font> </p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Walter Calzato analiza la praxis del culto a San La Muerte en Argentina, haciendo &eacute;nfasis en la relaci&oacute;n entre la devoci&oacute;n y la existencia. Plantea que cuando la cohesi&oacute;n social se quiebra, el futuro y sus promesas se desvanecen; cuando el abandono existencial y social se ciernen en una persona, surge la urgencia de encontrar una salida pronta estableciendo una profunda relaci&oacute;n con el santo, que posee la fuerza suficiente para solucionar gran parte de los avatares que suceden en este "suelo".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Felipe Gayt&aacute;n en su art&iacute;culo "Santa entre los Malditos" nos habla de las formas diferentes y complejas del culto a la Santa Muerte como s&iacute;mbolo de la fragilidad de la vida y la necesidad de reivindicarla. Dice que la muerte tiene diferentes sentidos: uno es el de entender la vida como una tragedia y un destino imposible de evadir; otro, el de la percepci&oacute;n de incertidumbres en un mundo de cambios r&aacute;pidos, ante los cuales La Santa Muerte cataliza miedos y angustias. Un tercer sentido es el de inclusi&oacute;n, justicia y hermandad que los malditos han encontrado para ellos en su culto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Judith Katia Perdig&oacute;n en su art&iacute;culo "Una Relaci&oacute;n Simbi&oacute;tica entre La Santa Muerte y el Ni&ntilde;o de Las Suertes" nos muestra la superposici&oacute;n de La Santa sobre la imagen del Ni&ntilde;o de las Suertes, representaci&oacute;n iconogr&aacute;fica del Ni&ntilde;o Dios que reposa sobre un cr&aacute;neo a manera de almohada. Esta imagen, retomada y resignificada por los creyentes de La Santa Muerte, acopla lo esencial del cristianismo a las condiciones socio culturales marginales. El culto se actualiza seg&uacute;n las nuevas necesidades y es capaz de crear moda. Al nacer al seno del pueblo, lo sit&uacute;a como parte de la religiosidad popular que se constituye en identidades colectivas locales o regionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su secci&oacute;n abierta <i>LiminaR</i> presenta en este n&uacute;mero cinco contribuciones. Norma Esther Garc&iacute;a analiza el cuento "Tres d&iacute;as y un Cenicero" de Juan Jos&eacute; Arreola en su art&iacute;culo "La Venus de los Nabos o una Visi&oacute;n Art&iacute;stica del Mundo Fundada en el Fingimiento, la Simulaci&oacute;n y el Artificio"; cuento al que no se le ha dado mucha atenci&oacute;n por considerarlo un relato autobiogr&aacute;fico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jorge Maga&ntilde;a y Belkis G. Rojas escriben sobre "El paisaje cultural como detonante din&aacute;mico de patrimonializaci&oacute;n" en Vega de Paz, Cantabria, Espa&ntilde;a, donde los discursos sobre la construcci&oacute;n del mito identitario pace&ntilde;o ocultan la enajenaci&oacute;n ocasionada por la patrimonializaci&oacute;n del paisaje que, obedeciendo a intereses capitalistas&#45;neoliberales, propician desaparici&oacute;n y exterminio cultural de ese pueblo.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rafael Miranda en "Castoriadis y el regreso de lo religioso" ilustra el lugar que las cuestiones religiosas tienen en la campa&ntilde;a electoral actual en Estados Unidos y aborda el papel que, bajo el reclamo de la &eacute;tica, han jugado los representantes del pensamiento posmoderno, introduciendo la relaci&oacute;n instituyente&#45;instituido que supone el fen&oacute;meno religioso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Luis S&aacute;nchez, desde una visi&oacute;n psicol&oacute;gica, plantea en su art&iacute;culo "Apuntes para una Necrolog&iacute;a de la Muerte", la necesidad de otorgarle un nuevo sentido a la vida y a la muerte, ya que en la sociedad actual la muerte es la escapatoria &uacute;nica en un mundo que ha mercantilizado las relaciones y privilegia la acumulaci&oacute;n del capital como &uacute;nica posibilidad de realizaci&oacute;n. Cita a Buda y concluye que la muerte bien puede convertirse en motor de vida si, desde su tumba, la llamamos a resucitar, otorg&aacute;ndole un sentido renovador al sistema, tanto desde la &eacute;tica como desde la cultura.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Marin Roblero, al analizar la religiosidad de los Lacandones de Nah&aacute;, de Ocosingo, Chiapas, hace &eacute;nfasis en las transformaciones del espacio ecol&oacute;gico y socio&#45;cultural. Encuentra que las creencias religiosas introducidas por misioneros cristianos en 1944 propiciaron en esa comunidad la transformaci&oacute;n de la interrelaci&oacute;n hombre&#45;naturaleza, con consecuencias desastrosas para el entorno bi&oacute;tico de la selva. No obstante, plantea el autor, se conservan elementos de la cosmovisi&oacute;n tradicional sobre los que se podr&iacute;an desarrollar alternativas para la recuperaci&oacute;n del equilibrio ecol&oacute;gico de la regi&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la secci&oacute;n de Documentos, Miguel Lisbona presenta un interesante marco anal&iacute;tico de dos documentos: un art&iacute;culo de H&eacute;ctor E. Paniagua y un poema de Paciente Mar&iacute;n que nos muestran la visi&oacute;n posrevoluconaria de los chiapanecos ante la muerte de Augusto C&eacute;sar Sandino en 1934, que fueron publicados en la prensa local posrevolucionaria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este n&uacute;mero de <i>LiminaR</i> se cierra con las rese&ntilde;as de Mercedes Olivera, Lourdes Herrasti, Viridiana Escalona y Walter Calzato en torno a cuatro libros publicados recientemente.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><i><b>Mercedes Olivera Bustamante</b></i></font>    <br>     <font face="verdana" size="2"><i>CESMECA&#45;UNICACH</i></font></p>      ]]></body>
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