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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Presentaci&oacute;n</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>C&eacute;sar Gonz&aacute;lez Ochoa</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No puede abordarse el estudio del espacio de manera separada del de otras nociones tales como las de lugar, territorio, frontera, vecindario, comunidad, regi&oacute;n, naci&oacute;n, entre otras, y este camino conduce a la compleja noci&oacute;n de identidad. Si se puede asociar el espacio con nociones tan variadas como la de la identidad, tambi&eacute;n es posible enfocarlo desde m&uacute;ltiples puntos de vista y disciplinas. Muchas personas, desde la teor&iacute;a social o la filosof&iacute;a, por ejemplo, han reconocido que el espacio es una idea b&aacute;sica para la experiencia y el ejercicio de la imaginaci&oacute;n; por otro lado, antrop&oacute;logos, ge&oacute;grafos, historiadores del arte, etc., sin mencionar aqu&iacute; a quienes lo usan o, tal vez puede decirse, a quienes lo construyen, como es el caso de los urbanistas, arquitectos y dise&ntilde;adores en general, todos ellos, se interesan en mayor o menor medida en las diversas facetas del espacio. No es, pues, extra&ntilde;o que los estudiosos de la semi&oacute;tica, desde las distintas escuelas te&oacute;ricas y perspectivas, intenten aproximarse a esta omnipresente entidad: la escuela greimasiana y sus desarrollos posteriores en el campo de la semi&oacute;tica tensiva, los trabajos de Lotman, especialmente los que tratan la noci&oacute;n de frontera, algunos ensayos recientes dentro de la l&iacute;nea de Peirce, etc.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los art&iacute;culos que conforman esta edici&oacute;n de <i>T&oacute;picos del Seminario </i>abordan, desde diferentes &aacute;ngulos, la cuesti&oacute;n del espacio. Dos tienen como tema la relaci&oacute;n entre los espacios urbanos y la literatura. En el primero, Laura Elina Raso analiza algunos procedimientos de exclusi&oacute;n por medio de la dicotom&iacute;a adentro/afuera con relaci&oacute;n a los fraccionamientos privados de Argentina (llamados <i>countries</i>) y en la manera como &eacute;stos construyen una noci&oacute;n del "nosotros" que, por medio de l&iacute;mites excluye la noci&oacute;n de "los otros"; all&iacute; se estudia c&oacute;mo se manifiestan estos aspectos en una reciente novela de ese mismo pa&iacute;s. En el segundo, Raquel Guzm&aacute;n pone en relaci&oacute;n la poes&iacute;a con la ciudad; all&iacute; se hace una analog&iacute;a entre un libro de poemas de Juan Gelman y la ciudad de Buenos Aires en la &eacute;poca de la dictadura militar. Su lectura es un recorrido por calles y rincones en la cual aparecen personas, lugares, escenas de dolor, etc., donde todos ellos forman una red de relaciones; en esa red aparece una de las claves de la ciudad y del libro: la esquina, elemento que quiebra el orden de la ciudad. El tercer art&iacute;culo que aqu&iacute; se publica, escrito por Ivan Darrault&#150;Harris, trata del espacio psicoterap&eacute;utico; all&iacute; se parte del supuesto de que, como la dimensi&oacute;n espacial est&aacute; presente en todas las actividades y producciones humanas, lo est&aacute; tambi&eacute;n en la del cuerpo y de sus cuidados. De esta manera, se postula la existencia de un espacio del cuidado terap&eacute;utico, espec&iacute;ficamente del psicoterap&eacute;utico, el cual se divide en dos tipos, uno visible, habitable, y otro invisible, que es el del marco del proceso anal&iacute;tico, el del encuadre. Un cuarto trabajo, de C&eacute;sar Gonz&aacute;lez Ochoa, se refiere a la concepci&oacute;n de espacio como una experiencia propiamente humana que sostiene que lo que cotidianamente llamamos realidad, &uacute;ltimo reducto de la pr&aacute;ctica humana, no es sino el conjunto total de sistemas del mundo percibido y representado. Ese espacio es hist&oacute;rico ya que cada &eacute;poca produce no una representaci&oacute;n del espacio sino el espacio mismo. En quinto lugar aparece el ensayo de Eric Landowski, que se basa en la idea de que como el concepto de espacio es poco &uacute;til por su generalidad y su indefinici&oacute;n, es necesario reflexionar de modo menos general; por ello propone cuatro &oacute;rdenes espaciales, que son m&aacute;s bien maneras de vivir el espacio, cuatro reg&iacute;menes que configuran un sistema. La categor&iacute;a elemental que le sirve como punto inicial es la formada por lo continuo y lo discontinuo. En el siguiente art&iacute;culo en el orden adoptado en la revista, Juan Alonso Aldama, desde una perspectiva que se inscribe en la semi&oacute;tica tensiva, analiza algunas nociones de la misma constelaci&oacute;n que la de espacio, como las de frontera y territorio. All&iacute;, el criterio principal para definir la espacialidad es el del l&iacute;mite que separa el interior del exterior; este l&iacute;mite, lugar de estructuras pol&eacute;micas y contractuales, no se entiende s&oacute;lo como una l&iacute;nea divisoria sino que se extiende al espacio lim&iacute;trofe, la zona de frontera, que es lugar de negociaci&oacute;n y de interpretaci&oacute;n. Esta zona est&aacute; definida por t&eacute;rminos que poseen una naturaleza subcontraria: ni aqu&iacute; ni all&aacute;, ni interior ni exterior. Ese car&aacute;cter es responsable de la tensi&oacute;n y la inestabilidad en esa zona. El &uacute;ltimo de los trabajos, cuyo autor es Bernard Lamizet, relaciona el espacio con la mediaci&oacute;n. Se parte de considerar el espacio como una categor&iacute;a que estructura el pensamiento y la identidad; y su significaci&oacute;n se inscribe en tres mediaciones: entre lo singular y lo plural, entre lo real, lo simb&oacute;lico y lo imaginario, y entre lo est&eacute;tico y lo pol&iacute;tico. En el espacio es donde se ejercen los poderes, por lo que hay en &eacute;l una dimensi&oacute;n pol&iacute;tica; es en relaci&oacute;n con el poder como se expresa una identidad. El territorio es el espacio sometido al poder; una manera de estructurarse es por medio de las fronteras, que son las que dan identidad a un pa&iacute;s. Las fronteras son algo as&iacute; como los signos de puntuaci&oacute;n que hacen legible un territorio, que permiten distinguir la pertenencia de los sujetos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque las perspectivas y los supuestos son diferentes, todos los autores de los art&iacute;culos de este n&uacute;mero concuerdan, sea que se asuma como una condici&oacute;n, sea como un resultado, en que el espacio es construido: ya sea desde el punto de vista de un poeta, ya sea por la interacci&oacute;n de un analista y un analizado en la situaci&oacute;n psicoterap&eacute;utica, o ya sea en el trazo de las fronteras de un territorio. Esta concepci&oacute;n del espacio no permanece igual en el transcurso del tiempo ni permanece neutral respecto al poder; de hecho, es por su mediaci&oacute;n como los poderes se ejercen sobre los individuos y contribuye a su conformaci&oacute;n. Es decir, est&aacute; asociado con la identidad, tanto individual como colectiva. Por tanto, espacio, territorio, poder e identidad configuran una entidad dif&iacute;cil de estudiar si se sigue considerando sus partes de manera separada, especialmente en nuestro mundo moderno. Vamos a esbozar a continuaci&oacute;n algunas ideas sobre estos temas con el prop&oacute;sito de buscar alguna coherencia en los trabajos reunidos en este n&uacute;mero de <i>T&oacute;picos del Seminario.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera pregunta que surge en este caso es qu&eacute; es el espacio, pero &eacute;sta remite inevitablemente a la otra cuesti&oacute;n fundamental asociada, a la del tiempo: &iquest;son el espacio y el tiempo cosas o ideas?; &iquest;son formas del mundo real o son m&aacute;s bien categor&iacute;as del entendimiento?; &iquest;son el reflejo de las propiedades de lo real o manifiestan las relaciones entre los seres humanos y la realidad? Desde la antig&uuml;edad, las nociones de espacio y de tiempo han sido temas constantes de reflexi&oacute;n; y en todas las &eacute;pocas encontramos intentos de respuesta, desde los fil&oacute;sofos presocr&aacute;ticos, aunque de manera m&aacute;s sistem&aacute;tica a partir de Plat&oacute;n, hasta la f&iacute;sica contempor&aacute;nea.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las preguntas por el espacio y por el tiempo no pueden evitar las intervenciones de la filosof&iacute;a y, sobre todo, de las ciencias f&iacute;sicas; no importa desde d&oacute;nde se plantee el problema, tarde o temprano tiene lugar el enfrentamiento tanto con la primera como con las segundas; sin embargo, un replanteamiento del problema puede permitir al estudioso al menos posponer este abordaje cient&iacute;fico o filos&oacute;fico. &Eacute;ste consistir&iacute;a en asumir que lo que queremos investigar no es tanto el espacio en s&iacute; mismo, sino lo que produce en nosotros, los sentidos que genera; es decir, no el espacio f&iacute;sico o la extensi&oacute;n, sino el espacio vivido, el representado; en otros t&eacute;rminos, el espacio construido o producido, que algunos llaman simplemente espacio social.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, si se aborda no el espacio en general sino las representaciones del espacio, sobre todo la noci&oacute;n de espacio culturalmente construido, r&aacute;pidamente se comprueba que las diferentes &eacute;pocas y culturas poseen distintos modos de concebirlo, distintos modos de construirlo y representarlo. Por esto las respuestas acerca de la naturaleza del espacio no pueden encontrarse solamente en la especulaci&oacute;n filos&oacute;fica o en el acercamiento cient&iacute;fico sino en relaci&oacute;n con las acciones humanas, con eso que algunos autores llaman (o llamaban) la pr&aacute;ctica social. No es posible plantear el espacio como un <i>a priori </i>o como un absoluto sino que aparece como una relaci&oacute;n entre sujetos y objetos, y existe porque tales sujetos y objetos se relacionan.<sup><a href="#notas">1</a></sup> De all&iacute; que el problema pertinente sea por qu&eacute; distintas pr&aacute;cticas sociales producen distintas concepciones del espacio, o de preguntar por qu&eacute; cada &eacute;poca o cada cultura tiene su propia noci&oacute;n del espacio y produce sus propias formas, sean arquitect&oacute;nicas, de los objetos cotidianos o de cualquier otro tipo. Este cambio en los planteamientos, este cambio de terreno, permitir&iacute;a dejar de lado ciertos supuestos del sentido com&uacute;n, como aquellos que ven el espacio como una realidad neutra, previamente dada, en la cual se inscriben realidades de otro orden, como las relaciones o los acontecimientos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Algunas disciplinas sociales, tales como la geograf&iacute;a o la econom&iacute;a, asumen en parte la tarea de estudiar el espacio; sin embargo, en t&eacute;rminos generales lo consideran como preexistente, como algo dado de antemano; ambas lo ven de una manera fundamentalmente emp&iacute;rica: la geograf&iacute;a lo reduce a un conjunto de datos emp&iacute;ricos acerca de la naturaleza sin alcanzar a realizar el trabajo te&oacute;rico necesario para su construcci&oacute;n conceptual; la econom&iacute;a, por su parte, lo ve tambi&eacute;n como algo dado previamente, como un "espacio homog&eacute;neo e isotr&oacute;pico, neutro, en el cual se desarrollan los hechos econ&oacute;micos".<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este empirismo respecto a las maneras tradicionales de entender el espacio va paralelo con la concepci&oacute;n del mismo por parte del sentido com&uacute;n, que, de igual manera que el tiempo, es considerado como una realidad neutra, previamente dada, en la cual se inscriben otro tipo de realidades, tales como las relaciones sociales y los acontecimientos. Toda realidad material posee tanto una dimensi&oacute;n temporal como una dimensi&oacute;n espacial; igualmente las relaciones sociales, las cuales, al tener una forma material de existencia, poseen por tanto esas dos dimensiones. La concepci&oacute;n empirista del tiempo ha sido estudiada y criticada por muchos autores; tal vez el primero haya sido Althusser, quien desde hace casi medio siglo, critic&oacute; sobre todo su versi&oacute;n hegeliana y concluy&oacute; que ya no era "posible pensar en el mismo tiempo hist&oacute;rico el proceso de desarrollo de los diferentes niveles del todo &#91;...&#93; a cada nivel debemos asignarle un tiempo propio". Esos diferentes tiempos tienen una especificidad diferencial "puesto que est&aacute; fundada sobre las relaciones diferenciales existentes en el todo entre los diferentes niveles".<sup><a href="#notas">3</a> </sup>Tambi&eacute;n la concepci&oacute;n empirista del espacio ha sido analizada sobre todo por estudiosos del urbanismo como Lefevbre y sus continuadores. La noci&oacute;n de espacio ha preocupado a los fil&oacute;sofos de todas las &eacute;pocas, desde los presocr&aacute;ticos y los pitag&oacute;ricos, pero obtiene una formulaci&oacute;n precisa en uno de los &uacute;ltimos di&aacute;logos de Plat&oacute;n: el <i>Timeo, </i>donde se pregunta por el origen del mundo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es en ese contexto, dice Plat&oacute;n, que "existe el ser absoluto, el lugar donde nace el ser relativo, y lo que nace, tres t&eacute;rminos que existen de tres maneras diferentes y que nacieron antes que el cielo".<sup><a href="#notas">4</a></sup> Al ser absoluto le corresponden las formas ejemplares o Ideas, caracterizadas como inmutables, no generadas y que son indestructibles, pero no perceptibles por medio de los sentidos; lo que puede ser percibido es lo que nace, lo que est&aacute; sujeto al devenir; es decir, lo generado que es siempre cambiante. Entre estos dos extremos, entre las ideas&#150;forma que est&aacute;n m&aacute;s all&aacute; del mundo, y el devenir que es el mundo sensible, existe</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">un tercer g&eacute;nero eterno, el del lugar &#91;el espacio&#93;, que no puede morir, que proporciona una sede a todos los objetos que nacen. &Eacute;ste no es perceptible m&aacute;s que gracias a un razonamiento bastardo, que de ninguna manera acompa&ntilde;a a la sensaci&oacute;n: con dificultad podemos creer en &eacute;l. Es ciertamente lo que percibimos como en un sue&ntilde;o, cuando afirmamos que todo ser est&aacute; necesariamente en alguna parte, en un cierto lugar, ocupa un cierto espacio, y que lo que no est&aacute; ni sobre la tierra o en alguna parte del cielo simplemente no existe.<sup><a href="#notas">5</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El espacio, pues, desde un punto de vista plat&oacute;nico, es una mediaci&oacute;n: se sit&uacute;a entre el ser, que es inmutable, y el devenir cambiante; ese espacio, adem&aacute;s, al ser eterno e indestructible "proporciona una sede a todo lo que posee un origen"; es el recept&aacute;culo, donde todo tiene su lugar, donde se sit&uacute;an las cosas y los seres; sin embargo, como a&ntilde;ade Plat&oacute;n, s&oacute;lo es posible captarlo "por medio de un razonamiento bastardo". En esto es diferente de las Formas, que se alcanzan por medio del uso de la raz&oacute;n, sin "ayuda de la percepci&oacute;n sensible"; y tambi&eacute;n diferente del devenir, el cual se puede captar por los sentidos pero no por la raz&oacute;n. As&iacute;, se localiza en un lugar intermedio entre la raz&oacute;n y los sentidos, pero fuera de ambos. As&iacute; entendido, el espacio carece de figura o de forma, pero es la condici&oacute;n de posibilidad, el marco necesario para poder distinguir y delimitar toda forma o figura.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque esta idea de espacio es muy abstracta, concebible s&oacute;lo dentro de una reflexi&oacute;n cosmol&oacute;gica y que se aprehende por medio de un razonamiento matem&aacute;tico, su formulaci&oacute;n se hace a partir de la experiencia de las formas del habitar, y en este aspecto son muy importantes las formas de construcci&oacute;n o las formas de la arquitectura puesto que, desde las &eacute;pocas m&aacute;s remotas, en todas las sociedades humanas ha sido fundamental la cuesti&oacute;n del refugio, de la seguridad, del hogar. Los productos resultantes de la actividad constructiva o de la arquitectura constituyen uno de los primeros ejemplos de espacio construido.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la concepci&oacute;n de Plat&oacute;n, materia y extensi&oacute;n o lugar es lo mismo, pero Arist&oacute;teles hace del lugar la envolvente del cuerpo y no el cuerpo mismo; esa envolvente tiene un lugar definido en el mundo inmutable, mientras que los cuerpos se mueven y cambian de lugar. Las ideas de Arist&oacute;teles permanecieron sin cuestionar durante muchos siglos hasta que Descartes postula que no puede existir el lugar sin la sustancia y que la extensi&oacute;n (longitud, altura y profundidad) no puede tener existencia m&aacute;s que como parte de una sustancia material. Spinoza concuerda con este punto de vista pero distingue dos extensiones: la que se da a los sentidos y se representa a la imaginaci&oacute;n y la que se percibe por el entendimiento; la primera es divisible e indefinida como los cuerpos son infinitamente numerosos, la segunda es indivisible y plenamente infinita, y constituye de hecho la propiedad esencial del ser.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Newton, sin embargo, no asume la primera noci&oacute;n de extensi&oacute;n, es decir, el espacio de las cualidades sensibles y mensurables, sino que para &eacute;l el espacio es un absoluto &#151;as&iacute; como el tiempo&#151; es decir, es algo que existe en s&iacute;, independiente de la materia, y que funciona como marco de referencia inmutable para toda la escena del mundo y de los acontecimientos f&iacute;sicos que en &eacute;l se desarrollan, sin relaci&oacute;n con las cosas exteriores. Es cierto que para &eacute;l hay una representaci&oacute;n sensible del espacio, la posici&oacute;n relativa de los cuerpos, unos respecto de los otros, y las formas de los cuerpos s&oacute;lidos, pero &eacute;sta no se confunde con el espacio inm&oacute;vil. S&oacute;lo as&iacute; puede construir una descripci&oacute;n del movimiento y relacionar esos movimientos con causas llamadas fuerzas bajo la forma de enunciados o de ecuaciones entre vectores del espacio euclidiano. Cuando quiere justificar la existencia del espacio absoluto o del tiempo, independientes de las cosas materiales, Newton dice que espacio y tiempo no pueden preexistir al hombre y a la materia m&aacute;s que ligados a Dios; es decir, que espacio y tiempo son atributos divinos, consecuencia necesaria de su omnipresencia y de su eternidad. Es decir, el problema epistemol&oacute;gico se sustituye por un postulado metaf&iacute;sico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kant tiene como programa delimitar los dominios del saber y la fe y, con ello, fundar una teor&iacute;a del conocimiento sin apelar a pr&eacute;stamos metaf&iacute;sicos; por ello no puede aceptar el acercamiento de Newton. Para Kant, espacio y tiempo no necesitan preexistir a la materia o al ser humano sino que basta entender que existen a partir de una relaci&oacute;n rec&iacute;proca de las cosas y los hombres. La cosa en s&iacute;, dice, que se distingue de las cosas que se perciben, no est&aacute; ni en el espacio ni en el tiempo; el esp&iacute;ritu humano, en el acto de la percepci&oacute;n, asume las categor&iacute;as de espacio y tiempo como propias y sin las cuales la percepci&oacute;n no ser&iacute;a posible; &eacute;stas no son ideas puras, sino que se imponen al esp&iacute;ritu humano en un contacto emp&iacute;rico con la naturaleza; por tanto, no son tampoco arbitrarias. Las cosas en s&iacute; (los <i>noumena</i>) constituyen el mundo real; los fen&oacute;menos, &uacute;nicos objetos de conocimiento, constituyen el mundo mediado por el espacio y el tiempo, formas <i>a priori </i>de la sensibilidad. Al no estar ni en el espacio ni en el tiempo, las cosas en s&iacute; no est&aacute;n verdaderamente sometidas al determinismo de la mec&aacute;nica. Por tanto, el espacio y el tiempo est&aacute;n en alg&uacute;n lugar entre los <i>noumena </i>y los fen&oacute;menos, entre las cosas y la mirada del hombre que se apropia de ellos en el acto de percepci&oacute;n; m&aacute;s cerca del hombre, ciertamente, que de las cosas. Pero en su mirada sobre los fen&oacute;menos, el hombre puede ver estructuras o figuras puras, que en su pureza no le pertenecen, y que no puede atribuir m&aacute;s que al espacio mismo, lo que explica que este &uacute;ltimo parezca prefigurar los objetos: tal es el caso de la geometr&iacute;a, y de all&iacute; el por qu&eacute; la matem&aacute;tica sea, a ojos de Kant, la m&aacute;s pura de las ciencias.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los desarrollos de la mec&aacute;nica ponen en segundo plano las especulaciones filos&oacute;ficas sobre la naturaleza del espacio y del tiempo. Las objeciones de Descartes, Leibniz y Spinoza, a los ojos de los f&iacute;sicos, se solucionan por las respuestas de Kant, pero, a fines del siglo XIX, Mach revel&oacute; el car&aacute;cter dogm&aacute;tico de la posici&oacute;n kantiana, sobre todo a partir de que la noci&oacute;n de espacio absoluto se hab&iacute;a consolidado y sustancializado bajo la forma de &eacute;ter, un concepto &uacute;til para admitir filos&oacute;ficamente las acciones a distancia y para hacer comprensibles varios fen&oacute;menos, como la propagaci&oacute;n de la luz y las acciones el&eacute;ctrica y magn&eacute;tica, entre otras.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Einstein se dio cuenta de que en la teor&iacute;a f&iacute;sica se requer&iacute;a de un concepto de espacio opuesto al del espacio kantiano y propone considerar que el espacio y el tiempo son creaciones de la inteligencia humana, instrumentos del pensamiento que deben servir para establecer una liga entre las experiencias. Es cierto que esas construcciones del esp&iacute;ritu se apoyan, como es el caso de muchos conceptos, en un sustrato emp&iacute;rico, pero las nociones de tiempo absoluto y de espacio ordenado seg&uacute;n la geometr&iacute;a euclidiana se revelan a sus ojos como extrapolaciones injustificadas sobre la base de ese sustrato emp&iacute;rico. De all&iacute; que intente remplazar la f&iacute;sica de Newton y sus conceptos fundamentales (espacio y tiempo absoluto, fuerza de gravedad, etc.) por una geometr&iacute;a, de tal modo que las leyes de la naturaleza se expresen en proposiciones simples de naturaleza geom&eacute;trica. La posici&oacute;n de la f&iacute;sica relativista es que el espacio y el tiempo, tal como se utilizan por la teor&iacute;a, son productos de la inteligencia humana para describir ciertas propiedades, ciertas relaciones din&aacute;micas entre los objetos, propiedades o relaciones cuya realidad objetiva no puede ser puesta en duda.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, sin entrar en mayores detalles, incluso sin definir el espacio f&iacute;sico, podemos entender que existen estrechas relaciones entre &eacute;ste y el espacio social, que, como se dijo antes, es siempre una producci&oacute;n, y el espacio percibido y representado. Es la sociedad la que produce el espacio social a trav&eacute;s de la apropiaci&oacute;n de la naturaleza, de la divisi&oacute;n del trabajo y de la diferenciaci&oacute;n puesto que todas las representaciones del espacio f&iacute;sico son construcciones sociales operadas por los diversos grupos sociales; la misma noci&oacute;n de espacio f&iacute;sico o natural es una construcci&oacute;n del imaginario individual y colectivo. El concepto de espacio social se usa en el campo de los estudios de las disciplinas sociol&oacute;gicos, sobre todo para designar el campo de inter&#150;relaciones sociales; todo el sistema de relaciones se inscribe en un espacio en el que se asocian el lugar, lo social y lo cultural. Seg&uacute;n Bourdieu, la sociolog&iacute;a puede pensarse como una "topolog&iacute;a social" en la medida en que representa "el mundo social en forma de un espacio (de varias dimensiones) construido sobre la base de principios de diferenciaci&oacute;n o de distribuci&oacute;n constituidos por el conjunto de las propiedades que act&uacute;an en el universo social considerado".<sup><a href="#notas">6</a></sup> El espacio social es entendido, en esta perspectiva, como un campo de fuerzas donde los agentes sociales se definen por sus posiciones relativas; as&iacute;, el mundo humano se vuelve un espacio de relaciones construido de acuerdo con los lugares que ocupan los actores sociales y con la evaluaci&oacute;n que hacen de ellos mismos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las m&aacute;s profundas estructuras de una sociedad son las que corresponden a las del espacio y del tiempo pues la vida humana se desarrolla en el marco de coordenadas espacio&#150;temporales. El espacio y el tiempo son factores determinantes de la constituci&oacute;n y desarrollo de los grupos sociales y a este proceso est&aacute;n ligadas tanto la producci&oacute;n de cultura y de civilizaci&oacute;n como la constituci&oacute;n del medio ambiente. De hecho, no existe estrictamente una naturaleza bruta; por tanto, el an&aacute;lisis del espacio social tiene como condici&oacute;n ver el modo como la naturaleza es moldeada por la actividad colectiva.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En general, la reflexi&oacute;n sobre el espacio as&iacute; como las intuiciones desarrolladas en los trabajos que aqu&iacute; publicamos, nos llevan a destacar dos ideas fundamentales que subyacen en la concepci&oacute;n del espacio. La primera es que la producci&oacute;n de nuestro entorno y nuestra propia realizaci&oacute;n como seres humanos constituyen dos caras de un mismo proceso.<sup><a href="#notas">7</a></sup> La otra es que el espacio, entendido como espacio social, no existe previamente a la intervenci&oacute;n de los agentes humanos sino que se constituye a trav&eacute;s de su propia acci&oacute;n; es decir, que el espacio social es un producto del hacer humano. Estos dos postulados tienen incidencia sobre todo en la acci&oacute;n de los profesionales de la producci&oacute;n del espacio: arquitectos, urbanistas y dise&ntilde;adores, ya que todas las formas espaciales que son construidas y dise&ntilde;adas tienen un car&aacute;cter no arbitrario. La producci&oacute;n del espacio as&iacute; entendido requiere de una materia prima, que ser&iacute;a el territorio, la extensi&oacute;n territorial, o sea un 'lugar' con caracter&iacute;sticas geogr&aacute;ficas o topogr&aacute;ficas, pero que, en tanto que 'lugar', esas caracter&iacute;sticas son solamente el soporte de una trama de relaciones sociales. Son esas relaciones sociales las que configuran el espacio. Si es as&iacute;, entonces todo espacio construido ser&aacute; portador de una cierta visi&oacute;n de mundo, de una cierta manera de ver y entender la realidad que nos rodea; y no s&oacute;lo es portador sino que una de las funciones de ese espacio es la de inculcar esa visi&oacute;n, ense&ntilde;ar o imponer esa manera de ver; en suma, educar a los dem&aacute;s.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con respecto a algunas construcciones que se han identificado y reconocido a lo largo de la historia, formas arquitect&oacute;nicas tales como el templo en la cultura griega, la pir&aacute;mide, el dolmen, el minarete, el <i>nouraghe </i>de Cerde&ntilde;a, etc., Gillo Dorfles se hace la pregunta de por qu&eacute; estos objetos tuvieron "aquellas formas precisamente, que no eran, desde luego, las m&aacute;s simples ni las m&aacute;s comunes".<sup><a href="#notas">8</a></sup> Y esa pregunta la podemos extender no solamente a esas formas particulares sino a todas las que podamos reconocer; &iquest;por qu&eacute; todas ellas han estado configuradas as&iacute; y no de otra manera?; aunque ahora nos resultan familiares, no son ni obvias ni simples ni comunes. Esa pregunta puede servir aqu&iacute; para plantear la cuesti&oacute;n m&aacute;s general y m&aacute;s abstracta, que es buscar las relaciones entre una forma y la funci&oacute;n que desempe&ntilde;a, y entre la forma y el sentido o el significado del cual es veh&iacute;culo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los estudiosos de la arquitectura y las artes pl&aacute;sticas reconocen desde hace mucho tiempo la dificultad de hablar del espacio; dice un especialista en esas &aacute;reas que cuando se habla acerca del espacio no se hace referencia a la realidad objetiva, definida, como una estructura estable, sino a un concepto, es decir, a una idea que tiene un desarrollo hist&oacute;rico propio y cuyas transformaciones son expresadas o en parte, por las formas arquitect&oacute;nicas en particular y por las formas art&iacute;sticas en general.<sup><a href="#notas">9</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por tanto, en el an&aacute;lisis de este concepto &#151;contin&uacute;a&#151; se tendr&iacute;an que buscar las partes que lo constituyen, y "un componente esencial de este concepto es la concepci&oacute;n del mundo, de la naturaleza en su relaci&oacute;n con el individuo y con la sociedad".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es decir, que se trata de un problema muy complejo que requiere un tratamiento m&aacute;s profundo. Lo primero que se comprueba cuando se empieza a pensar acerca del espacio es que de &eacute;l s&oacute;lo podemos percibir sus contenidos: acontecimientos, objetos, personas pero no el espacio en s&iacute; mismo. Los griegos postularon una visi&oacute;n abstracta de la naturaleza y sus formas, que es la geometr&iacute;a como una manera de percibir el espacio. El nacimiento de la geometr&iacute;a es parte de la concepci&oacute;n racional del conocimiento, cuyo resultado es la sustituci&oacute;n de un sistema m&iacute;tico de representaciones por un sistema donde las matem&aacute;ticas y el n&uacute;mero ocupan un lugar central.<sup><a href="#notas">10</a></sup> Fueron, pues, los griegos quienes, m&aacute;s all&aacute; de las nociones m&iacute;ticas del lugar <i>(topos) </i>y de la casa &#151;primero de la casa habitaci&oacute;n y luego de la casa del soberano hasta llegar al templo, la casa de los dioses&#151; acu&ntilde;aron la idea de espacio, la cual se convirti&oacute; en una de las mayores categor&iacute;as del pensamiento occidental.<sup><a href="#notas">11</a></sup> La idea de espacio requiere de la actividad configuradora de la mente racional y matem&aacute;tica; s&oacute;lo con esa base ha sido posible la existencia de los usos literarios, pl&aacute;sticos o musicales &#151;es decir, est&eacute;ticos&#151; de esa actividad intelectual.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La transformaci&oacute;n en la concepci&oacute;n del espacio (as&iacute; como la del tiempo) ha sido mucho m&aacute;s notoria en la &eacute;poca que llamamos modernidad; de hecho es la separaci&oacute;n del espacio y el tiempo, caracter&iacute;stica de esta &eacute;poca, el mecanismo responsable por el dinamismo de la modernidad, es decir, ese estilo, costumbre de vida o de organizaci&oacute;n social que se impuso en Europa a partir del siglo XVI y que tuvo influencia en todo el mundo. El soci&oacute;logo ingl&eacute;s Anthony Giddens postula la tesis de que lo que proporciona dinamismo al mundo moderno es precisamente la separaci&oacute;n entre tiempo y espacio y su posterior recombinaci&oacute;n en formas que permiten el recorte espaciotemporal de la vida social.<sup><a href="#notas">12</a></sup></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antes de esta &eacute;poca, hab&iacute;a mucha mayor vinculaci&oacute;n entre tiempo y espacio. Antes de la difusi&oacute;n del reloj mec&aacute;nico a fines del siglo XVIII, las maneras imprecisas y variables de medir el tiempo siempre vinculaban con el lugar: era imposible decir la hora del d&iacute;a sin hacer referencia a ciertos marcadores espaciales; es decir, el "cu&aacute;ndo" estaba casi universalmente conectado con el "d&oacute;nde"; hasta que se uniform&oacute; la medici&oacute;n del tiempo por medio del reloj, el tiempo estuvo conectado con el espacio y con el lugar y esto coincide con la expansi&oacute;n y consolidaci&oacute;n de la modernidad en el siglo XX. El uso del reloj "expresaba una dimensi&oacute;n uniforme del tiempo 'vac&iacute;o' cuantificado de manera tal que permit&iacute;a la designaci&oacute;n precisa de 'zonas' del d&iacute;a, como por ejemplo de la jornada de trabajo".<sup><a href="#notas">13</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La existencia de ese tiempo vac&iacute;o, propiciado por el reloj, es condici&oacute;n para la aparici&oacute;n de un espacio vac&iacute;o, que puede comprenderse por la separaci&oacute;n entre espacio y lugar, entendido &eacute;ste como el escenario f&iacute;sico de la actividad social. En las sociedades anteriores a la modernidad, espacio y lugar coinciden en la medida en que las dimensiones espaciales de la vida social estaban determinadas por la presencia; es decir, las actividades estaban localizadas: la modernidad, por el contrario, separa el espacio del lugar y fomenta las relaciones entre otros "ausentes", localmente distantes de la interacci&oacute;n cara a cara; es decir, el lugar se hace cada vez m&aacute;s fantasmag&oacute;rico pues es penetrado y moldeado por influencias sociales distantes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El car&aacute;cter din&aacute;mico de la &eacute;poca moderna se debe a la separaci&oacute;n entre el espacio y el tiempo y a su formaci&oacute;n en dimensiones estandarizadas "vac&iacute;as" las cuales cortan las conexiones entre la actividad social y su inserci&oacute;n en las particularidades del contexto de presencia. Las instituciones modernas aumentan la distancia entre tiempo y espacio. Esa separaci&oacute;n proporciona los mecanismos de engranaje para la organizaci&oacute;n racionalizada, rasgo distintivo de la moderna vida social. Las organizaciones de la sociedad (donde se incluyen los estados modernos) tienen un efecto transformador pues pueden conectar lo local y lo global y con eso afectan la vida de grandes grupos de personas. Adem&aacute;s, la historicidad asociada con la modernidad depende de ciertos modos de inserci&oacute;n en el espacio y en el tiempo que no exist&iacute;an en &eacute;pocas anteriores.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El espacio y el tiempo no son solamente temas de constante especulaci&oacute;n filos&oacute;fica, cient&iacute;fica o del sentido com&uacute;n sino que tambi&eacute;n, dada su estrecha relaci&oacute;n con la construcci&oacute;n de la noci&oacute;n de lugar, el tiempo y el espacio son factores fundamentales en la definici&oacute;n que individuos y colectividades hacen de ellos mismos. No sorprende entonces que tales conceptos se encuentren en el n&uacute;cleo mismo de las discusiones acerca de la identidad. Cuando se habla de identidad,</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">se trata de qui&eacute;nes somos y de d&oacute;nde venimos. Como tal, constituye el trasfondo en el que nuestros gustos y deseos, y opiniones y aspiraciones, cobran sentido. Si algunas de las cosas a las que doy m&aacute;s valor me son accesibles s&oacute;lo en relaci&oacute;n a la persona que amo, entonces esa persona se convierte en algo interior a mi identidad.<sup><a href="#notas">14</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El mismo autor dice que la cuesti&oacute;n de la identidad est&aacute; asociada con los espacios que habitamos, a los cuales asignamos significado; son los lugares con los que nos identificamos:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Defino quien soy al definir desde d&oacute;nde hablo, en el &aacute;rbol familiar, en el espacio social, en la geograf&iacute;a de los status sociales y funciones, en mi &iacute;ntima relaci&oacute;n con los que amo, y tambi&eacute;n crucialmente dentro de los cuales defino y vivo mis m&aacute;s importantes relaciones.<sup><a href="#notas">15</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mientras algunos cr&iacute;ticos de la sociedad, como el citado Giddens o Foucault, reconocen como primaria la noci&oacute;n de espacio para la experiencia y la acci&oacute;n, otros estudiosos, sobre todo los ge&oacute;grafos, ponen m&aacute;s &eacute;nfasis en la noci&oacute;n de lugar; en general, se mantienen m&aacute;s alejados de la de espacio o las relaciones espaciales y se inclinan por la asociaci&oacute;n de lugares. De hecho, ellos invierten la concepci&oacute;n com&uacute;n entre las ciencias humanas de pensar el espacio como un lugar al cual se ha asociado un o unos significados. En ese sentido, tratan de entender la espacialidad de la vida social en el contexto de los diferentes lugares y c&oacute;mo, desde all&iacute;, aparece la noci&oacute;n de identidad: no son los espacios los que dan identidad sino los lugares. Seg&uacute;n se sugiere en un estudio de la identidad desde la perspectiva del lugar, se produce o genera una identidad cuando las personas se comprometen en la construcci&oacute;n de &eacute;ste, es decir en la forma en que los seres humanos transforman los lugares en que se encuentran en lugares en los que viven.<a href="#notas"><sup>16</sup></a> El lugar se construye dentro de realidades particulares, socialmente construidas y en escalas espaciales diferentes: espacio de alojamiento, espacio de la comunidad y espacio de la naci&oacute;n.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con estas consideraciones, la primera pregunta que cada uno se plantea no es la de qui&eacute;n soy sino la de d&oacute;nde estoy, y s&oacute;lo a partir de &eacute;sta se puede plantear aqu&eacute;lla. En este paso del d&oacute;nde estoy al qui&eacute;n soy se encuentran marcos de referencia que posibilitan el apego al lugar que crean fronteras de diversos tipos, las cuales dibujan territorios que se vuelven indispensables para la supervivencia f&iacute;sica y ps&iacute;quica. La fortaleza o vulnerabilidad de las fronteras que separan el grupo del "nosotros" del grupo de "los otros" es la condici&oacute;n para dicha supervivencia. Las diferentes fronteras, sean socioecon&oacute;micas, geopol&iacute;ticas o psicol&oacute;gicas, desempe&ntilde;an un importante papel en la construcci&oacute;n de la identidad pues representan fuerzas estructurales opuestas, ya que, por un lado, dan unidad a un pa&iacute;s pero, por el otro, lo impulsan en diferentes direcciones; aun cuando tales fuerzas son contradictorias, son las responsables por la creaci&oacute;n de un pa&iacute;s.<sup><a href="#notas">17</a></sup> Lugar e identidad son interdependientes y ambos se definen por fronteras.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, pues, la construcci&oacute;n del lugar y la construcci&oacute;n de la identidad est&aacute;n relacionadas, y esa asociaci&oacute;n produce el territorio; por tanto, el espacio y el comportamiento se fundamentan en la territorialidad. Esta noci&oacute;n, entendida como la expresi&oacute;n geogr&aacute;fica b&aacute;sica, es la que eslabona la sociedad, el espacio y el tiempo. El territorio, que es una construcci&oacute;n social, siempre posee l&iacute;mites, fronteras, que pueden ser ya sea sociales, econ&oacute;micas, geogr&aacute;ficas, religiosas, &eacute;tnicas, etc. Northrop Frye, uno de los mayores estudiosos de la cultura canadiense, investig&oacute; tambi&eacute;n las cuestiones relativas a la identidad de ese pa&iacute;s y una de sus conclusiones es que, en un pa&iacute;s tan grande y diverso, la identidad no se refiere tanto a lo nacional como a lo regional: "la identidad es local y regional, enraizada en la imaginaci&oacute;n y en palabras de cultura; la unidad es nacional en referencia, internacional en perspectiva, y con ra&iacute;ces en el sentimiento pol&iacute;tico".<sup><a href="#notas">18</a></sup> Es Frye quien plantea que la tensi&oacute;n entre unidad nacional e identidad regional hace que la cuesti&oacute;n importante para los canadienses no sea "&iquest;qui&eacute;n soy?" sino m&aacute;s bien &iquest;"d&oacute;nde es aqu&iacute;?", y esa pregunta da dimensi&oacute;n geogr&aacute;fica a la cuesti&oacute;n de la identidad canadiense, anclada en la experiencia territorial.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">S&oacute;lo para la modernidad la cuesti&oacute;n de la identidad es un problema, ya que en las sociedades tradicionales este problema pr&aacute;cticamente no existe, en particular el de la identidad individual; como Taylor lo ha hecho ver, en esas sociedades, los individuos, al menos la gran mayor&iacute;a, se pensaban como miembros de un grupo; dice Taylor que la palabra misma <i>identidad </i>es un anacronismo en las culturas premodernas.<sup><a href="#notas">19</a></sup> No solamente en lo privado sino tambi&eacute;n en lo p&uacute;blico, la identidad se relaciona principalmente con las filiaciones: la identidad depend&iacute;a del lugar atribuido a cada individuo sea por su nacimiento, su linaje o su grupo. Es f&aacute;cil entender por qu&eacute; la cuesti&oacute;n de la identidad aparece como una reacci&oacute;n a la disoluci&oacute;n de las redes sociales y la desaparici&oacute;n de los puntos de referencia tradicionales que vienen junto con la modernidad; adem&aacute;s, est&aacute; directamente relacionada con la emergencia de la noci&oacute;n de individuo en el mundo occidental.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En s&iacute;ntesis, la cuesti&oacute;n de la identidad es definitivamente un fen&oacute;meno moderno; se desarroll&oacute; en el Siglo de las Luces, sostenida por el individualismo burgu&eacute;s originado en la valoraci&oacute;n cristiana del alma, en el racionalismo de Descartes, en el privilegio de la vida ordinaria y de la esfera privada, y finalmente en la teor&iacute;a de Locke, que favorece el albedr&iacute;o individual sobre las obligaciones sociales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No nos es posible, por diversas razones, continuar el argumento ni pretender agotarlo dentro de los estrechos l&iacute;mites de esta introducci&oacute;n. A pesar de que todos los art&iacute;culos que aparecen a continuaci&oacute;n se inscriben en el territorio que tradicionalmente se reconoce como el de la significaci&oacute;n, pensamos que el problema de las relaciones entre el espacio y la significaci&oacute;n rebasa ese marco tradicional que se reconoce como el de la semi&oacute;tica para atravesar el conjunto de las ciencias humanas y compartir terrenos con las ciencias f&iacute;sicas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> David Harvey, <i>Urbanismo social, </i>M&eacute;xico, Siglo XXI, 1973, p. 5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=10009548&pid=S1665-1200201000020000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Alain Lipietz, <i>El capital y su espacio, </i>M&eacute;xico, Siglo XXI, 1979, p. 18.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=10009550&pid=S1665-1200201000020000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Louis Althusser, <i>Para leer El capital, </i>M&eacute;xico, Siglo XXI, 1974, pp. 107 y 110.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=10009552&pid=S1665-1200201000020000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Plat&oacute;n, <i>Oeuvres compl&egrave;tes, </i>t. X, <i>Tim&eacute;e&#150;Critias, </i>trad. A. Rivaud, Par&iacute;s, Societ&eacute;d'&Eacute;dition "Les BellesLettres", 1970, 52d.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=10009554&pid=S1665-1200201000020000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup><i>  Ibid., </i>52b.</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Pierre Bourdieu, <i>Langage et pouvoir symbolique, </i>Par&iacute;s, Points, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=10009557&pid=S1665-1200201000020000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> El concepto de espacio social fue inicialmente postulado por Georg Simmel <i>(Sociolog&iacute;a, </i>Madrid, Alianza Editorial, 1986, pp. 643&#150;740, publicado originalmente en 1908) y utilizado posteriormente por Raymond Ledrut (<i>L</i>'<i>espace social de la ville, </i>Par&iacute;s, Anthropos, 1968).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7 </sup>No obstante, el modo particular como la conciencia asume la realidad espacial tiene una influencia decisiva en la configuraci&oacute;n de esa realidad; de all&iacute; que ese proceso, que no puede sino considerarse como un factor de autorrealizaci&oacute;n, puede ser tambi&eacute;n un factor de alienaci&oacute;n.</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Gillo Dorfles, <i>Del significado a las opciones, </i>Barcelona, Lumen, p. 236.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=10009560&pid=S1665-1200201000020000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Giulio Carlo Argan, <i>El concepto de espacio arquitect&oacute;nico desde el barroco a nuestros d&iacute;as, </i>Buenos Aires, Nueva Visi&oacute;n, 1980, p. 13.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=10009562&pid=S1665-1200201000020000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> <i>Cfr., </i>Michel Serres, <i>Los or&iacute;genes de la geometr&iacute;a, </i>M&eacute;xico, Siglo XXI, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=10009564&pid=S1665-1200201000020000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> <i>Cfr., </i>C&eacute;sar Gonz&aacute;lez Ochoa, <i>La </i>polis. <i>Ensayo sobre el concepto de ciudad en Grecia antigua, </i>M&eacute;xico, UNAM, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=10009566&pid=S1665-1200201000020000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Anthony Giddens, <i>The Consequences of Modernity, </i>Londres, Polity Press, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=10009568&pid=S1665-1200201000020000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13 </sup><i>Ibid.,</i> p. 21.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> Charles Taylor, <i>La &eacute;tica de la autenticidad, </i>Barcelona, Paid&oacute;s, 2002, p. 70.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=10009571&pid=S1665-1200201000020000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> Charles Taylor, <i>The Sources of the Self: the Making of the Modern Identity, </i>Cambridge, Harvard University Press, 1989, p. 35.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=10009573&pid=S1665-1200201000020000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> L. Schneekloth y R. Shibley, <i>Placemaking: the Art and Practice of Building Communities, </i>Nueva York, John Wiley, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=10009575&pid=S1665-1200201000020000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> Randy William Widdis, "Borders, borderlands and canadian identity: a canadian perspective", <i>International Journal of Canadian Studies / Revue international d</i>'<i>&eacute;tudes canadiennes </i>15, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=10009577&pid=S1665-1200201000020000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18 </sup>Northrop Frye, <i>The Bush Garden: Essays on the Canadian Imagination, </i>Toronto, Anansi, 1971.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=10009579&pid=S1665-1200201000020000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19 </sup>Charles Taylor, <i>The Sources..., op. cit., </i>p. 65.</font></p>      ]]></body><back>
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