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</front><body><![CDATA[  	    <p><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p>&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>R&eacute;quiem por el diablo</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><b><font face="verdana" size="2">Julia Preciado Zamora*</font></b></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p><font face="verdana" size="2"><i>* Historiadora y profesora investigadora del CIESAS unidad Occidente, bajo el programa Consolidaci&oacute;n y Fortalecimiento de Cuerpos Acad&eacute;micos de Conacyt, y miembro del Sistema Nacional de Investigadores. M&eacute;xico.</i></font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde ni&ntilde;a supe que el diablo era un catr&iacute;n vestido de negro, y que se pod&iacute;an escuchar sus espuelas "muy ladinas". A altas horas, el catr&iacute;n o diablo recorr&iacute;a a caballo las calles de Cuauht&eacute;moc (cabecera de un municipio del estado de Colima), cuyos habitantes colaboraron como informantes para que el autor escribiera su <i>Sociolog&iacute;a del miedo.</i> A diferencia de las mujeres que testimonian en este libro, yo lo o&iacute; y lo vi a trav&eacute;s de los relatos que escuch&eacute; de los adultos. El caballo siempre rondaba a "deshoras de la noche", cuando los zaguanes de las casas se encontraban atrancados por dentro.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aun cerrados, los portones permit&iacute;an el paso del viento y tambi&eacute;n el martilleo de los cascos del caballo al chocar con las piedras y sacarles chispas. El choque del acero con el empedrado resonaba en las almohadas de quienes dorm&iacute;an y provocaba escalofr&iacute;os en aquellos que todav&iacute;a deambulaban despiertos. En ocasiones, que no siempre, se o&iacute;an las pesadas cadenas que arrastraba el portentoso caballo del catr&iacute;n. La fuerza de las pisadas del animal advert&iacute;a que se trataba de una bestia enorme. S&eacute; por a&ntilde;adidura que era negra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ignoro si quienes contaban las historias del catr&iacute;n nocturno tem&iacute;an m&aacute;s al caballo que al propio diablo, pero as&iacute; debi&oacute; de ser, pues de otro modo nadie recordar&iacute;a esos hechos. Ahora tengo la certeza de que ambos perviven en la memoria </font><font face="verdana" size="2">de los habitantes m&aacute;s a&ntilde;osos del pueblo de Cuauht&eacute;moc. Seguramente que <i>Sociolog&iacute;a del miedo. Un estudio sobre las &aacute;nimas, diablos y elementos naturales,</i> de Rogelio Luna Zamora &#151;quien es oriundo del lugar&#151;, publicado por la Universidad de Guadalajara e impreso curiosamente en los talleres de Ediciones de la Noche, contribuir&aacute; a que quienes recuerden al diablo no lo olviden, y quienes lo desde&ntilde;an lo conozcan. Con seguridad as&iacute; ser&aacute;. Esta obra, que forma parte de la colecci&oacute;n "Producci&oacute;n Acad&eacute;mica de los Miembros del Sistema Nacional de Investigadores", y que se distribuye de manera gratuita, traer&aacute; a la memoria las viejas historias pueblerinas sobre el diablo, en particular a todos los que se inclinen por leer este curioso libro que, por cierto, originalmente fue la tesis doctoral del autor, quien realiz&oacute; su trabajo "de campo", en Cuauht&eacute;moc, de 1995 a 1998.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con la premisa de que "El miedo y el resto de las emociones son productos culturales", Rogelio Luna, con una s&oacute;lida formaci&oacute;n multidisciplinaria a la que no alude en las p&aacute;ginas de este libro, quiso encontrar el trasfondo antropol&oacute;gico de la cultura del miedo de su comunidad de origen. A m&iacute; me toc&oacute; ver a Rogelio mientras conduc&iacute;a trabajo etnogr&aacute;fico: un Viernes Santo por la noche, el autor entraba al templo y sal&iacute;a constantemente, pase&aacute;ndose por el atrio con un verde perico sobre el hombro, y tomando notas mentales de lo que ve&iacute;a, sin que lo notaran (aunque suene incre&iacute;ble) los devotos que all&iacute; asist&iacute;an.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La obra rescata los tres tipos de miedo que m&aacute;s y mejor experimentamos los cuauhtemenses. En el pueblo tememos al diablo, a las &aacute;nimas &#151;aunque, seg&uacute;n apunta el autor, con ellas establecemos una relaci&oacute;n de tipo social, que se ubica en un sitio imaginario entre el miedo y el gozo&#151;, y tambi&eacute;n tenemos pavor a los temblores. La teor&iacute;a sociol&oacute;gica nos lleva a entender las caracter&iacute;sticas multifac&eacute;ticas del miedo. Rogelio Luna Zamora centra su "atenci&oacute;n en la </font><font face="verdana" size="2">valoraci&oacute;n de la fuente generadora del miedo, es decir, en el significado del objeto o fen&oacute;meno inductor del miedo y su relaci&oacute;n con otros sentidos y s&iacute;mbolos". En las propias palabras del autor, explico el enfoque central de <i>Sociolog&iacute;a del miedo:</i></font></p>     <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien es cierto que el miedo es inseparable de la vida social de cualquier grupo o sociedad, y que ha estado presente a trav&eacute;s de todos los tiempos &#151;como postulan los soci&oacute;logos positivistas&#151;, tambi&eacute;n es cierto que el miedo no existe en abstracto, se objetiviza y cristaliza en formas espec&iacute;ficas de acuerdo con las tradiciones religiosas, las cosmolog&iacute;as de grupo social y en relaci&oacute;n con la historia, como postulan los antipositivistas, posici&oacute;n esta &uacute;ltima que es la que se sostiene en el presente trabajo (p. 29).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para la investigaci&oacute;n, Rogelio Luna realiz&oacute; 29 entrevistas a lugare&ntilde;os de Cuauht&eacute;moc, las que le resultaron suficientes para distinguir patrones comunes entre los miembros de la comunidad. El autor eligi&oacute; a sus informantes de acuerdo con tres variables: g&eacute;nero, generaci&oacute;n y estrato social. Logr&oacute; sacarles el miedo a doce hombres y a diecis&eacute;is mujeres: la edad de los se&ntilde;ores fluctuaba, en el momento de su estudio, entre los 26 y los 93 a&ntilde;os, y la de las mujeres variaba entre los diecisiete y los 76 a&ntilde;os de edad. Rogelio analiz&oacute; dos generaciones, a las que llam&oacute; la "tradicional" y la "generaci&oacute;n alternativa o nueva generaci&oacute;n". La primera, referida a las personas mayores de la comunidad, tiene como "caracter&iacute;stica b&aacute;sica" "que su acervo interpretativo se forma en los discursos ofrecidos por la Iglesia cat&oacute;lica", mientras que la segunda se relaciona con j&oacute;venes profesionales y est&aacute; conformada "bajo el criterio de los esquemas interpretativos de nuevo cu&ntilde;o".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A ambos grupos en la muestra, que cuentan con representantes de diversa escolaridad, ocupaci&oacute;n y estrato social, Rogelio Luna plante&oacute; preguntas como las siguientes: &iquest;has </font><font face="verdana" size="2">escuchado algo relacionado con el diablo? &iquest;T&uacute; has visto al diablo, se te ha aparecido alguna vez? &iquest;De qui&eacute;n m&aacute;s has sabido que vio al diablo o lo escuch&oacute;? &iquest;Qu&eacute; te ha causado miedo o susto? &iquest;Sentiste miedo alguna vez?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La figura del diablo vestido de catr&iacute;n, o de charro negro montando un brioso alaz&aacute;n, pod&iacute;a convertirse, seg&uacute;n lo ameritara el caso, en una mujer que incitaba al mal, o incluso transformarse en un enorme cerdo o en un perro negro con ojos centellantes. Los testimonios de los entrevistados concuerdan en que la noche y las orillas del pueblo eran los mejores aliados del diablo. Sabemos de estas personificaciones porque el diablo s&oacute;lo se aparec&iacute;a ante los hombres que trasgred&iacute;an las reglas del orden moral. Es decir, ante los hijos borrachos o desobedientes, y ante los maridos borrachos o ad&uacute;lteros.</font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A las puras doce de la noche pasaba el diablo, casi diario, bien montado en un caballo prieto, con espuelas, y nom&aacute;s &#91;se escuchaban&#93; las cuatro patas del animal "clap", "clap", "clap", "clap", "clap", "clap". Vestido de negro como de charro, diario a las puras doce. Comenzaban a maullar los perros, &#91;a&#93; chillar las gallinas" (testimonio de Enrique, 74 a&ntilde;os, p. 80).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El diablo sabe a qui&eacute;n se le aparece. Las mujeres del pueblo s&oacute;lo llegaron a escuchar al caballo que recorr&iacute;a las calles: o&iacute;an pero no ve&iacute;an. Y es que la v&iacute;a solitaria y oscura no era un espacio para que por ella deambularan las mujeres a altas horas de la noche. Por el contrario: en los tiempos ya idos, las mujeres encontraron en la figura infernal a un buen aliado, pues despu&eacute;s de la desobediencia o de la borrachera llegaba el castigo que consist&iacute;a en toparse en plena y desolada calle con el demonio mismo. Afirma Rogelio Luna con raz&oacute;n: "En situaciones desesperadas, cuando parece que van a perder control sobre el var&oacute;n, ellas mismas amenazan con el diablo. Esa amenaza funciona como una especie de </font><font face="verdana" size="2">convocaci&oacute;n, que en la cultura local es m&aacute;s entendida como maldici&oacute;n que se convierte en 'verdad'" (p. 71). </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El testimonio de Sa&uacute;l corrobora lo anterior:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una vez que me ech&oacute; mi mam&aacute; la maldici&oacute;n porque andaba borracho, y eran las 12:00 de la noche y que agarro la mula y me salgo a la cantina... llegu&eacute; aqu&iacute; como a las tres. Y ya iba entrando al corral... vi en una rama del guam&uacute;chil &#91;al diablo&#93; y que me bajo r&aacute;pido &#91;de la mula&#93;. En cuanto me baj&eacute; la mula sali&oacute;... brinc&oacute; los alambres... yo sal&iacute; sin correr pero sent&iacute; los pelos como que se me enchinaban y mi mam&aacute; me dijo "qu&eacute; tienes" y yo le dije "nada"... y le dije "lo que me dijiste me sali&oacute;" y le dije "ma&ntilde;ana busco la mula" y me avent&eacute; un litro de alcohol puro y no se me pod&iacute;a controlar el escalofr&iacute;o...Ya le digo que s&iacute;, la maldici&oacute;n de una madre s&iacute; se cumple para que no hagan nada as&iacute; (testimonio de Sa&uacute;l, 35 a&ntilde;os, p. 77).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rogelio Luna encuentra que las visiones acerca del diablo se fueron desdibujando con el cambio de generaciones y con la implementaci&oacute;n de la energ&iacute;a el&eacute;ctrica en el pueblo, que le disput&oacute; al diablo el monopolio de las sombras. Pero esto no ocurri&oacute; con las &aacute;nimas, el segundo generador de miedo en la comunidad. Las &aacute;nimas comparten con los vivos id&eacute;nticos espacios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rogelio Luna encuentra dos tipos de v&iacute;nculo que los vivos sostienen con las &aacute;nimas: la aparici&oacute;n y la relaci&oacute;n social. En el primer caso, el &aacute;nima puede aparecerse de manera fugaz, es decir por una sola vez. En el segundo caso, la presencia del &aacute;nima frente al elegido puede ser constante, y durar meses o a&ntilde;os. Entonces se entabla una verdadera "relaci&oacute;n social": "el &aacute;nima puede ser aqu&iacute; concebida como un ser real: comunica sus deseos, ayuda al individuo y a su familia, se enoja, amenaza, se entristece. De facto, interviene con sus consejos en los asuntos de la vida del sujeto y en su vida familiar" (p. 112). Las &aacute;nimas pueden presentarse como un </font><font face="verdana" size="2">bulto blanco, y en otras ocasiones toman forma humana: mujeres y hombres.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Me inclino a creer que, como en la vida real, existen m&aacute;s mujeres entre las &aacute;nimas que hombres: en la mayor&iacute;a de los relatos que le&iacute; en el libro y que he escuchado, las &aacute;nimas son ancianas que van vestidas a la usanza de la &eacute;poca que vivieron. Para el autor, el miedo a las &aacute;nimas es uno que pervive en el imaginario de la comunidad y que dif&iacute;cilmente har&aacute; desaparecer la modernidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercero de los miedos de los cuauhtemenses tiene que ver con la noche, con la soledad, con los temblores, con los insectos y con los animales ponzo&ntilde;osos. En la comunidad existen sitios naturales considerados como productores de miedo, dichos lugares se concentran en un &aacute;rea reconocible, con la ayuda de lo que el autor llama la geograf&iacute;a del miedo. Lamento que Rogelio Luna no incluyera en su libro un mapa que ubicara la comunidad dentro del estado, y un plano de Cuauht&eacute;moc, en el que se pudieran apreciar f&iacute;sicamente las calles y los sitios donde anida el miedo, como el pante&oacute;n, el jard&iacute;n, el templo, algunas casas, &aacute;rboles (yo a&ntilde;adir&iacute;a el &aacute;rbol de la plaza de toros, en el que una mala noche colgaron a una mujer), y la calle principal, que al parecer era la favorita del potro del diablo.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Notas</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Luna Zamora, Rogelio. <i>Sociolog&iacute;a del miedo. Un estudio sobre las &aacute;nimas, diablos y elementos naturales.</i> Universidad de Guadalajara, Guadalajara, 2005, 198 pp.</font></p>      ]]></body>
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