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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[De la resistencia a la adaptación: El pueblo de Santa Ana Tepetitlán, Jalisco, siglo XIX]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Sociedad</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>De la resistencia a la adaptaci&oacute;n. El pueblo de Santa Ana Tepetitl&aacute;n, Jalisco, siglo XIX</b></font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><b><font face="verdana" size="2">Laura Guillermina G&oacute;mez Santana*</font></b><font face="verdana" size="2"></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p><font face="verdana" size="2"><i>* Estudiante de la maestr&iacute;a en Ciencias Sociales, Universidad de Guadalajara. M&eacute;xico.</i> <a href="mailto:lguille60@hotmail.com">lguille60@hotmail.com</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="verdana" size="2">Fecha de recepci&oacute;n: 08 de abril de 2005.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Fecha de aceptaci&oacute;n: 29 de julio de 2005.</font></p>     <p>&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con la Independencia de nuestro pa&iacute;s surge un nuevo grupo en el poder: los </font><font face="verdana" size="2">liberales y con ellos, el proceso de cambio de tenencia de la tierra, es decir, de una sociedad basada en organizaciones corporativas a una compuesta por individuos. A trav&eacute;s de la legislaci&oacute;n anticorporativa del siglo XIX y su aplicaci&oacute;n en las propiedades del pueblo de Santa Ana Tepetitl&aacute;n, Jalisco, nos acercaremos a las respuestas y propuestas de sus habitantes. Con el estudio de este pueblo podremos entender por qu&eacute; a pesar de que la tenencia de la tierra fue afectada por la legislaci&oacute;n estatal, sus pobladores lograron preservar el v&iacute;nculo con la tierra.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Palabras clave:</b> Liberales, Estado, anticorporativismo, pueblo, decretos.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de la Independencia de M&eacute;xico, los bienes eclesi&aacute;sticos y de las corporaciones civiles representaron un obst&aacute;culo para el nuevo gobierno liberal que deseaba establecer una sociedad basada en las garant&iacute;as individuales, la propiedad privada y el progreso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los reformistas del siglo XIX, mediante disposiciones legales, establecieron la desaparici&oacute;n de los bienes comunales como propiedad corporativa. En un primer momento, la desamortizaci&oacute;n estuvo dirigida a dotar a los ind&iacute;genas de una porci&oacute;n de tierra en propiedad privada y posteriormente, se contempl&oacute; la venta de bienes poco productivos, con la intenci&oacute;n de impulsar la peque&ntilde;a y mediana propiedad, as&iacute; como la creaci&oacute;n de un mercado donde la propiedad ra&iacute;z circulara libremente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero para los pueblos, la individualizaci&oacute;n de sus bienes colectivos, represent&oacute; la p&eacute;rdida de los pastos y los montes, ya que su organizaci&oacute;n estaba basada principalmente en la explotaci&oacute;n comunal de los recursos que all&iacute; se generaban.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El 25 de junio de 1856 apareci&oacute; la primera ley nacional que desamortizaba los bienes de la Iglesia y de las corporaciones civiles. Pero desde la d&eacute;cada de los veinte del siglo XIX, el estado de Jalisco ya hab&iacute;a promulgado decretos para la divisi&oacute;n de los terrenos comunales de los pueblos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La ejecuci&oacute;n de estas leyes dependi&oacute; tanto de las circunstancias pol&iacute;ticas de la naci&oacute;n, como de las de cada pueblo, es decir, de la estabilidad de los gobiernos liberales, as&iacute; como de la adaptaci&oacute;n o la resistencia de los ind&iacute;genas a la legislaci&oacute;n agraria. Por eso, muchas de las corporaciones civiles transformaron su tenencia de la tierra hasta la &uacute;ltima parte del siglo XIX, con el porfiriato. Esta situaci&oacute;n se debi&oacute;, principalmente, a que el Estado era m&aacute;s fuerte gracias a la consolidaci&oacute;n de un sistema econ&oacute;mico basado en el desarrollo de la propiedad privada, asimismo al fortalecimiento de los grupos regionales, los cuales encontraron el respaldo jur&iacute;dico y armado de los gobiernos estatales, as&iacute; como del nacional, en la obtenci&oacute;n de las tierras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El proceso de divisi&oacute;n de los bienes civiles fue lento, ya que los pueblos presentaron resistencia a colaborar en el proyecto liberal. Durante la mayor parte del siglo XIX, algunos de los pueblos de Jalisco lograron utilizar a su favor la ambig&uuml;edad de la ley y lograron preservar o expandir sus tierras, ya fuera de forma comunal o individual. Posteriormente, cuando se dio la divisi&oacute;n de la propiedad comunal, algunos de los habitantes del medio rural siguieron vinculados a la tierra y conservaron ciertos elementos de la vida comunitaria. La individualizaci&oacute;n de las corporaciones civiles fue un proceso de larga duraci&oacute;n, que tuvo su origen en las reformas borb&oacute;nicas del siglo XVIII, por lo que la guerra de Independencia fue el tr&aacute;nsito entre el r&eacute;gimen colonial y el M&eacute;xico independiente, que finaliz&oacute; en el porfiriato.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque se han realizado estudios sobre la privatizaci&oacute;n de las tierras comunales y sobre las rebeliones de los campesinos, sabemos poco sobre las repercusiones reales </font><font face="verdana" size="2">de este proceso en las diferentes regiones de M&eacute;xico. El objetivo de estas l&iacute;neas es presentar la legislaci&oacute;n anticorporativa del estado de Jalisco en el siglo XIX, as&iacute; como su ejecuci&oacute;n, espec&iacute;ficamente en el proceso de divisi&oacute;n y repartici&oacute;n de los terrenos comunales del pueblo de Santa Ana Tepetitl&aacute;n. Para conocer c&oacute;mo se implementaron las leyes anticorporativas en la pr&aacute;ctica y la respuesta de los pobladores rurales.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El pasado colonial</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El pueblo de Santa Ana Tepetitl&aacute;n se localizaba al sureste de la ciudad de Guadalajara, a unos 20 kil&oacute;metros de distancia, y perteneci&oacute; al corregimiento de Tala, del Reino de la Nueva Galicia hasta el siglo XVIII. En el siglo XVI, los espa&ntilde;oles fundaron este pueblo con esclavos negros para proteger a Guadalajara de los ataques chichimecas y para suministrar madera a la ciudad para su construcci&oacute;n (Taylor, 2003: 118).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las autoridades virreinales no hac&iacute;an una distinci&oacute;n &eacute;tnica entre los pueblos. En realidad, el &uacute;nico elemento que los defin&iacute;an era el pago de tributo a la Corona. Raz&oacute;n por la cual, a pesar de que los santanenses eran negros y afro&#45;mestizos, fueron designados como pueblo de indios. No fue sino hasta finales del siglo XVIII cuando aparece por primera vez en la documentaci&oacute;n "Santa Ana de los negros". Pese a ello, el pueblo sigui&oacute; conservando el estatus de "indio" (AHEJ, Tierras y Aguas, vol. 60, leg. 20, exp. 18).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para nuestro caso espec&iacute;fico, retomar&eacute; "el pueblo" como un actor colectivo que se identificaba con el concepto pueblo&#45;poblaci&oacute;n que ten&iacute;a una personalidad jur&iacute;dica reconocida por la ley con las autoridades sobre los bienes comunales y formas de sociabilidad propios (Guerra, 1993: 354 y 356). No hay que perder de vista que es un concepto pol&iacute;tico&#45;jur&iacute;dico, </font><font face="verdana" size="2">ya que a partir de la propiedad comunal de los bienes se desarrollaron las relaciones pol&iacute;ticas de sus integrantes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la &eacute;poca colonial, los poblados ind&iacute;genas pod&iacute;an tener tres tipos de tierras comunales: el fundo legal, que se constitu&iacute;a cuando se fundaba un pueblo y era el lugar donde viv&iacute;an los vecinos; las tierras de com&uacute;n repartimiento, que eran los terrenos individuales para su explotaci&oacute;n agr&iacute;cola; y, el ejido, que estaba destinado a diversos usos comunes, como la recolecci&oacute;n de le&ntilde;a, la obtenci&oacute;n de agua o la caza (P&eacute;rez Casta&ntilde;eda, 2002: 33).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los santanenses tuvieron como fundo legal un territorio conformado casi de un sitio de ganado mayor es decir, 24'640,000 varas. Aunque en la ley se estipulaba que los ind&iacute;genas deber&iacute;an de poseer un ejido para la recolecci&oacute;n de madera, antes del siglo XVIII, los vecinos de este pueblo acud&iacute;an a cualquiera de los cerros cercanos para cortar le&ntilde;a y elaborar carb&oacute;n, ya que no pose&iacute;an legalmente este tipo de propiedad.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, esta situaci&oacute;n cambi&oacute; a finales de la &eacute;poca colonial, ya que los pueblos y las haciendas comenzaron a expandir m&aacute;s su territorio, a partir de los terrenos realengos,<sup><a href="#notas">1</a></sup> principalmente, porque se increment&oacute; la poblaci&oacute;n rural, se desarroll&oacute; la ganader&iacute;a comercial en las haciendas y por la deforestaci&oacute;n de los valles. Estos factores provocaron que no s&oacute;lo surgieran conflictos entre ellos, sino entre los mismos pueblos ind&iacute;genas. Esta problem&aacute;tica continu&oacute; durante el siglo XIX, aunque bajo diferentes caracter&iacute;sticas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A mediados del XVIII, el cerro de San Miguel, a 15 kil&oacute;metros de Santa Ana (v&eacute;ase <a href="#a4m1">mapa 1</a>), se convirti&oacute; en la manzana de la discordia. Los bosques de dicho cerro fueron la principal fuente de explotaci&oacute;n de madera, no s&oacute;lo para los santanenses sino tambi&eacute;n para los habitantes de los </font><font face="verdana" size="2">pueblos cercanos a Guadalajara, tales como San Agust&iacute;n, San Sebasti&aacute;n y Santa Mar&iacute;a.</font>	</p> 	    <p align="center"><a name="a4m1"></a><img src="../img/revistas/espiral/v12n35/a4m1.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los santanenses, entonces, buscaron tener la propiedad legal del cerro de San Miguel. En 1806, realizaron el denuncio de los siete sitios de ganado mayor en el mencionado lugar, a la par que luchaban con otros pueblos, al no permitirles la entrada a ese territorio. Finalmente, el proceso se detuvo por la guerra de Independencia y sus esfuerzos por obtener el control legal de la madera no llegaron a concluirse.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabe se&ntilde;alar que la rivalidad por la posesi&oacute;n de los montes se agudiz&oacute; porque era el principal medio de subsistencia de los pueblos. Adem&aacute;s, se increment&oacute; la demanda de recursos forestales por el crecimiento de la ciudad de </font><font face="verdana" size="2">Guadalajara. Raz&oacute;n por la cual los montes que el pueblo de Santa Ana usufructu&oacute; "desde tiempos inmemoriales" fueron muy codiciados.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La vida rural en el siglo XIX</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El campo jalisciense durante el siglo XIX fue el principal espacio que alberg&oacute; y dio trabajo a los habitantes del estado. Para 1822, Victoriano Roa registr&oacute; 656,810 jaliscienses. En el cant&oacute;n de Guadalajara se concentraba 18.15% de la poblaci&oacute;n, le segu&iacute;a Lagos con 17%, La Barca con 14.64%, Sayula con 15.81%; Tepic con 10.1%, Etzatl&aacute;n con 11.6%, mientras que Autl&aacute;n y Colotl&aacute;n concentraron el 12% de la poblaci&oacute;n total del Estado (Valerio Ulloa, 2003: 40).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A la llegada de los liberales al poder del estado, el pueblo de Santa Ana sufri&oacute; transformaciones en su administraci&oacute;n pol&iacute;tica. Anteriormente, en el periodo colonial, perteneci&oacute; a la jurisdicci&oacute;n de Tala. Pero en 1822 fue adjudicado al Departamento de Zapopan. Para 1838, el estado de Jalisco estaba dividido territorial y administrativamente en distritos y cada uno de ellos en partidos. El primer distrito era el de Guadalajara, y su cuarto partido era Zapopan, al cual segu&iacute;a perteneciendo Santa Ana <i>(Organizaci&oacute;n municipal, </i></font><font face="verdana" size="2">1982: 93).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con la Guerra de Reforma, por razones militares se separ&oacute; al pueblo de Santa Ana de la jurisdicci&oacute;n de Zapopan, y fue agregado a Tlaquepaque, mientras que los servicios religiosos estaban a cargo de la parroquia de Toluquilla (Olveda, 2004: 74).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Posteriormente, durante el Imperio, los santanenses fueron de nueva cuenta incorporados a Zapopan, pero no estuvieron de acuerdo con esta disposici&oacute;n, por lo que una comisi&oacute;n de representantes viaj&oacute; a la ciudad de M&eacute;xico para presentarle su oposici&oacute;n a Maximiliano, quien accedi&oacute; a sus demandas. Finalmente, fue hasta 1885 cuando el gobierno estatal dispuso que este pueblo se reincorporara a la Villa Maicera (Olveda, 2004: 74).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante el siglo XIX los pueblos de la entidad presentaron una tendencia de crecimiento, que s&oacute;lo fue interrumpida en el periodo de 1822 y 1838 por las luchas sociales, la crisis agr&iacute;cola y las epidemias. Por lo que existi&oacute; un ritmo constante de crecimiento demogr&aacute;fico entre 1840 y 1910, un elemento m&aacute;s que se sum&oacute; a la lista de los problemas del campo, como eran la presi&oacute;n sobre la tenencia de la tierra y los recursos naturales, el progreso de la agricultura comercial de las haciendas y los ranchos, que amenazaban con expandirse sobre las propiedades corporativas civiles de los pueblos, as&iacute; como el desarrollo de la aparcer&iacute;a y el arrendamiento de tierras (Valerio Ulloa, 2003: 41).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de los cambios pol&iacute;ticos decimon&oacute;nicos, las instituciones espa&ntilde;olas como la hacienda y los pueblos siguieron vigentes. Pero al mismo tiempo se consolidaron los ranchos y las propiedades arrendadas. Longinos Banda en su <i>Estad&iacute;stica de Jalisco</i> menciona que para 1858, la poblaci&oacute;n de Jalisco ascend&iacute;a a 829,716 personas, las cuales estaban organizadas en 13 ciudades, 27 villas, 225 pueblos, 23 congregaciones de indios, 21 minerales, siete puertos, 395 haciendas y 2686 ranchos (Banda, 1983: 55).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cant&oacute;n de Guadalajara, al que pertenec&iacute;a el pueblo de Santa Ana, para 1822 exist&iacute;an 44 haciendas y 272 ranchos; en 1840, las primeras ascend&iacute;an a 58 y los segundos a 233. En 1858, las haciendas hab&iacute;an aumentado a 70 y los </font><font face="verdana" size="2">ranchos a 247 (Banda, 1983: 55, 141&#45;142).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mientras que durante el siglo XIX se consolidaron un grupo de actores rurales que se caracterizaban por ser trabajadores del campo, pero que no pose&iacute;an tierras, como lo fueron los arrendatarios, los medieros, los aparceros, los peones acasillados y los jornaleros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los due&ntilde;os de las haciendas y los ranchos no s&oacute;lo alquilaban mano de obra para que trabajaran sus tierras, sino </font><font face="verdana" size="2">que tambi&eacute;n las rentaban, ya fuera por una cantidad de dinero a los arrendatarios o en especie, a los aparceros y a los medieros. Los arrendatarios eran grupos de campesinos a los que, por una renta fija, se les transfer&iacute;a el derecho de explotar una propiedad. Tanto las haciendas como los pueblos de indios arrendaban sus propiedades desde la &eacute;poca colonial.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los medieros eran los trabajadores que no s&oacute;lo pon&iacute;an su fuerza de trabajo, sino tambi&eacute;n los instrumentos, como el apeo y el arado, para trabajar la tierra; y al finalizar el ciclo agr&iacute;cola, la cosecha se repart&iacute;a por mitad entre el due&ntilde;o de la hacienda y el mediero (Valerio Ulloa, 2003: 182).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los aparceros, al igual que los medieros, trabajaban la tierra de la hacienda, ambos aportaban los medios para producir los cultivos, sin embargo, la diferencia que exist&iacute;a entre ellos era la forma en que se distribu&iacute;a la producci&oacute;n </font><font face="verdana" size="2">(Aldana Rend&oacute;n, 1986: 66).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los propietarios eran quienes proporcionaban la tierra y los medios para producir, mientras que los jornaleros aportaban su trabajo. Al final, el propietario se quedaba con tres partes de la cosecha y una para el trabajador. Adem&aacute;s se le retribu&iacute;a con tres hanegas de ma&iacute;z y $600 pesos al a&ntilde;o </font><font face="verdana" size="2">(F&aacute;bregas, 1986: 109).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los cambios en las propiedades r&uacute;sticas se dieron de manera lenta, a partir de la fragmentaci&oacute;n de los latifundios, as&iacute; como de su integraci&oacute;n a un mercado din&aacute;mico de la tierra. Adem&aacute;s, a finales del siglo XIX algunas haciendas jaliscienses implementaron instrumentos modernos para el cultivo, junto con la instalaci&oacute;n de las v&iacute;as f&eacute;rreas, y se desarroll&oacute; la agricultura comercial.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La legislaci&oacute;n liberal, 1821&#45;1868</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Jalisco, el proceso de individualizaci&oacute;n de las corporaciones civiles no se inici&oacute; con las Leyes de Reforma. </font><font face="verdana" size="2">Durante los primeros a&ntilde;os de la vida independiente de nuestro estado, al igual que durante otras doce gubernaturas,<sup><a href="#notas">2</a></sup> se respald&oacute; la desamortizaci&oacute;n de los bienes comunales (Z&uacute;&ntilde;iga, 1999: 217).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La premura con que el gobierno estableci&oacute; las leyes de individualizaci&oacute;n de los pueblos de indios era un reflejo de las ideas liberales que deseaba suprimir las diferencias &eacute;tnicas, principalmente al negar los derechos de los pueblos de indios como corporaciones civiles. Pero tambi&eacute;n se debi&oacute; a que Jalisco era uno de los estados que ten&iacute;a una fuerte tradici&oacute;n contraria a la propiedad corporativa (Knowlton, </font><font face="verdana" size="2">1997: 183).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Diputaci&oacute;n Provisional de Guadalajara en el periodo de 1821 a 1823 estableci&oacute; varias &oacute;rdenes que apoyaban la divisi&oacute;n de las tierras comunales de los pueblos, siendo los ayuntamientos los encargados de ejecutarlos (Z&uacute;&ntilde;iga, </font><font face="verdana" size="2">1999: 216).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, el 27 de febrero de 1821, esta instituci&oacute;n pol&iacute;tica orden&oacute; que los terrenos comunes o del fundo legal de cada pueblo deber&iacute;an ser divididos y de dominio particular, as&iacute; como que ning&uacute;n indio podr&iacute;a ser perturbado en la posesi&oacute;n de sus "solares<sup><a href="#notas">2</a></sup> ya fueran adquiridos en compra, repartimiento, cambio, donaci&oacute;n, herencia u otro justo t&iacute;tulo" <i>(Colecci&oacute;n de acuerdos,</i> 1849, t. I: 144).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por tal motivo, en agosto de 1822, los santanenses solicitaron a la Diputaci&oacute;n Provisional del Estado, se agregara a su fundo los terrenos que estaban arrendando los ranchos de Mendoza, de L&oacute;pez y de Pedro Rodr&iacute;guez, as&iacute; como el llamado de El Agua Zarca <i>(Colecci&oacute;n de acuerdos,</i> 1849, </font><font face="verdana" size="2">t. I: 49&#45;50).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Posteriormente, en 1824, la Junta Auxiliar de Gobierno orden&oacute; el repartimiento de los terrenos de esta corporaci&oacute;n. Pero en la pr&aacute;ctica no se alter&oacute; la propiedad comunal de Santa Ana. Sin embargo, s&iacute; provoc&oacute; que se diera el primer paso en el proceso de individualizaci&oacute;n de las tierras, es decir, la regularizaci&oacute;n de la propiedad de los pueblos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El 12 de febrero de 1825, el Congreso del Estado de Jalisco promulg&oacute; el Decreto n&uacute;mero 2, que prohib&iacute;a la propiedad corporativa civil y eclesi&aacute;stica de los bienes ra&iacute;ces, bajo los mismos lineamientos que la instrucci&oacute;n girada en 1821. Esto significaba que se respetar&iacute;a el ejido, mientras que el fundo legal ser&iacute;a dividido entre los habitantes del pueblo. Los antes llamados indios pod&iacute;an disponer de sus propiedades individuales libremente, pero bajo dos restricciones: no podr&iacute;an venderlas a manos muertas<sup><a href="#notas">4</a></sup> y a quienes poseyeran uno o m&aacute;s sitios de ganado mayor (Knowlton, 1991: 186).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los santanenses continuaron solicitando los siete sitios de ganado mayor, correspondientes al litigio que emprendieron a finales del periodo colonial y que no se concluy&oacute; por el estallido de la guerra de Independencia. As&iacute;, los habitantes de Santa Ana solicitaron en el mes de marzo de 1825, los t&iacute;tulos de propiedad de los puestos de Milpilla y Capul&iacute;n en el Cerro de San Miguel.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para ese entonces, Antonio Jer&oacute;nimo era el regidor primero y Juan Domingo el segundo de igual clase, quienes "por si y a nombre de los dem&aacute;s ciudadanos llamados anteriormente, indios del pueblo de Santa Ana Tepetitl&aacute;n, (alias de los Negros)", pidieron que se les otorgaran los terrenos que desde 1806 hab&iacute;an solicitado, quienes no pudieron completar el proceso, porque carecieron "de arbitrios para llevarlas al cabo por las plagas que hemos visto, se nos ha dificultado su logro hasta ahora, que restablecidos y resueltos a imperar esta gracia", y ped&iacute;an que se les informara </font><font face="verdana" size="2">de la cantidad que deber&iacute;an pagar por la composici&oacute;n de tierra de los terrenos bald&iacute;os (AHEJ, Tierras y Aguas, vol. 247, leg. 61, exp. 15).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los dos regidores que solicitaron los terrenos eran quienes hab&iacute;an ostentado la representaci&oacute;n pol&iacute;tica del pueblo durante el periodo colonial. Aunque se transform&oacute; la organizaci&oacute;n de los pueblos de manera formal, continu&oacute; siendo un sistema de cargos basado en el g&eacute;nero y la edad. Despu&eacute;s de la Independencia, las relaciones de poder de los santanenses permanecieron intactas hasta finales del siglo XIX, es decir, la comunidad a trav&eacute;s de la tierra se relacionaba con el sistema de cargos de representaci&oacute;n </font><font face="verdana" size="2">(Mallon, 2003: 230).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La transformaci&oacute;n en la legislaci&oacute;n en el estado sobre tierras hizo obsoletos los t&eacute;rminos coloniales y fue a trav&eacute;s del tiempo que se definieron los procedimientos para resolver los problemas que no se especificaban en las primeras leyes liberales. As&iacute;, en lugar de considerar las tierras que se solicitaron como realengas, se determinaron como tierras bald&iacute;as.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los llamados indios pidieron que se les mercedaran las tierras en com&uacute;n, pero como en el Decreto n&uacute;mero 2 no contemplaba este tipo de transiciones, el secretario del departamento consult&oacute; al Congreso de Jalisco, para determinar a trav&eacute;s de qu&eacute; ley deber&iacute;a resolverse la petici&oacute;n de los pobladores de Santa Ana Tepetitl&aacute;n. El gobernador del estado, Prisciliano S&aacute;nchez, el 9 de mayo de 1825, decidi&oacute; resolver esta omisi&oacute;n de la ley, a trav&eacute;s del Decreto n&uacute;mero 20 <i>(Colecci&oacute;n de acuerdos,</i> 1874, t. II: 78&#45;79).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El Decreto n&uacute;mero 20 establec&iacute;a que podr&iacute;an ser denunciados los bald&iacute;os conocidos anteriormente como "realengos", los cuales deben preferirse a su colonizaci&oacute;n m&aacute;s que su enajenaci&oacute;n, de acuerdo con lo estipulado en las "leyes antiguas", sin ser impugnadas con las leyes que hab&iacute;a decretado el Congreso del estado. Las solicitudes de los </font><font face="verdana" size="2">terrenos deber&iacute;an realizarse directamente al gobernador y las diligencias ser&iacute;an ejecutadas por los jefes de polic&iacute;a y los directores de los respectivos departamentos <i>(Colecci&oacute;n de los decretos,</i> s/f, s. p. i.).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Posteriormente, se elabor&oacute; el Decreto n&uacute;mero 151, el 29 de septiembre de 1828, que especificaba c&oacute;mo se realizar&iacute;a la individualizaci&oacute;n de las propiedades corporativas. El gobierno dispuso que bajo la inspecci&oacute;n de las municipalidades se les entregar&iacute;an las fincas a los habitantes de los pueblos, siendo los m&aacute;s beneficiados los hombres casados, las viudas y los viudos, as&iacute; como los hu&eacute;rfanos en estirpe, es decir, los que fueran mayores de edad (Knowlton,1991: 187).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, durante la primera mitad del siglo XIX existieron grandes limitaciones para establecer la desamortizaci&oacute;n de corporaciones civiles. El Estado ten&iacute;a poca fuerza para llevar a cabo este proyecto, las guerras civiles entre conservadores y liberales, as&iacute; como los cambios de bandos en el poder, no le permitieron establecer un control y legitimidad en el vasto territorio mexicano. Adem&aacute;s, en esta primera etapa liberal, los gobernantes tuvieron la prioridad de acabar con el poder de la Iglesia, el bandolerismo y la crisis financiera (Foglen Deaton, 1997: 56).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta situaci&oacute;n se vivi&oacute; en Jalisco, ya que, de 1821 a 1833, los liberales gobernaron el estado e implementaron medidas anticorporativas. Pero esta legislaci&oacute;n se vino abajo durante el lapso de 1834 a 1847, cuando se instaur&oacute; un gobierno centralista y se proclam&oacute; el Decreto n&uacute;mero 567, el cual suspend&iacute;a todos los procesos de individualizaci&oacute;n de las tierras de los pueblos de indios (Meyer, 1989: 198).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero despu&eacute;s, cuando los liberales retoman el poder del Estado, vuelve la legislaci&oacute;n anticorporativa. El 17 de abril de 1849, el Congreso estableci&oacute; mediante el Decreto n&uacute;mero 121 que ratificaba la propiedad individual sobre los terrenos rurales de los pueblos y su derecho a exigir que se les distribuyeran entre sus habitantes, "a excepci&oacute;n </font><font face="verdana" size="2">&#91;de&#93; las tierras destinadas a alg&uacute;n fin o servicio p&uacute;blico". Adem&aacute;s se estipulaba que los habitantes deber&iacute;an elegir, en una asamblea, una comisi&oacute;n de cinco miembros y tres suplentes, que se encargar&iacute;an del proceso de individualizaci&oacute;n de la tierra, es decir, realizar&iacute;an la divisi&oacute;n de la tierra, determinar&iacute;an los procedimientos para distribuirla, as&iacute; como especificar&iacute;an qu&eacute; terrenos ser&iacute;an incluidos o excluidos (Knowlton,1991: 187).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al mismo tiempo, se public&oacute; la <i>Colecci&oacute;n de acuerdos, &oacute;rdenes y decretos sobre tierras, casas y solares, de los ind&iacute;genas, bienes de su comunidad y fundos legales de los pueblos del Estado de Jalisco</i> (1849&#45;1882), donde se encuentra la correspondencia oficial que los pueblos dirigieron a las autoridades; y las aclaraciones que sobre leyes o los detalles espec&iacute;ficos del proceso de desamortizaci&oacute;n de sus tierras de la comunidad hicieron las autoridades a las corporaciones civiles. Entre esta <i>Colecci&oacute;n de acuerdos</i> se encuentra la orden de 31 agosto de 1868, donde se manda el repartimiento de "los catorce sitios de ganado mayor" que disfrutan los indios de Santa Ana Tepetitl&aacute;n o de los Negros, los cuales la mayor parte eran montuosas productivas y el resto era tierra de labor. Para tal disposici&oacute;n estar&iacute;a encargado el director pol&iacute;tico del departamento de Zapopan, con el fin de que los terrenos que poseen en comunidad, que no se hab&iacute;an repartido seg&uacute;n las leyes <i>(Colecci&oacute;n de acuerdos,</i> 1868, t. III: 337). Sin embargo, tal disposici&oacute;n era err&oacute;nea, ya que los santanenses no pose&iacute;an tal cantidad de tierras, su fundo legal correspond&iacute;a a un sitio de ganado mayor, mientras que los terrenos del Cerro de San Miguel estaban compuestos por siete. De igual forma, esta disposici&oacute;n no se llev&oacute; a cabo, ya que no fue sino hasta 1881 que se inici&oacute; el proceso de individualizaci&oacute;n del pueblo de Santa Ana Tepetitl&aacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>De comuneros a propietarios individuales, 1876&#45;1887</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante el periodo de 1876 a 1911 surgi&oacute; la estabilidad pol&iacute;tica en el pa&iacute;s, ya que solamente dos hombres ocuparon la presidencia: Manuel Gonz&aacute;lez (de 1880&#45;1884) y Porfirio D&iacute;az (de 1876 a 1880 y de 1884 a 1911), quienes aplacaron la oposici&oacute;n por medio del autoritarismo, con lo que se instaur&oacute; una paz relativa. Con la pacificaci&oacute;n, el pa&iacute;s se vio inundado por la inversi&oacute;n extranjera, se consolidaron los ferrocarriles y, con ello, se ampli&oacute; el control federal de la ciudad de M&eacute;xico hacia las periferias, con lo que el Estado logr&oacute; un poder sin precedentes. Asimismo, el sistema de transporte fue el principal integrador de la econom&iacute;a mexicana, tanto al interior como al exterior del pa&iacute;s (Hansen, 1990: 23).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El gobierno liberal en Jalisco se caracteriz&oacute; por ir a la vanguardia en este proceso. Muchas de las leyes particulares se hab&iacute;an adelantado a la legislaci&oacute;n federal; sin embargo, la administraci&oacute;n local durante el periodo de 1821 a 1875 no hab&iacute;a tenido la capacidad de ejecutarlas en todos los pueblos. Gracias al contexto nacional que se dio en el porfiriato, el poder de la entidad tuvo mayor fuerza y las leyes anticorporativas pudieron ejecutarse.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las autoridades jaliscienses se&ntilde;alaron, en el acuerdo de 9 de mayo de 1876, que los indios de Santa Ana continuaban resisti&eacute;ndose a la divisi&oacute;n del pueblo y se les acus&oacute; de oponerse a las leyes del estado por continuar poseyendo los terrenos del com&uacute;n o en poder de algunos especuladores que se opon&iacute;an a la repartici&oacute;n <i>(Colecci&oacute;n de acuerdos,</i> 1882, t. VI: 257).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Veinte d&iacute;as despu&eacute;s, el secretario oficial primero realiz&oacute; una evaluaci&oacute;n del pueblo de Santa Ana durante el gobierno independiente del estado de Jalisco. En el informe se se&ntilde;alaba que desde el a&ntilde;o de 1824 se mand&oacute; repartir los terrenos de comunidad, posteriormente en 1828 bajo el Decreto n&uacute;mero151 y, finalmente, bajo la prescripci&oacute;n </font><font face="verdana" size="2">del Decreto n&uacute;mero 121. Pero todas esas &oacute;rdenes fueron omitidas por los habitantes de Santa Ana Tepetitl&aacute;n. El secretario consideraba que el incumplimiento de las leyes se debi&oacute; a la irresponsabilidad de las autoridades locales y superiores <i>(Colecci&oacute;n de acuerdos,</i> 1882, t. VI: 270&#45;271).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para detener los abusos y las infracciones que hicieron los santanenses al eludir las leyes, el jefe pol&iacute;tico del primer cant&oacute;n orden&oacute;, el 29 de mayo de 1876, al presidente del ayuntamiento de Zapopan que se procediera al nombramiento de la comisi&oacute;n, seg&uacute;n el art&iacute;culo 8 del Decreto n&uacute;mero 121 <i>(Colecci&oacute;n de acuerdos,</i> 1882, t. VI: 272).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero no fue sino hasta el 11 de enero de 1881 que en la casa principal del pueblo de Santa Ana se reunieron el comisario pol&iacute;tico, F&eacute;lix Aguilar, y el comisario judicial, Miguel Navarro, junto con la mayor parte de los vecinos para acordar las bases sobre las cuales la comisi&oacute;n repartidora distribuir&iacute;a los terrenos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los santanenses acordaron aceptar al perito agrimensor que se les asignara, pero en caso de no ser as&iacute;, ellos deber&iacute;an contratar a quien quisieran para delimitar los terrenos del pueblo y finalmente estar&iacute;an conformes con los terrenos que se les asignaran (AHEJ, Indios&#45;Gobernaci&oacute;n, G&#45;9&#45;881. Zap/3687, Caja G&#45;500, f. 13v).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s, se eligi&oacute; a la comisi&oacute;n repartidora de terrenos de ind&iacute;genas del pueblo de Santa Ana, seg&uacute;n el Decreto n&uacute;mero 151, es decir, una asamblea compuesta por cinco miembros titulares y tres suplentes, la cual se conform&oacute; con los miembros propietarios, el presidente Ambrosio Corona, el secretario, Hilario L&oacute;pez, F&eacute;lix Aguilar, Bartolo Inguanzo, Tranquilino Sevilla, mientras que los suplentes fueron In&eacute;s Aguilar, Hilario Alvarado y Herculano Cruz (AHEJ, Indios&#45;Gobernaci&oacute;n, G&#45;9&#45;881, Zap/3687, Caja G&#45;500, f. 14f).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El 15 de octubre de 1881, el presidente de la comisi&oacute;n acord&oacute; con los dem&aacute;s miembros solicitar los t&iacute;tulos de la comunidad para establecer cu&aacute;les terrenos estaban en litigio </font><font face="verdana" size="2">y cu&aacute;les se podr&iacute;an repartir, seg&uacute;n el padr&oacute;n compuesto por todos los agraciados, de acuerdo al art&iacute;culo 6 del Decreto n&uacute;mero 121.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo que al d&iacute;a siguiente fueron entregados los t&iacute;tulos a la comisi&oacute;n, la cual verific&oacute; que faltaban hacer los deslindes del pueblo al poniente y los correspondientes a los lindes con las haciendas del Refugio, Mazatepec, Calerilla y el pueblo de Santa Anita, as&iacute; como la parte en discordia con la Hacienda de la Venta del Astillero, a lo que Bartolo Inguanzo respondi&oacute; que se proceder&iacute;a a realizar un acuerdo con el due&ntilde;o, Ricardo Lancaster Jones, quien antes de que se nombrara la comisi&oacute;n hab&iacute;a tenido intenciones de llegar a un convenio con los indios del pueblo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, el supremo gobierno de la jefatura, en el mes de noviembre, respondi&oacute; que solamente se realizar&iacute;a el reparto de las tierras comunes en los terrenos que no se encontraban en disputa, por lo que &eacute;stos ser&iacute;an excluidos del repartimiento. Por lo que los jueces posteriormente determinar&iacute;an los l&iacute;mites entre los demandantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero no fue necesario esperar a la resoluci&oacute;n de los tribunales, ya que los habitantes de este pueblo y Lancaster Jones llegaron a un acuerdo, el 15 de febrero de 1883. Los cinco requerimientos consist&iacute;an en nombrar a Domingo Torres como perito agrimensor para que hiciera las medidas del terreno. En segundo t&eacute;rmino, se acord&oacute; que la l&iacute;nea que se traz&oacute; ser&iacute;a en lo sucesivo respetada. El tercero consisti&oacute; en que la comisi&oacute;n estaba obliga a informarle a Lancaster Jones los nombres de los individuos a quienes se les adjudicaran los terrenos que lindaran con su propiedad, asimismo, una constancia de que no se exceder&iacute;an de la mencionada l&iacute;nea. En cuarto lugar, aunque el due&ntilde;o de la Venta del Astillero alud&iacute;a a que ten&iacute;a derecho a exigir a los naturales de Santa Ana Tepetitl&aacute;n los costos de un juicio, &eacute;l los perdonaba y s&oacute;lo pidi&oacute; que los comisionados le proporcionaran mano de obra para desmontar un callej&oacute;n de tres varas por </font><font face="verdana" size="2">cada lado de la l&iacute;nea que demarcaba el lindero. Por &uacute;ltimo, los gastos que resultaron de esta operaci&oacute;n se pagar&iacute;an por mitad por cada una de las partes (AHEJ, Indios&#45;Gobernaci&oacute;n, G&#45;9&#45;881, Zap/3687, Caja G&#45;500).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De agosto de 1883 a octubre de 1884 se marcaron los linderos que faltaban con la Hacienda del Refugio, de Mazatepec y La Calerilla y con el pueblo de Santa Anita. Al realizar los deslindes, los santanenses se dieron cuenta de que tres de las propiedades vecinas hab&iacute;an invadido la suya. Pero esto no se volvi&oacute; un conflicto, ya que prefirieron llegar a un acuerdo por los linderos, en lugar de llevarlos a los tribunales (AHEJ, Indios&#45;Gobernaci&oacute;n, G&#45;9&#45;881, Zap/3687, </font><font face="verdana" size="2">Caja G&#45;500, f. 1).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La delimitaci&oacute;n de las propiedades de los pueblos para ese entonces era dif<b>&iacute;</b>cil de definir, principalmente porque los rancheros hab&iacute;an rentado o pose&iacute;do terrenos en la zona fronteriza, tambi&eacute;n conocidos como propios, para expandir sus parcelas o agostaderos para el ganado. El municipio no ten&iacute;a claro en d&oacute;nde estaban las l&iacute;neas divisorias entre ambas partes, ni tampoco cu&aacute;l era la propiedad exacta del pueblo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A diferencia de las comunidades del estado de Puebla, que en 1869 fueron obligadas por el Congreso estatal a resolver sus diferencias de forma amigable sobre las tierras en conflicto (Mallon, 2003: 272), la comisi&oacute;n de repartimiento de Santa Ana por iniciativa propia pact&oacute; los lindes del pueblo con los propietarios vecinos, sin tener que llegar a los tribunales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la limitaci&oacute;n de los linderos del pueblo de Santa Ana, sus habitantes fueron despojados de una gran parte de los montes que usufructuaron durante la &eacute;poca colonial. Quiz&aacute; los santanenses permitieron que se les arrebatara parte de su territorio por miedo, ya que muy posiblemente si llevaban este conflicto ante los tribunales, estar&iacute;an en una situaci&oacute;n </font><font face="verdana" size="2">desventajosa, por el hecho de no contar con t&iacute;tulos de los montes y corr&iacute;an el riesgo de perderlos totalmente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero tambi&eacute;n se pudo deber a que existi&oacute; una complicidad entre la comisi&oacute;n repartidora, el ayuntamiento y los hacendados. As&iacute; las autoridades del poblado, a cambio de una compensaci&oacute;n econ&oacute;mica, permitieron el despojo de manera leg&iacute;tima (Aldana Rend&oacute;n, 1986: 36).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El 16 de abril de 1884, concluidos los deslindes y demarcaciones de los terrenos que se deber&iacute;an de repartir, se abri&oacute; el registro para que todos los ciudadanos que se consideraban con derecho a las tierras de comunidad se presentaran a inscribirse en el local de la comisar&iacute;a del pueblo. Para ello se publicaron avisos en los parajes p&uacute;blicos por el t&eacute;rmino de 30 d&iacute;as, seg&uacute;n lo dispuesto en el art&iacute;culo 6 del Decreto n&uacute;mero 121 y a la sexta prevenci&oacute;n del mismo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; el 27 de mayo se cerraron las inscripciones y se elabor&oacute; "el padr&oacute;n de todos los agraciados del pueblo de S&#91;an&#93;ta Ana Tepetitl&aacute;n" conformado por 897 habitantes, de los cuales 472 eran mujeres y 425 eran hombres. Mientras que 643 eran casados, 175 viudos, 39 hu&eacute;rfanos en estirpe, y aunque en las leyes no se consideraba a los solteros para poseer tierras, tambi&eacute;n aparecieron 40 (v&eacute;ase <a href="#a4c1">cuadro 1</a>).</font>	</p> 	    <p align="center"><a name="a4c1"></a><img src="../img/revistas/espiral/v12n35/a4c1.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como podemos observar, en la elaboraci&oacute;n del padr&oacute;n del pueblo de Santa Ana no se respetaron las indicaciones de </font><font face="verdana" size="2">las leyes, ya que se incluy&oacute; un gran n&uacute;mero de mujeres, sin importar su estado matrimonial, es decir, s&oacute;lo las viudas y hu&eacute;rfanas eran quienes ten&iacute;an derecho a la tierra.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El 14 de junio de 1884, despu&eacute;s de haberse concluido el padr&oacute;n, la comisi&oacute;n nombr&oacute; a diez curadores y diez hu&eacute;rfanos en estirpe, entre los cuales encontramos cuatro mujeres, quienes estaban encargados de verificar que la divisi&oacute;n de los terrenos se realizara seg&uacute;n las leyes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto representa una transformaci&oacute;n en la organizaci&oacute;n social y pol&iacute;tica al interior de la comunidad, ya que hasta entonces no tenemos datos de que las mujeres hayan participado en las actividades p&uacute;blicas de la comunidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El 8 de febrero 1887, la comisi&oacute;n repartidora de Santa Ana pas&oacute; al sur de esta poblaci&oacute;n y comenz&oacute; a reconocer y medir los terrenos de comunidad, "curiosamente" se inici&oacute; con Francisco Mart&iacute;nez, hijo de Marcelino Mart&iacute;nez y &Uacute;rsula Garc&iacute;a, nieto de los alcaldes del pueblo durante la &eacute;poca colonial. A Francisco se le adjudic&oacute; un terreno de 1,600 varas a lo largo y de ancho 100 varas, el cual lindaba con otra propiedad que ya pose&iacute;a de manera individual, lo que muestra que los solares legitimados en 1848 fueron respetados en el momento de la distribuci&oacute;n de las tierras comunales, y que no fue un obst&aacute;culo para que continuara disfrutando de las posesiones individuales de la familia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo, algunos miembros de la comisi&oacute;n repartidora, como Ambrosio Corona, Tranquilino Sevilla e In&eacute;s Aguilar tambi&eacute;n pose&iacute;an solares, que no fueron repartidos y que eran tierras de temporal, que adquirieron antes del repartimiento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los terrenos repartidos entre los 897 "ciudadanos ind&iacute;genas" fue de la manera m&aacute;s equitativa posible, de acuerdo al art&iacute;culo 7 del Decreto n&uacute;mero 121, que indica "en la partici&oacute;n se procurar&aacute; la m&aacute;s posible igualdad en cantidad y calidad de las fincas" y seg&uacute;n la Prevenci&oacute;n 8, es decir, en caso de que hubiera algunos terrenos mejores por su </font><font face="verdana" size="2">situaci&oacute;n, fertilidad, abundancia de agua, montes y dem&aacute;s, respecto de otros que no ten&iacute;an estas cualidades, se har&iacute;a la divisi&oacute;n atendiendo a sus productos, de modo que todos los agraciados tengan iguales utilidades, aunque los terrenos sean desiguales en extensi&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por tal raz&oacute;n, la comisi&oacute;n reparti&oacute; terrenos desde 1,600 varas de largo por 100 de ancho, as&iacute; como otros con dimensiones menores, por ejemplo, el otorgado a Francisco Garc&iacute;a med&iacute;a 150 varas por 160, ya que en este terreno se localizaba un ojo de agua, denominado Agua Blanca.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En total se distribuy&oacute; una superficie de 106'698,887 varas cuadradas entre los 897 habitantes de Santa Ana, lo cual correspond&iacute;a aproximadamente a cuatro sitios y un cuarto de ganado mayor, por lo que, tres sitios y %, de los ocho que pose&iacute;an antes de 1883 les fueron arrebatados en el procedimiento de deslinde de este pueblo (v&eacute;ase <a href="#a4c2">cuadro 2</a>).</font>	</p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="a4c2"></a><img src="../img/revistas/espiral/v12n35/a4c2.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El 24 de marzo de 1887, la comisi&oacute;n repartidora termin&oacute; de distribuir los terrenos, es decir, casi tres a&ntilde;os despu&eacute;s de que se inici&oacute; el proceso. As&iacute; el d&iacute;a 27, la comisi&oacute;n repartidora y m&aacute;s de 200 de los agraciados con el repartimiento, a las 10 de la ma&ntilde;ana, se reunieron en el local de la comisar&iacute;a pol&iacute;tica, donde el presidente de la acci&oacute;n pregunt&oacute; en voz alta a todos los presentes si estaban o no conformes con las operaciones practicadas en el reparto y contestaron un&aacute;nimemente que estaban conformes con el repartimiento practicado, y como prueba de su conformidad firmaron los que supieron. As&iacute; finaliz&oacute; el repartimiento de las tierras de comunidad, al firmar junto a la comisi&oacute;n 40 indios m&aacute;s. El expediente fue aprobado el 31 de mayo de 1887, en Zapopan, al encontrarse que el procedimiento hab&iacute;a sido hecho conforme a las disposiciones del Decreto n&uacute;mero 121, conjuntamente con la circular de 29 de mayo de 1852 (AHEJ, Indios&#45;Gobernaci&oacute;n, G&#45;9&#45;881, Zap/3687, Caja G&#45;500).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El que se haya repartido s&oacute;lo una parte de los ocho sitios de ganado mayor que pose&iacute;an los santanenses se debi&oacute; a que, en el transcurso de cinco a&ntilde;os &#151;entre 1883 cuando se iniciaron los procedimientos de medidas de linderos de la comunidad hasta 1887 cuando se ejecut&oacute; el repartimiento entre los indios&#151;, gran parte de las tierras comunales hab&iacute;an pasado a manos de los hacendados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los 897 terrenos repartidos correspondieron, principalmente, a los localizados a las afueras del fundo legal y en los montes, lo cual iba en contra de las leyes vigentes. A pesar de que en todo el documento se hace menci&oacute;n de los decretos 151 y 121 que dispon&iacute;an que la &uacute;nica parte que se dividir&iacute;a fuera el fundo legal, exceptuando los terrenos en com&uacute;n, en este pueblo fue totalmente lo contrario.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De nueva cuenta las autoridades locales se adelantaron a la legislaci&oacute;n, ya que no fue sino hasta el 26 de marzo de 1894 que la Ley de Tierras dispon&iacute;a que "los gobiernos de los estados, auxiliados por las autoridades federales, continua</font><font face="verdana" size="2">ran el se&ntilde;alamiento, fraccionamiento en lotes y adjudicaci&oacute;n entre los vecinos de los pueblos, de los terrenos que formen "los exidos y los excedentes del fundo legal", cuando no se hubieran hecho esas operaciones" (Orozco, 1975). Esta ley aplicar&iacute;a tanto con las concesiones hechas por el gobierno colonial como para los liberales en los terrenos denominados como bald&iacute;os, a partir de 1824.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, esta ley de la Federaci&oacute;n s&oacute;lo legitim&oacute; los procesos que los estados hab&iacute;an hecho anteriormente, ya que anulaba todos los t&iacute;tulos individuales que se hicieron sobre el fundo legal de las comunidades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los pobladores de Santa Ana, con la divisi&oacute;n del pueblo y los terrenos comunales, perdieron el poder pol&iacute;tico que les otorgaba la corporaci&oacute;n para defender su territorio, con base en los cargos de representaci&oacute;n. A pesar de la individualizaci&oacute;n de las tierras de Santa Ana y la legislaci&oacute;n posterior, que permiti&oacute; un mercado libre, sus habitantes conservaron de manera individual las tierras de los montes. La documentaci&oacute;n elaborada por la Comisi&oacute;n Agraria local en 1922, muestra que el pueblo de Santa Ana Tepetitl&aacute;n ten&iacute;a 1,640 habitantes, con 416 familias y 390 agricultores. Adem&aacute;s, se descubri&oacute; que 114 vecinos pose&iacute;an tierras y 67 de ellos ten&iacute;an de 8 a 230 hect&aacute;reas, principalmente de terrenos en los montes (RAN, leg. 23/113).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, las propiedades individuales del pueblo se concentraron en unos cuantos vecinos. Por lo que la estructura econ&oacute;mica de Santa Ana desde finales del siglo XIX hasta 1922 continu&oacute; siendo la explotaci&oacute;n de los bosques. El cambio del tipo de tenencia de la tierra no afect&oacute; las actividades tradicionales de los santanenses, ya que siguieron siendo le&ntilde;adores, carboneros y arrieros.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Conclusiones</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los principales prop&oacute;sitos del gobierno liberal durante el siglo XIX fue la transformaci&oacute;n de los bienes comunales en propiedad individual. Sin embargo, no fue una tarea f&aacute;cil de realizar, ya que por s&iacute; solas las nuevas leyes no cambiaron la tenencia de la tierra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante la inestabilidad de los grupos pol&iacute;ticos en el poder, los pueblos de Jalisco pudieron detener el avance de las pol&iacute;ticas agrarias anticorporativas. Adem&aacute;s, el pueblo de Santa Ana Tepetitl&aacute;n logr&oacute; resistirse a la divisi&oacute;n de sus bienes comunales, durante la mayor parte del siglo XIX, gracias a la imprecisi&oacute;n de las leyes y a los conflictos territoriales con los rancheros y los hacendados colindantes. Sin embargo, cuando terminaron las disputas entre los bandos liberal y conservador, en el porfiriato, y el Estado consolid&oacute; su poder, los santanenses ya no pudieron evadir la legislaci&oacute;n y aceptaron la divisi&oacute;n de sus terrenos de comunidad. Con los cual, no s&oacute;lo fueron beneficiados los due&ntilde;os de las haciendas y ranchos vecinos, sino que los miembros del pueblo que ten&iacute;an posibilidades econ&oacute;micas tambi&eacute;n pudieron adquirir propiedades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esa circunstancia permiti&oacute; que los nuevos ciudadanos de la "extinguida comunidad" de Santa Ana pudieran seguir teniendo un v&iacute;nculo con la tierra, aunque no de propiedad. Como trabajadores continuaron explotando los bosques, esto permiti&oacute; la conservaci&oacute;n del n&uacute;cleo del pueblo y, con ello, de cierta forma la vida comunitaria. Estos casos fueron la excepci&oacute;n, m&aacute;s que la regla, ya que pocas comunidades ind&iacute;genas se adaptaron a las nuevas instituciones legales para as&iacute; seguir persistiendo.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Siglas y referencias</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">AHEJ: Archivo Hist&oacute;rico del Estado de Jalisco. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">RANJ: Registro Agrario Nacional en Jalisco.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aldana Rend&oacute;n, Mario, <i>El campo jalisciense durante el porfiriato,</i> Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3299773&pid=S1665-0565200600010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;</i>, <i>Jalisco desde la Revoluci&oacute;n. "Del reyismo al nuevo orden constitucional, 1910&#45;1917",</i> Guadalajara, UNED, 1987, t. I.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3299775&pid=S1665-0565200600010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Banda, Longinos, <i>Estad&iacute;stica de Jalisco 1854&#45;1863,</i> Guadalajara, UNED, 1983.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3299777&pid=S1665-0565200600010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Colecci&oacute;n de acuerdos, &oacute;rdenes y decretos sobre tierras, casas y solares de los ind&iacute;genas, bienes de comunidad y fundos legales de los pueblos del Estado de Jalisco, <i>Guadalajara, (1849&#45;1882), vol. I, Imprenta del Gobierno del Estado a cargo de J. Santos Orozco, vol. II, Tip. de P&eacute;rez Lepe; vols. III y IV, Tip. de J. M. Brambila, vol. VI, Tip. de Pargo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3299779&pid=S1665-0565200600010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Colecci&oacute;n de los decretos y &oacute;rdenes de los honorables congresos del Estado libre de Jalisco,</i> s. p. i.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3299781&pid=S1665-0565200600010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ducey, Michael T., "Liberal Theory and Peasant Practice. Land and Power in Northern Veracruz, Mexico 1826<i>&#45;</i>1900", en Jackson, Robert H. (ed.) <i>Liberals, The Church and Indian Peasants. Corporate Lands and the Challenge of Reform in Nineteenth&#45;Century Spanish America,</i> Albuquerque, University of New Mexico Press, 1997, pp. 65&#45;94.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3299783&pid=S1665-0565200600010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">F&aacute;bregas Puig, Andr&eacute;s, <i>La formaci&oacute;n hist&oacute;rica de una regi&oacute;n: Los Altos de Jalisco,</i> M&eacute;xico, CIESAS, 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3299785&pid=S1665-0565200600010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Foglen Deaton, Dawn, "The Decade of Revolt. Peasant Rebellion in Jalisco, M&eacute;xico, 1855&#45;1864", en Jackson, Robert H. (ed.), <i>Liberals, The Church, and Indian Peasants. Corporate Lands and the Challenge of Reform in Nineteenh</i></font><font face="verdana" size="2"><i>&#45;Century Spanish America,</i> Albuquerque, University of New Mexico Press, 1997, pp. 37&#45;64.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3299787&pid=S1665-0565200600010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"> Frazer, Donald J., "La pol&iacute;tica de desamortizaci&oacute;n en las comunidades ind&iacute;genas, 1856&#45;1872", en <i>Los pueblos de indios y las comunidades,</i> Lecturas de Historia Mexicana, vol. 2, M&eacute;xico, El Colegio de M&eacute;xico, 1991, pp. 219-256.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3299789&pid=S1665-0565200600010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gerhard, Peter, <i>La frontera norte de la Nueva Espa&ntilde;a,</i> M&eacute;xico, UNAM, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3299791&pid=S1665-0565200600010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Guerra, Fran&ccedil;ois&#45;Xavier, <i>Modernidad e independencia. Ensayos sobre las revoluciones hisp&aacute;nicas,</i> M&eacute;xico, FCE&#45;Mapfre, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3299793&pid=S1665-0565200600010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hansen, Roger, <i>La pol&iacute;tica del desarrollo mexicano,</i> M&eacute;xico, Siglo XXI Editores, 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3299795&pid=S1665-0565200600010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Knowlton, Robert, "La individualizaci&oacute;n de la propiedad corporativa civil en el siglo XIX&#151;Notas sobre Jalisco", en <i>Los pueblos de indios y las comunidades.</i> Lecturas de Historia Mexicana, vol. 2, M&eacute;xico, El Colegio de M&eacute;xico, 1991, pp. 181&#45;218.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3299797&pid=S1665-0565200600010000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mallon, Florencia E., <i>Campesinos y naci&oacute;n. La construcci&oacute;n de M&eacute;xico y Per&uacute; poscoloniales,</i> M&eacute;xico, CIESAS&#45;El Colegio de San Luis&#45;El Colegio de Michoac&aacute;n, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3299799&pid=S1665-0565200600010000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Meyer, Jean, "La Ley Lerdo y la desamortizaci&oacute;n de bienes en Jalisco", en Carrasco, Pedro, <i>La sociedad ind&iacute;gena en el centro y occidente de M&eacute;xico,</i> Michoac&aacute;n, El Colegio de Michoac&aacute;n, 1986, pp. 189&#45;212.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3299801&pid=S1665-0565200600010000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Olveda, Jaime, "Siglo XIX", en <i>Historia de Zapopan,</i> Zapopan, Jalisco, El Colegio de Jalisco, 2004, pp. 53&#45;112.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3299803&pid=S1665-0565200600010000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Organizaci&oacute;n Municipal del Estado de Jalisco,</i> M&eacute;xico, UNED, 1982.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3299805&pid=S1665-0565200600010000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Orozco, Wistano Luis, <i>Los ejidos de los pueblos,</i> M&eacute;xico, </font><font face="verdana" size="2">Ediciones el Caballito, 1975.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3299807&pid=S1665-0565200600010000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"> P&eacute;rez Casta&ntilde;eda, Juan Carlos, <i>El nuevo sistema de propiedad </i></font><font face="verdana" size="2"><i>agraria en M&eacute;xico,</i> M&eacute;xico, Textos y Contextos, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3299809&pid=S1665-0565200600010000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Taylor, William, <i>Entre el proceso global y el conocimiento local. Ensayos sobre el Estado, la sociedad y la cultura de M&eacute;xico en el siglo XVIII,</i> M&eacute;xico, UAM Iztapalapa&#45;Conacyt&#45;Miguel &Aacute;ngel Porr&uacute;a, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3299811&pid=S1665-0565200600010000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Valerio Ulloa, Sergio, <i>Historia rural jalisciense. Econom&iacute;a agr&iacute;cola e innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica durante el siglo XIX,</i> Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3299813&pid=S1665-0565200600010000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Warman, Arturo, <i>Los indios mexicanos en el umbral del milenio,</i> M&eacute;xico, FCE, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3299815&pid=S1665-0565200600010000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Z&uacute;&ntilde;iga Vargas, Fabiola, <i>Desamortizaci&oacute;n, presi&oacute;n sobre la tierra y la legislaci&oacute;n agraria, Jalisco, siglos XVIII y XIX,</i> tesis de maestr&iacute;a, Zapopan, Jalisco, El Colegio de Jalisco, </font><font face="verdana" size="2">2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3299817&pid=S1665-0565200600010000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45&#45&#45&#45&#45&#45&#45&#45&#45 "Los habitantes de Santa Ana Tepetitl&aacute;n: de indios </font><font face="verdana" size="2">comuneros a propietarios privados, 1713&#45;1847", en <i>Revista Estudios del Hombre,</i> Guadalajara, Universidad de Guadalajara, CUCSH, Departamento de Estudios del Hombre, 1999, n&uacute;m. 1 (Homenaje a Heriberto Moreno Garc&iacute;a).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3299819&pid=S1665-0565200600010000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. Se denominaba como tierras realengas a las porciones de tierra que quedaban sin medir entre una y otra estancia de ganado, las cuales pertenec&iacute;an al Rey.</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">2.&nbsp;Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo Le&oacute;n, Sinaloa, Zacatecas, Michoac&aacute;n, </font><font face="verdana" size="2">Guanajuato, Puebla, Veracruz, Oaxaca y Chiapas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3.&nbsp;Seg&uacute;n esta ley, los solares son aquellos pedazos de tierra que podr&iacute;an estar dentro de la poblaci&oacute;n o a las orillas de ella.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4. Se denominaba con este termin&oacute; a las propiedades que no estaban en compraventa.</font></p>      ]]></body><back>
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