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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Hacia la construcción social participada de un mejor vivir]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Teor&iacute;a y debate</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Hacia la construcci&oacute;n social participada de un mejor vivir<a href="#notas">&sup1;</a></b><a href="#notas"></a></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Pedro Mart&iacute;n Guti&eacute;rrez*</b></font></p> 	    <p align="left">&nbsp;</p> 	    <p align="left"><font face="verdana" size="2"><i>*  Profesor de Sociolog&iacute;a en la Universidad de Valladolid y Coordinador del M&aacute;ster en Investigaci&oacute;n participativa para el desarrollo local, de la Universidad Complutense de Madrid, Espa&ntilde;a</i>. <a href="mailto:invpar@cps.ucm.es">invpar@cps.ucm.es</a> y  <a href="mailto:pmg@soc.uva.es">pmg@soc.uva.es</a></font></p> 	    <p align="left">&nbsp;</p> 	    <p align="left"><font face="verdana" size="2">Fecha de recepci&oacute;n: 31 de octubre de 2004.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     Fecha de aceptaci&oacute;n: 12 de enero de 2005.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las transformaciones que el modelo social fordista&#45;keynesiano ha experimentado en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, en los pa&iacute;ses del centro de la econom&iacute;a mundial, han supuesto la ruptura del pacto social que propici&oacute; el Estado de bienestar y, consecuentemente, la p&eacute;rdida de ciudadan&iacute;a y derechos sociales vinculados a la condici&oacute;n de trabajador. Desde el paradigma emergente de la complejidad y sobre la base de diversas metodolog&iacute;as participativas, reflexivas y pr&aacute;xicas, se propone un m&eacute;todo para construir nuevos espacios sociales auto&#45;organizados, que recuperen de una manera dial&oacute;gica un <i>mejor vivir</i> (interactivo y responsable), frente al <i>bienestar</i> (absoluto y pasivo).</font></p>  	    <p align="left"><font face="verdana" size="2"><b>Palabras clave:</b> Derechos sociales, complejidad, dial&oacute;gica comunicativa, auto&#45;organizaci&oacute;n, investigaci&oacute;n&#45;acci&oacute;n participativa.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>Que dos y dos sean necesariamente cuatro es una opini&oacute;n que muchos compartimos.     <br> Pero si alguien sinceramente piensa otra cosa, que lo diga.     <br> Aqu&iacute; no nos asombramos de nada.     <br> Ni siquiera hemos de exigirle la prueba de su aserto,     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> porque ello equivaldr&iacute;a a obligarle a aceptar las normas de nuestro pensamiento, en las cuales habr&iacute;an de fundarse los argumentos que nos convencieran.     <br> Pero estas normas y estos argumentos s&oacute;lo pueden probar nuestra tesis; de ning&uacute;n modo la suya.</i></font></p>      <p align="right"><font face="verdana" size="2">Antonio Machado,</font>    <br> <font face="verdana" size="2"><i>Juan de Mairena</i></font></p>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El 11 de septiembre de 2001 marc&oacute; un nuevo punto de inflexi&oacute;n, de muy hondo calado, en los contenidos y la forma de la dominaci&oacute;n mundial: "El mundo se encuentra en vilo tras un ataque terrorista en cadena que ha alcanzado el coraz&oacute;n de la mayor potencia del mundo: su centro financiero de Nueva York (representado por las Torres Gemelas) y el n&uacute;cleo de mando de sus ej&eacute;rcitos (el Pent&aacute;gono)", as&iacute; comenzaba el editorial del diario <i>El Pa&iacute;s</i> (Espa&ntilde;a) al d&iacute;a siguiente. Y a&ntilde;ad&iacute;a: "El acto de hiperterrorismo nos ha alcanzado a todos &#91;...&#93; La sensaci&oacute;n es que este acto marca el inicio de un siglo XXI plagado de graves incertidumbres". La consecuencia inmediata es el fin de la <i>globalizaci&oacute;n feliz,</i> de la d&eacute;cada de los noventa, y de las formas de <i>dominio dulce</i> del capitalismo mundial (Fern&aacute;ndez Dur&aacute;n, 2003); a partir de este momento el enemigo est&aacute; en todas partes, porque la ca&iacute;da de la <i>amenaza comunista</i> ha devenido en una multiplicaci&oacute;n de amenazas, emboscadas tras cualquier esquina: es el, seg&uacute;n G. W. Bush, <i>eje del Mal.</i> El enemigo ya no est&aacute; localizado ni la situaci&oacute;n est&aacute; bajo control, sino que es difuso, virtual, interno y externo...</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre las inmediatas consecuencias b&eacute;licas de estos hechos, se producen las invasiones de Afganist&aacute;n e Iraq, por parte de tropas de coaliciones internacionales (l&eacute;ase de Estados Unidos y Gran Breta&ntilde;a, donde no es casual que est&eacute;n los dos principales centros financieros del planeta); en ambas, Espa&ntilde;a ha jugado un papel secundario, aunque no por ello menos importante. Pero hay elementos que est&aacute;n m&aacute;s all&aacute; de la nube de humo de las explosiones: conseguir que en la nueva fase del capitalismo financiero y con la creaci&oacute;n de un nuevo escenario, en el que el d&oacute;lar, como patr&oacute;n de divisa universal y, por ende, garante de la estabilidad econ&oacute;mica de Estados Unidos, no pierda su hegemon&iacute;a: "&#91;...&#93; por encima de todo es una agresi&oacute;n integral contra su sistema econ&oacute;mico, contra la democracia y la libertad de mercado. En definitiva, contra todos los que compartimos unos mismos principios democr&aacute;ticos que tanto cost&oacute; conseguir en nuestro pa&iacute;s", contin&uacute;a el mismo editorial de <i>El Pa&iacute;s.</i> Mientras, sin que sean los aviones guiados por los suicidas los que lo bombardeen, un tambaleante y menguante Estado del bienestar todav&iacute;a tiene una vigencia apreciable, aunque con caracter&iacute;sticas bien distintas a las de d&eacute;cadas antes. Hagamos un poco de memoria acerca de la creaci&oacute;n de este pacto, que propicia y da nombre al <i>Estado del bienestar.</i></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Amanece el bienestar y la ciudadan&iacute;a social</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"> El final de la II Guerra Mundial es tambi&eacute;n el momento que las potencias vencedoras se marcan para la creaci&oacute;n de un nuevo escenario econ&oacute;mico y de equilibrio de fuerzas; los dos bloques militares en que se divide el planeta marcan tambi&eacute;n dos formas de regulaci&oacute;n econ&oacute;mica. El bloque occidental, liderado por Estados Unidos, configura un modelo basado en la producci&oacute;n de las industrias nacionales compitiendo, cooperando, pugnando, en un escenario de comercio internacional regulado por los Estados nacionales. Dentro de estos Estados, cuyas econom&iacute;as ocupan lugares centrales, se va abriendo paso la negociaci&oacute;n de un pacto necesario en este nuevo modo de regulaci&oacute;n econ&oacute;mica; se va conformando un nuevo concepto de ciudadan&iacute;a. Junto al reconocimiento de los derechos civiles (libertades individuales propias del liberalismo) y a los que se a&ntilde;aden los derechos pol&iacute;ticos (participaci&oacute;n pol&iacute;tica individual &#151;derecho al voto&#151; e indirecta) ahora aparecen los derechos sociales: "&#91;...&#93; ciudadan&iacute;a social, fundamentada en los derechos de bienestar, materializados en la provisi&oacute;n o facilitaci&oacute;n estatal de una larga serie de bienes y de servicios p&uacute;blicos considerados, dentro del consenso democr&aacute;tico, como responsabilidad de las naciones &#91;...&#93;" (Alonso, 1999).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, para que una gran cantidad de la poblaci&oacute;n de los pa&iacute;ses occidentales acceda a estos derechos sociales, a estos elementos de protecci&oacute;n social, que erradiquen de una vez la tenebrosa imagen del capitalismo manchesteriano del XIX, han de darse unas condiciones de incremento de la productividad y de la tasa de beneficio en la producci&oacute;n, de tal cuant&iacute;a que permita esa <i>derrama</i> en beneficios sociales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El pacto del que es producto el Estado del bienestar se asienta, fundamentalmente, en tres elementos: la activaci&oacute;n de la econom&iacute;a por el lado de la demanda, la activaci&oacute;n de la econom&iacute;a mediante la inversi&oacute;n estatal y la paz social que permita el <i>libre juego</i> de las fuerzas del mercado.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera de las condiciones, el incremento de la demanda, supone posibilitar el acceso al consumo a la mayor cantidad posible de poblaci&oacute;n, la creaci&oacute;n de una norma de consumo de masas. La masificaci&oacute;n (uniformizaci&oacute;n) es un criterio que se hace patente en este modelo: grandes masas de productores, en grandes centros fabriles, que producen grandes series de productos (estandarizados y mediante procesos <i>tayloristas</i> de estandarizaci&oacute;n) para ser consumidas, a su vez, por grandes masas de poblaci&oacute;n. Las concentraciones urbanas en torno a los centros industriales atraen a una poblaci&oacute;n rural que ve en la ciudad la imagen del progreso y el bienestar que deseaba. (La Espa&ntilde;a de los a&ntilde;os sesenta y setenta es un fiel reflejo de estos procesos.) Al mismo tiempo, y como condici&oacute;n que d&eacute; confianza a los consumidores, se hace necesaria una norma salarial, la seguridad de unos ingresos estables que posibiliten la sensaci&oacute;n de euforia consumista, de consumo compulsivo, en los individuos y las familias, las cuales ya van asimilando (de eso se encarga la incisiva publicidad) la necesidad de conseguir unos bienes <i>elementales</i> para obtener la <i>normalidad,</i> es decir, para integrarse en la norma. La norma, en este caso, es la asimilaci&oacute;n a la clase media en, m&aacute;s o menos, r&aacute;pida expansi&oacute;n (Alonso, 1999: 100). Este modo de regulaci&oacute;n se conoce como fordismo.<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero hace falta otro tipo de seguridades, tanto para el consumo de los individuos y las familias como para el funcionamiento de la econom&iacute;a. Se necesita amortiguar los ciclos de crisis a los que se ve sometida la econom&iacute;a y la intervenci&oacute;n estatal puede desempe&ntilde;ar este papel: las teor&iacute;as de J. M. Keynes as&iacute; lo manifestaban. El desarrollo del <i>keynesianismo</i> supone la intervenci&oacute;n p&uacute;blica en la regulaci&oacute;n de la econom&iacute;a, contraviniendo los m&aacute;s elementales principios del liberalismo cl&aacute;sico, pero sirviendo, de manera muy eficaz, a los mismos fines que &eacute;ste. Pero no es s&oacute;lo con la inversi&oacute;n en infraestructuras que posibiliten y faciliten la producci&oacute;n y circulaci&oacute;n econ&oacute;mica como act&uacute;a el Estado keynesiano, sino propiciando la reproducci&oacute;n de la fuerza de trabajo y facilitando, de distintas maneras, <i>salarios indirectos</i> que mantengan la demanda de bienes de consumo por parte de los consumidores. Dichos salarios indirectos est&aacute;n en el &aacute;mbito de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que dan la necesaria seguridad a los individuos y las familias para mantener un estilo de vida consumista: la seguridad ante las contingencias de fallecimiento, enfermedad o accidente de alguno de los miembros productivos de la familia, ante el despido, el acceso a una sanidad y educaci&oacute;n p&uacute;blicas m&aacute;s o menos gratuitas, a la vivienda,... en fin, a aquellos elementos que posibilitaban que no decayese el consumo privado para que el motor de la producci&oacute;n no tuviera que bajar de revoluciones, sino al contrario. As&iacute;, el Estado se convierte en elemento regulador y planificador en cierta medida de la econom&iacute;a, asignando una cierta redistribuci&oacute;n de los beneficios obtenidos a condici&oacute;n de que no se distorsionase la norma social de consumo, pieza clave del modo de regulaci&oacute;n social fordista&#45;keynesiano. En el fondo, la tesis con que se est&aacute; jugando es la de la necesidad de hacer frente a <i>los fallos del mercado</i> por parte de una instancia ajena al mismo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, falta un tercer elemento que haga posible este estado de cosas: un pacto por medio del cual el conflicto entre los dos principales actores de la producci&oacute;n, los propietarios y los proletarios, se canalice, se negocie, se des&#45;radicalice y, sobre todo, se puedan calcular sus costes econ&oacute;micos y sociales para reducir, tanto como sea posible, la incertidumbre que pueden provocar las cat&aacute;strofes (tomando el concepto de la teor&iacute;a del mismo nombre) que emanan de dicha relaci&oacute;n conflictiva. El mantenimiento de este modo de regulaci&oacute;n social, necesita la des&#45;radicalizaci&oacute;n de las estrategias del movimiento obrero, que en buena medida ha salido reforzado de la segunda posguerra mundial, por el acceso al poder de partidos de izquierda en algunos pa&iacute;ses occidentales y de la presencia en el escenario mundial del bloque sovi&eacute;tico. La contrapartida, por esta reducci&oacute;n en la conflictividad y la radicalidad, era la promesa de redistribuci&oacute;n de una parte de beneficios entre amplias capas de la poblaci&oacute;n, la cobertura social del Estado del bienestar y el pleno empleo. Este &uacute;ltimo elemento se hace viable en una fase expansiva del capitalismo, como a la que da lugar el escenario de posguerra y en algunos casos por <i>ajustes</i> en la fuerza de trabajo, como el peculiar caso espa&ntilde;ol que supuso la <i>expulsi&oacute;n</i> a la emigraci&oacute;n de un mill&oacute;n de trabajadores.<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El desencadenamiento de este r&aacute;pido proceso (en t&eacute;rminos cronol&oacute;gicos y en los pa&iacute;ses centrales), que ven&iacute;a siendo propiciado desde algunas d&eacute;cadas anteriores, conlleva, por tanto, la puesta en marcha de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que hagan efectivos los derechos sociales a que hemos hecho referencia anteriormente. Sin embargo, el eje sobre el que pivotan dichas pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y dichos derechos sociales, el hecho que constru&iacute;a la ciudadan&iacute;a social, era la condici&oacute;n de trabajador: "El acceso a los diferentes dispositivos del <i>Welfare State'</i> (seguro de salud, de desempleo, pensiones...) se jerarquiz&oacute; en funci&oacute;n de la relaci&oacute;n salarial. Pertenecer a esta relaci&oacute;n era la condici&oacute;n sine qua non de 'tener derecho a los derechos' del Estado del bienestar" (Cocco, 2001: 75). Tenemos por lo tanto, que es la relaci&oacute;n salarial el elemento central de inclusi&oacute;n social y el que da acceso a la ciudadan&iacute;a.</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por el contrario, "la marginaci&oacute;n y la pobreza" aparec&iacute;an como el residuo, como el "mundo del no trabajo", y, por ello, la reivindicaci&oacute;n dejaba de entrar en el marco del movimiento obrero y era traspasada al Estado como ejemplo flagrante de los "fallos del mercado"; era justo el lugar para la intervenci&oacute;n activa del Estado, para que &eacute;ste se hiciese asistencial, para legitimarse en funci&oacute;n de un bien com&uacute;n que estaba por encima de los intereses de clases, para decirlo de otra manera, que se estableciese el pacto entre clases (Alonso, 1999: 117).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La satisfacci&oacute;n de las necesidades de que dan cuenta estos derechos sociales es asumida por todo el entramado de atenci&oacute;n social, de servicios sociales que, bajo criterios como eficacia, eficiencia, equidad, etc. <i>construyen</i> a su vez dichas necesidades y los procedimientos mediante los cuales van a atender a los sectores de poblaci&oacute;n <i>objeto</i> de dichas pol&iacute;ticas sociales.<sup><a href="#notas">4</a></sup> El bienestar es as&iacute; construido y producido socialmente desde instancias administrativas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero estos grupos sociales marginados, que son considerados <i>residuales</i> en los momentos &aacute;lgidos de esta fase capitalista, tras la crisis econ&oacute;mica de mediados de los a&ntilde;os setenta, pasan a engrosarse cada vez m&aacute;s, seg&uacute;n van sucedi&eacute;ndose las fases de <i>flexibilizaci&oacute;n</i> y <i>regulaci&oacute;n</i> postfordista. La d&eacute;cada de 1980 ve aparecer, junto a una pobreza m&aacute;s <i>tradicional</i> y de tipo patrimonial (no tener o tener pocos bienes), una nueva pobreza <i>funcional,</i> que afecta a sectores de clase obrera tradicional y de clases medias <i>no reconvertibles:</i> mujeres, j&oacute;venes y adultos desempleados o subempleados, inmigrantes y, en fin, todos aquellos que van quedando excluidos del nuevo sistema,<sup><a href="#notas">5</a></sup> que van perdiendo o son arrojados del tren del desarrollo econ&oacute;mico, que se va centrando en elementos asociados a la nueva revoluci&oacute;n tecnol&oacute;gica de la informaci&oacute;n y la comunicaci&oacute;n y que arrastra a los abismos de la reconversi&oacute;n a los sectores que hab&iacute;an sido motores de la anterior fase expansiva capitalista. Hemos pasado de una <i>sociedad industrial</i> a una <i>sociedad del riesgo</i> (Beck, 2002).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El pacto keynesiano se ha roto a pesar de los cambios en la producci&oacute;n asumidos por los trabajadores y el movimiento obrero, primero de manera negociada, pero poco a poco como una imposici&oacute;n que no da lugar siquiera a discusi&oacute;n. F&aacute;cil es ahora considerar que, si se pone en cuesti&oacute;n la centralidad de la relaci&oacute;n salarial, se pone asimismo en cuesti&oacute;n el propio concepto de ciudadan&iacute;a social para amplios sectores de la sociedad. En t&eacute;rminos temporales, hab&iacute;a sido relativamente r&aacute;pida la implantaci&oacute;n de un sistema de bienestar en los pa&iacute;ses centrales, pero no es menos r&aacute;pida su reducci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Nos globalizan &iquest;qu&eacute; queda del bienestar?</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el decenio de 1990 &#151;d&eacute;cada de la <i>globalizaci&oacute;n feliz,</i> como la denomina Ram&oacute;n Fern&aacute;ndez Dur&aacute;n (2003)&#151; se acaba de asistir a la ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n y la desaparici&oacute;n de la URSS, con lo que ya no queda m&aacute;s que uno de los dos <i>bloques.</i> Tambi&eacute;n se anuncia <i>el fin de la historia</i> (Fukuyama) y las revolucionarias tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n y la comunicaci&oacute;n permiten una aceleraci&oacute;n tal de la informaci&oacute;n que la <i>globalizaci&oacute;n financiera</i> desborda a la <i>globalizaci&oacute;n productiva.</i> La <i>imagen virtual</i> del planeta, que nos transmiten estas tecnolog&iacute;as, en manos de los poderosos grupos medi&aacute;ticos mundiales, va construyendo una forma de <i>pensamiento &uacute;nico</i> que nos reduce el abanico de posibles alternativas a cero: hay un &uacute;nico modelo de mundo posible, un <i>monomundismo</i> (si se nos permite el t&eacute;rmino). En este modelo, el papel que ha de jugar el Estado es m&iacute;nimo <i>(fragmentaci&oacute;n</i> de las instancias de prestaci&oacute;n de estos derechos), se reclama el <i>Estado cero</i> y la privatizaci&oacute;n del acceso a lo que, apenas dos d&eacute;cadas antes, fueron derechos sociales universales o casi universales. El pago por el acceso a prestaciones sociales se ha convertido en el modelo <i>(gesti&oacute;n privada de los riesgos),</i> lo que conlleva a una dualizaci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a (Alonso, 1999b; Elizalde, 2002; Moreno, 2000); entre una ciudadan&iacute;a de primera y de segunda, fuerte o d&eacute;bil, ampliada o restringida, total o parcial, se llame como se llame, en el fondo subyace la diferenciaci&oacute;n por poseer o no recursos econ&oacute;micos, entre quienes tiene derecho a prestaciones porque tienen poder adquisitivo y los que no tienen solvencia econ&oacute;mica y por lo tanto no pueden obtener dichas prestaciones, que as&iacute; pasan a la categor&iacute;a de <i>sujetos fr&aacute;giles,</i> excluidos o simplemente marginados. Esta asunci&oacute;n por el mercado de la capacidad para satisfacer la demanda (solvente) de necesidades de los ciudadanos (solventes), supone a su vez un cambio en el enfoque de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dichas pol&iacute;ticas p&uacute;blicas se han transformado en la metonimia de lo que han sido hasta hace poco los derechos sociales, quedando como oferta de una <i>cartera de servicios</i> lo que, en el marco del pacto keynesiano, eran derechos de los ciudadanos. Esta <i>cartera de servicios,</i> para hacer frente a lo que se ha denominado <i>sobrecarga democr&aacute;tica,<sup><a href="#notas">6</a></sup></i> es gestionada desde el Estado con dos criterios: el de <i>focalizaci&oacute;n</i> y <i>empresarializaci&oacute;n</i> (Alonso, 1999: 89). Si hay una cantidad inabordable de demandas, la pretensi&oacute;n es centrarse en colectivos espec&iacute;ficos, situaciones y colectivos de riesgo, etc., que hagan m&aacute;s eficaz la acci&oacute;n de las administraciones, "...l&iacute;nea 'asistencialista' que tiende a connotar de manera 'neopietista' a todo lo p&uacute;blico y a sus intervenciones, incluy&eacute;ndolas en una especie de nueva subsidiariedad de lo social: lo p&uacute;blico es para los que no pueden alcanzar lo privado" (Alonso, 1999: 89). Por otra parte, las administraciones p&uacute;blicas se van despojando de la prestaci&oacute;n directa de servicios y de la funci&oacute;n de garante de los valores y libertades positivos que su desempe&ntilde;o supon&iacute;a; la externalizaci&oacute;n y mercantilizaci&oacute;n de estas prestaciones hace que pasen a ser valoradas con criterios economicistas y de creaci&oacute;n de riqueza. Es este proceso de externalizaci&oacute;n, al <i>tercer sector</i> se le encarga gestionar una parte de las prestaciones, apareciendo tambi&eacute;n actividades de <i>voluntariado social,</i> una especie de <i>buena gente en pr&aacute;cticas,</i> trabajo solidario individualizado y desideologizado que procura <i>hacer el bien sin mirar para qui&eacute;n ni para qu&eacute;.</i></font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="left"><font face="verdana" size="2"><b>Nos cuentan una vida simplificada, pero vivimos</b> <b>una vida compleja</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el momento que vivimos, de un pretendido <i>fin de las ideolog&iacute;as</i> y en el que el <i>pensamiento &uacute;nico</i> y la l&oacute;gica del mercado pretenden invadirlo todo, se hace cada vez m&aacute;s precisa una <i>&eacute;tica de la resistencia,</i> ligada a una <i>&eacute;tica de la vida</i> (N&uacute;&ntilde;ez, 2001), que pasa, en la acci&oacute;n, por la subversi&oacute;n de la realidad y la recuperaci&oacute;n de la esperanza, de la utop&iacute;a; si es viable pensar que <i>otro mundo es posible,</i> es que es factible construirlo, es que ya lo estamos construyendo: &iexcl;Bienvenidos, <i>altermundistas!</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Porque subvertir y construir otra realidad no es sino comenzar a pensarla de manera distinta a como es (pese a que nos hagan creer que va a seguir siendo as&iacute;). Pero esto no ser&aacute; posible si no contamos con un modo de pensamiento y de acci&oacute;n tambi&eacute;n distintos; pensar lo nuevo con elementos de pensamiento viejos es tan incongruente como construir nuevas realidades con los instrumentos de acci&oacute;n del mundo que queremos sustituir. Al inicio de uno de sus libros, Boaventura de Sousa Santos se pregunta: "En un mundo donde hay tanto para criticar, &iquest;por qu&eacute; se ha vuelto tan dif&iacute;cil producir una teor&iacute;a cr&iacute;tica?", e inicia la argumentaci&oacute;n de su respuesta:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el prefacio de la <i>Teodicea,</i> Leibnitz se refiere a la perplejidad que desde siempre ha causado el sofisma que los antiguos denominaban la "raz&oacute;n indolente" o la "raz&oacute;n perezosa": si el futuro es necesario y lo que tiene que suceder sucede independientemente de lo que hacemos, es preferible no hacer nada, no cuidar de nada y gozar el placer del momento. Esta raz&oacute;n es indolente porque desiste de pensar ante la necesidad y el fatalismo (Sousa, 2000: 23&#45;44).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Necesitados de esa teor&iacute;a cr&iacute;tica, desde la <i>&eacute;tica de la resistencia,</i> proponemos una toma de conciencia radical desde las pr&aacute;cticas emancipadoras que rompen con el paradigma<sup><a href="#notas">7</a></sup> dominante, con ese modo geoc&eacute;ntrico y etnoc&eacute;ntrico de pensar (y construir) la realidad que nos circunda y que deja fuera de <i>la</i> racionalidad todo aquel pensamiento que no se adecue a sus principios. Se hace necesario desbordar la <i>inteligencia ciega</i> (Morin, 1998: 27) o <i>epistemolog&iacute;a de la ceguera</i> (Sousa, 2003) y esto supone incorporar al paradigma emergente el pensamiento complejo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sint&eacute;ticamente, podemos decir que el <i>paradigma dominante</i> (Sousa, 2003: 65) o <i>de simplificaci&oacute;n</i> (Morin, 1998: 29&#45;31) se basa en el principio de <i>disyunci&oacute;n</i> (separaci&oacute;n cartesiana entre el sujeto pensante y la <i>cosa</i> pensada y, como consecuencia, entre las disciplinas que se encargan de indagar sobre las <i>cosas</i> &#151;ciencias&#151; y las que se encargan del pensamiento &#151;filosof&iacute;a&#151;), el principio de <i>reducci&oacute;n</i> (reducci&oacute;n de lo complejo a lo simple, a lo mec&aacute;nico, buscando leyes generales que expliquen dicho funcionamiento <i>mec&aacute;nico</i> de las cosas, con lo cual queda fuera de la explicaci&oacute;n todo lo que distorsione, el <i>ruido)</i> y el principio de <i>abstracci&oacute;n</i> (que constri&ntilde;e la realidad a sus dimensiones medibles y calculables, para as&iacute; poder dar cuenta de <i>las cosas</i> mediante la demostraci&oacute;n cient&iacute;fica); estos tres principios dejan fuera la posibilidad de conjunci&oacute;n de lo uno y lo m&uacute;ltiple, del todo y la parte, y razonan desde la descontextualizaci&oacute;n de los fen&oacute;menos, desde el aislamiento de la <i>cosa</i> de su medio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde la revoluci&oacute;n cient&iacute;fica del siglo XVI hasta hoy en d&iacute;a, estos postulados se van imponiendo, manteni&eacute;ndose todav&iacute;a vigentes en nuestra estructura de pensamiento. Sin embargo, las demostraciones de d&oacute;nde est&aacute;n sus l&iacute;mites son cada vez m&aacute;s abundantes, desde los m&aacute;s variados enfoques: la teor&iacute;a de la relatividad (Einstein) cuestiona la mec&aacute;nica cl&aacute;sica newtoniana; la mec&aacute;nica cu&aacute;ntica pone en cuesti&oacute;n la separaci&oacute;n entre el sujeto observador y el objeto observado, la inalterabilidad de lo observado por el observador (indeterminaci&oacute;n: Heisenberg y Bohr); el teorema de Godel (de la incompletitud) pone en cuesti&oacute;n el medio matem&aacute;tico por el que se realiza la formalizaci&oacute;n de las teor&iacute;as... En otros campos, como el de la qu&iacute;mica y la microf&iacute;sica, se demuestra el funcionamiento no <i>mec&aacute;nico</i> y no siempre previsible de los sistemas abiertos (teor&iacute;a de las estructuras disipativas de Prigogine) y que aproxima estos conceptos al de <i>auto&#45;organizaci&oacute;n</i> en las ciencias sociales, la <i>autopoiesis,</i> en t&eacute;rminos de Maturana y Varela (teor&iacute;a de Santiago... de Chile). Este &uacute;ltimo concepto, el de auto&#45;organizaci&oacute;n tiene, para sus investigadores, una &iacute;ntima relaci&oacute;n con la cognici&oacute;n, que es considerada como proceso y con una &iacute;ntima relaci&oacute;n con los dem&aacute;s procesos vitales en su conjunto:</font></p>     <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cognici&oacute;n est&aacute; &iacute;ntimamente relacionada con la autopoiesis o proceso de autog&eacute;nesis de las redes vivas. La caracter&iacute;stica definitoria de todo sistema autopoi&eacute;sico consiste en que experimenta cambios estructurales continuos, al mismo tiempo que conserva su patr&oacute;n organizativo en red. &#91;...&#93; Puesto que el organismo vivo responde a las influencias del medio con cambios estructurales, &eacute;stos alterar&aacute;n el comportamiento futuro de aqu&eacute;l. En otras palabras, un sistema estructuralmente acoplado <i>es un sistema que aprende</i> (Capra, 2003: 62&#45;63).<sup><a href="#notas">8</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es decir que la interacci&oacute;n con el medio y los consecuentes cambios estructurales en el ser vivo producen la <i>estrategia</i> de comportamiento que va adaptando, producen su <i>c&oacute;digo</i> de comportamiento y, lo que nos parece m&aacute;s importante, <i>el organismo vivo</i> (&iquest;y el social?) <i>aprende.</i> Tiene, pues, raz&oacute;n Boaventura de Sousa cuando se muestra interesado por el desperdicio que hace la ciencia de la experiencia com&uacute;n <i>(epistemicidios de saberes alternativos,</i> los llama), mediante la <i>producci&oacute;n de ausencias</i> que supone despreciar todas aquellas pr&aacute;cticas (y a todos aquellos seres) que no se ajustan al paradigma dominante y que, por lo tanto, son consideradas, atrasadas, propias del saber vulgar y no cient&iacute;ficas, con la consiguiente desaparici&oacute;n de saberes y actores.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, &iquest;qu&eacute; relaci&oacute;n tienen todos estos cambios con el campo de las ciencias sociales? Se ha argumentado, desde la teor&iacute;a de las revoluciones cient&iacute;ficas (Thomas Kuhn), que las ciencias sociales est&aacute;n sujetas a una profunda subjetividad, que los hechos sociales no pueden ser <i>tomados como cosas,</i> seg&uacute;n propon&iacute;a Durkheim, es decir, que no pueden ser objetivados y medidos como los elementos f&iacute;sicos; se cuestiona por tanto el positivismo. La teor&iacute;a de Santiago nos pone sobre la pista de la posibilidad de considerar a los sistemas sociales como sistemas autopoi&eacute;sicos. Algunos investigadores, como Niklas Luhmann, afirman que es el tr&aacute;fico de comunicaciones lo que da cuenta del funcionamiento autopoi&eacute;sico de los sistemas sociales; los significados compartidos, que se producen mediante las interacciones sociales, suponen tambi&eacute;n la creaci&oacute;n de valores, normas y comportamientos comunes, de estructuras sociales, en suma. Por lo tanto, la puesta en marcha, la realizaci&oacute;n de experiencias que modifiquen el sistema dominante de valores, y el tr&aacute;fico de las informaciones que den cuenta de ellas, est&aacute;n colaborando a la creaci&oacute;n de otros sistemas compartidos de normas, de valores, de estructuras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, no hemos de perder de vista el mecanismo mediante el cual se produce el tr&aacute;nsito de informaci&oacute;n: la percepci&oacute;n de nuestro medio la realizamos a trav&eacute;s de nuestro sistema sensorial y la integramos en nuestro sistema cognitivo mediante la elaboraci&oacute;n, abstracta, de elementos de pensamiento, de constructos. Dicho con un ejemplo y de manera m&aacute;s sencilla: en el <i>mundo exterior</i> no existe lo que nosotros llamamos <i>colores;</i> esta met&aacute;fora de la realidad no es sino el procesamiento que hace nuestro cerebro ante la percepci&oacute;n de las diferentes longitudes de onda de la luz que, al reflejarse sobre los cuerpos, es percibida por nuestra retina. Pero este procesamiento se hace <i>culturalmente,</i> no olvidemos que los colores no significan lo mismo para todas las culturas y que sus significados son culturales. Y el proceso de abstracci&oacute;n de conceptos, de metaforizaci&oacute;n de la realidad (los colores son distintas met&aacute;foras para las distintas culturas), es lo que nos sirve, sobre todo mediante el lenguaje, para poder establecer las comunicaciones en nuestras redes sociales. Por lo tanto, el an&aacute;lisis de los discursos sociales es un buen instrumento para conocer cu&aacute;les son las distintas interpretaciones, que se dan en los distintos espacios de las redes, acerca de los hechos sociales.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="left"><font face="verdana" size="2"><b>Esperanzas que no equivalen a esperas. De la utop&iacute;a y la &eacute;tica</b></font></p>      <p align="right"><b><font face="verdana" size="2"><i></i></font></b><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Para qu&eacute; sirve la utop&iacute;a?</i></font></p>      <p align="right"><font face="verdana" size="2">... Yo tambi&eacute;n / me lo pregunto siempre. / Porque ella / est&aacute; en el horizonte / Y si yo camino dos pasos / ella se aleja / dos pasos. / Y si yo me acerco / diez pasos / ella se coloca / diez pasos m&aacute;s all&aacute; / &iquest;Para qu&eacute; sirve la utop&iacute;a? / Para eso sirve / para caminar.</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>Eduardo Galeano</i></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, en esta ruptura de las condiciones del bienestar y m&aacute;s all&aacute; de la interpretaci&oacute;n de los discursos que hablan de las actitudes ante este hecho, lo que nos interesa son las pr&aacute;cticas, los mecanismos, los procesos reflexivos de auto&#45;aprendizaje y auto&#45;organizaci&oacute;n que provoquen la transformaci&oacute;n de dicha realidad social. Lo que nos preocupa y nos ocupa es c&oacute;mo provocar procesos que apunten hacia modelos m&aacute;s sustentables de mejor&#45;vivir:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El objetivo del "bienestar" se matiza por el "mejor&#45;vivir" porque, aunque los dos conceptos son polis&eacute;micos, el de bienestar parece hacer referencia a un "estar", m&aacute;s pasivo que el de "vivir", y a un "bien", m&aacute;s absoluto que un "mejor", siempre relativo. Desconfiamos de que podamos saber cu&aacute;l es el "bien" ante una pluralidad de situaciones siempre mejorables, y desconfiamos de que se pueda "estar" instalados en esa situaci&oacute;n, cuando los procesos vitales siempre est&aacute;n abriendo nuevos retos y potencialidades (Villasante, 1998&#45;1: 15).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este deseo de un mejor&#45;vivir ya se han incluido de manera impl&iacute;cita (y si no, lo hacemos ahora), t&eacute;rminos tan amplios, ambiguos y, en los &uacute;ltimos tiempos, tan vilipendiados, como los de &eacute;tica y utop&iacute;a. Hagamos algunas precisiones al respecto para precisar hacia d&oacute;nde y c&oacute;mo orientamos nuestras propuestas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La utop&iacute;a<sup><a href="#notas">9</a></sup> forma parte de un pensamiento que est&aacute; muy desprestigiado desde el paradigma dominante, puesto que todo pensamiento sobre el futuro, salvo que se rija por leyes deterministas o probabil&iacute;sticas ciertas, es mera especulaci&oacute;n, no es pensable desde las ciencias ni es manipulable o asegurable mediante la t&eacute;cnica. Sin embargo, como afirm&oacute; Mumford: "'Ning&uacute;n lugar' puede ser un pa&iacute;s imaginario, pero las noticias de 'ning&uacute;n lugar' son noticias reales" (citado en Sousa, 2003: 379). M&aacute;s arriba dec&iacute;a que si podemos pensar <i>otro mundo posible,</i> es porque estamos ya construy&eacute;ndolo; el pensamiento es un di&aacute;logo con uno mismo y mediante el uso del lenguaje estamos construyendo nuevas realidades, desde el momento en que nombrando <i>algo</i> estamos d&aacute;ndole entidad a ese <i>algo,</i> lo construimos, no s&oacute;lo lo representamos.<sup><a href="#notas">10</a></sup> En palabras de Eduardo Galeano, al menos la utop&iacute;a sirve para eso, para caminar, para movernos, para actuar y cambiar lo que hay y que nos hace da&ntilde;o. Tambi&eacute;n escribi&oacute; Galeano que "somos lo que somos y a la vez somos lo que hacemos para cambiar lo que somos", o lo que viene a ser lo mismo, "somos andando" (Paulo Freire). La rebeld&iacute;a ante la realidad presente que no nos gusta, que no estamos dispuestos a aceptar, ha de servirnos de est&iacute;mulo para so&ntilde;ar y pensar otro futuro mejor; esto es un pensamiento ut&oacute;pico.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desmontar las bases del pensamiento &uacute;nico, superficial y simplista de la realidad <i>que es,</i> es el primer paso para desvelar la complejidad que subyace y que, desde el paradigma dominante, queda velada al ignorar lo complejo y al silenciar lo proscrito. <sup><a href="#notas">11</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si la utop&iacute;a tiene <i>mala prensa,</i> no le van a la zaga la &eacute;tica y la moral. No es nada extra&ntilde;o que al concepto de &eacute;tica se le relacione con inflexibilidad, con rigorismo que no atiende a razones, con la m&eacute;trica que se aplica sin lugar a error sobre el bien y el mal, como conceptos absolutos. Sin embargo, nuestro concepto de la &eacute;tica no tiene que ver con estos prejuicios, porque no es inmovilista ni es una ciencia exacta y universal. En otro lugar hemos escrito que "entendemos la &eacute;tica como razonamiento coherente que gu&iacute;a la conducta humana, la que nos dice lo que est&aacute; bien o mal, en el sentido de si se ajusta o no a las concepciones valorativas de los procesos humanos" (Mart&iacute;n et al., 2002: 17). A partir de este p&aacute;rrafo podemos sacar algunos elementos: la &eacute;tica es una forma de razonar, una gu&iacute;a de la acci&oacute;n, un proceso de b&uacute;squeda de la coherencia, donde los conceptos de bien y mal est&aacute;n puestos en relaci&oacute;n con la realidad concreta que nos toca vivir y, de ninguna manera, con proclamaciones inflexibles. Este proceso dial&eacute;ctico y contextualizado, personal y universal al tiempo, de permanente b&uacute;squeda de la coherencia, se pone en pr&aacute;ctica mediante elementos concretos que nos aporta la moral. Luego, entendemos la &eacute;tica y la moral como las dos caras, reflexiva y activa, de la misma moneda.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, hoy en d&iacute;a se habla de la &eacute;tica del mercado, la &eacute;tica neoliberal, la &eacute;tica... Estas actitudes &eacute;ticas no son a las que nos referimos cuando estamos inmersos en sistemas injustos de relaciones que no nos gratifican, o vemos formas de gobierno que causan sufrimiento a mucha gente o comprobamos que las normas del mercado no encajan en un comportamiento &eacute;tico. La &eacute;tica a la que nos referimos no puede ir desvinculada de la utop&iacute;a, de esa realidad que pensamos y tratamos de construir en un mundo mejor.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="left"><font face="verdana" size="2"><b>Ante un bienestar incierto, conversemos sobre el mejor&#45;vivir</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para transitar por este cambio de paradigma, por esta construcci&oacute;n de utop&iacute;as por la que nos guiamos con una actitud &eacute;tica, en permanente di&aacute;logo con nuestra realidad cotidiana y la realidad global, se nos hace necesaria una metodolog&iacute;a, una manera de transitar en t&eacute;rminos operativos. Y en ello, desde la humildad de nuestras limitaciones, nos hallamos empe&ntilde;ados al igual que otros muchos. Desde la tarea de armar y ensayar una metodolog&iacute;a sobre las bases de la IAP&#45;PAI (Investigaci&oacute;n&#45;Acci&oacute;n Participativa para una Planificaci&oacute;n Autogestiva Integral), en la que nos hallamos inmersos, vemos que hay otros con los que compartimos lenguajes (aunque llamemos a las cosas de distinta manera) y pr&aacute;cticas; nuestra estrategia tiene mucho en com&uacute;n. Cuando nos referimos a la Educaci&oacute;n Popular, reconocemos haber bebido en las mismas fuentes, en los textos y las pr&aacute;cticas de Paulo Freire. Cuando Carlos N&uacute;&ntilde;ez o la red <i>Alforja</i> hablan de la <i>Concepci&oacute;n Metodol&oacute;gica Dial&eacute;ctica<sup><a href="#notas">12</a></sup></i> encontramos numerosas complicidades y puntos de vista comunes. Cuando reflexionamos sobre c&oacute;mo hacer Planificaci&oacute;n Estrat&eacute;gica Situacional, a partir de los textos de Carlos Matus,<sup><a href="#notas">13</a></sup> compartimos numerosos enfoques: desde la cr&iacute;tica a la Planificaci&oacute;n Operativa o Normativa a c&oacute;mo hacer procesos de planificaci&oacute;n participativa. Cuando pensamos en el planteamiento de la <i>Sistematizaci&oacute;n de Experiencias,<sup><a href="#notas">14</a></sup></i> que nos llega de la mano de &Oacute;scar Jara, para ir m&aacute;s all&aacute; de la evaluaci&oacute;n de programas y aprender de los procesos en los que nos hallamos empe&ntilde;ados; cuando compartimos las t&eacute;cnicas del DRP (Diagn&oacute;stico Rural Participativo), de los Planes Comunitarios... y otros muchos. Tambi&eacute;n recordamos lo que plantea Boaventura de Sousa Santos acerca de c&oacute;mo, desde la concepci&oacute;n del paradigma dominante, se produce un desperdicio de las experiencias y las pr&aacute;cticas de la gente, de la <i>producci&oacute;n de las ausencias y los silencios</i> y de la necesidad de una teor&iacute;a cr&iacute;tica que integre una <i>teor&iacute;a de la traducci&oacute;n,</i> que haga comprensible a una cultura el conocimiento que sale de las pr&aacute;cticas de otra cultura. Desde el enfoque de Antonio Elizalde y de Manfred Max&#45;Neef, ponemos en cuesti&oacute;n la construcci&oacute;n de las necesidades humanas desde el mercado o desde el Estado y afrontamos la construcci&oacute;n de <i>satisfactores sin&eacute;rgicos.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la labor de armar una metodolog&iacute;a que &#151;incorporando esta nueva forma de pensar la realidad que hay&#151; nos ayude a construir <i>realidades ut&oacute;picas,</i> vamos trabajando, como dec&iacute;amos en el anterior p&aacute;rrafo, con algunos de los elementos de la Investigaci&oacute;n&#45;Acci&oacute;n Participativa, a los que vamos a&ntilde;adiendo, en la medida que los comprobamos, otros de metodolog&iacute;as afines. El proceso metodol&oacute;gico lo hemos ido desarrollando en otras publicaciones,<sup><a href="#notas">15</a></sup> por lo que aqu&iacute; vamos a ir cruzando en dicho proceso otros elementos de los que han ido apareciendo en este escrito. Para ello pod&iacute;amos tomar la met&aacute;fora de <i>la vida como un cruce y sucesi&oacute;n de conversaciones.<sup><a href="#notas">16</a></sup></i> Esta propuesta es una primera estrategia epistemol&oacute;gica: al igual que el investigador construye el espacio de investigaci&oacute;n, conforma la realidad, construy&aacute;mosla nosotros como conversaciones. Desde la perspectiva compleja, lo observado depende del punto de vista del observador que as&iacute; lo construye (relatividad).<sup><a href="#notas">17</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el momento de arranque de un proceso conversacional (llam&eacute;moslo as&iacute;, en vez de investigaci&oacute;n, proceso participativo, inicio de la planificaci&oacute;n, etc.), hay una serie de interlocutores que nos proponemos dialogar acerca de un tema que nos preocupa; como asesores y para compartir charla se puede buscar a t&eacute;cnicos en estas materias, a unos metod&oacute;logos. Los promotores de esta conversaci&oacute;n, en el inicio de la misma, tambi&eacute;n nos hacemos un planteamiento epistemol&oacute;gico, desde el cual vamos a hablar: si pretendemos crear una conversaci&oacute;n transformadora de la realidad, habremos de considerar a otros posibles hablantes como iguales y no como meros <i>escuchantes</i> de nuestras pol&eacute;micas. Este principio epistemol&oacute;gico est&aacute; en la l&oacute;gica de la relaci&oacute;n sujeto&#45;sujeto: no podemos hablar con <i>objetos</i> y menos cuando dichos <i>objetos</i> son personas, son elementos reflexivos que forman parte (como los conversadores iniciales) de un sistema a su vez reflexivo, como es la sociedad. La reflexividad en la conversaci&oacute;n es hacernos a la vez actores y receptores de nuestras acciones, en un bucle que revierte sobre nosotros; somos a la vez actor&#45;agente y actor&#45;paciente, pero sin dejar de ser actor. La reflexividad, en relaci&oacute;n dial&eacute;ctica con la acci&oacute;n, se sintetiza en la praxis.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bajo esta premisa se busca incorporar a otros interlocutores, quienes seguramente sostendr&aacute;n puntos de vista dispares, porque este <i>nosotros inicial</i> (coherente, organizado, cohesionado) de los promotores, no posee <i>la verdad,</i> sino unas pocas verdades. Como esta primera conversaci&oacute;n suele ser mon&oacute;tona y redundante (todos estamos de acuerdo, compartimos el <i>credo b&aacute;sico,</i> ya hemos hablado en otras ocasiones), se hace manifiesta la necesidad de pluralidad de puntos de vista, la incorporaci&oacute;n de otras subjetividades a la conversaci&oacute;n, no con la pretensi&oacute;n de hacer un <i>magno consenso,</i> sino con la de incorporar la mirada compleja desde el di&aacute;logo intersubjetivo y diverso; ya iremos viendo en el proceso lo que somos capaces de consensuar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Abrir la conversaci&oacute;n a otras l&oacute;gicas y a otros interlocutores es correr riesgos, como por ejemplo el de la participaci&oacute;n, el de la multiculturalidad, el de la creatividad, el de tejer redes que est&aacute;n por hilvanar, el de so&ntilde;ar y pensar una realidad deseable... Hay tambi&eacute;n otros riesgos, pero &eacute;stos nos los suelen recordar quienes est&aacute;n en la l&oacute;gica hegem&oacute;nica.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde esta conversaci&oacute;n inicial, los conversadores nos proponemos reflexionar colectivamente sobre la realidad que nos preocupa, con lo cual ya estamos reflexionando sobre c&oacute;mo construir una verdad m&aacute;s completa, de manera colectiva y dialogada. Para ello habremos de valernos de t&eacute;cnicas con las que estimular otras conversaciones y con las que dar a conocer nuestras pretensiones (medios de comunicaci&oacute;n, de difusi&oacute;n, encuentros participativos, escenificaciones, fiestas...). Tambi&eacute;n viene bien el saber en qu&eacute; redes de conversaciones se mueve otra gente, para saber c&oacute;mo, con qu&eacute; excusa, podemos proponerles una conversaci&oacute;n en com&uacute;n. No est&aacute; de m&aacute;s, por tanto, hacer un <i>mapeo<sup><a href="#notas">18</a></sup></i> de las otras tertulias del entorno, siempre en la medida de nuestro conocimiento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aqu&iacute; la l&oacute;gica del an&aacute;lisis de redes nos puede ser &uacute;til, sin perder de vista que todo <i>mapa social</i> que tracemos va a ser parcial y est&aacute;tico. El concepto de red social es una met&aacute;fora, es una construcci&oacute;n que hacemos para intentar comprender la realidad social y, dependiendo de qui&eacute;n la construya e interprete, as&iacute; ser&aacute; el <i>mapa</i> elaborado. Pero esto no ha de ser un inconveniente inmovilizador, es uno m&aacute;s a tener en cuenta. Adem&aacute;s, las redes no est&aacute;n ah&iacute;, quietas, esperando a ser visualizadas; las redes tienen formas y actividades cambiantes. Dependiendo de qu&eacute; propuestas son las que van circulando por ellas, de qu&eacute; v&iacute;nculos se establecen, se transforman, se construyen o se rompen. Vistos as&iacute;, los mapas sociales nos pueden servir no s&oacute;lo para tener una visi&oacute;n de los otros grupos conversadores que se dan a nuestro alrededor, sino de qu&eacute; est&aacute;n hablando, cu&aacute;les son sus criterios y contenidos, entre qui&eacute;nes... Esta es una perspectiva que tener en cuenta a lo largo de todo el proceso dial&oacute;gico. Ir meti&eacute;ndonos en otras conversaciones tambi&eacute;n nos da una idea de las diversas opiniones de otros actores, de otros grupos, de sus preocupaciones (seguro que muchas de ellas son bien distintas de las nuestras), de las diferentes subjetividades acerca del tema que nos preocupa.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con esta panoplia que vamos obteniendo de distintos puntos de vista, con este diagn&oacute;stico de la situaci&oacute;n, podr&iacute;amos proponernos hacer el papel de <i>espejo</i> de nuestro trozo de sociedad, podr&iacute;amos <i>devolver</i> las diferentes im&aacute;genes que hemos recogido, las <i>grabaciones</i> de las conversaciones captadas, con sus genialidades y sus contradicciones, con las diferentes posiciones, similares, diferentes, incluso antag&oacute;nicas; algunas de ellas ser&aacute;n herederas de las disputas hist&oacute;ricas, de los antepasados, ancladas en el tiempo, como si se hubiesen convertido en tradiciones. Tambi&eacute;n, en alg&uacute;n momento, entre unos grupos y otros vamos apreciando susurros y gestos en los que nos parece vislumbrar un deseo de comunicaci&oacute;n de actores hasta entonces callados... &iquest;o es que se han estado comunicando con lenguajes c&oacute;mplices, que no entendemos, cuyos c&oacute;digos s&oacute;lo ellos comprenden? Desde luego, lo que nos parece claro es que convocando a todos estos grupos a una charla conjunta podemos ir propiciando el que se ampl&iacute;e y conjunte esta <i>sinfon&iacute;a de voces.</i> Este papel de <i>espejo,</i> el hacer circular las distintas subjetividades nos permite hacer una reflexi&oacute;n sobre las primeras reflexiones, una reflexi&oacute;n de segundo grado, en la que somos actores&#45;agentes (productores de la conversaci&oacute;n) y actores&#45;pacientes (receptores de nuestra propia mirada/escuchantes de nuestras propias palabras).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El <i>cierre</i> de la conversaci&oacute;n ampliada, las conclusiones provisionales a las que se va llegando, permiten a los conversadores ir form&aacute;ndose nuevas ideas acerca de los temas, tanto de los propuestos como de otros que van saliendo al calor de la charla, y organizar nuevos foros de di&aacute;logo.<sup><a href="#notas">19</a></sup> La labor de <i>espejo,</i> la reintroducci&oacute;n en la conversaci&oacute;n de los elementos problematizadores y parad&oacute;jicos de las conversaciones, permite complejizarlas, sacarnos de los c&iacute;rculos trillados de los t&oacute;picos, elaborar nuevas palabras que construyen nuevas realidades (que traen noticias de "Ning&uacute;n Sitio", como escrib&iacute;a Mumford), que van armando utop&iacute;as. Luego veremos c&oacute;mo caminar hacia estas utop&iacute;as.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las conversaciones van negociando consensos, van cerr&aacute;ndose sobre ideas&#45;fuerza, sobre l&iacute;neas estrat&eacute;gicas y vemos c&oacute;mo necesitamos dar un salto hacia otra dimensi&oacute;n que nos d&eacute; la certeza de que las palabras, los significantes que todos vamos empleando, tienen en realidad el sentido que cada uno cree que tiene. Y ese salto hacia otra dimensi&oacute;n se hace necesario porque hay que <i>hacer,</i> transformar, porque s&oacute;lo as&iacute; nos podremos asegurar de que lo que estamos escuchando de unos y otros es lo mismo que nosotros entendemos. Y al <i>hacer</i> comprobaremos el sentido y emprender una nueva reflexi&oacute;n <i>(re&#45;flexi&oacute;n,</i> doblarnos de nuevo sobre nosotros mismos), sobre la praxis.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De conversaci&oacute;n en conversaci&oacute;n hemos llegado al momento de actuar, sin dejar la charla, y el quehacer (el <i>qu&eacute;&#45;hacer)</i> necesita de una planificaci&oacute;n. Volvemos a recordar a todos aquellos con los que compartimos puntos de vista, t&eacute;cnicas innovadoras, estrategias comunes. M&aacute;s que una planificaci&oacute;n estrat&eacute;gica (normativa, operativa...), ahora lo que necesitamos armar es una <i>estrategia planificada.</i> Si hemos ido construyendo un nuevo escenario de futuro, si lo hemos pensado y lo hemos dicho con palabras que no exist&iacute;an hasta entonces, lo que tenemos que armar es la estrategia que nos permita no s&oacute;lo so&ntilde;arlo, sino hacer que sea posible disfrutar ese futuro. Y para ello tenemos que dotarnos de elementos organizativos, de conocimientos, de recursos materiales, de elementos t&eacute;cnicos, de nuevas organizaciones de personas que sepan y nos ayuden a descubrir lo que nosotros sabemos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los instrumentos t&eacute;cnicos han de ser los apropiados, los pertinentes; no hay t&eacute;cnicas buenas y malas, las t&eacute;cnicas han de estar a nuestro servicio y somos nosotros los que seremos buenos o malos t&eacute;cnicos al manejarlas, y somos tambi&eacute;n nosotros (los t&eacute;cnicos) quienes debamos saber para qu&eacute; queremos emplearlas y por qu&eacute; &eacute;stas y no otras. Luego, al <i>planificar nuestra estrategia</i> puede que, entre otros elementos t&eacute;cnicos, necesitemos los de la planificaci&oacute;n estrat&eacute;gica normativa. Y deberemos emplearlos, sin que por ello vayamos a ser m&aacute;s incoherentes, sin que estemos haciendo otro tipo de planificaci&oacute;n que previamente hemos criticado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que s&iacute; hemos de tener muy en cuenta es que las nuevas acciones por desarrollar, nuestro plan ha de estar en la l&iacute;nea de nuestra &eacute;tica, lo mismo que no ha de renunciar a nuestra utop&iacute;a. Por esta raz&oacute;n, como un elemento previo a la acci&oacute;n, hemos de conversar sobre los <i>filtros de descarte</i> (Matus, 1995: 96), es decir, sobre aquellos criterios que nos alerten al respecto de las acciones que pueden chocar con nuestros principios ideol&oacute;gicos, socio&#45;pol&iacute;ticos, los cuales compartimos con quienes estamos en el c&iacute;rculo amplio de la conversaci&oacute;n. Y nos han de servir para no romper con principios b&aacute;sicos, como el de que las acciones han de respetar la equidad y justicia, regidos ambos por la persecuci&oacute;n de la coherencia, nuestra posici&oacute;n &eacute;tica. Y por las mismas razones, no podemos romper las redes que con tanto esfuerzo se van armando en estas conversaciones. Luego nuestras propuestas habr&aacute;n de situarse en los mapas sociales, para prever c&oacute;mo van a ampliar las redes o a desarticularlas y, seg&uacute;n lo uno o lo otro, descartarlas o no. Lo l&oacute;gico es que estos <i>filtros de descarte</i> se empleen de manera digital (aceptar/descartar). Otros filtros, que den cuenta de la urgencia, importancia, efectividad, etc., de las acciones, pueden emplearse de una manera anal&oacute;gica (m&aacute;s urgente/menos urgente; antes/despu&eacute;s). Estos otros filtros nos dar&aacute;n cuenta de c&oacute;mo ordenar las actuaciones, de cu&aacute;l es la t&aacute;ctica por seguir, de acuerdo con nuestras pretensiones.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero tambi&eacute;n en la puesta en pr&aacute;ctica de las acciones por desarrollar deben participar, en la medida de sus posibilidades, los propios actores que las han decidido, porque de esta manera pueden supervisar, monitorizar, su realizaci&oacute;n. No son pocos los planes participativos que, una vez tomadas las decisiones, se dejan en manos de los t&eacute;cnicos, de los gobiernos, de las organizaciones especializadas, etc. pasando as&iacute; a estar fuera de la informaci&oacute;n y del control de la mayor&iacute;a de los actores participantes en el proceso y la desmovilizaci&oacute;n es consecuencia de esta retirada del escenario de la intervenci&oacute;n. El aprendizaje, la reflexividad de <i>tercer grado</i> (la observaci&oacute;n acerca de las observaciones que hacen los sistemas observadores; la duda sobre las dudas manifestadas anteriormente, si se nos permiten los trabalenguas) nos ha de permitir saber qu&eacute; sentido tienen las conversaciones en las que hemos intervenido, cu&aacute;l es el contenido pr&aacute;ctico de los t&eacute;rminos que hemos venido empleando entre todos los conversadores, en ese lenguaje com&uacute;n que hemos venido inventando.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En estas acciones ha de quedar reflejada la complejidad de las conversaciones a m&uacute;ltiples bandas, la integralidad de los distintos intereses que representan los actores conversadores, la transversalidad de los contenidos para afrontar estrat&eacute;gicamente los problemas m&aacute;s sentidos. De lo contrario, si hacemos programas sectoriales, reproducimos la compartimentaci&oacute;n de la realidad que el pensamiento simplista nos propone: dividir la realidad social en <i>problemas</i> de servicios sociales, de econom&iacute;a, de mujer, de urbanismo... , tantos como secciones, concejal&iacute;as, consejer&iacute;as o ministerios tiene la administraci&oacute;n o la organizaci&oacute;n correspondiente. La realidad compleja ha de manifestarse en las m&uacute;ltiples dimensiones de los campos donde se trabaja; si la realidad social se construye socialmente, tambi&eacute;n ha de ser posible deconstruirla e integrar esas deconstrucciones/decodificaciones en nuestros planteamientos de acci&oacute;n.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De la misma manera que hemos dialogado en las redes, entre las redes, con la intenci&oacute;n de conectar redes, los procesos participativos/conversacionales alumbran la posibilidad de construir nuevas redes, "la creaci&oacute;n de redes translocales entre alternativas locales constituye una forma de globalizaci&oacute;n contra&#45;hegem&oacute;nica, la nueva cara del cosmopolitismo" (Sousa, 2003: 39).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hemos visto c&oacute;mo los sistemas abiertos <i>(estructuras disipativas)</i> que interact&uacute;an lejos de la situaci&oacute;n de equilibrio encuentran el orden desde el caos y adem&aacute;s <i>aprenden.</i> En algunas de las circunstancias que se nos dan en la vida, la situaci&oacute;n de caos que provoca un acontecimiento inesperado pone de manifiesto los saberes de la comunidad. No hace mucho, en la localidad ecuatoriana de Paute, pudimos comprobar c&oacute;mo al caos de una riada hab&iacute;a sucedido un proceso de auto&#45;organizaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n y la reconstrucci&oacute;n de sus casas, de sus caminos, de sus monumentos... y de sus redes de relaciones. All&iacute; nos refirieron la frase de uno de los vecinos que da cuenta de lo que desde algunas pr&aacute;cticas y reflexiones tratamos de desentra&ntilde;ar y provocar: "aqu&iacute;, el agua se lo llev&oacute; todo; s&oacute;lo nos qued&oacute; el conocimiento". Pero no podemos estar esperando a situaciones de un dolor extremo para comprobar los aprendizajes compartidos, los sistemas de auto&#45;organizaci&oacute;n, sino que nuestra tarea ha de estar siempre pendiente de c&oacute;mo debemos actuar para estimular estas <i>comunidades de pr&aacute;cticas</i> estas <i>redes autogen&eacute;ticas</i> (Capra, 2003). Las visiones compartidas del mundo y las maneras de hacerlo posible sin renunciar a las esperanzas m&aacute;s profundas. Por ah&iacute; nos encontramos.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alonso Benito, Luis Enrique, <i>Trabajo y ciudadan&iacute;a. Estudios</i> <i>sobre la crisis de la sociedad salarial,</i> Madrid, Trotta&#45;Fundaci&oacute;n 1&deg; de Mayo, 1999a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296765&pid=S1665-0565200500020000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;, "Los derechos sociales en la reconstrucci&oacute;n posible del Estado del bienestar", en <i>Documentaci&oacute;n Social,</i> Madrid, C&aacute;ritas Espa&ntilde;ola, 1999b, n&uacute;m. 114, pp. 79&#45;96.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296767&pid=S1665-0565200500020000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"> Beck, Ulrich, <i>La sociedad del riesgo global,</i> Madrid, Siglo XXI Editores, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296769&pid=S1665-0565200500020000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Beltr&aacute;n, Miguel, <i>La construcci&oacute;n administrativa de la realidad</i> <i>social,</i> Madrid, INAP, 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296771&pid=S1665-0565200500020000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Capra, Fritjof, <i>Las conexiones ocultas. Implicaciones sociales, medioambientales, econ&oacute;micas y biol&oacute;gicas de una nueva visi&oacute;n del mundo,</i> Barcelona, Anagrama, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296773&pid=S1665-0565200500020000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cocco, Giuseppe, <i>Trabalho e cidadania. Produ&#231;ao e direitos</i> <i>na era da globaliza&#231;&#227;o,</i> S&#227;o Paulo, Editora Cortez, 2001 (2<sup>a</sup> edici&oacute;n).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296775&pid=S1665-0565200500020000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Elizalde, Antonio, Manfred Max&#45;Neef et al., <i>Sociedad civil, cultura democr&aacute;tica e inclusi&oacute;n social,</i> X&aacute;tiva, Di&aacute;logos&#45;L'Ullal Edicions, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296777&pid=S1665-0565200500020000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fern&aacute;ndez Dur&aacute;n, Ram&oacute;n, <i>Capitalismo (financiero) global y guerra permanente,</i> Barcelona, Virus Editorial, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296779&pid=S1665-0565200500020000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Freire, Paulo, <i>Pedagog&iacute;a del oprimido,</i> Madrid, Siglo XXI Editores, 2000 (15a edici&oacute;n, la primera edici&oacute;n es de 1970).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296781&pid=S1665-0565200500020000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fried Schnitman, Dora et al., <i>Nuevos paradigmas, cultura y subjetividad,</i> Barcelona, Paid&oacute;s, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296783&pid=S1665-0565200500020000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gaviria, Mario, Manuel Aguilar y Miguel Laparra, "Exclusi&oacute;n social y pol&iacute;ticas de integraci&oacute;n en la Comunidad de Madrid", en <i>Econom&iacute;a y Sociedad, Revista de Estudios Regionales de la Comunidad de Madrid,</i> 1995, n&uacute;m. 12, pp. 217&#45;232.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296785&pid=S1665-0565200500020000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ib&aacute;&ntilde;ez, Jes&uacute;s, <i>Del algoritmo al sujeto. Perspectivas de la investigaci&oacute;n social,</i> Madrid, Siglo XXI Editores, 1985.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296787&pid=S1665-0565200500020000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jara H., &Oacute;scar, <i>Para sistematizar experiencias. Una propuesta te&oacute;rica y pr&aacute;ctica,</i> San Jos&eacute; de Costa Rica, CEP&#45;Alforja, 1998 (3a edici&oacute;n).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296789&pid=S1665-0565200500020000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Machado, Antonio, <i>Juan de Mairena,</i> Madrid, Espasa Calpe (col. Austral), 1984 (4a edici&oacute;n).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296791&pid=S1665-0565200500020000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mart&iacute;n Guti&eacute;rrez, Pedro, "El sociograma como instrumento que desvela la complejidad", en <i>Empiria,</i> Universidad Nacional de Educaci&oacute;n a Distancia, 1999, n&uacute;m. 2, pp. 129&#45;151.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296793&pid=S1665-0565200500020000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150; y Manuel Monta&ntilde;&eacute;s Serrano, "Los cambios en la estructura social y pol&iacute;tica de Espa&ntilde;a: el papel de los movimientos sociales y su relaci&oacute;n con el poder", en <i>El segle XX a debat: Jornades l'Hospitalet 75 anys de ciutat,</i> Hospitalet de Llobregat, Centre d'Estudis de l'Hospitalet, 2001, pp. 145&#45;168.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296795&pid=S1665-0565200500020000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mart&iacute;n Guti&eacute;rrez, Pedro, Ma Dolores Hern&aacute;ndez y Tom&aacute;s R. Villasante, "Estilos y coherencias en las metodolog&iacute;as creativas", en <i>Metodolog&iacute;as y presupuestos participativos. Construyendo ciudadan&iacute;a /</i> 3, Madrid, IEPALA&#45;CIMAS, 2002, pp. 17&#45;42.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296797&pid=S1665-0565200500020000100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Matus, Carlos, <i>PES. Gu&iacute;a de an&aacute;lisis te&oacute;rico,</i> Caracas, Fundaci&oacute;n Altadir, 1995a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296799&pid=S1665-0565200500020000100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;, <i>El chimpanc&eacute;, Machiavello y Gandhi. Estrategias pol&iacute;ticas,</i> Caracas, Fundaci&oacute;n Altadir, 1995b.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296801&pid=S1665-0565200500020000100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150; y Adalberto Zambrano, <i>MAPP,</i> Maracaibo, Fundaci&oacute;n Altadir, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296803&pid=S1665-0565200500020000100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Moreno, Luis, <i>Ciudadanos precarios. La &uacute;ltima red de protecci&oacute;n social,</i> Madrid, Ariel, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296805&pid=S1665-0565200500020000100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Morin, Edgar, <i>Introducci&oacute;n al pensamiento complejo,</i> Barcelona, Gedisa, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296807&pid=S1665-0565200500020000100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">N&uacute;&ntilde;ez Hurtado, Carlos, <i>La revoluci&oacute;n &eacute;tica,</i> X&aacute;tiva, Di&aacute;logos&#45;L'Ullal Edicions, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296809&pid=S1665-0565200500020000100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;, <i>Educar para transformar... Transformar para educar,</i> Buenos Aires, Editorial Lumen&#45;Humanitas, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296811&pid=S1665-0565200500020000100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Santos, Boaventura de Sousa, <i>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n indolente. Contra el desperdicio de la experiencia,</i> Bilbao, Descl&eacute;e de Brouwer, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296813&pid=S1665-0565200500020000100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Villasante, Tom&aacute;s R., <i>Cuatro redes para mejor vivir,</i> Buenos Aires, Lumen&#45;Humanitas, 1998, vols. I y II.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296815&pid=S1665-0565200500020000100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Villasante, Tom&aacute;s R., Manuel Monta&ntilde;&eacute;s y Joel Mart&iacute; (coords.), <i>La investigaci&oacute;n social participativa. Construyendo ciudadan&iacute;a / 1,</i> Barcelona, El Viejo Topo, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296817&pid=S1665-0565200500020000100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Villasante, Tom&aacute;s R., Manuel Monta&ntilde;&eacute;s y Pedro Mart&iacute;n, (coords.), <i>Pr&aacute;cticas locales de creatividad social. Construyendo ciudadan&iacute;a / 2,</i> Barcelona, El Viejo Topo, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296819&pid=S1665-0565200500020000100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Villasante, Tom&aacute;s R. y F. Javier Garrido Garc&iacute;a, (coord.), <i>Metodolog&iacute;as y presupuestos participativos. Construyendo ciudadan&iacute;a /3,</i> Madrid, IEPALA&#45;CIMAS, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3296821&pid=S1665-0565200500020000100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. Una versi&oacute;n de este texto ha sido publicada en catal&aacute;n en el libro colectivo <i>&Eacute;tica, complejidad y formaci&oacute;n de personas adultas en una sociedad planetaria,</i> Di&aacute;logos, X&aacute;tiva, Espa&ntilde;a.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. Se acaba de realizar en Espa&ntilde;a una campa&ntilde;a publicitaria de la marca de autom&oacute;viles Ford que emplea una frase de su fundador. Dice as&iacute;: "El verdadero progreso es el que pone el desarrollo tecnol&oacute;gico al alcance de todos" (lo que no dice es que "todos" tienen que pagar por el progreso). Tambi&eacute;n es conocida la m&aacute;xima fordiana de "construir un autom&oacute;vil que puedan comprar los obreros de mis f&aacute;bricas". Esto muestra cu&aacute;l es la l&oacute;gica del momento.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. Lo que aqu&iacute; se califica de <i>expulsi&oacute;n</i> de trabajadores hacia la emigraci&oacute;n, para las leyes y los pol&iacute;ticos de la dictadura franquista, en aquel momento, era un <i>derecho.</i> La Ley de Emigraci&oacute;n de 1971 recoge, en su art&iacute;culo 3&deg;: "...el derecho a emigrar sin m&aacute;s limitaciones que las establecidas por las leyes". Por su parte, el ministro de Trabajo, Licinio de la Fuente, en un discurso ante el Consejo Econ&oacute;mico y Sindical del Noroeste, en 1970, dec&iacute;a que: "La emigraci&oacute;n es un derecho a elegir, una expresi&oacute;n de la libertad del hombre a fijar su residencia y a buscar el desarrollo de su personalidad, bien en su comunidad de origen, bien all&iacute; donde piense que puede encontrar m&aacute;s posibilidades para su desarrollo" (citado en Mart&iacute;n y Monta&ntilde;&eacute;s, 2001: 154). En el contexto de este escrito no vamos a justificar por qu&eacute; este <i>derecho</i> no se considera tal y por qu&eacute; no entra entre los derechos que confieren una ciudadan&iacute;a social.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4. Vid. Beltr&aacute;n, 1986.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">5. Los conceptos de <i>pobreza</i> y <i>exclusi&oacute;n</i> nos dan cuenta de situaciones con distintas caracter&iacute;sticas y no deben tomarse forzosamente como sin&oacute;nimos ni como estadios de un mismo proceso. Para el caso espa&ntilde;ol hay estudios que manifiestan c&oacute;mo el papel que desempe&ntilde;a la familia y las redes de apoyo rompen, bajo determinadas condiciones, el puente entre la primera y la segunda (cf. Moreno, 2000; Gaviria, 1995).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">6. El an&aacute;lisis neoliberal de las causas de la crisis fiscal y de legitimidad del Estado del bienestar, culpa de aqu&eacute;lla a la desmesurada creaci&oacute;n de nuevas necesidades por parte de los ciudadanos y su repercusi&oacute;n sobre los recursos p&uacute;blicos, siempre limitados. Se habla de una <i>sobrecarga democr&aacute;tica</i> de demandas que imposibilita a las econom&iacute;as centrales competir ventajosamente en el mercado mundial (Moreno, 2000).</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">7. "&#91;los paradigmas&#93; principios 'supral&oacute;gicos' de organizaci&oacute;n del pensamiento, principios ocultos que gobiernan nuestra visi&oacute;n de las cosas y del mundo sin que tengamos conciencia de ello" (Morin, 1998: 28).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">8. El subrayado es nuestro.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">9. Como sabemos, su ra&iacute;z viene del griego <i>topos</i> que significa lugar y la part&iacute;cula negativa <i>u</i>: <i>lo que no est&aacute; en ning&uacute;n sitio.</i> Aunque tambi&eacute;n sabemos que muchas situaciones o hechos ut&oacute;picos, <i>en ning&uacute;n lugar,</i> con el esfuerzo de la gente han llegado a materializarse, se han hecho realidades aqu&iacute; y ahora. </font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">10. Sugiero que se lea o relea la primera p&aacute;gina de <i>Cien a&ntilde;os de soledad,</i> en la que Gabo escribe que Macondo era apenas una aldea y "el mundo era tan reciente, que muchas cosas carec&iacute;an de nombre, y para mencionarlas hab&iacute;a que se&ntilde;alarlas con el dedo". Aunque <i>la cosa</i> existiera, si no podemos hablar de ella (como escribi&oacute; Wittgenstein), s&oacute;lo podemos guardar silencio... o se&ntilde;alar con el dedo. </font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">11. Me viene a la memoria la consigna que le dieron a un buen amigo m&iacute;o cuando hizo su primera guardia en el ej&eacute;rcito; estaba en el cuerpo de Regulares, en el norte de &Aacute;frica: "si alg&uacute;n moro trata de pasar por aqu&iacute;, disparad, que no est&aacute;n contados". A&ntilde;os m&aacute;s tarde he vuelto a pensar en que lo que no se puede <i>contar</i> no existe. Las relaciones de bajas en las invasiones de Afganist&aacute;n o Iraq son bien distintas, ya se trate de bajas <i>aliadas</i> o <i>nativas;</i> en el caso de estas &uacute;ltimas no hay n&uacute;meros o son n&uacute;meros aproximados, no tienen rostro, ni mucho menos nombre. A la muerte biol&oacute;gica se a&ntilde;ade, mucho antes, la muerte social. Otro caso de construcci&oacute;n de silencios y ausencias. En los primeros momentos de la expansi&oacute;n del sida, los seropositivos <i>mor&iacute;an</i> socialmente desde el momento en que su diagn&oacute;stico se conoc&iacute;a en su c&iacute;rculo de allegados; la muerte social tambi&eacute;n llegaba antes que la biol&oacute;gica. De lo que no se habla tampoco existe. "Existir, humanamente, es 'pronunciar' el mundo, es transformarlo", dice Paulo Freire (2000: 104).</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">12. Vid. N&uacute;&ntilde;ez, 2001; y N&uacute;&ntilde;ez, 1996.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">13. Vid. Matus, 1995a; Matus, 1995b; Matus y Zambrano, 1998.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">14. Vid. Jara, 1998.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">15. Vid. Villasante et al., 2000; Villasante et al., 2001; y Villasante et al., 2002.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">16. Por ejemplo, en el concepto de <i>la dial&oacute;gica</i> freiriana (Freire, 2000) y de la <i>fiesta</i> de Burke (citado en Fried et al., 1994: 274). En Freire se plantea el proceso educativo como di&aacute;logo, mediante la palabra, desentra&ntilde;ando sus contenidos de acci&oacute;n y reflexi&oacute;n, como producto de la praxis. Kenneth Burke asemeja la vida a un di&aacute;logo m&uacute;ltiple (como una fiesta), al que nosotros llegamos cuando ya est&aacute; en marcha, del que nos vamos enterando paulatinamente, en el cual intervenimos y nos implicamos en la medida de nuestras apetencias e intereses, y de cuyo espacio nos marchamos, aunque contin&uacute;e sin nuestra presencia.</font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">17. Dice Jes&uacute;s Ib&aacute;&ntilde;ez, refiri&eacute;ndose a la teor&iacute;a de la comunicaci&oacute;n, que &eacute;sta puede ser arborescente, radicular o rizom&aacute;tica; en la primera los caminos est&aacute;n trazados, se sabe lo que se puede y no puede hablar, qui&eacute;n hace las preguntas y qui&eacute;n las ha de responder (un interrogatorio policial, una encuesta). En la radicular los caminos no est&aacute;n expresamente trazados y quien manda hablar est&aacute; ausente (como el padre en la tradici&oacute;n, la autoridad en el trabajo, el entrevistador en el grupo de discusi&oacute;n). En la rizom&aacute;tica los caminos no est&aacute;n trazados ni los contenidos o dirigentes establecidos; la red es la que act&uacute;a en intercomunicaci&oacute;n y construye sus propios elementos, aprende y se auto&#45;organiza dial&eacute;cticamente (como en una fiesta o en una tertulia). El investigador puede construir el medio por investigar con una estrategia t&oacute;pica (espacio cerrado) o con una estrategia ut&oacute;pica (espacio abierto), "para llevar las redes a una forma rizom&aacute;tica" (Ib&aacute;&ntilde;ez, 1985: 230).</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">18. Vid. Mart&iacute;n, 1999.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">19. En algunos procesos participativos en los que hemos empleado la metodolog&iacute;a IAP&#45;PAI, hemos podido comprobar c&oacute;mo las propuestas de hacer talleres, reuniones de devoluci&oacute;n y discusi&oacute;n de la informaci&oacute;n, etc. con asociaciones, ha posibilitado la creaci&oacute;n de nuevas redes de actuaci&oacute;n entre dichas asociaciones. El propio proceso favorece nuevas <i>conversaciones.</i></font></p>      ]]></body><back>
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<surname><![CDATA[Alonso Benito]]></surname>
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<source><![CDATA[Trabajo y ciudadanía. Estudios sobre la crisis de la sociedad salarial]]></source>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los derechos sociales en la reconstrucción posible del Estado del bienestar]]></article-title>
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